Reseña.- ZIOR.- «Before my eyes go blind «(The complete recordings)»

El sello Cherry Red Records publica una caja de cuatro cd’s con todas las grabaciones de los británicos ZIOR. Con el aliciente de que en su contenido se encuentra el álbum que la banda grabo bajo el nombre de MONUMENT así como un nuevo álbum grabado en 2.018 con el nombre de «SPIRIT OF THE GODS». ZIOR nacieron a la sombra de la explosión del rock ocultista de los primeros setenta que practicaban bandas como BLACK SABBATH, BLACK WIDOW, o en línea Alice Cooper o Arthur Brown, pero también heredando los ecos de psyco-pop de bandas como Cream o The Troggs. Navegando entre aquellas aguas, tanto el blues-rock como el hard-rock y el proto-metal o los primeros pasos del rock progresivo se aprecian en sus composiciones. Muchas veces denostados por la versatilidad de unos temas que parecían no definirse en un estilo propio, lo cierto es que en su primer álbum, el homónimo ZIOR dejan patente su potencial.

Temas como «New land» en el que bellas melodías poppies soportadas en un omnipresente órgano se inclinaban hacia espacios más propios de Jethro Tull con la incorporación del sonido de la flauta en un guiño a las primeras bandas hard-progresivas británicas. Con registros vocales cercanos a Gary Wright (Spooky Toooth) no dudaban en ofrecer temas «Gimme love» en el que el órgano es eclipsado por incisivos solos de guitarra en tonos hard-blues tan al uso en aquellos años. Cortes netamente progresivos como «Quabala» (uno de los destacados) se codean con una psicodelia de pastelería como «Oh mariya» o la negroide «Your Life Will Burn» en la que se puede intuir algún eco a Santana. «Love’s desire», Hard y blues junto a coros que se inclinan al soul y riffs potentes e incisivos con una cadencia rítmica pegadiza. «I really do» y sus tonos ásperos marca su incursión en el proto-metal en ebullición en la época. A pesar de que pueda considerarse con un álbum solo de canciones que no tiene nada que ver entre sí, es un reflejo de la confusión de estilos de aquel 1971 en que se publicó.

El disco 2 corresponde a «EVERY INCH A MAN», álbum originariamente publicado en Alemania en 1973, cuando ya la banda se había separado y que ofrece la faceta mas pesada de la banda. Voces desgarradas y ritmos hard-rock bailables hacen de «Chicago spine» un tema a tener en cuenta, demostrando que cuando menos te lo esperas en un tema previsible aparecen esas guitarras asesinas que te dejan noqueado. Los ecos de Alice Cooper se reflejan en «Have you heard the wind speak» en un guiño al glam, antes de un giro de 180 grados a escenarios acústicos en «Time is the reason». Blues -rock de libro en «Dudi Judy» o «Evolution», rock and roll sucio en «Ride me baby» o «Cat’s Eyes», éste más cercano al sonido de los Stones; pero siempre con un tono dicharachero y divertido. Ritmos contagiosos en los que el órgano tiene un menor protagonismo, excepto en el extraño e inquietante «Every kind of magic». El ábum se cerraba con «Angel of the highway», un tema poseído por el wah-wah ofreciendo la mejor versión de si mismos en un corte desgarrador.

Bajo el pseudónimo de MONUMENT, la banda realizó su mejor trabajo con el título de «THE FIRST MONUMENT». Cuenta la leyenda que en realidad el disco se compone de unas grabaciones que hicieron borrachos, pero lo cierto es que es el álbum más progresivo. Voces teatrales cercanas a Mike Patto, y una densa instrumentación en la que la oscuridad del magnífico órgano lo envuelve todo. Por otro lado encontramos algunos guiños a The Stooges, especialmente en algunas voces. pero si hay algo que destaca especialmente en este álbum es el sonido de sus teclados. Heavy-progresivo de altos vuelos con guitarras brillantes que se intercalan como en «State flesh». Rock and roll en «Don’t run me down». Con bastantes episodios teatrales en pura línea Arthur Brown, como «Give me life»  en la que los giros inesperados se suceden. Episodios pisco-progresivos en los que el envolvente sonido de los teclados nos adormece dejándonos en un estado de inconsciencia en «The metamorphosis tango», o la mas apacible y lisérgica «Boneyard bume».  La combinación del órgano pastoral frente a la agudas voces alternativas de «First taste of love» es solo el preludio a hirientes solos de guitarra ácida. Aquí está el verdadero poderío de la banda, la conjunción de esos elementos es uno de los valores de este trabajo. El álbum venía acompañado de un texto en el que se reflejan las conexiones de la banda con la brujería y el vudú. El álbum cierra con «I’m coming back» a ritmo de blues rock.

