Reseña: FUZZ FORWARD.- ‘Revolve’

Alejados de riffs stoner y recuperando el popular formato unplugged de los años 90’s, los barceloneses retoman unos temas que tenían aparcados para darles forma en este EP acústico. Un punto de inflexión en la banda tras la salida de la misma de Edko y de Jordi previamente, y que sirven de aclimatación para arrancar una nueva etapa. Evidentemente la adolescencia es la época en la que nos desarrollamos como personas y por supuesto la banda sonora de esa etapa nos marca de por vida. Esta afirmación cobra sentido cuando escuchamos a FUZZ FORWARD. Crecieron bajo los auspicios del grunge y eso, está impreso a fuego en sus genes musicales como demuestra ‘REVOLVE’. Cuatro temas y un interludio en los que las melodías tienen todo el protagonismo entre sencillos acordes de guitarra arropados por una sutil batería y un cálido bajo. Poniendo el énfasis en transmitir a través de la voz y los delicados coros, los barceloneses nos arrullan en una atmósfera gris, que parece reflejar desdichas pasadas. Inspirados en Alice in Chains, Soundgarden, Pearl Jam o Nirvana, crean en el siglo XXI un EP más propio de finales de los 90’s, lo que reafirma su propuesta sonora basada en aquellas vibraciones grunge que tanta gloria tuvieron hace más de dos décadas. En tonos de melancolía, los temas del álbum van oscilando entre sosegados pasajes llenos de sentimiento. Aquí los riffs salvajes no existen, y por ello el trabajo no pierde fuerza, lo que corrobora que los decibelios no son lo mas importante para poder transmitir sensaciones.

FUZZ FORWARD en ‘REVOLVE’ son: Juan (voces), Marc Rockenberg, batería, guitarra, percusión y coros) Alexander Romero (bajo).


‘Searches’ refleja el amor de los barceloneses por los ecos que llegaban del Seattle de los 90’s. Sosegado y con un cierto tono de melancolía, van haciendo que el corte salga de ese estado de ánimo afligido para elevarse entre voces y coros. En línea con los múltiples directos desenchufados que se hicieron en aquellos años, el tema susurra con estructura armónica que se repite. Creando una apacible atmósfera.
Instalados en ese estilo, ‘Need some love’ camina bajo un ritmo cadente y coros que acarician al oyente creando un tema que parece reflejar el desamor. En un ambiente de cierta oscuridad el tema transite sentimientos bajo un aura de tristeza y un sonido nítido y limpio. Los juegos de guitarra ondulan entre una neblina con adornos psicodélicos arrullándonos con su faceta más suave, lo que no impide que los sentimientos salgan a flor de piel.
Tambores casi rituales y un bajo que parece querer su cota de protagonismo, ‘Dead Friends’ incide en la misma fórmula. Otro tema acústico construido desde el más absoluto sosiego, para liberar los demonios en arrancadas de rabia transmitidas por la melodía vocal. Una especie de lucha entre lo reconfortante y el desasosiego.
‘Mirage’ es un interludio de guitarra con poco más de un minuto con acordes acústicos.
 ‘REVOLVE’ cierra sin perder la esencia del trabajo con ‘Here we pot’. Las delicadas melodías se tornan melancolía en unos acordes y un registro vocal que mantiene esa dualidad entre cierta tristeza, incluso nostalgia, y una desgarradora liberación de sentimientos. Construido sobre una armonía sencilla, la instrumentación austera y el tono de la voz hace que el tema siga reflejando una añoranza de tiempos pasados

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Reseña: ACID MESS.- ‘Sangre De Otros Mundos’

