Reseña: ARCADIAN CHILD.- «Protopsycho»

PROTOPSYCHO’ es el tercer álbum de los chipriotas ARCADIAN CHILD. Tres años han pasado desde que su psicodelia aromatizada nos sorprendiera con su debut y ahora en 2.020 vuelven a demostrar que aquello no fue obra de la casualidad. La brisa del mediterráneo instalada en su psicodelia algodonada con exóticos aromas de oriente hace que la escucha de ‘PROTOPSYCHO’ resulte de lo más placentera. La afirmación de su cantante y guitarrista Panagiotis Georgiou parece dejarlo claro: ‘Protopsycho’ es un ritual psicodélico pesado que viene de lo profundo. Hicimos una inmersión profunda en nuestras almas, rompimos los platillos y doblamos las guitarras azotando

Las embriagadoras fragancias de los chipriotas nos embarcan en un viaje a las mil y unas noches entre las olas mediterráneas y su cálida brisa en un navío sólido y bien custodiado por pesados riffs stoner que se acoplan con precisión. Con momentos más pesados y seguramente dejando de lado los ecos más pop de su primer trabajo, ARCADIAN CHILD se consolidan como una banda sólida que sigue la estela de All Them Witches, (con los que tiene muchas similitudes en su sonido) pero manteniendo su personalidad. Como representantes de la encrucijada entre oriente y occidente saben conjugar esas delicadas y ancestrales vibraciones con pasajes de gran pesadez. Siempre apacibles pero sólidos, cada tema nos ofrece algún aliciente nuevo con el que deleitarnos. Sin duda, estamos ante una banda que se consolida en la escena gracias a trabajos como este, lo que no supone ya ninguna sorpresa. Su embriagadora psicodelia a buen seguro, hará correr ríos de tinta en los próximos tiempos.

PROTOPSYCHO’ está disponible vía Bitter Tea Records, Rebel Waves Records/ Ripple Music y Kozmik Artifactz. Producido por Andreas Trachonitis  y  ARCADIAN CHILD fue grabado y mezclado por Andreas  Trachonitis  en el estudio once63  en Nicosia y masterizado por Mickey Allred  en  Nashville.

Letras: Panayiotis I.G. Música: ARCADIAN CHILD

Desde los primeros acordes de “Snakecharm” podemos intuir a lo que nos enfrentamos. Magnéticos y profundos pasajes de psicodelia mística en una atmósfera reconfortante. El tema se va construyendo sin prisa, adornado con melodías exóticas y cantos folclóricos, los vientos orientales invaden una canción llena de belleza que parece seguir la ruta que al otro lado del océano iniciaron All Them Witches. Seguramente estamos ante una versión oriental de los de Nashville. Un tema catártico en el que no faltan riffs pesados entre sus embriagadoras fragancias.

Los ritmos del folclore tradicional están presentes en “Wave High”. Un tema que conjuga pasajes psicodélicos llenos de fuerza con los ritmos tradicionales procedentes de las antiguas civilizaciones del mediterráneo más oriental. La encrucijada entre oriente y occidente nos ofrece momentos deliciosos en los que la psicodelia más atmosférica y colorista nos invade con dulzura.   

En un ambiente más misterioso, “Sour grapes” entre nebulosas lisérgicas parece arrullarnos con toda su magia. La cálida y penetrante voz Panagiotis fluye entre narcóticos pasajes de psicodelia en línea Dead Meadow. Esa pausa en su desarrollo hace que el tema penetre en nuestros sentidos ofreciéndonos melancólicos momentos en los que asoman los pasajes exóticos en un espacio entre sombras que por momentos resulta inquietante, pero a su vez narcótico. Crujientes pasajes de bajo elevan el tema a un escenario más cercano a postulados Stoner, lo que hace que el corte adquiera consistencia.  La parte final se deja llevar por lánguidos pasajes más cercanos a All Them Witches.

“The Well” se sumerge en embriagadoras atmósferas llenas de misticismo. Su exotismo nos eleva a una dimensión sensorial en el que la redención del alma parece encontrar su espacio. Delicado, y lleno de belleza el tema se desarrolla en un florido jardín que lentamente se va elevando a una luminosidad cargada de romanticismo. Acariciándonos con cada acorde, el trío no duda en ofrecer su faceta más aterciopelada. Un reconfortante tema que acaba explotando con su pesadez en una conjunción de calma y fuerza como pocas veces habíamos visto a ARCADIAN CHILD. Esos momentos fortalecen un tema que evoluciona con una gran fluidez para mostrar las dos caras de una banda que tiene claro su objetivo.

