Reseña: THE AGE OF TRUTH.- ‘Resolute’

Si hace cuatro años nos sorprendieron con su fascinante debut ‘THRESHOLD’, ahora, THE AGE OF TRUTH con su nuevo álbum ‘RESOLUTE’ van más allá para presentarnos un álbum impresionante. He de reconocer que en una primera escucha del álbum me quedé un poco frio, pero…… ¿En que estaría yo pensando? Tras retomarlo en nuevas escuchas solo puedo decir que este álbum es fantástico, un trabajo que podríamos decir que tiene de todo. Si bien encontramos ecos de Monster Magnet, ganchos en tonos Clutch o incluso guiños a Soundgarden, el trio de Filadelfia se mueve a la perfección en diversas aguas, y en todas nada con destreza. Un álbum que comienza con temas rudos y pesados y que va evolucionan a un escenario en el que el blues, el hard-rock y la psicodelia conviven en armonía en penetrantes canciones llenas de fuerza y atractivo. Con una primera parte del álbum en la que el heavy-rock de siempre y los riffs de metal golpean nuestro cerebro con contundencia, según avanza el álbum la banda saca todo su arsenal para navegar en aguas en las que el heavy blues humeante y crudo nos impregna de humeantes efluvios. Pero estos chicos no se quedan ahí, si seguimos explorando el álbum, encontramos temas cristalinos que recuperan el proto-doom de los 70’s para remodelarlo y crear fascinantes temas en los que la psicodelia pesada hace acto de presencia. Envolviéndonos con sus hechizantes y narcóticas atmósferas, THE AGE OF TRUTH sabe como despertarnos de ese placentero clímax. Elevando los decibelios el monolítico bajo y la inquebrantable base rítmica nos sacan del letargo a base de hard-rock primitivo con un pegadizo groovy retro. ¿Cómo pude equivocarme tanto en mi primera percepción del álbum?, tras cada nueva escucha continúo preguntándomelo, porque ‘RESOLUTE’ es un álbum descomunal, un álbum en el que cada tema nos ofrece algo, y todo sugestivo. THE AGE OF TRUTH bebe del sonido más primitivo de los 70’s pero tiene la capacidad para que esas vibraciones suenen renovadas sin perder un ápice de autenticidad y fuerza. El cuarteto de Filadelfia ha reconstruido todo su sonido sobre una base inquebrantable y ha producido un disco que es más grande y audaz que cualquier cosa que hayan intentado antes. La banda ha renovado su arsenal de tonos mortales, fuzz impulsado por diesel y blues psicodélico-pesado. Sin ninguna duda, un álbum para no dejar por alto.

‘Juntos hemos tratado constantemente de hacer evolucionar la composición de nuestras canciones, la instrumentación y el sonido que queríamos capturar’, explica el bajista William Miller‘Este álbum ha sido un verdadero viaje para nosotros y casi tres años en la fabricación. Nos hemos mantenido en los estándares más exigentes en cada paso del camino’.

RESOLUTE’ fue escrito por THE AGE OF TRUTH, producido por THE AGE OF TRUTH, Dave Klyman y Joseph Boldizar. Diseñado por Joseph Boldizar y Dave Klyman en Retro City Studios Filadelfia (Pensilvania); mezclado por Andrew Schneider en Acre Audio, Brooklyn (New York). ‘Seven Words’ mezclado por Joseph Boldizar en Retro City Studios, Filadelfia (Pensilvania). Masterizado por Ryan Smith en Sterling Sound, Nashville (Tennessee); con un arte de portada obra de Mikko Raima, Mänttä-Vilppula (Finlandia), fotografía y diseño obra de Shane K. Gardner Rock N Roll Socialite, Baltimore (Maryland) estando disponible a través de Contessa Music

THE AGE OF TRUTH son: Kevin McNamara (voces) Michael DiDonato (guitarras) Scott Frassetto (batería y percusión) y William Miller (bajo).

