Reseña: DOMO.- ‘Domonautas Vol. 2’

Hace que 11 meses los alicantinos DOMO publicaban ’DOMONAUTAS VOL.1’ tras cuatro años de silencio. Un álbum en el que se mostraban más progresivos y algo menos espaciales, pero sobre todo muy influenciados por los sonidos del Mediterráneo. Aquella entrega solo era la primera parte de un álbum conceptual que ahora se completa con la publicación de ‘DOMONAUTS VOL. 2’. Si en la primera parte coloreaban con la brisa mediterránea unos temas eminentemente heavy-psych, aquí, ese hálito del Mare Nostrum se siente con mayor profundidad. Sobre su poderosa base pesada, el cuarteto aromatiza sus pasajes con fragancias exóticas dándole gran brillo y color a unos temas que habitan en oscuras atmósferas.  Tres largos temas y un breve interludio que continúan el relato de su primera parte y que suponen un atractivo y estimulante viaje a través de la psicodelia. Incluso en los momentos en los que DOMO saca a relucir toda su artillería pesada, lo hace sin caer en tópicos y en sonido ya demasiados trillados. Aportando un soplo de aire fresco a un género que parece no tener límite en sus variantes, a pesar de tantos albúmenes cortados por el mismo patrón stoner. Si te preguntas si no vas a encontrar riffs arenosos repletos de fuzz, la respuesta es SI. A pesar de que estemos ante un álbum psico-progresivo, los momentos cercanos al doom, con sus rugosos riffs, existen entre sus surcos, pero insertados con mesura, lo que hace que la sensación de ‘DOMONAUTAS VOL. 2’ es de un álbum para “el viaje”. Entre los algodonados pasajes de guitarra afloran densos y crujientes riffs que a su vez vienen disfrazados entre bellos ornamentos llegados de oriente. Todo un hechizo seductor que hace que nos rindamos ante el magnetismo de sus temas.  Cualquiera que conozca la escena progresiva andaluza de mediados de los 70’s, encontrará aquí sonidos muy familiares, pero a su vez, los devoradores de la arena del desierto también van a encontrar su secarral. Por otro lado, si tus referentes, son bandas como Colour Haze, también tendrás tu espacio de gozo. Otro de los detalles que ya vimos en la primera entrega de ‘DOMONAUTAS’, era el cuidado trabajo que tenían las voces, algo que queda corroborado en esta segunda entrega. Por todo ello, podríamos decir que es un álbum para todos los públicos, siempre que estés dispuesto a salir de tu zona de confort, la experiencia sin duda merece la pena.

DOMO son: Pablo Criado (guitarras, trompeta, tambur y efectos), Samuel Riviere (guitarra eléctrica, sitar y efectos), Óscar Soler (bajo, guitarra acústica sintetizadores y voces), Paco García (batería y percusión).

El arte de la portada corresponde a Marteen Donders, y ‘DOMONAUTAS VOL. 2’ está disponible vía Clostridium Records.

