Reseña: DOMO.- ‘Domonautas Vol. 2’

Hace que 11 meses los alicantinos DOMO publicaban ’DOMONAUTAS VOL.1’ tras cuatro años de silencio. Un álbum en el que se mostraban más progresivos y algo menos espaciales, pero sobre todo muy influenciados por los sonidos del Mediterráneo. Aquella entrega solo era la primera parte de un álbum conceptual que ahora se completa con la publicación de ‘DOMONAUTS VOL. 2’. Si en la primera parte coloreaban con la brisa mediterránea unos temas eminentemente heavy-psych, aquí, ese hálito del Mare Nostrum se siente con mayor profundidad. Sobre su poderosa base pesada, el cuarteto aromatiza sus pasajes con fragancias exóticas dándole gran brillo y color a unos temas que habitan en oscuras atmósferas.  Tres largos temas y un breve interludio que continúan el relato de su primera parte y que suponen un atractivo y estimulante viaje a través de la psicodelia. Incluso en los momentos en los que DOMO saca a relucir toda su artillería pesada, lo hace sin caer en tópicos y en sonido ya demasiados trillados. Aportando un soplo de aire fresco a un género que parece no tener límite en sus variantes, a pesar de tantos albúmenes cortados por el mismo patrón stoner. Si te preguntas si no vas a encontrar riffs arenosos repletos de fuzz, la respuesta es SI. A pesar de que estemos ante un álbum psico-progresivo, los momentos cercanos al doom, con sus rugosos riffs, existen entre sus surcos, pero insertados con mesura, lo que hace que la sensación de ‘DOMONAUTAS VOL. 2’ es de un álbum para “el viaje”. Entre los algodonados pasajes de guitarra afloran densos y crujientes riffs que a su vez vienen disfrazados entre bellos ornamentos llegados de oriente. Todo un hechizo seductor que hace que nos rindamos ante el magnetismo de sus temas.  Cualquiera que conozca la escena progresiva andaluza de mediados de los 70’s, encontrará aquí sonidos muy familiares, pero a su vez, los devoradores de la arena del desierto también van a encontrar su secarral. Por otro lado, si tus referentes, son bandas como Colour Haze, también tendrás tu espacio de gozo. Otro de los detalles que ya vimos en la primera entrega de ‘DOMONAUTAS’, era el cuidado trabajo que tenían las voces, algo que queda corroborado en esta segunda entrega. Por todo ello, podríamos decir que es un álbum para todos los públicos, siempre que estés dispuesto a salir de tu zona de confort, la experiencia sin duda merece la pena.

DOMO son: Pablo Criado (guitarras, trompeta, tambur y efectos), Samuel Riviere (guitarra eléctrica, sitar y efectos), Óscar Soler (bajo, guitarra acústica sintetizadores y voces), Paco García (batería y percusión).

El arte de la portada corresponde a Marteen Donders, y ‘DOMONAUTAS VOL. 2’ está disponible vía Clostridium Records.

