Hace cerca de un par de años los noruegos GJENFERD despertaban mi interés con su prometedor álbum debut homónimo (reseña aquí), ahora con la publicación de su segundo álbum BLACK SMOKE RISING, dejan claro que aquello no fue un espejismo y que estamos ante una banda solvente. El cuarteto de Bergen vuelve a dar en el clavo con un enfoque de composición más sólido sustentado en una emocionante dupla de guitarra y órgano vintage como protagonistas de sus composiciones. Estamos ante un álbum que según se va avanzando en su escucha va creciendo en complejidad y maestría de sus canciones. Porque BLACK SMOKE RISING es un álbum épico que de despeina con unas pistas imponentes con las que atrapan al oyente en su particular mundo sonoro. Un espacio que puede resultante familiar gracias a la facilidad de los noruegos en el manejo de sonidos de los 70’s en toda su extensión: hard-progresivo, psicodelia, heavy-rock, blues…, pero que también se desenvuelven con soltura con el Stoner de una manera sutil y convincente. Abrumándote y golpeándote con fuerza, acariciándote e hipnotizándote o sencillamente poniéndote a bailar GJENFERD logran el objetivo de atraer al oyente a su causa como si de una droga se tratara. Esos continuos ‘sube y baja’ y la enorme cantidad de giros de sus canciones son elementos a los no me puedo resistir. Impulsando riffs sólidos y líneas vocales pegadizas con una clara sensibilidad pop junto a la pesadez e hipnotismo de su base rítmica competan una jugada maestra. Sin andarse con rodeos BLACK SMOKE RISING se convierte en un álbum adictivo del que no querrás salir nunca, y lo haces, estarás deseando regresar a él, ya que tiene la capacidad para que en cada nueva escucha descubras un mundo nuevo que no percibiste con anterioridad. De nuevo GJENFRED me han conquistado con un trabajo descomunal que hace que mis ganas de verles tocar en directo se disparen. ¡¡¡Ojalá suceda pronto!!!
BLACK SMOKE RISING está disponible vía Apollon Records.
GJENFERD son:
Jakob Særvoll – Teclado y voz
Vegard Bachmann Strand – Guitarra y voz
Samuel Robson Gardner – Bajo
Sivert Kleiven Larsen – Batería y voz
‘Crimson rain’ golpea sin contemplaciones a las primeras de cambio con sus estribillos pegadizos de hard-rock setentero y ese órgano vintage que marca el devenir de gran parte de las canciones del álbum. Contundente en su sonido, los tonos vintage envuelven una pista enérgica y pesada en la que los ganchos melódicos aparecen veteados. Rock sin contemplaciones a la vieja usanza.
En un espacio sonoro psicodélico ‘Bound to fall’ emana efluvios lisérgicos antes de despeñarse por un torrente de teclados impulsados por una línea de bajo excelsa. Con una estructura melódica bien diseñada la pista se muestra rugosa y firme manteniendo el tipo con una voz
La contundente ‘Black smoke’ combina la solidez Stoner con el legado del hard-progresivo y el proto-doom de los 70’s. Oscura y con ciertos tonos psicodélicos la pista sube y baja en una emocional montaña rusa de intensidad.
Los ecos vintage de la suave ‘Calling your name’ son como un bálsamo tras la embestida del corte anterior. Esta acolchada pista evoca los más crudos momentos del hard-progresivo en un desgarrador relato en el que lo almibarado se va tornando más agrio. Esta fuerza intrínseca contrasta con los delicados pasajes melódicos en los que la psicodelia apacible nos invada como un gratificante sueño. Un monstruo bicéfalo de canción.
‘Attergangar’ es un breve interludio con pasajes de órgano.
Evocando el sonido de DEEP PURPLE, la penetrante ‘The thrill’ es una pista vintage en la que la fusión de guitarras mas propias de MOUNTAIN se adorna con una melodía fascinante. Otra magnífica canción que taladra tus neuronas con ese órgano diabólico pero que amortigua su ímpetu con melodías vocales que te atrapan. Con el legado del hard de los 70’s como sólidos cimientos, los noruegos consiguen un edificio sonoro monumental.
‘Stillferd’ es otro interludio acústico con melodías folk que nos amortigua la transición a la oscura e inquietante ‘The silence’. Aquí la penumbra cubre unos acordes lentos y misteriosos con un tono lúgubre que explota en solos asesinos y tempo cadente y plomizo. Pero estos chicos tienen la habilidad de huir hacia adelante con una acertada fusión de hard-progresivo y heavy-rock de antaño. Un torrente desbordado.
Entre acordes de blues psicodélico y una atmósfera lisérgica ‘Ride on’ va creciendo a lo largo de sus cinco minutos mostrando que GJENFERD son una banda versátil, una banda con las ideas claras, pero que no se anquilosa en sonidos trillados, sino que tiene la capacidad para darles una vuelta total sin desmerecer de los pioneros. Posiblemente, aunque los ganchos vocales no destaquen tanto, los constantes cambios de registro hacen de ella uno de los tesoros de este álbum que según se escucha va creciendo. La banda cierra el circulo cona parte inicial psicodélica, una locura de ritmos salvajes en su parte central y un final que se apaga entre efluvios psicodélicos.
Y tristemente llegamos al final con la canción más larga del álbum. ‘Spread like wildfire’ nace con riffs stoner para sumirnos en un viaje al corazón de los sonidos psico-progresivos de mediados de los 70’s. Poderosa en su apertura, la fuerza de sus riffs se va moldeando hasta convertirlos en un viaje psico-progresivo que atraviesa un espacio sonoro completamente estimulante para el oyente. Suave por momentos, los melódicos momentos dejan paso a una deflagración de riffs monumentales coloreados con melodías cautivadoras. Rugoso y acolchado a partes iguales, el corte se contonea con una narrativa fluida que abarca diferentes espacios estilísticos con un nexo común. Ese punto central de partida hay que encontrarlo en el rock de los 70’s antes de su expansión por otros mundos sónicos, todos ellos muy apetecibles. Lisérgica, sinfónica, pesada y con un sonido cautivador, ‘Spread like wildfire’ se convierte en mi pista favorita ya que en ella puedo reconocer ecos de muchas de las bandas que me han cautivado a lo larga de mi trayectoria vital. Su guitarra floydiana su órgano pastoral y esa base rítmica inquebrantable hace que la pista se corone como el punto culminante de un trabajo superlativo.