Reseña: MARTIN RUDE & JAKOB SKOTT DUO.- «The Discipline of Assent»

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Los músicos daneses Martin Rude (SUN RIVER) y Jakob Skøtt (CAUSA SUI) se unen bajo el proyecto MARTIN RUDE & JAKOB SKOTT DUO para crear un disco desafiante que rinde tributo a innovadores del jazz como Miles & Trane, Mingus o Sun Ra. Es completamente habitual ver a los miembros de CAUSA SUI en distintos proyectos en los que poder experimentar sin ataduras, aquí una vez más, su batería lo consigue. Estamos ante un trabajo no apto para todo tipo de oídos, un álbum que no entra al oyente a la primera, y que probablemente solo los más fanáticos del género puedan entender, pero aún así, tras varias escuchas, uno puede comprobar que hay mucha calidad en sus temas. Sustentado en la exploración de distintos ritmos de percusión arropados por bajo y sintetizadores principalmente, «THE DISCIPLINE OF ASSENT» juega con el free-jazz y la psicodelia exótica con un sonido estratificado en distintas capas improvisadas con algún elemento raga. El álbum fue grabado en una sesión el 3 de marzo y contó con la colaboración de Jonas Munk en la parte de sonido, antes de la edición efectuada por el propio Jakob manteniendo el espíritu de la improvisación.  Estamos ante la libre creatividad de dos talentosos músicos que plasman distintas atmósferas en temas dispares que no te dejarán indiferente. 

«THE DISCIPLINE OF ASSENT» está disponible vía El Paraiso Records.

«Flaiss & strands» nos introduce a un trabajo en el que la experimentación y la fusión son su leitmotiv. Ecos jazz sustentados en la increíble batería de Jakob jugando con distintos ritmos entre efectos para sumergirse en una especie de free-jazz no apta para todos los oídos. El resultado es un corte aparente inconexo en el que los instrumentos parecen ir completamente por libre. 

Recreándose con los tambores, «A new revival» muestra un gran trabajo de apoyo en el bajo de Martin. Creando una extraña atmósfera psicodélica y con la percusión algo más contenida en el avance del tema, el magnetismo del bajo nos invita a una exploración sideral apoyándose en los sintetizadores. 

En una apacible escenario de intrigante psicodelia «Aurelius Dye» adornado con aromas exóticos el dúo construye un compacto tema lleno de aromas refrescantes y la vez narcotizantes. Una belleza magnética hace que todo esté mucho más ensamblado y se muestre como un tema al uso, en detrimento de la libre experimentación. 

«Setenta y tres» supone el vértice del triángulo en el que la psicodelia los sonidos kraut y el jazz se unen en pos de un único fin. Sobre una atmósfera avant-garde los tambores vuelven a ser los protagonistas en este entorno de libre creación. 

Volviendo a la estructura tradicional de canción «Sequoia sketch» habita en un espacio de apacible psicodelia con suaves acordes bajo un manto lisérgico que cubre una estructura más sinfónica. 

Con vibrantes ritmos y un bajo lleno de magnetismo, «The slip» se construye ladrillo a ladrillo, De una forma anárquica y rodeado de extraños efectos el tema coge forma manteniendo la libertad compositiva.

«The short sun» retoma el espacio psicodélico vistiéndolo de una ambientación más campestre. Incorporando elementos sinfónicos sobre unos ritmos algo más contenidos van tejiendo un corte atmosférico con bellos y luminosos pasajes ensoñadores. En esta ocasión el dúo construyen un corte susurrante y plácido alejándose de alguna manera de la experimentación de la mayoría de las canciones del álbum. 

Los hipnóticos sonidos de vanguardia hacen acto de presencia en «Random treasures». Inspirados en momentos free-jazz el tema contiene todo un catálogo de ritmos que juegan con los tiempos entre los extraños desarrollos de los sintetizadores. Aún así, el tema posee un gran magnetismo gracias a la cierta inclinación kraut que Jacob imprime a sus tambores.