‘Avaxasa’ abre el álbum con suaves acordes y poderosos tambores para discurrir en una atmósfera heavy-psych. Un cadente bajo y unos tambores gruesos soportan una excursión por exóticos sonidos de vocación mediterránea. El tema transcurre plomizo sin perder su aura psych. En este escenario la guitarra desarrolla pasajes aromatizados repartiendo bellas fragancias entre la densidad de la base rítmica. Tonos orientales se repiten dando brillo a los siete minutos de tema que se pasan sin darte cuenta, lo que refleja el poder seductor que la banda imprime al corte.  
Tras ese colorista paseo por la psicodelia pesada ‘Dolmen’ parte de un entorno ritual lleno de magnetismo. Los tonos exóticos del corte anterior vuelven a aparecer con delicados acordes de guitarra en tonos místicos. Susurrante la hermosura y el sosiego aparece para acariciarnos con delicadeza en un enigmático pero placentero entorno. Alejados de la pesadez en sus primeros tres minutos, el tema explota con difusos riffs intoxicantes para desarrollarse por momentos en esa fina línea en la que la psicodelia pesada coquetea con el doom. Tras ese flirteo, los seductores cantos nos inundan con aromáticas fragancias llegadas de oriente que penetran en el grueso soporte instrumental. Instalados en ese entorno de sonidos mediterráneos, los alicantinos parecen recuperar los ecos progresivos de los setenta en una conjunción con el pesado sonido innato en la banda. Breves pasajes recitados y Quejidos andalusís inundan el tema de sentimiento. La combinación de lo pesado y lo aromático resulta de lo más atrayente en un tema que está lleno de matices y textura que se conjugan con gran acierto. ¿Podría ser este el resultado si Triana se vistiera de doom?
‘El altar’ se muestra como un apacible interludio de dos minutos en el que sus delicados acordes sirven de bálsamo sanador y reconfortante entre tonos de cierta melancolía.
Con un sosiego gratificante, la apertura de ‘Vientohalcón’ nos muestra a la banda construyendo un tema de psicodelia aromática. Sin prisas para evolucionar, el corte nos traslada la pausa gracias al gran trabajo de la guitarra y al magnetismo de la línea de bajo.   Ecos de Colour Haze, en un tema que se eleva majestuoso incrementando el poder de sus riffs, pero siempre aportando el lado mágico y hechizante de una banda que aquí definitivamente se deja seducir por pasajes heavy-psych de mucho calado. A lo largo de sus quince minutos el tema consigue conjugar la dualidad entre la calma y el confort con un interior más pesado y fornido. Los pasajes vocales retoman elementos 70’s sin perder su vocación psych. Tras momentos de elevación de la intensidad, el corte reposa en delicados y susurrantes pasajes que nos acarician suavemente. Aquí la belleza aflora en acordes reconfortantes que aportan bienestar y sosiego. Instalado en esa atmósfera sanadora, En un espacio brumoso el tema se ve adornado por delicados pasajes de saxo custodiados por unos cadentes tambores. Aquí aflora el lado más progresivo de los alicantinos, llegando a flirtear con el jazz bajo una atmósfera psico-progresiva antes de elevarse majestuoso por senderos más tortuosos en los que la fuerza de la banda queda patente. Llenando de épica el corte, los vestigios del pasado aparecen con estrofas llenas de rabia en brillantes momentos de pesadez que no reniegan de su auténtica vocación psicotrópica.   Como si renacieran de las cenizas DOMO se muestran más firmes y sólidos en su sonido ofreciendo unos desarrollos de guitarra de lo más atrayentes.

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Reseña: KARKARA.- ‘Nowhere Land’

El segundo álbum de los franceses KARKARA nos invita a un viaje a través de dunas exóticas bañadas en un torbellino de fuzz y distorsiones entre elementos siderales y aromas orientales.  Un espacio ensordecedor, crudo y psicotrópico en el que la balanza de lo tradicional y lo futurista se equilibra entre acelerados ritmos de vocación kraut. Su atmosfera hipnótica y aturdidora nos relata un oscuro mundo místico entre solos y crujidos expansivos. Usando instrumentos tradicionales como el didgeridoo los magos del desierto nos hechizan en su particular fantasía narrativa. Muy enraizados en los sucios sonidos garage de finales de los 60’s, pero también fieles seguidores de la estela sónica de Hawkwind, su particular apuesta por los ecos llegados de oriente, hace que el resultado final sea de lo mas sugerente. Unos temas letárgicos que nos llevan a la velocidad de la luz por insondables espacios siderales pero que también nos hacen reposar en aromáticos jardines entre danzas y ecos arábigos. Una danza infinita que sabe usar los desarrollos heavy-psych, para acoplarlos a su espiral difusa. Toda una conjunción de pasado y presente para ensanchar más si cabe las fronteras de la neo-psicodelia contemporánea. Inquietante, misterioso, relajante, aturdidor, místico, visceral, polvoriento, lisérgico, pero lleno de magia y de giros inesperados que hacen que cada canción se contonee para ofrecernos, sorprendentes pero efectivos cambios en su narrativa, siempre auspiciada por sus graves atmosféricos .

Este álbum es una continuidad directa de ‘CRYSTAL GAZER‘ El segundo capítulo de un viaje realizado por un viajero que descubre nuevas tierras y gente misteriosa. Escrito durante las giras de ‘CRYSTAL GAZER‘, entre largos viajes entre conciertos y ensayos en el sur de Francia. Grabado en Toulouse en el estudio SwampLand y usando solo equipos analógicos para agregar ese sabor Lo-fi crudo que aman. Con la colaboración del ilustrador Dead Flag que fue una fuente adicional de imaginación. Las letras toman la forma de encantamientos místicos y narrativos que trazan el hilo de un viaje épico que se desarrolla a lo largo del álbum. 