Los atractivos acordes de “Bitter tea” nos devuelven a los dictados de All Them Witches. Místicos, chamánicos y sobre todo repletos de una tractiva belleza, hacen que el tema se eleve en un génesis hechizante que nos sitúa en un espacio con tonos casi progresivos. El contrapunto de los rugosos riffs del bajo dirige el tema a un espacio más pesado en el que siguen sintiéndose igual de cómodos que cuando sacan a relucir su origen mediterráneo. Aquí los ecos alternativos de los noventa parecen querer unirse a una fiesta en la que lo trascendental está muy presente.

Dejando de lado la parte trascendental “Bodies of men” se inclina hacía un espacio de rock psicodélico heredero de los sesenta en el que el blues asoma con timidez. Un tema de rock ondulante con un estribillo más pegadizo sobre armonías de rock con tonos retro. Firme, variado y sobre todo con un carácter más dinámico que nos sitúa en un mundo terrenal alejado de la mística.  Aquí los chipriotas se muestran mucho más directos.

“Raising fire” se construye con cadentes riffs que nos sitúan en el espacio místico en el que la banda mejor parece moverse. Una atractiva melodía llena de fuerza hace subir las revoluciones de una manera contenida. Hipnótico y cálido, el tema crea un estado catártico en el que la psicodelia nos masajea entre efluvios lisérgicos. Los tonos trascendentales nos ofrecen una atmósfera protectora entre la intrínseca pesadez del tema. Sus momentos desgarradores adquieren un gran protagonismo en la parte central del tema para cambiar su carácter en su parte final en la que los psicotrópicos revolotean sobre nosotros crean una particular atmósfera lisérgica. 

Para cerrar el álbum, “Protopsycho” el tema que da nombre al trabajo se desarrolla entre cálidos registros vocales. Adquiriendo tintes nostálgicos entre rugosos riffs que aparecen en esos nebulosos pasajes nos devuelven al sonido de los chicos de Nashville. El tema puede reflejar a la perfección el personal sonido de ARCADIAN CHILD.

ARCADIAN CHILD es un cuarteto de rock psicodélico mercurial con sede en Limassol, Chipre. Psicodélicos, potentes y embriagantes, ofrecen su diverso rock fusionado con un ambiente tropezado, patrones alucinógenos y arrebatos catárticos. Con sonidos que rivalizan con las sirenas chillonas del Mediterráneo hasta los oscuros fuelles de Occidente, ARCADIAN CHILD transmite su ritual psicodélico en sus espectáculos en vivo llenos jams donde extienden sus vibraciones hipnóticas. Con un swagger embriagador, riffs sofisticados y letras intencionadas su música resuena a lo largo y ancho. Su álbum debut de 2017 «Afterglow» fue ampliamente aclamado y recibió un apoyo convincente de la creciente escena neo-psicodélica internacional y los rockeros psicodelia de Limassol firmaron con Ripple Music con sede en California en enero de 2018 para reeditarlo en todo el mundo en vinilo. Su esperado estudio de segundo año fue lanzado el 23 de noviembre de 2018 a través de Ripple Music y Rogue Wave Records y recibió múltiples críticas delirantes, llegando a muchas listas de fin de año con los mejores álbumes de 2018. En octubre de 2019, se emparejaron con el sello underground líder «Kozmik Artifactz» para un lanzamiento en vinilo de su tercer álbum que será lanzado el 9 de octubre de 2020

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Reseña: BLUES PILLS.- «Holy Molly!!»

