Crónica.- FREAK VALLEY FESTIVAL 2019 (día 1)

Varios años con la ilusión de poder asistir a uno de los festivales más importantes de la escena underground psicodelica, stoner, doom y blues y en esta ocasión tuve la suerte de poder cumplir ese deseo. Levantándonos a las cuatro de la mañana para coger un vuelo vía Dusseldorf y desde allí, tras alquilar y coche dirigirnos hacia la localidad alemana de Netphen. Las previsiones del tiempo para ese día era variables, pero eso no iba a ser un obstáculo para en algo menos de dos horas desde nuestro aterrizaje, estuviéramos llegando a Siegen, la antesala de Freak Valley. Un bello paisaje nos recibía y aquel cartel en la carretera que tantas veces habíamos visto en foto, se presentaba ante nuestros ojos «Welcome to Freak Valley», ya habíamos llegado. Tras las indicaciones de los voluntarios nos dirigimos a la zona de acampada situada en una colina a aproximadamente un kilómetro del recinto del festival. Una vez instalada nuestra tienda y con las cámaras en la mochila un agradable paseo por el bosque nos descendía hacia la puerta del festival. A mi llegada, con las puertas todavía cerradas se producían los primeros encuentros con amigos alemanes así como otros llegados de distintos puntos de la geografía europea. Las puertas se abrían y tras obtener la acreditación correspondiente podía por fín comprobar «in situ» aquel lugar que tanto había deseado visitar. Un acogedor entorno y unas magníficas instalaciones preparadas para todos nos sintiéramos cómodos.

La octava edición del Freak Valley Festival comenzaba marcada con la cancelación de bandas como THE OBSESSED, por problemas con los visados que les había obligado a cancelar la gira europea, o de DUEL con contratiempos con la compañía aérea por la caducidad del pasaporte en el Reino Unido, así como SLOMATICS, por circunstancias desconocidas para mí. Algo que la organización solventó con acierto y premura con la incorporación de los holandeses DEWOLFF y con una grata sorpresa en la segunda jornada.

Varios años situado a la cabeza de los festivales de la escena alejada de lo comercial y habiendo colgado el cartel de sold-out a las pocas horas de puesta a la venta sus pases en el mes de noviembre, (lo cual viene siendo una constante desde hace unos años) la cosa prometía. Además en este edición el festival iba a ser retransmitido en streaming por Rockpalast, lo cual era el reconocimiento a un trabajo y aun prestigio ganado a lo largo de los años.

Un excepcional entorno natural entre bosques, prados y montañas en la localidad de Netphen acogen a uno de los festivales supone una citada obligada para todos los Rock Freaks desde hace años. Una formula alejada del lucro y que con unas magníficas instalaciones hace que 2.500 personas disfruten de 3 días intensos en una especie de mini Woodkstock del siglo XXI sintiéndose como en casa.

Había llegado la hora y entorno a las cuatro de la tarde y con el cielo encapotado y una amenazante tormenta eléctrica, VALLEY OF THE SUN abrían el festival. Los de Ohio derrocharon desert-rock con influencias grunge para calentar al personal desde el primer momento. Era la segunda ocasión que visitaban el festival y ahora venía con un nuevo álbum publicado hacía unas semanas. Un disco que ya reseñamos días a atrás y que copo el podio de nuestras recomendaciones de la semana en su publicación. Tenía gran curiosidad por ver como se desenvolvía en directo el trío con esos riffs humeantes y esas voces herederas de los noventa. Lo cierto es que la sensación fue muy buena, consiguiendo romper el hielo que supone abrir un festival con el público todavía frío, que ellos consiguieron enganchar al personal en un show de una hora de duración, un buen aperitivo para todo lo que estaba por venir.

