Reseña.- ANUSEYE.- «3:33.333»

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Tercer álbum de ANUSEYE, una banda nacida en Bari y que nos presenta un álbum de psicodelia y stoner creado desde un punto de vista personal. Ritmos prietos y pesados que conjugan momentos de atractiva psicodelia, ejecutada de una manera alternativa. Con momentos que van desde ritmos poderosos, pasando por momentos kraut para coquetear con escenarios indie. Todo siempre envuelto en magnetizantes pasajes lisérgicos. Desde la orilla más underground de un genero cuyo dominios son vastos, el cuarteto va construyendo su propio edificio sonoro.  usando título lleno de simbolismo, «3:33.333» trata de reflejar los conflictos entre el bien y el mal. Ocho temas que con un denominador común pero que tienen sus propias particularidades. Distintos enfoques sonoros que toman prestadas variadas influencias para converger en el personal sonido psicodélico del cuarteto. De lo que no adolecen nunca es de la intensidad aportada por sus hipnóticos y aturdidores riffs en contraposición con un buen uso de las melodías.

«Sycamore red», sobre ritmos y riff stoner van incorporando armonías heavy-psych. Las cálidasvoce (toda una constante en el disco) aportan un matiz distinto a un tema fornido en el que la pesadez se torna de lo mas alternativa. Asimismo, los ecos neo-psicodélicos tienen un gran importancia en el tema.

En una vena mucho más kraut, un potente bajo a modo de introducción, deja paso en «Meet the mudman» a aturdidores momentos hipnóticos. Misterioso y oscuro, el tema tiene un toque chamánico. Nebulosas que custodian un aquelarre místico y alienante con bellas melodías entre los impactantes ritmos fuzz.

Mas cerca de postulados stoner, «The blend» cabalga al galope sobre humeantes y difusos pasajes en los que la neo-psicodelia aparece en los registros vocales. Con una cadencia alternativa de lo mas underground, los de Bari repiten el riff sobre el que construyen el tema, adornándolo con algún ornamento lisérgico.

En una cambio de registro respecto de los tres primeros temas, «3:33.333» se desarrolla por insondables espacios de misteriosa psicodelia al uso. Logrando con suma facilidad crear la atmósfera pretendida, el magnetismo de sus acordes unido a la pausa logra un inquietante ambiente sobre el que hacen transitar el corte. Psicodelia del siglo XXI en su orilla más tenue. Al ralentí logran uno de los temas más oscuros y penetrantes del álbum.

«The syrup» supone la conjunción entre los sonidos más alternativos, el stoner, y la psicodelia más indie. Usando como herramienta sonidos kraut, consiguen pulir las aristas del tema.

Si de armonías se trata la cosa, «Armored» nace de la parte más dulce y suave de ANUSEYE. Con una voz que por momentos toma momentos de Lou Reed, el tema trata de atraparnos en sus surcos con gran magnetismo.

Sobre ritmos más coloridos, las guitarras fuzz de «Dominant eye» se acompañan de un sonido de órgano de tintes retro. Un tema pegadizo y bailable de tonos vintage que los devuelve a caleidoscopios llegados de década atrás.

El álbum cierra con el tema más largo, «Vaacum time unit». En él, una locución inicial de  Alan Watts, gurú de la apología del ácido lisérgico en la década de los sesenta. Suaves melodías que se recuestan en pasajes folk van describiendo bucólicas estampas. Aquí desaparecen los ritmos pesados para construir un corte psicodélico con mucha influencia sesentera.

Un interesante trabajo para conocer una parte de la escena alternativa italiana que cada vez nos ofrece más apuesta de este tipo, llenas de originalidad y personalidad.

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Reseña.- ELECTRIC MOON.- «Hugodelia (live)

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Casi diez años han pasado desde la formación de ELECTRIC MOON. Desde entonces han estado recorriendo festivales para llenar el ambiente con su apuesta psico-espacial ácida. Distintos proyectos paralelos, pero la esencia de aquella primera formación sigue viva con Sula Bassana (guitarras, efectos y sintetizadores), Komet Lulu (bajo, y voces ocasionales) y Pablo Carneval (batería) como dejan de manifiesto en «HUGADELIA». Un álbum en vivo grabado en Graf (Austria). Hablar de ELECTRIC MOON es hablar de una de las leyendas de la psicodelia espacial contemporánea llegada de otros mundos. Ellos desarrollan sus largos temas como si de una jam se tratara. Toda una bacanal lisérgica con momentos kraut que contó con la colaboración de Erich Coldino, el organizador del show, durante la última media hora, acompañando al trío de Hessen en los dos últimos temas con su guitarra.

