Reseña: FUZZ FORWARD.- ‘Revolve’

Alejados de riffs stoner y recuperando el popular formato unplugged de los años 90’s, los barceloneses retoman unos temas que tenían aparcados para darles forma en este EP acústico. Un punto de inflexión en la banda tras la salida de la misma de Edko y de Jordi previamente, y que sirven de aclimatación para arrancar una nueva etapa. Evidentemente la adolescencia es la época en la que nos desarrollamos como personas y por supuesto la banda sonora de esa etapa nos marca de por vida. Esta afirmación cobra sentido cuando escuchamos a FUZZ FORWARD. Crecieron bajo los auspicios del grunge y eso, está impreso a fuego en sus genes musicales como demuestra ‘REVOLVE’. Cuatro temas y un interludio en los que las melodías tienen todo el protagonismo entre sencillos acordes de guitarra arropados por una sutil batería y un cálido bajo. Poniendo el énfasis en transmitir a través de la voz y los delicados coros, los barceloneses nos arrullan en una atmósfera gris, que parece reflejar desdichas pasadas. Inspirados en Alice in Chains, Soundgarden, Pearl Jam o Nirvana, crean en el siglo XXI un EP más propio de finales de los 90’s, lo que reafirma su propuesta sonora basada en aquellas vibraciones grunge que tanta gloria tuvieron hace más de dos décadas. En tonos de melancolía, los temas del álbum van oscilando entre sosegados pasajes llenos de sentimiento. Aquí los riffs salvajes no existen, y por ello el trabajo no pierde fuerza, lo que corrobora que los decibelios no son lo mas importante para poder transmitir sensaciones.

FUZZ FORWARD en ‘REVOLVE’ son: Juan (voces), Marc Rockenberg, batería, guitarra, percusión y coros) Alexander Romero (bajo).


‘Searches’ refleja el amor de los barceloneses por los ecos que llegaban del Seattle de los 90’s. Sosegado y con un cierto tono de melancolía, van haciendo que el corte salga de ese estado de ánimo afligido para elevarse entre voces y coros. En línea con los múltiples directos desenchufados que se hicieron en aquellos años, el tema susurra con estructura armónica que se repite. Creando una apacible atmósfera.
Instalados en ese estilo, ‘Need some love’ camina bajo un ritmo cadente y coros que acarician al oyente creando un tema que parece reflejar el desamor. En un ambiente de cierta oscuridad el tema transite sentimientos bajo un aura de tristeza y un sonido nítido y limpio. Los juegos de guitarra ondulan entre una neblina con adornos psicodélicos arrullándonos con su faceta más suave, lo que no impide que los sentimientos salgan a flor de piel.
Tambores casi rituales y un bajo que parece querer su cota de protagonismo, ‘Dead Friends’ incide en la misma fórmula. Otro tema acústico construido desde el más absoluto sosiego, para liberar los demonios en arrancadas de rabia transmitidas por la melodía vocal. Una especie de lucha entre lo reconfortante y el desasosiego.
‘Mirage’ es un interludio de guitarra con poco más de un minuto con acordes acústicos.
 ‘REVOLVE’ cierra sin perder la esencia del trabajo con ‘Here we pot’. Las delicadas melodías se tornan melancolía en unos acordes y un registro vocal que mantiene esa dualidad entre cierta tristeza, incluso nostalgia, y una desgarradora liberación de sentimientos. Construido sobre una armonía sencilla, la instrumentación austera y el tono de la voz hace que el tema siga reflejando una añoranza de tiempos pasados

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Reseña: DAILY THOMPSON.- “Oumuamua”

