Reseña: ABSTRACCIÓN.- “Abstracción”

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“ABSTRACCIÓN” es la ópera prima de esta joven banda que explora los sonidos de la psicodelia de finales de los años 60 y principios de los 70. El rock, el folk y las influencias de la música progresiva así como pinceladas soul o jazz se entrelazan bajo la capa lisérgica que domina estas composiciones llenas de color y un aroma místico lleno de exotismo. El álbum es un collage de emociones, pensamientos y recuerdos, un vórtice de colores y sonidos que se van tejiendo con delicadeza y maestría para convertirse en la esencia de la banda. Sus temas son toda una invitación a la estimulación de los sentidos y sensaciones con dulces y mágicas melodías sobre sencillas y apacibles estructuras que inciden en los dictados de la psicodelia más aromática y el rock progresivo más reconfortante. Las siete canciones que contiene el álbum son una oportunidad para sacar nuestros demonios y dejar que aflore en nosotros nuestro lado más sensual y humano. Un mundo de ensueño donde todo fluye con la calma necesaria para entrar en ese mundo paralelo alejado de lo cotidiano, y sumergirte en el mantra que cada tema nos ofrece. Estimulante, sensorial, dulce y placentero, este debut nos ofrece veinticinco minutos mágicos en los que los aromas orientales se funden con el folk medieval, en flotantes atmósferas de psicodelia en las que los elementos jazz, soul, west-coast y fundamentalmente el rock progresvivo están muy presentes.  

Existe un viaje cuyo punto de partida es el «ahora» y el «aquí» y puede llevar al  individuo hasta la mismísima singularidad de la existencia. Un viaje que redefine la concepción que las personas tenemos del universo, que va más allá de lo que las leyes físicas, nuestros sentidos y nuestro raciocinio nos pueden mostrar.
A este viaje la banda lo llama “ABSTRACCIÓN”. 

ABSTRACCIÓN cobra vida en 2018 de la mano del guitarrista madrileño Luis Monge y la vocalista argentina Catalina Requena, residente en Mallorca. La formación la completan el teclista y productor onubense Pablo Bermejo, el multiinstrumentista madrileño Pablo Abarca a la flauta travesera, y los músicos cordobeses José Gálvez, al sitar, la guitarra acústica y la percusión; Rafa «Chico Jr.» Paredes, al bajo y Paco García, a la batería y percusión.

“Abstracción” dando nombre al álbum, es solo un breve tema instrumental con místicos pasajes de psicodelia en tonos exóticos bajo un aura vintage que nos indica por donde va el contenido del resto del álbum. 

Sin apartarse ni un momento de ese deambular por atmósferas psicodélicas, “Asinergia” conjuga vibraciones progresivas en las que el penetrante sonido del órgano se  complementa con la dulce y seductora voz de Catalina. A caballo entre el folk y el sonido west-coast. La flauta toma sus cotas de protagonismo en este tema lleno de matices y estilos incrustados en sus surcos. Todo un apacible y gratificante paseo psico-progresivo por reconfortables espacios que toman elementos del Siglo XX para mostrarse con un sonido contemporáneo y alternativo a pesar de su cuerpo “vintage”.

“Sueños de colores” nos acaricia con el mágico y místico sonido del sitar  para embarcarnos en un gratificante viaje a un mundo de ensueño sobre atmosféricas de psicodelia aromática y gratificante. Todo un calidoscopio de sonidos con delicadas melodías que nos arrullan para hacernos flotar en un mundo lleno de color. Distintas texturas con la flauta levitando entre brillantes y reconfortantes solos de guitarra ácida que convien entre el penetrante sonido de los teclados. Una canción plácida y fresca, en la que la banda experimenta con distintos sonidos para crear un tapiz multicolor. Llena de sensualidad, el tema podría resumir el mestizaje de estilos al que la banda no parece querer renunciar. Seis minutos mágicos que por sí mismos hacen que este álbum merezca la pena. 

En unos tonos más lánguidos, “Nudos ciegos”, sin abandonar los escenarios psico-progresivos se apartar de los coloridos temas anteriores para transitar por estancias algo más lúgubres. Con una vocación más progresiva los elementos étnicos aparecen entre sonidos de sitar y flauta en una conjunción de lo más atractiva. Con esta ocasión con unos ritmos algo más inquietantes,el tema habita en oscuros espacios en los que el órgano vintage revolotea entre enigmáticos pasajes vocales. 

Con suaves y delicados acordes a modo de introducción en “Sendero de vuelta” encontramos otro apacible paseo sonoro con acarameladas melodías que juegan con elementos progresivos en otro serpenteante  caminar entre distintas influencias en un contraste entre lo liviano y susurrante con momentos más intensos.  

Con las guitarras como protagonistas “Caleidoscopio” combina los acordes acústicos con solos eléctricos entre la bruma de esos hechizantes teclados de la que aflora el dulce sonido de la flauta.  Mas instalados en un espacio más propio del folk progresivo la banda alcanza altas cotas de calidad con esa flauta de tonos medievales y su órgano pastoral.

El álbum cierra con un tema sin nombre en el que el misticismo reconfortante recibe el sonido del sitar para hacernos flotar junto a esa voces angelicales que sobrevuelan nuestras almas como si de espectros se trataran para arrullarnos con sus mágicos cantos creando todo un karma sensorial. 

