Reseña: THE SILENCE.- ‘Electric Meditations’

Los japoneses THE SILENCE eran una banda desconocida para mí hasta la publicación de ‘ELECTRIC MEDITATIONS’, su quinto álbum. El peculiar cuarteto en activo desde 2014 (¿Dónde he estado yo todo este tiempo?) nos presenta un álbum experimental que recupera el legado de los pioneros de la psicodelia japonesa de comienzo de los 70’s para jugar con vientos de saxo y flauta en distintos escenarios sonoros. A estas alturas tengo claro que la técnica de los músicos japoneses está a prueba de cualquier duda, y aquí queda patente. Igualmente la capacidad para la experimentación y composición de sonidos arriesgados, es otra constante en los músicos del país del sol naciente, por lo tanto, aquí tenemos la ecuación perfecta para salir de lo convencional.

Desde momentos en los que el blues aparece entre nebulosas lisérgicas, hasta un escenario completamente experimental en el que los ruidos y efectos crean momentos de auténtico caos sonoro, que supone la esencia de la banda, la banda juega con ese caos para componer sus canciones impresionantes. En el álbum encontramos atmósferas meditativas, frenesí rítmico y acidez, mucha acidez.  Evidentemente este no es un álbum para todos los públicos, pero sin dudas los amantes del rock ácido y experimental encontrarán con facilidad su espacio en unos surcos que rezuman L.S.D.

Si músicos ácidos japoneses como el pionero Shinki Chen han influido claramente en THE SILENCE, tampoco es descabellado pensar en Damo Suzuki y algunos de sus episodios con CAN como fuente de inspiración a su sonido. si sus gruesas guitarras y las buenas voces son un aliciente, cuando el saxo o la flauta entran en escena, el escenario sonoro cambia completamente. El cálido arrullo de algunos pasajes contrasta con lo incisivo y penetrante de sus momentos más experimentales. Entre esos, existe una innata vocación hard psych de una banda curiosa y particular.

Potentes riffs rasguean la apertura de ‘Tsumi to Warai’ entre una voz desgarrada con un registro que me recuerda a David Bowie Entre esa vorágine de cadentes riffs, el saxo hace acto de presencia en un hechizo, mientras los riffs se repiten con platillos chirriantes y un ritmo sólido. Creando un aparente caos, el saxo sobrevuela la bacanal rítmica mientras la voz parece ir por otro lado. Creando un resultado impactante e hipnótico. De repente el silencio deja paso a una línea de bajo con influencia jazz potente y magnético, el tema retoma los tambores y los vientos mientras el bajo se contonea altivo. En otra arrancada de locura, todo se vuelve diabólico y frenético.

 Con un evidente aroma a 70’s ‘Buttrerfly blues’ parece tomar el legado ácido de Shinki Chen. -un fantástico groovy con tonos funk y el penetrante sonido de saxo nos invitan a entrar en una atmósfera vintage para susurrarnos con una dulce flauta que nos narcotiza. Un espacio de calma en el que conviven los vientos de saxo y flauta entre tambores brillantes. Por momentos con aspecto de jam el tema retoma la acidez en una sucesión de cambios y giros. Aquí la guitarra se desangra en solos hirientes mientras la instrumentación es envuelta en psicotrópicos. Todo un espacio experimental en el que los japoneses parecen sentirse cómodos.

‘Meido Missi’ nos acaricia entre elementos de fusión jazz creando un ambiente cálido y acogedor. Vestigios de Zappa, y el saxo que se eleva luminoso arropado con cadentes sonidos experimentales que generan un espacio apacible. Al igual que en el tema anterior el contraste del sosiego hechizante de flauta y saxo y la penetrante voz, así como el ruido de fondo resulta de lo más estimulante. Con un tempo lento el tema camina parsimonioso engrosando repetidamente su sonido a trompicones. Una repetición envolvente que es silenciada dejando un espacio para el susurro antes de retomar desgarradores pero bellos pasajes.