Para cerrar el álbum nos encontramos con el tema más largo. «Mountain montage» con sus más de once minutos contrasta con la mayoría de los temas que rondan los tres minutos. El corte nos susurra con mágicos acordes de psicodelia exótica con los tambores y platillos mucho más contenidos. Un espacio de calma sobre bellas y delicadas armonías en las que la guitarra toma el protagonismo para regalarnos acolchados pasajes que nos acarician con delicadeza. En contra de lo que suele ser habitual, la larga duración del tema no presenta la experimentación que podría intuirse, sino que por el contrario consigue la canción más «al uso» de todos este peculiar trabajo. Un tema compacto, bien hilvanado, y que pone el colofón con brillantez a un trabajo en el que la experimentación es su meta. 

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Reseña: BLURRED REFLECTIONS.- «Blurred Reflections»

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Los duros tiempos del COVID han conseguido que algunos músicos aprovechen el confinamiento para componer, y en esta ocasión, Maurice Eggenschwiler, guitarra y cantante de BLUES FUNERAL y SANCTUS BELLUM ha aprovechado la cuarentena para desarrollar su proyecto en solitario bajo el nombre de BLURRED REFLECTIONS. Toda una paradoja que nos brinda la oportunidad de deleitarnos con un EP maravilloso en el que el músico de Houston se viste de etiqueta para componer seis bellas canciones que se alejan de las vibraciones pesadas a las que nos tiene acostumbrados con su banda. Toda una elegante exploración de sonidos en los que el jazz y la música progresiva quedan reflejadas con destreza como gran fuente de inspiración para que Maurice cumpla un antiguo deseo al explorar este tipo de terrenos musicales saliendo de su zona de confort. «BLURRED REFLECTIONS» examina nuestra relación con la naturaleza, la mente musical, el fracaso pasado, la introspección y la fortaleza del individuo. Musicalmente, las canciones se inspiran en bandas como: Opeth, Anekdoten, Steven Wilson, Al DiMeola, Camel o King Crimson, que son influencias cruciales para Maurice, incluyendo una instrumentación con elementos como piano, melotrón, órgano, cuerda de acero y guitarra acústica de nylon, así como guitarra eléctrica.

«Fallen sun» , en ese ambiente progresivo que preside todo el trabajo se deja llevar por delicadas melodías desarrolladas en un ambiente sinfónico. Elegantes pasajes de guitarra que toman elementos jazz conforman un aterciopelado corte en una relajada atmósfera en la que la lánguida voz de Maurice nos susurra con mimo. 

Sin salir de esa acolchada estancia en la que se desarrolla el tema anterior, «Green hallways» incide más en los elementos jazzísticos,  entre cuidados juegos de voces y coros arropados por un sinfonismo lleno de melancolía. 

Con las notas del piano clásico «Painted gray» se abre a luz desde la gris atmósfera de la que nace. Un tema sobrio que transita en un espacio soft-rock, progresivo en el que los ecos jazz siguen presentes como en la gran parte de los temas. Bajo ese ambiente melancólico, la belleza de los pasajes de guitarra dotan la canción de una elegancia sublime. 

Otra oda a la elegancia encontramos en «Stars in the void». Melancólicos pasajes jazz se adornan con una delicada instrumentación para crear un nuevo espacio de belleza que bebe de las fuentes del sinfonismo de los setenta. Tonos grises en un derroche de sensibilidad compositiva. 

«Weightless Darkness» Es un paseo instrumental por pausadas atmósferas en las que la dualidad de guitarra acústica y eléctrica crean un espacio de belleza y relajación. Aquí, sin prisa el músico se deja llevar por momentos en los que la psicodelia aparece con moderación  para arrullarnos a través de dulces acordes que denotan la calidad que como músico tiene. 

Recuperando las voces y saliendo de la melancolía presente en prácticamente todos sus temas, los ritmos más pesados crea «Gripped By Something More»,  el tema más luminoso de todo el trabajo. Diseñando las melodías para masajearnos, los elementos progresivos toman un gran peso en una de las canciones más elaborada de un trabajo sencillo pero maravilloso. 

