Reseña: BLUES PILLS.- “Holy Molly!!”

¿Una vuelta a los orígenes? Cualquiera que tras la publicación de su último álbum “LADY IN GOLD” se sintiera defraudado con el camino que tomó el sonido de la banda, ahora puede estar de enhorabuena, BLUES PILLS recupera la acidez que les vio nacer. Con su nuevo álbum parece que han superado la etapa en la que la banda se alejaba de la crudeza. “HOLY MOLLY!!” es una especie de liberación de la banda tras los convulsos tiempos pasados desde su anterior álbum según sus propias palabras. Tras algunas depresiones y estados de ánimo bajo mínimos, recuperan las riendas de lo que de verdad quieren ser. Renovados con la salida de su guitarrista Dorian y habiendo asumido su puesto el hasta ahora bajista Zack Anderson, éste deja su lugar en el bajo al nuevo miembro Kristoffer Schander. Todos estos cambios y la necesidad de recuperar su identidad hacen de su nuevo trabajo una oportunidad para congraciarse con su auténtico sonido a una banda que quiere (y aquí lo demuestra con solvencia) volver a sonar cruda, olvidándose de unos artificios a los que se vieron llevados a usar por quienes movían sus hilos. Sin miedo a equivocarme, me atrevo a decir que ¡¡BLUES PILLS han vuelto!!!, ¡¡y de que manera!!!!. Esa banda que había sorprendido años atrás a propios y extraños está en plenitud de facultades, tanto compositivas como interpretativas.

Es posible que no haya una vocalista en la escena como Ellin Larson, algo que queda patente en todos los temas del álbum. Desplegando su repertorio de registros vocales entre ácidos riffs que recuperan el sonido basado en las guitarras con el que nacieron,

Los temas guardan una constante en su desarrollo y siempre acaban eclosionando en momentos de rabia y pesadez por muy sosegados que se muestren en su inicio. Utilizando los teclados únicamente en un par de temas, la banda nos golpea con ácidos riffs entre los derroches vocales de su cantante, El cambio de roll de Zach, pudieran hacer pensar que los cimientos de la banda se resientan, pero la realidad es que vuelven a recuperar la solidez y la firmeza de siempre. Explorando todo el espectro sonoro que va desde el blues al soul, pasando por el jazz, la psicodelia y hard rock más rabioso, nos ofrecen un trabajo variado y logrado. Sonidos vintage, sonidos retro, pero construidos con la suficiente calidad para que a pesar de su origen, su aspecto sea de lo más contemporáneo. Nada es rancio aquí, y la frescura y efervescencia de las canciones contenidas en el álbum son una invitación y un regalo para los fans de la banda que pensaban que ya los habíamos perdido para siempre. El reflejo de unos músicos jóvenes y sencillos, que no quieren perder esa frescura y que como ellos mismos dicen, no están preparados para el mainstream, ¡¡Mejor así!!

Entre vibraciones blues y soul-rock “Proud woman” con sus fuertes ritmos nos devuelven la esencia de los primeros 70’s. Una Ellin esplendorosa despliega todo su arsenal de registros vocales dejándose al alma en un tema lleno de garra que es toda una invitación a seguir explorando este nuevo álbum. Un trabajo que, a la vista de éste primer tema, promete fuertes emociones. Pesado, ácido y colorista, el tema irradia energía por los cuatro costados. El tema refleja la liberación de la banda tras unos años duros.
“Low road” sin andarse con tonterías, nos sumerge en una espiral ácida como las que la banda ofrecía en sus comienzos. Parece estar superada la etapa más “blandita” de la banda.  Heavy-blues y psicodelia ácida en una orgía psicotrópica en un convite al frenesí. Un tema arrollador en el que BLUES PILLS recuperan toda la fuerza que les vio nacer. Fuzz y solos asesinos se suceden en un torbellino rítmico que evoca su autentico sonido.   Ese que hizo correr ríos de tinta sobre su calidad y que ahora la banda retoma con gran acierto para satisfacción de muchos de sus seguidores acérrimos.
El hard-rock y el heavy-blues construyen “Dreaming my life away” aderezándolos con un aroma vintage. Otro nuevo derroche vocal de Ellin. Una cantante que no parece tener límites en su talento. Rock clásico, sólido, contundente, pesado en el que se incrustan esos solo asesinos que tan resultones son. Entre desgarradoras voces y coros la canción refleja que todo está perfectamente ensamblado.
“California”, un evocador nombre para una canción que parece mostrarse como una oda al verano del amor. En modo pseudo-balada los elementos west-coast se suceden evocando floridos paisajes llenos de color. El tema supone un nuevo escaparate para el lucimiento de su vocalista. Variando los registros, con desgarradores aullidos de tonos negroides entre coros más propios de una iglesia baptista.  Con unas armonías de rock clásico en las que brillantes momentos de guitarra consiguen el equilibrio entra la dulzura y la garra.