‘Electric meditations’, el tema que da nombre al álbum recupera la acidez y la rugosidad de las guitarras jugando con el stereo. Golpean con fuerza los riffs hard sin prisa y envueltos en nebulosas psicodélicas recuperan el legado de la psicodelia hard japonesa de los 70’s. Piensa en Shinki Chen y la seducción vocal y rudos y crujientes riffs ejecutados con pausa. Añade el profundo sonido de viento y el espacio mediático ye hipnótico está creado. Amplificando todo crean una cortina nebulosa y difusa que nos envuelve narcotizándonos. Está caro que a estos chicos les gusta experimentar y sorprendernos con constantes cambios y giros en la trama. En la parte final cesa la instrumentación dejando espacio a unos cristalinos desarrollos de guitarra a los que se une el sonido del saxo arrastrando a los tambores para crear otro caos sonoro entre la calma.

Los últimos once minutos que ocupa ‘Improvisation’ suponen un espacio para la experimentción en el que el cuarteto se viste de CAN. Entra campanillas el silencio reina mientras el tema se va armando con extraños efectos.  Creando esa atmósfera meditativa van incorporando distintos instrumentos que crean un ambiente enigmático y catártico en el que todo parece inconexo. Un caos sonoro del que nos saca el saxo entre gruesos tambores y platillos. La experimentación en estado puro.

Alejados de la propuesta paranoide del corte anterior, ‘I’am a man’ retoma el rock enérgico y vibrante de los primeros 70’s. Aquí con el blues en la vena los vestigios de los pioneros ácidos japoneses regresan con fuerza. Poderosos riffs y una voz en tono blues, construyen un tema aturdidor que nos invade entre ritmos pegadizos y contagiosos y una hemorragia ácida y esquizofrénica. Una nueva locura sónica que huye del inquietante silencio del tema precedente para sumirnos en una bacanal sónica descomunal.

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Reseña: FROZEN PLANET… 1969.- ‘Hydroculture’

Hace unos días el batería Frank Attard me anunciaba el lanzamiento vía bandacmp de su sello Pepper Shaker Records del nuevo álbum de los australianos FROZEN PLANET…1969, ‘HYDROCULTURE‘. Al igual que sus álbumes anteriores, el trio nos presenta tres jams psicodélicas instrumentales que corresponden a las mismas sesiones en las que grabaron su álbum ‘MELTDOWN ON THE HORIZON’, lo que nos da una perspectiva más completa de la locura psicotrópica que pudo ser aquel momento. Tres temas que ven la luz por primera vez y que complementan aquel trabajo. Una toma alternativa de ‘Rollback’ de corta duración y lo que realmente fue la continuación de ‘Time-lapse explorations’, con media hora mas desarrollos instrumentales. Ya sabemos que FROZEN PLANET…1969 es la banda que utilizan para su diversión, tocando libremente y sin las ataduras que suponen componer una canción al uso. Estamos ante más de 50 minutos de psicodelia pesada de tres músicos que saben tocar sus instrumentos con maestría y que consiguen transmitir sensaciones con sus interminables desarrollos instrumentales. Los poderosos tambores de Frank marcan la ruta por la que transita el excelso bajo de Lachlan Paine con sus hipnóticos desarrollos a las cuatro cuerdas. Sobre ellos el protagonismo de los solos imposibles de Paul Attard llevándonos a un espacio de embriaguez sonora con sus efectos e infinitos recorridos a lo largo de las seis cuerdas.

HYDROCULTURE’ esta disponible para descarga gratuita (name your price) desde la página de bandcamp de su sello Pepper Shaker Records.

‘Rollback’ es una versión alternativa de la contenida en ‘MELTDOWN ON THE HORIZON’. Solo tres minutos en contraste de la larga jam original de 22 minutos. Guitarra hendrixiana con derroche de wah wah para crear un tema que se amolda mas al concepto de canción sin perder ese espíritu de jam que aporta la improvisación. El trio vuelve a mostrarse poderoso con sus instrumentos. Hipnótico bajo con un cadente ritmo de batería y solos infinitos que serpentean en mil meandros con un groovy Funky de lo ms contagioso. La parte final se moldea hacia vibraciones más psicodélicas de gran elegancia.

