Reseña: SATORINAUT.- «Slow Psychedelic Speedrock»

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SATORINAT es el proyecto paralelo del guitarra de la banda húngara LEMURIAN FOLK SONGS Ambrus Bence y del bajista, Kránitz Róbert, a los que se une Megyeri Krisztián a la batería, para desarrollar toda su creatividad psicodélica sin ataduras en un formato de jam band. Así nace, SATORINAUT, con la  intención de asociar los mantras del universo con su música cósmica. Siempre que escribo sobre un álbum de improvisaciones me surge la gran duda: ¿Cómo se puede reflejar un trabajo así en una reseña? Todavía no he encontrado la respuesta, pero aún así, aquí estoy intentándolo. A diferencia de los otros proyectos como los citados LEMURIAN FOLK SONGSLIQUIDACID con su sonido psicodélico o la pesada KORGOTH con su sludge-metal, en SATORINAUT no hay un concepto de canción. Las largas improvisaciones surgen de manera espontánea, de una forma completamente etérea.  Grabado en un local de ensayo junto a un bosque, el aroma de la frondosidad se refleja en unos temas impregnados de la psilocibina que rezuma de los hongos de la vecina espesura. Pasajes intensos que se convierten en verdaderas espirales psicotropicas, unas veces soportadas por una de blues o de jazz, en otras ocasiones mucho más pesadas. El trío libera endorfinas en cada tema, con un uso de pedales que hace que el sonido adopte mil formas para hechizarnos con suavidad o para hipnotizarnos con contundencia. Una forma de transmitir el silencio psicodélico, pero muy fuerte, a través de grandes amplificadores, pedales y tambores. Si quieres viajar, aquí tienes un billete hasta espacios infinitos….

Los tonos entre el jazz y el blues abren el álbum en «Grand hotel sonic swing». Buenos pasajes de guitarra en la primera jam. El blues fluyendo bajo un cadente ritmo de tambores para elevar su intensidad hacia espacios psicodélicos. Un corte orgánico con florales solos que demuestran la maestría de  Ambrus Bence con las seis cuerdas y los pedales. Pasando por distintos estados de ánimo el tema se va moldeando a lo largo de sus catorce minutos. Sin perder esos genes bluseros,  el trío se embarca en una espiral lisérgica que acaba por atraparnos. 

«Valley Path to the Source» mucho más psicotrópico si cabe que el tema anterior, parece recuperar el espíritu de Hendrix bajo un trepidante ritmo. Dejándose llevar por sus instintos, el corte parece caer en un caos controlado, o no. Sólo eso lo pueden saber los propios músicos, pero lo que si es cierto es que claramente aquí se están dejando llevar por instintos para crear un corte intenso y diabólico. una locura ácida que parece calmarse en su primera mitad, pero acaba sucumbiendo al poder de los psicotrópicos. 

«OHM» parece ser un tema algo más premeditado. Son primeros acordes, aparecen más extraños. De la repetición hipnótica de riffs y de efectos inicia una exploración pseudo-espacial a ritmo lento. Repitiendo su armonía, tras un aparente respiro, crean una misteriosa atmósfera que parece anunciar una inminente deflagración. En esta ocasión la bacanal psicodélica se viste de adornos siderales para crear una sensación de vértigo y caída al vacío.  Un espejismo que acaba por situarnos gravitando a la deriva en insondables atmósferas entre pasajes heavy-psych de manual. Quince minutos que ofrecen distintas visiones de un mismo proyecto con la guitarra siempre como protagonista, pero en el que la base rítmica es sencillamente arrolladora. 

Regodeándose en los mismos acordes, «Hyperyaya» abre con oscuros y susurrantes pasajes con la batería a lento ritmo de jazz, mientras el bajo con golpea con una cdencia hipnótica. Un aturdidor corte que se sumerge en una espiral psicotrópica de la que tanto gustan estos tres chicos húngaros.  Tras largos momentos de calma psicotrópica, acaban imprimiendo máxima velocidad a unos repetitivos pasajes que acaban enmarañándose intoxicantes sonidos. 

Con una introducción con una batería contenida, «Sliding Parallel Spaces» deja espacio al lucimiento de Kránitz Róbert con su bajo.  aparece un nuevo elemento no visto hasta ahora con el sonido slide de la guitarra evocando vastas praderas con el sol en el horizonte. Recreándose en esos entornos, acaba enredándose en turbios pasajes para retomar la impostada calma en una nueva catarsis psicotrópica. un corte que resulta menos emocionante por su constante repetición. 