Al margen de que la caja contenga todas las grabaciones de ZIOR, tiene además el aliciente de contener en el CD 4 el álbum que grabaron a su regreso en 2.018,  «SPIRIT OF THE GODS». Toda una sorpresa en la que la banda ejecuta temas que suenan a sesenta. Canciones con mucho tono negroide, y que conjugan tanto rock, blues, progresivo y sobre todo funk-rock. Oscuros temas en los que los teclados siguen sonando como hace cuarenta años. Un groovy especial que sigue la senda de la ceremonia del vudú que iniciaron al comienzo de los setenta. oscuros y experimentales en «The wicca maker», con unos tambores tribales que inician el ritual. Ecos de Santana y Sly Stone en ·Crowman rises», con un órgano penetrante y voces negroides. Blues-rock pantanoso en «Earth hell & fire» en línea Dr. John. Fuzz y voces salidas de ultratumba a ritmo de funk-rock en «Release the dogs». La oscuridad de sus dos primeros álbumes se convierte ahora en un ritual de magia negra en el que no faltan temas bailables como «Eastwood bugsy» o oscuros pasajes psico-progresivos como «Sabbath 8» en el que dejan su impronta ocultista. Hard y rock enérgico en «Scorpion», un tema que lleva el ritmo en las venas. no faltan temas puramente setenteros como «Storm chaser» en el se travisten de Grand Funk Railroad, con esos teclados penetrantes. En definitiva un sorprendente álbum que no desmerece de sus primeras grabaciones manteniendo la obscuridad, aunque ahora tenga matices distintos.

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Reseña.- ACID ALICE «The road»

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Tratando de rescatar el rock clásico de los setenta los mexicanos ACID ALICE publican su debut. Con mimbres sacados de los setenta construyen un cesto moderno y divertido. Hard-rock, psicodelia, blues rock, proto-metal, stoner, todo tiene cabida para crean un sonido fresco, potente y divertido. Uno de esos disco que te puedes poner una y otra vez porque no hay un momento de aburrimiento. pesados, lisérgicos, rítmicos, desgarrados, Como si los espíritu de Jimi Hendrix, Johnny Winter, Jim Morrison o tantos otros, regresaran de los cielos para introducirse en los cuerpos de estos chicos. Temas de gran dinamismo y fantástico groovy. Pesados pero rítmicos e incitadores al baile. La banda sonora para una fiesta endiablada de rock and roll a la vieja usanza usando elementos modernos. Seducción constante, bien sea a través de contagiosos ritmos o de desgarradores momentos de psicodelia, siempre con el blues como referente. Toda una sorpresa que nos llegaba la pasada primavera y que persiste como uno de los debut más destacados del año. Dos guitarras asesinas y un vozarrón al servicio de una implacable base rítmica hace que cada tema, fluya de manera vertiginosa e intensa.   Desgarradores y desenfrenados, sus temas recorren todos los estilos de la década dorada del rock and roll. Absolutamente recomendado.

El disco se  abre con un la poderosa «Acid Horse «. todo un volcán en erupción que me recuerda por momentos a Cactus. Atronador tema de blues y hard rock de siempre con un aliño que lo stoneriza para acabar convirtiéndose en un corte de rock and roll por las bravas. Toda una chincheta en nuestros asientos que hará que botemos.

