Reseña: RUFF MAJIK.- ‘The Devil’s Cattle’

THE DEVIL’S CATTLE‘ es el nuevo álbum de los sudafricanos sludge n rollers RUFF MAJIK y primero con su nuevo sello Mongrel Records. El álbum es a partes iguales Johni Holiday y Evert Snyman y se grabó a finales de 2019 en el estudio de Evert en Johannesburgo. Desde que les vi hace unos años arrasar con sus riffs en la piscina del festival Sonicblast supe que RUFF MAJIKK es de esas bandas que quieres tener en cualquier festival. Ahora con su nuevo confirman que son una banda que te deja exhausto, como te dejará su nuevo álbum ‘THE DEVIL’S CATTLE’. Toda una locura de trabajo que te lleva en volandas entre una alfombra mágica de fuzz que transita a toda velocidad por autopistas que atraviesan desiertos narcóticos.  Como la propia banda describe, ‘Piensa en montajes de zombies, cabarets demoníacos, persecuciones de coches con drogas, riffs claustrofóbicos, freak-outs de psychobilly y sonics hipnóticos en dúo empaquetados en una rebanada muy fluida de rock and roll de alta velocidad’. No me atrevo a rebatir esta afirmación ya que la gran locura sónica del álbum impide una calificación certera. Desde el Stoner más contundente, algunos momentos sludge, mucha psicodelia subliminar, blues, soul y puro rock and roll, sus temas se suceden sin dejarnos tomar aliento. Puede ser un tópico y pecar de poco original, pero creo que este es su mejor álbum hasta el momento.
Un álbum pesado, lleno de ritmo y acertados juegos vocales entre melodías bien construidas es toda una invitación que no debes rechazar. Aquí puedes encontrar 50 minutos intensos que se te pasarán volando en este viaje a toda velocidad por una autopista demoníaca en la que todo puede suceder. Olor a gasolina y a bourbon, pero también a marihuana entre cegadores tornados arenosos. Siempre con la habilidad para llevarnos al blues de los 70’s y aparecer sin darnos cuenta en el Seattle de los noventa. Un viaje lleno de sorpresas desde el Detroit de finales de los 60’s con temas proto-punk, para arribar en los desiertos californianos de los noventa. Esos desiertos en los que el fuzz es el dueño del asfalto y en los que el legado de QUEENS OF STONE AGE está presente. En ‘THE DEVIL’S CATTLE‘ es la perfecta banda sonora para conducir a toda velocidad, aquí no hay tiempo para el descanso, todo sucede con gran ímpetu, y desde luego, con él, no te aburrirás.

THE DEVIL’S CATTLE‘ está disponible vía Mongrel Records así como también en vinilo vía Black Farm Records.

‘All you need is speed’ abre sin contemplaciones. Puro biker-rock frenético que nos deja una estela de fuzz grasiento a su paso. Todo un tornado que nos arrolla dejando tumbados a los cactus a su paso dejando patente la pesadez Stoner de banda en su tramo final.

Con un bajo difuso y voz pantanosa, ‘Swine tooth grin’ retumba entre estribillos y voces precisas. Un corte plomizo, denso, crudo, pero a su ágil que se adorna de psicodelia en su parte final.  

Toneladas de fuzz nos invitan a oscilar nuestros cuerpos en ‘Shurg of the year’. Stoner ortodoxo que se apodera del trío entre ecos 70’s. Poderoso y contundente el bajo vuelve a golpear con fuerza entre aroma de blues humeante en segundo plano. Aparentemente simple los registros vocales con su particular vibrato consiguen un resultado óptimo en contraposición con los crujidos de sus riffs. Al igual que el tema anterior parece disminuir su pegada en su ocaso.

Con una actitud punk, ‘Heart like an alligator’ chirria entre una tormenta arenosa de dimensiones descomunales antes de mutar en un viaje a los 90’s entre melodías más cuidadas. Voces alternándose entre la espesura de sus riffs para aparecer casi celestiales con las voces más seductoras. Sus desgarradores aullidos parecen pausar la orgía sónica que nos engulle como un tornado.