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Tras ellos STONEFIELD. Las cuatro hermanas australianas desplegaban toda su sensualidad en una brillante apuesta por la psicodelia setentera que sorprendió a la concurrencia. Las «Findlay» ofrecieron un show muy parecido al que pocas semanas antes había visto en el Desertfest Berlin, de hecho, su indumentaria era exactamente la misma. También con nuevo álbum publicado recientemente, dejaron patente que su progresión no es una casualidad. Nuevamente ofrecieron un show en el que su aparente fragilidad se contrarrestaba con su solidez interpretativa. Navegando entre las aguas psicodélicas llegadas de los setenta conseguían meterse en el bolsillo a un público que gozaba con cada uno de sus temas.

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Llegaba la hora de una de las bandas que despertaban mi curiosidad. Los polacos SPACESLUG son unos de los abanderados de la prolífica escena pesada polaca, y sobre el escenario del Freak Valley, subían las revoluciones con su doom-psych, demostrando que son una banda sólida. Los polacos repasaron temas de toda su discografía, y si en disco, suenan pesados, en directo ofrecían esa pesadez adornada de mucha psicodelia humeante durante algo mas de una hora de show que recibió el reconocimiento de un público que todavía estaba poniéndose en ambiente.

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La tarde se estaba desarrollando a las mil maravillas, y todavía nos quedaban muchas emociones por vivir. Uno de los aliciente de un festival como Freak Valley, es la versatilidad de estilos que te puedes encontrar sobre su escenario, y ahora dábamos un giro con la banda del británico JOHN FAIRHUST BAND y su blues hendrixiano que conseguían ponían cara de satisfacción al personal con su potente embestida de blues-rock clásico. He de confesar que había escuchcdo un par de temas del John, pero me tengo que rendir ante la actuación que ofreció. Calidad y precisión de un tipo que tiene grandes dotes para la guitarra y que se hace acompañar de una mas que solvente base rítmica. Rock de siempre, que siempre resulta efectivo si es interpretado de esta forma.  El recinto con numerosas zonas donde poder comer, beber o simplemente descansar en los sofás y zonas chill-out, permitía que todo se desarrollara con buenas vibraciones entre un público que se toma esto como una fiesta de confraternización creando un ambiente excepcional en el que el rock es el protagonista.

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Acercándonos al ocaso hubiera sido la hora de ver a THE OBSESSED, pero de nuevo los problemas de Wino con las autoridad y su documentación impedían la presencia de los norteamericanos. Personalmente el anuncio de DEWOLFF como sus sustitutos me gratifica, ya que están mucho más en la onda que me hace vibrar. La banda me comentaba antes de subirse al escenario que hacía un par de días que les habían ofrecido tocar en el festival, y que habían tardado dos segundos en decir «¡¡si, vamos»!!. Lo cierto es que se les veía encantados de poder estar allí.  Su salida al escenario tras el anuncio de Volker fue recibida con una gran ovación, y los primeros riffs de «Big talk» así como los acordes de los teclados de Robin nos trasladaban de inmediato a mediados de los setenta. La cautivadora voz de su guitarrista Pablo iba haciendo desde este primer tema que las cabezas de la gente oscilaran en un trance al ritmo de sus armonías. el trio ejecutó un show basado principalmente en temas de su último álbum «Trust», aunque no faltaron clásicos como  «Sugar Moon»  o «Tired Of Loving You» de su álbum «Roux-Ga-Roux». La banda agradecía al público las ovaciones recibidas y mostraba su lado más calmado dentro de su incuestionable estilo retro.  Robin no dejaba de balancear su cuerpo sobre el teclado en esas posturas imposibles elevando los flecos de su chaqueta al viento, mientras los hermanos Van de Poel derrochaban sudor y energía. He visto en numerosas ocasiones a los holandeses y quizás éste haya sido su show más contenido. Dando un mayor protagonismo a las melodías en detrimento de la locura, y quizás eché en falta alguna de las versiones con las que suelen regalarnos en su actuaciones. Dicho esto, completaron un fantástico show, demostrando que los setenta fueron los mejores años para la música, y a pesar de que estemos en el siglo XXI, ellos consiguen trasladarnos a aquellos momentos dorados en los que se hacia rock and roll sin aditivos. De nuevo, brillantes.