¿Una vuelta a los orígenes? Cualquiera que tras la publicación de su último álbum «LADY IN GOLD» se sintiera defraudado con el camino que tomó el sonido de la banda, ahora puede estar de enhorabuena, BLUES PILLS recupera la acidez que les vio nacer. Con su nuevo álbum parece que han superado la etapa en la que la banda se alejaba de la crudeza. “HOLY MOLLY!!” es una especie de liberación de la banda tras los convulsos tiempos pasados desde su anterior álbum según sus propias palabras. Tras algunas depresiones y estados de ánimo bajo mínimos, recuperan las riendas de lo que de verdad quieren ser. Renovados con la salida de su guitarrista Dorian y habiendo asumido su puesto el hasta ahora bajista Zack Anderson, éste deja su lugar en el bajo al nuevo miembro Kristoffer Schander. Todos estos cambios y la necesidad de recuperar su identidad hacen de su nuevo trabajo una oportunidad para congraciarse con su auténtico sonido a una banda que quiere (y aquí lo demuestra con solvencia) volver a sonar cruda, olvidándose de unos artificios a los que se vieron llevados a usar por quienes movían sus hilos. Sin miedo a equivocarme, me atrevo a decir que ¡¡BLUES PILLS han vuelto!!!, ¡¡y de que manera!!!!. Esa banda que había sorprendido años atrás a propios y extraños está en plenitud de facultades, tanto compositivas como interpretativas.

Es posible que no haya una vocalista en la escena como Ellin Larson, algo que queda patente en todos los temas del álbum. Desplegando su repertorio de registros vocales entre ácidos riffs que recuperan el sonido basado en las guitarras con el que nacieron,

Los temas guardan una constante en su desarrollo y siempre acaban eclosionando en momentos de rabia y pesadez por muy sosegados que se muestren en su inicio. Utilizando los teclados únicamente en un par de temas, la banda nos golpea con ácidos riffs entre los derroches vocales de su cantante, El cambio de roll de Zach, pudieran hacer pensar que los cimientos de la banda se resientan, pero la realidad es que vuelven a recuperar la solidez y la firmeza de siempre. Explorando todo el espectro sonoro que va desde el blues al soul, pasando por el jazz, la psicodelia y hard rock más rabioso, nos ofrecen un trabajo variado y logrado. Sonidos vintage, sonidos retro, pero construidos con la suficiente calidad para que a pesar de su origen, su aspecto sea de lo más contemporáneo. Nada es rancio aquí, y la frescura y efervescencia de las canciones contenidas en el álbum son una invitación y un regalo para los fans de la banda que pensaban que ya los habíamos perdido para siempre. El reflejo de unos músicos jóvenes y sencillos, que no quieren perder esa frescura y que como ellos mismos dicen, no están preparados para el mainstream, ¡¡Mejor así!!

Entre vibraciones blues y soul-rock “Proud woman” con sus fuertes ritmos nos devuelven la esencia de los primeros 70’s. Una Ellin esplendorosa despliega todo su arsenal de registros vocales dejándose al alma en un tema lleno de garra que es toda una invitación a seguir explorando este nuevo álbum. Un trabajo que, a la vista de éste primer tema, promete fuertes emociones. Pesado, ácido y colorista, el tema irradia energía por los cuatro costados. El tema refleja la liberación de la banda tras unos años duros.
“Low road” sin andarse con tonterías, nos sumerge en una espiral ácida como las que la banda ofrecía en sus comienzos. Parece estar superada la etapa más “blandita” de la banda.  Heavy-blues y psicodelia ácida en una orgía psicotrópica en un convite al frenesí. Un tema arrollador en el que BLUES PILLS recuperan toda la fuerza que les vio nacer. Fuzz y solos asesinos se suceden en un torbellino rítmico que evoca su autentico sonido.   Ese que hizo correr ríos de tinta sobre su calidad y que ahora la banda retoma con gran acierto para satisfacción de muchos de sus seguidores acérrimos.
El hard-rock y el heavy-blues construyen “Dreaming my life away” aderezándolos con un aroma vintage. Otro nuevo derroche vocal de Ellin. Una cantante que no parece tener límites en su talento. Rock clásico, sólido, contundente, pesado en el que se incrustan esos solo asesinos que tan resultones son. Entre desgarradoras voces y coros la canción refleja que todo está perfectamente ensamblado.
“California”, un evocador nombre para una canción que parece mostrarse como una oda al verano del amor. En modo pseudo-balada los elementos west-coast se suceden evocando floridos paisajes llenos de color. El tema supone un nuevo escaparate para el lucimiento de su vocalista. Variando los registros, con desgarradores aullidos de tonos negroides entre coros más propios de una iglesia baptista.  Con unas armonías de rock clásico en las que brillantes momentos de guitarra consiguen el equilibrio entra la dulzura y la garra.

