SPIRIT DIVISION.- «Forgotten planet»

a3214996092_16SPIRIT DIVISION presentan su trabajo más elaborado y que supone una confirmación más que los senderos del doom cada vez son más anchos. Nueve temas diabólicos impregnados en THC en los que la banda crea densas Y pesadas nebulosas. La incorporación de Andy Bowerman dota a la banda de una agresividad diabólica. Cabalgando por agrestes parajes situados en algún lugar entre el metal y la psicodelia, no reniegan de momentos en los que el heavy más tradicional aparece en escena. 

Un devenir por enigmáticos territorios  sonoros en los que el dolor se siente. Largos desarrollos experimentales con nihilistas letras, en atmósferas lisérgicas en los que se conjuga la brutalidad y la belleza. Cortes cadetes y ondulantes en los que SPIRIT DIVISION imprime la máxima velocidad y contundencia en sus riffs, para frenar en seco e introducirse en cavernas habitadas por el doom.

Pasando de la pesadez extrema a coquetear con sonidos progresivos. Pasajes con herencia floydiana («Forgotten planet») que se transmutan en un heavy-progresivo, en el que se intuyen incluso pinceladas jazz («Half-Hearted»). Pero ésto no debe apartarnos de la verdadera propuesta de «FORGOTEN PLANET»; y esta no es otra, que la conjunción de la oscuridad y ocultismo sabbathico con una nebulosa psidodelia ampliando la anchura del doom tradicional.   

Un disco que por momentos golpea duro, con terroríficas y amenazadoras voces, acompañadas de una batería nítida y enérgica, así como con una linea de bajo morbido;  mientras en otros pasajes, la miel de sus armonías nos acaricia dulcemente con susurrantes voces femeninas.  

Una versatilidad que hace del disco un apetecible manjar que degustar. 

SPIRIT DIVISIÓN son: Chris Latta (voces y bajo), Jace Epple (batería) y Andy Bowerman (guitarra y voces).

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SUNN RAGA.- «Green room»

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Con una gran influencia de los efluvios de los pantanos de su Florida natal,  SUNN RAGA con su EP debút «THE GREEN ROOM» se dan una zambullida en turbias aguas psicodélicas en las que la mágia y la fuerza se conjugan con maestría creando un encantador y seductor espacio sonoro.

Un joven trío  que navega por corrientes heavy-psych a través de lisérgicas y apacibles jam llenas de fuerza interior. Cálidas voces reparadoras como cantos de sirena nos seducen introducciéndonos en territorios con claros y sombras. 

Partiendo desde las tinieblas de su psicodelia pesada, abren las puertas a una luminosa redención con unos fornidos riffs.  Intricados pasajes sonoros con un bajo inquietante.

El punto álgido del disco lo encontramos en «Swamp thing». Desde la calma la guitarra de  Andrew Gomez, nos susurra con unos acordes que contienen blues en sus genes. Emulando a los TEN YEARS AFTER más lisérgicos, se van introducciendo en los inquietantes terrenos pantanosos a los que alude su título, describiéndolos a modo de pinceladas en un lienzo. El resultado es un caleidoscopio en el que las humeantes cienagas pantanosas nos murmuran hasta la aparición de esa cosa; rugiendo amenazante a través de riffs ácidos .

En «GREEN ROOM» no faltan los sonidos stoner de tintes retro en las que los riffs repetitivos nos golpean con contundencia sin perder el aroma cannabico.

Melodías relajantes en las que voces seductoras nos arrullan bajo momentos acústicos, creando maravillas como «Veins». La mágica vestida de ropajes orientales que supone todo un placer para los sentidos en registros que me recuerda a KIKAGAKU MOJO. Cierto hipnotismo latente insuflado en vena con delicadeza mostrando una sensibilidad  cautivadora que parece llegar de remotos y atractivos lugare. La belleza en forma de canción.   

