Reseña: BOVEDA DEL SOL.- ‘Traveler Between Worlds’

Cada día nos encontramos con proyectos unipersonales en los que la calidad de las composiciones es digna de cualquier banda al uso. En esta ocasión el ex –FUZZ FORWARD, Jordi Vaquero libera el segundo trabajo con su alter ego BOVEDA DEL SOL. Cuatro años han pasado desde que publicara ‘TERRA FIRMA’, un trabajo en el que el doom predominaba en unos temas de vocación espacial con aditamentos drone. En esta ocasión ‘TRAVELER BETWEEN WORLDS’ con sus quince minutos divididos en dos temas, sin alejarse de esa propuesta, incide más en la psicodelia pesada y los sonidos espaciales con la conjunción de la guitarra y los sintetizadores fundamentalmente. Dos temas gestados a lo largo del presente año con la intención de tener una formación de músicos con la que llevar el proyecto a los escenarios, y poder así presentarlo como es debido. Como todos sabemos la pandemia ha hecho que eso no fuera posible, por lo que Jordi decidió pausar la finalización de lo que iba a ser un nuevo LP (que por otro lado está prácticamente escrito y grabado) y publicar este EP digital y gratuito para resarcirse de las ganas de publicar nueva música. Lo que supone un avance del camino que está transitando con una creación más espontánea que se aleja de la experimentación drone ambiental. Haciendo que los temas surjan de una forma más espontánea.  Precisamente de esas improvisaciones nacen estas canciones. Unos temas instalados en un ‘Empirical space doom’ como lo llama el propio Jordi con influencias tan dispares como Opeth, Bongripper o Oresund Space Collective. El resultado es quince extasiantes minutos en los que atravesamos esa barrera sensorial que muchas veces nos proporciona la música para alejarnos a un mundo lleno de sensaciones.  

En una aromatizada atmósfera psicodélica ‘Traveler Between Worlds’ cuenta con los elementos doom que encontrábamos en su debut y voces salidas de alguna sima tenebrosa para encontrar un mundo con elementos progresivos y exóticas resonancias psicodélicas. Creando un clima lleno de misticismo los graves tambores rituales golpean entre la densa bruma instrumental. Con ciertos tonos rituales, sintetizadores y guitarra van ornamentando un corte de apariencia apacible y ensoñadores pero que en su interior contiene una pesadez abrumadora. Ciertos elementos espaciales creados por los sintetizadores son atravesados por pasajes heavy-psych custodiados por una excelsa línea de bajo. Resulta de lo mas atractiva la combinación de los exóticos vientos traídos por los sintetizadores con la robustez de su cadente y pesado ritmo. Envolvente y hechizante el corte ensambla bien todos sus elementos para mostrarse cohesionado y atractivo.

Emergiendo de un entorno sideral, ‘Zero​-​G Elevator Music’ fluye en un lento génesis al que Jordi va incorporando distintos elementos sonoros. Desarrollándose entre una neblina narcótica todo se desarrolla en un paisaje onírico lento y paciente. Un capullo que tiene su pausada Metamorfosis para ofrecer una estancia apacible y psicodélica en la que se prescinde de los momentos doom del corte anterior. Heavy-psych de muchos kilates que deambula en misteriosos entornos, pero avanzando con paso firme. Encontrando el equilibrio perfecto entre guitarra y sintetizadores navega entre insondables espacios hasta disiparse en un particular cosmos sonoro en el que irremediablemente nos sentidos atrapados.