«Dharma expres», el tema más corto del álbum con sus cinco minutos, se muestra más pesado y vibrante. Fuerza rítmica entre hirientes solos entre los vertiginosos ritmos. El tema, sin perder su vocación de jam, parece mostrarse como el corte mas estructurado del álbum. 

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Reseña: DAVI RODRÍGUEZ DE LIMA.- «Fantasma»

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Tras haber emigrado a Alemania desde su Brasil natal, DAVI ROGRIGUEZ DE LIMA ex-batería de la banda  indie ECOS FLACOS y de la banda de punk experimental ORANGE DISASTER, el tiempo pasado y las personas dejadas en su tierra, le hace entrar en un estado entre la neurosis y la paciencia, lo que le lleva a componer este álbum de nombre «FANTASMA». Seres solitarios, perdidos entre mundos y burbujas, expatriados de la vida, la familia y los amigos. Ese egotrip se refleja en temas neuróticos en los que la psicodelia se muestra en su forma más turbia. Con crudos momentos proto-punk con guitarras sucias, temas con una base blues nebulosos y otros que transitan por espacios siderales creando tortuosas odiseas espaciales en vena HAWKWIND. El músico no reniega a nada, y es capaz de incorporar el sonido del saxo para crear pasajes avant-garde de tonos jazz.

Siempre bajo un prisma neurótico y aturdidor, que refleja todos sus miedos y sus tormentos. Una angustia fielmente captada en un álbum experimental que no será de fácil escucha para el gran público, pero que a los fans de la música noise y la  psicodelia experimental  puede darle grandes momentos, ya que sus surcos están llenos de matices y de vida. Todos los instrumentos y voces, así como la masterización y portada del álbum  han sido obra de Davi Rodriguez de Lima, siendo acompañado a las trompetas por Pedro Henrique Souza Rosa. 

El álbum se encuentra disponible vía Sulatron Records, un sello dado a dar cobijo a apuestas experimentales, y que con este álbum da un paso más allá ampliando su horizonte.

El músico nos da algunas pistas sobre su trabajo:

«Trabajar solo tiene sus altibajos. Autocrítica, soledad y presión junto con libertad, independencia y autoconciencia. El tiempo se convierte en una mezcla entre la neurosis y la paciencia»

Los fantasmas son normalmente seres solitarios, perdidos entre mundos y burbujas, expatriados de la vida, la familia y los amigos. «Esto es exactamente lo que he pasado en los últimos 8 años, un inmigrante brasileño construyendo una nueva vida en Alemania, aunque con fuertes lazos con Brasil», dice, logrando mantenerse en contacto con su mundo brasileño a través de las redes sociales. «En realidad sólo fortalece esta sensación de estar entre mundos. Mi presencia es intangible, realmente no estoy allí. Esas herramientas terminan reforzando esta sensación de estar vivo y muerto al mismo tiempo, este fantasma en el que me he convertido».

El álbum nació como parte de la tesis de maestría de Davi en diseño de sonido, y por lo tanto es muy experimental en el concepto de producción ist. Los tambores, por ejemplo, no son realmente tambores: en realidad son un kit de batería autoproducido basado en muestras que utiliza ruidos y grabaciones de técnicas foley. «Grabé una amplia gama de sonidos, desde obras hasta latas de leche; cuando nada funcionó, golpeando una ventana hizo el truco», dice. En lugar de un bajo, utilizó un sintetizador Moog e incluso construyó un amplificador de guitarra de tubo él mismo, con el fin de lograr diferentes timbres. «Todo parte de tomar riesgos. Concluye una cuestión de prueba y error, de experimentar, fracasar, intentarlo de nuevo y de fallar mejor», concluye.

“Fantasma” brota de un manto de efectos y extraños sonidos que marcan el punto de partida una exploración lisérgica  en la que crudos riffs evolucionan entre un cálido registro vocal por una senda neo-psicodélica. Hipnóticos ritmos combinan esos elementos psych herederos de los sesenta con momentos noise bajo una atmósfera pseudo-espacial. El resultado es una extraña orgía sónica que recubre una apacible melodía que avanza con el caos a su alrededor.