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LES LEKIN.- «Died with fear»

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Publicado a finales de 2.017 por Tonzonen Records, «DIED WITH FEAR», el último disco de los austriacos LES LEKIN merecía ser diseccionado en DenpaFuzz tras haber comprobado en directo que todo su potencial sonoro no era casualidad ni artificio sin fundamento..

Hipnóticos riffs, contundente batería, con un fluido y fornido bajo con los que la banda austriaca consigue en cuatro largos temas instrumentales un mesiánico viaje lisérgico para deleite de nuestros oídos.  

Creando atmosféricos entornos por el camino de la psicodelia, «Orca» presenta un confort sensorial que los austriacos consiguen a través de la repetición de acordes arropados por efectos. Los desarrollos instrumentales se sumergen en humeantes espacios en los que la oscuridad predomina. LES LEKIN abren la luz generando apacibles entornos usan una densa instrumentación que transita su psicodelia pesada.

Partiendo en esta ocasión de elementos post-rock, «Inert» nos describe con brillantez enigmáticos paisajes. Las pinceladas que salen de la guitarra de  Peter se abren paso en la espesura de esos hostiles entornos, precipitándose hacia un abismo sonoro engrosandose. La exploración toma tonos espaciales con retazos que traspasan la dimensión de lo natural para ofrecernos territorios inexplorados en su descripción sonora.

sin ceñirse a ningún canon establecido, LES LEKIN escriben su propia historia. si bien caminan por espacios de psicodelia pesada, la banda se siente libre en su creación sin mostrar complejo alguno.

coqueteando con sonidos shoegaze, «Vast» nos regala finos  y elegantes punteos de guitarra que resultan de lo más placenteros. Una embriagadora y extasiante instrumentación en la que el bajo de desde un segundo plano, concede la libertad a unos sublimes desarrollos de guitarra. La jam va adquiriendo forma a través de reparadores efluvios. Sangrando y ordeñando los riffs hasta que todo el jugo ha sido esparcido en una hemorragia que se va p`recipitando a lo largo de todo el tema.

Continuando con una propuesta parecida, «Morph», con sonidos más densos, genera una nebulosa de proporciones descomunales. La batería incesante de Kerstin  se ve atrapada en una maraña de efectos y distorsiones de guitarra. La solidez contrasta con una libertad instrumental aparentemente inconexa, con la que consiguen el objetivo. Un caos que genera cordura en la espesura. Queda patente una vocación doom dentro del universo heavy-psych en el que se mueve la banda. como si traspasaran un umbral, a mitad del tema, se produce un desvanecimiento de la energía derrochada en la primera parte. mostrándose amenazante y portentoso, «Morph», es el tema más pesado de un disco en el que la creatividad  y la versatilidad alcanzan altas cotas con una propuesta más espacial.

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PSILOCIBINA.-

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LLegados desde Brasil, otra a las prolíficas canteras de bandas con gran calidad nos llega el debút de PSILOCIBINA. Distribuido en Europa por Electric Magic Records, y por Abraxas Records en el continente americano, el trío de Rio de Janeiro nos trae siete temas en los que el frenesí heavy-psych pertubará nuestros sentidos. Una experimentación psicotrópica que hace honor a su nombre. Contenida en determinados hongos la psilocibina es un alcaloide que produce efectos alucinógenos. Esto es lo que trata la banda con sus jams. Una liberación más allá de la razón humana que hará las delicias de los amantes de los sonidos «viajeros» que tanto nos gustan.

«2069» nos trae el primer ejercicio de solos de guitarra con un sonido hueco de batería y bajo. PSILOCIBINA ejecutan a modo de jam una creación libre de esquemas y ataduras. Todo un caos premeditado que sirve de lucimiento para su guitarrista Alex Sheeny.