Reseña: MAUD THE MOTH.- «Orphnē»

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Siempre he sido de la opinión de que tanto en la vida como en la música, debemos de salir de nuestra zona de confort. El nuevo álbum de MAUD THE MOTH, (tercero de su discografia) es un claro ejemplo de las maravillas que puedes encontrarte si sales de escuchar la misma música siempre y te aventuras en nuevas propuestas distintas a las que estas acostumbrado. En «ORPHNE» no vas a encontrar ritmos pesados, ni solos afilados, ni ecos desérticos, pero si te vas encontrar con un álbum intimista e introspectivo lleno de sensibilidad que puede depararte algo mas de media hora muy placentera. Un álbum creado sin incidir sobre un género concreto, pero tratando de generar el ambiente idóneo para transmitir emociones y acercarnos a un mundo mágico e irreal en temas atmosféricos con cuidados elementos decorativos. Cualquier ornamento es válido para que las canciones escapen de la tradición estructural del pop y progresen como evocadores cuentos que beben estéticamente del jazz, la música clásica contemporánea, el avant garde, el soul y, más en espíritu que en forma, del metal. Siempre bajo una apacible atmósfera de oscuridad, los temas fluyen delicados, sensuales y llenos de emotividad gracias a una prodigiosa voz que se hace acompañar de los elementos justos para que nada parezca sobrecargado ni impostado.  «ORPHNE» es un álbum intimista, bello pero a su vez perturbador y sobre todo es el perfecto escaparate para descubrir la prodigiosa voz de Amaya, el verdadero pilar de este trabajo

Nacido en 2010 como el proyecto en solitario de la autora madrileña Amaya López-CarromeroMAUD THE MOTH ha evolucionado a través de varias formaciones pero siempre con el piano como elemento estructural en torno al cual se enroscan y crecen las capas y texturas vocales. 

«ORPHNE» (Ὀρφνή) u «oscuridad», era una ninfa mítica que habitaba en el submundo de la antigua mitología griega. Este término comparte raíz lingüística con la palabra «huérfano» (ὀρφανός), que originalmente significa sin padre, afligido o desolado. Al vincular ambos términos, «ORPHNE» reflexiona sobre el desarraigo y la identidad brumosa de una mujer desterrada y fragmentada. Los papeles tradicionales de la familia y el apoyo familiar se consideran una luz que está ausente o se ha agotado, lo que fomenta un sentimiento de desolación y alienación de la sociedad.

Las elecciones estéticas en la composición, la letra y los arreglos están fuertemente inspirados en el romanticismo tardío, el art-deco y el surrealismo, como la Isla de los Muertos de Böcklin, las Metamorfosis de Segundo de Chomón, o las obras para piano de inspiración popular de Ravel. Orphnē escapa de lo mundano y se sumerge en un mundo fantástico y desconocido lo que pone los cimientos necesarios para una exploración del yo, el trauma, la pérdida y la parálisis emocional a través de la figura de la fábula.

El yo se define como algo eliminado del plano material que habita el mundo y el universo tal como lo concibieron los antiguos griegos, donde la tierra está encerrada en un firmamento y sostenida por los pilares de la tierra. El yo existe en un estado de ceguera e impotencia, pudiendo pasar a través de la porosa frontera del inframundo, que está a sólo unos metros bajo nuestros pies y no es exclusivo del reino de los muertos.

«Ecdypsis»  nos abre la puerta a una sal llena de clasicismo entre acordes de piano y violines entre bellas melodías de las que aflora la prodigiosa voz de Amaya. Bajo una atmósfera oscura predominante en todo el álbum y algún aroma mediterráneo se combinan elementos románticos llenos de fuerza con un cierto aire atormentado entre esa neblina sinfónica. 

Misterioso y casi minimalista, «The mirror door» se nutre de voces y coros susurrantes. Un canto melancólico tenue e intimista con una vocación atmosférica. 

A modo de interludio, «The stairwell» crea un misterioso ambiente narrativo entre registros líricos algo devocionales.  

«The abattoir» el sinfonismo se manifiesta sobre acordes llenos de un romanticismo clásico y una voz lírica que parte de la penumbra para abrirse paso a la luz. Intrigantes pasajes narrados contrastan con angelicales momentos de esa bella y bien trabajada voz. 