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En activo desde 2.012 el trío de  Dortmund publica su cuarto álbum “OUMUAMUA“, posiblemente el mejor de toda su discografía. Un trabajo en el que la banda explora algunos sonidos que no habían sido tan habituales en sus álbumes anteriores y en el que podemos encontrar desde los difusos riffs stoner llenos de fuzz hasta pasajes de psicodelia pesada en línea RotorColour Haze, pero en el que también encontramos una mayor presencia de sonidos llegados de los setenta. Si la influencia en el sonido de la banda del grunge de los noventa está presente con ecos  Sonic Youth, lo cierto es que en este trabajo si hay algo que predomina, es el blues. Un blues chamánico que por momentos coquetea con el sonido The Doors, y que no duda en explorar entornos de rock clásico con aroma sureño y vibraciones más propias de All Them Witches. Sus temas están perfectamente ensamblados y cuentan con la dualidad de voces DannyMephi, lo que hace que el álbum adquiera un color especial. Otro de los factores que despierta mi atención es la exploración psicodélica que aparece en alguno de los temas. Canciones de mayor duración en las que encuentran un espacio perfecto para desarrollos más elaborados y hechizantes lo que supone un plus en el haber de la banda. Sin duda “OUMUAMUA” suena diferente a sus entregas anteriores, pero esos cambios, solo enriquecen a la banda. Esa mayor presencia del blues y de la psicodelia más ensoñadora no hace que la banda pierda su carácter alternativo, lo que a la postre es un elemento más que hace que DAILY THOMPSON se muestre como una banda más compacta y más creativa.

DAILY THOMPSON son Danny Zaremba (voz y guitarras) Mephi Lalakakis (bajo y voces) y Matthias Glass (batería). OUMUAMUA está disponible vía Noisesolution.

“She’s so cold” con sus once minutos nos da una clara muestra de el tipo de álbum que nos presentan los alemanes. Un entorno en el que la psicodelia se colorea con la voz de Mephi con registros a caballo entre Patti Smith y Sonic Youth, algo que veremos repetidamente en alguno de los temas. Con una buena cadencia rítmica los ecos alternativos se incrustan con precisión sobre esos ensoñadores pasajes heavy-psych impregnados en hongos mágicos. En ese entorno psicotrópico el corte funciona a las mil maravillas gracias a su cadente y magnético ritmo. En su segunda mitad, la canción se precipita por un torrente de fuzz desértico con difusos riffs bajo la voz de Danny en esta ocasión. En su parte final, la banda se inclina por los sonido stoner sin perder ese carácter alternativo que les lleva a recordar los ecos de los 90’s sin desdeñar la psicodelia presente en todo el tema.

Con una cadencia blues, “Sad Frank” el single que nos adelantaron hace semanas, toma la herencia The Doors Jugando con las voces, Mephi y Danny hacen que el tema evolucione engrosando su sonido con riffs  que serpentean seductores entre pinceladas lisérgicas. Instalados en un entorno más propio de garito de blues humeante y olor a bourbon, de la intoxicante neblina emergen solos ácidos que se retuercen en cada nota. El tema cuenta con una nota de color vintage gracias a la incorporación del sonido del órgano, lo que supone una novedad en el sonido de la banda.

Por la encrucijada entre el proto-metal el blues y el retro rock, “Oh my mind” se muestra como un corte divertido y pegadizo que te atrapa sin remisión. Invitandonos al baile, el blues ácido y los riffs stoner sacan lo mejor una banda que no tiene reparos en jugar cada vez a más cosas. En la parte final aparece ese dueto de voces  que tan buenos resultados ofrece, en esta ocasión en un apoteosis final que tras coquetear sin reparos con el blues, se ve aderezado con esos ecos alternativos.  

Sin perder la esencia americana que rezuma del álbum, “Slow me down” nos traslada a las vastas praderas del medio oeste. Un espacio sureño en el que con los cactus como testigos, nos invitan a transitar por largas rectas atravesando el desierto. Stoner, boogie, garage al servicio de un tema que se inclina por el sonido de All Them Witches en una constante oscilación que no les hace perder particular sonido.

“Half Thompson” es un blues rock con sabor a 70’s. Salvaje y primitivo su aire macarra le dota de mucho gancho sobre esos sonidos clásicos. En una línea bastante ortodoxa, el corte contiene magnéticos pasajes ácidos que no hacen sino enriquecerlo. En sus notas se percibe un cierto aroma a Zeppelin.