Los efectos y distorsiones inician un paseo por territorios heavy-psych en los que los pedales humean durante «Galho». Describiendo enigmáticos entornos persiste el protagonismo y la libertad de unos solos de guitarra incisivos e hirientes. Tras un lento caminar algo caótico, el tema se torna más tradicional en su esquema, llegando a incorporar elementos de jazz. El peso del bajo de Rodrigo Toscano se ve incrementado, poniendo cordura a la libre composición.   

La banda se decanta por el blues en «Supernova 3333». Ácido y narcotizante, los largos recorridos a lo largo de los trastes, la banda baja su la frenética intensidad de su enajenación interpretativa dotando al tema de una mayor cadencia y sosiego. como si de un masaje se tratara, el corte resulta aliviante.

El punto tropical de «Na selva densa», gracias a los ritmos de percusión, colorea el tórrido ambiente describiendo el espíritu de las espesuras amazónicas. Todo un viaje a través de densas y agrestes espesuras con luces y claros en esa incursión selvática a la que nos guía la guitarra. 

Todo el poderío del alcaloide que da nombre a la banda, aparece en el corte del mismo nombre. «Psilocibina» adormece de una manera mesiánica. Gratificante en sus suaves y estéticos pasajes de guitarra mostrando los efectos más gratificantes de la alucinación a la que nos somete este debut. Las melodías con acentos de rock sureños nos arropan calidamente en este periplo estupefaciente. 

Con una base hard rock con elementos hendrixianos, «Trópicos» nos ofrece los riffs más primitivos y rudos de ese cabalgar al que nos somete el trio.

Con «L.S.D.», los brasileños, nos someten a la lisergia en estado puro. A través de multitud de efectos fuzz la locura gorgotea de sus notas turbándonos y sometiéndonos a sus dictados.   Surcos impregandos de dietilamida 25 que cierran un brillante ejercicio de psicodelia poor momentos paranoica.

El album fue grabado en directo en el Estudio MATA por Matheus Ullmann, mezclado por su guitarrista Alex Sheeny y masterizado en Alemania en  Tonmeisterei Oldenburg, correspondiendo la portada al propio Sheeny

PSILOCIBINA son: Alex Sheeny (guitarra y sintetizador), Lucas Loureiro (batería y percusión) y Rodrigo Toscano (bajo)

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GRASS.- “Get In The Van”

Esperado disco de la formación de Pensilvania GRASS que con su debut “GET IN THE VAIN” nos ofrecen uno de los mejores discos publicados en lo que va de año. Una catarata  de guitarra fuzz que recorre nuestros sentidos  con el espíritu de Hendrix revoloteando sobre el mástil de la guitarra y en el interior de […]

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Esperado disco de la formación de Pensilvania GRASS que con su debut «GET IN THE VAN» nos ofrecen uno de los mejores discos publicados en lo que va de año. Una catarata  de guitarra fuzz que recorre nuestros sentidos  con el espíritu de Hendrix revoloteando sobre el mástil de la guitarra y en el interior de la garganta de Andrew Bloodink .

Un tremendo groovy que nos traslada a los momentos más brillantes del acid rock. Tratando de transmitir las vibraciones que la banda consigue en directo, su ejercicio de blues psicodelico, con ramalazos funky, sin dejar de lado retazos de boogie-rock, «GET IN THE VAN» supone una bofetada de aire fresco sobre el inmovilismo de algunas de las propuestas que nos encontramos en la escena contemporánea. Rítmico, contagioso en sus vibraciones, e incisivo y lascivo. Impresionante y sublime.

Si el punto que más puede llamarnos la atención es su guitarra asesina, la sección rítmica no se ve ensombrecida. La vigorosa batería  de Chet y la nitidez y contundencia que Salty le imprime al bajo hacen un conjunto que se aproxima a la perfección. si a eso unimos, los momentos en la segunda parte del álbum, en los que la banda incorpora los sonidos de saxo de Sam, la ecuación queda resuelta milimétricamente.