‘Avaxasa’ abre el álbum con suaves acordes y poderosos tambores para discurrir en una atmósfera heavy-psych. Un cadente bajo y unos tambores gruesos soportan una excursión por exóticos sonidos de vocación mediterránea. El tema transcurre plomizo sin perder su aura psych. En este escenario la guitarra desarrolla pasajes aromatizados repartiendo bellas fragancias entre la densidad de la base rítmica. Tonos orientales se repiten dando brillo a los siete minutos de tema que se pasan sin darte cuenta, lo que refleja el poder seductor que la banda imprime al corte.  
Tras ese colorista paseo por la psicodelia pesada ‘Dolmen’ parte de un entorno ritual lleno de magnetismo. Los tonos exóticos del corte anterior vuelven a aparecer con delicados acordes de guitarra en tonos místicos. Susurrante la hermosura y el sosiego aparece para acariciarnos con delicadeza en un enigmático pero placentero entorno. Alejados de la pesadez en sus primeros tres minutos, el tema explota con difusos riffs intoxicantes para desarrollarse por momentos en esa fina línea en la que la psicodelia pesada coquetea con el doom. Tras ese flirteo, los seductores cantos nos inundan con aromáticas fragancias llegadas de oriente que penetran en el grueso soporte instrumental. Instalados en ese entorno de sonidos mediterráneos, los alicantinos parecen recuperar los ecos progresivos de los setenta en una conjunción con el pesado sonido innato en la banda. Breves pasajes recitados y Quejidos andalusís inundan el tema de sentimiento. La combinación de lo pesado y lo aromático resulta de lo más atrayente en un tema que está lleno de matices y textura que se conjugan con gran acierto. ¿Podría ser este el resultado si Triana se vistiera de doom?
‘El altar’ se muestra como un apacible interludio de dos minutos en el que sus delicados acordes sirven de bálsamo sanador y reconfortante entre tonos de cierta melancolía.
Con un sosiego gratificante, la apertura de ‘Vientohalcón’ nos muestra a la banda construyendo un tema de psicodelia aromática. Sin prisas para evolucionar, el corte nos traslada la pausa gracias al gran trabajo de la guitarra y al magnetismo de la línea de bajo.   Ecos de Colour Haze, en un tema que se eleva majestuoso incrementando el poder de sus riffs, pero siempre aportando el lado mágico y hechizante de una banda que aquí definitivamente se deja seducir por pasajes heavy-psych de mucho calado. A lo largo de sus quince minutos el tema consigue conjugar la dualidad entre la calma y el confort con un interior más pesado y fornido. Los pasajes vocales retoman elementos 70’s sin perder su vocación psych. Tras momentos de elevación de la intensidad, el corte reposa en delicados y susurrantes pasajes que nos acarician suavemente. Aquí la belleza aflora en acordes reconfortantes que aportan bienestar y sosiego. Instalado en esa atmósfera sanadora, En un espacio brumoso el tema se ve adornado por delicados pasajes de saxo custodiados por unos cadentes tambores. Aquí aflora el lado más progresivo de los alicantinos, llegando a flirtear con el jazz bajo una atmósfera psico-progresiva antes de elevarse majestuoso por senderos más tortuosos en los que la fuerza de la banda queda patente. Llenando de épica el corte, los vestigios del pasado aparecen con estrofas llenas de rabia en brillantes momentos de pesadez que no reniegan de su auténtica vocación psicotrópica.   Como si renacieran de las cenizas DOMO se muestran más firmes y sólidos en su sonido ofreciendo unos desarrollos de guitarra de lo más atrayentes.

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Reseña: RUFF MAJIK.- ‘The Devil’s Cattle’

THE DEVIL’S CATTLE‘ es el nuevo álbum de los sudafricanos sludge n rollers RUFF MAJIK y primero con su nuevo sello Mongrel Records. El álbum es a partes iguales Johni Holiday y Evert Snyman y se grabó a finales de 2019 en el estudio de Evert en Johannesburgo. Desde que les vi hace unos años arrasar con sus riffs en la piscina del festival Sonicblast supe que RUFF MAJIKK es de esas bandas que quieres tener en cualquier festival. Ahora con su nuevo confirman que son una banda que te deja exhausto, como te dejará su nuevo álbum ‘THE DEVIL’S CATTLE’. Toda una locura de trabajo que te lleva en volandas entre una alfombra mágica de fuzz que transita a toda velocidad por autopistas que atraviesan desiertos narcóticos.  Como la propia banda describe, ‘Piensa en montajes de zombies, cabarets demoníacos, persecuciones de coches con drogas, riffs claustrofóbicos, freak-outs de psychobilly y sonics hipnóticos en dúo empaquetados en una rebanada muy fluida de rock and roll de alta velocidad’. No me atrevo a rebatir esta afirmación ya que la gran locura sónica del álbum impide una calificación certera. Desde el Stoner más contundente, algunos momentos sludge, mucha psicodelia subliminar, blues, soul y puro rock and roll, sus temas se suceden sin dejarnos tomar aliento. Puede ser un tópico y pecar de poco original, pero creo que este es su mejor álbum hasta el momento.
Un álbum pesado, lleno de ritmo y acertados juegos vocales entre melodías bien construidas es toda una invitación que no debes rechazar. Aquí puedes encontrar 50 minutos intensos que se te pasarán volando en este viaje a toda velocidad por una autopista demoníaca en la que todo puede suceder. Olor a gasolina y a bourbon, pero también a marihuana entre cegadores tornados arenosos. Siempre con la habilidad para llevarnos al blues de los 70’s y aparecer sin darnos cuenta en el Seattle de los noventa. Un viaje lleno de sorpresas desde el Detroit de finales de los 60’s con temas proto-punk, para arribar en los desiertos californianos de los noventa. Esos desiertos en los que el fuzz es el dueño del asfalto y en los que el legado de QUEENS OF STONE AGE está presente. En ‘THE DEVIL’S CATTLE‘ es la perfecta banda sonora para conducir a toda velocidad, aquí no hay tiempo para el descanso, todo sucede con gran ímpetu, y desde luego, con él, no te aburrirás.