“Rythym in the blow” no hace prisioneros. Hard psych de altos vuelos en un tema ardiente. La destrucción iniciar y los potentes riffs, unido al aullido inicial de Ellin nos muestra que los BLUES PILLS más crudos están inexorablemente de vuelta.  Guiños a Janis y riffs de corte retro construyen un tema primitivo y áspero en el que el blues sigue presente entre endiablados ritmos.

Bajo los acordes del blues-soul más sensual “Dust” nos acaricia con sensuales melodías que reflejan el lado más sosegado de la banda. Esto no quiere decir que las guitarras no afloren entre las embestidas de rabia de la voz que esa chica tan talentosa.

Entre ritmos contagiosos que coquetean con el funk y soul-rock, “Kiss my past goodbye” retoma la faceta bailona de la banda entre sus pesados desarrollos guitarreros. Ondulante y con mucho “flow” el tema se contonea en una espiral de ritmos y solos con momentos netamente hard-rock, que contrastan con ese blues rock desgarrador que las voces y coros generan. Todo un torrente que por una u otra vía acaba por arrollarnos. El frenesí y el desenfreno se apoderan de otro tema poderoso,

En modo balada, “Wish I’d Know” partiendo de delicados acordes acústicos, los suecos nos susurran con un tema heredero de algún momento west-coast. Un soleado ambiente campestre nos cubre de tonos grises entre algodonados momentos con un envoltorio negroide. Más cerca del soul, el tema fluye elevándose en una evolución que va haciéndolo más sólido. Con coros casi gospel, contrapesan los momentos más desgarradores de la voz, mientras la guitarra en un segundo plano se desangra en solos hirientes hasta que se el corte se disipa lentamente,

“Bye bye birdy” transita por una atmósfera más oscura. Un espacio más lisérgico e inquietante. Una nueva arista de una banda que tiene claro el camino pero que no se encorseta. Siguiendo la tónica de la mayoría de los temas, las revoluciones van incrementándose según avanza la canción. Ramalazos vocales en línea Janis y unos momentos de gran pesadez nos hacen olvidan como había comenzado todo, Con extraños momentos la banda se sumerge en una insondable psicodelia entre coros y extrañas voces mientras la batería explota entre distorsiones y efectos.

El cierre parte de unos acordes de piano en “Song from a mourning Dove”. Un elemento que aparecía en su anterior trabajo y que aquí tiene los momentos contados, Un blues de tonos jazz e incluso soul, en el que no faltan esas arrancadas de rabia a las que nos tienen acostumbrados, En cualquier caso, BLUES PILLS son capaces de lucir en distintos escenarios sonoros y este tema, es una muestra de ello. Adornando con pasajes más psicodélicos el tema va mostrando distintas caras en una evolución constante que hace que se module en sus armonías abarcan un amplio espectro sonoro.

