Reseña: ELEPHANT TREE.- «Habits»

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Desde hace varias semanas que recibí la promoción del álbum estoy enganchado a este nuevo álbum de los británicos ELEPHANT TREE. «HABBITS» tiene la capacidad de sacar de mí el tópico de: «Firme candidato a álbum del año». Ya sé que es una frase que escuchamos con demasiada frecuencia, pero después de oír este trabajo, estoy seguro que muchos la repetirán. Un álbum en el que se nota que se han cuidado los todos detalles, y que contiene unos temas perfectamente trabajados, lo que hace que su escucha sea una experiencia emocionante y catártica. Con un enfoque en el que los teclados y sintetizadores así como un mayor protagonismo de la segunda guitarra, hace que sus temas adquieran una tintes monumentales. Esa combinación de elementos pesados en los que el doom soporta las flotantes melodías, sobre desarrollos instrumentales  entre la psicodelia, lo progresivo y el stoner es sencillamente perfecta. Si a eso una las magnéticas voces y coros, la tormenta perfecta está servida.  Canciones como «Sails», un tema llamado a convertirse en un himno contemporáneo, hacen que «HABBITS» te enamore sin que puedas desengancharte. Los temas se desvuelven entre densas y oscuras atmósferas, pero sin embargo, suenan completamente cristalinos, lo que supone un plus de calidad. Así consiguen el perfecto equilibro entre la dulzura de sus melodías y lo turbio y pesado de sus ritmos, unos ritmos con un groovy ágil y fluido. La banda parece tomar una especie de elementos pesados de Pink Floyd, Melvins, o Deftones para combinarlos habilmente y provocar un efecto estimulante para  proporcionarnos un viaje emocionante. Impulsado por sus voces cristalinas en vena shoegaze con ya hemos visto en bandas como King Buffalo, pero aún así, también hay pinceladas de psicodelia en línea  Colour Haze u oscuros brochazos Sabbath entre algunos ritmos de metal. El resultado es un álbum celestial y melancólico de estos orfebres progresivos y pesados en el que todo suena nítido y ágil a pesar de que usan una estructura similar en la mayoría de los temas. Si estas palabras no te convencen, no sigas leyendo, pero escúchalo por tí mismo, no te arrepentirás.

ELEPHANT TREE son Jack Townley (guitarra y voces),  Peter Holland (bajo y voces), John Slattery (sintetizadores y guitarra) Sam Hart (batería). «HABBITS» está disponible vía Holy Roar Records.

Una introducción («Intro») en la que el latido de maquinaria británica palpita ambientándonos para recibir a uno de esos temas que se convertirá en himno y será cantados por el público de todos los festivales en los que sea tocado por la banda. “Sails”, abre con la maquinaria a máxima revolución y el bajo moviendo las turbinas mientras la magnética voz nos arrulla con una delicada melodía que me recuerda a King Buffalo. Con un impecable sonido, resultante de una cuidada producción, todas las piezas parecen estar engrasadas para crear un corte mágico. Un tema que va modulando sus formas entre caleidoscópicos sonidos. Con precisas transmisiones la banda ensambla los arrebatos rítmicos, las pausas, y los pasajes sinfónicos. Todo fluyendo con naturalidad, sin forzar nada, consiguen crear un tema en el que pueden aparecen ecos Colour Haze, coqueteando con estructuras progresiva, voces en línea King Buffalo. Un sonido grueso y aparentemente difuso que se muestra sonando cristalino. El tema está lleno de coros angelicales y riffs borboteantes. Sencillamente impresionante, apuesto que será uno de los buques insignia de sus próximos shows, (cuando estos puedas celebrarse).

Con una apertura pesada y oscura, “Faceless” en tonos casi Sabbath, van creando un tema nebulosos con una melodía pegadiza gracias a la susurrante y cálida voz. Siempre bajo un manto psicodélico, los ecos de los noventa aparecen fusionándose entre atmósferas doom. Los pasajes heavy-psych no faltan a su cita con unas afiladas guitarras que tropiezan con obstáculos más propios del metal. Un pesado y aturdidor sonido que se amortigua con la placentera melodía en los momentos psicodélicos. Tambores retumbando y turbios ritmos que parecen ahogarse conjugan matices doom con sintetizadores creando un sonido que sobrevuela espectral entre cantos profundos mas propios de una banda progresiva. El corte es un terso y tupido tapiz sónico que acaba por envolvernos.