“Rythym in the blow” no hace prisioneros. Hard psych de altos vuelos en un tema ardiente. La destrucción iniciar y los potentes riffs, unido al aullido inicial de Ellin nos muestra que los BLUES PILLS más crudos están inexorablemente de vuelta.  Guiños a Janis y riffs de corte retro construyen un tema primitivo y áspero en el que el blues sigue presente entre endiablados ritmos.

Bajo los acordes del blues-soul más sensual “Dust” nos acaricia con sensuales melodías que reflejan el lado más sosegado de la banda. Esto no quiere decir que las guitarras no afloren entre las embestidas de rabia de la voz que esa chica tan talentosa.

Entre ritmos contagiosos que coquetean con el funk y soul-rock, “Kiss my past goodbye” retoma la faceta bailona de la banda entre sus pesados desarrollos guitarreros. Ondulante y con mucho “flow” el tema se contonea en una espiral de ritmos y solos con momentos netamente hard-rock, que contrastan con ese blues rock desgarrador que las voces y coros generan. Todo un torrente que por una u otra vía acaba por arrollarnos. El frenesí y el desenfreno se apoderan de otro tema poderoso,

En modo balada, “Wish I’d Know” partiendo de delicados acordes acústicos, los suecos nos susurran con un tema heredero de algún momento west-coast. Un soleado ambiente campestre nos cubre de tonos grises entre algodonados momentos con un envoltorio negroide. Más cerca del soul, el tema fluye elevándose en una evolución que va haciéndolo más sólido. Con coros casi gospel, contrapesan los momentos más desgarradores de la voz, mientras la guitarra en un segundo plano se desangra en solos hirientes hasta que se el corte se disipa lentamente,

“Bye bye birdy” transita por una atmósfera más oscura. Un espacio más lisérgico e inquietante. Una nueva arista de una banda que tiene claro el camino pero que no se encorseta. Siguiendo la tónica de la mayoría de los temas, las revoluciones van incrementándose según avanza la canción. Ramalazos vocales en línea Janis y unos momentos de gran pesadez nos hacen olvidan como había comenzado todo, Con extraños momentos la banda se sumerge en una insondable psicodelia entre coros y extrañas voces mientras la batería explota entre distorsiones y efectos.

El cierre parte de unos acordes de piano en “Song from a mourning Dove”. Un elemento que aparecía en su anterior trabajo y que aquí tiene los momentos contados, Un blues de tonos jazz e incluso soul, en el que no faltan esas arrancadas de rabia a las que nos tienen acostumbrados, En cualquier caso, BLUES PILLS son capaces de lucir en distintos escenarios sonoros y este tema, es una muestra de ello. Adornando con pasajes más psicodélicos el tema va mostrando distintas caras en una evolución constante que hace que se module en sus armonías abarcan un amplio espectro sonoro.

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Reseña: DAILY THOMPSON.- «Oumuamua»

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En activo desde 2.012 el trío de  Dortmund publica su cuarto álbum «OUMUAMUA«, posiblemente el mejor de toda su discografía. Un trabajo en el que la banda explora algunos sonidos que no habían sido tan habituales en sus álbumes anteriores y en el que podemos encontrar desde los difusos riffs stoner llenos de fuzz hasta pasajes de psicodelia pesada en línea RotorColour Haze, pero en el que también encontramos una mayor presencia de sonidos llegados de los setenta. Si la influencia en el sonido de la banda del grunge de los noventa está presente con ecos  Sonic Youth, lo cierto es que en este trabajo si hay algo que predomina, es el blues. Un blues chamánico que por momentos coquetea con el sonido The Doors, y que no duda en explorar entornos de rock clásico con aroma sureño y vibraciones más propias de All Them Witches. Sus temas están perfectamente ensamblados y cuentan con la dualidad de voces DannyMephi, lo que hace que el álbum adquiera un color especial. Otro de los factores que despierta mi atención es la exploración psicodélica que aparece en alguno de los temas. Canciones de mayor duración en las que encuentran un espacio perfecto para desarrollos más elaborados y hechizantes lo que supone un plus en el haber de la banda. Sin duda «OUMUAMUA» suena diferente a sus entregas anteriores, pero esos cambios, solo enriquecen a la banda. Esa mayor presencia del blues y de la psicodelia más ensoñadora no hace que la banda pierda su carácter alternativo, lo que a la postre es un elemento más que hace que DAILY THOMPSON se muestre como una banda más compacta y más creativa.