Cierto es que estamos ante psicodelia profunda, con largos temas experimentales en los que los músicos se dejan llevar, pero precisamente ahí es donde reside tu fuerza. Los oídos no acostumbrados a este tipo de resonancias podrá resultarles un álbum difícil, pero a buen seguro, para todos los que amamos la psicodelia, aquí encontraremos energías y vibraciones para obtener un «buen viaje». Estamos ante una hora y media donde los psicotrópicos golpearan nuestras neuronas de una manera hipnótica y magnética.

El álbum se abre con el tema que le da nombre, «Hugodelia». Hipnótico momentos pseudo-espaciales nos van introduciendo en un tema que se va elevando pausadamente. si algo no tienen los alemanes a la hora de ejecutar su música es prisa. Con una precisión matemática sus armonías can describiendo la inmensidad del universo. Una travesía que suponen una metáfora de un paseo sideral en el que los efectos son compañeros de viaje. En la entraña de sus ritmos podemos intuir aportes kraut de tintes kosmiche. Psicodelia de otras galaxias que se desarrolla en una tortuosa odisea sobre momentos esquizoides y sanadores lapsus de calma reconfortante. Una oscilación que  va transformándose generando momentos de inquietud con sus acelerones y parones. siempre envueltos en psicotrópicos efectos.

Tras esos veinte minutos «Transmiter» nos instala directamente en el espacio exterior. Un nuevo trayecto psicodélico desde el sosiego con magnéticos acordes drone y efectos de genética exótica. Bellos acordes que regresan a tierra firme para presentarnos un verdadero jardín del edén. Atractivos pasajes que poco a poco van retomando los ritmos kraut trasladándonos nuevamente a una nueva odisea espacal con oscilaciones salidas de la guitarra. Los incesantes efectos hacen que el tema vaya adquiriendo mayor intensidad.

Después de estos primeros cuarenta minutos, no hemos percibido en la grabación la posibilidad del directo, con ese ambiente que a veces se recogen el las grabaciones de esta índole. Una ovación en el final del tema nos sitúa en contexto.

Sin tiempo para la pausa, nuevamente encontramos una estructura similar en «Cellar grime». Partiendo desde el hipnotismo ELECTRIC MOON utiliza una forma parecida de sumergirnos en su nueva jam. Con una guitarra que se desangra rodeada de efecto, rasgeos y distorsiones acaba siendo el preludio de un enigmático e inquietante relato de ciencia ficción. 

Está claro que ELECTRIC MOON son una banda de directo, sus improvisaciones diseñadas hacen que su música adquiera proporciones descomunales. Con un título similar al anterior «Cellar slime», ya con la guitarra de apoyo de Erich Coldino los alemanes descienden a espacios más calmados. Suaves acordes nos acarician entre protectores efectos envolventes. todo con calma y sosiego y sin perder su aura narcótica. susurrantes y apacibles la paz nos envuelve con la atmósfera que consigue un tema que cuida las melodías. Con la sensación de escuchar a unos músicos que están disfrutando de lo que hacen, crean los momentos más bellos del álbum.

Instalados en otra dimensión, «Ween», grabado en Viena y añadido al registro del concierto, mantiene la baja intensidad. Utilizando elementos sinfónicos van construyendo espacios dominados por drones. Los momentos más atmosféricos  se van desarrollando con lentitud. Me imagino las caras de éxtasis de los presentes al acontecimiento. Transmitiendo estados de ánimo, lentamente. tomando protagonismo la base rítmica, consiguen elevar el tema. Una oscilación constante se produce en la parte final, donde la banda hace una incursión en territorios Hawkwind antes de efectuar una alunizaje de precisión en la conclusión del tema, apagándose poco a poco. 

«HUGODELIA» supone toda una conexión cósmica entre músico y oyente, logrando transmitir, algo que es digno de elogio. La comunión entre un músico que disfruta con el público logra generar esa complicidad que transmite energía positiva en ambas direcciones. En breve podré comprobar esa conexión en carnes propias, esperando que la sensación se multiplique a la la tenida con la su escucha. Un trabajo para dejarte llevar por las emociones que te transmite.