Poderosos riffs stoner cohabitan con los sintetizadores en “Exit the soul”. Una intoxicante y espesa neblina de la que emergen voces y coros celestiales. A pesar de la gran fuerza y pesadez del tema, consiguen encontrar el equilibrio con melodías a caballo entre el pop-shoegaze y espacios propios del rock progresivo. Lleno de épica, el bajo nos golpea con virulencia, golpes secos y contundentes con atronadores tambores, en contraste con la voz, la guitarra y los sintetizadores que sirven de bálsamo adormecedor que nos invita a un placentero sueño. Un sueño que nos traslada a un viaje sensorial por flotantes  espacios lisérgicos. Lo liviano como preludio a una nueva embestida pesada, mientras nos hacen levitar por el espacio infinito. A veces puede ser complicada de describir esta combinación de doom, heavy-psych y progresivo que recrean en cada tema, pero, sin duda la mejor descripción es una buena y placentera escucha.

Cambiando de alguna manera el registro, “The Fall corus” es un tema de dark-folk con una atmósfera oscura que evoca momentos shoegaze y el pop psicodélico de los 50’s. añadiendo un nuevo elemento como son los violines generan una envolvente atmósfera que nada tiene que ver con la pesadez vista en los cortes precedentes. Los versos y coros operan como contrapunto entre sí.  

Sin salir de las nebulosas, “Bird”, la cálida y oscura voz shoegaze brota en una explosión de sentimiento. Delicado, melódico, pesado, lisérgico, el tema muestra a la perfección las dos caras de la misma moneda que son en la actualidad ELEPHANT TREE. Suaves pasajes lisérgicos llenos de belleza se tornan misteriosos gracias a los efectos espaciales. Un escenario perfecto para que los sintetizadores construyan esa atmósfera psicotrópica. Con una estructura que acaba siendo recurrente, el tema conjuga la simbiosis entre lo poderoso y grave con esos ritmos pesados y densos, con las livianas y mágicas melodías vocales, siempre dentro de una atmósfera psico-progresiva. El corte culmina con una explosión de color, ritmo y sensaciones, que te acaba atrapando sin remisión.

“Wasted», con unas armonías llegadas de los noventa, nos llevan en volandas sobre esa firma y poderosa base pesada. Un turbio sonido que resulta esponjoso a su vez.   Los hipnóticos y ácidos pasajes acaban siendo un bálsamo entre la monumentalidad rítmica. Sus construcciones vocales son perfectamente diseñadas para servirnos de masje entre los zumbidos. Un corte faraónico que construyen un castillo sonoro que me evoca voces y pasajes del pasado, que, por otro lado, me resultan completamente innovadores. Una seña de identidad de los británicos.

El álbum cierra con “Broken nails”, un tema en el que angelicales voces entre tímidos y susurrantes acordes acústicos   en su comienzo, consigue hechizarnos. Una de las virtudes de ELEPHANT TREE, es la de ser capaces, tanto de la sencillez como desde la mas absoluta complejidad, tienen una efectividad a prueba de bombas. Ahora, sobre una atmósfera progresiva, el tema evoluciona cambiando su aspecto, para pasar de la calma a la tensión con gran habilidad. En cualquier caso, siguen manteniéndonos enganchados. Envolviendo con un manto mágico nos trasladan a una nueva dimensión sensorial que acaba disipándose en el infinito. Seguramente sea el corte más oscuro de un álbum que se desarrolla entre sombras.

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Reseña: SMOKEMASTER.- «Smokemaster»