El álbum abre sin contemplaciones con los poderosos riffs de ‘Palace of rain’. Conjugando elementos heavy-rock con riffs stoner y unas fantásticas melodías en línea Elder, el tema se presenta rebosante de fuerza. Una contundencia que se ve amortiguada por el buen uso de las melodías vocales. Ondulante y golpeando una y otra vez, el corte hace una parada para reposar en ensoñadoras atmósferas psico-progresivas. Oscuro y nebuloso por momentos, la esencia del heavy-rock de los 80’s adquiere múltiples formas para completar siete minutos estelares en los que la banda brilla enormemente. Alejados de convencionalismos, pero sin renunciar a diversas propuestas estilísticas, la canción se completa con cadenciosos ritmos entre una espiral de efectos que enturbia la atmósfera. Pesado, progresivo y psicodelia, el tema es un crisol de vibraciones con un resultado fascinante.

‘Horsewhip’ mantiene el pistón con pesados riffs y estribillos de puro heavy-rock. Tomando elementos de la época gloriosa del género ensanchan su sonido haciéndolo más contundente y plomizo. Todo un martillo que golpea con insistencia con unos riffs sólidos y sin fisuras. Crudo, pero con la sensación de que todo está controlado, el tema evoluciona a un espacio de metal auspiciado por tambores atronadores. En esta ocasión los de Filadelfia van directos, sin distraerse.  

En ‘A promise of nothing’ encontramos una cabalgada de Stoner-metal y heavy-rock contundente. Provocando esguinces cervicales la canción es como una ametralladora de riffs que no cesan. La desgarradora voz pone el tono épico antes de ofrecernos pasajes de psicodelia pesada en los que la guitarra aflora mostrando todo su poder psicotrópico con relajados desarrollos que sirven de bálsamo a la embestida inicial del tema. 

Dando un giro respecto a los temas anteriores ‘Seven words’ se sustenta en acordes acústicos y melodías de blues humeante que nos susurran proporcionándonos un estado de relax necesario para reposar la descarga de los cortes anteriores. Guitarras y voz son suficientes para construir un tema delicado en el que los aromas sureños aparecen en un escenario con tonos melancólicos a modo casi de balada. La belleza en detrimento de la fuerza, lo que refleja que estamos ante una banda de gran calidad.

El blues lisérgico es el protagonista de ‘Eye one’. El cadente y pausado ritmo de apertura nos va introduciendo en un escenario en el que el blues y el hard-rock unen fuerzas para crear un tema grueso y psicotrópico. EL monolítico bajo y el parsimonioso ritmo de los tambores custodian unos riffs que se estiran creando una atmósfera envolvente. Pegadizo y rompe cuellos, el desgarrador corte evoca los momentos del proto-doom entre su armonía de blues pantanoso y viscoso. Todo un desgarrador relato guiado por una voz aguardentosa y llena de fuerza. Sus constantes giros hacen que el corte se encabrite por momentos en contraste de sus pasajes más chamánicos. Humeante y denso, la canción nos empapa con un sonido poderoso y penetrante a través de sus ásperos y rudos riffs. La perfecta banda sonora para un ritual chamánico en la profundidad de la espesura de un bosque impregnado de la humedad del pantano.

‘Salome’ mantiene los genes blues, sin perder el espíritu heavy-rock aderezado con riffs stoner de los de Filadelfia. Con melodías vocales entre Clutch y los clásicos del heavy-rock de décadas pasadas, entran en un mestizaje en el que los elementos desérticos y psicodélicos consiguen crean una atmósfera llena de magia y fuerza. Embistiendo en su apertura el tema evoluciona a un escenario más psicodélico entre riffs que golpean una y otra vez con aulladoras armonías vocales que parecen van a quebrar las cuerdas vocales de su cantante manteniendo un groovy blusero que rápidamente se contagia.  

