Reseña: BIG SCENIC NOWHERE.- ‘The long morrow’

‘THE LONG MORROW’ el segundo álbum del supergrupo formado por Bob Balch (Fu Manchu), Tony Reed (Mos Generator), Gary Arce y Bill Stinson (Yawning Man) profundiza en los reinos progresivos que la banda exploró en el EP ‘LAVENDER BLUES’, alejándose de alguna manera del rock del desierto y los paisajes sonoros psicodélicos de los inicios. Este es su trabajo más complejo hasta la fecha, los cuatro maestros entregando cinco canciones poderosas y prismáticas que encantarán a los fanáticos del rock atemporal. Estos cuatro pioneros del sonido del desierto se convierten en una fuerza creativa de la naturaleza, un torbellino que sabe transitar tanto por el rock del desierto como por el rock clásico, la psicodelia y especialmente por los sonidos progresivos. Un trabajo sumamente edificante y fascinante que marca el punto álgido en la creatividad de estos talentosos músicos. En el álbum cuenta como invitados como Reeves Gabrels (The Cure) y Per Wiberg (Opeth

El propio BOB BALCH nos da las claves del álbum:

Lanzamos el EP «Lavender Blues» en octubre de 2020. «Lavender Blues» y «The Long Morrow» son el resultado de una jam session de tres días en noviembre de 2019. Los músicos éramos, yo mismo, Gary Arce (Yawning Man), Bill Stinson (Yawning Man) y Tony Reed (Mos Generador). Dejamos esa sesión con horas de cosas para elegir. ¡Todavía tenemos toneladas por lanzar!.
Una vez que llegó el 2020, comenzamos a investigar lo que se convertiría en «Lavender Blues» con la intención de convertirlo en un EP y guardar la parte principal del material para el LP que se convertiría en «The Long Morrow». 
Todas las canciones fueron improvisaciones al principio, solo dos o tres partes y mucha improvisación. Tony comenzó a dividirlos en canciones arregladas y agregó letras y algunos cambios. Ahí es donde tenemos canciones como «Murder Klipp», «Defector», «LeDu» y «Lavender Bleu». También hice algunas sobre-grabaciones de guitarra para desarrollar las partes, pero en su mayor parte son tomas en vivo. Me sorprende que «Murder Klipp» se juntara tan fácilmente tan temprano en la mañana. Esa marca de tiempo es una locura, Bill Stinson no tuvo problemas para encontrar un ritmo que lo complementara. 

Tuve que tomar notas y aumentar mi ingesta de cafeína para eso. «Lavender Bleu» es una segunda toma de «Lavender Blues», de ahí la similitud del título. Ambos eran mermeladas pero «Lavender Bleu» se convirtió en una canción estructurada y la segunda mitad se convirtió en «Labyrinths Fade» del EP. Pude tocar el bajo en «Defector» y Tony cambió a la guitarra. «LeDu» está inspirado en Husker Du y Led ZeppelinGary Arce (Yawning Man) plantó las principales ideas de riffs para todas esas canciones en la cara A. El tipo es una máquina de riffs.

The Long Morrow” ocupa el segundo lado. Con poco menos de 20 minutos, “The Long Morrow” fue la primera jam que hicimos durante la sesión. Nos tomó unos 30 segundos para caer en un surco y no salimos a la superficie durante 30 minutos. Me fui a casa y volví a grabar todas mis partes de guitarra a lo largo de 2020. Mantuve las ideas originales en su lugar, pero las embellecí un poco. Después de editarlo y cambiar las partes de guitarra, se envió a Reeves Gabrels (THE CURE/DAVID BOWIE) y Per Wiberg (OPETH, SPIRITUAL BEGGARS) para agregar guitarras y sintetizadores. Luego fue enviado a Tony Reed (MOS GENERATOR) para voces, overdubs y cambios de estructura.

Mezclado y masterizado por el talentoso Tony Reed. No podría pedir una mejor producción. Suena justo como quería escucharlo.

Estamos muy orgullosos de este álbum y miramos hacia el futuro, ya que esto es solo el comienzo. Si podemos crear cosas como esta la primera vez que improvisamos juntos, ¡solo podemos imaginar que será cada vez mejor! ¡Más pronto!