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Reseña.- THE MOTHERCROW.- “MAGARA”

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Nacidos en Barcelona de la mano de su vocalista Karen Asensio, THE MOTHERCROW hacen su puesta de largo con “MAGARA”, tras incorporar a su formación al batería Pep Carabante y al guitarrista sueco Max Eriksson que se unen a su bajista Claudia González y a la propia Karen para darle un impulso a su sonido respecto de sus dos primeros EP’s. Un esperado trabajo realizado con el esfuerzo de una campaña de crowdfunding que recupera los sonidos mas viscerales de los años setenta sin perder la esencia blues-rock con la que nació la banda. Acercándose a vibraciones más pesadas que por momentos coquetean con el heavy rock y los contemporáneos sonidos stoner, los barceloneses no pierden su esencia en unos temas fuertemente influenciados por las portentosas cuerdas vocales de Karen. Seduciendonos o amedrentandonos, sus melodías confluyen siempre en temas coloreados por ritmos de tintes vintage. Definir su sonido como retro-rock, sería demasiado simple. En el álbum podemos encontrar seductores momentos de flirteo con el jazz, rudos espacios en los que el boogie-rock más frenético se apodera de alguno de sus temas, así como espacios en los que la psicodelia se entromene entre sus riffs. Una conjunción entre los ecos del hard-rock y el blues-rock mas clásico con un envoltorio más acorde con el siglo XXI. Un álbum en el que los sentimientos salen a flor de piel para transmitirnos toda su energía o cautivarnos con sus melodías. En todos los temas destaca poderosamente la incesante y fornida batería, que es perfectamente complementada con robustas lineas de bajo. Como contrapunto a esa virulencia las voces recorren un amplio espectro de registros. Desgarradores momentos que arrastran a la banda a ejecutar poderos riffs, en pura vena hard & heavy, con momentos boogie-rock o acaramelados pasajes en los que acarician susurrantes al oyente por terrenos que transitan en algún espacio entre el soul, el blues o incluso el jazz de cabaret….

El título del álbum alude una filosofía del animismo en la que se aúnan todos los seres, el entorno natural y sus fenómenos, hasta objetos cotidianos pueden ser dotados de esa Fuerza Vital Universal que nos conecta a todos. Respaldando incluso la creencia de una estrecha relación entre los vivos y los muertos. ¡¡¡Toda una declaración de intenciones!!.

En palabras de la propia banda, “MAGARA” es un álbum que enfrenta sentimientos y sonidos añejos, mezclados con nuevas vivencias y emociones, dando más libertad a las sombras, pero sin olvidarse de la luz, una definición que suscribo.

“Revolution” fue el primer adelanto que nos ofreció la banda. Conteniendo en sus interior vibrantes riffs stonerizados con ropajes retro, en los que el bajo nos golpea con contundencia mientras Karen nos ofrece un repertorio de registro soul-rock y blues. Pegadizos, vibrantes y pesados, tratan de transmitir toda su destreza en el directo para transmitirla al interior de su surcos. Un canto a la lucha, defendiendo derechos coartados en nuestro país recientemente como la libertad de expresión o el derecho a voto. En rebelión contra los políticos corruptos que nos gobiernan.

Con una introducción en la que la linea de bajo se muestra poderosa, “Mantis” ofrece a la Karen más sensual y seductora. Blues-rock sobre una estructura rítmica que se repite. Leves momentos funky servidos por el wah-wah. Esa amante depredadora que primero te conquista y una vez que has caído en sus encantos de golpea con fuertes riffs.  Una femme fatale capaz de enamorar y acabar con un hombre en una misma noche siguiendo los pasos de una moderna Judith, hija de Merari. Destruyendo mitos de sumisión y dependencia, empoderando la feminidad.

Siguiendo la estela blues más ortodoxa, desde el susurro, con una cansina cadencia, “Stone” se muestra fornido a pesar de su frágil apariencia melódica. riffs retro van elevando el tono que acaban por arrastrar la voz. Una voz que ya hemos escuchado en algunas bandas en las que la vocalista sigue los caminos que hace décadas señaló Janis u otras muchas vocalistas de los primeros setenta. que convivían entre potentes sonidos hard. Aquí se sigue esa estela y también los momentos en los que la guitarra aulla cual lobo en la noche. Oda a el Basajaun, numen perteneciente a la mitología vasca que habita en lomás profundo de los bosques o cavernas en lo más alto de las montañas, al cuidado de lanaturaleza.

