Reseña: HYPERNAUT.- ‘Ozymandas’

La saturación de álbumes que recibo cada semana ha hecho que este artefacto sonoro a caballo entre el heavy-rock y el stoner más desértico quedara en la bandeja de entrada hasta ahora. Por fín nos adentramos en ‘OZYMANDAS, el álbum debut del quinteto peruano HYPERNAUT. . Nueve temas directos que golpean sin contemplaciones para gozo de los amantes de las vibraciones más rugosas. Pero no solo encontramos un derroche de fuzz en ‘OZYMANDAS’, en el álbum parecen estar muy presentes los ecos grunge de los 90’s (un pilar fundamental), así como la psicodelia. Siempre sin bajar demasiado el listón del alboroto sonoro en el que se desarrolla cada tema, cada uno de ellos se envuelve en un embalaje alternativo.  Lo cierto es que los temas funcionan, ofreciendo verdaderos ganchos que nos invitan al desenfreno entre arenosos riffs y una constante estela de fuzz. Pero esto no quiere decir que estemos ante otra banda stoner más, aquí todo se muestra atractivo, y con un poder contagioso inquebrantable. Sin salirse de su apuesta alternativa, enriquecen esta, con voces que a veces parecen salir del rock más crudo y primitivo de los 70’s y en otras ocasiones se instalan en el legado del grunge innato en el quinteto limeño. Aún así, posiblemente estemos ante una banda que no quiere renunciar a su espíritu heavy-rock, pero que se siente atraída por el sonido de los desiertos más arenosos y cegadores. Si a eso unes ese espíritu alternativo que flirtea hasta con el punk, estamos ante un debut, que no te dejará exhausto, sin un momento de respiro. Un álbum ruidoso pero a su vez con su punto psicodélico, y en el que los ecos de los pioneros del desert-rock, se reflejan en cada una de sus canciones. Unas canciones ásperas en su instrumentación pero mucho más suaves en algunas de sus melodías.

HYPERNAUT son: Santiago Echecopar (voz), Gary Saavedra (batería y coros), Giancarlo Yepez (guitarra rítmica), Mike Yugra (bajo) y Martín Cardich (guitarra solista). ‘OZYMANDAS‘ fue mezclado y masterizado por Eduardo Albareda, habiendo sido producido por propio Eduardo e HYPERNAUT.

‘Panic attack’ conjuga elementos hard-rock con el Stoner tradicional. Con una batería atronadora todo se desarrolla a la velocidad del rayo. Juegos vocales que serpentean en constantes giros y momentos heavy-rock, hacen que el tema nos enganche sin remisión. Fuzz y heavy-rock unidos por una causa común.

Como si de una fusión de Truckfighters y Fu Manchú, ‘Bad Hombres’ coquetea con voces grunge entre continuos riffs turbios para aturdirnos entre una cortina de fuzz.

Recuperando los ecos de los 70’s, ‘Atomic breath’, nos contagia su ritmo entre una estética desértica. Toda una invitación al baile con esos tonos clásicos y rudos sin renunciar a pasajes arenosos. La fórmula, sin duda, funciona.

Ya con la careta quitada, ‘(This Is Where I) Draw The Line’ con una actitud punk, nos invita a un nuevo frenesí. Un tema divertido y pegadizo ideal para hacer pogos. Un tema cambiante en el que aparecen buenas voces y que supone una huida hacia adelante. La perfecta banda sonora para conducir a toda velocidad por largas rectas desérticas.

Con una inconmensurable línea de bajo, ‘Multiverse​.​.​. Battleworld’ tiende un puente entre el desierto californiano y el Seattle de los 90’s. Como si no quisieran renunciar a su legado, el tema serpentean en mil requiebros, Acelerones y parones, siempre con un denominador común, el fuzz intoxicante que nos ciega con toda su fuerza, entre distintos estados de ánimo y pasajes aparentemente cambiantes.

Con buenos ganchos ‘Worlogog’, nos muestra el hard rock stonerizado más crudo de los peruanos. Voces trascendentales afloran de la espesa cortina de fuzz salida de unos riffs diabólicos. Elementos heavy-rock se incrustan en los sonidos desérticos de la banda andina en una montaña rusa de sonidos ondulantes. Un tema lleno de garra que no baja el pistón ni un instante.