Con esta excepción el álbum retoma la estructura de jam con ‘Hedera Helix’ un largo tema de quince minutos divididos en dos partes. comandados por la batería de Frank, la guitarra se deleita en juegos de acordes que van y vienen mientras el bajo se muestra grueso y envolvente. Incrementando el ritmo para dejarse llevar por los sonidos psicotrópicos a los que nos tienen acostumbrados. Una verdadera orgía que parece no tener final serpentea entre gruesos y pesados ritmos.  Con algunos tonos 70’s la guitarra se desangra en desarrollos sin pausa. En la parte central el tema se vuelve más turbio. Fuertes ritmos de tambores y efectos dejan espacio a un solo de bajo portentoso que toma el protagonismo mientras la guitarra toma un papel secundario, algo poco habitual. Lo cierto es que todo fluye luminoso en ese caleidoscopio lisérgico que construyen los australianos. Llenando el espectro de colores el tema sigue lanzando su pócima psicotrópica con un final en el que la guitarra adquiere su cuota de protagonismo.

Si en ‘MELTDOWN ON THE HORIZON’, el temaSunset variations’ se desarrollaba sobre 17 minutos, en la sesión en la que fue grabada ella jam se extendía durante 33 minutos más; ahora ve la luz ese registro Una segunda parte más experimental que parte con extraños sonidos y efectos. En un escenario más vanguardista y difícil de asimilar. Borboteos constantes en acordes inconexos crean un esquizofrénico marco con tintes espaciales. Así transcurre un tercio de la jam, si has llegado hasta aquí, los australianos te llevarán en volandas el resto del trayecto. Un camino de improvisación total en el que cada músico se reencuentra con su instrumento con momentos de anarquía que acaban acoplando en busca de una causa común. Hipnóticos pasajes de bajo entre tambores dinámicos y solos hechizantes que juegan con los pedales constantemente. Grandes e interminables desarrollos de guitarra que se estiran hasta la extenuación se apoderan de nuestras neuronas en un trance atronador que socaba cualquier signo de razón. Esto es FROZEN PLANET … 1969, una banda para el divertimento, sin pretensiones, pero la calidad de sus integrantes hace que todos podamos disfrutar de sus juegos malabares con cada uno de sus trabajos.  

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Reseña: ELLIS/MUNK ENSEMBLE.- «San Diego Sessions»

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Si unes a dos talentos llenos de virtuosismo como Jonas Munk (CAUSA SUI) a la guitarra y Brian Ellis (BRIAN ELLIS GROUP, ASTRA, PSICOMAGIA) a los teclados, y  les acompañas de una corte de músicos de lo más granado de la escena de San Diego como Dominic Denholm (bajo) (MONARCH) Thomas DiBenedetto (Batería / guitarra) (SACRI MONTI, MONARCH, ex-JOY) Anthony Meier (bajo, teclados) RADIO MOSCOW, SACRI MONTI), Dylan Donovan (guitarra) (SACRI MONTI, PHARLEE), Paul Marrone (batería) (RADIO MOSCOW, ASTRA, PSICOMAGIA, COSMIC WHEELS, BIRTH, BRIAN ELLIS GROUP) Andrew Ware (batería) (MONARCH), Trevor Mast (bajo)  (BIRTH, PSICOMAGIA, BRIAN ELLIS GROUP, ex-JOY), Conor Riley (teclados) (ASTRA, SILVER SUNSHINE, BIRTH), Andrew Velasco (percusión) (LOVE, THE CITY  & SPACE), Evan Wenskay (SACRI MONTI) y Kyre Wilcox (bajo) (TRUTH ON EARTH) dejándoles tocar con libertad en unas sesiones en la soleada California, la tormenta perfecta está servida. Una bacanal de ritmos con unos tambores atronadores entre una sangría psicotrópica de la guitarra y unas teclas vintage multicolor con elementos jazz y una cierta vocación espacial acompañan la orgía lisérgica que crean en cada tema. Temas que son como auténticos agujeros negros que acaban por atraparte en su interior y que son como un brebaje intoxicante que hace que durante cerca de una hora, nos olvidemos del mundo terrenal para embarcarnos en un viaje cósmico del que no querrás salir. Cortes exuberantes llenos de matices y sonidos  fluyendo libremente, sin ataduras, pero que acaban por conseguir que todo tenga sentido, y ahí está su mérito. 

Podríamos decir que estamos ante ese segundo álbum de PSICOMAGIA que tanto llevamos esperando. Al menos su contenido es el que yo me hubiera imaginado de esa segunda entrega que por ahora no ha llegado. La fé es lo último que se pierde.   