THE DEVIL’S CATTLE‘ está disponible vía Mongrel Records así como también en vinilo vía Black Farm Records.

‘All you need is speed’ abre sin contemplaciones. Puro biker-rock frenético que nos deja una estela de fuzz grasiento a su paso. Todo un tornado que nos arrolla dejando tumbados a los cactus a su paso dejando patente la pesadez Stoner de banda en su tramo final.

Con un bajo difuso y voz pantanosa, ‘Swine tooth grin’ retumba entre estribillos y voces precisas. Un corte plomizo, denso, crudo, pero a su ágil que se adorna de psicodelia en su parte final.  

Toneladas de fuzz nos invitan a oscilar nuestros cuerpos en ‘Shurg of the year’. Stoner ortodoxo que se apodera del trío entre ecos 70’s. Poderoso y contundente el bajo vuelve a golpear con fuerza entre aroma de blues humeante en segundo plano. Aparentemente simple los registros vocales con su particular vibrato consiguen un resultado óptimo en contraposición con los crujidos de sus riffs. Al igual que el tema anterior parece disminuir su pegada en su ocaso.

Con una actitud punk, ‘Heart like an alligator’ chirria entre una tormenta arenosa de dimensiones descomunales antes de mutar en un viaje a los 90’s entre melodías más cuidadas. Voces alternándose entre la espesura de sus riffs para aparecer casi celestiales con las voces más seductoras. Sus desgarradores aullidos parecen pausar la orgía sónica que nos engulle como un tornado.

Entre brumas psych y voz pantanosa el blues aparece con coros negroides ‘Gregory’ cambia el registro tras el agotamiento producido por el corte anterior. Juegos armónicos de voces que coquetean con el soul y el blues en una atmósfera lisérgica de lo más atrayente. Llevándonos en volandas en una flotación psicotrópica que nos conduce a un túnel de fuzz intoxicante sin ninguna prisa.

En un escenario casi proto-punk ‘The devil’s cattle’ arranca con ímpetu antes de un frenazo a golpe de riff, lento pero pesado. Con vestigios setentero el corte avanza hacia el desierto entre gruesas vibraciones y tambores implacables. Encontrando el equilibrio con las voces y coros nos invitan a viaje entre el Detroit de finales de los 60’s y los desiertos californianos de los 90’s

‘Jolly Rodger’ activa las articulaciones a golpe de rock and roll. Vocecillas agudas y tonos más propios de David Bowie danzan entre sus poderoso y enardecidos riffs. Insaciable e infatigable el ritmo vuelve a hacernos sentir el viento en nuestra cara con ese constante viaje a lo largo de largas rectas entre cactus y garitos llenos de Harley’s Davidson en su exterior. Otra perfecta banda sonora para conducir por el desierto.