Con sus doce minutos, “Cosmic cigar (Oumuamua)”, nace de borboteantes pasajes heavy-psych entre efectos que revolotean sobre nosotros creando un entorno chamánico en el que dejar volar nuestra mente. Todo un hechizo sonoro que nos lleva a la noche desértica entre las plegarias del chamán. Un conjuro de riffs difusos que se agigantan entre intoxicantes brebajes creando un escenario para el desarrollo de la psicodelia pesada que da lugar a distintas escenas relatadas bajo una mágica y lisérgica atmósfera. La voz casi recitando de Mephi con una peculiar ecualización añade un toque de misterio que por sí mismo, sabe cómo narrar la trama. Incorporando ese toque grunge en algunos momentos vocales consiguen una perfecta conjunción de elementos sin perder la vocación psicodélica. Seguramente estamos ante el tema más impactante del álbum, un corte que se va cociendo a fuego lento y que supone una innovación respecto a los temas que habían compuesto hasta el momento. Todo un espacio para flotar y dejarse llevar. 

En modo acústico, casi como un loner-folk, “River of a ghost” reposa en tonos folk con la voz áspera y cálida de Danny sobre hipnóticos acordes. Un híbrido entre esas vibraciones y las que nos ofrecían en los noventa las bandas de Seattle con sus conciertos unplugged. 

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Reseña: ROSY FINCH.- “Scarlet”

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Con una serie de cambios en la banda,SCARLET” el nuevo álbum de ROSY FINCH, trata de aspirar a ser más y hacer más. Se trata de la idea de que nada eliminará el dolor, pero nada puede detenerlo. Seguramente es su álbum más crudo y directo, un trabajo en el que se dejan llevar por sus instintos más primarios y salvajes. Su álbum más pesado y lodoso con una brutal combinación de voces melódicas y verdaderos desgarros que habitan entre sucias líneas de bajo en oscuras y tenebrosas cavernas sludge. Jugando con los ecos de los noventa y el metal más áspero, nos ofrecen un álbum perturbador e inquietante. La sangre está presente en temas que se desangran en una hemorragia de rugosos riffs y ritmos plomizos. Un álbum conceptual con el rojo como protagonista; ese color que siempre ha representado peligro, lujuria, pecado, culpa, sangre … “, tal y como dice su vocalista y guitarra  Mireia: Cada canción en Scarlet tiene un color rojo en el título y representa diferentes historias de diferentes personas (desde la fantasía hasta la vida real) que siempre van desde el amor hasta la violencia”. Un álbum equilibrado en su parte vocal, con sensuales melodías en contraposición con desgarradores aullidos. Una conjunción muy efectiva que acaba convirtiéndose en uno de los activos del álbum. 

“SCARLET” fue grabado por Lluís Más (batería), Elena García (bajos) Mireia Porto (voces, guitarras y bajos) y Oscar Soler (voces). La nueva formación de ROSY FINCH está compuesta en la actualidad por Mireia Porto (Voces y Guitarras), Oscar soler (Domo/Pyramidal) (Voces y Bajos) y Juanjo Ufarte ( Dry Mouths/Bäläte/Grajo) (Batería).
“SCARLET” ve la luz a través de Lay Bare Recordings, en disco compacto a través de La Rubia Producciones y en cassette vía Spinda Records

Sobre en bajo grueso y crujiente “Oxblood” el fuzz coquetea con el metal. Una voz desgarrada y chillona con coros más melódicos crean un contraste entre la aspereza intrínseca del tema Por un lado los sonidos huecos y chisposos y por otro las sugerentes melodías vocales. Rabia y fuerza pseudo-ocultista entre los rugosos riffs sludge y el stoner-metal en una ambientación tenebrosa y oscura. 

“Lava”, el tema que anticipó la banda, transcurre por una autopista de heavy-rock y stoner-metal. Sus turbios riffs crean el camino sobre el que la ahogada y desgarrada voz de Mireia se retuerce entre el asfalto de los noventa y las vibraciones contemporáneas más pesadas. El metal más alternativo y el sludge fusionados bajo terroríficas voces y momentos de fuzz. 

Cambiando de alguna el registro, “Vermillion” con esas melodías vocales casi indie, tratan de seducirnos entre una estampida borrosa de stoner.-metal. en esta ocasión los de alicante dejan un mayor protagonismo a pasajes más lisérgicos siempre ambientados en oscuras y tenebrosas simas. 