KARKARA son: Karim Rihani (Guitarra, Voz, Didgeridoo), Hugo Olive (Bajo) y Maxime Marouani (Batería, Voz).

Con solo escuchar dos acordes de ‘Deliverance’ ya se intuye la ruta de los franceses. Crujientes riffs, ritmos kraut y tonos orientales construyen un tema hipnótico y aturdidor. Insertando pasajes de psicodelia exótica entre voces ecualizadas. Descargas ácidas desde la guitarra y efectos que se redoblan crean una aturdidora atmósfera en la que no faltan elementos espaciales. Las melodías repetidas entre la turbia instrumentación crean un sorprendente espacio sonoro en el que se unen los ornamentos palaciegos con la maquinaria pesada espacial. Incluso con pasajes progresivos el tema no pierde su implacable ritmo en ningún momento.

‘Space Caravan’ no se anda con miramientos y se embarca en un viaje espacial desde sus primeras notas. Psicodelia sideral con aderezos orientales y cantos poniendo el exotismo y una guitarra que no descansa en su exploración de los pedales para llevarnos a un insondable espacio a caballo entre lo terrenal y lo sideral. Sus aturdidores desarrollos consiguen crean un espacio ensordecedor del que emergen acordes más pausados entre los ritmos mecánicos. Dos estancias perfectamente diferenciadas que juegan con el estereo creando un torrente sónico de dimensiones descomunales.

Danzas tradicionales abren Falling Gods’, un corte de características similares a los anteriores, pero en el que la voz cobra un nuevo roll. Instalados en exóticos espacios, la psicodelia se llena de fragancias entre la estela de su maquinaria psico-espacial. Una unión entre la magia del medio oriente y algún satélite espacial lleno de dunas siderales. Jugando con los tiempos el tema se desboca entre leves pausas. Derrochando fuzz la cuenta atrás comienza para el verdadero alunizaje.


‘People Of Nowhere land‘ y sus plomizos riffs nos sumen en un escenario más rugoso del que fluyen serpenteantes sonidos tradicionales cual cobra en medio del desierto. Una danza intoxicante y aturdidora que acaba por sumirnos en le hechizo de los franceses. La combinación garage fuzz con la tradicional oriental hace que nos sintamos ubicados en algún exótico espacio indeterminado que nos aleja de la realidad.

En ‘Setting Sun’ parecen bajar las revoluciones sin perder la intensidad. Melodías rituales nos arrullan acompasadas por ritmo más cadente y menos vertiginoso. El turbio sonido difuso que siempre nos acompaña en cada tema sigue presente, pero tomando matices más sosegados. El trabajo vocal del tema destaca por encima del resto, mientras todo parece volverse más mágico y misterioso.

Retomando el garage-fuzz, ‘Cards’ nos devuelve a alguna medina de algún exótico poblado en algún del desierto. haciéndonos sentir el bullicio del zoco los pasajes orientales dominan un tema en el que el bajo cruje y los ecos garage cobran una nueva dimensión.

Witch’ cierra el álbum por evocadores espacios de psicodelia absorbente y relajante en su inicio, para golpearnos con sus turbios riffs creando una cortina sonora que impide ver. En ese espacio de misterio el corte toma elementos floydianos con efluvios lisérgicos para enredarse en un espacio en el que el sonido se enreda en una espiral diabólica. Jugando con los tiempos, el tema reposa en plácidos e inquietantes pasajes que van intensificándose para explotar en una tormenta sónica que nos arrolla con sus psicotrópicos flotantes.