BIG SCENIC NOWHERE son:
Tony Reed (Mos Generator) – voz, bajo, sintetizador,Bob Balch (Fu Manchu) – guitarra, Gary Arce (Yawning Man) – guitarra y Bill Stinson (Yawning Man) – batería 

THE LONG MORROW‘ está disponible vía Heavy Psych Sound Records.

‘Defector (of the future days)’ abre el álbum con riffs desérticos de notable influencia hard rock 70’s. Un sonido expansivo en el que la voz de Tony sirve de bálsamo. Con una vibra progresiva la banda evoca el sonido de algunos dinosaurios de los 70’s en una combinación de sonidos turbios y elaborados desarrollos. Los ecos de la ya clásica guitarra de Gary aportan el tono desértico a una canción en la que no faltan incisivos solos de guitarra y un bajo protector. La banda inserta con gran acierto coros y estribillos, para que su aspecto sea aún más atractivo.

Los sonidos pesados herederos de los 90’s aparecen en ‘Murder Klipp’. Una extraña combinación de ecos Stoner atmosféricos y hard rock de los 80’s. Su grueso sonido contrasta con delicados pasajes de guitarra que parecen salpicar un corte denso que no pierde su carácter atmosférico. Incluso incorporan estribillos mas propios de arena rock antes de sumirnos en un apacible paseo en el que psicodelia aflora con bellos y suaves pasajes. Omo si el tema hubiera cambiado completamente sus formas, la delicadeza gana la batalla a los ásperos y turbios sonidos stoner. Dotando el corte de un cierto sinfonismo, nos reglana bellos pasajes de guitarra entre sus densos sonidos, unas vibraciones que toman la senda emprendida en los últimos tiempos por bandas como Elder.

‘Lavander blue’ es una plácida canción con calmadas melodías que llevan el espíritu del desierto en sus surcos. Psicodélica y atmosférica, consigue crear una ensoñadora atmósfera que cálidas voces que parecen susurrarnos. Arpegios repetidos y coros aterciopelados van construyendo un corte que se eleva por una senda heavy-psych con monumentales desarrollos que se salpican de cuando en cuando. Esto no hace que la canción pierda su alma protectora. Múltiples arreglos consiguen que la canción esté dotada de una elegancia digna de disfrute.  

Con algo menos de tres minutos ‘Ledú’ nos muestra voces en capas y una ambientación atmosférica que se eleva sobre los vestigios del desert-rock con el que los músicos iniciaron su carrera. Elevándose rabioso el corte define el sonido de la banda.

Para cerrar el álbum ‘The long morrow’ con sus casi veinte minutos, permite la expansión del sonido de la banda a un espacio más progresivo. Desarrollos de teclados y una cálida voz nos van introduciendo en un calmado espacio sonoro en el que la banda inserta distintos ornamentos en modo de efectos envolventes. Sutil y pausado, el tema contiene buenos solos de guitarra que inciden en el legado de los 70’s para crear el tema mas impresionante de todo el álbum. Sin duda, aquí se percibe a cuatro músicos dejándose llevar por sus instintos en busca de una causa común. Dulces melodías vocales contrastan con los poderosos tambores y una instrumentación estratificada que transita por distintos escenarios sonoros sin perder el rumbo. El tema fluye en todas sus partes con una precisión que eleva la categoría de la banda, creando su propia identidad. Sin duda el álbum merece la pena solo por esta fascinante canción en la que la guitarra se retuerce en solos infinitos con gran precisión, mostrando una cohesión impresionante. Sin duda estamos ante una canción llena de épica que conjuga todos los elementos que BIG SCENIC NOWHERE toma para crear sus canciones.