Con vertiginoso ritmo de vibraciones stoner-metal, “Amaranto” incide en la dualidad entre lo sensual y la rabia. Pesado, plomizo la dualidad de los tonos ocultistas y la rabia hace que ROSY FINCH se sientan cómodos explotando desgarradores alaridos sludge en un corte que nos regala numerosos momentos terroríficos e inquietantes. Pocos sutilezas y un ritmo oscilante y borroso construyen la zona de confort de los alicantinos con sus plegarias al viento sobre tétricos pasajes.

Una inquietante introducción abre “Gin fizz”, todo un paseo psicodélico en intoxicantes atmósferas que hacen aflorar la sensualidad entre los descarnados momentos en los que el terror nos acecha. A modo de ritual las plegarias y las desgarrada y atormentada voz van describiendo todo un ceremonial dedicado a las fuerzas salidas de las tinieblas. 

Los ecos del metal regresan con fuerza en “Ruby”. Pesados y monolíticos riffs entre mugrientos tonos sludge del que emergen hechizantes coros que tratan de seducirnos con adormecedores y sensuales pasajes.  Envolviéndonos en una tela de araña, traspasamos el umbral para encontrar inquietantes y oscuras estancias pych recorridas con sigilo. El corte se deja llevar por el fuzz más intoxicante. 

“Alizarina” es un frenético torbellino de heavy-rock stonerizado con voces y coros celestiales. Un canto eclesiástico entre vibrantes y pesados riffs metálicos. Fuerza y pesadez salpicadas de un cierto aura ocultista. 

Con un torbellino de fuzz y rápidos ritmos, “Scarlet”, el tema que da nombre al álbum juega con las melodías más propias del grunge alejándose de los momentos de oscuridad. 

El álbum cierra con “Dark cherry” a golpe de bajo poderoso y huecos sonidos post-metal que van tornándose más sludge,  Melodías pegadizas aplacando la furia de unos riffs mas contenidos. Cantos de sirena flotando entre las olas con momentos en los que el silencio deja paso al fornido bajo para proteger a la divinidad de las tinieblas.

 

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Reseña: FLEETING ARMS”.- “Fleeting Arms”

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Ásperos riffs y una voz que se balancea entre el grunge y el heavy rock y que parece tomar prestados algunos registros del mismísimo Laine Staley. Una banda con doce años de vida y que tras este largo periodo de eleboración nos presenta su primer álbum. Una pirámide con tres vértices claramente definidos; la cúspide comandada por la suciedad de los ecos noventeros de Seattle, especialmente en la voz  de Coal Riepma, otro ápice por la psicodelia más ácida salida de la guitarra de Gerald Kisoun como fiel discípulo de Hendrix en algunos pasajes, y un sentimiento común por el blues que hace de sustento de todo. ¿Una apuesta arriesgada?. Seguro que no, ya que la combinación de estos tres pilares hace que su edificio sonoro no se resienta ofreciéndonos un álbum de alto nivel. Sin contener grieta alguna, y con el gran aliciente, de que los amantes de los tres estilos pueden encontrar aquí “su momento”. Arreglos de guitarra acústica que dan a alguno de los temas un aire de sosiego, en contraposición con otros momentos en los que los ecos stoner aparecen para modular su propósito.  Temas de blues chamánico e intoxicante que nos envuelven en un envoltorio lleno de psicotrópicos arropando mágicas melodías.

FLEETING ARMS lo componen Gerald Kisoun (guitarra, guitarra acústica, voces) CJ King (bajo y coros) T-triangle (batería) Coal Riepma (voz), habiendo realizado la mezcla y masterización del disco  Voodoo Architect-grabación.

“Day trippin” con una introducción entre el regaee  y el blues rezuma sentimiento por los cuatro costados. Ese espíritu blues que se pavonea entre el cadente y bluessy sonido del bajo. Con solos ácidos acaba desembocando en un precipicio mas propio de Sabbath con voces que se desangran en lamentos entre ásperos riffs con vocación de metal. Unos rasgueos que nos lastiman y que solo nos recontaba el ungüento de una voz narcótica y cannábica.