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Reseña: MOS EISLEY SPACEPORT.- ‘The Best of their Early Year’

‘THE BEST OF THEIR EARLY YEAR’ es el EP debut del trio alemán MOS EISLEY SPACEPORT. Un proyecto que nace a finales de 2019 o principios de 2020 cuando tres tipos de Bremen que se metieron en una habitación en un viejo búnker de la Segunda Guerra Mundial, en el frío norte de la ciudad para dar rienda suelta a su creatividad. Pronto descubrieron algo extraño: cada vez que atraviesan la puerta de la habitación, entran en un agujero de gusano que los lleva directamente al año 1972 en un pequeño planeta desértico circumbinario en los bordes exteriores de una galaxia lejana. Así se convierten en un grupo de hippies de pelo largo y pantalones acampanados, obligados a tocar rock y psicodelia pesada impulsados por el blues durante horas y horas. Un sinfín de solos de guitarra, lámparas de lava resplandecientes y tonos de fuzz pesados ​​se apoderan de MOS EISLEY SPACEPORT hasta que finalmente son lanzados y enviados de regreso a la actualidad con la sensación de que en ese retorno, encontraron su propio sonido. El resultado de esa experiencia es un puñado de temas poderosos con aroma a 70’s en los que el blues juega un importante papel Pero también la psicodelia el boogie-rock y el hard-rock más auténtico. En caso como este siempre me surge la misma pregunta: ¿Retro rock?, ¿Copia? Pero tras escuchar los poco mas de veinte minutos de este EP, lo único que puede decir es que estos chicos hacen las cosas con honestidad y sintiendo ese feeling del rock crudo de los años 70’s. Se nota que aquí no hay poses y que los temas salen del su amor a la música No parece haber poses, sino temas que salen de las entrañas con toda su vitalidad. Con el legado de Peter Green (Fleetwood Mac) muy presente crean canciones directas que mantienen un groovy vibrante y divertido. Ese túnel del tiempo que los llevó a 1972 los trajo de regreso con la lección bien aprendida, y eso se nota en este prometedor debut, que espero solo sea el comienzo de nuevas prometedoras entregas. Los amantes del rock clásico tienen aquí un nuevo filón donde explorar. Un trabajo en el que encontramos buenas guitarras en línea Hendrix, alguna pincelada progresiva, ecos del medio oeste en cortes coloristas evocadores del sonido West-Coast y mucha psicodelia impregnada en unos surcos que cuentan con la magnífica voz de Daniel, consiguiendo transmitir esas sensaciones multicolor, tanto en los momentos más íntimos y sugerentes, como en los momentos de rabia.

MOS EISLEY SPACEPORT lo componen: Daniel (voz y guitarra), Sebastian (bajo y sintetizadores) y Guido (batería).

‘Further when i’m far’ se desarrolla bajo atmósferas psicodélicas entre efectos envolventes y pausados acordes adornados con tonos exóticos para ir evolucionando con un cristalino sonido hasta situarse en un escenario pesado y unas armonías que me recuerda el clásico de Peter Green ‘Oh Well’. Tambores vivaces, gruesos riffs stoner, y blues setentero van construyendo el corte para situarlo en un collage retro en el que el imperturbable ritmo y la fornida línea de bajo   dan cobijo a solo ácidos salidos de la guitarra. La banda modula y hace contonearse la canción sin dejar de avanzar dinámicamente. Heavy-psych y hard rock de muchos quilates en el que el trabajo de las cuatro cuerdas resulta fundamental encadenándonos a su pegadizo ritmo gracias a un fantástico groovy que juega con el tiempo del tema.
Instalados en un ambiente heavy-blues más propio de los primeros 70’s ‘Mojo filter’. El fantástico groovy se adorna con estribillos pegadizos. Pesados ritmos golpean con fuerza dotando de cuerpo a un corte que es una invitación al baile y al desenfreno. En su parte final los alemanes se dejan llevar por la psicodelia ácida entre verdaderas descargas de un bajo poderoso y expansivo.
Una locución retro nos introduce en ‘Space shift’, en el que el órgano vintage nos confirma las sospechas del amor por los sonidos de los 70’s de la banda. Con el blues como leit-motiv, y con riffs de pura esencia retro, el legado de los primeros Fleetwood Mac sigue aflorando en cada acorde. Creando una descomunal cortina de sonido con sus monolíticos riffs logran conjugar vibraciones del pasado con un sonido mucho más contemporáneo en una conjunción de lo más efectiva y atrayente.   La versatilidad del sonido hace que cada tema sea una oportunidad para el gozo, ahora con tonos que incluso se acercan al funk, sin perder su espíritu rockero.
‘Drop out’   a ritmo de boogie-rock cabalga brioso con sus ritmos bailables y el blues en las venas. Sonando crudo y primitivo, el tema parece haber sido compuesto décadas atrás, lo que demuestra el espíritu vintage del trio. Su sonido grueso pasa por encima de algún eco proto-metal. Si ya en los temas anteriores había quedado claro, aquí se demuestra nuevamente que los tres músicos saben sacar el mayor rendimiento posible a sus instrumentos en pos de un fin común. Así el tema se muestra sin fisuras incluso cuando se separan del camino para explorar otras vibraciones, consiguiendo acoplar el sonido para que todo parezca compacto. Estas modulaciones solo hacen que enriquecer la canción.
En unos tonos más rurales, y combinando acordes acústicos con eléctricos, ‘My bicicle won’t fly’ se desarrolla entre atmósferas sureñas con aires festivos. Sin mostrar la pesadez de los cortes anteriores van construyendo un tema de rock clásico en el que el espíritu folk aparece con coloristas coros y estribillos casi en modo country. En una especie de combinación entre Neil Young y un espíritu más propio de la west-coast el tema es un soplo de aire fresco en el que las melodías son cuidadas huyendo de las estridencias.