Partiendo de algunos riffs pesado y ritmos kraut “Tamed” ofrece una curiosa combinación en la que los registros vocales proto-punk se ejecutan sobre una estructura de un tema de blues. Una arriesgada, pero brillante combinación que conjuga varios ecos llegados de los setenta sobre una desgarradora voz. Tema fornido, y rugoso.

Cambiando el registro y siendo seducido por un sonido kosmiche en vena Hawkwind “Off track” se desarrolla bajo sucias guitarras con una voz chillona y desgarrada con una clara actitud punk. Un vendaval aparentemente poco cohesionado que refleja el objetivo que el músico brasileño trata de transmitir.

Sumergido en atmósferas netamente psicodélicas, la neurosis aparece en “Eternal children”. Aturdidores con una chamánica voz conjugan vibraciones cercanas a los dictados “noise” ejecutadas a bajas revoluciones. Sus narcótico momentos van evolucionando, elevándose a entornos espaciales arropados por una multitud de efectos y distorsiones que acaban generando un shock neuronal.

“Grey times” nos sorprende con una extraña introducción con sonidos de sirenas tras las cuales llega una pausa. Tras el silencio se inicia una odisea espacial en las que sus crudos riffs me recuerda a Hawkwind. Siempre un punto de referencia para muchas apuestas de esta índole. Combinando esas turbias vibraciones con un carácter proto-punk nos ofrece un torbellino sónico que culmina con momentos en los que el jazz hace acto de presencia en su faceta Avant-garde. Una original forma de culminar un tema lleno de fuerza y en el que su sucio y chirriante sonido acaba resultando un estimulante.

La calma llega con “Neblina rosa”. Un tema construido sobre una base blues y en el que tímidos nebulosos acordes lo-fi acompañan el aguardentoso y chamánico registro vocal de DAvi. El tema se eleva entre la espesa humareda para tomar forma de blues pantanoso con un cadente ritmo y solos chirriantes llenos de acidez. Los coros envolventes ponen la nota de color en una fiesta etílica que me recuerda por momentos al mismísimo Tom Waits.  El resultado es un blues mugriento y narcótico.

Recuperando los crudos riffs, “Banalized” nos arrolla como un torbellino difuso usando un ambiente lleno de psicotrópicos sobre una base hard-blues adornados con esa voz proto-punk tan del gusto del músico brasileño. Como la gran de los cortes contenidos en el álbum, se convierte en un espacio para la experimentación en el que tienen cabida los momentos free-jazz con el sonido de las neuróticas trompetas antes de una muerte a mano de una poderosa e hipnótica línea de bajo en una aturdidora bacanal psicotrópica.   

El álbum cierra con “Filho”, un tema compuesto únicamente con la guitarra y la voz y que genera una curiosa simbiosis en la que el grave registro vocal son arrulla en contraposición con los repetidos acordes de una cruda y sucia guitarra. Siempre sorprendiéndonos, nunca puedes adivinar el camino que escogerá el tema en su avance. En esta ocasión, una guitarra con afilados solo se une a la fiesta retorciéndose en su parte final.

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Reseña: FAMILIARS.- «All In Good Time»

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He de reconocer, que a pesar de haber ido editando varios singles desde 2.014, el trío canadiense FAMILIARS era una banda desconocida para mí hasta el descubrimiento de este álbum debut. «ALL IN A GOOD TIME» exprime una fórmula atractiva en cada uno de sus temas. Los densos y turbios sonidos del desierto con cálidas y susurrantes voces shoegaze en temas que habitan en oscuras atmósferas psicodélicas. Con dos características fundamentales,  el sonido grave, pesado y perturbador, y unas voces completamente hechizantes y susurrantes. Una combinación de la que la banda obtiene un resultando sobresaliente. Bajo unos registros densos, espesos y sobre todo atmosféricos, sus ritmos golpean con fuerza en un equilibrio que se conjuga con esa voz más propia de la bandas shoegaze y que genera un nuevo estilo definido por la propia banda como: «stonergaze». Seguramente ya son demasiadas las etiquetas, pero ciertamente es un término que define a la perfección su apuesta sonora. Con mucha influencia de All them Witches, el trío explota los arenosos vientos del desierto, para golpear con contundentes riffs pesados. Un bajo que cruje y que rezuma fuzz en cada nota, crea un clima denso, espeso y narcótizo. Toda una tormenta creada por sonidos graves y pesados ​​en la que  fuertes tambores giran y se desvanecen con bellas melodías en espacios psicodélicos. 