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Caía la noche y uno de los platos fuertes del día estaba a punto de salir al escenario. El padrino del rock del desierto BRANT BJORK abría su show entre humo y focos que enfocaban al cielo de Netphen arremetiendo con su clásico «Low desert punk». Han pasado veinte años desde que fuera publicado en su mítico álbum «Jalamata», pero es un tema que cada vez me parece que está más vigente.  Sin interactuar demasiado con el público Brant iba desgranando en la parte central de su actuación algunos temas de su último álbum como «Makind woman» o «Chocolatize», ya acompañado por su inseparable Sean Wheeler. El personal ya se encontraba plenamente integrado en el show, produciéndose episodios de crowdsurfing. «Biker No. 2, «Pretty Hairy» o «Somebody/Nation indica» (la que resultó especialmente hechizante) coreada al unísono por el público, adquirían una nueva dimensión con un Brant centrado plenamente en su guitarra derrochando fuzz y wah wah. Su show concluyo, ya sin Sean sobre el escenario, con «Lazy Bones / Automatic fantastic»  mostrando al Bjork más funky. El show concluyó con una enorme ovación y Brant dejando su guitarra junto al amplificador con un acople a modo de despedida tras el que se acercó al micrófono a dar las gracias a un publico rendido a sus pies y con la sensación de que aquello había sabido a poco. 

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La media noche había llegado y la tormenta nos había respetado, lo que propiciaba que otro tipo de tormenta nos esperaba. De entre todas las bandas de esta edición de Freak Valley, la que mas ganas tenía de ver era ELECTRIC MOON, y por fín había llegado la hora. Un escenario en tonos azules y el silencio recibían al trío alemán. Sula, Lulu y habían tomado posiciones en el escenario, y ajustaban sus instrumentos antes de que el viaje partiera. Los efectos de Sula y los platillos de la batería de Pablo, con una Lulu arrodillada al frente del escenario junto a su bajo nos iniciaban en una odisea lisérgica de tintes espaciales llenos de misticismo. Si por algo han destacado siempre ELECTRIC MOOn es por su capacidad para las improvisaciones piscodélicas y en esta ocasión no iba a ser para menos. Su show transitó por insondables espacios que hacían que nuestros cerebros despegarán de la tierra para visitar una nueva dimensión. Dos largas jams en las que los elementos krauts aparecían para hipnotizarnos o en temas como «The picture» de su álbum «Theory Of Mind» o «D-Tune» de «Lunatics revenge» con la que concluían su actuación. Si con esos jam y distorsiones lograr hechizar a  un público predispuesto, la contundencia de su base rítmica como una poderosa línea de bajo a cargo de Lulu incrementaban la grandiosidad de su show aportando la pesadez en contraposición con el magnetismo de la guitarra y sintetizadores de Sula. Aquello que tanto tiempo había estado esperando por fin se producía, y de la mejor de las formas posibles. Un increíble show que consiguió que mi cuerpo levitara al dictado de su chamánico y ácida música. si la jornada había sido increíble, el cierre no podía haber sido mejor. Sobresalientes y de otro mundo ELECTRIC MOON consiguieron transportarnos a otra dimensión cósmica. nuevamente con la sensación que aquello había sido corto, llegaba el momento de la peregrinación. La larga cuesta hasta la zona de acampada nos esperaba. Con la linterna en mano nos uníamos a la procesión de kreaks que se dirigían a dormir, o a continuar la fiesta en lo alto de la colina.