‘Swamp thing’ se desarrolla en un ambiente psicodélico con herencia de los ecos del Seattle de los 90’s. Una combinación que resulta de lo más efectiva. Un turbio y difuso sonido en un segundo plano custodia melodías vocales más reconfortantes. El humeante ambiente cenagoso al que alude su nombre aparece más evidente en la parte final del tema.

Como una apisonadora de Stoner-metal con actitud casi punk, ‘Cynicism is Self-Harmofrece una visión más alternativa. El tema parece tener dos partes diferenciadas, una primera parte arrolladora y una segunda en la que los peruanos se dejan llevar por un escenario más psicodélico en detrimento de la fuerza. Aquí las guitarras esparcen psicotrópicos par narcotizarnos tras la embestida inicial. Ésta se retoma en la pare final, devolviéndonos al origen.

Con un carácter Incisivo y mostrando su sonido alternativo, ‘Ozymandas’ la canción que da nombre a este debut, se sustenta en un diabólico ritmo de batería en rasgueos de guitarras sucias. Con un tono más macarra golpean una y otra vez con riffs difusos entre armonías más cercanas al hard-rock. Buenas dosis de fuzz y constantes cambios de ritmos, hacen que el tema acabe por dejarnos exhaustos. Otro ejemplo mas de la vitalidad con la que estos chicos construyen su música.

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Reseña: MR. BISON.- “Seaward”

Un cautivador viaje musical único y salvaje lleno de psicodelia y delirios de fuzz virtuoso, así como numerosas incursiones progresivas conforman el que probablemente sea el mejor álbum del trio italiano.. Si algo puede llamar la atención de MR. BISON, es la ausencia de bajo y la dupla de guitarras que crean verdaderos muros de sonido, una circunstancia que pasa desapercibida al escuchar ‘SEAWARD’, el cuarto álbum del trío italiano. Un trabajo conceptual que se inspira en la leyenda de las siete perlas del mar Tirreno y en un horizonte imaginario. Narrando mitos estrechamente relacionados con el mar, desde la magia de las Sirenas y el sacrificio de Andrómeda hasta las heroicas aventuras de Ulises y la despiadada maldición de Escila. Temas chamánicos que se sumergen en frondosas atmósferas psicotrópicas. Sin bajar el pistón en ninguno de los temas, presentado cada canción con gran cohesión para lograr un éxtasis abrumador.  Su inspiración entre mitos y leyendas hace que consigan reflejar las siete perlas del Tirreno en un collar en forma de canciones que son siete joyas con muchos kilates. Pesado, psicodélico y por momentos monumental, el álbum no tiene pausa en su relato, todo fluye con agilidad. Poderoso y grandilocuente consiguen excitarnos y relajarnos a partes iguales lo cual es todo un aval para sumergirse en su escucha sin complejos.

Cuando en un mismo trabajo logras conjugar vibraciones de bandas aparentemente tan dispares como Hendrix, Earthless, Genesis, Sabbath, Pink Floyd, Motorpsycho (especialmente) o King Crimson con el sonido de las más punteras bandas del stoner, es que algo están haciendo bien. Si a eso añades juegos vocales más propios de Crosby, Stills & Nash, podríamos decir que estamos ante toda una joya de la orfebrería musical de la escena underground contemporánea. Psicodelia pesada, hard de los setenta desarrollos progresivos y blues se unen en la causa común que supone ‘SEAWARD’; el resultado es sencillamente brillante.

El LP fue grabado por Matteo Barsacchi habiendo sido mezclado y masterizado en Audio Design Recordings por el productor Jordan Andreen (Earthless, Sacri Monti), la portada fue obra de Robin Gnista ‘SEAWARD’ está disponible vía Subsound Records y Ripple Music.

MR.BISON son: Matteo Barsacchi (guitarra y voz), Matteo D’Ignazi (batería , voces y efectos) y Matteo Sciocchetto (guitarra y voz).

Una intr0ducción atmosférica en ‘Seaward’ el tema que abre y da nombre al álbum, da paso a poderoso riffs Stoner entre voces místicas. En un espacio psico progresivo de gran pesadez el tema desprende aromas a 70’s. La efectiva combinación de las dos guitarras en distintos planos permite que el tema se muestre monumental… Los poderosos tambores que marcan el devenir del tema son contrarrestados por desarrollos de guitarra embutidos en sonidos psicotrópicas. Los italianos abren de una forma grandilocuente adoptado armonías que gravitan entre Yes y los contemporáneos dictados stoner. ¡Sin hacer prisioneros!