Entre una nebulosa inquietante a modo de apertura y atormentados pasajes de violín «Finisterrae» deja volar cual espectro las voces corales en un espacio algo tétrico del que aflora esa prodigiosa garganta bien arropada por sutiles coros con aires exóticos llegados de oriente con una instrumentación algo más intrincada. 

«As above, so below» es un canto lleno de la oscuridad omnipresente en todo el álbum. Nuevamente los juegos corales sobrevuelan la tenebrosa e inquietante instrumentación. 

Con una vocación jazz «Mormo as a well» conjuga ritmos más vivaces entre sus armonías clásicas. Un tempo diferente al resto de los temas, hace que me sienta confundido en un tema que por otro lado contiene una gran riqueza compositiva y que no termina de definir claramente su camino. 

El álbum cierra con «Epoxy bonds», un tema que viven entre sombras y claros con una vocación de abrirse a la luz entre el profundo sonido de violines que ceden a armonías mas perturbadoras. 

«ORPHNE» es obra de Amaya López-Carromero (voces, piano, celeste, sintetizadores y percusión), Paúl González (batería), Guillaume Martin (guitarra), Alicia García (violín) e Iván Caramés (cello). La música y letra fue compuesta por  Amaya López-Carromero, los arreglos de cuerda fueron de Alicia García, correspondiendo los arreglos de batería a Paúl González y los de guitarra Guillaume Martin. Las baterias fueron grabadas por Jaime Gómez Arellano en Orgone studios, UK. Las voces y arreglos de cuerda se grabaron en Sonorous Studio (UK) por Amaya López-Carromero y Guillaume Martin y los pianos se grabaron en Reid Hall (UK)
El álbum fue mezclado y masterizado por Jaime Gómez Arellano en Orgone Studios 2019.
El arte de portada es obra de Charles Boisart correspondiendo el folleto interior a Anna Frigat.

«ORPHNE» está disponible vía La Rubia Producciones, Nooirax Producciones y Música Máxica.

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Reseña: RIDER NEGRO.- «The Echo of the desert»

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Para un gran amante como yo del sonido que nos legaron THE DOORS y en especial su cantante Jim Morrison, fue toda una alegría el descubrimiento de la banda mexicana RIDER NEGRO semanas atrás. Ahora, un tiempo después podemos disfrutar de su primer álbum «THE ECHO OF THE DESERT». Un trabajo conceptual en el que la mística del desierto se refleja en calmados y desgarradores temas en los que el legado del «Rey Lagarto» queda patente en los registros vocales de Tiaca Serrano, su cantante y guitarra. Diez canciones que serpentean por estados sensoriales más propios de un viaje de peyote lleno de misticismo, en el que la transición entre el día y la noche relatan el devenir de la vida como un ciclo perpetuo.  Temas que fluyen con calma entre los cactus y la soledad del desierto bajo acordes de blues, de jazz, rock clásico, ritmos latinos, pero fundamentalmente de esa psicodelia chamánica que Morrison nos ofreció décadas atrás. Las canciones serpentean entre ritmos que unas veces se recuestan en ese espíritu latino cercano incluso a Santana con delicadas melodías de guitarra,  y otras prefieren dejar paso a atmósferas más propias de Pink Floyd, como sucede en «The wizard», un tema dividido en cuatro partes y que bien pudiera ser una transición de Morrison más misterioso con el legado psicodélico de la banda del  fluido rosa en un viaje al desierto de Sonora. Otro elemento distintivo del sonido de la banda es el tono vintage que aporta a su órgano Israel Baez, tomando como referente los característicos ecos de los temas de  Ray Manzarek. Sobre esos dos pilares fundamentales en la personalidad de la banda, y teniendo en cuenta que fueron los primeros fundadores de la misma, el trabajo de Miguel Vázquez con su hipnótico bajo, y la versatilidad de Zaid Gutierrez a la batería, hacen que el álbum tenga una consistencia notable en todas sus composiciones. Al margen de esto, sobre todo el espíritu chamánico que transmite cada una de las canciones, hacen que el oyente pueda sentirse partícipe de ese ritual alegórico en el que el Sol tiene un gran protagonismo. Estamos ante un álbum lleno de misticismo y señales que nos invitan a esa comunión con las fuerzas de la naturaleza, y especialmente de su amor al desierto con su lado más misterioso. «THE ECHO OF THE DESERT» es un álbum que ningún amante de THE DOORS debería perderse. 