BIG SCENIC NOWHERE:
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HEAVY PSYCH SOUNDS:
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Reseña: EARTHLESS.- ‘Night Parade Of One Hundred Demons’

El sexto álbum del trío californiano, lo componen dos aterradoras jams de cuarenta y veinte minutos, divididas en tres episodios, que nos devuelven a los orígenes de la banda. A lo largo de los años, EARTHLLES ha conseguido reunir a un ejército de seguidores que enloquecen con el sonido psicotrópico por excelencia. Como abanderados de esta escena heavy-psych, el trio se muestra más contundente y sólido que nunca haciendo lo que mejor saben hacer, dejarse llevar por sus instintos. Ritmos endiablados, solo interminables y un bajo hipnótico y denso, componen el arsenal con el que cuentan para sumir a sus fans en un agujero negro del que es difícil salir indemne. EARTHLESS son la locura, y en este, su nuevo álbum, corroboran que sus endemoniados desarrollos instrumentales, son capaces de hacernos huir del mundo racional para vivir una experiencia catártica en su particular dimensión sensorial. Un mundo retroalimentado por setas mágicas, que nublan la consciencia para proporcionarnos un placentero viaje sensorial. Un transito en el que la paranoia sónica nos aturde con sus impactantes sonidos llenos de LSD en tenebrosos bosques, que, en esta ocasión, se muestran más oscuros, inquietantes, e incluso pesados que nunca. Atrás quedaron las canciones de su último álbum en el que las voces sumaban calidad a sus composiciones; aquí, desnudos, se muestran al natural, en su estado más primitivo. Todo un descenso a los infiernos en el que la paranoia aparece de una forma inquietante. Curiosamente, el álbum cuenta con el primer riff que escribió la banda hace 20 años, y que ahora, por fin ve la luz en una grabación. El álbum y su título se inspiraron en una antigua leyenda japonesa en la que una horda de demonios, fantasmas y otros engendros terroríficos descienden sobre los pueblos mientras la gente duerme, una vez al año. Esto es conocido como Hyakki Yagyō, o el “Desfile Nocturno de los Cien Demonios”, y una versión del cuento afirma que cualquiera que sea testigo de esta procesión de otro mundo morirá instantáneamente, o será llevado por las criaturas de la noche. Como resultado, los aldeanos se esconden en sus casas, no sea que se conviertan en víctimas de estos invasores sobrenaturales. ‘NIGHT PARADE OF ONE HUNDRED es un álbum que necesita más de una escucha para poder apreciar todo su potencial, y en el que , a través de una hora mágica y misteriosa, podemos degustar la autenticidad de estos tres titanes de los sonidos heavy-psych, en esta ocasión, en su álbum más sombrío e inquietante. 

EARTHLESS son:

ISAIAH MITCHELL: guitarra

MARIO RUBALCABA: batería

MIKE EGINTON: bajo

Un lento y magnético génesis nos va introduciendo en la primera parte de ‘Night Parade Of One Hundred Demons’. Una jam de cuarenta minutos divididas en dos partes. Con toda la calma, los efluvios psicodélicos parecen susurrarnos en un espacio onírico lleno de belleza. Sus suaves acordes tocados con delicadeza tardan en explotar alrededor de 6 minutos, antes de mostrarnos a los Earthless más ortodoxos. Aún así se vislumbra en la vocación del tema un espíritu nostálgico. Bebiendo del legado de los 70’s el tema evoluciona en su intensidad sin prisa alguna. Distintos giros armónicos, pero sobre la destreza de ISAIAH nos proporciona gratificantes momentos de bella psicodelia. Si ritmo inquebrantable contrasta con las veleidades de una guitarra se va moldeando por momentos a semejanza de Santana, pero también de Hendrix, en un derroche de virtuosismo con un resultado fascinante. Manteniendo el tono suave, sin excesivas estridencias, encontramos a los Earthless más ensoñadores en la primera mitad, para toparnos de bruces con su locura habitual en una segunda parte más oscura e histriónica. Aquí los pedales y los efectos nos envuelven en un manto lisérgico.