Entre brumas psych y voz pantanosa el blues aparece con coros negroides ‘Gregory’ cambia el registro tras el agotamiento producido por el corte anterior. Juegos armónicos de voces que coquetean con el soul y el blues en una atmósfera lisérgica de lo más atrayente. Llevándonos en volandas en una flotación psicotrópica que nos conduce a un túnel de fuzz intoxicante sin ninguna prisa.

En un escenario casi proto-punk ‘The devil’s cattle’ arranca con ímpetu antes de un frenazo a golpe de riff, lento pero pesado. Con vestigios setentero el corte avanza hacia el desierto entre gruesas vibraciones y tambores implacables. Encontrando el equilibrio con las voces y coros nos invitan a viaje entre el Detroit de finales de los 60’s y los desiertos californianos de los 90’s

‘Jolly Rodger’ activa las articulaciones a golpe de rock and roll. Vocecillas agudas y tonos más propios de David Bowie danzan entre sus poderoso y enardecidos riffs. Insaciable e infatigable el ritmo vuelve a hacernos sentir el viento en nuestra cara con ese constante viaje a lo largo de largas rectas entre cactus y garitos llenos de Harley’s Davidson en su exterior. Otra perfecta banda sonora para conducir por el desierto.

Una nueva orgía de fuzz nos nubla en ‘Who keeps score’. Sin bajar las revoluciones vuelven a tomar elementos 70’s con rock directo y vacilón. El crujiente e infatigable bajo sigue generando toneladas de fuzz cegador entre los pegadizos estribillos crean una humareda aturdidora en su borrachera del Stoner más lisérgico. Me resulta de lo más gratificante los juegos y registros vocales que nos llevan a otra estancia distinta tras un breve stop en su bacanal.

Con acordes de piano llenos de un cadente ritmo ‘Lead pills and thrills’ nos devuelve a un extraño trance de blues antes de iniciar la marcha por la eterna autopista de fuzz. Lleno de subidas y bajadas se vuelven más cabareteros y riffs claustrofóbicos y bajadas lisérgicas.

En una especie de Stoner-billy ‘Trading blows’ retoma los crujidos entre armonías bien trabajadas y olor a gasolina y bourbon. Una constante repetida pero no por ello aburrida. Con una cortina de fuzz crujiente tras nosotros, los serpenteantes momentos se suceden entre unos tambores llenos de rabia. Esparciendo sustancias narcóticas en ese aturdidor entorno ponen la salsa a un tema vibrante que serpentea sin cesar entre distintos estilos ofreciéndonos momentos de doom y psicodelia pesada de lo más inquietante.

‘Born to be bile’, con sus mas de siete minutos va a ser el escenario más acogedor para que los sudafricanos usen melodías más propias de los noventas entre los incesantes riffs parsimoniosas y pesados.  Siempre cegadores y atronadores se aceleran con riffs que se repiten y que acaban mutando con una precisión que hace que no nos demos cuenta de que nos llevado a un escenario distinto. El tema remite en su fuerza y en la orgía desértica para relajarse en atmósferas llenas de narcótico humo cannabico. Una vez que nos tienen en sus manos, sacan el sludge de alcantarilla y caverna mugrienta para amenazarnos con sepulcrales voces y locuciones vintage. El espacio de mayor oscuridad de un álbum en el que todos sus temas se desarrollan en soleados y sudorosos espacios.

Decididamente a modo de bálsamo los primeros acordes acústicos de ‘God knows’ nos invitan a un ritual chamánico en medio del desierto. Piano y voz seductora a la luz de la luna y con la compañía de seductores coros femeninos. Con una roma a brisa de los setenta el tema se robustece entre pasajes psych y voces que se elevan en un canto redentor. Aquí tenemos la cara más psicodélica de una banda que no deja de hacer oscilar su registro incorporando distintos estilos.