DAILY THOMPSON son Danny Zaremba (voz y guitarras) Mephi Lalakakis (bajo y voces) y Matthias Glass (batería). OUMUAMUA está disponible vía Noisesolution.

“She’s so cold” con sus once minutos nos da una clara muestra de el tipo de álbum que nos presentan los alemanes. Un entorno en el que la psicodelia se colorea con la voz de Mephi con registros a caballo entre Patti Smith y Sonic Youth, algo que veremos repetidamente en alguno de los temas. Con una buena cadencia rítmica los ecos alternativos se incrustan con precisión sobre esos ensoñadores pasajes heavy-psych impregnados en hongos mágicos. En ese entorno psicotrópico el corte funciona a las mil maravillas gracias a su cadente y magnético ritmo. En su segunda mitad, la canción se precipita por un torrente de fuzz desértico con difusos riffs bajo la voz de Danny en esta ocasión. En su parte final, la banda se inclina por los sonido stoner sin perder ese carácter alternativo que les lleva a recordar los ecos de los 90’s sin desdeñar la psicodelia presente en todo el tema.

Con una cadencia blues, “Sad Frank” el single que nos adelantaron hace semanas, toma la herencia The Doors Jugando con las voces, Mephi y Danny hacen que el tema evolucione engrosando su sonido con riffs  que serpentean seductores entre pinceladas lisérgicas. Instalados en un entorno más propio de garito de blues humeante y olor a bourbon, de la intoxicante neblina emergen solos ácidos que se retuercen en cada nota. El tema cuenta con una nota de color vintage gracias a la incorporación del sonido del órgano, lo que supone una novedad en el sonido de la banda.

Por la encrucijada entre el proto-metal el blues y el retro rock, “Oh my mind” se muestra como un corte divertido y pegadizo que te atrapa sin remisión. Invitandonos al baile, el blues ácido y los riffs stoner sacan lo mejor una banda que no tiene reparos en jugar cada vez a más cosas. En la parte final aparece ese dueto de voces  que tan buenos resultados ofrece, en esta ocasión en un apoteosis final que tras coquetear sin reparos con el blues, se ve aderezado con esos ecos alternativos.  

Sin perder la esencia americana que rezuma del álbum, “Slow me down” nos traslada a las vastas praderas del medio oeste. Un espacio sureño en el que con los cactus como testigos, nos invitan a transitar por largas rectas atravesando el desierto. Stoner, boogie, garage al servicio de un tema que se inclina por el sonido de All Them Witches en una constante oscilación que no les hace perder particular sonido.

“Half Thompson” es un blues rock con sabor a 70’s. Salvaje y primitivo su aire macarra le dota de mucho gancho sobre esos sonidos clásicos. En una línea bastante ortodoxa, el corte contiene magnéticos pasajes ácidos que no hacen sino enriquecerlo. En sus notas se percibe un cierto aroma a Zeppelin.

Con sus doce minutos, “Cosmic cigar (Oumuamua)”, nace de borboteantes pasajes heavy-psych entre efectos que revolotean sobre nosotros creando un entorno chamánico en el que dejar volar nuestra mente. Todo un hechizo sonoro que nos lleva a la noche desértica entre las plegarias del chamán. Un conjuro de riffs difusos que se agigantan entre intoxicantes brebajes creando un escenario para el desarrollo de la psicodelia pesada que da lugar a distintas escenas relatadas bajo una mágica y lisérgica atmósfera. La voz casi recitando de Mephi con una peculiar ecualización añade un toque de misterio que por sí mismo, sabe cómo narrar la trama. Incorporando ese toque grunge en algunos momentos vocales consiguen una perfecta conjunción de elementos sin perder la vocación psicodélica. Seguramente estamos ante el tema más impactante del álbum, un corte que se va cociendo a fuego lento y que supone una innovación respecto a los temas que habían compuesto hasta el momento. Todo un espacio para flotar y dejarse llevar. 

En modo acústico, casi como un loner-folk, “River of a ghost” reposa en tonos folk con la voz áspera y cálida de Danny sobre hipnóticos acordes. Un híbrido entre esas vibraciones y las que nos ofrecían en los noventa las bandas de Seattle con sus conciertos unplugged. 