La segunda parte de la jam, con sus 22 minutos, índice en el desarrollo de un sonido más oscuro e inquietante. Los tambores de Mario y un bajo hechizante van construyendo lentamente un entorno algo mas aturdidor. Allí la guitarra se muestra más tímida de lo que nos tiene acostumbrados. El resultado es un corte lúgubre y misterioso que se retroalimenta de la fuerza de sus tambores hasta su deflagración en su parte central.  Es posible que, aunque el sonido de Earthless sea nítidamente reconocible, lo cierto es que nunca han desarrollado su música en un entorno tan sombrío e inquietante. Atrás quedaron las canciones de su último álbum en el que las voces sumaban calidad a sus composiciones. Aquí, desnudos, se muestran al natural, en su estado más primitivo.

Tonos épicos y oscuros van construyendo un viaje inmersivo a un espeso bosque en el que las emanaciones de dietilamida nos impregnan de la esencia del trio californiano. ‘Death To The Red Sun’ se impregna de solos ácidos se contonean entre los poderosos tambores de Mario para crean un entorno hipnótico y completamente psicotrópico. Haciendo su sonido más pesado y denso, la jam toma algunos elementos de los 70’s para expandirse por un insondable espacio en el que la psicodelia pesada adquiere cotas elevadas. Un ritmo inquebrantable nos conduce con la mirada al frente a un magnético escenario en el que la banda dota de pesadez a su sonido, mientras. La guitarra de Isaiah se retuerce en sus habituales solos infinitos. Un aturdidor escenario en el que los californianos vuelan la cabeza del oyente en esta vuelta a los orígenes. Trepidante y lisérgico, el corte no baja su intensidad en ningún momento, con lo que consiguen el objetivo de sumir al oyente en una espiral heavy-psych de la que parece difícil poder escapar.

Earthless

Nuclear Blast

Reseña: STONE HOUSE ON FIRE.- ‘Time is a razor’

‘TIME IS RAZOR’ es un artefacto sonoro demoledor y alucinante en el que STONE HOUSE ON FIRE se vuelven más pesados y psicodélicos que nunca. Toda una bofetada en la cara con los riffs más primitivos y con el heavy-blues psicotrópico como argumento de un éxtasis de algo mas de media hora. Sobreviviendo al presente, el cuarteto brasileño lleva el peso del futuro y el pasado a sus canciones.  Todo un carnaval de psicodelia pesada con genes 70’s que juega con el blues más chamánico y humeante. Un ritual de sonidos del pasado que se convierte en un puente directo hacia el presente más prometedor de una magnífica banda. Vagando por territorios desérticos con riffs arenosos, explorando pantanosos espacios humeantes con altas dosis de blues chamánico, así como indagando en territorios sobrenaturales, los brasileños siempre están dispuestos a viajar a lo desconocido. Un gratificante viaje con vibraciones familiares de bandas como Cream, Led Zeppelin, Hendrix, o Blue Cheer, a las reverberaciones ácidas más primitivas de los 70’s, envolviéndolas en un aspecto contemporáneo en el que bandas como Graveyard o Flying Eyes son todo un referente. Si estos no fueron suficientes alicientes, los ritmos latinos del Santana más ácido, están también presentes en unas canciones que no hacen prisioneros.  Sin duda  STONE HOUSE ON FIRE crean un trabajo impactante que cautivará a la primera escucha, a los amantes de las vibraciones heavy-blues, a los de la psicodelia pesada, y a los viejos rockeros que palpitaron en su juventud con los pioneros de las vibraciones pesadas de los 70’s. Olvídate de la nostalgia de tus bandas de juventud, porque en el siglo XXI sigue habiendo bandas como , que nos recuerdan que el rock salvaje, crudo y auténtico, sigue muy vivo.

STONE HOUSE ON FIRE son:
Kleber Mariano – Guitarra / Voz
Marcus Oliveira – Guitarras
Leonardo Moore – Bajo / Voz
Andre Leal – Batería

Producida por STONE HOUSE ON FIRE. Grabado en Estúdio Jukebox, mezclado y masterizado por Andre Leal y Kleber Mariano. Todas las canciones escritas, arregladas, interpretadas y producidas por STONE HOUSE ON FIRE. Percusión en “Waterfall” Marian Sarine. Percusión en “Waterfall” y efectos especiales en “White Canvas” de Leandro Tolen. Obra de Dovglas Leal, ‘TIME IS RAZOR’ está disponible vía Electric Valley Records en los siguientes formatos:

– Vinilo blanco 250x LTD

– Vinilo 220x Side A / B rojo / azul

– 30x Ultra LTD “Razor Edition”

‘Bitter times’ es un torbellino de hard-blues a la vieja usanza que te arrolla a la primera escucha. Frenéticos ritmos stonerizados se unen al legado de banda como CREAM o BLUER con un tono que te recordará a banda contemporáneas como GRAVEYARD o THE FLYING EYES. STONE HOUSE OF FIRE apuestan fuerte por los sonidos pesados con aroma vintage, para componer una canción impetuosa e impactante.