SANGRE DE OTROS MUNDOS’ supone el fin de cinco largos años de espera desde que la banda asturiana publicó su anterior álbum ‘II’ en 2.015. Ahora, bajo los auspicios del sello gaditano Spinda Records, ve la luz el trabajo más experimental, variado, y colorista de ACID MESS. Con la incorporación a los teclados de Juan Villamil de manera permanente a la banda, ACID MESS ha ganado en texturas y en espacio sonoro. Con éste nuevo álbum amplían el horizonte de público al que puede llegar una banda que hasta ahora nos había ofrecido grandes momentos psicodélicos. Pero aquí, sin renunciar a la psicodelia, las atmósferas progresivas herederas del rock español de los 70’s, cobran una nueva dimensión. No en vano las referencias a bandas como Triana están presentes, enriquecidas con las colaboraciones de Sergio Pevida (percusiones y palmas), así como Aurora Salazar y Débora Hernández a las voces y ‘quejios’, lo que le da un aire más flamenco al sonido de alguna de las canciones. También encontramos coqueteos con los ritmos latinos, así como incursiones ea los sonidos del Mediterráneo oriental que aportan un atractivo toque exótico. Pudiera parecer que la banda suaviza su sonido, pero sin duda, vemos aflorar de las profundidades de alguna sucia alcantarilla ese espíritu juvenil y alternativo del rock más underground de los 90’s. Todo un cóctel de sonidos en un álbum que nunca nos señala el camino y que nos sorprende con giros inesperados en cada uno de sus cortes. Temas oscuros que contrastan con otros llenos de color y ritmo que nos aportan fragancias seductoras así como olores agresivos a través de la rabia contenida que muestran algunos de sus temas. Nada parece dejado a la improvisación, pero por el contrario, la banda no pierde un ápice de frescura. Sus elaborados y precisos arreglos hacen que cada tema fluya libremente, sin ataduras ni prejuicios, algo que sin duda merece todos los halagos y reconocimiento por parte de un servidor. Sin renunciar los temas heavy-psych tan habituales a lo largo de su trayectoria como banda, el ahora cuarteto, explora vibraciones de distinta procedencia para ofrecer un trabajo brillante, elegante y lleno de una rabia seductora.  Psicodelia, jazz, rock andaluz, ritmos latinos, aromas de oriente, riffs alternativos más propios de los 90’s, y sobre todo una vocación progresiva, hacen de ‘SANGRE DE OTROS MUNDOS’ un álbum sobresaliente que a buen seguro marcará un antes y un después en la vida de la banda. Sus delicadas melodías se cuidan en cada uno de los detalles en busca de un equilibrio entre lo pesado y lo liviano, algo que consiguen con gran maestría. Desde las texturas más sedosas hasta las telas más rugosas, entrelazan con acierto un cuadro multicolor digno de la mejor pinacoteca. Por muchos cruces de caminos que tengan su ruta, nunca pierden la brújula para llegar al punto exacto que quieren llegar. A pesar de los múltiples y variados senderos que toman, el fin del camino de cada canción lo tienen claro, por lo que el viaje resulta de lo más atractivo y sugerente. Las palabras en esta ocasión sobran, lo verdaderamente importante está en los surcos de ‘SANGRE DE OTROS MUNDOS‘.

El álbum se grabó y mezcló en julio de 2019 en Ovni Estudio por Pablo Martínez, y que contó con la masterización de Quique Sanchís (GREEN DESERT WATER) en Green Desert Mastering. Existía la posibilidad de posponer el lanzamiento hasta que todo se normalizara en relación a la Covid-19, pero la formación asturiana decide rebelarse contra la situación actual y sorprende a todos con este nuevo lanzamiento discográfico que se encuentra disponible vía Spinda Records en descarga Digital, Cassette, Compact Disc (150 copies), Black LP (100 copies, hand-numbered), Clear Blue LP (150 copies, hand-numbered), Ultra Clear LP (250 copies, hand-numbered).