Para el cierre, una canción de mas de nueve minutos. ‘Return to the ships’ pone el broche de oro a un álbum impactante, versátil y lleno de ganchos para el oyente. recreándose en su faceta más psicodélica, una suave apertura va adentrándonos en un espacio en el que los hongos mágicos emanan sus dosis de dietilamida para narcotizarnos. Suaves pasajes vocales afloran tenuemente en un caleidoscopio sonoro lleno de magia. Hechizante y anestesiarte cada nota es como un bálsamo reconfortante para nuestros oídos en el primer tercio de la canción. En la parte central, pegadizos riffs de talante retro golpean entre desgarradores pasajes vocales elevando la pesadez de la canción. Una embestida que rápidamente se deshace para regresar a paisajes de psicodelia pesada en un entorno oscuro. Retazos de heavy-rock no faltan a su cita para recordarnos de donde viene estos chicos. En este ir y venir el tema regresa a sus plácidos pasajes psicodélicos ofreciendo parte de los momentos mas bellos de un álbum soberbio.

The Age Of Truth



Reseña: MUDDY ROOTS.- ‘Lighthouse’

Desconocidos hasta ahora para mí, los húngaros MUDDY ROOTS despiertan toda mi atención con su nuevo EP ‘LIGHTHOUSE’. Solo cuatro temas directos y crudos, que nos arrollan como un tráiler sin frenos en medio de las rectas de una autopista del medio oeste. En un escenario desert-rock, derrochan en sus riffs de stoner crudo y primitivo entre ecos blues, boogie-rock y puro hard -rock arcaico. Unas canciones que serían la perfecta banda sonora de cualquier banda de moteros calmando su sed en un tugurio en el que el alcohol y la hierba campan a sus anchas. Estribillos vacilones, guiños a Motorhead y rock sin ataduras. Directos a la yugular, sus canciones no son de las que toman prisioneros, sino de esas que te dejan exhausto en una noche de juerga desenfrenada. Así funcionan MUDDY ROOTS, sin artificios ni poses, recuperando la esencia del rock más salvaje y adaptándolo a los nuevos tiempos, sin olvidarse del legado de los pioneros. Temas ásperos que te invitan a la fiesta con puro rock primitivo lleno de ritmo y energía completamente contagiosas. Los húngaros dejan patente que no es necesario haberse criado en los yermos desiertos americanos para saber recoger el espíritu del stoner y desert-rock más auténtico, ese que sabe beber de la inagotable fuente del rock de los 70’s.

MUDDY ROOTS son: Feri Molnár (guitarras), Killer Miller (batería y Csaba Mundi (bajo y voces).

‘Lighthouse’ abre el EP con hordas fuzz y tambores contenidos para internarse en un garito de carretera donde los tipos rudos campan a sus anchas. Con el blues en sus venas y olor a bourbon sus ásperos riffs y voces aguardentosas nos golpean con la fuerza del hard-rock de los 70’s entre solos de guitarras con un sonido crudo y difuso. Perfecta banda sonora para una banda de moteros circulando por largas rectas desérticas. El tema reposa en humeantes pasajes antes de retomar la fuerza del fuzz para golpear al oyente con fuerza entre estribillos pegadizos.

Con ecos de boogie-rock stonerizado ‘Train 13’ nos arrolla como una locomotora sin control. Impactantes y primitivos, el cuarteto crea un tema pesado y contundente que ejecuta a toda velocidad. Las guitarras difusas y un ritmo infernal es como una dosis de speed en sangre que altera nuestra calma insuflándonos energía desbordante.  Un tema que es puro ritmo salvaje uy en el que no faltan los solos asesinos. Impetuoso en su ejecución y cegador en su sonido.

Son bajar el pistón, ‘Blue’ continúa derrochando adrenalina entre toneladas de fuzz intoxicante y unas rudas voces que me recuerdan al mismísimo Lemmy. Balanceándose sobre los mástiles el corte conjuga las vibraciones Stoner más salvajes con un espíritu de hard-rock impactante y unas armonías heavy-rock, el corte nos engacha.

‘Flight mode’ se desarrolla entre un crujiente bajo, solos ácidos de fuzz intoxicante y una tormenta de tambores que eclosionan con toda su crudeza. Con la misma cadencia rítmica, sus voces saben jugar con los estribillos entre los contantes cambios de la armonía del tema. Golpeando una y otra vez, se toman una leve pausa para incidir en una apuesta pesada y divertida a la vez.