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Reseña: WHEN THE DEADBOLT BREAKS.- ‘Until it all collides: The nightmare versions’

Uno de los discos más singulares de la banda y que cierra el círculo con las versiones de la pesadilla. Tres temas publicados previamente en el álbum ‘UNTIL IT ALL COLLIDES’ de 2.016 (‘Until It All Collides’), de 2.010 ‘LAST DAY OF SUN’ con ‘Last day of sun’ o ‘Floyd’s machine’, perteneciente a su trabajo de 2018 ‘ANGELS ARE WEEPING’ más una particular e hipnótica versión del tema de THE DOORS ‘My wild love’, conforman un EP que no te defraudará. Remezclando melodías originales haciendo su sonido más limpio, o reconvirtiendo en un sonido industrial, consiguen reinventar las armonías y meterlas en un sótano donde los hongos mágicos crecen intoxicando el oscuro ambiente. Pausados pasajes atmosféricos que se alargan en una narrativa terrorífica con momentos doom habitando una cavidad de la que emergen voces guturales mostrando todo su desasosiego en contraposición con la cálida y seductora voz principal. Los espacios drone se transitan con paso firme para llevarnos a bellos jardines en los que los pasajes psicodélicos acarician con delicadeza. En esa aparente contradicción, los desarrollos ceremoniales de sus silenciosas liturgias chocan de frente con la crudeza de sus riffs de metal y sus sucios ecos sludge. Por momentos plomizos y parsimoniosos, por momentos narcóticos y creativos, pero siempre ofreciendo una alternativa sonora para sus temas para que se muestren atractivos. Los de Connecticut logran crear una cortina hipnótica y aturdidora de la que se zafan con pasajes de psicodelia narcótica asediados por los contundentes y gruesos riffs así como desgarradoras voces.  En su conjunto toda la cacofonía del EP viene altamente influenciada por la intervención del ingeniero Juno6 consiguiendo un sonido que recuerda a Nine Inch Nails o Godflesh. Asimismo, la incorporación de Charlie Platterborze en la guitarra y Rob Birkbeck a la batería, abren un camino completamente nuevo haciendo la nueva música más extrema, más diversa y más aplastante que cualquier otra cosa que hayan hecho antes.

‘UNTIL IT ALL COLLIDES THE NIGHTMARE’ está disponible vía Desert Records.

‘Until it all collides’ nos muestra a la banda sumida en un espacio de psicodelia apacible y misteriosa. Creando la atmósfera propicia, los acordes se suceden pausados, junto a una cálida voz. Elevando la intensidad sin perder su espíritu, riffs más pesados y alguna voz gutural resurgen de oscuras cavernas entre la neblina lisérgica, aportando un tono más terrorífico dentro el carácter trascendental del tema. Inmersos en ese entorno heavy-psych los momentos doom aparecen con sus riffs crujientes y plomizos. Esto no hace perder la esencia a un tema en el que la psicodelia se engrosa con una estructura repetida pero que cesa en su avance hacia algún insondable lugar. Recreándose en ese espacio de calma los acordes se suceden bajo un ritmo inmutable, lo que permite que el tema se enriquezca con sutileza sacándonos de la monotonía de sus largos veinte minutos de duración.  


En ese espacio de misterio y oscuridad, ‘Just before twilight’se inicia con una introducción en modo drone, para crear la tensión necesaria en una nueva exploración psicotrópica. Emergiendo de las tinieblas, terroríficas voces guturales comparten espacio con coros celestiales en una contraposición que resulta lo más efectiva. Si personalmente no soy amante de las voces guturales, tras escuchar muchos discos con ellas, empiezo a tomarles un cierto cariño cuando son usadas en pasajes tan descriptivos como en este caso. Esa evocación de fuerzas malignas en lucha con espacios más celestiales a través de coros angelicales consigue meterte en el relato del tema y, por ende, del álbum. Si hay algo que marca definitivamente el tema, son esos coros que nos trasmiten sosiego en contraposición de los pasajes guturales. Una lucha que parece decantarse por las fuerzas del bien entre tambores rituales que custodian esas estrofas ahogadas en la que la quebrada voz nos acecha. Toda una sensación de catarsis, en corte que se desarrolla en un entorno lúgubre.