Si en ‘Bitter times’ nos mostraban la fuerza y potencia arrolladora de su sonido, en ‘Despite’, los brasileños optan por el blues lisérgico como argumento de otra canción llena de fuerza y sentimiento. Solos ácidos, ritmos pegadizos y una desgarradora voz, ponen la guinda a una canción que lleva el legado de los 70’s en sus genes. Heavy blues stonerizado impregnado de humo cannabico para hacerte volar. Un tema demoledor con una inmersión lenta en sentimientos contradictorios y una confusión creciente sobre lo que es real o no al tratar de lidiar con ello. La pista presenta un estilo vocal diferente sobre esa base abrasiva de heavy-blues ácid.

Esta claro que estos chicos saben lo que hace, y los tambores y bajo que abren ‘Waterfall’ nos indican que otro emocionante corte está ante nosotros.  Ritmos mas propios de Santana, y guitarras lisérgicas, nos sumen en un redentor trance chamánico.  Lo sobrenatural en una ceremonia más propia del vudú, con buenos golpes de pesadez. Con unos mimbres fornidos, ponen el calor a otra canción que bebe del legado más salvaje de los 70’s con estribillos y coros que se asoman a sus nebulosas psicotrópicas en un carnaval de psicodelia pesada de tintes vintage.

Diabólicos y repetitivos riffs de herencia Hendrix nos arrollan con fuerza en ‘Uzumaki’. Un nuevo corte pesado y ácido, que nos aturde con su perverso sonido retro. Sus contagiosas vibraciones nos llevan en volandas a una fiesta salvaje de crudos y pesados riffs impregnados en sustancias psicotrópicas. Una portentosa canción que deja un rastro de desolación a su paso, que te engulle como un tornado.

La vertiginosa ‘White canvas’ bebe de la fuente de Led Zeppelin para desarrollarse por un torrente más propio de BLUE CHEER. Potente y con el suficiente atractivo para sucumbir a sus encantos, el tema culmina con la fuerza de sus estribillos y coros en un derroche de garra. Así transcurren dos primeros minutos rebosantes de fuerza, para frenan su ímpetu en seco, y sumirnos en un insondable espacio pantanoso en el que las inquietantes brumas psicodélicas nos envuelven entre efectos. La calma se rompe con una descarga de garra de blues en una conjunción de los primeros Led Zeppelin y los contemporáneos Graveyard. El espíritu 70’s bien recogido por los brasileños para crear un corte que contiene elementos modernos que lo revitalizan.

‘The weight’ con sus ocho minutos, y convirtiéndose en el tema más largo del álbum, se desarrolla entre brumosos sonidos de blues psicodélico. Un sonido férreo con atractivos pasajes de guitarra y un aura vintage. Con una narrativa misteriosa, el trance chamánico aflora entre suaves pasajes que se ven asediados por hordas de riffs pesado en una montaña rusa construida sobre una base de psicodelia pesada. La canción más psicodélica de todo el álbum nos sume en un estado narcótico con sus hipnóticos y lisérgicos pasajes instrumentales

Stone House On Fire

Electric Valley Records 

Reseña: MUD SPENCER.- ‘Fuzz soup’