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Reseña: MANDALA. ‘The echoes of your mind’

El segundo álbum de MANDALA nos trae la crudeza de su sonido analógico contrastando con una pesadez intrínseca entre cuidadas melodías bien construidas. Un fascinante álbum en el que las atmósferas psico-progresivas y la cálida, sensual y hechizante voz, logran crear seductores temas llenos de fuerza y belleza. Cinco años después de la publicación de su debut «MIDNIGHT TWILIGHT», la banda anglo-noruega MANDALA nos sirve su segundo majar. Un álbum gourmet para los amantes de del rock ácido psicodélico cuyo contenido se compone de entrantes lisérgicos, un plazo principal pesado y crudo, todo ello regado con especias y aromas llegados de oriente en monumentales comitivas. Si a eso unimos la profunda y cálida voz aflorando de esas atmósferas progresivas, estamos ante un menú más propio de un Restaurante de la guía Michelin. Unos temas para degustar en atmósferas sosegadas y dejar que los mismos te pongan los pelos de punta. Sensualidad, mística, garra, son muchos los adjetivos que podríamos usar para describir toda la voz de su líder y guitarra Rhys Marsh. Cualquiera que escuche este álbum sin tener ningún detalle previo de la banda, pensaría que está grabado hace 40 o 50 años, pero no, si escarbamos en sus surcos, podemos vislumbrar entre los mágicos bosques psicotrópicos de sus temas, la pesadez Stoner contemporánea. Siempre con sutileza y elegancia, pero a la vez tratando se originales y sonar auténticos, sin artificios ni sobreproducciones. En tiempos en los que muchas cosas son impostadas, aquí encontramos un oasis de pureza entre las atmósferas psico-progresivas que construyen con tanta delicadeza. Trances místicos, momentos bucólicos, blues pantanosos, sinfonismo, algodonadas melodías, bosques ácidos o monumentales desarrollos palaciegos, componen todo un tesoro para los amantes de la psicodelia. Con la influencia del rock ácido californiano de finales de los 60’s, y también la de grandes dinosaurios del rock progresivo de los 70’s como Génesis, incluso Pink FLoyd pero especialmente King Crimson, crean un brebaje sonoro con multitud de sensaciones gustativas, que nos narcotizará por completo ofreciéndonos 40 minutos de puro éxtasis en los que no tienen ningún obstáculo para experimentar. De esa explotación logran crear temas bien elaborados que no dudan en recoger el legado de bandas como Motorpsycho o God is An Astronanaut, aportando el sonido contemporáneo y combinando mágicos pasajes ensoñadores, en contraposición de momentos pesados sin perder su vocación vintage ni sus fragancias exóticas.

MANDALA lo componen, Rhys Marsh (voz, guitarra), Will Spurling (Batería) y su nuevo bajista Markus Wisth EdvardsenTHE ECHO OF YOUR MIND’  abarca siete temas grabadas en vivo en el estudio de grabación propiedad de Rhys Marsh en Autumnsongs, en el centro de Noruega. Una grabación que se extendió a lo largo de diez días del verano noruego y sus luminosas noches. 