Esos ecos del heavy-progresivo de finales de los 70’s aparecen también en ‘From the abyss’ Arrancadas de furia frenética se conjugan con dulces melodías que amansan la fiera. Delicados y susurrantes pasajes progresivos nos arrullan en un canto seductor. Una de las características de la banda es esa complejidad compositiva que hace que los temas pasen por distintas fases en un balanceo constante entre lo pesado y ampuloso y los delicado y sutil. Aquí las guitarras vuelven a brillar con luz propia. Desde momentos heavy-rock hasta otros sinfónicos el tema no deja espacio para el aburrimiento.

La psicodelia pesada de ‘In the storm’ florece vigorosa para deambular durante casi ocho minutos por un espacio cambiante y principalmente psicodélico. El tema es un perfecto escaparate para el desarrollo de toda la capacidad compositiva del trio. Largos pasajes con momentos algodonados más propios de Genesis, entre repetitivos ritmos casi stoner logran combinarse sin que nada resulte superfluo. Otro corte psico-progresivo de gran pesadez que crea distintos espacios entre la relajación y lo aturdidor.

‘Oudeis’ se sumerge en esa enigmática atmosfera narcótica en la que vive el álbum mostrándonos toda la fuerza de una banda que también sabe ofrecer momentos casi doom con momentos Sabbath. Nuevamente exuberantes desarrollos de la dupla de guitarra emprenden una huida al pasado con pasajes proto-metal en los que la neblina nos envuelve. Desgarradoras armonías vocales complementan este coctel explosivo de estilos. Momentos heavy-rock con pasajes que nuevamente me evocan a Yes, especialmente por las voces y coros.  Guitarras que aúllan cual lobo en la noche con la luna como testigo aparecen en un frenesí arrollador que muta constantemente en sus formas y sonidos. El tema que más huele a 70’s, contiene momentos verdaderamente desgarradores.

Rezumando Hard rock de muchos kilates con momentos más propios de Earthless, ‘The sacrifice’ evoca parajes campestres con ciertas dosis de melancolía en un relato fornido y penetrante. Toda una bacanal de solos entre esos tambores que lo arrollan todo. Fuerza, pesadez, y contundencia aparente desordenada que finalmente parece encontrarse en un punto en común. A pesar del frenesí, los vestigios del género progresivo italiano de los setenta aparecen entre pesados enardecidos riffs que nos golpean una y otra vez.

Los ondulantes y repetitivos riffs de ‘Underwater’ parecen anunciar el presagio de toda una epopeya en su apertura. Con sonido más propio de Motorpsycho, los italianos crean una espiral de sonidos arrulladores y reconfortantes entre su densa instrumentación. Con una aparente anarquía consiguen hacer que las piezas encajen. Sus oscilaciones tonales preceden a momentos psicodélicos con aromas setenteros. Buenas melodías vocales entre las tupidas armonías consiguen crear un entorno aparentemente apacible, pero lleno de fuerza, como demuestran sus desgarradores pasajes vocales.  Una modulación que se balancea entre cautivadoras atmósferas.

‘The curse’”, entre una explosión de fuzz se desarrollacon constantes oscilaciones. Susurrante y cálido, sin perder su aura psicodélica va evolucionando con lentitud hacia espacios más pesados. En un espacio nebuloso el trio se mueve con destreza para sacarnos a entorno más luminosos y grandilocuentes. Sigue resultando fascinante comprobar como dos guitarras y una poderosa batería consiguen crean un corte de semejantes proporciones. Aromatizando el tema con esencias orientales consiguen que hacernos partícipes de su narrativa.

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Reseña: BRIMSTONE COVEN.- “The Woes of a Mortal Earth”

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Un sonido lleno de estereotipos pero que funciona a la perfección. La dupla de voces entre sus crudos y típicos riffs retro de origen 70’s le dan un toque de clase a un álbum que  fluye bien bajo ritmos lentos pero pesados entre cuidadas armonías. Seguramente los de Virginia no descubran nada, pero la honestidad con la que parecen construir sus temas les hace ser una banda atractiva para el oyente. Música sin complicaciones ni grandes alardes, pero de lo más resultona. Retomando las vibraciones de los 70’s de bandas como Sabbath, Pentagram o Deep Purple crean un álbum que vive en un ambiente vintage entre armonías flotantes entre ritmos lentos y cadentes. 