La batería y el poderoso bajo hacen la llamada al fuzz en «Destroy me». Con una seductora cadencia vocal y un fantástico groovy rítmico, la garra y los tonos heavy-psych de esas guitarras hirientes, construyen un tema retro en el que el wah wah y el fuzz consiguen crean auténticas nebulosas lisérgicas. Todo un trance psicotrópico que nos envuelve en en un caleidoscopio hard. Imposible resistirse.

Con un inicio similar al «Rock and roll hoochie koo», «Coming home» se desarrolla entre boogie-rock y fuzz. Alegre, contagiosos y absolutamente enérgico.

Tejiendo una tela de araña, el stoner y el hard rock se fusionan en «Free». Un tema ondulante, que no esconde su vocación vintage. Un viaje en el tiempo de ida y vuelta en el que la voz de desangra bajo poderosos y contagiosos ritmos.

La banda no baja el pistón en  » Wolf «. otro desgarrador registro en el que los ritmos de heavy-blues mas endiablados aparecen sobre ácidas guitarras.

Como si hubiera dos partes en el álbum, » In My Memory «, se construyen sobre un blues lisérgico lleno de crudeza y desgarro. guitarras que se lamenta y voces que se quiebran sobre un torbellino rítmico de grandes proporciones. Un tema crudo y profundo que socaba tus sentidos..

«I’m losing the stars» es otro blues desgarrado e hiriente. Primitivo, áspero e incisivo, reposa en su parte central en momentos llenos de acidez. Otro tema, que bien pudiera haber sido compuesto de 1970.

Un magnético bajo encontramos en » Broken Man «. un corte proto-metal que sirve de lucimiento a su cantante Darcy Core sobre esa estructura heavy-blues del siglo XX en la que los riffs nos golpean con parsimonia pero con contundencia antes de una nueva orgía de instrumentos desbocados.

Cambiando el registro, efectos de sitar y drones, abren «Fata Morgan». Un tema que me recuerda al mítico «Riders on the storm» de The Doors. En los mismos tonos cadentes, y con esa cálida voz que emula a Jim Morrison, van oscilando entre el frenesí y esos espacios chamánicos en los que el blues más ácido impregna nuestros sentidos.  

Cambiando completamente, el registro, «Hate», cierra el álbum en tonos acústicos. Las guitarras, y la seductora voz, esta vez acompañada de unos coros en segundo plano,  construyen un tema diferente, pero no menos impresionante.

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Reseña.- THE HEAVY MINDS.- «Second mind»

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Tras su brillante y aclamado debut de hace cuatro años, la noticia de nuevo material de los austriacos THE HEAVY MINDS era como para zambullirse en sus surcos sin ningún tipo de miramiento. Lo primero que me llama la atención tras las primeras notas, es la inclinación hacia espacios más netamente garage-psych con riffs crujientes toman prestados momentos de los sesenta. Si en «TREASURE COAST» los potentes sonidos heavy-blues de los setenta estaban omnipresentes, y los ecos stoner se vislumbraban en sus temas, en esta ocasión, el trío austriaco no pierde un ápice de su energía para retroceder en el tiempo y recuperar más momentos del garage sesentero. Con un sonido más crudo y primitivo insuflan la suficiente dosis nebulosas con para que los temas no parezcan tan primitivos. Una involución en su sonido que parece estar perfectamente diseñada. Recuperando algunos ecos del garage proto-punk del Detroit de finales de los sesenta en una linea que ocasionalmente se acercan a Nebula, no reniegan del blues que les ha acompañado desde sus inicios. Quizás en este álbum suenen menos pesados, pero no menos precisos. Como ya hicieran los alemanes Wedge, colorean de tonos vintage alguno de los temas dotándoles de un aspecto retro e incluso primitivo. No se han olvidado del fuzz aunque la persistencia psicodelia es reflejada de una forma distinta. Ciertamente el resultado de sus composiciones obedece a un trabajo bien elaborado y la sensación es que THE HEAVY MINDS han obtenido el álbum que querían. Nada aquí parece dejado a la improvisación, y cada acorde, cada nota, cada melodía ,aparentan estar perfectamente concebidas y diseñadas. Querían sonar así, y suenan así. Los momentos de psicodelia aparecen en el momento justo dentro del variopinto collage de emociones que cada tema logra transmitir. Por otro lado estamos ante uno de esos álbumes de los que no te puedes dejar llevar solo por la primera impresión. Es tanta su riqueza y variedad de matices, que con cada nueva escucha adquiere una nueva dimensión, apreciándose toda la calidad que atesoran unos surcos que guardan unos temas bien construidos y perfectamente ejecutados.