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Procedentes de Colonia (Alemania), SMOKEMASTER nos presentan su debut vía Tonzonen Records. En su single previos ya nos habían dado pistas de su buen hacer sobre temas de rock atemporal  heredero de blues-rock y hard de los 70’s añadiendo color a los mismos con altas dosis de psicodelia, que objetivamente, es la gran fuente de inspiración de la banda. El álbum contiene seis hechizantes temas en los que encontramos una notable influencia de Colour Haze, con sus mágicos desarrollos lisérgicos, un órgano que aporta el tono vintage con pasajes retro rock en pura línea Siena Root, así numerosos genes del sonido The Doors entre riffs punzantes y chamánicos pasajes vocales. Si bien la mayor parte los temas son instrumentales, cuando la voz de Björnson Bear aparece, lo hace llena de garra y fuerza, como perfecto complemento a la guitarra ácida y envolvente de Jay LeBlonde. Con pasajes lentos y pausados en los que borboteantes acordes nos narcotizan favoreciendo el recogimiento interior, en un antagonismo con las explosiones de ritmos contagiosos que incluyen en cada tema. Una montaña rusa de emociones en temas bien trabajados y con un cuidado sonido a cargo del mago Eroc, artífice en buena parte de que el sonido de la banda brille como una estrella en el firmamento. Sus jam coloristas parecen construidas después de una ingesta de peyote lo que hace que nos regalen emocionantes momentos de heavy-blues lisérgico y embriagador. La capacidad para trasladarnos con sus temas más salvajes a garitos con olor a whisky y humo en los que el rock and rock mas aguerrido nos invita al baile contrasta con los gratificantes paseos instrumentales a los que nos llevan por auténticos y seductores jardines del Edén. Todo esta conjunción de elementos,  hace que este debut sea muy un plato muy apetecible de degustar. Si a eso unimos, esos momentos evocadores de los tiempos en los que los pantalones de campana y camisas floridas inundaban el mundo de color, podemos hablar sin complejos de un álbum redondo y exquisito. 

SMOKEMASTER son Björnson Bear (voz y guitarra) Jay LeBlonde (guitarra) TobMaster (bajo), Tobi Tack (órgano y sintetizadores) y Lukas Bönschen (batería)

Susurrantes y delicados acordes son el punto de partida de “Solar flares”. Un apacible sonido heredero de Colour Haze nos va describiendo mágicos y reconfortantes espacios en un paseo por la psicodelia más aromatizada. Sus fragancias suaves nos embarcan en un ensoñador viaje en el que las fragancias florales impregnan una melodía llena de mística y un cierto bucolismo que se quiebra en una abrupta explosión de pesados riffs a la mitad del tema. Como si estuviéramos ante otro tema, la guitarra esparce sustancias psicotrópicas bajo un ritmo más intenso y un efecto de teclado en un segundo plano. En una constante evolución los tonos vintage se conjugan con dulces coros hasta alcanzar un cenit. Un corte de psicodelia pesada en el que la banda muestra sus credenciales.   

El hard y el blues de los setenta aparece en “Trippen’ blues”. Arrolladores ritmos pesados construyen un tema lleno de fuerza y rabia. En una línea heredera de bandas como Cactus o Leafhound, su carácter retro setentero rezuma el rock and roll de comienzos de los setenta. El tema es un perfecto escaparte para comprobar los cálidos registros de la voz de Björn Bear. Constantes cambios de ritmo y guitarras asesinas nos invitan al baile en este tema de garito con olor a whisky. Incorporando algún elemento más moderno el tema se balancea entre el profundo sonido del hammond y arrolladores riffs más propios del Stoner contemporáneo. Toda una oda al heavy-blues más potente y brutal.  

Instalados en el blues, la armónica guía a un torbellino de frenéticos ritmos en “Ear of the universe”. Con un repetitivo ritmo bajo, batería y hammond se unen en una fiesta retro-rock por todo lo alto. Pantalones de campana y camisas de colores con las melenas al viento en tonos que me recuerdan a Siena Root. El sonido de la armónica se contonea entre esa montaña rusa de ritmos y armonías que invitan al baile. Los tambores oscilantes nos deparan tres minutos intensos antes de reposar en una calma más psicodélica. Aquí. Un pulsante bajo y una guitarra punzante toman las riendas entre envolventes acordes de hammond.  Los pasajes retro del comienzo corte se convierten en un florido campo donde la psicodelia y el blues se unen internándose en un bosque en el que los hongos mágicos intoxican el ambiente. Con pasajes más atmosféricos y penetrantes. Arrastrando el tema a espacios casi psico-progresivos, el litúrgico sonido del órgano genera un atractivo entorno hard-prog del que emergen potentes tambores antes de que un silencio celestial adorne la ceremonia entre efectos borboteantes.