En un espacio más propio del post-metal, ‘Floyds machine juno’ incide en los tenebrosos espacios sludge. Plomizo y nebuloso el tema ofrece un sonido crudo y experimental con constantes parones y cambios de registro sin perder la esencia tétrica como punto de referencia de su particular versión doom. Los efectos y ruidos se suceden creando una cortina hipnótica y aturdidora de la que salen con pasajes de psicodelia narcótica que son asediados por los contundentes y gruesos riffs.  Con una parte central presidida por sonidos industriales, evolucionan a un espacio de psicodelia pesada que subiendo su intensidad según avanza hasta el final.

Si los tres temas anteriores habían sido publicados con anterioridad, para cerrar y a modo de homenaje, se embarcan en una particular versión del tema de The Doors ‘My wild live’. Entre cantos chamánicos y sonidos industriales, la maquinaria rítmica avanza creando tres niveles sonoros. Voz, batería y efectos y ruidos parecen desarrollarse en distintos niveles. Sin embargo, a pesar lo ecléctico de la versión el resultado es de lo más curioso e interesante. Es como si al chamán del desierto le metieran en una maquina del tiempo llevándolo a una era modernista y robótica presidida por la tecnología y los sonidos prefabricados. Aun así, el cuarteto tiene la habilidad para construir un corte de lo mas atrayente.  

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Reseña: THE SILENCE.- ‘Electric Meditations’

Los japoneses THE SILENCE eran una banda desconocida para mí hasta la publicación de ‘ELECTRIC MEDITATIONS’, su quinto álbum. El peculiar cuarteto en activo desde 2014 (¿Dónde he estado yo todo este tiempo?) nos presenta un álbum experimental que recupera el legado de los pioneros de la psicodelia japonesa de comienzo de los 70’s para jugar con vientos de saxo y flauta en distintos escenarios sonoros. A estas alturas tengo claro que la técnica de los músicos japoneses está a prueba de cualquier duda, y aquí queda patente. Igualmente la capacidad para la experimentación y composición de sonidos arriesgados, es otra constante en los músicos del país del sol naciente, por lo tanto, aquí tenemos la ecuación perfecta para salir de lo convencional.

Desde momentos en los que el blues aparece entre nebulosas lisérgicas, hasta un escenario completamente experimental en el que los ruidos y efectos crean momentos de auténtico caos sonoro, que supone la esencia de la banda, la banda juega con ese caos para componer sus canciones impresionantes. En el álbum encontramos atmósferas meditativas, frenesí rítmico y acidez, mucha acidez.  Evidentemente este no es un álbum para todos los públicos, pero sin dudas los amantes del rock ácido y experimental encontrarán con facilidad su espacio en unos surcos que rezuman L.S.D.

Si músicos ácidos japoneses como el pionero Shinki Chen han influido claramente en THE SILENCE, tampoco es descabellado pensar en Damo Suzuki y algunos de sus episodios con CAN como fuente de inspiración a su sonido. si sus gruesas guitarras y las buenas voces son un aliciente, cuando el saxo o la flauta entran en escena, el escenario sonoro cambia completamente. El cálido arrullo de algunos pasajes contrasta con lo incisivo y penetrante de sus momentos más experimentales. Entre esos, existe una innata vocación hard psych de una banda curiosa y particular.

Potentes riffs rasguean la apertura de ‘Tsumi to Warai’ entre una voz desgarrada con un registro que me recuerda a David Bowie Entre esa vorágine de cadentes riffs, el saxo hace acto de presencia en un hechizo, mientras los riffs se repiten con platillos chirriantes y un ritmo sólido. Creando un aparente caos, el saxo sobrevuela la bacanal rítmica mientras la voz parece ir por otro lado. Creando un resultado impactante e hipnótico. De repente el silencio deja paso a una línea de bajo con influencia jazz potente y magnético, el tema retoma los tambores y los vientos mientras el bajo se contonea altivo. En otra arrancada de locura, todo se vuelve diabólico y frenético.