‘Hymn nº 5’ pone cierre al álbum con una apertura doom. Riffs golpeando con contuncencia y nuevamente los registros vocales entre locuciones mas propias de un relato de los años 50’s. Viento cavernoso entre murallas sludge y ecos del Alice Cooper más tenebroso complementan este cuadro tétrico.

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Reseña: RING VAN MÖBIUS .- ‘The 3rd Majesty’

El trío noruego RING VAN MÖBIUS lo ha vuelto a hacer. Si con su álbum debut ya nos sorprendieron con su sonido hard-progresivo mas propio de primeros de los 70’s, con éste, su segundo álbum ‘THE 3RD MAJESTY’ nos dejan claro que se han quedado allí. Estamos ante un gratificante viaje en el tiempo para los amantes del rock progresivo más auténtico, sin matices. Si bien muchas bandas tomas elementos del pasado para construir su música con elementos del siglo XXI, los noruegos suenan completamente vintage, como si el tiempo no hubiera pasado. El sonido de bandas como VAN DER GRAAF GENERATOR, EMERSON LAKE & PALMER, ATOMIC ROOSTER o cualquiera de la prolífica escena progresiva italiana de los 70’s se ve claramente reflejada en su nuevo álbum. Bajo ese ambiente retro que crea su teclista entre hammond, fender Rhodes y moog, los temas juegan con mil meandros pasando por espacios de furia y locura instrumental y reposando a la vez en prados sinfónicos. Siempre bajo una fuerte instrumentación las voces y coros aparecen con mesura, pero siempre aportando a cada tema, bien sea en los momentos más intensos o arrullándonos en los pasajes más acolchados. Sin duda, estos chicos saben hacer bien su trabajo y tiene las ideas claras de lo que quieren. Cualquier auténtico fan del rock progresivo puede sentirse de enhorabuena con este nuevo álbum de una banda que sigue prescindiendo de la guitarra, y lo cierto que con la habilidad y maestría que tiene para crean sus composiciones, nadie la va a echar en falta. Estamos ante un álbum tortuoso, complicado incluso en su instrumentación en algún momento, pero RING VAN MÖEBIUS son tres músicos lo suficientemente hábiles como para darnos una de cal y otra de arena, zarandeándonos con sus canciones y llevándonos a los instantes más gloriosos de hard-progresivo. Confiemos en que la energía les dure mucho tiempo y sigan ofreciéndonos maravillas como ‘THE 3RD MAJESTY’, un álbum que en cada nueva escucha te va a aportar un aliciente nuevo, lo que da muestra de toda su grandeza.

El álbum está disponible vía Apollon Records, y RING VAN MÖBIUS son: Thor Erik Helgesen (Voces, Hammond Organ L100, Fender Rhodes, Clavinet D6, Moog Satellite y Korg MS20),  Håvard Rasmussen (Fender Bass VI y efectos) y Dag Olav Husås; (batería, timbales, percusión y efectos).

El álbum abre con una suite con siete movimientos como su propio nombre indica. ‘The Seven Movements Of The Third Majesty’. Veintidós minutos llenos de épica en los que el órgano comanda los desvaríos vocales y las melodías. Oscilante, cambiante y siempre ofreciendo giros dentro su ecléctica apuesta. El tema camina por una senda pastoral en la que la experimentación encuentra el escenario perfecto. Los elementos del hard-progresivo rezuman de cada pasaje entre briosos tambores y un bajo algo más comedido. Del ímpetu inicial, la segunda parte reposa en suaves atmósferas melódicas en las que la banda se muestra más accesible en su sonido. Incorporando envolventes efectos el tema coquetea con espacios más psicodélicos si salirse de los cánones progresivos.  Primando lo melódico sobre lo dinámico en la parte central el tema retoma la fuerza entre los vibrantes tambores y un sonido que se engrandece majestuosos. Oscuro e inquietante por momentos, los pasajes me recuerdan por momento de John Lord. Aquí los histriónicos pasajes se vuelven más turbios y desesperados con las voces atormentadas creando esa atmósfera inquietante. Con momentos más teatrales el tema avanza con frenesí hasta sucumbir a espacios EL&P envuelto en oscuras’ nebulosas.