‘El reflejo de su piel’, nace en un espacio gris con olor a melancolía, calmados acordes que se repiten y una voz cálida y susurrante en una atmósfera psicodélica. Intrigante y misterioso mantiene nuestra expectación durante cerca de cuatro minutos. Ahí extraños efectos y los teclados en un segundo plano preceden a una explosión de acordes andaluces en un giro inesperado. Todo se eleva majestuoso por una senda más propia del progresivo andaluz de los setenta. Potente y poderoso los aromas arábigos se acompaña n de palmas entre desgarradoras voces alternativas. Todo un vendaval de furia que conjuga distintos elementos sonoros procedentes de diversos estilos musicales. La pregunta es.. ¿Rock progresivo, psicodelia, rock alternativo, stoner? Tras una pausa, los quejidos de una voz femenina nos sorprenden con coros y palmas. ¿Estamos en tablao flamenco? ¿Estos son ACID MESS? Podríamos preguntarnos…, pero si, lo son, y ofreciendo su versión más versátil e imaginativa. Tras ese momento de sorpresa la pesadez y la garra regresa al tema sin perder esa esencia andaluza nueva nunca vista hasta ahora. ¡Sencillamente sublime!
Tras el frenesí anterior, los asturianos se sumergen en un bosque lisérgico con ‘Fuego al templo’. El tema parte de vivaces ritmos inspirados en el tema de KING CRIMSON  21st Century Schizoid Man para soltar toda su rabia en un tema dedicado a alguien de su pasado. Con voces alternativa entre la espesura psicodélica el tema ondula sobre una base de sintetizadores y agresivos riffs pesados. Entre la rugosidad destacan las cuidadas melodías que hacen de contrapeso a la pesadez y agresividad. En la parte central se dejan llevar por atmósferas psico-progresivas sobre una composición rica en matices que nos aporta un aire de misterio bajo sus nebulosas narcotizantes. Tras esa exploración por oscuros espacios el tema sale de la espesura para proseguir su camino con la misma intensidad con la que nació.
‘Hechicera’ fue el primer tema que nos desvelaron. Un corte que fue compuesto hace tiempo y que la banda venía ofreciendo en sus directos en una versión instrumental que finalmente se convirtió en un tema cantado. Delicadas melodías psico-progresivas con una gran riqueza compositiva gracias a unas ciertas influencias jazz se elevan majestuosas entre guitarras ácidas y una armonía repetitiva. El corte evoca momentos de los 70’s con una voz entre sensual y melancólica. Seguramente esta canción refleja a los ACID MESS que hemos conocido hasta ahora, aquí se muestran plenamente reconocibles. Largos pasajes psicodélicos combinados con esa vocación progresiva que encontramos a lo largo de todo el álbum.  Dulces en lo vocal, sutiles en lo instrumental vuelven a jugar con los elementos para buscar un equilibrio lleno texturas sin renunciar a riffs más poderosos y solos virtuosos. Una atmósfera sombría arropa todo un tema que pese a su sosiego contiene unos ritmos versátiles y atractivos. ´Resulta todo un acierto los pasajes andalucí de su parte final, herederos de los grandes del rock andaluz de los 70’s. magia en estado puro en un sensacional hechizo sonoro. Sus nueve minutos reflejan toda la calidad que estos chicos atesoran. Sencillamente sensacional.
Combinando toda la fuerza con melodías de bossa, ritmos latinos y aromas exóticos, ‘Futuro sin color’ nos seduce en su comienzo con pausados acordes y un magnético bajo para elevarse golpeando con fuerza en un giro inesperado. Bellas armonías que estallan en nuestra cara ofreciendo la faceta más alternativa de los asturianos.  Ahí radica una de las grandezas de este álbum. Siempre nos ofrece alguna sorpresa inesperada, por lo que no debemos dejar nada sentado de antemano. La línea de bajo se ensancha engrosando el sonido de la banda. Con aditamentos psicodélicos, y ritmos contagiosos el corte gira y gira cambiando sus ritmos hasta llevarnos a las orillas del mediterráneo más oriental para ofrecernos pasajes de música turca y voces ensoñadoras en un salto a la psicodelia más exótica. A su vez los tambores toman formas latinas. Pudiera parecer algo inconexo, pero precisamente aquí radica su secreto. Esos cambios estilísticos, que en un principio pudieran parecer imposibles, hacen que el tema y por ende el disco adquieran un brillo especial. Tras los aderezos orientales, los riffs rabiosos regresan entre voces chillonas y reivindicativas en una vuelta al underground de los noventa.
‘Salvaje historia’ ondula contoneándose en un riff que se repite para sumergirse en el rock progresivo andaluz de los setenta. Inspirado en TRIANA y su tema ‘Luminosa mañana’ en un tono más bajo.  Una atractiva fusión de jazz que recuerda a los trabajos de bandas como Atavismo y el carácter alternativo de Viaje a 800, el tema cuenta con el aliciente de las voces de Aurora Salazar Débora Hernández en una vena flamenca de lo más seductora. Un hechizo sonoro que nos penetra en lo más profundo de nuestros sentidos con toda la carga de sensualidad. Escuchando esta parte, no podríamos imaginarnos que estamos escuchando a ACID MESS. El tema te engancha sin remisión.
Entre una espiral de sintetizadores que nos hipnotizan ‘Hijos del gran sol’ toma la ruta más alternativa. Toda una bofetada en la cara con un trabajo grandioso de Borja al bajo   y unas voces con actitud punk de lo más underground. Inspirados en la película ‘Miedo y asco en las Vegas’ el cuarteto escupe rabia enfrentándose al mundo. Un sonido más propio de los 90’s que va adquiriendo pesadez entre los sintetizadores y efectos de Juan así como los ritmos robóticos de tintes kraut de Antonio. Adornado el tema con coros empalagosos, el espíritu marginal se reivindica en todo su esplendor dejando a la luz su lado más provocativo. A pesar de estos moldes, el tema es construido con una rugosa instrumentación que adquiere tintes pseudo-espaciales gracias a esos sintetizadores futuristas que aportan tonos pseudo-electrónicos. Todo un cóctel anfetamínico para danzar sin control en una rave.
La sosegada atmósfera de la apertura de ‘Infierno gris’ en tonos latinos, nos lleva a un espacio progresivo que conjuga momentos de hechizante psicodelia. Magnéticas estrofas vocales con ‘falsetes’ nos susurra con un carácter psico-prog en el que la riqueza compositiva queda de manifiesto. Efluvios lisérgicos y la magnética base rítmica, nos va envolviendo en una nube caleidoscópica que nos proporciona agradables sensaciones. Los ritmos latinos se apoderan del tema arrastrando a la voz y coros arropados por un manto aterciopelado del que afloran riffs más gruesos. Un masaje que pasa por varias fase y que concluye con una explosión final sin perder su mestizaje de sonidos y estilos. El resultado es conmovedor una vez más poniendo el colofón perfecto a un álbum versátil, variado y lleno de texturas sonoras que hacen que estemos ante uno de los trabajados más destacados de 2.020.