En reconfortantes atmósferas lisérgicas, “Rust” con susurrantes acordes y una voz aterciopelada que nos lanza un hechizo en el interior de un bosque acústico en el que cad anota nos hipnotiza atrapándonos en sus fauces para zarandearnos con fuerza. Con una oculta vocación morrisiana el tema toma un giro hacia momentos en los que la psicodelia y el grunge se funden en un sensual baile ritual. Cubriendo con efectos y distorsionase nos sacan de la catarsis, en un tema que nos coge en sus brazos sin que podamos huir.

Con una estructura similar, “Bridges burning”, con sus casi siete minutos nos invita a otro paseo por escenarios en los que el blues más chamánico es el amo y señor. Enriqueciendo el brebaje con hierbas procedente del Seattle de los noventa un colorido y vivaz ritmo de batería sirve de luz entre la umbría de las hojas que nos impiden ver el cielo. Oscuros parajes con olor a intoxicante bruma de pantano que culmina en un desgarrador final.

El tema mas fornido del álbum, “Dig my grave” se construye a través de riffs heavy-rock que van sucumbiendo a los dictados del heavy-blues. Esa combinación imposible entre tres estilos  que acoge praderas psicodélicas y pesados y escarpados ritmos stoner en una sucesión de subidas y bajadas de intensidad. Una efectiva fórmula que a los canadienses les sale bien ya que consiguen que temas con la misma estructura acaben teniendo su propia personalidad a pesar que tener  el mismo árbol genealógico.

“Into the sun” es otro capítulo en el que la psicodelia nos abruma narcotizándonos con sus suaves acordes y un ritmo ciertamente hipnótico. EL magnetismo de esa voz seductora y desgarrada, solo se eleva por los ásperos y pesados riffs, que en una mutación se transforman en crujidos stoner con un tono casi punk que se funde con el registro grunge. En esta ocasión prima la rabia y fuerza sobre las hechizantes melodías. Con una nueva espiral de guitarras psicotrócias todo se vuelve borroso y difuso. Incluso descendiendo el volumen si es necesario, tratan de crear el clima óptimo para sorprendernos con una nueva embestida de poderosos momentos de heavy-rock.  

El blues rural se fusiona con el grunge de los noventa en una versión psicodélica llena de sentimiento en “Demon whitin”. Ese camino tantas veces transitado entre los noventa y los setenta que aquí se acompaña de riffs metálicos y atmósferas de psicodelia pesada. Crudo e indomable el tema nos golpea sin remisión en cada riff.

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Reseña: GRIM COMET.- “Afterlife”

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“AFTERLIFE” supone un giro en el sonido de los madrileños GRIM COMET. Un álbum salido de la casualidad, ya que la intención primera de la banda era sacar un disco mucho más oscuro.  El resultado son nueve temas directos que viajan en un trayecto de ida y vuelta entre los setenta y el grunge de los noventa. Alejados del metal y del doom que les vio nacer, crean canciones que manan con naturalidad, sin forzar. Aquí no encontramos largos desarrollos de guitarra y viajes psicotrópicos de tintes metálicos, sino que todo resulta más sosegado, mas centrado en un rock alegre y sin ataduras. Cinco años de vida y dos álbumes anteriores, al margen de algún EP son un aval suficiente para entender que la formación está consolidada y de ahí, que estemos ante un disco al que le sobran etiquetas. GRIM COMET no suelen publicar discos de mucha duración, de hecho “AFTERLIFE” bien podría ser un EP. Algo menos de media hora que sirve para que comprobemos que estamos ante una gran banda que ya había demostrado todo su potencial ejecutando sonidos mas pesados, y que ahora es capaz de brillar con luz propia sobre melodías mas asequibles. Siempre usando la linea recta, sin rodeos, cada tema tiene una identidad propia, yendo al grano. Esto hace que entre sus surcos podamos vislumbrar ecos de ZZ Top, Thin Lizzy, y sobre todo Alice in Chains, especialmente en algunos registros vocales de Willy de Moya, su cantante y guitarra. Por otro lado, aún transitando por sendas poco virulentas, la fuerza que Juanma Cayuela imprime a su batería hace que no podamos bajar la guardia en ningún momento, mientras Raúl Cabañas hace que su bajo realice su papel, sin estridencias. Aún navegando entre distintas aguas, el timón que les marca el rumbo sigue siendo el grunge con el que crecieron, que ocupa un mayor protagonismo en sus genes musicales.  El álbum es publicado por Art Gate Records. y fue grabado en Goldfish Estudios (Torrelodones)