Illuminati’ un tema en general más sosegado se deja llevar por un sonido mas propio de Gentle Giant. Voces susurrantes y el penetrante órgano surgiendo del silencio mantiene el espíritu pastoral. Aquí encontramos un mayor protagonismo del sonido del bajo, eclipsado en la suite anterior.

Desde el sinfonismo clásico ‘Distant sphere’ mantiene el espíritu litúrgico, con un sonido más propio de una catedral gótica. Tras unos momentos en los que nuevamente el bajo toma el protagonismo sobre el silencio, las hostilidades de desatan. Pesados e incisivos los noruegos golpean con fuerza creando una gruesa e inquietante atmósfera. Rasgueos de teclas crean el caos amenazante alejándose de lo pastoral para dejarse llevar por las tinieblas en un vendaval esquizofrénico. Momentos de intensidad que dejan espacio a un sonido más clásico sobre una estructura oscilante que coquetea con el silencio y los efectos de los sintetizadores. Aquí son constantes los arrebatos de furia. Es como si el tema se atascara elevándose y descendiendo a los susurros con ausencia de voces.

Cerrando el álbum ‘The Möbius ring’ parte de una poderosa línea de bajo, para envolvernos en un espacio hard-progresivo de libro. Siguiendo el manual, la banda incorpora profundas voces que acompañan a los intrincados desarrollos instrumentales. Un sonido mas ortodoxo y majestuoso que hace honor al nombre del álbum y a la propia banda. Sus nueve minutos son un espacio para el deleite de los mas puristas del género.

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Reseña: TONY REED.- ‘Funeral Suit’ (Blood And Strings Acoustic Series Ch. 2)

Tony Reed, el líder de MOS GENERATOR publica su nuevo álbum ‘FUNERAL SUIT‘ en la serie de Ripple Music Blood And Strings Acoustic Series Ch. 2′.

En su debut acústico en solitario el multi-instrumentista, vocalista y productor ofrece su trabajo más personal hasta la fecha, desnudándose y llevando la experiencia más allá del enfoque estándar de «hombre con guitarra». Ya se trate de arreglos delicados, armonías vocales conmovedoras o escapadas basadas en el piano, la amplia gama de emociones resonará en cualquier oyente. Es difícil abstraerse de las atrayentes canciones llenas de sensualidad que contiene este álbum de folk rock conmovedor con un toque progresivo. Un disco denso y multifacético que se puede poner en el mismo estante que Cat Stevens, CSN o Neil Young , un álbum que por momentos me recuerda las últimas entregas de Uffe Lorenzen, ‘FUNERAL SUIT‘, tras su escucha, no te dejará indiferente.

Ocho canciones llenas de belleza que rezuman sentimientos haciendo al oyente partícipe de cada nota, de acorde y cumpliendo la máxima de «menos es mas», en este trabajo acústico florecen los temas con una naturalidad pasmosa, arrullándonos con su cálida voz y pasajes que transmiten calma y sosiego. Nunca está mal tomarnos un respiro de riffs pesados para dejarnos seducir por la dulzura hecha canción, y aquí tenemos ante nosotros ocho temas sugerentes que derrocha sensibilidad desde una aparente austeridad que esconde un brillante trabajo compositivo.

TONY REED es un tesoro del rock estadounidense y alguien cuya alma sangra en todo lo que crea. Es hora de comenzar a incluir su nombre entre los verdaderos embajadores del rock.

‘Waterbirth’ es un tema a caballo entre Crosby Stills and Nash, con apacibles y hechizantes voces entre suaves acordes, algo que es una constante en el álbum.

En una línea evocadora de Cat Stevens, ‘Moonlightniong’ combina unos pegadizos estribillos llenos de dulzura con la rudeza y la austeridad de los acordes acústicos. Un derroche de belleza que flota entre campos floridos y melodías llenas de magia que cobran una dimensión con la gran voz de Tony. Algún eco blues se entremezcla en una canción con algún momento de tinte progresivo en un marco de austeridad.