Muchos son los álbumes “retro” que escuchamos cada semana, pero BRIMSTONE COVEN prescinden de la rabia y lo estruendoso para crear un álbum lleno de melodías rituales de fácil digestión para el oyente. Algunos echarán de menos algo de pesadez y ruido, pero esa parte queda compensada con una relativa calma entre las tinieblas en las que construyen todas sus canciones. Temas hechos en el siglo XXI pero con un espíritu que bebe del manantial de los pioneros del ocult-rock más clásico. Un hechizo sonoro que te mantendrá dentro del círculo mágico de la banda protegiéndote de las fuerzas del mal en un notable álbum de rock clásico.

Procedente del este de Ohio, la banda lanzó dos álbumes en Metal Blade durante la primera mitad de la década de 2010 antes de renovar su alineación en 2017. Después de varias giras y del autoeditado “WHAT AND WAS AND WHAT SHALL BE”, la banda unió fuerzas con el sello Ripple Music para crear su álbum con el sonido más oscuro hasta la fecha. A pesar de la estética premonitoria de “WOES OF A MORTAL EARTH”, la banda parece tener mucho que decir. 

BRIMSTONE COVEN son: Corey Roth, (voz, guitarra), Andrew D’Cagna (bajo, voz) y Dave Trik  (batería).

Por la senda del proto-metal más atrayente y primitivo “The inferno”, se muestra como un tema contenido en el que las melodías son cuidadas con esmero. Un contraste de lo más efectivo que conjuga riffs tradicionales con registro vocales más apacibles. Inspirados completamento en el sonido de los primeros 70’s, encontramos algunas buenas guitarras afiladas en un tema que funciona bajo un pegadizo ritmo entre vibraciones oscuras, pero contagiosas en una línea a caballo entre Sabbath y Purple.

Aumentando la dosis de sonidos tenebrosos herederos de Sabbath, la voz con sabor a miel pone el contrapunto en “When the World is Gone“. sus armonías flotantes equilibran los riffs crudos de tonos ocultistas.  Inevitablemente los tonos retro, aparecen como en casi todos los temas, mientras las melodías se acercan a postulados casi progresivos lo cual supone un aliciente para que la escucha no sea nada monótona. Riffs tranquilos y cristalinos se repiten entre la dulzura de una dupla de voces que siempre ponen el lado más comedido de un álbum que nace de la crudeza de sus predecesores.

La solemnidad ocultista se manifiesta con mayor incidencia en “Live with a ghost”. Un tema típico de rock ocultista masajeado por bellas melodías que muestran la faceta más tierna de una banda salvaje pero que sabe modular sus temas. Un entorno retro-rock si demasiadas complicaciones ni artificios.  Su mayor aval son los juegos vocales, siempre melodiosos y masajeantes entre riffs heavy-rock al uso.  

“The Darker Half” es un tema sencillo, que mantiene sus riffs tensos entre dulces armonías que no pierden el espíritu proto-doom de una banda que vive a caballo entre los 70’s y el siglo XXI (más instalados en los 70’s) y en los albores del nacimiento del heavy-rock. Con esa ingenuidad del que comienza, la banda a pesar de llevar casi diez años en esto, sigue manteniendo su frescura con un cierto tono purpleliano entre sus cuidadas melodías.

Sigiloso y oscuro “Secrets of the Earth”, tras una susurrante introducción algo lisérgica, se despeña por clásico riffs ocultistas amortiguados por apacibles melodías de voces corales. Cadente y contenido el tema no tiene prisa por salir del riff que lo sustenta. 

En el cierre encontramos “Song of Whippoorwill”, un tema lento de ocult-rock lleno de clichés. Doomy, oscuro y atmosférico, es suavizado como la gran parte de los temas, por voces armoniosas que amortiguan la pesadez de los riffs. El tema avanza cansino y plomizo siempre con los ornamentos de vocación casi progresiva y algún solo brillante pero comedido.  Posiblemente el corte peque de algo de monotonía, pero esto, parece ser algo premeditado. Una oscuridad latente que no cae en lo tenebroso y en la que el trabajo del bajo juega un importante papel. 