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RECOMENDACIONES DE LA SEMANA (Recomendations of the week)

SACRI MONTI.- «WAITING ROOM FOR THE MAGIC HOUR» (US) heavy-psych, psychedelic-rock, progressive, 70’s, west-coast, rock

LUNA AND THE MOONHOUNDS.- «MOONBASE» (UK) hard-rock, blues-rock, 70’s, rock, psychedelic, retro 

I AM THE LIQUOR.- «ESCAPE FROM PLANET SMOKE»  (US) stoner, doom, metal, fuzz,  

3 WHEELER BAND.- «3 3 3» (Mexico) stoner-rock, fuzz, heavy-rock

JUICY’S.- «GOOSEBERRIES» (Francia) garage-rock, proto-punk, blues-rock

RAMPRASAD.- «II» (UK) psychedelic-rock, progressive, jam band, stoner

EXUM.- «SUPER KRUISER EP» (US) stoner-metal, heavy-rock, rock

NINE O’CLOCK GUN.- «CARRONADE» (Canada) hard-rock, blues-rock, stoner

EL SEÑOR DE LAS MOSCAS.- «PROBLEMAS DE PLAGA» (Mexico) stoner, garage-punk, fuzz

STONED CENTURY.- «SLAVES OF THE FALL» (Francia) psychedelic-rock, stoner, instrumental, post-rock

GRAND ATOMIC.- «IVY KING» (Noruega) fuzz, desert-rock, stoner, heavy-psych

HOUSE OF LUD.- «BLUD» (US) doom, metal, stoner,

FIREBALL ELECTRIC.- «BLACK SONGS» (US) hard & heavy, stoner-metal, doom

GRIZZLY.«GRIZZLY» (Argentina) rock, stoner, sludge, heavy-rock

UGATZ.- «UGATZ» (España) post-hardcore, alternative, punk, stoner, post-metal

TORT.- «VOID ADDICTION» (España) sludge, doom, metal, stoner

ALBATROSS OVERDRIVE.- «ASCENDANT» (US) hard-rock, metal, alternative, fuzz, stoner

 

Reseña.- STONEKIND.- «Stonekind – EP»

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Originarios de Carolina del Norte, y sin haber encontrado información al respecto de la banda me topo de bruces con STONEKIND y lo que parece ser su primer «EP». Una maravilla de esas que te sorprende de cuando en cuando y de la que no puedes despegarte en un tiempo. Cuatro adictivos temas heavy-psych y heavy-blues stonerizados en una linea que inevitablemente me recuerda a mis amados Devil & the Almighty Blues. Es muy fácil hacer una reseña del último disco de Sleep o de Kadavar, pero siempre he pensado que, sin olvidarnos de las grandes bandas, el objetivo de DenpaFuzz es precisamente dar a conocer este tipo de propuestas desconocidas para la gran mayoría de la gente. Estamos ante un Ep que rebosa calidad a raudales en cuatro temas con un magnetismo y pesadez que te enganchan desde la primera escucha. Unas cálidas y hechizantes voces que navegan entre las aguas psicodelicas de las guitarras con tonos hard-retro que surgen por sorpresa y se mezclan con momentos stoner. Todo ello sobre ádormecedores efluvios lisergicos que emanan de manantiales blues. Temas construidos con una cadencia ondulante, sin estridencias y que acaban convirtiéndose en un gratificante hechizo para los sentidos. Un derroche de fuzz sobre un sólida base rítmica con una apabullante batería que sirven de  cimientos a la magia de las voces y las guitarras. Todo un brillante debut en el que el trío  serpentea en cada tema con maestría logrando trasmitir distintas sensaciones y estados de ánimo, siempre con el objetivo de hipnotizarnos en cada acorde, en cada riff y en cada tema. Absolutamente recomendable para fanáticos de The Devil & The Alghmity Blues, pero no solo para ellos…. ¿Te vas a perder el viaje?

Lo primero que escuchamos son unos acordes acústicos en modo de arpegios para inciar la exploración con «Ember». Algo menos de dos minutos hipnóticos en los que las guitarras crean una introducción en la que los efectos espaciales planean aportando un hipnotismo que sigue la estela de los noruegos The Devil & The Alghmity Blues. Un brillante comienzo que simplemente sirve de preludio para lo que nos viene encima.