Con acordes más graves, y un registro vocal que me recuerda a Uffe Lorenzen, ‘Funeral Shift’ el tema que da nombre álbum se adorna con pasajes sinfónicos de una belleza serena. Como una pequeña incursión en el terreno progresivo,

En un escenario mas ‘americana’ ‘Along the way’ evoca la brisa campestre con un estilo que bien puede asemejarse a Neil Young con un tono de sosiego. Sencillo tema con acordes sobrepuestos

La garra de ‘Lonely one’ un tema sencillo con la guitarra acústica no necesita mas florituras para evocar el porche junto al rio. Parece mentira poder transmitir tanto con tan poco. En el tema flotan algunos sutiles pasajes de guitarra eléctrica entre sus pausados acordes.

‘Wicked willow’ con la ayuda del piano, nos envuelve en un manto de oscuridad y melancolía susurrándonos con delicadeza con su profunda voz.

Los acordes campestres de ‘Might just’ se elevan majestuosos en otro momento de sosiego.

Who goes there’ con sus ecos sureños con algún tono blues crean ‘en una especie de balada que acaba elevándose con estribillos más altos ‘a capella’ dotando de fuerza al tema que finaliza siendo desgarrador con la voz en dos estratos.

TONY REED pertenece a un raro escalón de creatividad implacable. Un rockero de por vida desde sus días de autograbación de demos en cinta cuando era adolescente, ha pasado las últimas tres décadas en una búsqueda cada vez más progresiva de su arte. En bandas como Treepeople , Twelve Thirty Dreamtime, Constance Tomb, STONE AXE y su más firme e influyente, Mos Generator, ha refinado un proceso de composición, interpretación y grabación que no tiene parangón, y ha acumulado una discografía de por vida lo suficientemente amplia como para hacer que el el resto del universo parece completamente vago.

Reed aprovecha la energía de un rockero clásico, pero solo piensa en el futuro en su ejecución y compromiso con su audiencia. En bares de buceo o grandes festivales, su nombre es sinónimo de un nivel de dominio que no es menos suyo que las canciones que escribe.

Con sede en Port Orchard, Washington, su estudio HeavyHead Recording Company es el hogar de una instalación de producción completamente equipada, y aunque Reed la usa con mayor frecuencia para sus propios fines, las palabras «Mezclado y masterizado por Tony Reed se han convertido en un elemento básico de los lanzamientos de la escena pesada underground. Sus colaboraciones con artistas, ya sea a través de lanzamientos divididos o con otras bandas, están generando el respaldo de los oyentes que lo conocen, y su exploración continúa sin cesar.

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Reseña: YAWNING MAN.- «Live at Giant Rock»

Quince años han pasado desde que los pioneros del desierto YAWNING MAN publicaron su primer álbum “Rock Formations”, y ahora por fin, los podemos ver en su hábitat natural. Toda una experiencia redentora inspirada en aquella grabación que hace décadas hiciera Pink Floyd en las ruinas de Pompeya. Con ese espíritu, se cumple un sueño de toda la vida: Capturar a YAWNING MAN actuando en el mismo ambiente que tanto inspiró su música. La oportunidad surgió en 2020 a partir de los desafíos que enfrentaron artistas y músicos durante la pandemia de Covid 19, el distanciamiento social que obliga a los artistas a adaptarse creativamente a alternativas para expresarse musical y visualmente. Así, en las primeras horas de la mañana del 18 de mayo de 2020 en el impresionante y misterioso paraje de Giant Rock en el desierto de Mojave la banda comenzó la grabación y filmación con dos únicos actores, la propia banda y el paisaje. Sin público la banda realiza sus meditaciones instrumentales en ese bello e inspirador entorno, un lugar al que ponen banda sonora de la mejor manera posible. Un espacio que a lo largo del tiempo ha atraído a nómadas nativos americanos, científicos, investigadores de ovnis y viajeros de todo el mundo, hechizados por su magnética energía espiritual. Las actuaciones de las bandas al aire libre son legendarias y este álbum-película es la primera representación ingeniosamente compuesta de esa experiencia. La música expansiva, atmosférica y cinematográfica de YAWNING MAN ha encontrado el lugar más apropiado para desarrollarse. Si en algo son maestros es precisamente en su capacidad para crear atmósferas, y aquí con sus cuatro jams lo consiguen una vez más. En el espacio donde probablemente más cómodos se sientan logran sacar lo mejor de sí mismos.