 Con un evidente aroma a 70’s ‘Buttrerfly blues’ parece tomar el legado ácido de Shinki Chen. -un fantástico groovy con tonos funk y el penetrante sonido de saxo nos invitan a entrar en una atmósfera vintage para susurrarnos con una dulce flauta que nos narcotiza. Un espacio de calma en el que conviven los vientos de saxo y flauta entre tambores brillantes. Por momentos con aspecto de jam el tema retoma la acidez en una sucesión de cambios y giros. Aquí la guitarra se desangra en solos hirientes mientras la instrumentación es envuelta en psicotrópicos. Todo un espacio experimental en el que los japoneses parecen sentirse cómodos.

‘Meido Missi’ nos acaricia entre elementos de fusión jazz creando un ambiente cálido y acogedor. Vestigios de Zappa, y el saxo que se eleva luminoso arropado con cadentes sonidos experimentales que generan un espacio apacible. Al igual que en el tema anterior el contraste del sosiego hechizante de flauta y saxo y la penetrante voz, así como el ruido de fondo resulta de lo más estimulante. Con un tempo lento el tema camina parsimonioso engrosando repetidamente su sonido a trompicones. Una repetición envolvente que es silenciada dejando un espacio para el susurro antes de retomar desgarradores pero bellos pasajes.

‘Electric meditations’, el tema que da nombre al álbum recupera la acidez y la rugosidad de las guitarras jugando con el stereo. Golpean con fuerza los riffs hard sin prisa y envueltos en nebulosas psicodélicas recuperan el legado de la psicodelia hard japonesa de los 70’s. Piensa en Shinki Chen y la seducción vocal y rudos y crujientes riffs ejecutados con pausa. Añade el profundo sonido de viento y el espacio mediático ye hipnótico está creado. Amplificando todo crean una cortina nebulosa y difusa que nos envuelve narcotizándonos. Está caro que a estos chicos les gusta experimentar y sorprendernos con constantes cambios y giros en la trama. En la parte final cesa la instrumentación dejando espacio a unos cristalinos desarrollos de guitarra a los que se une el sonido del saxo arrastrando a los tambores para crear otro caos sonoro entre la calma.

Los últimos once minutos que ocupa ‘Improvisation’ suponen un espacio para la experimentción en el que el cuarteto se viste de CAN. Entra campanillas el silencio reina mientras el tema se va armando con extraños efectos.  Creando esa atmósfera meditativa van incorporando distintos instrumentos que crean un ambiente enigmático y catártico en el que todo parece inconexo. Un caos sonoro del que nos saca el saxo entre gruesos tambores y platillos. La experimentación en estado puro.

Alejados de la propuesta paranoide del corte anterior, ‘I’am a man’ retoma el rock enérgico y vibrante de los primeros 70’s. Aquí con el blues en la vena los vestigios de los pioneros ácidos japoneses regresan con fuerza. Poderosos riffs y una voz en tono blues, construyen un tema aturdidor que nos invade entre ritmos pegadizos y contagiosos y una hemorragia ácida y esquizofrénica. Una nueva locura sónica que huye del inquietante silencio del tema precedente para sumirnos en una bacanal sónica descomunal.

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Reseña: FROZEN PLANET… 1969.- ‘Hydroculture’

Hace unos días el batería Frank Attard me anunciaba el lanzamiento vía bandacmp de su sello Pepper Shaker Records del nuevo álbum de los australianos FROZEN PLANET…1969, ‘HYDROCULTURE‘. Al igual que sus álbumes anteriores, el trio nos presenta tres jams psicodélicas instrumentales que corresponden a las mismas sesiones en las que grabaron su álbum ‘MELTDOWN ON THE HORIZON’, lo que nos da una perspectiva más completa de la locura psicotrópica que pudo ser aquel momento. Tres temas que ven la luz por primera vez y que complementan aquel trabajo. Una toma alternativa de ‘Rollback’ de corta duración y lo que realmente fue la continuación de ‘Time-lapse explorations’, con media hora mas desarrollos instrumentales. Ya sabemos que FROZEN PLANET…1969 es la banda que utilizan para su diversión, tocando libremente y sin las ataduras que suponen componer una canción al uso. Estamos ante más de 50 minutos de psicodelia pesada de tres músicos que saben tocar sus instrumentos con maestría y que consiguen transmitir sensaciones con sus interminables desarrollos instrumentales. Los poderosos tambores de Frank marcan la ruta por la que transita el excelso bajo de Lachlan Paine con sus hipnóticos desarrollos a las cuatro cuerdas. Sobre ellos el protagonismo de los solos imposibles de Paul Attard llevándonos a un espacio de embriaguez sonora con sus efectos e infinitos recorridos a lo largo de las seis cuerdas.