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Reseña: MOTHERS OF THE LAND.- “Hunting grounds”

a0278634590_10Nacidos en 2.012, y con su alabado debut “TEMPLE WITHOUT WALLS” publicado en 2.016, el cuarteto instrumental austriaco MOTHERS OF THE LAND publica su segundo álbum “HUNTING GROUNDS”. Disipando cualquier sombra de duda sobre si su debut fue solo una casualidad., el cuarteto de Viena corrobora toda la calidad que atesoran crean un trabajo cautivador y emocionante, arrastrándote en sus ondas de sonido y llevándote en el viaje junto a ellos a través de su mundo surrealista. Una travesía en la que sus guitarras flotantes prescinden de la palabra para contar sus historias, pero logrando practicar una oratoria ágil y atractiva, llena de virtuosismo y sensibilidad.  Un álbum rebosante de adrenalina pero también de dopamina, en el que su épicos pasajes instrumentales se adornan de múltiples ornamentos para crean un marco de gran belleza en unas canciones tejidas sobre una sólida base rítmica y con sus dos guitarristas derrochando técnica y sensibilidad. Rock vintage con mucha psicodelia, y logradas atmósferas progresivas pero con un alma heavy-rock con mucho peso en cada tema. “HUNTING GROUNDS” es el álbum perfecto para que aquellos que reniegan de los trabajos instrumentales tengan su oportunidad y en el que cualquier resquicio de monotonía desaparece, sin que se eche de menos la ausencia de voces. ¿Sería lo mismo si esta banda tuviera un cantante? La respuesta es incierta, pero con su exuberancia y elegancia son capaces de hacer olvidar que no tienen vocalista, simplemente no lo necesitan. Ya desde sus inicios mostraron la influencia que una banda como Wishbone Ash tiene en su sonido, ahora esa sensación es corroborada en esta versión contemporánea de la banda  liderada por Martin Turner. Al margen de esos bellos espacios de psicodelia progresiva, en cada canción aparecen esos tonos vintage que por momentos se alían con el sonido de Siena Root o incluso yendo más allá, de los mismísimos Purple. Un sonido aderezado con crujientes y afiladas guitarras herederas del heavy-rock de los años 80’s que hacen que el camino se bifurque para rencontrarse en una encrucijada sónica. Sus pasajes llenos de melancolía contrastan con la euforizante fuerza de sus riffs hirientes y de su poderosa base rítmica, que en un segundo plano, aporta una gran solidez a los temas. Pero si hay por lo que verdaderamente destacar este álbum, es por esas maravillosas espirales que sus dos guitarristas Georg Pluschkowitz y Jack Jindra nos ofrecen en cada canción, simplemente SUBLIMES!!!. Tras la escucha de “HUNTING GROUNDS” ardo en deseos de poder ver en directo a esta fantástica banda nacida en el corazón de Austria y que tras cuatro años de laborioso trabajo ha creado un magnífico álbum. 

Grabado y mezclado por Nino Del Carlo, masterizado por Lukas Wiltschko (LW Sonics) y con obras de arte del Dr. Knoche, Hunting Grounds es el segundo álbum de la banda, y está disponible vía StoneFree Records.

MOTHERS OF THE LAND se fundó en Viena en 2012 por Georg Pluschkowitz (bajísta de PASTOR) en la guitarra, Johannes “Jon” Zeininger en el bajo y Jakob Haug en la batería. Después de probar diferentes alineaciones, encontraron su constelación ideal en 2015 con Jack Jindra (Locracy) en la guitarra adicional. No mucho después, en junio de 2016, se lanzó su álbum debut debut “TEMPLE WITHOUT WALLS”  obteniendo un gran reconocimiento internacional, lo que resultó en fructíferas colaboraciones en todo el mundo. 

“Harvest” emerge con pausa desde un manantial de delicados acordes que fluyen entre ecos casi folk-progresivo. Tras la breve introducción el tema se embarca en una dinámica travesía a caballos de una composición propia del stoner instrumental, pero en la que ya vislumbramos las elegantes melodías herederas de Wishbone Ash. Cadente y evolutivo el corte va adquiriendo intensidad para situarnos en el centro del ruedo en el que la banda austriaca ejecuta sus mejores faenas.