A caballo de ritmos boogie-rock, “Swat it!“, por momentos me recuerda a ZZ TOP en sus primeros riffs.  Bajo los mandos de una frenética batería y coros efectivos y replicantes, encontramos una novedad respecto a los temas precedentes. Para darle todavía más color vintage, se incorporan pasajes de órgano en un contoneo constante a través de distintos ritmos. el tema sirve de escaparate para que cada músico ejecute solos con sus instrumento tomando el protagonismo. la versatilidad hecha canción surgiendo inspirada por el sentimiento de contradicción de vivir un momento “in situ” grabándolo con un dispositivo para una posteridad caduca como la que nos proporcionan las redes sociales.

En tonos mucho más grises, y con aires de desamor, “Forevermore” camina por la senda de la calma y el dolor. Los momentos más suaves y oscuros de “MAGARA” aparecen coloreados por brillantes solos de guitarra que se recuentan en laderas psicodélicas. La sensualidad en contraste con el dolor. Un sentimiento de duelo, saber que el amor generado entre dos personas puede ser tan fuerte que aunque alcance a girar en una espiral de dolor, no se quiere o puede parar de alimentarlo.

“Guan (lo kanta)” nos ofrece a THE MOTHERCROW con un nuevo registro en tonos acústicos, queriendo acercarse al jazz y al folclore, suavemente nos susurra. Un canto reconfortante que hace que nos sintamos protegidos y aliviados a la vez. No existen los temores entre sus bellas melodías. Describiendo la nostalgia, aparece un nuevo actor en escena. El sonido de la flauta en tonos folclóricos nos hace retornar al pasado. Estamos ante una canción de cuna en euskera, instigando al miedo para inculcar noción cómo habitúan las nanas, con Lamias y seres de la noche, pero alentando con que a pesar de todo siempre estará La Madre Cuervo cuidando de todos nosotros.

Tras el sosiego y la calma, “Lizard queeen” rompe las cadenas en pura vena hard & heavy. Los riffs más cañeros van recorriendo espacios de distintas décadas. Desde el stoner contemporáneo al heavy de los ochenta y el hard rock de comienzos de los setenta. iaje inspirado en los sentimientos de miedo y angustia bajo los que habitamos, una personificación de la ansiedad que toma nuestro control.

“Magara”, el corte que da nombre al álbum, ofrece una nueva visión. ritmos arenosos contenidos poco a poco van elevándose con tonos americanos. Un choque de sentimientos que se enfrentan con el soul y blues aparecen sutilmente entre un corte hard-rock que apaba apagandose como una llama con leves acordes de sitar. Nacido a ritmo de desierto, el caminar del dromedario. Un sentimiento Tuareg de viajar, vagar, pertenecer y perecer para prevalecer siempre en la tierra de la que se ha nacido. La Fuerza Vital Universal.

El trabajo se cierra con “Ashes”, un calmado corte lleno de sentimiento en el que el protagonismo de la guitarra alimenta los suaves pasajes vocales y rítmicos. Otra vez por acolchadas praderas en las que la oscuridad cubre desgarrados sentimientos por el camino del blues. Un tema lleno de belleza y tristeza con momentos oscuros momentos lisérgicos. Almas y corazones encontrados en el camino eterno. Sentimientos puros en una fusión de lírica. Una reafirmación de la indudable necesidad de alcanzar el extraordinario amor verdadero por encima de todo.

La banda entró a grabar su primer álbum el pasado diciembre de 2018 en Sol de Sants Studios (Barcelona) con el ingeniero/productor Alberto Pérez a los mandos de su mítica mesa analógica NEVE rescatada de los años 70, y una grabadora Tascam añadiendo la calidez y carácter de cinta de 2 pulgadas.
Durante siete días muy intensos, la banda plasmó las nueve canciones con las bases en
conjunto para capturar la energía y el feeling del directo, sumando texturas y otros
instrumentos para enriquecer el sonido.
En los meses siguientes fue mezclado por el mismo Alberto y masterizado por Marco
Rostagno de Hitmakers Studio.