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Reseña: ELLIS/MUNK ENSEMBLE.- «San Diego Sessions»

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Si unes a dos talentos llenos de virtuosismo como Jonas Munk (CAUSA SUI) a la guitarra y Brian Ellis (BRIAN ELLIS GROUP, ASTRA, PSICOMAGIA) a los teclados, y  les acompañas de una corte de músicos de lo más granado de la escena de San Diego como Dominic Denholm (bajo) (MONARCH) Thomas DiBenedetto (Batería / guitarra) (SACRI MONTI, MONARCH, ex-JOY) Anthony Meier (bajo, teclados) RADIO MOSCOW, SACRI MONTI), Dylan Donovan (guitarra) (SACRI MONTI, PHARLEE), Paul Marrone (batería) (RADIO MOSCOW, ASTRA, PSICOMAGIA, COSMIC WHEELS, BIRTH, BRIAN ELLIS GROUP) Andrew Ware (batería) (MONARCH), Trevor Mast (bajo)  (BIRTH, PSICOMAGIA, BRIAN ELLIS GROUP, ex-JOY), Conor Riley (teclados) (ASTRA, SILVER SUNSHINE, BIRTH), Andrew Velasco (percusión) (LOVE, THE CITY  & SPACE), Evan Wenskay (SACRI MONTI) y Kyre Wilcox (bajo) (TRUTH ON EARTH) dejándoles tocar con libertad en unas sesiones en la soleada California, la tormenta perfecta está servida. Una bacanal de ritmos con unos tambores atronadores entre una sangría psicotrópica de la guitarra y unas teclas vintage multicolor con elementos jazz y una cierta vocación espacial acompañan la orgía lisérgica que crean en cada tema. Temas que son como auténticos agujeros negros que acaban por atraparte en su interior y que son como un brebaje intoxicante que hace que durante cerca de una hora, nos olvidemos del mundo terrenal para embarcarnos en un viaje cósmico del que no querrás salir. Cortes exuberantes llenos de matices y sonidos  fluyendo libremente, sin ataduras, pero que acaban por conseguir que todo tenga sentido, y ahí está su mérito. 

Podríamos decir que estamos ante ese segundo álbum de PSICOMAGIA que tanto llevamos esperando. Al menos su contenido es el que yo me hubiera imaginado de esa segunda entrega que por ahora no ha llegado. La fé es lo último que se pierde.   

Si hay trabajos experimentales de estas características que su digestión no es del gusto de todos los públicos, en este álbum, ya seas fan de estos sonidos, o no, si lo pruebas,  acabarás completamente atrapado. Puede ser que teniendo en cuenta los antecedentes, cosas así solo pueden suceder en San Diego.  Con los roles bien definidos, Jonas nos ofrece una orgía psicodélica que es amortiguada por los teclados de Ellis, ofreciendo distintos aspectos, a veces espacial, otras progresivo, en muchas ocasiones jazz. Todo es válido y más si se hace de la forma en la que lo hacen estos talentosos músicos. Todo un brebaje embriagador de proporciones monumentales que nadie debería dejar pasar sin disfrutarlo.  

«SAN DIEGO SESSIONS» está disponible vía El Paraiso Records.

«The wedge» abre el álbum con los rebosantes tambores como preludio de una jam ácida en la que encontramos numerosos elementos progresivos. La libre creación en un tema psicodélico con un ritmo arrollador. Solos interminables entre teclados envolventes y efectos incesantes. Una bacanal de sonido que nos atrapa sin remisión en mundo en el que los psicotrópicos son el plato principal. Con una vocación avant-garde los teclados confluyen con los solos de Jonas en un viaje a los confines de la psicodelia más abrumadora. Con momentos casi espaciales, la travesía se convierte en tortuosa mientras los músicos lograr combinar pasajes mágicos con perturbadores momentos instrumentales. Toda una experimentación en la que los músicos parecen sentirse cómodos en esa orgía de instrumentos que por momentos parece anárquica pero que finalmente logra unir todas las piezas del puzzle con maestría. Un exuberante tema que fluye con brío pero cuidando los detalles.