MUD SPENCER es el proyecto tras el que se esconce el músico francés Sergio Garcia. Residente en Indonesia desde 2011, inspira sus canciones instrumentales, en el sonido psicodélico pesado de finales de los 60 y principios de los 70. A modo de banda sonora de una película vintage de aquellos años, cada canción contiene esos genes psicodélicos que son capaces de crear un amplio caleidoscopio de sonidos pesados. Siempre con la psicodelia en sus surcos, los temas explotan en un crisol de ritmos coloristas que acaban por llevarnos a un viaje al pasado a través de vibraciones del presente. La extraña combinación de guitarras surf, con golpes de Stoner-doom, ritmos binaurales y riffs con amplio abanico de frecuencias, hacen de ‘FUZZ SOUP’ un álbum ecléctico, a la vez que fascinante.  MUD SPENCER es un acto especial en la discografía de Argonauta Records, un sello siempre dispuesto a apostar por propuestas curiosos y originales. Un solo hombre al mando de la nace que nos traslada a un entorno vintage en el que la psicodelia camaleónica encuentra su lugar para desarrollarse en un arco iris vibraciones pesadas. Muy influenciado por los sonidos de los 70’s, las canciones, todas ellas instrumentales, se empapan de fuzz intoxicante para acaban por absorber al oyente en un trance chamánico. Grabado en la cama y mezclado en la montaña Ciremai. Sin banda, sin presentaciones en vivo, más tiempo para siestas, masajes y relajación, sin estrés. El músico crea MUD SPENCER como concepto para sobrevivir en un entorno donde solo hay café y tabaco como potenciadores del estado de ánimo y NO hay músicos este género. Tocando todas las guitarras, batería, órgano, efectos y otros instrumentos, consigue un exótico álbum lleno de originalidad y con buenos argumentos psicodélicos.

‘Razana’ nos sume en un espacio oscuro con riffs que crean una tensión con una atmósfera que se inclina a lo vintage. Bajo cadente y grueso avanzando lentamente entre tambores disonantes y rasgueos de guitarra en 2 minutos a modo de introducción.

Tras la apertura instrumental ‘Back to the origin’ mantiene a oscura atmósfera con momentos de psycho-doom en los que los efectos y los lentos riffs crean una atmósfera narcótica que no tarda en explotar entre ritmos luminosos y pasajes de psicodelia ácida. Pesado y lisérgico, sus genes proto-doom se combinan con una sucesión de elementos que crean ese estado narcótico que tanto nos gusta.  

Con atractivos y ortodoxos ganchos Stoner, ‘Fuzz shoup’ es precisamente eso, una sopa de fuzz creando un entorno borroso con esos sonidos difusos creados por una sucesión de efectos. Un poco alocado en su instrumentación el tema se compone de múltiples reverberaciones que se agolpan entre riffs Stoner al uso, psicodelia pesada y el legado de los 70’s.

‘Quest on fire’ se precipita por un torrente de riffs pesados que van mutando sin perder un ápice de su fuerza. Crudo y repetitivo, el tema cuenta con un carácter cósmico nacido de esos golpes surf de la guitarra, unos tambores explosivos y esas oscilaciones de carácter retro, que siempre están presentes en sus canciones. Un tema potente y atractivo.

Sumiéndonos en una atmósfera cegadora y espesa, ‘Ride the mammoth’ galopa desbocada a lomos de riffs Stoner de vocación 70’s. un fuerte ritmo es impulsado por fuertes dosis de fuzz narcótico que crean un entorno aturdidor. Guitarras surf y un obvio espíritu 60’s complementan otro corte pesado, y lleno de dinamismo en el que los efectos y la pesadez están muy presentes. Decayendo el ritmo a un espacio psycho-doom, el tema frena su ímpetu para apagarse lentamente.

Crujientes y dinámico, ‘Argapura’ parece nacer de brumosos pantanos con un aire chamánico. Serpenteando constantemente entre meandros de psicodelia envolvente, y una sucesión de efectos, el corte es una bofetada de sustancias aletargantes que acaba por aturdirnos en un sueño lisérgico.   

‘The shelter’ camina lentamente entre efectos acuáticos con un tono de blues. Parsimonioso en su apertura, su ritmo te va atrapando con calma a un nuevo espacio narcótico en el que difusas vibraciones aparecen en una contraposición de niveles. Una especie de entorno psycho-doom nos envuelve en un extraño trance en el que caben resonancias exóticas.