HYDROCULTURE’ esta disponible para descarga gratuita (name your price) desde la página de bandcamp de su sello Pepper Shaker Records.

‘Rollback’ es una versión alternativa de la contenida en ‘MELTDOWN ON THE HORIZON’. Solo tres minutos en contraste de la larga jam original de 22 minutos. Guitarra hendrixiana con derroche de wah wah para crear un tema que se amolda mas al concepto de canción sin perder ese espíritu de jam que aporta la improvisación. El trio vuelve a mostrarse poderoso con sus instrumentos. Hipnótico bajo con un cadente ritmo de batería y solos infinitos que serpentean en mil meandros con un groovy Funky de lo ms contagioso. La parte final se moldea hacia vibraciones más psicodélicas de gran elegancia.

Con esta excepción el álbum retoma la estructura de jam con ‘Hedera Helix’ un largo tema de quince minutos divididos en dos partes. comandados por la batería de Frank, la guitarra se deleita en juegos de acordes que van y vienen mientras el bajo se muestra grueso y envolvente. Incrementando el ritmo para dejarse llevar por los sonidos psicotrópicos a los que nos tienen acostumbrados. Una verdadera orgía que parece no tener final serpentea entre gruesos y pesados ritmos.  Con algunos tonos 70’s la guitarra se desangra en desarrollos sin pausa. En la parte central el tema se vuelve más turbio. Fuertes ritmos de tambores y efectos dejan espacio a un solo de bajo portentoso que toma el protagonismo mientras la guitarra toma un papel secundario, algo poco habitual. Lo cierto es que todo fluye luminoso en ese caleidoscopio lisérgico que construyen los australianos. Llenando el espectro de colores el tema sigue lanzando su pócima psicotrópica con un final en el que la guitarra adquiere su cuota de protagonismo.

Si en ‘MELTDOWN ON THE HORIZON’, el temaSunset variations’ se desarrollaba sobre 17 minutos, en la sesión en la que fue grabada ella jam se extendía durante 33 minutos más; ahora ve la luz ese registro Una segunda parte más experimental que parte con extraños sonidos y efectos. En un escenario más vanguardista y difícil de asimilar. Borboteos constantes en acordes inconexos crean un esquizofrénico marco con tintes espaciales. Así transcurre un tercio de la jam, si has llegado hasta aquí, los australianos te llevarán en volandas el resto del trayecto. Un camino de improvisación total en el que cada músico se reencuentra con su instrumento con momentos de anarquía que acaban acoplando en busca de una causa común. Hipnóticos pasajes de bajo entre tambores dinámicos y solos hechizantes que juegan con los pedales constantemente. Grandes e interminables desarrollos de guitarra que se estiran hasta la extenuación se apoderan de nuestras neuronas en un trance atronador que socaba cualquier signo de razón. Esto es FROZEN PLANET … 1969, una banda para el divertimento, sin pretensiones, pero la calidad de sus integrantes hace que todos podamos disfrutar de sus juegos malabares con cada uno de sus trabajos.  