Una nueva orgía de fuzz nos nubla en ‘Who keeps score’. Sin bajar las revoluciones vuelven a tomar elementos 70’s con rock directo y vacilón. El crujiente e infatigable bajo sigue generando toneladas de fuzz cegador entre los pegadizos estribillos crean una humareda aturdidora en su borrachera del Stoner más lisérgico. Me resulta de lo más gratificante los juegos y registros vocales que nos llevan a otra estancia distinta tras un breve stop en su bacanal.

Con acordes de piano llenos de un cadente ritmo ‘Lead pills and thrills’ nos devuelve a un extraño trance de blues antes de iniciar la marcha por la eterna autopista de fuzz. Lleno de subidas y bajadas se vuelven más cabareteros y riffs claustrofóbicos y bajadas lisérgicas.

En una especie de Stoner-billy ‘Trading blows’ retoma los crujidos entre armonías bien trabajadas y olor a gasolina y bourbon. Una constante repetida pero no por ello aburrida. Con una cortina de fuzz crujiente tras nosotros, los serpenteantes momentos se suceden entre unos tambores llenos de rabia. Esparciendo sustancias narcóticas en ese aturdidor entorno ponen la salsa a un tema vibrante que serpentea sin cesar entre distintos estilos ofreciéndonos momentos de doom y psicodelia pesada de lo más inquietante.

‘Born to be bile’, con sus mas de siete minutos va a ser el escenario más acogedor para que los sudafricanos usen melodías más propias de los noventas entre los incesantes riffs parsimoniosas y pesados.  Siempre cegadores y atronadores se aceleran con riffs que se repiten y que acaban mutando con una precisión que hace que no nos demos cuenta de que nos llevado a un escenario distinto. El tema remite en su fuerza y en la orgía desértica para relajarse en atmósferas llenas de narcótico humo cannabico. Una vez que nos tienen en sus manos, sacan el sludge de alcantarilla y caverna mugrienta para amenazarnos con sepulcrales voces y locuciones vintage. El espacio de mayor oscuridad de un álbum en el que todos sus temas se desarrollan en soleados y sudorosos espacios.

Decididamente a modo de bálsamo los primeros acordes acústicos de ‘God knows’ nos invitan a un ritual chamánico en medio del desierto. Piano y voz seductora a la luz de la luna y con la compañía de seductores coros femeninos. Con una roma a brisa de los setenta el tema se robustece entre pasajes psych y voces que se elevan en un canto redentor. Aquí tenemos la cara más psicodélica de una banda que no deja de hacer oscilar su registro incorporando distintos estilos.

‘Hymn nº 5’ pone cierre al álbum con una apertura doom. Riffs golpeando con contuncencia y nuevamente los registros vocales entre locuciones mas propias de un relato de los años 50’s. Viento cavernoso entre murallas sludge y ecos del Alice Cooper más tenebroso complementan este cuadro tétrico.

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Reseña: SONS OF OTIS.- ‘Isolation’

A pesar de no ser un fanático del doom de las cavernas, ‘ISOLATION’ es de esos álbumes que consiguen atraparme en sus entrañas gracias a la profundidad y carácter lisérgico. Las exageradas dosis psicodélicas que contiene suponen un atractivo para mí, y finalmente he caído rendido a su hechizo de fuzz narcótico. SON OF OTIS hacen lo que hacen sin ningún tipo de complejo, su propósito lo tiene claro. Desde gruesos pasajes proto-metal y humeante a revolcones de wah-wah que nos aturden en un álbum que prescinde de los momentos blues de entregas anteriores para sumergirnos en subterráneos pasajes en alguna sinuosa y profunda sima del planeta tierra.  Los canadienses son una banda con solera y carretera a sus espaldas, algo que se nota en este sólido trabajo. Un submundo paralelo que nos envuelve entre fangosos riffs psicotrópicos soportados por brillantes momentos doom. ‘ISOLATION’ es toda una bestia que nos acecha desde el primer al último tema y que supone un regreso por la puerta grande a la actualidad tras varios años de silencio. Sabiendo rescatar el legado Sabbath para adaptarlo a su personal apuesta, SON OF OTIS crea un álbum atronador y psicotrópico. Sus crudos temas hacen que nos sintamos liliputienses ante la monstruosidad de su aterrador y penetrante sonido.