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Reseña.- KING SOLOMON.- «King Solomon»

a1333077167_10Llegados desde Rumania, KING SOLOMON publican su debut. Seis temas que suponen un viaje a través de los sonidos más psicotrópicos que hemos escuchados desde ese país del este de Europa. Unos surcos corrosivos que están llenos de fuzz humeante en un brillante ejercicio de psicodelia pesada. Un trío con un sólido sonido en el que el protagonismo lo tienen las guitarras de  Mihnea Ferezan. Temas que son ejecutados en forma de jam y que zigzaguean entre resonancias desérticas y momentos setenteros, aunque su sonido es absolutamente contemporáneo. Por momentos cercanos a My Sleeping Karma, a veces hendrixianos, pero siempre manteniendo el equilibrio entre lo «viajero» y lo pesado. Exuberantes temas que constituyen un reconstituyente para los que gozamos con las reverberaciones heavy-psych. Todo un descubrimiento que te aportará cuarenta minutos intenso y llenos de locura ácida gracias al uso de pedales y distorsiones sin llegar a la estridencia. Belleza y fuerza en una combinación efectiva que a buen seguro te recordará a otros clásicos del género.

«Tal of fire» es un derroche de fuzz en un ejercicio heavy-psych de altos vuelos que se soporta en sólidos ritmos stoner. Como si no tuvieran claro hacia que lado decantarse, pero la realidad es que, en el fondo, no quieren renunciar a ninguno de esos estilos.

Bajo constantes solos de guitarra y una pulsante linea de bajo con un ritmo pesado, nos ofrecen un nuevo ejercicio de heavy-psych en «Echobrain». Con una estela desértica el uso de los pedales es ejecutado con maestría con un resultado atractivo que se acerca a los clásicos del género moderno. Un paseo por apacibles entornos  en el que la guitarra no cesa.

Los nueve minutos de «Never ending mile» nos ofrecen un relajante tránsito por ensoñadoras atmósferas a lo largo de armonías que se repiten. Wah-wah colorido entre las tinieblas que parecen crean los acordes del bajo. Cercanos a ecos My Sleeping Karma o Color Haze, la composición no tiene nada que envidiar a los grandes de la escena. Un laberinto de solos bien ensamblados que se aderezan con pasajes exóticos para describir insondables espacios que se acercan a lo espacial. Bello, sólido e hiriente, el tema tiene unos sólidos cimientos sobre los que van construyendo un muro de riffs que se contonean a su antojo.  

Sobre una alfombra stoner, nuevamente hacen una incursión en tenebrosos espacios de psicodelia pesada en «She Was Human After All». Aquí el bajo parece atascarse; un enganche del que salen arrastrados por bellas y exóticas guitarras. No cabe duda de que a pesar de su juventud, estos chicos tiene claro la ruta a seguir. Sí, usan elementos y algún tópico que ya hemos visto, pero cuando escuchas esos solos virtuosos, solo queda quitarte el sombrero. Si algo marca este tema, es la habilidad para conseguir que el bajo domine el tema sin perder su esencia psicodélica. El tema más pesado del álbum.

Mas situados en vibraciones setenteras que incluso se acercan algo a Zeppelin, «Troublemaker» contiene ritmos retro y blues. Por momentos acercándose al jazz en su segunda parte regresan a paseos psicodélicos de gran calado. Enigmáticos pasajes sosegados que van evolucionando hasta una explosión en vibrantes y dinámicos ritmos heavy-psych de altos vuelos en un final apoteósico.

El reinado de KING SOLOMON no sé si será duradero, o si conseguirán mantener su corona mucho tiempo, pero su trabajo bien merece una buena escucha.

«Devil’s cut i king» cierra el álbum bajo los mimos parámetros de psicodelia pesada con incisivos y repetitivos riffs con un firme bajo que engruesa la finura y estilismo de sus guitarras. navegando entre  los gruesos sonidos stoner y la psicodelia pesada, esta vez con el uso de efectos envolventes sobre parámetros que se sitúan en estratos distintos ofreciendo gran versatilidad.