“MAGARA” ve la luz bajo el sello Nasoni Records  para la edición en vinilo y por Nooirax Producciones y La Rubia Producciones para la difusión del formato en CD.

Karen Asensio (voces y percusión), Claudia González (bajo, coros, flauta, sitar, y percusiones), Max Eriksson (guitarras y coros) y Pep Carabante (batería).

Alberto Pérez colabora con órgano Hammond.

 

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PALE HEART.- “Jungleland”

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Los alemanes PALE HEART, son una guitarra que fabula, un órgano que zumba, una voz que rasca, y un bajo cálido que es secundado por los tambores.

Este conjunto consigue en su debut “JUNGLELAND”, un cuadro multicolor con imágenes masivas de blues-rock con mucho carisma, coloreadas alegremente en una resonancia atemporal con una suave melancolía y tonos vintage gracias al sonido de su órgano retro.

Todo ello en una evolución, deliciosamente suave en la que el blues-rock se combina con Soul, Funk, Southern Rock y sutilezas psicodélicas.

Un torrente de melodías en cascada, profundas y sofisticadas, con una sencillez que no resulta monótona, en una banda que no cree en un mundo sin música.

“Time to love” inicia la andadura de la banda con coros que me recuerdan a temas de sus compatriotas THE PICTUREBOOKS en una fusión con los holandeses DEWOLFF. Apacibles registros vocales combinados con un órgano retro que tiene un indudable peso en el sonido de la banda. Coros pegadizos en un fresco tema de coloridos vintage.

Sobre el rock clásico se mueve en sonido de la banda. Un eco hard-rock que se tiñe con algún ornamento progresivo en “Evil man”. Los coros y pausados estribillos se soportan en el órgano y la batería. Aterciopelados registros vocales con un solo de guitarra aquí y otro allá consiguen un “todo” en el que las resonancias de finales de los setenta están presentes. Un acercamiento a estándares del rock adulto que aparecen a lo largo de todo “JUNGLELAND”.

La sutileza blues-soul la encontramos en “Little Word”. Un órgano inquietante es apoyado por una apacible guitarra muestra toda su elegancia en registros blues que se inclinan a territorios soul. A bajas revoluciones el blues queda en un segundo plano por la envolvente aura de las sinfónicas notas que salen del órgano. El sosiego es el estado natural del tema.

Así “Cry of desperation” o “Heavy stones” caminan por esa senda del blues de ojos azules. Soft-rock en el que aparecen ese aroma retro, especialmente en el segundo de ellos.

PALE HEART da un pequeño giro con “Grand southern man”, en el que se acerca a esquemas de rock sureño dentro de un embalaje de rock clásico, en el que la aterciopelada voz aplaca la intensidad ornamental de los instrumentos.

Mucho más dinámico y rítmico, “Flying high”, sobre un pegadizo riffs coquetea con registros funk, Un corte bailable con coros negroides en una pequeña montaña rusa de ritmos que ascienden y descienden vertiginosamente. La capacidad creativa obtiene un tema versátil, en que aparecen presentados distintas modalidades estilísticas. En él no falta el sonido retro del órgano y efectivos solos de guitarra ácida, para completar un corte redondo.

Nuevamente la banda se pone el esmoquin para deleitarnos con sonidos que coquetean con el jazz en “Last letter”. Un manto sinfónico y una acaramelada voz, unidos a una bella melodía dan muestras de la capacidad y elegancia que atesoran los alemanes.

Rompiendo la tónica del resto de los temas, “JUNGLELAND” cierra con un tema de doce minutos. Una guitarra que me recuerda a Santana va admitiendo como compañero de viaje a un piano calmoso cuyos acordes son interrumpidos por susurrantes voces y coros que se desarrollan en escenarios de soft-rock en los que la psicodelia aparece sutilmente. “Trascendence” nos regala envolventes y sofisticados pasajes creados por una aguda guitarra son reemplazados por los acordes del piano para oscurecerse por la oscuridad del órgano. Sin duda, es el corte más trabajado y elaborado de todo el disco, y de él se puede llegar a percibir el potencial que atesora la joven banda.