La primera sorpresa nos la da “Dig up her bones”. Como si nos hubieramos teletransportado a un local de Texas, el boogie-rock en pura línea ZZ Top, nos sorprende con la energía sureña de la que podemos encontrar en esos garitos con olor a humo y bourbon. Con unas buenas dosis de efluvios pantanosos que intoxican un tema que no pierde nunca el ritmo. la parte mas lúdica del rock and roll queda plasmada con precisión. 

Sin terminar de abandonar el medio-oeste, la potente batería un cambio de registro vocal, describen “Dead or alive”. Guiños metálicos que parecen un toque de nostalgia, caminan mas cerca de los desiertos stoner para golpearnos con fuerza. Uno de esos temas que te abofetean sin remisión. Riffs que se repiten como un martillo y de los que no puedes escapar sano y salvo. 

El grunge de los noventa asoma en “Over you”. Ondulando las melodías vocales, el ritmo parece ir cansino, como a trompicones, mientras Willy nos susurra y seduce con sutileza entre una fornida base rítmica. Una contraposición que culmina con un bello solo de guitarra que parece describir la nostalgia con sus notas antes de devolvernos la rabia.

En una linea similar y con un ritmo que se inicia con una cadencia que bien podrían haber firmado The Police, “All on me”. Dulces melodías sobre medios tiempos que avanzan impasibles  en un sencillo tema. 

Rugosos riffs dan el pistolezado de salida a “Born to die”. Una vuelta de tuerca al grunge primitivo pero con la mirada puesta en el hard setentero mientras los adornos son mas propios de los sonidos desérticos. El resultado es un corte vivaz y pegadizo que transcurre sin concesiones y en el que aparecen esas guitarras más afiladas que habíamos escuchado en sus anteriores trabajos.  

No podía faltar (afortunadamente), su guiño a las vibraciones más psicodélicas. “In the dark” es un oscuro pero apacible y gratificante paseo por amigables bosques   que no dejan pasar la luz. Para salir de esa atmósfera, los susurros de la cálida voz de Willy nos hacen compañía y nos apaciguan entre la umbría para emerger como un canto bucólico que acaricia nuestra piel hasta ponernos los vellos de punta.

“On & on” nuevamente traspasa la barrera del tiempo para partir de los setenta y vestirse de vibraciones mas contemporáneas. Difusos riffs que acompañan a la melodía en un tortuosos camino en el que  GRIM COMET dan muestra de que su pesadez no ha quedado en el baúl de los recuerdos, sino que la rescatan cuando les viene en gana, aunque sea con una intención distinta y medida. 

“A million sun” es un tema que sufrió una metamorfosis desde su nacimiento. Con la intención de hacer un tema acústico poco a poco fue transformándose  hasta convertirse en un alegre corte hard-rock en el que el legado de Thin Lizzy está muy presente. Una subida de revoluciones que confirma que la cabra tira al monte. Un pegadizo y divertido tema de esos que te engancha desde la primera escucha y que podría escucharse en mediados de los setenta en cualquier garito cañero. 

“AFTERLIFE” cierra de una forma sorprendente. sobre los bellos acordes de la guitarra española, “Azabache” refleja la esencia del sur, del flamenco y del clasicismo. Un bello tema que se sale completamente del camino del resto de temas del álbum pero que en cada nota transmite sentimientos. 

GRIM COMET estarán presentando “AFTERLIFE”, mañana, 31 de octubre en la Sala Honky Tonk de Madrid, una gran oportunidad para comprobar como se trasladan estas composiciones al directo.

 

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