Reseña.- KALEIDOBOLT.- “Bitter”

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Desde Finlandia nos llega el esperado nuevo álbum de KALEIDOBOLT. Un tercer disco en que el que el trío de Helsinki navega entre turbias aguas propias de los noruegos Motorpsycho para reposar en las playas de las costas de San Diego. Generando todo un txumani a través del fuzz de su temas construyen verdaderos muros de sonido infranqueables para el oyente. Toda una fortaleza sónica en la que caben espacios para la experimentación con almenas progresivas. Fuertemente influenciados por bandas como Radio Moscow, con los que giraron tiempo atrás, su nueva entrega les consolida en la escena psicodélica pesada que nace del stoner. La desgarradas voces añaden en musculo necesario para conseguir un álbum sólido como una roca. Temas que se ejecutan a una velocidad de vértigo y aún así, son capacez de introducir elementos de mellotron dándole ese tono de hard progresivo más propio de otros tiempos. Podiamos preguntar como definir el sonido de “BITTER” ¿Heavy-psych?, ¿stoner?, ¿blues?, ¿surf-rock?, ¿hard?, ¿progresivo? ¿retro-rock? ¿todo junto?. Aunque nunca fui partidario de las etiquetas, la respuesta bien podría ser que si. Todos esos ecos están en los surcos de un espectacular álbum. Haciendo que los temas se aceleren hasta la extenuación para sorprendernos con parones inesperados y re-emprender esa huida hacia adelante de una forma atronadora. La confirmación para algunos, y todo un descubrimiento para otros. “BITTER” no te defraudará. El álbum es publicado vía Svart Records.

Sin hacer prisioneros, los primeros solos diabólicos de “Another toothpick” pueden dejarnos en shock. Un frenesí de ritmos hard & heavy setenteros. Añadiendo pasajes de órgano consiguen abrir algo de luz en la exuberante instrumentación. el resultado es un tema cuya pesadez no ofrece ninguna duda, pero a su vez contiene unos tonos retro que le hacen mucho más versátil.

Sobre acordes heavy-psych se sustentan los cimientos de “Big sky land”, para construir espacios hard rock con aires de garage con brisas blues. Sin darnos cuenta nos vemos inmersos en espacios de psicodelia más calmada. nuevamente el frenesí se podera del corte derrochando una desgarro vocal de proporciones mayúsculas. De cualquier otra forma no sería posible entre la espiral rítmica. La montaña rusa desicnede por una larga ladera lisergicas que consigue aplacar el ímpetu. Cuando parece que todo vuelve a la calma, el espacio para la experimentación abre sus puertas de par en par a KALEIDOBOLT. siempre con giros inesperados consiguen dar muestra de toda la calidad y creatividad que atesoran. Nadie podrá decir que estos chicos son aburridos.

En “BITTER” encontramos momentos en que la sombra Sabbath se alarga como en “I  am the seer”. Con registros vocales que me recuerdan a los del último álbum de Spiderward, dejándose llevar por espacios progresivos para acabar surfeando sobre ácidos espacios más propios de la Costa Oeste antes de regresar a las tinieblas entre una bruma psicotrópica.

Estos han tomado reconstituyentes antes de entrar en el estudio de grabación, sino sería difícil mantener la fuerza que derrochan en “Deadpan blues”. Otro tema en el que el blues se inmiscuye en sonidos más propios de Motorpsycho a una velocidad de vértigo. si los ritmos y armonías que utilizan tiene una complejidad mayúscula, sus voces consiguen devolvernos algo de cordura sin perder ni un ápice de garra. De cualquier otra manera no tendrían la efectividad que lucen. el corte acaba con un derroche de fuzz de tintes nuevamente progresivos, sin salirse de vibraciones hard & heavy. Como si Lemmy se convirtiera en vocalista de los Motopsycho más ácidos.

Con un interludio de poco más de dos minutos, “Interlude”, se toman un respiro en alfombras psico-progresivas con alguna lución y alguna ramalazo jazz en sus acordes, antes de evolucionar hacia un fuzz humeante.

A la velocidad del corre-caminos “Coyote” se desarrolla por espacios hard rock setentero aportando dinamismo y unas guitarras surf que nos devuelven al sonido San Diego. otro corte frenético.

Instalados vibraciones retro-rock, bajo riffs más propios del stoner, “Hydra”, es una laguna para la zambullida de los finlandeses en unas aguas ácidas y psicotrópicas. un espacio donde pueden desarrollar todo su potencial a través de infernales guitarras. Con una magnéticas voces nos devuelve al reino de los vivos con tonos de hard rock musculosos antes de inundar todo de fuzz humeante. Un ir y venir de la calma a la rabia en el que los coros aportan el calor y la calma mientras una batería incesante golpea nuestras neuronas hasta acabar con nuestra percepción de lo natural. Diez minutos de baño en alucinógenos de una intensidad mayúscula. Toda una bacanal de psicodelia pesada que nos llega a los confines de los infiernos más profundos.

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GYPSY MOTH.- “Gypsy Moth”

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Vamos con uno de esos tesoros perdidos del siglo XX. Un artefacto sonoro publicado en 1.993 con unas maquetas grabadas entre 1985 y 1992 por el trío compuesto por Eric Starvic (voz y guitarras), Marz Hell (batería) y Leo Aroya (bajo). Editado con una tirada de 200 copias al nivel privado y con el aliciente de la colaboración de Scott “Wino” Weinrich (Saint Vitus, The Obsessed, etc..) y su guitarra en dos de los temas. Poco más información hay al respecto de la banda al margen de las desavenencias entre parte de sus miembros sobre el derecho de las grabaciones. El contenido son sucios temas de proto-metal con inclinación doom. Ácidos y oscuros cortes a la altura de las primeras grabaciones de  bandas como Pentagram o Stone Bunny. Improvisaciones y distorsiones completamente aturdidoras. que seguramente se hicieron bajo los efectos de sustancias psicotrópicas. La calidad del sonido es acorde son su underground contenido, pero eso no es obstáculo para estemos ante un álbum pionero y que bien pudiera haber servido de inspiración a muchas de las bandas de la escena stoner y doom de la actualidad. Seguro que alguno cuando escuche esto, dirá… Hostias!!! que pepinazo!!!!.  idas de olla en los solos de guitarra con un alocado batería hacen que la sensación es que estos tipos se divertían y que les daba igual lo que estaban haciendo. Ecos de blues, surcos con psicodelia pesada, heavy y doom hacen que estamos ante uno de esos tesoros perdidos del siglo XX y que desde aquí tenemos el propósito de recuperar ya que a buen seguro sorprenderá a muchos fans de los sonidos pesados y alucinógenos.