PALE HEART está compuesto por Marc Bauer (guitarra y voces), Nico Bauer (bajo, teclados, hammond, moog bass) y Sebastian Neumeir (batería y percusión)

“JUNGLELAND” Es publicado via StoneFree Records.

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WHITE COVEN.- “Overseas”

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Entre tantos y tantos discos que uno descubre prácticamente a diario, a veces te encuentras con grandes sorpresas que hacen que todo el trabajo empleado en esto merezca la pena. Ese no el caso de los zaragozanos WHITE COVEN y su último disco “OVERSEAS”.

Aquí tenía muchas esperanzas puestas desde que publicaron su DEMO en 2.015, y esas esperanzas no se han visto defraudadas.  Demasiado tiempo ha pasado, pero la espera ha merecido completamente la pena. Ya solo viendo esa maravillosa portada evocadora tantas otras portadas de bandas que vivieron del verano del amor, el envoltorio es todo un presagio del contenido.

Publicado por Surnia Records, “OVERSEAS” es un versátil disco que parte del rock clásico de siempre, teniendo en WHITE COVEN una esperanza de continuidad.

Demostrando que no  son necesarios los artificios para construir un gran álbum. Basta con hacerlo con honestidad y maestría, desde la sencillez, y dejando que todo fluya, el resultado es un disco lleno de frescura.

Un flujo que navega desde el hard-rock de tintes retro, el blues, la psicodelia, el rock sureño, los sonidos progresivos, y hasta alguna incursión en territorios latinos tal y como los transitaba Santana.

“Woman” se desarrolla por estructuras de blues-rock y hard setentero, en las que se incrustan con sutileza algún riffs sureño, así como aromas de sonidos west-coast. El resto lo pone el pegadizo estribillo, y ese órgano subyacente de Josete.

Las voces de Sara tienen una especial importancia en gran parte de unos temas retroceden en el tiempo a reverberaciones de los grandes dinosaurios del rock setentero; todo un pilar en la banda. En “Brief old tale” los riffs retros, en los que los efectos fuzz destacan sobre un tema en el que las guitarras se desdoblan en solventes solos y una voz que transmite fuerza de blues y soul. Modulando con maestría esos registros el resultado es un ondulante corte que no permitirá que tus extremidades permanezcan en reposo.

WHITE COVEN no escapan a las incursiones en terrenos de rock progresivo como queda de manifiesto en “Moonroom”. La dulzura vocal da paso a calmados pasajes en los que el bucolismo y las fragancias florales campestres se exploran en medios tiempos con unos notables registros de guitarra. El lado más aterciopelado de la banda se manifiesta en este tema.

Cuando al principio hablaba de la versatilidad, “Farewell”, podría ser uno de los ejemplos que confirman mi afirmación. El country-rock sobre acústicos acordes rebosa en un tema grabado en vivo con un ambiente con sombreros vaqueros y botas camperas. Los teclados y la guitarra eléctrica lo convierten en más sureño, alejándose de los estándares del country.

Si existe un instrumento que hace que un tema toma matices vintage, ese es el órgano. Sobre ese lienzo, “The razorback” con ausencia de voces, la banda construye otro corte dinámico en el que la milimétrica batería y la dualidad de guitarra y órgano nos acerca a territorios dominados por Deep Purple hace décadas.

Nuevamente aparece el blues y mucho soul “Your time is over”. En esta ocasión, añadiendo unos coros góspel, el órgano y ritmos en vena Santana, con matices de blues de hard rock, WHITE COVEN construyen un corte con evidente acento latin-rock.

Las calmadas atmósferas descritas por los desarrollos de hard psico-progresivo de “Sedative”, son aderezadas con sustancias psicodelicas y una voz que ahora se acerca a los registros blues-soul de Maggie Bell, o Janis Joplin, derrochando magia y misterio. Una inquietud que es contrarrestada por la voz, tornándose dulce. el órgano en segundo plano colorea de ocre el tema entre riffs ácidos de guitarra. Unos pasajes que ondulan en espacios en los que la oscuridad aparente es neutralizada con bellas melodías sin faltar a la fuerza y garra de su vocalista.