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Reseña: ELLIS/MUNK ENSEMBLE.- “San Diego Sessions”

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Si unes a dos talentos llenos de virtuosismo como Jonas Munk (CAUSA SUI) a la guitarra y Brian Ellis (BRIAN ELLIS GROUP, ASTRA, PSICOMAGIA) a los teclados, y  les acompañas de una corte de músicos de lo más granado de la escena de San Diego como Dominic Denholm (bajo) (MONARCH) Thomas DiBenedetto (Batería / guitarra) (SACRI MONTI, MONARCH, ex-JOY) Anthony Meier (bajo, teclados) RADIO MOSCOW, SACRI MONTI), Dylan Donovan (guitarra) (SACRI MONTI, PHARLEE), Paul Marrone (batería) (RADIO MOSCOW, ASTRA, PSICOMAGIA, COSMIC WHEELS, BIRTH, BRIAN ELLIS GROUP) Andrew Ware (batería) (MONARCH), Trevor Mast (bajo)  (BIRTH, PSICOMAGIA, BRIAN ELLIS GROUP, ex-JOY), Conor Riley (teclados) (ASTRA, SILVER SUNSHINE, BIRTH), Andrew Velasco (percusión) (LOVE, THE CITY  & SPACE), Evan Wenskay (SACRI MONTI) y Kyre Wilcox (bajo) (TRUTH ON EARTH) dejándoles tocar con libertad en unas sesiones en la soleada California, la tormenta perfecta está servida. Una bacanal de ritmos con unos tambores atronadores entre una sangría psicotrópica de la guitarra y unas teclas vintage multicolor con elementos jazz y una cierta vocación espacial acompañan la orgía lisérgica que crean en cada tema. Temas que son como auténticos agujeros negros que acaban por atraparte en su interior y que son como un brebaje intoxicante que hace que durante cerca de una hora, nos olvidemos del mundo terrenal para embarcarnos en un viaje cósmico del que no querrás salir. Cortes exuberantes llenos de matices y sonidos  fluyendo libremente, sin ataduras, pero que acaban por conseguir que todo tenga sentido, y ahí está su mérito. 

Podríamos decir que estamos ante ese segundo álbum de PSICOMAGIA que tanto llevamos esperando. Al menos su contenido es el que yo me hubiera imaginado de esa segunda entrega que por ahora no ha llegado. La fé es lo último que se pierde.   

Si hay trabajos experimentales de estas características que su digestión no es del gusto de todos los públicos, en este álbum, ya seas fan de estos sonidos, o no, si lo pruebas,  acabarás completamente atrapado. Puede ser que teniendo en cuenta los antecedentes, cosas así solo pueden suceder en San Diego.  Con los roles bien definidos, Jonas nos ofrece una orgía psicodélica que es amortiguada por los teclados de Ellis, ofreciendo distintos aspectos, a veces espacial, otras progresivo, en muchas ocasiones jazz. Todo es válido y más si se hace de la forma en la que lo hacen estos talentosos músicos. Todo un brebaje embriagador de proporciones monumentales que nadie debería dejar pasar sin disfrutarlo.  

“SAN DIEGO SESSIONS” está disponible vía El Paraiso Records.

“The wedge” abre el álbum con los rebosantes tambores como preludio de una jam ácida en la que encontramos numerosos elementos progresivos. La libre creación en un tema psicodélico con un ritmo arrollador. Solos interminables entre teclados envolventes y efectos incesantes. Una bacanal de sonido que nos atrapa sin remisión en mundo en el que los psicotrópicos son el plato principal. Con una vocación avant-garde los teclados confluyen con los solos de Jonas en un viaje a los confines de la psicodelia más abrumadora. Con momentos casi espaciales, la travesía se convierte en tortuosa mientras los músicos lograr combinar pasajes mágicos con perturbadores momentos instrumentales. Toda una experimentación en la que los músicos parecen sentirse cómodos en esa orgía de instrumentos que por momentos parece anárquica pero que finalmente logra unir todas las piezas del puzzle con maestría. Un exuberante tema que fluye con brío pero cuidando los detalles.