Partiendo de un escenario más psicodélico “Hunting grounds”, el tema que da nombre al álbum se desangra en los lamentos de unas guitarras que juegan con los trastes antes de eclosionar en una bofetada de heavy-rock. Ritmos pegadizos y solos llenos de virtuosismo son una constante que vamos a encontrar en todo el álbum y que aquí brilla con luz propia. Sus momentos de fuerza majestuosos ceden ante el encanto de las bellas melodías estratificadas. Un intercambio de roles y protagonismo entre sus dos guitarristas que, desdoblándose, culminan en una orgía de fuzz y estruendosos ritmos. Todo un ardiente y seductor serpenteo en el que los desarrollos se superponen enredándose entre sí,  pero con un sonido cristalino. Infatigables los austriacos derrochan energía sin renunciar a la belleza de sus barrocos, pero atrayentes desarrollos demostrando la gran técnica que atesoran a las seis cuerdas. El tema tras su andadura heavy-rock culmina en espacios más progresivos.

Evocándome irremediablemente a “Rocking in a free world” de Neil Young, la introducción de “The beast”, con ese sonido fuerte que nos golpea es solo el preludio por un paseo por entornos psico-progresivos herederos de Wishbone Ash ornamentados con ecos más contemporáneos. Pasajes heavy-prog bajo tenebrosos bosques con sombras sabbhaticas.  Una plácido pero a la vez misterioso caminar entre luces y sombras conjugando distintas con gran acierto en incendiarios ritmos coloreados por un sinfín de riffs asesinos y crujientes. Amortiguando la fuerza de su poderoso bajo con delicadas armonías entre platillos chirriantes y poderosos tambores los elásticos riffs se estiran y encogen con gran habilidad. El resultado es uno de los temas más pesados del álbum.

Tras la eclosión del tema anterior, “Queen of the den” se deleita en pasajes llenos de mística. Los mejores pasajes heavy-psych afloran en una explosión de luz y frescura con atrayentes riffs. Siempre ofreciendo un buen argumento la banda va tomando distintas sendas en este paseo por la psicodelia más aromática. Un tema cristalino que no evita que encontremos un manto de sonidos difusos arropando las delicadas melodías. Toda una serpiente multicolor que ondula pero que no quita la vista de su presa. La banda aquí consigue crea un aura mágica de belleza sin igual para acaba disolviéndose en pausados y bucólicos acordes acústicos.

Construido sobre una armonía más sobria “Sanctuary” adopta tintes progresivos para transmitir una paz sensorial de lo mas gratificante. Delicados acordes ejecutados con una gran sensibilidad son asaltados por una explosión de riffs más propios del heavy-rock en una lucha de tú a tú. Estamos ante una banda de dualidades, si la primera es clara entre sus dos guitarristas, existen otras dualidades a destacar. Junto a la citada dupla de guitarras, encontramos un debate entre decantarse por un escenario pesado con sus solos asesinos o por la psicodelia apacible. Lo cierto es que los austriacos no parecen renunciar a nada, haciendo que consigan un resultado sobresaliente. Con momentos sinfónicos a mondo de respiro, dejan al descubierto bellos pasajes llenos de épica con la mirada puesta en el pasado. Balanceándose grácilmente sobre nubes algodonadas surcan la atmósfera surfeando con energía y vitalidad. El tema da un giro para salir de su espiral armónica y deleitarse en delicadas melodías sin perder su aroma vintage.   

El cierre llega con “Showdown”, un arrollador tema con pegadizos riffs hard-rock. Por la vía directa, sin atajos van construyendo un clima de gran expectación que nos hace preguntarnos por donde irán ahora los tiros. La respuesta son esos ondulantes riffs en línea Siena Root con una subida de revoluciones. Ácidos pasajes ensoñadores se conjugan con una orgía psicotrópica bajo su contagioso ritmo. Los solos se suceden sin desfallecer creando siempre dos estratos sónicos que por momentos se fusionan en uno solo con gran habilidad. Bien ensamblado, el tema deja la suficiente libertad para que las guitarras vuelen buscando su propio destino. Todo un cóctel explosivo en el que cada detonación está perfectamente estudiada. Su sonido parece salir de un híbrido entre los Purple más brillantes y sus venerados Wishbone Ash. Una gran combinación que fusiona esas sangrías de riffs coloristas con buen heavy-rock de cuna ochentera con todo el virtuosísimo de esas guitarras asesinas.