‘LIVE AT GIANT ROCK’ es un trabajo meditativo y que invita a la reflexión en una busca de la paz interior como gran parte de los trabajos de la banda y está disponible vía Heavy Psych Sounds en vinilo, CD y DVD.

A modo de perfecta banda sonora para el amanecer, ‘Tumbleweeds in the snow’ parece querer introducirnos a la luz del día con sus acordes. Un génesis que hace que el tema se vaya creando entre el magnetismo del bajo de Lalli, siempre poniendo el músculo y la destreza y belleza de la guitarra de Gary. Siempre creando esa atmósfera envolvente y protectora, estos chamanes del desierto consiguen reflejar en su música toda la inmensidad y soledad del desierto. Poniendo banda sonora al viento los efectos nos arrullan en canto redentor de lo mas gratificante. Belleza en cada acorde de estos quince minutos de jam instrumental en la que los californianos se rencuentran con su entorno natural.  La fornida línea del bajo custodia ese deambular por el yermo entorno en el que desarrollan su creatividad. Elevando la intensidad con sonidos más pesados crean una atmósfera psicodélica en la que la guitarra de Gary se estira en solos infinitos entre dinámicos ritmos de batería que van oscilada constantemente. Repetitivo, el tema en su parte final hace honor a lo que en realidad es una jam arenosa, envolvente y hechizante y rebosante de mística. En su parte final el incremento de los efectos aporta un aspecto espacial a un escenario desde el que el visionado del cosmos adquiere una particular dimensión.

‘The last summer eye’ con la mitad de duración que el tema anterior parece ofrecernos visión distinta de una única estampa. Sus primeros acordes casi doom, lentos y plomizos dejan rendijas para que la guitarra interfiera poniendo el contrapunto con acordes llenos de belleza. Hipnótico y con aires chamánicos nos envuelven con arenosos e interminables acordes en un ambiente intimista y casi triste. La desolación del entorno parece reflejarse en una composición que va mutando a un escenario casi post-rock. Entre efectos el tema se desboca por una senda libre en la que los tres músicos se dejan llevar por sus instintos. Incorporando elementos y sonidos espaciales el tema avanza si mirar a tras en busca del horizonte mediante hipnóticos pasajes. Seguramente muchas bandas post-rock quisieran tener la creatividad y técnica para realizar los desarrollos de estos moradores de las arenas.

Sumidos en un espacio más oscuro ‘Nazi synthesizer’ consigue equilibrar el tenebroso bajo con imposibles pasajes de guitarra para crear una atmósfera más pesada y aturdidora. Bajando paulatinamente la intensidad vuelven a construir una atmósfera meditativa que parece mirar al horizonte en su ocaso. Siempre con ese aura melancólica y lánguida aquí se muestran más aturdidores e inquietantes, pero a su vez llenos de magnetismo. Esa extraña habilidad para absorber al oyente con sus atmosféricos desarrollos queda patente nuevamente.

El álbum cierra con la jam más larga. Con sus casi dieciocho minutos divididos en dos partes “Blowhole sunrise/space finger”, llena de bellos acordes el desierto de Mojave. Una total paradoja en ese duro y hostil entorno, pero, en definitiva, YAWNING MAN, están en “su entorno”. En el espacio donde probablemente más cómodos se sientan logran sacar lo mejor de sí mismos. Interpretando libremente sus creaciones consiguen crear un mantra liberador en el que la música es la protagonista. Todo un ritual liberador que pasa por distintos estados de ánimo y en el que los efectos del peyote parecen apoderar por momentos del trio en un trance místico y redentor. Mágico y envolvente el tema parece atravesar una nueva dimensión sensorial para sumirnos en un nuevo mundo. Un entorno apacible y acogedor que no reniega del hipnotismo para atraernos en su interior. En su segunda mitad el tema explora otros sonidos con un incremento de la pesadez sin abandonar el hipnotismo. sumiéndonos por momentos en una espiral caótica de acordes repetitivos hasta llevarnos a un nuevo espacio místico en el que encontrarnos con espíritus ancestrales en una redención anímica.