Con un título lo suficiente nítido, ‘Surfin the dune’ se deja llevar por oleadas de desert-rock que son surfeadas con destreza. Un paseo sideral por espacios arenosos llenos de ondulaciones Stoner-doom coloreadas con esa guitarra surf que siempre aparece en algún momento de cada canción. El corte se encabrita en una estampida de puff y ritmos vibrantes.

Con un groovy increíble ‘The cheating mole’ nos lleva de viaje a los albores de los 70’s. Ritmos contagiosos y un sonido menos pesado van tejiendo sin prisas una maraña lisérgica que acaba por apoderarse del tema. Insertando un riffs pesado y difuso aquí y otro allá la guitarra se muestra incisiva y ácida en sus solos impregnados en sustancias psicotrópicas que acaban por aturdirnos en un trance vintage.

‘Tumulus’ vuelve a evocar el sonido del desierto. En esta ocasión acordes acústicos y slide nos introducen a una espiral diabólica de golpes Stoner-doom. Como si estuviéramos en un viaje cósmico tras una ingesta de peyote, las vibraciones psicodélicas nos acompañan en esa travesía a esa dimensión sensorial en la que la mente se evade del cuerpo. Un ritual chamánico que va y viene en su intensidad.

Para cerrar el álbum ‘Narcolepsy’ nos golpea con embestidas psycho-doom a paso lento y pesado. Como un paquidermo aturdido, el corte deambula parsimoniosamente entre nebulosas narcóticas.

Mud Spencer

Argonauta Records

Reseña: KING BASTARD.- ‘It Came From the Void’

La joven banda canadiense KING BASTARD, nos invita a una verdadera experiencia sinestésica, con su álbum debut ‘IT CAME FROM THE VOID’. Un viaje de un grupo de colonos cósmicos, que parte en la Tierra agonizante y asciende al cosmos, trayendo visiones de desastre y fracaso humano. Combinando imágenes de terror de ciencia ficción con un sonido de doom moderno que incorpora sintetizadores, percusiones, saxofón, violines chirriantes, el trio te arrastra su propia dimensión, aplastando tu cráneo con pasajes trippy de psicodelia pesada y Stoner-doom. Una apuesta mas, que ensancha las fronteras de la música pesada para impregnarla de un brebaje sonoro creado a base de sustancias psicotrópicas. Un álbum con sonidos expansivos que lograr abrir la mente del oyente a una experiencia en la que los guiños a la ciencia ficción de los 70’s, se traducen en locuciones cinematográficas de un claro acento vintage. Una travesía cósmica que nos sume en un trance sensorial en el que KING BASTARD despliegan toda su maestría, para zarandearnos a su antojo con pesados riffs, y a la vez narcotizarnos con su intensa psicodelia. Uno de los mayores avales del álbum, es precisamente esa gran habilidad para cambiar el signo de unas canciones ricas en texturas y que serpentean por distintos escenarios sonoros, sin que nos demos cuenta de donde giró el camino. Si bien, hay muchos elementos habituales en este tipo de propuestas, ‘IT CAME FROM THE VOID’ tiene una ejecución lo suficientemente atractiva, como para sorprender al oyente sin caer en la monotonía. 

Solo tomó un fatídico momento de 2018 en la Universidad de Stony Brook para hacer que los planetas se alinearan y la pasión de Izzy Guido (sintetizador), Arthur Erb (bajo) y Mike Verni (guitarra) se uniera para crear la bestia intrépida y gigantesca que pronto sería conocido como KING BASTARD. Si bien su baterista inicial no pudo hacer frente a la fuerza aplastante de la convergencia cósmica del trío, la llegada del baterista Matt Ryan detrás del kit finalizó el sellado de su juramento sónico. 