Si hay trabajos experimentales de estas características que su digestión no es del gusto de todos los públicos, en este álbum, ya seas fan de estos sonidos, o no, si lo pruebas,  acabarás completamente atrapado. Puede ser que teniendo en cuenta los antecedentes, cosas así solo pueden suceder en San Diego.  Con los roles bien definidos, Jonas nos ofrece una orgía psicodélica que es amortiguada por los teclados de Ellis, ofreciendo distintos aspectos, a veces espacial, otras progresivo, en muchas ocasiones jazz. Todo es válido y más si se hace de la forma en la que lo hacen estos talentosos músicos. Todo un brebaje embriagador de proporciones monumentales que nadie debería dejar pasar sin disfrutarlo.  

«SAN DIEGO SESSIONS» está disponible vía El Paraiso Records.

«The wedge» abre el álbum con los rebosantes tambores como preludio de una jam ácida en la que encontramos numerosos elementos progresivos. La libre creación en un tema psicodélico con un ritmo arrollador. Solos interminables entre teclados envolventes y efectos incesantes. Una bacanal de sonido que nos atrapa sin remisión en mundo en el que los psicotrópicos son el plato principal. Con una vocación avant-garde los teclados confluyen con los solos de Jonas en un viaje a los confines de la psicodelia más abrumadora. Con momentos casi espaciales, la travesía se convierte en tortuosa mientras los músicos lograr combinar pasajes mágicos con perturbadores momentos instrumentales. Toda una experimentación en la que los músicos parecen sentirse cómodos en esa orgía de instrumentos que por momentos parece anárquica pero que finalmente logra unir todas las piezas del puzzle con maestría. Un exuberante tema que fluye con brío pero cuidando los detalles.

En un escenario aparentemente más calmado, «Pauly’s Pentacles», también con once minutos supone un nuevo paseo por atmósferas psicodélicas. En esta ocasión más cercanos a postulados espaciales, la sangría de la guitarra de Jonas produce una hemorragia de pasajes de mágica psicodelia con un trasfondo más sosegado. Pura acidez si, pero a la vez amortiguada con las dosis vintage de las teclas de Brian.  Un espacio cósmico en el que los músicos se mueven con facilidad tomándose un respiro del frenesí del corte anterior.  Mucho más narcótico y hechizante, el tema deja espacio para el lucimiento de esa dupla maravillosa que componen Jonas y Brian. Inspìrados en momentos hendrixianos, van creando una serie de capas superpuestas que elevan la intensidad del tema. Una evolución que vuelve a sumergirse en esa poción mágica llena de alucinógenos para ofrecernos un tema lleno de una intensidad no reñida con la belleza. Si el tema anterior conseguía atraparnos entre sus fauces, aquí el efecto narcótico nos lleva a un estado flotante en el que nuestros sentidos son estimulados en cada acorde, en cada nota. sin dejar espacio para la pausa el tema fluye y evoluciona por esos insondables entornos nebulosos ubicados en un lugar indeterminado de la galaxia en el que la magia surge espontáneamente.  

«Munk’s dream», un título a priori muy evidente, nos hace presagiar un nuevo paseo por el lado más acolchado de la psicodelia. Con una cadencia rítmica algo más contenida, la guitarra de Jonas desprende belleza y magnetismo en cada nota, mientras Brian toma un papel secundario aunque fundamental para poner la guinda a ese ambiente de ensueño en el que se desarrolla el tema.

En «Electric saloon» se vislumbra un mayor peso de Ellis en la composición, aportando ese toque funk a la psicodelia florida. Con ornamentos jazz, el corte conjuga distintos estilos manteniendo sus genes psicotrópicos.   Aquí se percibe la influencia del sonido que lleva caracterizando a San Diego desde hace años. No en vano en el disco participa la flor y nata de la escena local, y eso, sin duda se hace sentir. Con la guitarra instalada en la psicodelia más vanguardista, y las teclas oscilando entre distintas vibraciones van tejiendo otro tema impactante y atrayente que nos sitúa en su parte final en los confines del universo entre una nueva bacanal de ritmos.   

Cada canción parece ser como un agujero negro que te atrapa para transmitirnos variadas sensaciones que lo alejan de la monotonía. 

«Bucket Drips» se sumerge más en una espacio jazz con complementos psicodélicos. susurrante y cauteloso, el tema va describiendo una atmósfera oscura e intrigante. Casi desde el silencio, despliegan sus virtudes en un escenario distinto al de los cortes anteriores. Jugando siempre con los sonidos en distintos estratos, aportan un tono vintage a los hechizantes acordes. Masajeando con cada nota, logran crear el sosiego y un estado sensorial de lo más gratificante. 