Jared MacIntyre (bajo y voz), Kevin Vansteenkiste (guitarra, banjo, teclado wurlitzer y voz) y Anton Babych (batería) consiguen crear uno de los debuts más asombrosos del año. 

“Homestead” aflora con lentos acordes y una ambientación atmosférica. Un génesis  que brota lentamente repitiendo sus acordes bajo cadente y sosegados ritmos en la lejanía. Poco a poco el tema se va armando entre riffs que nos golpean. Una susurrante y cálida voz nos arrulla, acariciándonos entre riffs que se tornan mucho mas pesados. Una cruenta y desgarrada voz parece gruñirnos. La banda crea un contraste de fuerza y dulzura con lesa dualidad vocal. Una dualidad que arrastra los pesados riffs entre nebulosas intoxicantes.  La psicodelia pesada se combina con rudos momentos Stoner. Los acordes del wurlitzer en un segundo plano mantiene el manto envolvente con firmeza creando un clima turbio y difuso.

Con crujientes y gruesos riffs Stoner, “Rocky roots», nos asalta sin contemplaciones. Chirriantes platillos acompañan un corte que difiera de lo visto en el tema anterior. Todo un espejismo que se resuelve en unos instantes. Con un descenso brutal de la instrumentación la bruma pantanosa envuelve esa chamánica a cálida voz mientras la guitarra se presente en todo su esplendor por escenarios más propios del shoegaze.  Las cuidadas melodías se desarrollan entre difusos ritmos, una constante que vamos a encontrar en todos los temas. Ellos se definen como loud rock, y lo cierto es que esa definición se ajusta a su sonido a la perfección.

Entre fuzz turbio, las melodías vocales se intensifican, mientras el tema deambula entre espacios Stoner y psicodelia pesada. Magnético y repetitivo, pasa por distintas fases.

Una apertura impactante nos introduce en “The common loon”. Eso sonido grave y turbio se ilumina gracias a bellos desarrollos de guitarra entre crujientes ritmos. Denso y pesado el corte avanza por una senda casi doom con estribillos apagados en un segundo plano. Riffs golpeándonos con fuerza en tonos más heavy con una combinación de voz de lo más estimulante. Una batalla en la que la cruda voz se enzarzan en una batalla que finalmente se resuelve por la senda heavy-psych con buenos solos sobre esos ritmos más pesados.

Enigmático, brumoso y oscuro, “Barn burning” lentamente intenta salir de su oscura caverna en esa misteriosa atmósfera. EL bajo cruje creando un clima hipnótico que trata de socavar nuestras neuronas. Impactante y espesa, es acompañado de usa chamánica voz que surge de la niebla. En un clima narcótico y adormecedor, los susurros   vocales parecen murmurarnos al oído a modo de somnífero. Con sus riffs pegadizos el corte adopta elementos desérticos en una combinación más propia de All Them Witches. Siempre con el fornido bajo acechándonos en contraposición con la cálida y húmeda voz.

En registros más propios del Stoner-doom y el heavy-rock, “The incident” cruje poderoso con sus efectivos y turbios ritmos, oscilando el ecualizador hacia los graves. Voces más propias del shoegaze alternativo y trabajadas melodías moldean el tema dotándolo de bellos y contagiosos estribillos que tratan de aflorar entre la espesura sonoro. Siempre el bajo llevando el timón de un tema que fluye con agilidad y sin renunciar a la pesadez intrínseca de la banda parece susurrarnos con delicadeza.  

“Dirty dog salon” entre ecos All them Witches y melodías grunge Avanza como una apisonadora. Poderosos ritmos cegadores y acarameladas melodías se combinan en ondulantes pasajes. La propia definición que la banda hace de su sonido como “Stonergaze” adquiere aquí una nueva dimensión. Una cegadora y espesa bruma de la que surgen cantos de sirena entre andanadas de fuzz humeante.

Con una melódica introducción, “Avro arrow” se desarrolla en acolchados prados con el wurlitzer en segundo plano. Atmósferas lisérgicas de gran belleza que parecen contener la fuerza de la banda. Todo un espejismo que se desvela tras susurrantes y acaramelados pasajes con poderosos e arenosos riffs que crean una tormenta sonora en la que la voz trata de hacerse su hueco. Una atmósfera grave acompañada por el órgano y en la que la guitarra se retuerce a golpe de tambor y bajo. Un tema que va claramente de menos a mas intensidad.