Después de una serie de cintas de, el cuarteto se trasladó a Menegroth, el estudio de Thousand Caves en Queens, Nueva York, para grabar su primer larga duración ‘It Came from the Void’ con el legendario Colin Marston, una colaboración que fue alentada con benevolencia por El tío de Mike, Darren Verni de Unearthly Trance. Las seis pistas se grabaron en vivo en un fin de semana, ya que KING BASTARD sabía exactamente dónde querían llevar su sonido: una fusión de riffs doom tradicionales con jams psicodélicos experimentales. El año siguiente se dedicó a perfeccionar los detalles más pequeños, desde rastrear sintetizadores y pistas de guitarra, hasta agregar percusiones, saxofón, violín y viola, agregando esa vibra sobrenatural que hace que su música se destaque del resto. ‘IT COME FROM THE VOID’ fue grabado, mezclado y masterizado por Colin Marston (Gorguts, Krallice) en el estudio Thousand Caves en Queens, NY. 

KING BASTARD son: Mike Verni (Guitarra), Isabel Guido (Sintetizador, saxofón, voz), Arthur Erb (bajo), Matt Ryan (Batería y percusión adicional 

Desde los siete minutos de la canción de apertura, ‘From hell to horizon’, se puede percibir que estamos ante un álbum que no se pone ningún límite a su estilo. Una introducción casi espacial nos lleva a una cuenta atrás en la que KING BASTARD, dejan patente toda su fuerza. Monstruosos riffs Stoner-doom de manual van socavando nuestras neuronas para sumirnos en un estado de agradable narcolepsia. Una vez ahí, descargan todo su arsenal de psicotrópicos en una atmósfera calmada y nebulosa. Gratificantes acordes que se ejecutan con lentitud y que poco a poco van sumiendo al oyente en un trance comandado por magnéticas vibraciones heavy-psych. El poderoso y cálido bajo despliega su poder hipnótico entre briosos tambores y una guitarra ácida. El corte cierra por con una conjunción de elementos pesados y psicodélicos.

 ‘It Came From The Void’ avanza parsimonioso por plomizos riffs crujientes y un ritmo cansino y cadencioso. Creando un escenario en el que emanaciones psicotrópicas impregnan el ambiente, el tema oscila con golpes de fuerza en su paseo narcótico.  Casi a modo de jam, los instrumentos juegan unos con otros, invitándose a este aquelarre de fuzz arenoso y dietilamida que acaba con pasajes de jazz y locuciones, que dan un punto de originalidad a un tema sólido. 

Es difícil no encontrar referencias Sabbathicas en un álbum de estas características, y ‘Pyshosis in a vacum)’, me confirma esta afirmación. Oscuro y tenebroso el tema se despeña en una terrorífica caverna en la que voces guturales arrastran el tema a golpes de sludge. Una sima en la que el doom de manual respira entre contaminadas atmósferas lisérgicas mas propias de un inframundo.

‘Bury the survivors, Ashes to ashes’ nos trae esos riffs rompe cuello que provocan ese estado catártico al amante de los riffs pesados emanados del fuzz. Con una dualidad entre la calma y la contundencia, la canción explorar insondables espacios de pura psicodelia. Lo cierto es que los canadienses hacen oscilar sus canciones con una destreza que hace que la transición pase desapercibida en su escucha.  Lo que parecía una canción proto-doom en su comienzo, acaba convirtiéndose en uno de los temas más psicodélicos del álbum. De nuevo, extrañas locuciones cinematográficas aportan un tono vintage y cósmico al corte.

Con ese familiar sonido de bajo que parece que se va a quebrar, echa a andar ‘Black hole viscera’ otro corte que fusiona elementos de doom tenebrista con cegadores pasajes de psicodelia arenosa.  De nuevo, es de destacar el gran trabajo de su bajista para encauzar el tema a una nueva sima. En la parte central, la guitarra se desdobla en distintos sonidos creando la atmósfera perfecta para este inquietante tema.

‘Sucumb to the void’ pone el broche al álbum por una senda similar a la del resto de canciones. Diez minutos de hipnóticos sonidos de bajo que ponen a prueba nuestra capacidad neuronal, y serpenteantes pasajes de psicodelia narcótica y turbia, guiada por ritmos pesados.  Todo parecía que transcurría cumpliendo el guion, pero no, KING BASTARD da una vuelta de tuerca más, y nos introduce en una atmósfera drone y noise, en la que los efectos se suceden con un tono cósmico.

King Bastard