En un escenario aparentemente más calmado, «Pauly’s Pentacles», también con once minutos supone un nuevo paseo por atmósferas psicodélicas. En esta ocasión más cercanos a postulados espaciales, la sangría de la guitarra de Jonas produce una hemorragia de pasajes de mágica psicodelia con un trasfondo más sosegado. Pura acidez si, pero a la vez amortiguada con las dosis vintage de las teclas de Brian.  Un espacio cósmico en el que los músicos se mueven con facilidad tomándose un respiro del frenesí del corte anterior.  Mucho más narcótico y hechizante, el tema deja espacio para el lucimiento de esa dupla maravillosa que componen Jonas y Brian. Inspìrados en momentos hendrixianos, van creando una serie de capas superpuestas que elevan la intensidad del tema. Una evolución que vuelve a sumergirse en esa poción mágica llena de alucinógenos para ofrecernos un tema lleno de una intensidad no reñida con la belleza. Si el tema anterior conseguía atraparnos entre sus fauces, aquí el efecto narcótico nos lleva a un estado flotante en el que nuestros sentidos son estimulados en cada acorde, en cada nota. sin dejar espacio para la pausa el tema fluye y evoluciona por esos insondables entornos nebulosos ubicados en un lugar indeterminado de la galaxia en el que la magia surge espontáneamente.  

«Munk’s dream», un título a priori muy evidente, nos hace presagiar un nuevo paseo por el lado más acolchado de la psicodelia. Con una cadencia rítmica algo más contenida, la guitarra de Jonas desprende belleza y magnetismo en cada nota, mientras Brian toma un papel secundario aunque fundamental para poner la guinda a ese ambiente de ensueño en el que se desarrolla el tema.

En «Electric saloon» se vislumbra un mayor peso de Ellis en la composición, aportando ese toque funk a la psicodelia florida. Con ornamentos jazz, el corte conjuga distintos estilos manteniendo sus genes psicotrópicos.   Aquí se percibe la influencia del sonido que lleva caracterizando a San Diego desde hace años. No en vano en el disco participa la flor y nata de la escena local, y eso, sin duda se hace sentir. Con la guitarra instalada en la psicodelia más vanguardista, y las teclas oscilando entre distintas vibraciones van tejiendo otro tema impactante y atrayente que nos sitúa en su parte final en los confines del universo entre una nueva bacanal de ritmos.   

Cada canción parece ser como un agujero negro que te atrapa para transmitirnos variadas sensaciones que lo alejan de la monotonía. 

«Bucket Drips» se sumerge más en una espacio jazz con complementos psicodélicos. susurrante y cauteloso, el tema va describiendo una atmósfera oscura e intrigante. Casi desde el silencio, despliegan sus virtudes en un escenario distinto al de los cortes anteriores. Jugando siempre con los sonidos en distintos estratos, aportan un tono vintage a los hechizantes acordes. Masajeando con cada nota, logran crear el sosiego y un estado sensorial de lo más gratificante. 

Alejándose aparentemente de la bacanal perturbadora, «Larry’s Jungle Juice» emerge con sosiego para ir convirtiendo su forma a una especie de free-jazz lisérgico que acaba por precipitarse en una nueva jam. La improvisación en estado va construyendo un hipnótico tema que va volviéndose más tormentoso a diferencia del sonido que le vió nacer. Por momentos, decantándose por el exotismo, extraños coros parecen presentarse como espectros momentáneos. Revolviéndose entre una nueva orgía de ritmos y solos en un ejercicio experimental de proporciones monumentales. 

«Stone Steps» cierra el álbum por un prado acolchado de psicodelia aromática con vocación cósmica. Sutiles pinceladas jazz se pintan en es cuadro caleidoscópico que van creando en esta nueva jam. elegantes momentos que contrastan con la virulencia de los tambores o la ambientación espacial. Por el lado más narcótico se van dejando llevar por ese viaje lisérgico con destino indeterminado. Dicen algunos que lo importante no es la meta, sino el camino. Pues aquí parece que siguen esa premisa, dedicándose a que cada nota, cada acorde, cada riff, sea único e irremplazable.  El final del tema me da razón, ya que acaba diluyéndose sin ningún final. ¿Será esto una puerta abierta a una nueva entrega?