Una vez extasiados por la introducción, los poderosos riffs humeantes de «Talk to Fire» desde la pesadez, nos señalan el camino de espacios heavy-psych de altos vuelos. Con cambios de ritmos en los que se enredan en territorios propiamente stoner, derrochan energía.  una intensidad y un dinamismo que va ondulando entre momentos retro y otros más lisergicos. Ya aquí podemos comprobar que lo de las guitarras de Davis Templeton es algo serio. Mientras, las baquetas de Jeff Ayers Jr. dirigen el ritual por espacios stonerizanos cercanos a Greenleaf intercambiándose los roles con pasajes mucho más ácidos en los que la guitarra se desangra en sus solos. En la trastienda el blues más corrosivo subyace en cada nota.

Es difícil abstraerse  escuchando al trio de Wisconsin y no quitarte de la cabeza a Devil & the Alghmity Blues.»Black Molasses», de nuevo con unos magnetizantes acordes y esa voz chamánica de su batería Jeff, siguen en espacios lisérgicos que van describiendo atmósferas nebulosas bajo medios tiempos. Con aroma a cannabinoides el ritual chamanico que nos ofrecen, no está exento de poderosos riffs. Un tema que guarda el equilibrio entre lo plomizo, lo psicodélico y la esencia blues. Espacios enigmáticos pero gratificantes que se desarrollan entre los vapores adormecedores que fluyen de cada nota y que se ornamentan con riffs stoner-blues consiguen que la magia aparezca. Bosques oscuros en los que cualquier extraño pero amistoso ser puede aparecer ante nosotros en esas nubes de psicotrópicos. Estamos ante un tema de psicodelia pesada de libro, un corte para ser laureado por su perfecta construcción y ritmo. mas de siete minutos de intenso viaje por espacios insondables que acaban conquistándome completamente.

A ritmo lento, la pausa de los acordes psych de «It’s alive», se ve envuelta en una eficaz combinación de envolventes efectos antes de golpearnos con fuerza con pesados riffs hard que parecen llegados de otras décadas. pegadizos y contagiosos, el hard blues se presenta vestido de gala. Está calro que STONEKIND no es una banda aburrida, y que gusta de hacer serpentear sus temas con distintos momentos que transmiten variados estados de ánimo que van a concluir en cannabinoides entornos. y por si algo faltara, la cálida voz que nos susurra hace el resto ante de descender a cavernas plenamente lisergicas en las que desarrollan un hechizo hipnótico que logra nublar nuestros sentidos, para que solo abierto a su música.

 

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Reseña.- SACRI MONTI.- «Waiting room for the magic hour»

772462-500x500Cuatro años después de su álbum debut, SACRI MONTI están de vuelta con su segundo álbum «WAITING ROOM FOR THE MAGIC HOUR». Sin perder su espíritu caleidoscopico y lisérgico, el quinteto de San Diego continúa ofreciéndonos esas jams en las que las guitarras se superponen en diferentes estratos. Profundizando mucho más en los elementos progresivos y con melodías más cuidadas, siendo un caso particular dentro de la prolífica escena de su San Diego natal. Si abrimos el envoltorio heavy-psych, encontramos temas con una clara vocación progresiva. Hace ahora un año, ya pude intuir esta evolución en su actuación en el dunajam, en el que nos regalaron el que posiblemente fue el mejor show de todo el evento. Aquellas sospechas se ven claramente confirmadas en un álbum de una riqueza compositiva atrevida y que no se queda en el escenario psicodélico con el que se presentaron en su primer álbum.  Todo un salto entre lo espontáneo y lo musicalmente calculado.  Tomando prestados tanto ecos proto-metal más propios de Blue Cheer, como complejas estructuras cercanas a los dictados de King Crimson, sus ocho temas son todo un estímulo para los sentidos. Muchos momentos de melancolía que se ven reflejados en todos ocres a través de los teclados de Evan Wenskay, siempre custodiados por la pulsante línea de bajo de Anthony Meier y los ritmos de la batería de Thomas Dibenedetto . Un bajo que no se ve ensombrecido por los riffs psicotrópicos de las guitarras de  Brenden Dellar y Dylan Donovan. Manteniéndose en los sonidos de los setenta que les sirvieron de inspiración pero ejecutados desde una mirada más sosegada y madura. Otro punto a tener en cuenta son unos registros registros vocales que se contonean entre la ternura y la rabia, aunque predominando la calidez sobre lo desgarrado. En ««WAITING ROOM FOR THE MAGIC HOUR» encontramos guiños a los sonidos de la west-coast de finales de los sesenta y especialmente alguna influencia Quicksilver Mesenger Service. Uno de los factores en los que se sustenta es la capacidad para no perder la frescura de sus exuberantes jams dentro de unas estructuras compositivas mucho más complejas y medidas. Prueba de ello es que SACRI MONTI parecen sentirse más cómodos construyendo largos y embriagadores temas, lo que no supone un obstáculo para mostrarse efectivos en cortes más sencillos. Si a esta evolución unimos que no han perdido toda la fuerza de su primer álbum, estamos ante uno de los trabajos que se acercará al podio de los mejores discos del año. Si, ya sé que esto puede ser un tópico, pero déjate llevar por sus surcos y comprobarás que no es una afirmación tan osada.