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Reseña: LUNAR SWAMP.-‘ Moonshine blues’

¡¡Los italianos LUNAR SWAMP lo han vuelto a hacer!!. Si hace un año y medio nos sorprendían con su magnífico álbum debut ‘UnderMudBlues’, ahora nos impregnan con los efluvios de su blues-doom pantanoso nuevamente. Con seis canciones empapadas en thc, sus densos y chamánicos blues nos narcotizan y golpean por igual. Poderosos riffs, ecos 70’s y psicodelia pesada logran magnetizar al oyente con un tempo lento pero plomizo gracias a sus ecos stoner-doom. Bajo las neblinas intoxicantes que emerguen de los pantanos más misteriosos, LUNAR SWAMP saben moverse a la perfección en esas atmósferas psicotrópicas. Con el sigilo de un caimán en su habitad natural, el trio de Catanzaro se sumerge en el legado del Rey Lagarto, apoderándose de su facultad chamánica para elevarnos a un trance lisérgico en el que el proto-doom y los turbios sonidos Stoner se apoderan de nuestros sentidos a ritmo de blues. Sintiendo cómodos en territorios ocultistas, sus fangosas canciones bien podrían ser la sintonía de un ritual tenebroso y mágico en las profundidades del bosque. La perfecta combinación de la voz, con su particular estilo entre Morrison y Glenn Danzig, y el trabajo de las guitarras (con la ausencia de bajo) en esos blues cocidos a fuego lento con leña de la mejor calidad, resulta fascinante. Sus cegadores pasajes, nos nublan como el humo de la hoguera en medio del boscaje junto a la neblina de los manglares. Ese entorno espiritual es el espacio ideal para tocar sus canciones. Unos temas densos y húmedos, en los que el fuzz aparece siempre en el momento justo, balanceándose entre guitarras asesinas. Precisamente otro de los puntos a destacar de este trabajo, la versatilidad para crear sonidos graves y espesos en contraposición con solos más afilados. Cualquier amante de los sonidos viscosos, bluseros y psicodélicos, sin duda se sentirá atraído por ‘MOONSHINE BLUES’, un álbum ideal para las noches de luna llena junto al fuego y en el que los ecos de proto-doom y el blues pantanoso de los 70’s, tienen su particular homenaje.

‘MOONSHINE BLUES’ fue grabado, y mezclado en Country House en Catanzaro Stone Mountain y cuenta con un arte de portada obra de  Steven Yoyada, estando disponible vía The Swamp Records (EE.UU.), Vinilo vía Clostridium Records (Alemania) y cassette vía Burning Coffin Recs (Chile)

LUNAR SWAMP son:

Mark Wolf: voces y armónica

Machen: guitarras y Cigar Box

S.M. Ghoul: batería

‘Muddy Waters’ abre el álbum por la senda del blues. Con un nombre así no podía de ser de otra manera. Una breve introducción por la senda del blues clásico nos introduce en los fornidos riffs difusos que conjugan tanto elementos blues como momentos doom en los que la psicodelia aparece para mostrar una atmósfera borrosa. Con cadentes ritmos y una ambientación tenebrosa, el tema avanza con una parsimoniosa cadencia entre ecos 70’s. Con leves ecos doorsianos el tema se desarrolla en un entorno nebuloso con chamánicos pasajes.

Siguiendo una línea similar al tema anterior ‘Moonburt smoke’ nos intoxica con sus riffs blues-doom. Espeso y viscoso, el corte nos impregna de thc entre sus gruesos riffs y sus solos intoxicantes. Pesado, lento y completamente narcótico, el tema nos sumerge en un entorno oscuro y tenebroso en el que los ecos del pasado quedan reflejados.

