Reseña: EARTHLESS.- ‘Night Parade Of One Hundred Demons’

El sexto álbum del trío californiano, lo componen dos aterradoras jams de cuarenta y veinte minutos, divididas en tres episodios, que nos devuelven a los orígenes de la banda. A lo largo de los años, EARTHLLES ha conseguido reunir a un ejército de seguidores que enloquecen con el sonido psicotrópico por excelencia. Como abanderados de esta escena heavy-psych, el trio se muestra más contundente y sólido que nunca haciendo lo que mejor saben hacer, dejarse llevar por sus instintos. Ritmos endiablados, solo interminables y un bajo hipnótico y denso, componen el arsenal con el que cuentan para sumir a sus fans en un agujero negro del que es difícil salir indemne. EARTHLESS son la locura, y en este, su nuevo álbum, corroboran que sus endemoniados desarrollos instrumentales, son capaces de hacernos huir del mundo racional para vivir una experiencia catártica en su particular dimensión sensorial. Un mundo retroalimentado por setas mágicas, que nublan la consciencia para proporcionarnos un placentero viaje sensorial. Un transito en el que la paranoia sónica nos aturde con sus impactantes sonidos llenos de LSD en tenebrosos bosques, que, en esta ocasión, se muestran más oscuros, inquietantes, e incluso pesados que nunca. Atrás quedaron las canciones de su último álbum en el que las voces sumaban calidad a sus composiciones; aquí, desnudos, se muestran al natural, en su estado más primitivo. Todo un descenso a los infiernos en el que la paranoia aparece de una forma inquietante. Curiosamente, el álbum cuenta con el primer riff que escribió la banda hace 20 años, y que ahora, por fin ve la luz en una grabación. El álbum y su título se inspiraron en una antigua leyenda japonesa en la que una horda de demonios, fantasmas y otros engendros terroríficos descienden sobre los pueblos mientras la gente duerme, una vez al año. Esto es conocido como Hyakki Yagyō, o el “Desfile Nocturno de los Cien Demonios”, y una versión del cuento afirma que cualquiera que sea testigo de esta procesión de otro mundo morirá instantáneamente, o será llevado por las criaturas de la noche. Como resultado, los aldeanos se esconden en sus casas, no sea que se conviertan en víctimas de estos invasores sobrenaturales. ‘NIGHT PARADE OF ONE HUNDRED es un álbum que necesita más de una escucha para poder apreciar todo su potencial, y en el que , a través de una hora mágica y misteriosa, podemos degustar la autenticidad de estos tres titanes de los sonidos heavy-psych, en esta ocasión, en su álbum más sombrío e inquietante. 

EARTHLESS son:

ISAIAH MITCHELL: guitarra

MARIO RUBALCABA: batería

MIKE EGINTON: bajo

Un lento y magnético génesis nos va introduciendo en la primera parte de ‘Night Parade Of One Hundred Demons’. Una jam de cuarenta minutos divididas en dos partes. Con toda la calma, los efluvios psicodélicos parecen susurrarnos en un espacio onírico lleno de belleza. Sus suaves acordes tocados con delicadeza tardan en explotar alrededor de 6 minutos, antes de mostrarnos a los Earthless más ortodoxos. Aún así se vislumbra en la vocación del tema un espíritu nostálgico. Bebiendo del legado de los 70’s el tema evoluciona en su intensidad sin prisa alguna. Distintos giros armónicos, pero sobre la destreza de ISAIAH nos proporciona gratificantes momentos de bella psicodelia. Si ritmo inquebrantable contrasta con las veleidades de una guitarra se va moldeando por momentos a semejanza de Santana, pero también de Hendrix, en un derroche de virtuosismo con un resultado fascinante. Manteniendo el tono suave, sin excesivas estridencias, encontramos a los Earthless más ensoñadores en la primera mitad, para toparnos de bruces con su locura habitual en una segunda parte más oscura e histriónica. Aquí los pedales y los efectos nos envuelven en un manto lisérgico.

La segunda parte de la jam, con sus 22 minutos, índice en el desarrollo de un sonido más oscuro e inquietante. Los tambores de Mario y un bajo hechizante van construyendo lentamente un entorno algo mas aturdidor. Allí la guitarra se muestra más tímida de lo que nos tiene acostumbrados. El resultado es un corte lúgubre y misterioso que se retroalimenta de la fuerza de sus tambores hasta su deflagración en su parte central.  Es posible que, aunque el sonido de Earthless sea nítidamente reconocible, lo cierto es que nunca han desarrollado su música en un entorno tan sombrío e inquietante. Atrás quedaron las canciones de su último álbum en el que las voces sumaban calidad a sus composiciones. Aquí, desnudos, se muestran al natural, en su estado más primitivo.

Tonos épicos y oscuros van construyendo un viaje inmersivo a un espeso bosque en el que las emanaciones de dietilamida nos impregnan de la esencia del trio californiano. ‘Death To The Red Sun’ se impregna de solos ácidos se contonean entre los poderosos tambores de Mario para crean un entorno hipnótico y completamente psicotrópico. Haciendo su sonido más pesado y denso, la jam toma algunos elementos de los 70’s para expandirse por un insondable espacio en el que la psicodelia pesada adquiere cotas elevadas. Un ritmo inquebrantable nos conduce con la mirada al frente a un magnético escenario en el que la banda dota de pesadez a su sonido, mientras. La guitarra de Isaiah se retuerce en sus habituales solos infinitos. Un aturdidor escenario en el que los californianos vuelan la cabeza del oyente en esta vuelta a los orígenes. Trepidante y lisérgico, el corte no baja su intensidad en ningún momento, con lo que consiguen el objetivo de sumir al oyente en una espiral heavy-psych de la que parece difícil poder escapar.

Earthless

Nuclear Blast

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