«Waiting room for the magic hour» el tema que da nombre al álbum y que abre el mismo, parte de de una espiral de poderosos riffs característicos del sonido San Diego para ir poco a poco mutando a escenarios progresivos en los que vislumbro elementos que me recuerdan a los californianos Quicksilver messenger Service. Voces que oscilan y se balancean entre cálidos susurros melancólicos y desgarros llenos de fuerza. Ritmos y riffs de una intensidad a prueba de bombas, impenetrables, que se ven arropados por unos magníficos teclados de tinte vintage. con constantes giros en la trama,  el tema está lleno de profundas guitarras, dispuestas en distintos estratos, lo cual es una constante en todo el álbum.  

En un álbum que nos sorprende constantemente, los suaves y sinfónicos acordes de «Fear and fire» son como el terciopelo sobre el que recostarse.  Poco a poco el tema se va elevando para llevarnos a un Jardín del Edén con nostálgicos momentos creados por los teclados retro y los lamentos vocales. toda una oda psico-progresiva que según avanza se van volviendo más complicada gracias a la espiral de solos que aúllan en una espiral de efectos revoloteando y haciendo que el tema ondule por distintos escenarios sonoros. Mucha riqueza compositiva se esconde en unos surcos que suponen una nueva dimensión sensorial que se debate entre la psicodelia y lo progresivo sin terminar de decantarse por ninguno de los dos estilos. Como si su creatividad fuera tan grande que no quisieran renunciar a nada. Habrá quien piense que esto le supera con tantos cambios en la trama, pero personalmente me parece todo un acierto.

Nuevamente nos rompen los esquemas con el siguiente tema. «Armistice» a diferencia de los temas que le preceden, y como si una continuación de «Fear of Fire» se tratara,  una base rítmica poderosa sirve para la repetición de riffs de las guitarras así como los acordes de ese órgano retro tan omnipresente. A pesar de esa estructura repetitiva los solos se desangran hasta la extenuación.

Retomando esas atmósferas psico-progresivas, «Starlight» cuida las melodías para fortalecer el sentimiento que se transmite desde las voces. Creando un caleidoscopio sonoro de dimensiones descomunales el tema recupera brillantes momentos progresivos de origen setentero. Un tema ampuloso y monumental que escapa de los estereotipos con un impactante bajo en la sombra. Mostrando a Antony Meier en todo su esplendor la fuerza de dos guitarras y un órgano no consigue ensombrecerle ni un solo momento. Hard-progresivo de altos vuelos con guitarras ácidas que van y vienen en un aquelarre mesiánico de gran belleza en el que no faltan los momentos de esquizofrenia y locura lisérgica. En palabras de Brendan Deller: «La inspiración vino de una época en la que mezclé hongos con LSD y observé el cielo nocturno en el desierto y sentí que estaba volando las estrellas como cometas con mis ojos, años más tarde, recordé esa experiencia e incorporé una especie de elemento de canción de amor sobre una mujer en el cielo que intenta comunicarse con alguien en la Tierra a través de rayos de luz intentando dar instrucciones sobre cómo pueden estar juntas».