En un escenario aparentemente más calmado, “Pauly’s Pentacles”, también con once minutos supone un nuevo paseo por atmósferas psicodélicas. En esta ocasión más cercanos a postulados espaciales, la sangría de la guitarra de Jonas produce una hemorragia de pasajes de mágica psicodelia con un trasfondo más sosegado. Pura acidez si, pero a la vez amortiguada con las dosis vintage de las teclas de Brian.  Un espacio cósmico en el que los músicos se mueven con facilidad tomándose un respiro del frenesí del corte anterior.  Mucho más narcótico y hechizante, el tema deja espacio para el lucimiento de esa dupla maravillosa que componen Jonas y Brian. Inspìrados en momentos hendrixianos, van creando una serie de capas superpuestas que elevan la intensidad del tema. Una evolución que vuelve a sumergirse en esa poción mágica llena de alucinógenos para ofrecernos un tema lleno de una intensidad no reñida con la belleza. Si el tema anterior conseguía atraparnos entre sus fauces, aquí el efecto narcótico nos lleva a un estado flotante en el que nuestros sentidos son estimulados en cada acorde, en cada nota. sin dejar espacio para la pausa el tema fluye y evoluciona por esos insondables entornos nebulosos ubicados en un lugar indeterminado de la galaxia en el que la magia surge espontáneamente.  

“Munk’s dream”, un título a priori muy evidente, nos hace presagiar un nuevo paseo por el lado más acolchado de la psicodelia. Con una cadencia rítmica algo más contenida, la guitarra de Jonas desprende belleza y magnetismo en cada nota, mientras Brian toma un papel secundario aunque fundamental para poner la guinda a ese ambiente de ensueño en el que se desarrolla el tema.

En “Electric saloon” se vislumbra un mayor peso de Ellis en la composición, aportando ese toque funk a la psicodelia florida. Con ornamentos jazz, el corte conjuga distintos estilos manteniendo sus genes psicotrópicos.   Aquí se percibe la influencia del sonido que lleva caracterizando a San Diego desde hace años. No en vano en el disco participa la flor y nata de la escena local, y eso, sin duda se hace sentir. Con la guitarra instalada en la psicodelia más vanguardista, y las teclas oscilando entre distintas vibraciones van tejiendo otro tema impactante y atrayente que nos sitúa en su parte final en los confines del universo entre una nueva bacanal de ritmos.   

Cada canción parece ser como un agujero negro que te atrapa para transmitirnos variadas sensaciones que lo alejan de la monotonía. 

“Bucket Drips” se sumerge más en una espacio jazz con complementos psicodélicos. susurrante y cauteloso, el tema va describiendo una atmósfera oscura e intrigante. Casi desde el silencio, despliegan sus virtudes en un escenario distinto al de los cortes anteriores. Jugando siempre con los sonidos en distintos estratos, aportan un tono vintage a los hechizantes acordes. Masajeando con cada nota, logran crear el sosiego y un estado sensorial de lo más gratificante. 

Alejándose aparentemente de la bacanal perturbadora, “Larry’s Jungle Juice” emerge con sosiego para ir convirtiendo su forma a una especie de free-jazz lisérgico que acaba por precipitarse en una nueva jam. La improvisación en estado va construyendo un hipnótico tema que va volviéndose más tormentoso a diferencia del sonido que le vió nacer. Por momentos, decantándose por el exotismo, extraños coros parecen presentarse como espectros momentáneos. Revolviéndose entre una nueva orgía de ritmos y solos en un ejercicio experimental de proporciones monumentales. 

“Stone Steps” cierra el álbum por un prado acolchado de psicodelia aromática con vocación cósmica. Sutiles pinceladas jazz se pintan en es cuadro caleidoscópico que van creando en esta nueva jam. elegantes momentos que contrastan con la virulencia de los tambores o la ambientación espacial. Por el lado más narcótico se van dejando llevar por ese viaje lisérgico con destino indeterminado. Dicen algunos que lo importante no es la meta, sino el camino. Pues aquí parece que siguen esa premisa, dedicándose a que cada nota, cada acorde, cada riff, sea único e irremplazable.  El final del tema me da razón, ya que acaba diluyéndose sin ningún final. ¿Será esto una puerta abierta a una nueva entrega?

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