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Reseña: GREAT ELECTRIC QUEST.- “Live at Freak Valley Festival”

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Aquel viernes 21 de junio mi curiosidad me llevaba al escenario principal del Festival Freak Valley a comprobar “in situ” como se las gastaban los californianos sobre un escenario. Reconozco que a priori no era una de mis bandas favoritas del cartel, pero una vez, que al filo de las tres de la tarde de aquel caluroso día, y recién comido, tras la presentación de Volker, los primeros riffs del tema “In The Flesh” de Pink Floyd hacían que se despertara interés lo que hizo que me acercara al escenario para comprobar como se las gastaba el cuarteto de San Diego. 

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Seguramente no inventen nada, pero el rock and roll siempre ha sido actitud y fiesta, y GREAT ELECTRIC QUEST están sobrados de ambas cosas. Los heavy-rockers de San Diego, tal y como refleja fielmente esta grabación, ofrecieron un variado show con una variada puesta en escena por todo lo alto. Recuperando esa esencia del hard-rock y el heavy metal, defendieron su fe con solvencia.Una hora de show llena de épica y una irreprochable actitud exaltaba a los algo mas de dos mil almas que allí estábamos presentes.

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Basando su actuación principalmente en temas de su último álbum “CHAPTER II – OF EARTH” como “Seeker of the Flame”, las tres partes de “Of the earth” en las que Daniel “MuchoDrums” Velasco, ataviado con una gorra de plato y unas gafas de sol  con su toros al aire, marcaba los tiempos y se permitía un solo de batería a la vieja usanza, en la segunda de ellas. Riffs hirientes de Buddy Donner con su guitarra al viento, en un aquelarre que heavy-rock con tonos oscuros que daba paso a uno de los momentos más emocionantes de la tarde.   

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Si al principio su cantante aparecía en el escenario cubierto por una túnica plateada que ocultaba su rostro, a continuación desaparecía del escenario para ofrecer toda su pose heavy-rock en un show en el que posiblemente el  punto álgido fue la interpretación del clásico de Judas Priest, “Victim of Change” coreado al unísono por todo el personal que en esos momentos ya estaba en “modo fiesta”. Una versión en la que se explayaron, haciendo que el público coreara cada uno de sus estribillos.

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Su cantante, Tyler “T-Sweat” DIngvell agitaba una bandera sobre el escenario, interactuando con sus compañeros y con el público, el cuarteto de San Diego imprimía vigor a cada riff. Subiéndose sobre los amplificadores, zarandando sus instrumentos y con esa puesta en escena colorista, resultaron ser toda una agradable sorpresa para mí. Siempre he sido de la opinión de que en un festival tiene que haber una banda que ponga la electricidad sobre el público, y en la pasada edición del Freak Valley Festival, parte de ese papel lo interpretaron GREAT ELECTRIC QUEST, como queda patente en este álbum que edita el prestigioso sello Ripple Music.

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Si sus anteriores trabajos te engancharon, esta emocionante actuación de una hora de duración llena himnos épicos de trituración y bombeo de puños.

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 Puedes escuchar a la multitud jubilosa, en una hora completa en la que la banda entrega con maestría esas voces épicas, solos de alto vuelos, surcos de proto-metal y cambios cargados de jams por los que son conocidos en cortes como “The madness” o “Heart of the son” en la fase más tranquila de su actuación. La electricidad llenando instantáneamente el aire mientras la multitud se regocija entre sus cautivadores pasajes. 

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Tras esos momentos más pausados, la fuerza regresa con los hilarantes de riffs de “Wicked hands”, el tema de su anterior álbum “CHAPTER II – OF EARTH”. Altas dosis de energía en estado puro que tiene su apoteosis final con los siete minutos del tema de Deep Purple, “Highway star”, con el que ponen fin a su actuación ante el delirio de todos los presentes con infinitos solos. Una grata sorpresa que todos agradecimos como demuestra la gran ovación a la conclusión del show. Como suele decir la cantante de The Bellrays, Lisa Kekuala, en sus actuaciones para motivar al personal…. “This is a rock show!!!!!!” 

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Bandas como GREAT ELECTRIC QUEST, y discos como éste, hacen que muchos vuelvan a tener fe en el rock hecho a la vieja usanza, crudo y directo, con honestidad. Un disco lleno de diversión de ritmos frenéticos y punzantes. Sin sutilezas, el registro refleja fielmente lo que fue una calurosa tarde de rock and roll en la que todos nos divertimos infinitamente. Un registro histórico. 

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