‘A soul in the night’ nos seduce desde sus primeros acordes con pasajes exóticos que son golpeados por riffs secos y tambores poderoso. La profunda voz comienza su hechizo en las primeras estrofas. Una épica llena de mística se apodera del oyente cautivándole en un trance de psicodelia con dulces melodías entre el ocasional estruendo de unos pasajes que envuelven el tema en manto psico-progresivo de tintes vintage. Con desgarradores momentos el corte serpentea entre melodías orientales y la rugosidad de su base rítmica. Esos aromas del medio riente que aparecerán en el resto de los temas son una seña de identidad de los anglo-noruegos.

Con pasajes sinfónicos más propios de los 70’s ‘Alive on the Edge’ sigue la estela psico-progresiva del corte anterior con dulcificadas melodías que nos susurran en gratificante tema en el melancólico estribillo principal se desgarra en un derroche de sentimiento adornado con pasajes orientales de cierta épica.  La elegante melodía y la destreza de una voz sobresaliente hace que caiga rendido al conjuro de MANDALA. El tema entre en una espiral psicotrópica en la que las guitarras se retuercen mostrando su acidez entre un bosque borroso de sonidos y efectos que crean un a atmósfera caótica. Toda una bacanal heavy-psych a la altura de los grandes del género. La parte final se relaja gracias al magnético sonido de un bajo que me evoca a momentos KING CRIMSON, referencia que podríamos encontrar en otros pasajes del tema, a pesar de un cierto trasfondo Stoner de algunos de sus riffs.

La percusión es la encargada de abrir ‘Blood is water’, un corte más bucólico que se sustenta en una base acústica entre nubes de psicodelia que parece proteger sus frágiles pasajes. Sobre esa estructura folk la banda toma elementos vintage para adornarlos pasajes más propios del rock progresivo sin que pierdan su sencillez y dulzura.

‘In the midst of a midnght escape’ se desarrolla en una atmósfera más oscura entre acordes de blues y un aura psicodélica chamánica. Haciendo que todo se desarrolle a cámara lenta para subir la intensidad en momentos puntuales. Elevándose por desgarradores pasajes que transitan entre un bosque enigmático e inquietante en una narrativa que logra atrapar al oyente y en la que el legado de King Crimson parece estar presente nuevamente. Siempre de menos a más, el tema se adorna con buenos momentos de guitarra en extenuantes solos que no reniegan del legado de Pink Floyd antes de que el corte se zambulla en un rico de sustancias lisérgicas.

Con una entrada más propia de un tema de Bob Dylan,  ‘One last circle’ se decora con fragancias orientales entre los acordes repetidos de la guitarra acústica. Ritmos tradicionales más propios de las mil y una noches, con el hechizante sonido del sitar ponen la nota de color en un tema que juega con lo tradicional sin perder su aura piscodélica.

Crudo pesado y difuso, ‘This fading light’ rompe la magica atmósfera del tema anterior para ofrecer el lado más pesado de MANDALA. Riffs Stoner y voces que navegan entre registros más propios del grunge de los 90’s y de otros más setenteros que bien podrían hacer bandas GENESIS. Pero no solo eso, sus giros nos señalan espacios casi doom con un sonido de bajo inmenso, pero también nos muestran bellos prados más cercanos al post-rock. evocándome momentos de bandas como GOD IS AN ASTRONAUT, entre fuertes tambores y un excelso bajo, las curvas del camino son ofrecen un paisaje multicolor y versátil que pasa por palacios progresivos y cauces tortuosos. Salpicando con una neblina narcótica el tema pasa a una fase más psicodélica, algo que no debería sorprendernos a estas alturas, ya que la estructuración de los temas, tiene un patrón prediseñado. En esta ocasión con menos pasajes cantados, la banda experimenta distintos sonidos al largo de sus más de siete minutos. El álbum cierra con ‘Beneath the captive sun’. Un tema de psicodélica chamánica que parece acariciarnos para narcotizarnos entre efluvios de hongos mágicos que expanden su sonido introducirnos en una dimensión desconocida donde todo se sucede con calma. Apacible y con alguna resonancia exótica, el tema se vuelve más áspero y pesado. Un nuevo giro hace que el tema descienda nuevamente a frondosos espacios con ciertos tonos místicos bajo un oscuro manto psico-progresivo en el que los instrumentos analógicos se ejecutan como en décadas atrás. Ese sonido limpio y en bruto supone uno de los alicientes de la banda.  Una arrancada de furia nos deleita con desgarradores momentos que nos sacan de la oscuridad para liberarnos. Épico.

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