Alejándose aparentemente de la bacanal perturbadora, «Larry’s Jungle Juice» emerge con sosiego para ir convirtiendo su forma a una especie de free-jazz lisérgico que acaba por precipitarse en una nueva jam. La improvisación en estado va construyendo un hipnótico tema que va volviéndose más tormentoso a diferencia del sonido que le vió nacer. Por momentos, decantándose por el exotismo, extraños coros parecen presentarse como espectros momentáneos. Revolviéndose entre una nueva orgía de ritmos y solos en un ejercicio experimental de proporciones monumentales. 

«Stone Steps» cierra el álbum por un prado acolchado de psicodelia aromática con vocación cósmica. Sutiles pinceladas jazz se pintan en es cuadro caleidoscópico que van creando en esta nueva jam. elegantes momentos que contrastan con la virulencia de los tambores o la ambientación espacial. Por el lado más narcótico se van dejando llevar por ese viaje lisérgico con destino indeterminado. Dicen algunos que lo importante no es la meta, sino el camino. Pues aquí parece que siguen esa premisa, dedicándose a que cada nota, cada acorde, cada riff, sea único e irremplazable.  El final del tema me da razón, ya que acaba diluyéndose sin ningún final. ¿Será esto una puerta abierta a una nueva entrega?

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Reseña: MARTIN RUDE & JAKOB SKOTT DUO.- «The Discipline of Assent»

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Los músicos daneses Martin Rude (SUN RIVER) y Jakob Skøtt (CAUSA SUI) se unen bajo el proyecto MARTIN RUDE & JAKOB SKOTT DUO para crear un disco desafiante que rinde tributo a innovadores del jazz como Miles & Trane, Mingus o Sun Ra. Es completamente habitual ver a los miembros de CAUSA SUI en distintos proyectos en los que poder experimentar sin ataduras, aquí una vez más, su batería lo consigue. Estamos ante un trabajo no apto para todo tipo de oídos, un álbum que no entra al oyente a la primera, y que probablemente solo los más fanáticos del género puedan entender, pero aún así, tras varias escuchas, uno puede comprobar que hay mucha calidad en sus temas. Sustentado en la exploración de distintos ritmos de percusión arropados por bajo y sintetizadores principalmente, «THE DISCIPLINE OF ASSENT» juega con el free-jazz y la psicodelia exótica con un sonido estratificado en distintas capas improvisadas con algún elemento raga. El álbum fue grabado en una sesión el 3 de marzo y contó con la colaboración de Jonas Munk en la parte de sonido, antes de la edición efectuada por el propio Jakob manteniendo el espíritu de la improvisación.  Estamos ante la libre creatividad de dos talentosos músicos que plasman distintas atmósferas en temas dispares que no te dejarán indiferente. 

«THE DISCIPLINE OF ASSENT» está disponible vía El Paraiso Records.

«Flaiss & strands» nos introduce a un trabajo en el que la experimentación y la fusión son su leitmotiv. Ecos jazz sustentados en la increíble batería de Jakob jugando con distintos ritmos entre efectos para sumergirse en una especie de free-jazz no apta para todos los oídos. El resultado es un corte aparente inconexo en el que los instrumentos parecen ir completamente por libre. 

Recreándose con los tambores, «A new revival» muestra un gran trabajo de apoyo en el bajo de Martin. Creando una extraña atmósfera psicodélica y con la percusión algo más contenida en el avance del tema, el magnetismo del bajo nos invita a una exploración sideral apoyándose en los sintetizadores. 

En una apacible escenario de intrigante psicodelia «Aurelius Dye» adornado con aromas exóticos el dúo construye un compacto tema lleno de aromas refrescantes y la vez narcotizantes. Una belleza magnética hace que todo esté mucho más ensamblado y se muestre como un tema al uso, en detrimento de la libre experimentación. 

«Setenta y tres» supone el vértice del triángulo en el que la psicodelia los sonidos kraut y el jazz se unen en pos de un único fin. Sobre una atmósfera avant-garde los tambores vuelven a ser los protagonistas en este entorno de libre creación. 