Formados a fines de la década de 1980, la formación de Gary Arce, Mario Lalli y Bill Stinson completa su programa de giras y grabaciones activas de un año. Los antecedentes de Arce y Lalli juntos se remontan al comienzo de YAWNING MAN con antecedentes de Stinson empapado en el mundo de SST Records a través de presentaciones y grabaciones con Greg Ginn y Chuck Dukowski de Black Flag durante varios años. YAWNING MAN son reconocido en toda la comunidad de música heavy underground como una pieza clave en el desarrollo de los subgéneros del desert-rock. Mientras sus contemporáneos gravitaban hacia los pesados ​​riffs del grunge y el post punk, YAWNING MAN se inclinaron en otra dirección con sus composiciones cinematográficas únicas y orgánicas e improvisaciones psicodélicas … la banda sonora perfecta para abarcar la atmósfera espaciosa de paisaje lunar de las bien documentadas «generator parties» de su área a fines de la década de 1980. Fue en estas reuniones donde desarrollaron este estilo y sonido distintivo al encantar a los espectadores con sus aparentemente interminables sesiones instrumentales de forma libre, que resonaban en los hermosos desiertos, mesetas y paisajes del Valle de Coachella.

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Reseña: NARLA.- ‘Till The Weather Changes’

Si miramos hacia atrás y nos remontamos al año 2.014 en el que los australianos NARLA publicaron su ardiente EP homónimo y lo comparamos con este nuevo álbum, podemos encontrar una gran evolución. Dese entonces han ido dosificando sus entregas con varios singles y un EP, ahora publican su álbum debut con todos los honores y por la puerta grande. Algo más de una hora hechizante y cautivadora dividida en nueve temas que son el fruto de horas y horas de exploración en los confines de la psicodelia, el rock progresivo y el blues. Grabado en vivo, el álbum transmite toda la crudeza a través de delicados y profundos acordes salidos de las orillas del rio en el que fue grabado. El trio, tras diez años tocando juntos reflejan su conexión en algo mas de media hora de música llena de sentimiento. A pesar de la ausencia de bajo, la dupla de guitarra juega con las melodías creando una nube narcótica de sonidos que nos arrullan entre acordes de blues pantanoso en un ambiente humeante y lisérgico bajo unos penetrantes tambores. Sin miedo a explorar espacios más progresivos, la versatilidad de los temas hace que este debut sea un álbum rico en matices. Aquí encontraremos momentos doorsianos con un registro vocal a semejanza de jim Morrison pero también paseos psicodélicos en línea Colour Haze, y sobre todo ese blues pantanoso húmedo y lleno de sentimiento.  ‘TILL THE WEATHER CHANGES’ fue grabado en una sola toma en vivo en Sound Recording Studios en Castlemaine, Victoria. Los temas fueron compuestos en largas sesiones a la orilla del rio Hawkesbury entre cervezas a la luz de la hoguera, algo que queda reflejado en un álbum que transmite ese ambiente intimo.

‘Till the weather changes’ el tema que da nombre al álbum, nos hace presagiar todo un trance chamánico. Con una cadente introducción y una voz evocadora de los registros más hechizantes del mismísimo Jim Morrison, el tema va creando una estela humeante entre tambores que chistean y un bajo lleno de magnetismo. Una construcción que inevitablemente me recuerda al clásico ‘L.A. Woman’ de The Doors, va evolucionando hacia un espacio de fuerza y frenesí contenido bajo los desgarradores y profundos registros vocales. Solo un par de minutos y ya me han conquistado. Un aroma sureño evocador de la soleada California se vislumbra en sus crudos acordes.