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Reseña: DAILY THOMPSON.- “Oumuamua”

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En activo desde 2.012 el trío de  Dortmund publica su cuarto álbum “OUMUAMUA“, posiblemente el mejor de toda su discografía. Un trabajo en el que la banda explora algunos sonidos que no habían sido tan habituales en sus álbumes anteriores y en el que podemos encontrar desde los difusos riffs stoner llenos de fuzz hasta pasajes de psicodelia pesada en línea RotorColour Haze, pero en el que también encontramos una mayor presencia de sonidos llegados de los setenta. Si la influencia en el sonido de la banda del grunge de los noventa está presente con ecos  Sonic Youth, lo cierto es que en este trabajo si hay algo que predomina, es el blues. Un blues chamánico que por momentos coquetea con el sonido The Doors, y que no duda en explorar entornos de rock clásico con aroma sureño y vibraciones más propias de All Them Witches. Sus temas están perfectamente ensamblados y cuentan con la dualidad de voces DannyMephi, lo que hace que el álbum adquiera un color especial. Otro de los factores que despierta mi atención es la exploración psicodélica que aparece en alguno de los temas. Canciones de mayor duración en las que encuentran un espacio perfecto para desarrollos más elaborados y hechizantes lo que supone un plus en el haber de la banda. Sin duda “OUMUAMUA” suena diferente a sus entregas anteriores, pero esos cambios, solo enriquecen a la banda. Esa mayor presencia del blues y de la psicodelia más ensoñadora no hace que la banda pierda su carácter alternativo, lo que a la postre es un elemento más que hace que DAILY THOMPSON se muestre como una banda más compacta y más creativa.