Con una apertura misteriosa y psicodélica, ‘Redneck squatch’, índice en la fórmula del blues. Los parsimoniosos riffs stoner de vocación doom se entrelazan con las melodías de blues chamánico. Una constante que se repite en gran parte de los temas contenidos en el álbum. Sin perder de vista los entornos pantanosos, los efluvios lisérgicos se elevan entre sus cadenciosos y parsimoniosos riffs.   La neblina narcótica envuelve el tema entre sus emanaciones psicotrópicas ampliando el espectro del doom y del blues.

Sin salirse de la línea presente en todo el álbum ‘Old ben the gator’ conjuga el legado del Rey Lagarto en una versión psycho-doom completamente psicodélica. Solos ácidos, voces crudas, pero de gran magnetismo y una armonía que se repite una y otra vez van construyendo otro corte denso y pesado en el que el blues es el punto de partida. Coloreando con el sonido de la armónica la propuesta se vuelve más ortodoxo por momentos sin perder su vocación pesada. Cambiando el aspecto, el tema se deja llevar por momentos mucho más psicodélico que se elevan majestuosos entre sus crujientes e impactantes riffs.

‘Cross swamp blues’ nace entre las emanaciones lisérgicas de su pantanosa atmósfera para impregnarnos de thc nuevamente. Una constante de un álbum que tiene claro su objetivo. Un corte desgarrador lleno de fuerza que gravita en humeantes atmósferas para narcotizar al oyente con su oscuro y denso sonido. Sin perder el carácter doorsiano en la voz, el tema trata de emergen de entre la niebla para golpear con toda su fuerza,

Con un tono más ceremonial ‘Sweet sue’, el tema original de WITCH,  presta un mayor protagonismo a las melodías vocales sin salirse del guión. Viscoso y oscuro, el corte muestra a la banda en un estado de melancolía en el que se toman alguna licencia estilísticaEl resultado es un versión densa y narcótica en el que la psicodelia toma un mayor protagonismo en detrimento de la pesadez de los cortes precedentes. Teniendo en cuenta que estamos ante la canción más larga del álbum, la oportunidad para desarrollar su sonido se presenta evidente, logrado una particular versión incluso más impactante que el tema original. Con un parón en su parte central la banda hace un hiato para resurgir como Ave Fenix por la senda del blues del delta. Sin complejos, la armónica sirve para ofrecernos momentos de blues clásico prescindiendo de la pesadez stoner-doom a modo de guiño a los pioneros.

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Reseña: ELECTRIC VALLEY.- ‘Tapes From The Galactic Tavern’

Dicen que el tercer álbum de una banda es el verdadero termómetro de su capacidad musical. Aquí, con su tercera entrega los madrileños ELECTRIC VALLEY nos ofrecen un sonido más compacto y trabajado sin renunciar a sus raíces arenosas lo que confirma la evolución del trío. Estamos ante un álbum de rock desértico que sabe explorar los designios de la psicodelia como no nos habían mostrado antes. Prescindiendo de alguna manera de la crudeza de sus primeros dos álbumes, pero sin renunciar a sus habituales y ásperos riffs stoner, la banda nos invita a un viaje a través de las arenas del desierto con un marcado carácter cósmico. Incorporando elementos psico-progresivos crean fascinantes atmósferas en busca de nuevas formas de expresión de su sonido. Los ecos grunge en las voces, se conjugan con una pesadez llena de crudeza, contrastando con una apuesta que, en esta ocasión, incide más en paisajes de psicodelia pesada. Seguramente estamos ante el álbum más elaborado de la banda, lo que no hace que esta pierda su frescura y su crudeza, pero sí que nos brinde nuevos alicientes a su narrativa.  ELECTRIC VALLEY es una banda stoner, y eso queda patente nuevamente en sus canciones. ‘TAPES FROM THE GALACTIC TAVERN’ nos habla de lo efímero de la existencia, de la lucha estéril y desesperada por permanecer en ella, y eso queda reflejado en unas canciones con mucha carga de profundidad. El álbum es un homenaje al dibujante Josep Maria Beá y su cómic ‘Historias de la Taberna Galactica, historias de otros planetas, de viajes espaciales, de lo desconocido. Es un retrato de la inmensidad del cosmos, solitario, insondable, algo que queda patente en el álbum. Sabiendo jugar con la improvisación, el trio crea canciones honestas, sin artificios, pero en la que se percibe un trabajo compositivo más maduro y sobrio. Este es su álbum más psicodélico hasta el momento, algo que puede ser un nuevo punto de partida en una banda que a pesar de ello sigue fiel a sus genes desert-rock.