 “Sunrise in the canyon” nos trasladan al medio oeste, a través de delicados acordes acústicos en tonos rurales. Una perfecta sonora para un western con un bucólico sonido que evoca los solitarios cactus del desierto con las colinas en el horizonte. Sin registros vocales, el entorno desértico se muestra como un lugar de recogimiento y meditación. Prescindiendo de solos salvajes, el tema demuestra que estos chicos construir temas llenos de belleza.

El lado más stoner de los alemanes hace acto de presencia en “Astronaut of love”. Una poderos línea de bajo fuzz y arenoso y un teclado chirriante ponen los mimbres para mostrarnos el lado desert-rock de SMOKEMASTER. Con registros vocales llenos garra en vena hard-rock colorean los arenosos riffs con ecos más propios de los 70’s. La chamánica voz inspirada en el Jim Morrison más hechizante y trascendental, construyen un corte humeante. Una atractiva combinación  en la que los efluvios del peyote nublan nuestros sentido en un ritual exorcizante con pegadizos estribillos. ¿The Doors haciendo Stoner? Seguramente este sería su sonido si la banda de California siguiera en estos momentos con Morrison al frente, pero.. eso nunca lo sabremos desgraciadamente. El conjunto se complementa con un órgano que también quiere parecerse al que interpretaba Ray Manzarek, mientras el bajo pareciera estar en manos del propio Al Cisneros. Una atrevida y resultona combinación que deja claro que los complejos no forman parte de la mochila de estos chicos. Uno de esos temas impactantes.

Las mágicas melodías en vena Colour Haze regresan en “Astral traveller”. Un cambio de registro que nos invita a un paseo por mágicos entornos sonoros bajo medios tiempos en una introducción que explosiona en riffs hard-retro en vena Siena Root. Cálido y envolvente sonido de órgano hammond y briosos tambores galopan como un corcel por la pradera. Los parones y cambios de ritmo que habían visto en temas anteriores se repiten aquí para hacer un descanso. Refrescándonos en calmadas aguas lisérgicas, los floridos y aromáticos solo que se impregnan para la ocasión con exóticos aromas llegados de oriente que me evocan algún momento Santana. Una mística colorista que llena el cielo de un arco iris multicolor.   Magnetismo y fuerzas unidos en un paseo por un jardín del Edén bajo una atmósfera psicodélica que acaba convirtiéndose en toda una jam lisérgica.

Smokemaster

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Reseña: FROZEN PLANET… 1969.- «Cold Hand Of A Gambling Man»

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Prolíficos y embarcados en varios proyectos, el trío compuesto por Paul Attard (guitarra), Lachlan Paine (bajo) y Frank Attard (batería) nos invitan a un nuevo viaje a través de las increíbles vibraciones a las que nos tiene acostumbrados. En «COLD HAND OF A GAMBLING MAN», su octavo álbum, los australianos se muestran más pesados quizás de lo habitual. Para los amantes de las jams psicodelicas,  FROZEN PLANET… 1969 son toda una garantía de calidad, y aquí vuelven a dejarlo patente. Una nueva aventura que nos aporta una oportunidad para la expansión de nuestra capacidad sensorial a través de sus psicotrópicos temas. Una exuberancia sonora para deleitarse desde la calma, y si es con algún estimulante, mucho mejor. De esta manera podrás empaparte de toda la lisergia que sus surcos contienen. Siempre custodiados por la implacable base rítmica de Frank, así como como del hipnótico y pulsante bajo de Lachlan, la guitarra de Paul tiene vía libre para dejan patente todo un derroche de solos increíbles y alocados en los que dejar patente toda su técnica.  Con momentos herederos del rock más ácido de los 70, y con la sombra de Hendrix apareciendo en algún momento, el trío nos invita a un viaje por los confines de un universo sensorial lleno de matices y riqueza interpretativa. Reverberaciones, pausas, y auténticas bacanales rítmicas entre pedales y efectos, hacen de este álbum, un ejemplo a seguir para aquellos que tratan de hacer este tipo de música. Sin un concepto preconcebido, no dudan en incorporar elementos del rock espacial, psicodelia e incluso del jazz en este derroche de sensaciones. 