DAILY THOMPSON son Danny Zaremba (voz y guitarras) Mephi Lalakakis (bajo y voces) y Matthias Glass (batería). OUMUAMUA está disponible vía Noisesolution.

“She’s so cold” con sus once minutos nos da una clara muestra de el tipo de álbum que nos presentan los alemanes. Un entorno en el que la psicodelia se colorea con la voz de Mephi con registros a caballo entre Patti Smith y Sonic Youth, algo que veremos repetidamente en alguno de los temas. Con una buena cadencia rítmica los ecos alternativos se incrustan con precisión sobre esos ensoñadores pasajes heavy-psych impregnados en hongos mágicos. En ese entorno psicotrópico el corte funciona a las mil maravillas gracias a su cadente y magnético ritmo. En su segunda mitad, la canción se precipita por un torrente de fuzz desértico con difusos riffs bajo la voz de Danny en esta ocasión. En su parte final, la banda se inclina por los sonido stoner sin perder ese carácter alternativo que les lleva a recordar los ecos de los 90’s sin desdeñar la psicodelia presente en todo el tema.

Con una cadencia blues, “Sad Frank” el single que nos adelantaron hace semanas, toma la herencia The Doors Jugando con las voces, Mephi y Danny hacen que el tema evolucione engrosando su sonido con riffs  que serpentean seductores entre pinceladas lisérgicas. Instalados en un entorno más propio de garito de blues humeante y olor a bourbon, de la intoxicante neblina emergen solos ácidos que se retuercen en cada nota. El tema cuenta con una nota de color vintage gracias a la incorporación del sonido del órgano, lo que supone una novedad en el sonido de la banda.

Por la encrucijada entre el proto-metal el blues y el retro rock, “Oh my mind” se muestra como un corte divertido y pegadizo que te atrapa sin remisión. Invitandonos al baile, el blues ácido y los riffs stoner sacan lo mejor una banda que no tiene reparos en jugar cada vez a más cosas. En la parte final aparece ese dueto de voces  que tan buenos resultados ofrece, en esta ocasión en un apoteosis final que tras coquetear sin reparos con el blues, se ve aderezado con esos ecos alternativos.  

Sin perder la esencia americana que rezuma del álbum, “Slow me down” nos traslada a las vastas praderas del medio oeste. Un espacio sureño en el que con los cactus como testigos, nos invitan a transitar por largas rectas atravesando el desierto. Stoner, boogie, garage al servicio de un tema que se inclina por el sonido de All Them Witches en una constante oscilación que no les hace perder particular sonido.

“Half Thompson” es un blues rock con sabor a 70’s. Salvaje y primitivo su aire macarra le dota de mucho gancho sobre esos sonidos clásicos. En una línea bastante ortodoxa, el corte contiene magnéticos pasajes ácidos que no hacen sino enriquecerlo. En sus notas se percibe un cierto aroma a Zeppelin.