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Reseña.- DOMMENGANG.-«No keys»

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Tercer álbum de los californianos DOMMENGANG. «NO KEYS» combina la psicodelia que ya nos habían mostrados en sus anteriores álbumes con un sonido más sucio e hiriente. Tratando de combinar escenarios urbanos con yermos desiertos, sus guitarras crujen hasta la extenuación bajo atmósferas de psicodelia. Mostrando una faceta kraut que es combinada con habilidad entre resonancias más propias del hard rock y el blues, siempre bajo un aura lisérgica en ambientes oscuros.  Temas que se desangran en virulentos momentos con guitarras llenas de efectos y pedales. En este variado y eficaz trabajo DOMMENGANG no dudan en seguir senderos más propios de bandas como Grateful Dead, o Canned Head en alguno de sus temas, siempre con la alargada sombra de The Black Keys apareciendo en sus composiciones.

Si «Sunny day flooding» hacen un ejercicio en el que los sonidos más sucios se perciben entre momentos de hipnotismo kraut. Una forma de ver y relatar la psicodelia contemporánea sin ataduras. Con una más nítida vocación heavy-psych, «Earth blues!» sin perder el nervio, su vitalidad se tiñe de blues y algún riff stoner. Un tema pausado pero firme, que acaba sucumbiendo a la psicodelia en esa lucha entre lo urbano y lo desértico. Un tira y afloja que hace que su apuesta sea más rica en matices. Un grandísimo tema que por si solo hace que «NO KEYS» merezca la pena.

El magnetismo que transmite «Wild wash», viene fundamentado en unos cálidos registros vocales. El tema es como un imán que nos atrae al interior de unos surcos impregnados en ácido lisérgicos. Un agujero negro que nos engulle entre efectos y distorsiones con unos solo hirientes y profundos que acaban construyendo un tema aturdidor.

«Sir the sea» es otro ejercicio de psicodelia profunda y magnética. Ciertos aires retro se vislumbran entre unos fornidos ritmos y multitud de efectos con susurrantes y placenteras voces.

En menos de dos minutos hacen un ejercicio de psicodelia espacial de tonos espaciales con «Blues rot».

«Kudzu» mantiene la lucha entre los ecos desérticos con un aroma a blues con vigorosos ritmos y voces más propias de algún local underground de su ciudad. giros inesperados en un tema que suena a hueco entre poderosas vibraciones que se tornan sureñas en un nuevo ejercicio de versatilidad y voluptuosidad. Riffs más propios de las bandas sureñas de finales de los setenta se entremezclan con ritmos desérticos envueltos en nebulosas de difusos sonidos. Un corte viril a pesar de todos esos giros.

Bellos acordes ejecutados desde una pausa no conocida hasta ahora en «NO KEYS».  todo un mundo de color que nace ante nosotros en un nuevo ejercicio de una psicodelia que toma prestados pasajes más propios de  Grateful  Dead. Guitarras ácidas que brillan con vocación jam band para dirige a morir a arenosos desiertos en los que el stoner es el rey.

«Jerusalem cricket» nos devuelve a los DOMMENGANG mas terrenales. Las guitarras vuelven a crujir baja magnéticas voces con un groovy más hard-rock en el que no faltan las afiladas guitarras. Como el resto de los temas acaba sucumbiendo a los dictados de la psicodelia.

Cierran el trabajo con «Happy death (her blues II)». Un blues psicodelico en el que las notas se repiten bajo momentos en los que la voz me recuerda Canned Heat en su faceta más ácida. A caballo entre éstos y All Them Witches consiguen construir otro impactante tema ácido que se ensancha en sus notas generando una atmósfera aturdidora en la que vuelven a sentirse cómodos ejecutando un intenso tema psicodélico en el que se pueden apreciar muchas influencias que son hábilmente tratadas en «todo» propio. Un broche de oro para un gran álbum.