Volviendo a la estructura tradicional de canción «Sequoia sketch» habita en un espacio de apacible psicodelia con suaves acordes bajo un manto lisérgico que cubre una estructura más sinfónica. 

Con vibrantes ritmos y un bajo lleno de magnetismo, «The slip» se construye ladrillo a ladrillo, De una forma anárquica y rodeado de extraños efectos el tema coge forma manteniendo la libertad compositiva.

«The short sun» retoma el espacio psicodélico vistiéndolo de una ambientación más campestre. Incorporando elementos sinfónicos sobre unos ritmos algo más contenidos van tejiendo un corte atmosférico con bellos y luminosos pasajes ensoñadores. En esta ocasión el dúo construyen un corte susurrante y plácido alejándose de alguna manera de la experimentación de la mayoría de las canciones del álbum. 

Los hipnóticos sonidos de vanguardia hacen acto de presencia en «Random treasures». Inspirados en momentos free-jazz el tema contiene todo un catálogo de ritmos que juegan con los tiempos entre los extraños desarrollos de los sintetizadores. Aún así, el tema posee un gran magnetismo gracias a la cierta inclinación kraut que Jacob imprime a sus tambores.

Para cerrar el álbum nos encontramos con el tema más largo. «Mountain montage» con sus más de once minutos contrasta con la mayoría de los temas que rondan los tres minutos. El corte nos susurra con mágicos acordes de psicodelia exótica con los tambores y platillos mucho más contenidos. Un espacio de calma sobre bellas y delicadas armonías en las que la guitarra toma el protagonismo para regalarnos acolchados pasajes que nos acarician con delicadeza. En contra de lo que suele ser habitual, la larga duración del tema no presenta la experimentación que podría intuirse, sino que por el contrario consigue la canción más «al uso» de todos este peculiar trabajo. Un tema compacto, bien hilvanado, y que pone el colofón con brillantez a un trabajo en el que la experimentación es su meta. 

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Reseña: ORGÖNE.- «Mos/Fest»

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«MOS/FET», el debut del quinteto francés ORGÖNE, nos invita a un viaje al interior de un mundo sónico de misticismo lleno de dioses antiguos y paisajes sonoros tribales del espacio exterior. Escuchar «MOS/FET» es como abrir un viejo libro de ciencia ficción que mezcla la cultura pop de los 70, el antiguo Egipto, el panafricanismo y las exploraciones espaciales. Su peregrinación progresiva, rock espacial, vanguardista y pesado se combina a la perfección con la voz única de la cantante principal Olga Rostropovitch, toda una sacerdotisa que hace de perfecta maestra de ceremonias para este alocado ritual ocultista de ruido y psicotrópicos con ambientación exótica. Sus cuatro suites de 20 minutos cada una, brindan una inmersión completa de la que no escapará ileso. sonidos paranoides en una bacanal de ritmos con un motorik diabólico e hipnótico. No es demasiado frecuente encontrarte como debut de una banda un álbum doble, pero la amplia creatividad de estos chicos para crear temas orgánicos hace que estemos ante un álbum de 80 minutos de intensidad y de sensacionales para no dejarte indiferente. El sonido es fuerte, gordo, pesado, distorsionado, agresivo, atmosférico, hechizante, todo al mismo tiempo y con un único objetivo de embarcarnos en una odisea a un particular mundo en el que todo puede suceder. Un mundo saturado, con ritmos retorcidos, melodías espaciales y sus encantamientos vocales para una interpretación explosiva que coquetea con lo perturbador y lo prohibido, pero siempre con humor. Orgöne desarrolla un universo atípico y onírico que se siente tanto en los textos como en la música.

‘MOS/FET’ fue grabado en Blue Anvil Sound por Justin Nicquevert, mezclado por Tom Penaguin y masterizado por Nicolas Moreau y Pierre Le Gac en Le Garage Hermétique, y está disponible vía Heavy Psych Sounds.

ORGÖNE son: Allan Barbarian (batería y percusiones, coros), Nick Le Cave (bajo, coros) Tom Angelo (órgano eléctrico, sintetizadores, pianet, mandolina, clarinete, grabadora) y Marlen Stahl (guitarra, violonchelo, violín, coros).