Con sus doce minutos, “Cosmic cigar (Oumuamua)”, nace de borboteantes pasajes heavy-psych entre efectos que revolotean sobre nosotros creando un entorno chamánico en el que dejar volar nuestra mente. Todo un hechizo sonoro que nos lleva a la noche desértica entre las plegarias del chamán. Un conjuro de riffs difusos que se agigantan entre intoxicantes brebajes creando un escenario para el desarrollo de la psicodelia pesada que da lugar a distintas escenas relatadas bajo una mágica y lisérgica atmósfera. La voz casi recitando de Mephi con una peculiar ecualización añade un toque de misterio que por sí mismo, sabe cómo narrar la trama. Incorporando ese toque grunge en algunos momentos vocales consiguen una perfecta conjunción de elementos sin perder la vocación psicodélica. Seguramente estamos ante el tema más impactante del álbum, un corte que se va cociendo a fuego lento y que supone una innovación respecto a los temas que habían compuesto hasta el momento. Todo un espacio para flotar y dejarse llevar. 

En modo acústico, casi como un loner-folk, “River of a ghost” reposa en tonos folk con la voz áspera y cálida de Danny sobre hipnóticos acordes. Un híbrido entre esas vibraciones y las que nos ofrecían en los noventa las bandas de Seattle con sus conciertos unplugged. 

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Reseña: MOOCH.- “Hounds”

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Originarios de Montreal, MOOCH, en su debut de larga duración “HOUNDS”, deposita su sonido, tanto en las vibraciones emanadas del desierto californiano como de los efluvios del blues de los pantanos. De esas aguas parece emerger una nueva reencarnación del Rey Lagarto en la voz de Ben Cornel para ofrecernos magnéticos temas de heavy blues stonerizados que combinan vibraciones llegadas del siglo pasado con registros mucho mas contemporáneos en los que no falta algún momento grunge.  Un álbum que te atrapa con cada tema y en el que encontramos dos puntos de referencia irrefutables, Jim Morrison y Brant Bjork. Puede parecer una puesta arriesgada, pero los canadienses acaban conjugando perfectamente ambas influencias para construir un trabajo impactante. Arenosos vientos del desierto en una ceremonia en la que el blues más pesado pone la banda sonora entre humos narcóticos. Un ambiente chamánico en el que los temas fluyen entre ritmos llenos de “groovy” y fuzz intoxicante con la mirada puesta en la California más soleada. Con momentos en los que coquetean con el doom, entre temas de blues intenso y desgarrador, sus pegadizos temas se ejecutan con esmero no olvidándose de la importancia de las voces y coros, algo que demasiadas veces pasa desapercibido en muchas bandas. A lo largo del álbum podrás encontrar múltiples momentos en los que el sonido de Seatle baile en una danza ritual con el blues del delta bajo vibraciones mas propias de The Doors (innegable la comparativa con el registro vocal de Morrison), Hendrix, Zeppelin, Kyuss, o incluso Sabbath y Colour Haze te venga a la cabeza, lo cual no significa que estos chicos tengan su personalidad propia, y de ahí precisamente viene toda su grandeza. La mística de “HOUNDS” hace que estamos ante uno de los debut más destacados de lo que llevamos de año. 

El álbum fue conceptualizado como un disco en bruto, mostrando la verdadera sensación de la composición de la banda y la personalidad de los gritos en el escenario. Fue grabado en vivo como un dúo de guitarra / batería en el desierto de California. Sin pistas de clic, sin edición, sin instrumentos digitales. El bajo se agregó de nuevo en Montreal y el registro se devolvió a Seattle para ser mezclado. Finalmente el álbum fue enviado de vuelta a casa para Montreal para dominar. Brant Bjork desempeñó el papel de productor de la vieja escuela y  organizó con su Jalamanta Studio y su equipo: el productor Bubba Dupree e ingeniero Yosef Sanborn de MassiveFX Pedals. Además de ser el jefe de ambiente de toda la operación, Brant fue mentor y todo alrededor del tipo más genial para pasar el rato mientras haces un disco.

MOOCH son: Ben Cornel (Guitarra, Voz), Julian Iacovantuono (Bajo, coros)Alex Segreti (Batería y  coros), y como invitado a la guitarra Joe Segreti.