«Lay it on me brotha» abre un disco en forma de arenas movedizas, que te atrapan en un su interior y del que no puedes huir. Siguiendo los dictado de Hendrix, estamos ante un dinámico tema en el que destaca una definida instrumentación, percibiéndose nitidamente todos los instrumentos. Un versión contemporánea del héroe de Seattle en la que se conjuga aquella esencia con retazos cercanos al stoner más psicotrópico. intensidad absoluta en un alegre corte.

Creando un clima evocador de los mejores momentos de la historia del rock, la línea de bajo de «Shaggy Dog»  así como el tono y la cadencia de los registros vocales, unido a una vertiginosa interpretación inspirada en momentos boogie -rock, los riffs de guitarra brillan ondulantes. Retorciéndose constantemente en ese deambular, los tonos negroides se empiezan a vislumbrar.

La versatilidad de unos temas que recogen los frutos cosechados anteriromente, logran que «Get in the van», aunque con la misma base, se contonee lasciva y sugerentemente. Con porte provocador, atesora una cierta sensualidad en sus chulescas formas.

Si el disco destaca desde la primera nota por su ejercicio de fuzz, en «Right on» el derroche es apabullante. Borboteando, GRASS trata de estirar los riffs hasta el infinito. La sección rítmica, incesante y frenética en su roll, serpentea en subidas y bajadas de intensidad, tornándose hacia espacios en los cercanas al funky, generando un abanico de sonidos mucho más amplio. la repetición de los riffs contribuye a la frescura y vivacidad del corte.

El saxo hace su aparición en «Leadfoot», con el ritmo  se fusionando con sus notas. Intercalándose con un bajo agitador y el cambio en la cadencia de la bateria, hace que el corte ya si, sin contemplaciones se adentre en los territorios funky que el tema anterior había explorado tímidamente. Este tema impide que los cuerpos se queden estáticos, torneandose atraidos a un baile ritual.

Un nuevo elemento sonoro aparece en «Where are you Sam?». Ya inmersos en la atractiva y lasciva vorágine funky,  elementos de jazz hacen acto de presencia en una combinación que recuerda a RARE EARTH compitiendo con JIMI HENDRIX en una pista de baile. Ritmo y swing conjugados con incendiarios solos de guitarra heavy-psych. Una arrolladora espiral sonora que llega a adquirir tintes diabólicos en un ejercicio redentor para ahuyentar malos espíritus. Todo un ritual liberador.  

En este punto, ya comienzan a faltar los calificativos para definir lo que «GET IN THE VAIN» nos ofrece, cuando un nuevo giro de tuerca se ejecuta en «Whale». Un cambio de estado de ánimo que nos traslada a los momentos más ácidos de la banda. Con una herencia de sonidos west-coast a lo largo de poco más de minuto y medio.

Ahora sin voces, «Gastronaut» explora territorios más puramente retro-rock manteniendo esos riffs efectivos y afilados, con una fluida cadencia.

«Big bad Sam», el tema más largo del disco se desarrolla bajo ritmos de boogie-rock que GRASS colorea gracias al saxo. Vacilón e incitando al contoneo y al baile, un contoneante aquelarre con mucho groovy, se desvanece suavemente para volver a la intensidad con la guitarra de Andrew. Un aparecente desmayo producido por voces y coros blues-rock elevan la ondulante trayectoria el tema hasta que este se transofrma en la parte final usando elementos lisérgicos que salen a la luz guiados por el oscilante saxo. Las sugerentes reverberaciones de fuzz siguen presentes como sello de identidad.

El tema que cierra el disco, «Back from space», utiliza mimbres típicos del hard rock setentero aderezandolos con la esencia Hendrix. Tras la fuerza inicial, va decayendo a momentos en los que el thc parece impregnarlo, para resurgir en momentos de de aparente histrionismo.

Brillante, muy brillante trabajo, que en cada nueva escucha muestra más y más matices que tras el apabullamiento de la primera audición van saliendo a la luz. 

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