‘ISOLATION’ está disponible vía Totem Cat Records.

‘Hopeless’ retumba entre plomizos riffs doom con terroríficos pasajes vocales creando un muro de sonido aturdidor. El trabajo del bajo eclosiona con fuerza atronadora en nuestros oídos generando una tensión trascendental entre vapores narcóticos que parecen salidos de las entrañas de la tierra. El psycho-doom grandilocuente invade cada acorde, cada nota, cada riff y cada estrofa de la canción entre un torrente de fuzz narcótico.

Con efectos envolventes parte ‘JJ’ antes de golpearnos con la robusta maza doom de los canadienses. Esos riffs difusos tan característicos y terroríficas voces ecualizadas van construyendo lentamente el tema. Como si la tierra se quebrara a su paso el génesis lisérgico se produce con una lentitud ensordecedora. Su rock abrasivo quiebra los estratos entre dosis du fuzz humeante en una catártica erupción de pesadez que se toma su tiempo como si de una estalactita se tratara. Un entorno común en el que reina la penumbra.

Menos grandilocuentes y mucho más colorista, ‘Trust’ nos envuelve en su espiral de fuzz con ritmos más dinámicos. Saliendo del doom oscuro y psicotrópico el wah wah rezuma de una guitarra completamente psicotrópica sin renunciar a la vocación doom innata en la banda.  Incluso con algún ramalazo proto-metal crean otro corte nebuloso ya fuera del entorno cavernícola de los temas anteriores.

‘Blood moon’ se construye des un espacio ocultista y misterioso en un regreso a las cavernas más rugosas. En atmósferas pantanosas las tinieblas se ciernen sobre nosotros en una espesa niebla psicotrópica en la que los pesados y parsimoniosos riffs se desenvuelven como pez en el agua. Un corte grandilocuente y espectral que nos golpea con ese inquebrantable muro de sonido entre efluvios hechizantes más propios de belcebú. Terrorífico y penetrante el corte nos envuelve entre sus garras con sus pegajosos pasajes que embadurnas los sentidos.

Sin salir de ese escenario pastoso en el que se desarrolla todo el álbum ‘Ghost’ incide en la fórmula en la que los canadienses se sienten más cómodos. Seguramente en esta ocasión a pesar de dotar de bastantes momentos de psicodelia el tema se muestra demasiado repetitivo y con menos gancho.

Para cerrar, ‘Theme II ’se desarrolla en un espacio mucho más atmosférico sin apartarse de la lentitud doom. Aquí los efectos adoptan formas pseudo-espaciales en una conjunción imposible de profundidades y espacio sideral. El resultado es un tema que se despliega en dos niveles distintos. Sin duda parece ser un epílogo a la tortuosa y plomiza travesía del álbum y es como si la banda ya se encontrara exhausta.

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Reseña: OCCULT HAND ORDER.- ‘The Chained The Burned The Wounded’

El segundo EP del trío francés OCULT HAND ORDER incide en la fórmula que nos mostró en su debut hace ahora un año. Con una gran habilidad para construir atmósferas psicodélicas sustentadas en poderosos riffs doom, en esta ocasión la banda parece incidir más los momentos heavy-psych. Con armonías vocales llenas de mística y exotismo los rugosos temas se suavizan para invitarnos aun paseo por misteriosos entornos en los que se respiran efluvios narcóticos que nos sosiegan entre la monumentalidad de algunos de sus pasajes. No podríamos decir que estemos ante una banda psycho-doom al uso, ya que la acidez y la estructura de sus canciones se asemeja más a la de sus paisanos MARS RED SKY, primando más la faceta psicodélica. El trabajo de la guitarra sigue siendo tan brillante como en su primera entrega, mientras los pasajes stoner más tradicional se diluyen de alguna manera entre los psicotrópicos contenidos en unos surcos que nos hechizan. Con momentos de belleza reconfortante, los temas van modulando su vocación equilibradamente en delay y efectos. El contraste entre lo pesado y lo liviano adquiere un valor a tener en cuenta. Son muchas las bandas que nos sacuden con sus monolíticos riffs, pero no tantas las que nos seducen a la vez con pasajes como los que aquí aparecen. Para que los amantes de la psicodelia no se sientan alarmados al describir algunos de los momentos del EP como ‘doom’, THE CHAINED THE BURNED THE WOUNDED’, en su conjunto es un excelente y atractivo espacio para dejarse llevar por la psicodelia más envolvente, espiritual y narcótica.