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Reseña: MARTIN RUDE & JAKOB SKOTT DUO.- «The Discipline of Assent»

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Los músicos daneses Martin Rude (SUN RIVER) y Jakob Skøtt (CAUSA SUI) se unen bajo el proyecto MARTIN RUDE & JAKOB SKOTT DUO para crear un disco desafiante que rinde tributo a innovadores del jazz como Miles & Trane, Mingus o Sun Ra. Es completamente habitual ver a los miembros de CAUSA SUI en distintos proyectos en los que poder experimentar sin ataduras, aquí una vez más, su batería lo consigue. Estamos ante un trabajo no apto para todo tipo de oídos, un álbum que no entra al oyente a la primera, y que probablemente solo los más fanáticos del género puedan entender, pero aún así, tras varias escuchas, uno puede comprobar que hay mucha calidad en sus temas. Sustentado en la exploración de distintos ritmos de percusión arropados por bajo y sintetizadores principalmente, «THE DISCIPLINE OF ASSENT» juega con el free-jazz y la psicodelia exótica con un sonido estratificado en distintas capas improvisadas con algún elemento raga. El álbum fue grabado en una sesión el 3 de marzo y contó con la colaboración de Jonas Munk en la parte de sonido, antes de la edición efectuada por el propio Jakob manteniendo el espíritu de la improvisación.  Estamos ante la libre creatividad de dos talentosos músicos que plasman distintas atmósferas en temas dispares que no te dejarán indiferente. 

«THE DISCIPLINE OF ASSENT» está disponible vía El Paraiso Records.

«Flaiss & strands» nos introduce a un trabajo en el que la experimentación y la fusión son su leitmotiv. Ecos jazz sustentados en la increíble batería de Jakob jugando con distintos ritmos entre efectos para sumergirse en una especie de free-jazz no apta para todos los oídos. El resultado es un corte aparente inconexo en el que los instrumentos parecen ir completamente por libre. 

Recreándose con los tambores, «A new revival» muestra un gran trabajo de apoyo en el bajo de Martin. Creando una extraña atmósfera psicodélica y con la percusión algo más contenida en el avance del tema, el magnetismo del bajo nos invita a una exploración sideral apoyándose en los sintetizadores. 

En una apacible escenario de intrigante psicodelia «Aurelius Dye» adornado con aromas exóticos el dúo construye un compacto tema lleno de aromas refrescantes y la vez narcotizantes. Una belleza magnética hace que todo esté mucho más ensamblado y se muestre como un tema al uso, en detrimento de la libre experimentación. 

«Setenta y tres» supone el vértice del triángulo en el que la psicodelia los sonidos kraut y el jazz se unen en pos de un único fin. Sobre una atmósfera avant-garde los tambores vuelven a ser los protagonistas en este entorno de libre creación. 

Volviendo a la estructura tradicional de canción «Sequoia sketch» habita en un espacio de apacible psicodelia con suaves acordes bajo un manto lisérgico que cubre una estructura más sinfónica. 

Con vibrantes ritmos y un bajo lleno de magnetismo, «The slip» se construye ladrillo a ladrillo, De una forma anárquica y rodeado de extraños efectos el tema coge forma manteniendo la libertad compositiva.

«The short sun» retoma el espacio psicodélico vistiéndolo de una ambientación más campestre. Incorporando elementos sinfónicos sobre unos ritmos algo más contenidos van tejiendo un corte atmosférico con bellos y luminosos pasajes ensoñadores. En esta ocasión el dúo construyen un corte susurrante y plácido alejándose de alguna manera de la experimentación de la mayoría de las canciones del álbum. 

Los hipnóticos sonidos de vanguardia hacen acto de presencia en «Random treasures». Inspirados en momentos free-jazz el tema contiene todo un catálogo de ritmos que juegan con los tiempos entre los extraños desarrollos de los sintetizadores. Aún así, el tema posee un gran magnetismo gracias a la cierta inclinación kraut que Jacob imprime a sus tambores.

Para cerrar el álbum nos encontramos con el tema más largo. «Mountain montage» con sus más de once minutos contrasta con la mayoría de los temas que rondan los tres minutos. El corte nos susurra con mágicos acordes de psicodelia exótica con los tambores y platillos mucho más contenidos. Un espacio de calma sobre bellas y delicadas armonías en las que la guitarra toma el protagonismo para regalarnos acolchados pasajes que nos acarician con delicadeza. En contra de lo que suele ser habitual, la larga duración del tema no presenta la experimentación que podría intuirse, sino que por el contrario consigue la canción más «al uso» de todos este peculiar trabajo. Un tema compacto, bien hilvanado, y que pone el colofón con brillantez a un trabajo en el que la experimentación es su meta. 

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