«COLD HAND OF A GAMBLING MAN» fue grabado, mezclado y producido por Frank Attard, masterizado por Noel Summerville correspondiendo el concepto de la portada y personajes son traídos a la vida por John Debono-Cullen, recuperándolos de su  álbum «THE HEAVY MEDICINAL GRAND EXPOSITION» con el que este trabajo está enlazado. El álbum está disponible a través de Pepper Shaker Records en descarga digital y CD, y en vinilo lo estará el próximo 15 de mayo vía Head Spin Records

“A sombre gathering” es una introducción con efectos atmosféricos que nos sirve de prólogo a la primera jam, “900 miles head rush”. Diez minutos de ritmo frenético en todo un viaje psicotrópico. Con un bajo cadente y pesado en interminables solos afilados que mutan entre atmósferas espaciales y momentos más propios de Hendrix. Enlazando la improvisación con la compenetrada dualidad bajo/batería haciendo que la jam tome forma de canción. El dinamismo de la primera parte se transforma en una levitación lisérgica en espacios flotantes y volátiles. Un giro que hace que el tema tome otro matiz pareciendo un corte distinto. Mas calmado y susurrante, la batería con su ritmo infatigable, ahora más rumoroso y el apacible bajo soportan una guitarra que describe misteriosas atmósferas. Por momentos inquietante, pero a su vez gratificante, los juegos de Frank Attard a las seis cuerdas reflejan toda la gran técnica que atesora.

Con “In the shadow off orces unknow” nos ofrecen un interludio para tomarnos un respiro entre pedales y distorsiones.

Embutidos en su traje espacial, en “Of medicine and moonshine: A mystic’s interpretation” Lachian Paine toma el control con su bajo mientras los lentos borboteos de la guitarra nos embarcan en espacios más siderales. Una atmósfera ingravitatoria sobre la cual parecen surcar el firmamento en busca de nuevas formas sensoriales. Completamente hechizante y cautivador se muestran hipnóticos, kosmiche casi kraut en tres minutos en los que el tema nos hace flotar en un calidoscópico entorno psicotrópico.  En la parte final del tema los ritmos se intensifican con un derroche de wah-wah y efectos múltiples que parecen esparcir su hechizo en esta ocasión soportados por unos tambores más versátiles.

De nuevo nos ofrecen un interludio en el que el protagonismo lo tiene un solo de batería. “Botanical barrelhouse”. Ciertamente me cuesta entender estos interludios en los álbumes, pero son muchas las bandas que los utilizan, así que….

Así llegamos al tema que ocupa la mitad del trabajo con sus   21 minutos. “Trascending verbal concepts”. El tema nos ofrece los momentos más ardientes de una bacanal sónica en la que cada miembro se toma su propio espacio para deleitarse con su instrumento. Aquí el concepto de jam adquiere una nueva dimensión. Hipnotismo absoluto de l cadente bajo de Lachian, un descenso de la intensidad hasta espacio en los que el silencio se apodera del tema mientras los platillos chistean con sutileza entre efectos envolventes. Pasando por una fase más rítmica y menos trascendental una aceleración nos devuelve a la guitarra, en esta ocasión con una doble personalidad, desdoblándose una y otra vez en interminables solos y con pasajes más ácidos. Tras unos minutos de intensidad retoman el catártico estado psicodélico de una forma mas anárquica. EN la parte final recuperan lo insondables espacios flotantes con punzantes acordes, en los que se intuyen una influencia algo jazzística.

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Reseña: SATORINAUT.- «Slow Psychedelic Speedrock»

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SATORINAT es el proyecto paralelo del guitarra de la banda húngara LEMURIAN FOLK SONGS Ambrus Bence y del bajista, Kránitz Róbert, a los que se une Megyeri Krisztián a la batería, para desarrollar toda su creatividad psicodélica sin ataduras en un formato de jam band. Así nace, SATORINAUT, con la  intención de asociar los mantras del universo con su música cósmica. Siempre que escribo sobre un álbum de improvisaciones me surge la gran duda: ¿Cómo se puede reflejar un trabajo así en una reseña? Todavía no he encontrado la respuesta, pero aún así, aquí estoy intentándolo. A diferencia de los otros proyectos como los citados LEMURIAN FOLK SONGSLIQUIDACID con su sonido psicodélico o la pesada KORGOTH con su sludge-metal, en SATORINAUT no hay un concepto de canción. Las largas improvisaciones surgen de manera espontánea, de una forma completamente etérea.  Grabado en un local de ensayo junto a un bosque, el aroma de la frondosidad se refleja en unos temas impregnados de la psilocibina que rezuma de los hongos de la vecina espesura. Pasajes intensos que se convierten en verdaderas espirales psicotropicas, unas veces soportadas por una de blues o de jazz, en otras ocasiones mucho más pesadas. El trío libera endorfinas en cada tema, con un uso de pedales que hace que el sonido adopte mil formas para hechizarnos con suavidad o para hipnotizarnos con contundencia. Una forma de transmitir el silencio psicodélico, pero muy fuerte, a través de grandes amplificadores, pedales y tambores. Si quieres viajar, aquí tienes un billete hasta espacios infinitos….