El heavy-blues, y el hard rock más tenso se funden en “Coven”. Garra y fuerza en los momentos más densos y pesados de “OVERSEAS”. Nuevamente los solos ácidos recrean un aquelarre de tono ocultista, sobre ritmos arenosos.

Suaves acordes de psicodelia susurrante encontramos en “Overseas”, el tema que da título al disco. donde la calma y el sosiego se transmutan a espacios sinfónicos.

WHITE COVEN son: Sara Lapiedra (voces) Mario Gutierrez (guitarra rítmica y solista) Juan Cervera (guitarra rítmica y solista, voces de acompañamiento) R. David Bueicheku (guitarra rítmica y solista, coros y voces) Carlos Viejo (bajo) Daniel Penón (batería y percusión) y Josete Meléndez (órgano, teclados, piano)

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HUMBLE PIE “SMOKIN” 1972 (A&M)

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Banda formada en 1969 por Steve Marriot (vocalista y guitarra) (ex –Small Faces) y Peter Frampton (vocalista y guitarra) (ex-Herd), junto a Greg Ridley (bajo) (ex-Spooky Tooth) y Jerry Shirley (batería) (ex – Little Women), y que había publicado 4  discos hasta que grabaron durante su gira americana un doble directo en el Fillmore, que disparó su popularidad.

A partir de ese momento Peter Frampton   inició su exitosa carrera como solista, siendo reemplazado por Dave Clempson (ex-Colloseum).

Con estos mimbres publican en marzo de 1972 “SMOKIN”, con el que consiguen llegar al número 6 de las listas de ventas, cuando sus anteriores trabajos no habían pasado del puesto 32 de dichas listas.

La gran asiduidad a tocar en directo catapultó el prestigio y fama de la formación.

HUMBLE PIE, en aquellos años, ofrecía shows casi todos días de la semana. La energía y fuerza de su directo, asentó su prestigio. Esa potente mezcla de rock and roll, soul, blues. La carismática voz de Steve Marriot hacía el resto. Todo un animal de escenario.

La salida de Frampton de la banda, vino motivada por la cada vez más insistencia de los sonidos de blues-rock asesino en sus composiciones. No se sentía útil al perder protagonismo el lado más acústico que el aportaba a la banda. Lo cierto es que unos años después con su fantástico “Frampton Comes Alive”, cosechó el éxito que no había obtenido, ni obtendría nunca HUMBLE PIE. El disco de Peter Frampton a día de hoy sigue siendo el álbum en vivo más vendido de la historia.

SMOKIN’” cuenta con dos colaboraciones de lujo. El mismísimo Alexis Korner, uno de los popes del blues inglés y el tejano Stepehn Stills, le dan un empujón al álbum con sus aportaciones.

He de reconocer que pese a que sea su álbum más popular, considero que no es el mejor disco de los ingleses. Lo cierto que estamos ante su disco más conocido y que más aceptación tuvo en su momento.

Básicamente un disco de hard-rock, que consigue transmitir la fuerza que demostraban sobre el escenario. Con grandes influencias de soul, góspel y el omnipresente blues-rock, destacan especialmente los temas más fuertes del mismo.

El disco se abre con “Hot’n’nasty”. Desde los primeros acordes el tema nos recuerda a FREE. Un órgano envolvente y un afilado solo de guitarra, dan paso a la desgarrada voz de Marriot. El ritmo blues se entremezcla con el soul y el hard más dinámico. Los instrumentos van tomando paulatinamente el protagonismo, con un invitado de excepción a las teclas y coros. Stephen Stills, parece calmar la acidez de la interpretación. Una buena carta de presentación para un disco que reserva sus tesoros para más adelante.