«Second mind» el tema que abre el álbum, se construye sobre una ambientación sesentera sobre unos cimientos de garage-psych primitivo en el que el bajo de Tobias, junto a la guitarras nebulosas de Lukas generan un corte lleno de frescura. Riffs que crujen y voces con un groovy macarrilla hacen de la sencillez virtud, para crear un tema colorido y sencillo. «Trip tide» sigue una línea similar. Riffs que crujen sobre vibraciones de garage-blues y aroma de pop de los sesenta. Desprendiendo genes Stooges, no reniegan a la vocación lisérgica con la que nacieron como demuestra el serpenteante laberinto psicotrópico de su parte final.

Añadiendo altas dosis de ácido a las guitarras, «Footpath to fortress», sin alejarse del camino, transita por el lado más lisérgico. Un caleidoscopio con momentos retro y una voz desgarrada surfean entre las mareas ondulantes del blues con solos hirientes y cambios de ritmos en los que un tufillo funky aparece de manera efectiva. Como si fuera cansado, los ritmos llevan una cadencia aparentemente lenta. En realidad se trata de una visión que no responde a la realidad, ya el groovy y tempo del tema es todo una acierto premeditado de los austriacos. Pegadizo y ácido a la vez, el tema se nutre de todos los estilos usados por la banda antes de precipitarse por un torrente de efectos en su parte final.

Con una gran cadencia blues, los ocho minutos de «Heavy  load of fools» sirven de marco a unos desarrollos más profundos de las vibraciones vintage. Pausado y cadente y siempre inclinado a los postulados garageros, sus chirriantes riffs, acaban sucumbiendo a la seducción de los distados de la psicodelia pesada.  

En una versión más colorista, «Spheres» y esa linea de bajo hipnótico que coquetea con sonidos funky mientras los platillos chasquean bajo la mirada de un órgano retro, nos sorprenden con una sensual voz con un trasfondo caleidoscopico. Un trance más electrónico y modernista. Un tema que cambian los vaqueros y las chupas de cuero por el látex.

Aunque el sonido de los austriacos tiene una vocación clara, no dudan en ofrecer distintos registros. Así «Distopia» entre riffs desérticos en línea Nebula se presenta más grueso y fornido. los efectos aparecen con sutileza entre espacios a caballo entre el hard y el proto-metal, antes del descenso a los abismo lísérgicos que sirven de lucimiento al bajo Tobias y a la guitarra de Lukas, que nos ofrece su versión más ácida. Tras el paseo psicodelico, retoman el garage arenoso.

«SECOND MIND» cierra con la languidez sesentera de «Flight future days». Más melodiosos y recordando el garage y la psicodelia de aquellos años. EL fuzz del bajo hace que estemos en algún punto en el que los sesenta y el siglo XXI se encuentran bajo una brisa arenosa y cruda.  

«SECOND MIND» está disponible vía el sello austriaco StoneFree Records.

THE HEAVY MINDS son: Chris (batería), Lukas (guitarra y voces) y Tobias (bajo y guitarra)

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Reseña.- UNIMOTHER 27.- «Chrysalis»

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«CHRYSALIS» es el nuevo álbum del multii-instrumentista italiano Piero Ranalli y su alter-ego UNIMOTHER 27. Siguiendo la estela de pioneros kraut como Ash Ra Temple o Tangerine Dream, UNIMOTHER 27 publica su séptimo álbum. Compuesto por cinco largos temas,  explora los confines la psicodelia utilizando bellas melodías que se empapan de algunas influencias ya vistas en sus anteriores álbumes. Elementos progresivos junto a una cierta vocación espacial, sin olvidarse nunca de los vientos de la West-Coast de finales de los sesenta. Bellas melodías que son interpretadas con mimo y esmero. Delicados pasajes que Piero envuelve en un disfraz de lisérgia creando atmósferas ensoñadoras.   A pesar de tocar todos los instrumentos hay que destacar la gran técnica con la guitarra, que hace que se convierta en protagonista de muchos de los momentos más brillantes del álbum, tratando de ofrecer una terapia para aplacar los males y liberarnos de malas vibraciones. Un álbum que tiene un componente de experimentación muy elevado sobre estructuras de psicodelia de ciencia-ficción.