«THE ECHO OF THE DESERT» fue grabado en StudiOz MixandMaster Estudio y ha sido auto-editado por la banda a la espera de que algún sello se anime a su producción. 

Los sonidos de la noche desértica abren “Fires at the cosmic dawn”. Emergiendo chamánicamente entre los cactus el tema comienza evocando los ecos del desierto. La voz de Tiaca Serrano emulando al Rey Lagarto entre acordes de western es arropada por un cielo estrellando que va dejando paso a la luz del alba bajo un cadente ritmo y un teclado que ritmo que trasviste su sonido como si fuera un llanero solitario tocando su armónica. Tonos vintage que se van abriendo a la luz de ese soleado amanecer. Ya desde el primer tema encontramos la admiración que estos chicos tienen por The Doors. Un sonido evocador que se adorna con brillantes solos de guitarra en su parte final.

“Dry & Soft”, nuevamente bajo susurrantes pasajes, va arrullándonos entre los acordes del hipnótico bajo de Miguel, y ese penetrante sonido de órgano salido de las entrañas de un tema que fluye con calma. Sin prisa para ligar el tema, el ceremonial parte con la cálida y sugerente voz de Tica Hechizándonos e incrementando la intensidad con al aura de Ray Manzarek en los teclados. Todo un trance lisérgico más propio de una ingesta de peyote invade la canción entre desgarradas proclamas vocales entre acordes de blues psicodélico. Como si estuviéramos en el desierto de Sonora en pleno “viaje” psicotrópico el corte juguetea con distintos cambios de ritmo sin perder su aura psicodélica. Toda una huida desesperada llena de fuerza marcada por la reencarnación de Morrison en una especie de nuevo “verano indio”-

En delicados tonos jazz, “El buitre” a través de medios tiempos y el penetrante sonido del órgano el cuarteto juega de nuevo con una calma que toma elementos del blues y ritmos latinos. Con gran frescura, la percursión colorea los elegantes pasajes retozando con la psicodelia en un segundo estrato sonoro. Caramente el espíritu de músicos latinos como Santana quedan patentes en la apuesta de RIDER NEGRO. En tema está cantando en espaol lo que le aporta otro elemento más de esa reavivación del sonido de su tierra.

Ahora sobre acordes blues “In an ancient zigurat” se ejecuta sobre una tenue luz. Ecos jazz sobre delicadas melodías hacen que la banda se aleje de los riffs pesado y estridentes para contonearse seductor entre aterciopelados momentos en los sentimientos salen a flor de piel. Un largo tema que transcurre entre vaporosas atmósferas que paulatinamente se van tornándose más lisérgicas hasta convertirse casi en una jam blues psych. Con una guitarra que se retuerce y serpentea con mil matices y tonos que van desde el blues a los ritmos latinos. Aquí la percusión tiene un gran protagonismo entre esa neblina que va creando el ´órgano antes de recuperar el espíritu doorsiano innato en la banda.

Tras los tres temas anteriores en los que nos ofrecido distintas caras de su apuesta musical, RIDER NEGRO crea un tema dividido en cuatro partes a modo de suite. “The wizard”.

En la primera de las partes, “Prelude to the dream”, las locuciones en español  entre efectos envolventes van creando el ambiente de misterio para el desarrollo del tema.

“The world within” con poco más de un minuto se deleita en pasajes floydianos de teclados en tonos casi celestiales.

Continuando con el latido de la banda del fluido rosa, y evolucionando en un génesis, “Beta orionis”, la tercera de las partes nos ofrece un hipnótico trabajo de bajo y afilados pero delicados solos de guitarra como preludio de una erupción en la que The Doors se visten de Pink Floyd para meditar en el desierto de Sonora.