Con acordes acústicos con aroma a medio oeste nace “Bonanza” Fuzz aturdidor y ritmos graves a caballo entre The Black Angels y cualquier banda desert-rock. Oscuros y atmosféricos se contonean con suavidad, susurrante, cálidos y lisérgicos.  Una lograda combinación de elementos de psicodelia y de pesados sonidos desérticos. -siempre bajo un espeso sonido crean una cortina de la que las dulces melodías vocales acaban surgiendo.   Aquí radica el éxito de los canadienses.

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Reseña: LORD BUFFALO.- «Tohu Wa Bohu»

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Embutidos en los sonidos del medio oeste los texanos LORD BUFFALO presentan un trabajo íntimo, cálido, oscuro. Marcados por la magnética y chamánica voz de Daniel Jesse Pruitt,  el dramatismo envuelve unos temas en los que los oscuros tonos folk nos trasladan a algún lugar imaginario en el medio oeste americano. «TOHU WA BOHU» es toda una catarsis sonora en la que podemos encontrar influencias de ALL THEM WITCHES, CHELSEA WOLF, SWANS, WOVENHAND, NICK CAVE, TOM WAITS o MARK LANEGAN. Psicodelia expansiva en línea DEAD MEADOW, shoegaze, y dark folk conjugado con vibraciones de música»americana». Un trabajo cautivador que vive en la melancolía y en el que el desasosiego esta presente.  Sinfonismo impulsado por ese violín mágico y aterrador a su vez, entre tambores rituales y lánguidas pero cuidadas melodías. Un trabajo que habita sombrías y lúgubres atmósferas con momentos de caos controlado, pero que resulta emotivo y estimulante. Ofreciéndonos una experiencia inmersiva, sus desgarradores  e inquietantes momentos contrastan con susurrantes y densos pasajes llenos de belleza. Turbio y nebuloso, describe de una forma cautivadora la añoranza del medio oeste con una brillantez digna de elogio. No se si será un álbum que que llame la atención de mucha gente, pero sin duda, aquel que se se atreva a experimentar en sus surcos, se verá atrapado por ellos. La habilidad para que cada tema tenga vida propia, es otra de las características a destacar en un álbum en el todo encaja y fluye, de una forma dramántica e inquietante, pero a su vez mágica.

TOHU WA BOHU»  está disponible vía Blues Funeral Recordings, habiendo sido grabado en Lockhart, TX con el productor Danny Reisch (Chelsea Wolfe, Okkervil River) y masterizado por Dave Shirk (Mastodon, Sun Ra). 

«Razie» se muestra atmosférico y sinfónico describiendo grises estancias en línea Chelsea Wolf. Evolucionando pausado entre efectos la mesiánica y cálida voz de Daniel Jesse Pruitt surge de la neblina. Tonos teatrales que combinan la calma con el desasosiego. Entre distintas capas sonoras el corte goza de una pesadez en sus entrañas a pesar del aspecto liviano con el que se muestra. Atormentado y con momento casi nosie con ondulaciones en los que se engrandece elevándose majestuoso para decantarse por senderos ya transitados por bandas como All Them Witches. Siempre bajo una penumbra sugerente e inquietante a la vez.  El uso de los violines le dota de un cierto tono de romanticismo sobre sus pesados pasajes. 

Entre tonos tétricos los teclados son golpeados de forma hipnótica en «Wild hunt». Reminiscencias de Traffic en los momentos iniciales, que acaban transformándose en un tema a caballo entre los estándares de música «americana» y espacios más propios de los citados All Them Witches. Habitando en la oscuridad intrínseca de todo el álbum, LORD BUFFALO se dejan seducir por chamánicos espacios de psicodelia expansiva entre espectrales espíritus que siempre mantienen ese punto de tensión. Los atormentados violines aportan ese tono atormentado tan característico. El tema toma mil formas dentro de su verdadera vocación melancólica. 

«Halle Berry» aporta momentos en los que la banda se deja llevar por el ritmo. La voz heredera del Nick Cave más tétrico deja espacio a un mayor protagonismo de la guitarra. Mientras, el inquietante ritmo se va inclinando hacia el blues tímidamente, sin abandonar las sombras el corte parece ofrecernos una faceta algo diferente a los temas precedentes. 