“Miseries Are Lost In The Immense Desert Of Wisdom” partiendo de efectos envolventes de vocación espacial, va creando un florido cuadro bucólico que hace que nos situemos en décadas pasadas. Acordes que por momentos me recuerdan a It’s a Beautiful Day, se ven coloreados por tonos de matiz kraut en un marco psico-progresivo con un claro espíritu situado en el Verano del amor. Una gratificante melodía que repite su estructura con la cálida y magnética voz de Piero susurrándonos.  Introduciendo un órgano que sigue la estela de Iron Butterfly para crean un tono vintage, introduce bellos pasajes de guitarra que nos hechizan. Un bello tema que puede resumir el sonido del proyecto.

Con una ambientación exótica, «Smell of the holy», huele a especias, entre lo lisérgicos acordes que se repiten. Poco a poco van cambiando el magnetismo para incorporar unos finísimos desarrollos de guitarra. Un efectivo ejercicio de técnica que combina distintos elementos. Tonos floydianos que se tiñen de colores orientales. Un tema de diez minutos que cambia su rumbo a consta de un pulsante bajo que da cuerpo a la finura y estilismo de las dos guitarras superpuestas. Una base repetitiva sobre la guitarra tiene campo para desarrollar toda su destreza. En realidad es una estructura sencilla, pero que es construida «a pico y pala», de una manera incisiva. Amagando con una explosión que no acaba de producirse. 

Ahora es el bajo el protagonista que nos introduce en «The prisioner». un tema mucho más hard, en el que los riffs de corte retro hacen acto de presencia. Un tema setentero en el que se vislumbra algún gen blues en su interior. Más cálido y fornido sin acaba siendo pesado no faltan los momentos psico-.progresivos. nuevamente con repetición de acordes Piero consigue crear un tema distinto en el que intercambia constantemente el protagonismo del bajo y de la guitarra. La cadencia del corte hace que nos contagie de su cansino pero pegadizo ritmo.

Mucho más oscuro y magnético, «Flow Of Universal Becoming» nos devuelve a escenarios kraut. Una peculiar ecualizada recita en lugar de cantar bajo esos hipnótico ritmos que se repiten hasta la saciedad. Siendo coloreados por la guitarra el tema incide en los orígenes kraut del músico italiano.

«CHRYSALIS» cierra con los casi veinte minutos de «Metamorphosis». todo un campo para la experimentación que pasa por distintos momentos. Largos minutos de solos de guitarra en un lucimiento extremo de virtuosismo los juegos con el estéreo se suceden entre extrañas y misteriosas atmósferas.Unos teclado sutiles sobre una atmósfera apacible y calmada van construyendo la cápsula en la que la guitarra puede desarrollarse a su antojo entre enigmáticos sintetizadores. Volviéndose más pesados y enmarañándose en un espiral que puede resultar excesiva. Las voces recitan con una ecualización que les dota de un misterio de corte futurista. Seguramente el nombre del tema defina los que sucede a lo largo de estos veinte largos minutos en los que la experimentación se lleva al extremo. Frío e inquietante a veces, cede el espacio a la electrónica sin renunciar a algún ramalazo hard. Un contrapunto de gruesas guitarras sobre los alienantes sintetizadores.