El álbum abre con “Mantra”, un título que no podría describir mejor el contenido del tema. Un corte en el que el espíritu del Rey Lagarto regresa a la tierra para introducirse en su cantante.  El tema bien marcado por ese registro vocal que nos recuerda al Jim Morrison más chamánico sobre armonías de blues psicodélico. Un tema lleno de magnetismo que se eleva por el sendero de sus riffs stonerizados. Los canadienses nos presentan un corte que bien podría definir el sonido que The Doors tendrían en el siglo XXI. Completamente hechizante.

Mas fornidos, pero sin perder el aroma a 70’s “She’s black hole” gravita entre ritmos pesados y magnéticas melodías heavy-blues. Con pasajes de fuzz humeante y tambores grandiosos los sonidos difusos del desierto avanzan cadentes, entre efluvios de peyote para descender a hechizantes momentos de una calma impostada que acaba explotando en una gran deflagración en su parte final. Un blues stonerizado de gran solidez compositiva.

Retomando el legado de The Doors, “Blue man’s fase” evoca la velocidad de las autopistas californianas en un paseo con el desierto en el horizonte. Sin perder ese “tempo” rítmico, los canadienses construyen un corte que se desarrolla entre nebulosas de fuzz bajo dinámicos ritmos pegadizos. Una efectiva combinación que se torna más heavy-psych en su parte final con hipnóticos acordes y ritmos serpenteantes. La soleada California parece reflejarse con gran acierto en el espíritu del tema.

“Lucid” se muestra como un corto tema de psicodelia aromatizada en línea Colour Haze que hace reposar nuestras pulsaciones en acolchados pasajes instrumentales de gran belleza.

Por la senda del heavy-blues, “Torn up” se sumerge en los pantanos con ecos stoner en el ambiente. Un gran trabajo de bajo arropa un tema en el que encontramos el resurgir del Rey Lagarto. Emergiendo de las aguas entre efluvios narcóticos y psicotrópicos.  

“Super big things” juega con pasajes stoner y dulces melodías en una combinación de lo mas efectiva que hace que el tema pase la fuerza y pesadez a la calma lisérgica antes de retomar la senda pesada y difusa entre nubes de fuzz.

“Giant lady fingers” nos devuelve a ese heavy-blues stonerizado en el que tan bien se desenvuelven MOOCH. Coros muy logrados y efectivos se debaten en un sonido grave y pesado entre atmósferas humeantes y la sombra de Morrison siempre presente.

Instalados en ese espacios heavy-blues en los que tan bien se mueven, “Feel Good” deja un gran protagonismo a la voz sobre un esquema de blues clásico, en el que el poderoso bajo de Julian Lacovantuono nos golpea con contundencia. Lento y plomizo, el corte serpentea con sus registros vocales entre la densidad arenosa.

Ensoñadores pasajes llenos de magia relatan el ocaso en el desierto bajo chamánicas voces que parecen invocar a los espíritus impregnados de peyote en “Residen sleeper”. Con momentos casi doom, el tema nos arrolla entre cantos rituales en los que el blues sigue presente. Una ceremonia que acaba por arrollarnos a cámara lenta.  

Con una cadencia mas propia de Brant Bjork, no en vano tuvo que ver en la producción, “Hounds”, el tema que da nombre al álbum combina las vibraciones del desierto con tonos más propios del blues de los setenta.  Húmedo pasajes que dan un giro con riffs mas propios de Hendrix entre coros redentores. Una evolución hacia estado de fuerza entre los arenosos vientos del desierto.