«Afirmation» supone la confirmación de la deriva que toman los californianos. Un camino que está mas cerca de King Crimson o Pink Floyd que de Earthless. Sutiles y elegantes sus armonías y sus susurrantes voces van creando un tema que se inclina hacia laderas sinfónicas. unas guitarras que parecen estar mas cerca del Mediterráneo que del Pacífico. Pasajes llenos de nostalgia y melancolía que a su vez transitan por escenarios sureños en sus momentos acústicos. Un pequeño giro pero que no se aleja del camino marcado. A diferencia de otros temas, aquí parece que se mantiene el rumbo desde el principio sin saltos mortales, todo más sosegado y lineal para construir un tema bien ensamblado y sin fisuras.

«Gone from grace» nos devuelve el protagonismo de las guitarras, con momentos más psych. Serpenteos de guitarras sobre una densa instrumentación, lo cual es una constante repetida, pero no por ello aburrida, sino llena de riqueza compositiva. Un torrente que se precipita sobre pesados ritmos. El propio Brendan dice del tema:  «Es una especie de cómo es el deber de todos compartir sus mentes y talentos con el mundo porque la bondad está dentro de ellos. Muchas personas confían en Dios u otras cosas para su bondad, pero así es como el mundo siempre termina en la mierda y las mentes hermosas se destruyen». Toda una declaración de intenciones para un tema lleno de fuerza.

Nuevamente nos encontramos con tema corto, como si de un interludio se tratara. «Wading in malcesine» es crea atmósferas ensoñadoras de tintes espaciales a través de efectos y sintetizadores bajo el sintonismo de unos teclados que recrean un ambiente celestial a modo de bálsamo para los sentidos.

El álbum cierra con «You beautiful demon». Aquí la guitarra acústica toma el protagonismo acercándose a sonidos west-.coast de corte pseudo-folk con un aura psico-progresiva revoloteando sobre su notas. Basado en acordes acústicos el sentimiento aflora con vocación «americana» sin perder el sintonismo que subyace en todos los temas, esta vez prescindiendo de la batería.

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Reseña.- THE WILD CENTURY.- «Raw»

robingnista_thewildcentury_rawUn primer trabajo en tonos de psicodelia indie y aires raga-rock fue su carta de presentación a primeros de 2.018, ahora los holandeses THE WILD CENTURY se doctoran en las artes de la psicodelia de corte sesentero con su nueva entrega «RAW». Un álbum mucho más solido que su debut y que me ha llegado como la lluvia en el desierto. Un soplo de frescura lisérgica con influencias de ambos lados del Atlántico. Cinco magníficos temas que suponen un derroche de buen hacer compositivo e interpretativo. Aquí el cuarteto se muestra mucho más solido en su sonido con potentes riffs difusos combinados con sutiles elementos de psicodelia post-beat manteniendo cierto tono indie. Un tono que se va disipando en armonías robustas que son acariciadas por sutiles y suaves melodías vocales y la acidez de unas guitarras que revolotean entre firmes ritmos. Con fuertes influencias hendrixianas que se entrelazan con floridos momentos west-coast que se reclinan a espacios más sureños en los que el blues asoman levemente. Por otro lado tenemos esa faceta que nace más de la psicodelia sesentera más vibrante. El conjunto es uno de esos disco que pones una y otra vez y que con cada escucha lo disfrutas más.  Seguramente cada oyente puede percibir distintas influencias en cada uno de los temas, pero una de las grandezas que tiene «RAW» es que si bien, sus temas se construyen partiendo de una armonía o un riff que se repite constantemente, sabes desarrollar los mismos dotándolos de una variedad que nos va trasladando de banda en banda y de un continente a otro. Estamos ante uno de esos álbumes hechos por una banda bastante desconocida, pero que si lo hubiera firmado alguna de las prestigiosas bandas que forman el podio de la psicodelia, estaríamos hablando de una obra maestra. Esto me hace recomendar una vez más dejar los complejos a un lado y zambullirse en unos surcos llenos de vida y de color que a buen seguro te regalarán placenteros momentos que te harán llegar al éxtasis. Un disco hecho sin superproducciones que trata de centrar su atención en la música en estado puro, y doy fe de que lo consigue.