“The fixer”, con un cadencioso riff inicial se presenta potente y versátil. A ritmo pausado de bajo, salpicado por los platillos de una firme batería. Un clásico tema de hard setentero, con un compás lento pero sólido en el que la guitarra de Clempson suena afilada como un cuchillo.

La calma hace acto de presencia en “You’re so good for me”. Los registros rurales de soul al estilo DELANEY AND BONNIE copan un tema con melodías más acústicas. Las voces quitan protagonismo a un corte que musicalmente baja la intensidad. Ecos de la California más florida aparecen con una mayor intensidad.

Uno de los puntos a destacar de “SMOKIN’” es la incendiaria versión que contienen sus surcos del clásico del rocker Eddie Cochran. Contundente versión que recoge la fuerza del directo en la banda con la quinta esencia del rock and roll, hablo de  “C’mon everybody”. Esto es una nota predominante en todo el disco. Ese intento de reflejar en él las vibraciones que HUMBLE PIE regalaba en sus conciertos.

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“Old time feelin’” sería uno de los temas menores del disco si no fuera por la presencia del gran Alexis Korner. El protagonismo de las voces pasa a su poder, sin la presencia de Marriot en un lento blues, en el que la armónica de Korner suena brillante. Acompañada de sonidos mandolina y un piano clásico de blues.

Si por algo debemos de recordar “SMOKIN’”, es por “30 days in a hole”.   La improvisación de los coros en la grabación en el estudio entre risas abre una canción compuesta por Steve Marriot en la que se lamenta por haber sido detenido con pequeñas cantidades de distintas drogas. Cocaína, marihuana de altísima calidad y potencia, hachís libanés y nepalí así como algo de heroína. La cárcel de menores de Borstal es la protagonista de esos “30 días en el agujero”. Unos coros con evidente carácter soul, acompañan a Marriot en un tema de blues-rock que contiene dosis de ROLLING STONES o de FREE nuevamente. El pegadizo estribillo hizo en su momento que la popularidad del grupo tocara cotas que antes no había conocido. Un tema que se convirtió en un clásico de la formación, versioneado múltiples veces posteriormente por bandas como MR. BIG, GOV’T MULE, etc..

Un típico blues de carretera es el siguiente de los temas. “Road runner/road runner’s ‘G’ jam”. De nuevo con la colaboración de Stephen Stills. Se trata de uno de los temas menos creativos del disco. Poco que aportar en lo que prácticamente es una jam de blues.

Otra cuestión bien distinta es  “I wonder”. Un corte que sirve para el lucimiento de los registros vocales de Marriot en las lides bluseras. Se trata de un tema que intercambia grandísimos momentos de blues con ciertos pasajes posiblemente demasiado anodinos. Más de 8 minutos en los que el blues se tiñe de acidez a tempo lento con grandísimos solos de guitarra que levantan unas expectativas que no llegan a cumplirse debido a esos lapsos en los que la banda se deja llevar por una deriva que en realidad no conduce a ningún sitio. Un gran tema, al que lo sobran minutos.

El cierre nos devuelve a la energía en “Sweet peace and time”. Clempson deja patente su buen hacer en un ejercicio de

virtuosismo guitarrístico. Un boogie-rock con mucho wah-wah, que ensombrece los ejercicios vocales de Marriot.

                       

A partir de este momento, los discos posteriores de HUMBLE PIE no tuvieron la repercusión ni la calidad de “SMOKIN’”. En el proceso de grabación el estrés derrotó a un Steve Marriot agotado.

Él mismo quiso encargarse del proceso de producción lo que hizo que los médicos recomendaran su descansa debido al nerviosismo generado.

En 1973 publicaban un nuevo disco doble, con una cara en directo, para después de dos registros más desaparecer de la escena hasta cinco años más tarde, en los que Marriot reformó la formación sin demasiada fortuna.

Sin lugar a dudas, estamos ante uno de los cantantes más brillantes de la escena británica, que supo sacar partido a una impresionante voz negroide. Esos registros vocales consiguieron que la banda, aparte del blues-rock más enérgico, y el rock and roll, explorar terrenos mucho más soul, convirtiéndose en uno de los referentes de ese estilo.