Esto es solo la preparación de la cuarta parte del tema, “Path to the core”, en la que a través de ocho minutos ya desarrollan todo su potencial emanando esa fragancia doorsina con la soledad del desierto como testigo de alucinógenos pasajes con un cadente y repetitivo ritmo. Intensificando y volviéndose cada vez más pesado, los momentos de psicodelia luminosa se mezclan con el blues en un mestizaje que parece ser innato en la banda mexicana. Siempre guiado por el sonido del órgano el tema desciende a acolchados prados de psicodelia reconfortante en las que afloran bellas melodías. La guitarra aquí se viste de tonos vintage en un serpenteante y rítmico peregrinar a un nuevo espacio de luz. Pasando por distintas fases logran completar un atractivo y logrado tema con el que la banda deja patente todo su potencial.

Si algo tiene RIDER NEGRO es su espíritu místico, y “Tehran conjuring” nos da muestras de ello. En un oscuro canto misteriosos y chamánico ejecutan todo un ritual en el que el hechicero parece invocar a las fuerzas de la naturaleza con sus plegarias. El aroma de la noche del desierto se palpa en sus delicados y misteriosos acordes.

El tema que cierra el álbum y que da nombre al mismo “The echoe of the desert», fluye entre efectos con pulsantes acordes de bajo y platillos chispeantes. Estamos ante otro ritual como homenaje al vasto y solitario desierto, algo que se percibe en su triste melodía.  

Adoptando momentos western, y bajo ese ritual de los tambores, los coros elevan sus plegarias, en ese devenir de la vida y la muerte en un ciclo perpetuo. La sombra de The Doors se refleja ahora con una mayor nitidez en los desarrollos de órgano herederos de Ray Manzarek. Como si de un sombrío tema de los californianos, el aura mística ceremonial preside el corte con lánguidos pasajes evocadores de los cactus en su soledad custodiando la historia del jinete que vivía cuya morada era el astro Sol.

Reseña: WIGHT.- «Spank the world»

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Cuatro años después de publicación de su anterior álbum de estudio «LOVE IS NOT ONLY WHAT YOU KNOW», WIGHT regresan con «SPANK THE WORLD», un álbum en el que se sumergen profundamente en la fusión. Con el sonido funk como bandera,   los alemanes no van dejan a nadie indiferente.  Son muchos los comentarios que he recibido sobre cual sería el contenido del álbum una vez escuchado «Hot», el single que lanzaron hace semanas. Sentimientos encontrados entre aquellos que vibraron con sus primeros álbumes y no daban crédito a lo que estaban escuchando, y otros, gratificados por este sonido tan fresco y contagioso. Todos somos libres de opinar, pero siempre debemos de respetar el trabajo de los músicos, y como su cantante y guitarra René me comentaba en la entrevista que les hice hace unos días, “Creo que a algunos les va a encantar,  otros lo van a odiar, y muchos se van a sentir confusos, como debería ser. La música puede ser cualquier cosa, pero no aburrida”. Esa frase (que yo mismo suscribo) bien podría resumir su contenido.  La música es una espacio imaginativo, y en esta ocasión su creatividad se ha decantado por la fusión de ritmos, para un trabajo que bien podríamos haber intuido viendo sus shows en directo, en los que incorporaban muchos ritmos funk que ponían al personal a bailar. Ahora, esos ritmos, son su leitmotiv, y las vibraciones más bailables del final de la década de los sesenta se fusionan con pinceladas de psicodelia, voces que tienden a inclinarse hacia el soul, y desarrollos en los que el jazz, la electrónica y algún momento progresivo tienen también cabida.  Convertidos en cuarteto, el álbum ha sido producido concienzudamente para conseguir un trabajo que es toda una locura en la que nunca sabes por donde puedes salir entre tanto ritmo endiablado.  ¡¡WIGHT son funk!!  