La calidad vocal de «Dog head»,  aparece entre melancólicas estampas del medio oeste. Húmeda y romántica, con el toque del piano y el violín en segundo plano, habitan entre pausas  abruptas y embestidas de una melancolía atormentada. La banda consigue crean ese clima de calidez entre la densa atmósfera. 

Con ritmos casi ceremoniales, «Tohu Wa Bohu»  los tambores sirven de yugo a la guitarra antes de su liberación junto a los violines. Usando las melodías con habilidad consiguen crear el tema mas pegadizo de todo el álbum. Sin salir del todo de los ambientes oscuros el marcado y profundo ritmo deja espacio a un estribillo contagioso entre la nebulosa sonora. Siempre en tonos grises y acompañados de efectos recurrentes el corte parece transmitir mas esperanza que los tristes y pesimistas temas anteriores. 

«Kenosis» con su delicada ambientación nos arrulla entre suaves pasajes. Unos teclados mas acogedores y el impertérrito ritmo de la batería, la murmurante voz se vislumbra entre narcóticos vapores con finas pieza armónicas. Con una sencilla instrumentación consiguen transmitir sentimientos de romanticismo gracias al gran trabajo sinfónico. el la parte final el corte se vuelve mas anarquico, rompiendo sus cadenas.  

Embutidos en un sonido más propio de los noventa «Heart of the snake», con su hipnótico bajo y su oscura melodía nos ofrece un paseo por lúgubres paisajes, incorporando alguna buena guitarra entre la sencillez instrumental. 

El álbum cierra con un extraño corte como es «LLano etacado nº 2». Turbio y envuelto en efectos, su ritmo hipnótico nos narcotiza con embriagadores pasajes llenos de fuerza con su disonancias instrumentales prescindiendo de la chamánica voz. 

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Reseña. MOURA.- «Moura»

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Los gallegos MOURA, con su debut, nos invitan a sentarnos junto a la hoguera en la que los druidas invocan a los ancestros  en un auténtico aquelarre sonoro en el que la música tradicional de origen celta es recuperada en cuatro largos temas psico-progresivos de una evidente pesadez y complejidad compositiva. Mil texturas y formas conforman unos surcos que son un auténtico diamante en bruto para estos orfebres galaicos. Tallando cada tema con ornamentos tradicionales llenos de historia, magia y misterio, para recubrirlos con un sonido contemporáneo lleno de fuerza y complejidad. Estamos posiblemente ante el mejor disco español del año, un trabajo que si bien puede que a los no acostumbrados a estos laberintos pueda invocar un cierto recelo, una vez que pruebes el brebaje, quedarás embrujado y nunca querrás salir del hechizo. La evocadora portada con los monolitos pre-romanos y las runas sobre el tambor, nos invita a  un caleidoscopico viaje en el que los místicos cantos espirituales llevan como compañeros de travesía fornidos ritmos que soportan complejas estructuras compositivas. Nunca sabes a ciencia cierta por donde va virar el camino, pero precisamente ahí, radica todo su encanto. Una experiencia única que fluye de las fuentes de la tierra inmortal de sus ancestros, de las alas de los mouchos y las almas de los muertos que vagan en los montes de esa tierra verde en los confines de Europa, donde el mapa termina y comienza el mar tras el último acantilado del continente. Espacios en los que la niebla nos envuelve entre efectos llenos de magia y encanto en un auténtico trance. Aquí encontrarás muchos sonidos que te recordarán a los grandes del heavy-progresivo de los setenta, muchos ecos folk, pero sobre todo un gran tesoro en el que regocijarte. 

Pocas bandas son capaces de experimentar de esta forma y obtener un resultado tan impactante. Sin saber muy bien de donde sale cada acorde, MOURA nos lleva en volandas a su espacio de confort. Allí donde ellos se sienten cómodos creando mil sonidos y texturas en un ejercicio compositivo de belleza sin igual. 

La banda está compuesta por veteranos de la escena gallega  integrantes de bandas como Lüger, Jet Lag, Ictus, Guerrera, Saharah, Elephant Band, Fogbound o HolywaterDiego Veiga (voces, guitarra), Hugo Santeiro (guitarra), Pedro Alberte (bajo), Fernando Vilaboy (hammond) y Luis Casanova (batería).