El EP está disponible vía Smokin’ Witches Records

’Azazel’ y sus riffs Stoner envueltos en esa atmósfera heavy-psych ortodoxa se adorna con místicas y exóticas voces que ponen el contrapunto a la pesadez. Su cadente ritmo y las melodías relajantes y envolventes dan pie a monolíticos riffs que golpean entre los cantos rituales creando un entorno contemplativo lleno de tensión. Una guitarra psicotrópica con unos magnéticos acordes aparece en la escena insuflando brisas orientales a una canción llena de magia. La vocación doom del tema hace de contrapeso a los livianos y flotantes momentos vocales. Mutando en su registro el tema parece entrar en a fase más rugosa con ásperos riffs y voces menos placenteras.

En una línea similar ‘What comes after as’ vuelve a conjugar riffs doom con el misticismo melódico en otro corte lleno de grandilocuencia. Doomy y espiritual a partes iguales, vestigios porot-metal asoman en ese mundo paralelo que la banda nos invita a explorar.  En un mágico entorno el tema se relaja para susurrarnos entre efluvios lisérgicos. En esa ondulación constante el corte se decanta por un escenario desértico para inundarnos con una tormenta de fuzz antes de regresar a los ambientes más psycho-doom hasta diluirse lentamente entre efectos.

Con tintes ocultista ‘Wound’ camina por oscuras estancias pantanosas. Nebulosas intoxicantes entre el cadente y caminar de sus pesados riffs. Poniendo la pausa inquietante los gruesos tambores dan paso a ensoñadores cantos espirituales rebosantes de sustancia alucinógenas. Un entorno tupido en el que los hongos mágicos aportas sus dosis de fluidos narcóticos entre riffs doom. El relato de los franceses se sumerge en esas aguas psicodélicas con las voces ceremoniales golpeadas por rayos de furia. Todos estos elementos consiguen que el tema nos atrape en sus entrañas como un sedante que nos adormece llevándonos a su mundo irreal. Si el grueso del sonido de los franceses se sustenta en un bajo que golpea con fuerza, el trabajo a la guitarra, con su estilismo y destreza resulta de lo más placentero y efectivo.

‘Edwin the wise’ en su introducción parece que va a desarrollarse en un a atmósfera más celestial y menos tétrica a inquietante. Calmado, lento y hechizante,avanza con sosiego por la senda psicodélica con acordes que se acercan a postulados post-rock entre cantos celestiales. Un espacio lleno de mística que contrasta con las arracadas de potencia de los temas anteriores. Sin salir de la senda heavy-psych la guitarra brilla luminosa aportando momentos de psicodelia de gran belleza. Todo levita entre algodonados pasajes con la bestia adormecida pero presente en un segundo plano. Aquí las voces se van volviendo más atormentadas lo que hace que el corte adquiera un carácter algo más rugoso sin salirse de ese espacio psicodélico en el que se desarrolla.  Aquí me siento mucho mas cómodo con un sonido que me atrae y me envuelve sin sobresaltos al contrario de los temas precedentes. Los nueve mejores minutos de todo el álbum.

El álbum cierra con un corte acústico como ‘Shore’, en el que la guitarra y unos sutiles efectos crean el ambiente psicodélico que le gusta a la banda. Aquí la voz acaramelada nos acaricia con unos tonos que por momentos de evocan algún tema de All Them Witches a pesar de que el tema tiene un carácter diferente a los de banda de Nashville.  

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