 

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Reseña.- YAWNING MAN.- «Macedonian lines»

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Los pioneros del rock desértico más atmosférico YAWNING MAN están de regreso con su nuevo álbum «MACEDONIAN LINES». Un año después de la publicación de su aclamado «THE REVOLT AGAINST TIRED NOISES» repiten con el sello Heavy Psych Sounds en esta nueva entrega. Según palabras de la propia banda, estamos ante un trabajo más oscuro y pesado, pero lo cierto es que la magia que Mario Lalli y Gary Arce tienen para transmitir las sensaciones más lánguidas del desierto aparecen en unos surcos llenos de belleza. Las bellas texturas de la guitarra de Gary son complementadas con el músculo y la pesadez que aporta el bajo de Mario. El álbum fue creado desde improvisaciones en vivo que son rescatadas con fluidez sobre bellas melodías. Un equilibrio constante que hace que cada tema de nos aporte nuevas sensaciones. Con un sonido que podría confundirse con muchas propuestas post-rock pero que nace y describe las vastas y yermas llanuras desérticas desde un tono de nostalgia y melancolía. Una tristeza que se transmite desde la belleza de unas estructuras instrumentales que consiguen transmitir sentimientos y hacerte partícipe de ellos. Siempre con delicados acordes que aportan a cada tema una personalidad que no encontramos en otras formaciones que practican el desert-rock. «MACEDONIAN LINES» es la perfecta banda sonora para sentarte en una colina y disfrutar del lento ocaso del sol con la sombra de los cactus a tu alrededor en una sosegada mirada interior para el re-encuentro con uno mismo.

Desde el músculo que aporta el bajo de Lalli, «Virtual funeral» nace de oscuros pasajes que son coloreados con el estilismo y la elegancia de los acordes de la guitarra de Gary. Un halo de nostalgia que se percibe en un tema que se compone de tonos ocres. Cercano a postulados post-rock la magia y la soledad del desierto aporta sosiego a nuestros sentidos en cada nota. Si, es una misma estructura que se repite, pero sin resultar aburrida, que acaba llenándonos de bellas y gratificantes armonías.

El tema que da nombre al álbum, «Macedonian lines» desde un esquema parecido y repitiendo sus acordes de una manera incisiva, evoluciona en una oscura psicodelia. Como si de dos temas paralelos YAWNING MAN construyen un tema espeso, marcado por el poder de Mario a las cuatro cuerdas. La constante repetición de acordes dota de una profundidad e intensidad nada liviana. La tristeza es una constante en este trabajo, y este tema no hace sino corroborar esta afirmación. Si quieres montar una fiesta, este no es el tema que debes de poner; aquí los californianos van a otra cosa.

Desde estructuras menos ampulosas que las que normalmente vemos en bandas post-rock, «Melanconcholy Sadie» flirtea con ese tipo de vibraciones sin perder su esencia nacida de eriales lejanos. Unas armonías que nos acarician susurrantes con una fuerte carga emotiva nacida de la nostalgia y la desdicha.

El desert-rock con el que nacieron aparece de una forma pasada en «Bowie last breath». Nuevamente vemos la enorme contraposición de argumentos entre guitarra y bajo. Algo que puede parecer una lucha desigual acaba en un combate nulo. Cada instrumento mantiene su propuesta para conseguir esa atmósfera ensoñadora que nos gratifica. la belleza que Gary consigue sacar de cada nota es un punto de contrapeso entre el pulsante bajo de Mario y una batería que complementa la estructura.

Nadie puede esperar de lo surcos del álbum ecos stoner ortodoxos, no los hay, esto es otra historia. las melodías y el enorme gancho del bajo consigue crean cuadros sonoros llenos de belleza. Una constante repetida como la estructura de cada tema. «I’m not a real indian (but i play on tv)» parece una oda a los primeros moradores del lugar de nacimiento de la banda. Una añoranza y melancolía meditada y perseguida.Pasajes que transmiten emociones a lo largo de una melodías poéticas. 

Cualquier fan de la banda no se sentirá defraudado con esta nueva entrega del trío en un trabajo que cierran con «I make weird choices», personalmente el tema más destacado y el que más profundamente ha calado en mí. La depresión descrita con melodías delicadas y encantadoras que obtiene su esplendor por sí mismas.  Pocas bandas consiguen crear atmósferas como lo hacen YAWNING MAN, y los siete minutos de este corte son una prueba incontestable de ello. Desasosiego y liberación en un mismo envoltorio. Estamos ante un disco para despertar los sentidos desde una mirada sombría y mustia.

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