Bajo un riff cadente rebosante de fuzz, que nos hace intuir que estamos ante algo grande, THE WILD CENTURY  nos introduce en «Done Lost Your Good Thing Now». Ecos Hendrix con una chamánica voz que se va modelando en fantásticas melodías nos confirman las sospechas.  Un par de minutos y el tema ya me ha enganchado. Siempre me ha perecido muy atrayente la combinación de ritmos potentes con la sensualidad vocal o los momentos de calma y aquí podemos encontrar eso y más. Cabe señalar que si bien las guitarras lucen con luz propia, el tema se sustenta en la impecable linea de bajo de Joris Verbogt. El cuarteto tras la introducción y una vez marcado el camino se sumerge en un lago lleno de psicotrópicos para desarrollar pasajes de un altísimo nivel en el campo de la psicodelia. Al margen de las nebulosas rítmicas y de la acidez de los solos de guitarra se palpa  mucho aroma a fin de los sesenta. Coma antes decía, la composición es sencilla, pero precisamente de esa sencillez nace su valor. Nueve minutos intensos y llenos de belleza que por sí solos harían que el álbum mereciera la pena.

Nitidamente influenciados por Hendrix y por los sonidos west-coast, «Helpless Thing» nos sussurra con esa cálida y sensual voz bajo armonías acústicas para introducirnos en campo de amapolas lleno de color. Una plantación de psicotrópicos de la que emanan vapores que nos adormecen embarcándonos en un viaje ácido sobre calmados pasajes de psicodelia sobre los que las guitarras se ejercitan en esa pócima alucinógena. En estos momentos momentos los holandeses están instaurados en la California del LSD reflejando ese ambiente en el tema. Diez minutos en los que el olor a colinas y prados se puede sentirse entre sus surcos.

De alguna manera retomando el sonido que les vio nacer, «One​-​Time Event» parte del hipnótico bajo para que las guitarras de Stan Aarts y Gerton Govers nos insufla vientos orientales antes de introducirnos en oscuros pasajes en los que los riffs se repiten, lo que es una nota común en todo el álbum. Aquí encontramos un elemento nuevo que evoluciona desde los acordes acústicos,. Una voz ecualizada en una línea que rescata la psicodelia inglesa más florida de los sesenta sabe navegar entre momentos más experimentales en los que que las guitarras entrelazan los sonidos orientales con la acidez más pura. Aquí nadie podrá decirnos que nos nos han engañado. El producto es de máxima calidad, y las melodías no desaparecen, como tampoco lo hacen esos hipnóticos e incisivos pasajes. todo un cuadro sonoro lleno de matices y en el que encontramos  desde elementos progresivos a psicodélicos, con toques orientales, magnetismo y pesadez en una brillante combinación.

«Can’t find the words» nos devuelve con sus bucólicos acordes al sonido west-coast que practicaban bandas como Love o Moby Grape. Una melosa y melodiosa voz entre floridos pasajes con unas bellas melodías sobre las cuales incorporan momentos más arenosos que se transmutan en espacios heavy-psych.

Mucho más poderosos se muestran en «Going down». Potentes riffs soportan pasajes de garage-psych sobre toneladas de fuzz humeante. La sombra de Hendrix vuelve a ser alargada en alguno de sus pasajes, lo cual no impide que volvamos a encontrar aires exóticos e incluso algún ramalazo doorsiano en un fornido tema que jamás pierde el ritmo por mucho ondulen sus acordes. Auténticas nebulosos psicodelicas hechas con maestrías que ponen el broche de oro a uno de los discos más refrescantes publicados en los que va de año.

THE WILD CENTURY son: Stan Aarts (voz y guitarras), Gerton Govers (voz, guitarras y percusión) Joris Verbogt (bajo) y Ernst Dunnewind (batería).

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