ELECTRIC VALLEY son Mario Garcia (guitarra), Miky Simón (bajo y voz) y Charlie Sánchez (batería) y en el álbum han contado con la colaboración en el saxo y sintetizadores de Alex Cid.

TAPES FROM THE GALACTIC TAVERN’ está disponible vía Nooirax Producciones, Discos Macarras, Quebranta Records y Violence in The Veins.

El álbum abre con los gruesos riffs de ‘Odyssey’. Un tema poderoso que inmediatamente decae en un espacio chamánico en el que las voces grunge gravitan en pasajes psicodélicos con aroma desértico. Un ritmo cadente hace ondular el tema entre los designios del desierto y suaves y envolventes pasajes psicodélicos. A pesar de un aparente caos en su desarrollo, el tema se cohesiona mostrándonos los distintos tonos de la banda.

En ‘Dark star’ el trio madrileño hace aflorar su faceta más psicodélica, algo que en este nuevo álbum toma un mayor protagonismo en su sonido. Magnéticos y suaves, los acordes de la guitarra nos invitan a un espacio de relajación en el que expandir nuestra mente bajo las envolventes atmósferas psicotrópicas. Con una ambientación cósmica el tema nos susurra bajo una armonía pausada y hechizante ofreciéndonos grandes momentos heavy-psych más propios de bandas como Colour Haze.  Casi ocho minutos en los que los ecos del desierto adquieren una dimensión monumental y épica. Si bien el tema se desarrolla en un escenario apacible, en él no faltan laos ásperos riffs habituales en su propuesta.

Instalados en ese entorno reflexivo, ‘Uranus’ way’ vuelve a ofrecernos bellas melodías con susurrantes acordes. El tema explota en momentos de mayor intensidad con ecos grunge en una combinación que funciona entre coros sosegados. Elevando su sonido la banda nos hace viajar por insondables espacios arenosos manteniendo el groovy pegadizo presente en todo el álbum.

Three Phasing (Interlude)’ abre con un bajo crujiente e hipnótico en una introducción que precede a reflexivos y apacibles pasajes psicotrópicos. Tonos cósmicos entre insondables pasajes de psicodelia atractiva sirven para crear una especie de interludio que evoluciona a un entorno puramente heavy-psych en el que la banda prescinde de las voces.

Ecos de hard-rock y vibraciones Stoner de manual nos invitan a una plácida exploración de las dunas en ‘Four phasing’. Sus tonos blues y esa quebrada voz sirven de gancho para un tema con sabor añejo que conjuga los cánones de desert-rock la psicodelia y el hard-rock de los 70’s. Siempre contenidos las melodías oscilan gráciles con un cadente ritmo en este paseo por desérticos entornos.

Seducidos por los sonidos de los 90’s, ‘Roswell’ ofrece un sonido áspero que coquetea con el metal y el grunge sin resultar explosivo. Manteniendo un nivel de intensidad alto el tema nos envuelve en una espiral de riffs Stoner de alto nivel que golpean una y otra vez entre los desagarrados pasajes vocales. Con una estructura ondulante, la canción oscila balanceándose entre esas vibraciones que tan bien saben interpretar estos chicos. Aquí la banda se siente cómoda.