Los tonos entre el jazz y el blues abren el álbum en «Grand hotel sonic swing». Buenos pasajes de guitarra en la primera jam. El blues fluyendo bajo un cadente ritmo de tambores para elevar su intensidad hacia espacios psicodélicos. Un corte orgánico con florales solos que demuestran la maestría de  Ambrus Bence con las seis cuerdas y los pedales. Pasando por distintos estados de ánimo el tema se va moldeando a lo largo de sus catorce minutos. Sin perder esos genes bluseros,  el trío se embarca en una espiral lisérgica que acaba por atraparnos. 

«Valley Path to the Source» mucho más psicotrópico si cabe que el tema anterior, parece recuperar el espíritu de Hendrix bajo un trepidante ritmo. Dejándose llevar por sus instintos, el corte parece caer en un caos controlado, o no. Sólo eso lo pueden saber los propios músicos, pero lo que si es cierto es que claramente aquí se están dejando llevar por instintos para crear un corte intenso y diabólico. una locura ácida que parece calmarse en su primera mitad, pero acaba sucumbiendo al poder de los psicotrópicos. 

«OHM» parece ser un tema algo más premeditado. Son primeros acordes, aparecen más extraños. De la repetición hipnótica de riffs y de efectos inicia una exploración pseudo-espacial a ritmo lento. Repitiendo su armonía, tras un aparente respiro, crean una misteriosa atmósfera que parece anunciar una inminente deflagración. En esta ocasión la bacanal psicodélica se viste de adornos siderales para crear una sensación de vértigo y caída al vacío.  Un espejismo que acaba por situarnos gravitando a la deriva en insondables atmósferas entre pasajes heavy-psych de manual. Quince minutos que ofrecen distintas visiones de un mismo proyecto con la guitarra siempre como protagonista, pero en el que la base rítmica es sencillamente arrolladora. 

Regodeándose en los mismos acordes, «Hyperyaya» abre con oscuros y susurrantes pasajes con la batería a lento ritmo de jazz, mientras el bajo con golpea con una cdencia hipnótica. Un aturdidor corte que se sumerge en una espiral psicotrópica de la que tanto gustan estos tres chicos húngaros.  Tras largos momentos de calma psicotrópica, acaban imprimiendo máxima velocidad a unos repetitivos pasajes que acaban enmarañándose intoxicantes sonidos. 

Con una introducción con una batería contenida, «Sliding Parallel Spaces» deja espacio al lucimiento de Kránitz Róbert con su bajo.  aparece un nuevo elemento no visto hasta ahora con el sonido slide de la guitarra evocando vastas praderas con el sol en el horizonte. Recreándose en esos entornos, acaba enredándose en turbios pasajes para retomar la impostada calma en una nueva catarsis psicotrópica. un corte que resulta menos emocionante por su constante repetición. 

«Dharma expres», el tema más corto del álbum con sus cinco minutos, se muestra más pesado y vibrante. Fuerza rítmica entre hirientes solos entre los vertiginosos ritmos. El tema, sin perder su vocación de jam, parece mostrarse como el corte mas estructurado del álbum. 