El álbum está disponible a partir del 1 de abril vía Spinda Records, un sello que continúa implacable, a pesar de las adversidades, en su apuesta por el rock patrio de calidad. 

Tambores y coros rituales abren el álbum con el tema «Eira». Por la senda espiritual nos trasladan al mundo de los druidas. una ceremonia llena de misticismo que se rompe con una explosión de pesados riffs y unos teclados llenos de fuerza. Cantos celtas llenos de magnetismo custodiados por un ondulante bajo mientras los acordes de guitarra brotan en ese entorno mágico que tan bien saben construir los gallegos. Una perfecta combinación entre lo tradicional y lo contemporáneo sobre tonos progresivos con una instrumentación llena de fuerza. La banda demuestra toda su calidad con ese atrayente contraste en el que cada instrumento aporta su hombro para la construcción de un corte superlativo. Con una riqueza compositiva excelente el tema nos envuelve en una bruma hechizante y misterios. Un fiel reflejo de su tierra permitiendo que los efectos revoloteen como espíritus libres. El corte concluye en una especie de free-jazz entre su vocación psico-progresiva sustentado en parámetros folk y una gran pesadez. ¡¡Todo un trance místico!!.

Con una apertura contundente, «Da interzoua a annexia», con sus casi nueve minutos nos golpea entre efluvios psych y tonos heavy-progresivos de una indudable vocación tradicional. Los poderosos teclados, la guitarra contoneándose y un pulsante bajo se complementan con una impactante base rítmica. Adornado con exóticas voces tradicionales el tema se presenta denso y pesado, pero deja el espacio para que el colorista canto. Con singulares aromas que me recuerdan a los clásicos nacionales del progresivo de los setenta, el tema se contonea constantemente entre sus ondulantes ritmos.  Aportando multitud de efectos el fornido corte se aromatiza con bellos pasajes de guitarra. Por la senda progresiva el corte nos envuelve en intoxicantes fragancias y tonos pseudo-arábigos que conjugan la tradición entre oriente y occidente. Sin renunciar al folclore tradicional las bellas melodías adornan este nuevo aquelarre. 

Mucho más calmado y con acordes acústicos, «O curioso caso de mademoiselle X» utiliza instrumentos tradicionales para cimentar desde el sosiego y a través de bellas melodías un tema que paulatinamente se intensifica para dirigirse a espacios psico-progresivos. Teclados vintage y guitarras hirientes embutidas en psicotrópicos nos desvelan el lado más ácido de MOURA. Ésto no es una renuncia a sus genes celtas, para nada, pero la capacidad de estos chicos para mimetizarse en distintos estilos para ser infinita.   Con la incertidumbre de a donde nos llevará este viaje, tras pasajes completamente psicodélicos, nos encontramos agrestes espacios heavy-progresivos que tras aturdirnos con una exuberante instrumentación regresan a la mística galaica con seductoras melodías y la magnética voz que asoma entre coros celestiales. Narcóticos pasajes que nublan los sentidos para transportarnos a insondables espacios llenos de espiritualidad en un ir y venir. La guitarra retorciéndose entre ritmos llenos de fuerza en ese espacio psico-progresivo tan monumental, majestuoso e imponente.   El hechizo sonor nos introduce en inquietantes y misteriosos espacios con el bajo generando toda la tensión. Aquí la banda ensaya con teclados y vientos mientras los efectos siguen revoloteando ante nosotros. Pocas bandas son capaces de experimentar de esta forma y obtener un resultado tan impactante. Sin saber muy bien de donde sale cada acorde, MOURA nos lleva en volandas a su espacio de confort. Allí donde ellos se sienten cómodos creando mil sonidos y texturas en un ejercicio compositivo de belleza sin igual. 

«Ronda das mafarricas» nos devuelve a la tradición celta. Cantos rituales que evocan hogueras en la noche. Una explosión por la senda del rock progresivo con raíces. Guitarras sangrantes entre un ritmo poderoso que avanza con decisión a momentos más lisérgicos sin perder su tono tradicional.   De nuevo las estructuras psico-progresivas son el espacio perfecto para que la banda nos deslumbre entre ritmos ancestrales. Un ritual pagano que redime las almas elevándose en complejos pasajes heavy-progresivos. 

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