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Reseña: FLEETING ARMS”.- “Fleeting Arms”

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Ásperos riffs y una voz que se balancea entre el grunge y el heavy rock y que parece tomar prestados algunos registros del mismísimo Laine Staley. Una banda con doce años de vida y que tras este largo periodo de eleboración nos presenta su primer álbum. Una pirámide con tres vértices claramente definidos; la cúspide comandada por la suciedad de los ecos noventeros de Seattle, especialmente en la voz  de Coal Riepma, otro ápice por la psicodelia más ácida salida de la guitarra de Gerald Kisoun como fiel discípulo de Hendrix en algunos pasajes, y un sentimiento común por el blues que hace de sustento de todo. ¿Una apuesta arriesgada?. Seguro que no, ya que la combinación de estos tres pilares hace que su edificio sonoro no se resienta ofreciéndonos un álbum de alto nivel. Sin contener grieta alguna, y con el gran aliciente, de que los amantes de los tres estilos pueden encontrar aquí “su momento”. Arreglos de guitarra acústica que dan a alguno de los temas un aire de sosiego, en contraposición con otros momentos en los que los ecos stoner aparecen para modular su propósito.  Temas de blues chamánico e intoxicante que nos envuelven en un envoltorio lleno de psicotrópicos arropando mágicas melodías.

FLEETING ARMS lo componen Gerald Kisoun (guitarra, guitarra acústica, voces) CJ King (bajo y coros) T-triangle (batería) Coal Riepma (voz), habiendo realizado la mezcla y masterización del disco  Voodoo Architect-grabación.

“Day trippin” con una introducción entre el regaee  y el blues rezuma sentimiento por los cuatro costados. Ese espíritu blues que se pavonea entre el cadente y bluessy sonido del bajo. Con solos ácidos acaba desembocando en un precipicio mas propio de Sabbath con voces que se desangran en lamentos entre ásperos riffs con vocación de metal. Unos rasgueos que nos lastiman y que solo nos recontaba el ungüento de una voz narcótica y cannábica.

En reconfortantes atmósferas lisérgicas, “Rust” con susurrantes acordes y una voz aterciopelada que nos lanza un hechizo en el interior de un bosque acústico en el que cad anota nos hipnotiza atrapándonos en sus fauces para zarandearnos con fuerza. Con una oculta vocación morrisiana el tema toma un giro hacia momentos en los que la psicodelia y el grunge se funden en un sensual baile ritual. Cubriendo con efectos y distorsionase nos sacan de la catarsis, en un tema que nos coge en sus brazos sin que podamos huir.

Con una estructura similar, “Bridges burning”, con sus casi siete minutos nos invita a otro paseo por escenarios en los que el blues más chamánico es el amo y señor. Enriqueciendo el brebaje con hierbas procedente del Seattle de los noventa un colorido y vivaz ritmo de batería sirve de luz entre la umbría de las hojas que nos impiden ver el cielo. Oscuros parajes con olor a intoxicante bruma de pantano que culmina en un desgarrador final.

El tema mas fornido del álbum, “Dig my grave” se construye a través de riffs heavy-rock que van sucumbiendo a los dictados del heavy-blues. Esa combinación imposible entre tres estilos  que acoge praderas psicodélicas y pesados y escarpados ritmos stoner en una sucesión de subidas y bajadas de intensidad. Una efectiva fórmula que a los canadienses les sale bien ya que consiguen que temas con la misma estructura acaben teniendo su propia personalidad a pesar que tener  el mismo árbol genealógico.

“Into the sun” es otro capítulo en el que la psicodelia nos abruma narcotizándonos con sus suaves acordes y un ritmo ciertamente hipnótico. EL magnetismo de esa voz seductora y desgarrada, solo se eleva por los ásperos y pesados riffs, que en una mutación se transforman en crujidos stoner con un tono casi punk que se funde con el registro grunge. En esta ocasión prima la rabia y fuerza sobre las hechizantes melodías. Con una nueva espiral de guitarras psicotrócias todo se vuelve borroso y difuso. Incluso descendiendo el volumen si es necesario, tratan de crear el clima óptimo para sorprendernos con una nueva embestida de poderosos momentos de heavy-rock.  

El blues rural se fusiona con el grunge de los noventa en una versión psicodélica llena de sentimiento en “Demon whitin”. Ese camino tantas veces transitado entre los noventa y los setenta que aquí se acompaña de riffs metálicos y atmósferas de psicodelia pesada. Crudo e indomable el tema nos golpea sin remisión en cada riff.

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