En 2015 se conocieron Nick Le Cave (bajo) y Marlen Stahl (guitarra), veteranos de numerosas bandas francesas de Indie-Rock, Free Rock y Rock In Opposition/Avant-Garde. Junto con Mat La Rossa a la batería, decidieron crear una banda de rock «back to basics», en su ciudad natal de Rennes (Bretaña). Esto llevó al nacimiento de ORGÖNE Luego, en 2018, la partida de Mat La Rossa, que no estaba de acuerdo con la idea de pistas largas y épicas, condujo a un cambio radical pero natural. Con la llegada de Allan Barbarian en la batería y Tom Angelo en los teclados (ambos también están tocando con la banda de stoner DJIIN), la banda volvió casi a cero y luego pudo concentrarse en largas «Suites», con movimientos, en una forma de rock progresivo, permitiendo que la banda mezcle elementos de sonidos tribales, árabes, ritmos motorik, pared de sonido del espacio orgánico y mucho más, de una manera muy específica. «MOS/FET», Con la llegada de la salvaje franco-polaca Olga Rostropovitch en la voz principal, comenzaron a experimentar y explorar muchos territorios, mezclando rock estoogiano, noise-rock, pistas «motorik» de krautrock, largas improvisciones. Esos experimentos condujeron a un sonido específico contaminado cada vez más con texturas psicodélicas, rock espacial y elementos noise, con indicios progresivos.

Tras el inquietante acto inicial lleno de teatralidad, «Erstes ritual» se sumerge en una locura de ritmos en tonos arábigos con un cierto aire aturdidor. Una voz con una cierta vocación punk se modula cual cantante de cabaret en un túnel que va ganando oscuridad en su avance. Espacios tenebrosos con gran épica cinematográfica que sin prisa se van adentrando en territorios más psicotrópicos.  El sonido del inquietante órgano pastoral tras las nebulosas acaban por construir un vodevil lúgubre y sombrío. Una escenificación que tras varios actos en su trama concluye siendo seducida por poderosos riffs psycho-doom, tras veinte minutos de intensidad sonora. Un extraño pero absorbente corte. 

Tras cerrar ese primer acto la pulsante y gruesa línea de bajo entra en batalla con guitarra y órgano en «Requiem For A Dead Cosmonaut». un tema con sonido alternativo pero lleno de pesadez. Turbio, sideral, y aturdidor. Todo un frenesí para entrar con fuerza en el segundo acto con el motorik a su máxima potencia.     

Tras una apertura inquietante y llena de tensión, «Soviet Hot Dog (Le Tombeau de Laika)» se muestra con un aspecto misteriosos bajo su aura psicodélica para convertirse en un tema tormentoso y paranoide. La esquizofrenia de su perturbador sonido culmina con histriónicos riffs stoner-doom bajo desgarradores lamentos rebosantes de teatralidad. 

La psicodelia psicotrópica  es la seña de identidad de «East song». Bajo narcóticas atmósferas construidas con un cadente ritmo y aura de misterio, caminan lentamente hasta la encrucijada experimental en la que desarrollan un sonido que me rememora a Curved Air en una versión psicótica. 

El tercer acto explora territorios desérticos. «Ägyptology» un enigmático nombre que nos indica el camino que tomarán los italianos en esta ocasión.  Un desierto sin cactus pero con palmeras en el horizonte y las tumbas de los ancestros como un reto por descifrar. Una tortuoso camino lleno de obstáculos que se salpica con fuzz narcótico. Una exploración que se interna lentamente en territorio hostil como refleja su sinfonía. «Mothership Egypt»  Adentrándose en la segunda parte en un tortuoso terreno en los que los gruesos riffs lo enturbian todo. Entre platillos rituales y con la sensación de haber traspasado un umbral, las armonías mediterráneas ponen banda una banda sonora que venera la luz en la noche.  

Los tambores y ritmos tribales de «Rhyme Of The Ancient Astronaut» nos invitan a una orgía de vibraciones y sonidos. El cálido y pulsante bajo pone la calma con momentos mas pausados arropado por mil efectos. 

Cerrando el círculo, «Astral Fancy» es otro tema de casi veinte minutos, que como en el primer acto, sirve para dejarse llevar por ritmos tribales con olor a secta en un ritual ocultista con ritmos kraut. Un ceremonial entre aromas arábigos que va adoptando tintes espaciales. Otro espacio para desarrollar sonido paranoides llenos de hipnotismo como fórmula para alienarnos. Una jam avant-garde que juguetea con las formas y sonido hasta la lucra final. 

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