El álbum abre con una “Intro” en la que una locución en una extraña ambientación que nos enlaza con los sonidos funk de “Hot”. El tema que la banda nos adelantó como single en el que las voces con ese particular registro con “falsete”, y el cadente bajo de Philip se desenvuelven como peces en el agua entre los pegadizos ritmos. El tema se eleva en dos estratos, uno más intenso y el otro con ese órgano vintage en un segundo plano entre sutiles coros. El tema cambia su vocación a mitad de camino, tras un parón el ´órgano envolvente y la guitarra con efectos wah wah se recuentas en cómodos sofás psicodélicos. Ante la baja intensidad del ritmo la guitarra de René se estira en cada acorde, mientras el bajo nos golpea entre atmosféricos estribillos para explotar en parte final con gran rabia.

Nuevamente los divertidos ritmos aparecen entre wah wah en “Spiritual gánster». En un ambiente psico-progresivo, un cadente bajo entre floridos solos de guitarra sucumben a los elementos de fusión.

Enlazado con sintetizadores con el tema anterior, “Nervous” nos envuelve con efectos y sintetizadores de música electrónica con tintes espaciales. A su vez los platillos chasquean junto a un magnético bajo que nos trasladan a la época en la que Queen tocaba su tema “Another one by the dust”. Llegado ese momento se dejan llevar por una orgía de música funky a la que solo le falta la esfera de espejos dando vueltas sobre ellos. Increíble trabajo rítmico y una voz que se torna negroide. La bacanal de ritmos nos arrolla con elementos de fusión que aceleran el corte. Ahora la voz se ahoga entre sonidos de viento y rasgueos de guitarra. Llegados ahí la atmósfera pasa a ser más psicodélica con una versátil instrumentación en varios niveles sonoros que dejan espacio para la experimentación, una de las grandes vocaciones de los alemanes. 

En contraste con la mayoría de los temas del álbum, “Motorgroove” parece tornarse más retro, con momentos hard, progresivos y psicodélicos. Vivaces ritmos, custodian una guitarra que se retuerce hasta quedar extasiada y descansar en espacios más acolchados, amortiguando su sonido el penetrante órgano. En este momento, la guitarra desprende acidez a base de wah wah arrastrando al ritmo en su cadencia. Elementos psico-progresivo arropan el tema creando un manto envolvente que hace que los colores del caleidoscopio sonoro van cambiando sus formas en una oscilación sugerente. Embarcados en una atmósfera lisérgica encontramos brillantes momentos vintage en los que la guitarra brilla con luz propia. Posiblemente el tema más psicodélico de todo el álbum.

Un nuevo interludio con sintetizadores (“Interlude”) y una vocación electrónica con cajas de ritmos y algún viento narcótico nos lleva hasta “Island in the sun”.  La vuelta a los sonidos de fusión nacidos en los años setenta con ese cadente ritmo y ese teclado jazzero. Sin perder el ritmo, el tema explora sonidos jazz-rock, con un sonido de saxo elegante y profundo y acordes repetitivos de órgano. Resulta de lo más atractiva la combinación de esos elementos con el sonido de la guitarra y los tambores, que se resisten a alearse de los sonidos funk.  Bellos pasajes sinfónicos de gran riqueza compositiva se inclinan hacia la frontera de la psicodelia. El tema pasa por distintas fases para concluir con unos majestuosos y lentos acordes del teclado entre voces que vuelven a tornarse con registros negroides. Un autentico tema de fusión, sin paliativos. ”Island” juega con aterciopelada melodías con el blues y el jazz e incluso, por momentos el soul. Con su ritmo pausado y cadente, va evolucionando a espacios más intensos girando con lentitud a espacios soul, funk e incluso rock. Un nuevo tema que me hace mirar atrás para situarme en la escena afroamericana de finales de los setenta.  

Retomando los apacibles espacios, “Bon apocalypso” con un cadente y pulsante bajo y unos teclados atmosféricos van construyendo un corte que, sin renegar de los ritmos, y continuando con momentos de fusión, avanza lentamente a escenarios más psicodélicos. Desde allí, unos brillantes y profundos solos de guitarra revolotean durante largos pasajes

El álbum cierra con “Outro”. Ritmos netamente electrónicos, sin complejos, en los que los sintetizadores y voces ecualizadas nos trasladan a algún after en la noche. Un tema intrascendente.  

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