Con un carácter más hipnóticos, los ritmos pseudo-kraut de ‘Mountain’ nos sugieren un escenario más lisérgico que mantiene el carácter setentero. Creando un sonido ondulante pero siempre vivaz en sus ritmos, van coloreando de matices y armonías un corte que posee cierta pesadez sin perder su aura psicodélica.

Con suaves acordes y delicados acordes susurrante ‘Bedside’ parece describir el rumor del agua en un escenario plácido en el que la psicodelia nos arrulla con momento pseudo-progresivos. Todo un remanso de paz en tonos melancólicos con una melodía lánguida pero hechizante. Sus tonos grises mantienen una calma introspectiva a lo largo de todo el tema con un leve aumento de intensidad en su parte final con una guitarra más incisiva, aunque sin perder la belleza a pesar de su aspecto más inquietante.
Sin perder esos tonos grises del corte anterior, los delicados acordes se suceden entre una línea de bajo repetitiva y envolvente en ‘Detroit’. Otro corte marcado por la característica voz que vuelve a evocar a Morrison en sus tonos melancólicos. Cadente y pausado ese tono chamánico y triste se mantiene entre una neblina con aura psicodélica. Con un carácter bluesero en sus entrañas psicodélicas, el tema es una caricia apacible y placentera en la que podemos encontrar algún vestigio del rock de los setenta junto a momentos más propios de Colour Haze en su faceta más suave.
‘The way’ se desarrolla sobre tonos blues y rock más propios de los 70’s. Entre un ambiente psicodélico, su dinámico ritmo y un groovy de lo más atrayente se combina con la languidez de sus paisajes psicodélicos que se van tornando más progresivos. Destellantes acordes sustentan suaves pasajes entre una voz trascendental que ondula constantemente en una combinación de elementos. Dando la sensación de que va a explotar, el tema se queda en un nivel de tensión que no acaba de eclosionar a pesar de su potente línea de bajo que consigue darle cuerpo a un tema que en su conjunto se establece en ese espacio psico-progresivo tan particular de los australianos.

Delicados acordes abren ‘Think like that’, un silencioso blues pantanoso lleno de sentimiento que nos susurra desde el minimalismo en un ambiente húmedo y nebuloso. Así transcurre la primera parte del tema, describiendo una calma pasmosa que acaba explotando en la segunda mitad del corte.  El tema parece reflejar el entorno en el que fue grabado a la luz de la hoguera junto al rio.

‘Am i sane’ sigue una estela similar al tema anterior, pero incrementando la intensidad. Su cadente ritmo y los acordes de guitarra nos impregnan de blues sobre cálidos registros vocales. Buenos pasajes de guitarras con un groovy contagioso mantienen la calma entre registros chamánicos que acaban llevándote al espacio que los australianos quieren. Jugando con las armonías la dupla de guitarras crean una caótica maraña de sonidos que te atrapan en su interior haciéndote partícipe del tema. Líricamente, la pista se centra en un fatídico encuentro con la pantera que, según el folclore, escapó del circo hace décadas y ahora deambula por los arbustos que rodean el río Hawkesbury

Retomando los aires progresivos ‘Before i do’ nos envuelve entre plácidos momentos de calma atmosférica. Sin prisa para avanzar, el tema ofrece un espacio de relax de gran magnetismo en el tras el zumbido de fondo la guitarra suena con acordes sutiles y fascinantes.

El álbum cierra con ‘Clifftonville’ tema no disponible en su página de bandcamp y en el que a los largo de mas de un cuarto de hora inciden en la exploración introspectiva de la psicodelia y el blues con tonos pseudo progresivos. Una especie de jam de alto voltaje por la calidad de su contenido. Susurrante, chamánico y con sonidos penetrantes, nos invitan a un plácido paseo por humerales narcóticos en los que las guitarras esparcen solos llenos de belleza en un ambiente de calidad.

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