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Reseña: THE KUNDALINI GENIE.- «11​:​11»

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Desde que lanzaran su primer álbum «REVERBERATION» en 2.017, los galeses THE KUNDALINI GENIE me han estado reconfortando con sus maravillosos trabajos de psicodelia relajada. Ahora, con su cuarto álbum “11:11” crean un nuevo mantra sonoro en el que las influencias de oriente se aúnan con ese típico sonido de la psicodelia pop de la segunda mitad de los años sesenta tan floreciente en las Islas Británicas. Temas hipnóticos que no se privan de tomar prestados elementos kraut para invitarnos a un viaje en el que estimular nuestros sentidos. Con unos maravillosos ganchos pop que hacen que las flores estallen en una explosión de color. Tonos místicos que los acarician con delicadeza y que en su interior esconden un gran trabajo compositivo. Desde la aparente sencillez, las canciones fluyen con gracia entre narcóticos pasajes que esconden un torbellino de sonidos. Siempre sin perder el control, nos evocan prados aterciopelados en los que reposar y dejar estimular nuestros sentidos. Un ensoñador éxodo hacia lugares sensoriales de auténtico confort espiritual. Es difícil abstraerse del hechizo de unos temas que son tan reconfortantes como una canción de cuna para un bebé. Trascendentes, brillantes y profundos, la elegancia con se ejecuta cada acorde de guitarra contrasta con el mantra que crean a su espalda a través de zumbidos hipnóticos que nos hacen ir más allá de nuestro cuerpo.

Los siete minutos de “Mantra”, el tema que abre el álbum, ya nos dejan en un estado de relajación del que no saldremos en el resto del álbum. Con evolutivos efectos de teclados y los exóticos acordes del sitar construyen un corte raga-rock con olor a incienso reconfortante. Melodías neo-psicodélicas que evolucionan lentamente en un eterno génesis que supone, como su propio nombre indica, el tema es todo un mantra para los sentidos. Sus ritmos kraut en línea Kikagaku Moyo se desenvuelven entre una neblina narcótica que se eleva a las alturas celestiales con gran intensidad hasta alcanzar el nirvana.

En una atmósfera más espacial y tonos psicodélicos, “The two draw killer” nos atrapa con su hipnotismo de corte kraut y esa delicada guitarra bajo melodiosas y cálidas voces neo-psicodélicas de fuerte ascendencia sesentera. Siempre con los zumbidos perturbadores en un segundo plano, la dulce y profunda guitarra nos acaricia con ternura. Un tema relajado que transmite confort y sosiego bajo altas dosis lisérgicas.

Instalados en la psicodelia pop de los años sesenta “Can’t get you out my mind” camina por el sendero de aquellos ecos, en una revisión contemporánea de aquellas vibraciones. Tambores más ruidosos y una armonía ensoñadora y más pesada pone el contrapunto a la calma. Un corte que se presenta con altas dosis de melancolía.

“You left it all behind” se ve arropada por un turbio sonido de órgano y un bajo más férreo y sólido. Una brisa narcótica y estimulante con un cadente ritmo sirve de alfombra a afiladas guitarras que recorren acolchados prados sonoros. Un paisaje florido y místico que crea un aterciopelada cuadro sonoro.

“The sky is falling (But the stars look good on you)” se desarrolla entre un bucolismo arropado por bellas melodías. Los acordes de los teclados nos arrullan entre mágicas, cálidas y susurrantes voces. Una combinación en la que la dualidad entre lo grave y lo seductor y delicado de la voz de Julia McTiernan/Kate, resulta de lo más efectiva. Los coros celestiales crean de nuevo una estampa llena de misticismo entre los aromas florales que tan bien saben utilizar los galeses. La destreza de su guitarrista aparece nuevamente de una forma sobresaliente con grandes pasajes.

“Sunrise” se viste de The Beatles más trascendentales creando un aura mántrica creando una envolvente atmósfera de psicodelia pop rebosante de misticismo. El tema fluye lentamente, sin prisa, entre profundos sonidos de unos teclados que crean una neblina narcótica. Toda una constante en la mayoría de los temas.

Para el cierre del álbum, reservan el corte de mayor duración. “You had it all”. Las canciones de larga duración suelen ser siempre un escenario en el que las bandas se dejan llevar y desarrollar todo su potencial. Si con el resto de los temas no hubiéramos tenido bastante, aquí la vocación psicodelia de inspiración en los años sesenta se manifiesta majestuosa y sin complejos. Entre la melancolía y la esperanza el tema se eleva en su intensidad entre armonías que ondulan con aspecto frágil, pero conteniendo un sólido interior. Su largo minutaje, permite como licencia la incorporación de una extraña lución final entre hipnóticos acordes que no llego a saber a qué corresponde.

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