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Reseña.- KALEIDOBOLT.- «Bitter»

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Desde Finlandia nos llega el esperado nuevo álbum de KALEIDOBOLT. Un tercer disco en que el que el trío de Helsinki navega entre turbias aguas propias de los noruegos Motorpsycho para reposar en las playas de las costas de San Diego. Generando todo un txumani a través del fuzz de su temas construyen verdaderos muros de sonido infranqueables para el oyente. Toda una fortaleza sónica en la que caben espacios para la experimentación con almenas progresivas. Fuertemente influenciados por bandas como Radio Moscow, con los que giraron tiempo atrás, su nueva entrega les consolida en la escena psicodélica pesada que nace del stoner. La desgarradas voces añaden en musculo necesario para conseguir un álbum sólido como una roca. Temas que se ejecutan a una velocidad de vértigo y aún así, son capacez de introducir elementos de mellotron dándole ese tono de hard progresivo más propio de otros tiempos. Podiamos preguntar como definir el sonido de «BITTER» ¿Heavy-psych?, ¿stoner?, ¿blues?, ¿surf-rock?, ¿hard?, ¿progresivo? ¿retro-rock? ¿todo junto?. Aunque nunca fui partidario de las etiquetas, la respuesta bien podría ser que si. Todos esos ecos están en los surcos de un espectacular álbum. Haciendo que los temas se aceleren hasta la extenuación para sorprendernos con parones inesperados y re-emprender esa huida hacia adelante de una forma atronadora. La confirmación para algunos, y todo un descubrimiento para otros. «BITTER» no te defraudará. El álbum es publicado vía Svart Records.

Sin hacer prisioneros, los primeros solos diabólicos de «Another toothpick» pueden dejarnos en shock. Un frenesí de ritmos hard & heavy setenteros. Añadiendo pasajes de órgano consiguen abrir algo de luz en la exuberante instrumentación. el resultado es un tema cuya pesadez no ofrece ninguna duda, pero a su vez contiene unos tonos retro que le hacen mucho más versátil.

Sobre acordes heavy-psych se sustentan los cimientos de «Big sky land», para construir espacios hard rock con aires de garage con brisas blues. Sin darnos cuenta nos vemos inmersos en espacios de psicodelia más calmada. nuevamente el frenesí se podera del corte derrochando una desgarro vocal de proporciones mayúsculas. De cualquier otra forma no sería posible entre la espiral rítmica. La montaña rusa desicnede por una larga ladera lisergicas que consigue aplacar el ímpetu. Cuando parece que todo vuelve a la calma, el espacio para la experimentación abre sus puertas de par en par a KALEIDOBOLT. siempre con giros inesperados consiguen dar muestra de toda la calidad y creatividad que atesoran. Nadie podrá decir que estos chicos son aburridos.

En «BITTER» encontramos momentos en que la sombra Sabbath se alarga como en «I  am the seer». Con registros vocales que me recuerdan a los del último álbum de Spiderward, dejándose llevar por espacios progresivos para acabar surfeando sobre ácidos espacios más propios de la Costa Oeste antes de regresar a las tinieblas entre una bruma psicotrópica.

Estos han tomado reconstituyentes antes de entrar en el estudio de grabación, sino sería difícil mantener la fuerza que derrochan en «Deadpan blues». Otro tema en el que el blues se inmiscuye en sonidos más propios de Motorpsycho a una velocidad de vértigo. si los ritmos y armonías que utilizan tiene una complejidad mayúscula, sus voces consiguen devolvernos algo de cordura sin perder ni un ápice de garra. De cualquier otra manera no tendrían la efectividad que lucen. el corte acaba con un derroche de fuzz de tintes nuevamente progresivos, sin salirse de vibraciones hard & heavy. Como si Lemmy se convirtiera en vocalista de los Motopsycho más ácidos.

Con un interludio de poco más de dos minutos, «Interlude», se toman un respiro en alfombras psico-progresivas con alguna lución y alguna ramalazo jazz en sus acordes, antes de evolucionar hacia un fuzz humeante.

A la velocidad del corre-caminos «Coyote» se desarrolla por espacios hard rock setentero aportando dinamismo y unas guitarras surf que nos devuelven al sonido San Diego. otro corte frenético.

Instalados vibraciones retro-rock, bajo riffs más propios del stoner, «Hydra», es una laguna para la zambullida de los finlandeses en unas aguas ácidas y psicotrópicas. un espacio donde pueden desarrollar todo su potencial a través de infernales guitarras. Con una magnéticas voces nos devuelve al reino de los vivos con tonos de hard rock musculosos antes de inundar todo de fuzz humeante. Un ir y venir de la calma a la rabia en el que los coros aportan el calor y la calma mientras una batería incesante golpea nuestras neuronas hasta acabar con nuestra percepción de lo natural. Diez minutos de baño en alucinógenos de una intensidad mayúscula. Toda una bacanal de psicodelia pesada que nos llega a los confines de los infiernos más profundos.

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