Cerrando el álbum, ‘Montaña’ con sus quince minutos, rompe la estructura de los temas anteriores con una entrada de blues psicodélico en una canción que ofrece momentos calmados y en la que encontramos elementos progresivos. Sin tardar demasiado la introducción lis´sergica se va viendo seducida por las vibraciones del desierto. Elevando la intensidad el tema se muestra como una montaña rusa de emociones, pero sin duda, los momentos heavy-psych brillan con luz propia. Belleza introspectiva para mirar el ocaso entre cactus y bochornosos ambientes. Con buenos solos de guitarra el tema contiene su pesadez dejando paso a fascinantes desarrollos de psicodelia pesada de la que emanan narcóticos efluvios psicotrópicos. ELECTRIC VALLEY se deja llevar como si de una jam se tratara con virtuosos solos entre ritmos llenos de magnetismo que hacen que entremos en trance. Ua vez aturdidos con el sonido, el trio golpea con impactantes riffs antes de llevarnos en volandas por un nuevo paseo psicodélico. Aquí desatan toda su fuerza en un tema cocido a fuego lento para sacar toda su esencia. En la parte final utilizan el silencio para ofrecernos un epílogo cósmico a su relato con efectos y distorsiones que se pierden en la inmensidad del espacio sideral, punto final de su travesía.

Violence In The Veins

Nooirax Producciones

Discos Macarras

Quebranta Records

Reseña: STÖNER.- ‘Stoners rule’

STÖNER  es el supergrupo formado por los padrinos del rock del desierto y viejos amigos  Brant Bjork  (miembro fundador de Kyuss, también ex Fu Manchu),  Nick Oliveri  (Mondo Generator, ex Kyuss, Queens of the Stone Age) y  Ryan Güt (baterista de Brant Björk). Puede parecer un poco pretencioso llamar a una banda STÖNER, pero si hay alguien que puede permitirse eso, son dos de los pioneros del género como Bjork y Oliveri. A partir de ahí las expectativas por este nuevo grupo pueden ser muy altas, pero en realidad lo que nos ofrece ‘STONER’S RULE’ son siete temas sencillos pero conmovedores en los que estas leyendas nos ofrecen una banda sonora para un paseo por los polvorientos caminos del desierto de Mojave. Marcado profundamente por los últimos trabajos en solitario de Bjork, el álbum es una continuidad de estos con el aliciente del crudo, difuso y áspero bajo de Nick Oliveri. Cualquiera que quiera ir mas allá probablemente se sentirá decepcionado. Sin duda, estos veteranos de la escena desértica están ya de vuelta de muchas cosas, y aquí parecen haberse reunido con el único propósito de divertirse. Si hay algo que caracteriza este álbum es el ritmo; ese groovy que Brant Bjork sabe imprimir a sus canciones aquí se convierte en el hilo conductor del álbum. Sobre una base que se repite una y otra vez el crujiente bajo de Nick pone el músculo a unas canciones suaves, chamánicas, pegadizas, pero sencillas. Con ecos de blues, de swamp-rock, de funky, ciertas dosis de sutil psicodelia, pero un corazón de puro desert-rock. Toda una celebración espiritual de esas generator-fest que les hicieron famosos décadas atrás y que ahora ve unidas a dos de las leyendas del género. Un álbum polvoriento y humeante a la vez que contiene canciones coloristas, frescas y sin muchas pretensiones. Su difuso sonido consigue equilibrarse con los pegadizos estribillos y unas armonías que sin demasiadas pretensiones consiguen funcionar. Probablemente ‘STONER’S RULE’ se convierta en foco de polémica entre los que se sientan decepcionados y entre los fieles que celebren está reunión de dos mitos. Por mi parte solo decir que el álbum tiene gancho, pero sus canciones seguramente no perdurarán y los fieles seguidores retomar aquellos álbumes que crearon con el legendario nombre de KYUSS.

STÖNER son Brant Bjork (Guitarra y voz), Nick Oliveri (Bajo y voz) y Ryan Güt (Batería); y ‘STONER’S RULE’ está disponible vía Heavy Psych Sounds.

‘Rad stays’ abre el álbum con el crujiente sonido del bajo de Nick, algo que será una constante a lo largo de todo el trabajo. El groovy desértico y el particular y personal registro vocal de Brant marcan un álbum que suena de Bjork. Ecos swamp rock se conjugan con el habitual sonido del desierto. El tórrido tema refleja la temperatura de la escena stoner a la perfección. Con el gancho suficiente, el tema avanza repitiendo su armonía con leves oscilaciones de rock clásico engrosadas por el grueso sonido de las cuatro cuerdas. Leves coros acompañan la voz de Brant en un tema sencillo pero resultón. Buenas descargas de fuzz intoxicante aportan las dosis lisérgicas a un tema luminoso que define a la perfección el sonido de este nuevo proyecto.

Con las aristas más ásperas ‘The older’ golpea con contundencia. Bajo una estructura aparentemente sencilla el tema nos insufla la energía de la banda entre cadentes ritmos. Ecos de los 70’s afloran entre los monumentales e hipnóticos riffs. El turbio y arenoso sonido queda patente en un corte con un fantástico groovy. Estribillos pegadizos completan la oferta tras la cortina de fuzz desértico. Sutiles pasajes de guitarra tratan de hacerse un hueco entre la densa base rítmica sirviendo de contrapeso a un tema turbio y pesado que funciona bien.

Con el blues en el horizonte, ‘Own yer bl..’ se empapa de sonidos añejos con aroma a pantano. Medios tiempos y la voz como protagonista van creando un corte vintage con gran magnetismo. El groovy vuelve a atraparnos contagiándonos esa cadencia rítmica suave pero firme. Sus chamánicos pasajes crean una atmósfera psicodélica con una humeante y narcótica sensación que nos atrapa irremediablemente.  En la parte final el bajo de Nick vuelve a tomar parte del protagonismo entre desgarradoras combinaciones vocales que se replican.

En tonos más rockeros ‘Nothin’’ ruge como perfecta banda sonora a un viaje por desolados y caluros espacios en los que la arena y los cactus son los protagonistas. El impactante bajo sirve de contrapunto a un tema alegre y colorista con un carácter cegador. Desert-rock en estado puro en una canción que tiene claro su propósito y que va al grano, sin rodeos.

‘Evel never’ es una invitación a la fiesta con un sonido más alternativo y punk. Manteniendo el tono vintage, los ecos del pasado se fusionan con vibraciones stoner más contemporáneas. Uno de esos temas que nos invita al desenfreno en el que la banda muestra su lado más alternativo en algo menos de tres minutos.

‘Stand down’ se desarrolla entre tonos psicodélicos y ritmos contagiosos con sabor a 70’s. El tema toma elementos primitivos para contagiarnos ese ritmo penetrante ten presente en todo el álbum. Con Nick imprimiendo la fuerza, en esta ocasión la guitarra toma el protagonismo con wah wah, y ese groovy pegadizo que rápidamente nos engancha. Fuertes tambores y riffs turbios nos instalan nuevamente en paisajes desérticos en los que el trio se maneja a las mil maravillas. Los tonos Funky y un estribillo contagioso hacen el resto para que el tema se meta en nuestras venas imprimiéndonos su contagioso compás.

Como si fuera un ejercicio de magia negra negra ‘Tribe/fly girl’ recupera ese sonido chamánico de Bjork. Un impactante e hipnótico bajo nos golpea entre fuertes dosis lisérgicas en un tema caliente que se desarrolla en dos partes durante trece minutos. Aquí se dejan llevar por sus instintos. La turbia cortina de riffs borrosos de Nick, los devaneos de la guitarra de Brant y el implacable ritmo describen el desert-rock como pocos. Sin duda es una especie de vuelta a los orígenes. Cautivadores, STÖNER juegan con la repetición de acordes para aturdirnos con su fuzz narcótico y vibrante. Tras la primera parte en la que los sonidos Stoner copan el protagonismo, la segunda parte del tema es como una especie de jam psicotrópica en la que el trio muestra su faceta más psicodélica con narcóticos pasajes llenos de magnetismo. Aquí el blues y los ecos pantanosos habituales en los últimos trabajos de Brant se muestran para llevarnos a un ‘viaje’ a través de los efluvios del peyote. Rock desértico en estado puro que hará las delicias de los amantes de estos pioneros. Todo un ritual extasiante que nos atrapa proporcionándonos un estado de bienestar entre fuertes elevaciones de intensidad que recuperan el inicio del tema.   

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