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Reseña: THE THIRD MIND.- “The Third mind”

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THE THIRD MIND es el proyecto de dos veteranos músicos de la escena californiana como Dave Alvin (THE BLASTER, X) y el multinstrumentista Victor Krummenacher (CAMPER VAN BEETHOVEN, CRACKER, MONKS OF DOOM) a los que se unieron David Immergluck (CAMPER VAN BEETHOVEN, COUNTING CROWS, MONKS OF DOOM) y Michael Jerome (RICHARD THOMPSON, BETTER THAN EZRA). para crear esta maravilla de debut que ve la luz vía Yep Roc Records. Un álbum hecho con la máxima de “Juntémonos y hagámoslo” y que refleja la frescura de unos grandes músicos dejándose llevar por su libertad creativa recuperando la banda sonora de su adolescencia y que se criaron a la estela de los sonidos west-coast, algo que queda completamente patente en los cinco temas del álbum. Jams psicodélicas hechas con ternura y espontaneidad sobre versiones de músicos tan dispares como la cantante de jazz Alice Coltrane, el músico folk Fred Neil, o la maravillosa folky canadiense Bonnie Dobson, BUTTERFIELD BLUES BAND, Roky Erickson y sus 13TH FLOOR ELEVATORS, y la esencia de las versiones que de alguno de ellos hicieron GRATEFUL DEAD o IT’S A BEAUTIFUL DAY manteniendo el espíritu del verano del amor. Con Hendrix como referente y la libertad de ejecutar las canciones sin ataduras, ofrecen su particular visión lisérgica de estos temas, tiñéndola con pinceladas jazz o folk. Una alocada idea con un resultado exquisito. Las palabras para describirlo sobran, ya que estamos ante un álbum sencillamente MARAVILLOSO que lo que pide es escucharlo con atención y empaparse de toda la sensibilidad y calidad que contiene.

“Journey in Satchidananda”, Con momentos drone de pausada psicodelia teñida con borboteantes efectos a modo de introducción se va construyendo un tema en el que el cadente bajo camina lentamente entre una psicotrópica neblina. Con el jazz como argumento, la banda transforma el tema en un espacio para la experimentación lisérgica. Esto es una constante en todo el álbum. Los acordes se van sucediendo con una parsimonia completamente narcotizante.

Con esa misma vocación psicodélica, se atreven desde e un reconfortante sosiego a versionar “The Dolphins”, tema de Fred Neil, versioneado previamente por  músicos de la calidad de Tim Buckley. Linda Ronstadt, o It’s a Beautiful day. Embarcándose en un viaje que recupera los bucólicos sonidos west-coast de los californianos con cálidos y reconfortantes registros vocales. Entre delicados coros angelicales, el manto psicodélico envuelve un tema de inequívoco carácter folk. Menos luminoso que la versión original, aquí los tonos grises predominan entre pinceladas coloristas. Lo cierto es que, aun manteniendo la esencia del original, consiguen transformarlo en un plácido paseo por la psicodelia más florida.

El siguiente tema, “Claudia Cardinale”, original de la banda, mantiene la línea de los cortes precedentes. Con ecos de guitarra clásica evocadores del Concierto de Aranjuez y una guitarra con un sonido que me evoca a Carlos Santana en modo sinfónico, consiguen mantener el halo lisérgico entre pasajes sinfónicos. El corte supone un magnifico escenario en el que su guitarrista puede desarrollar toda su técnica entre tenues atmósferas.

Ahora tomando como referente a Grateful Dead, “Morning dew”, el tema original de Bonnie Dobson. se viste de cálidas voces en vena folk para generan un susurro placentero con medidos acordes interpretados desde la pausa. Nuevamente el bucolismo más reconfortante nos acaricia con sus sedosas texturas. Una voz que no tiene nada que envidiar a grandes del folk como Joni Mitchel, o la misma Bonnie Dobson nos masajea con delicadeza entre brillantes solos de guitarra que vuelven a certificar el buen hacer de su guitarra. La belleza en estado puro sobre aterciopelados pasajes vocales. Ciertamente, al margen de la particularidad de la voz, el tema mantiene con acierto la esencia de los Grateful Dead en su dorada época del verano de amor con sus hecHizantes y mágicas voces y un crescendo que evoluciona con sosiego, sin prisa.

Con un aparente giro en su propuesta, Butterfield Blues Band son homenajeados con “East West”. Dieciséis minutos en los que el blues se une a la fórmula psicotrópica que con tanto acierto ejecutan. Tomando el formato de una jam ácida la improvisación hace acto de presencia sobre cadenciosos y efusivos ritmos. La larga duración del tema deja espacio al desarrollo de una bacanal de alucionóigenos en la que los lisérgicos pasajes se adornan con el sonido de la armónica. Evidentemente estamos ante un tema de blues, y ese elemento no podía faltar aquí al ser una de las señas de identidad que dio gloria a Paul Butterfield en aquella aventura junto a Mike Bloofield. Este pequeño giro no es un obstáculo para que mantengan el listón en una ejecución rítmica implacable a la que nada le frena. Manteniendo esa vocación west-coast, el corte fluye entre las aguas del blues que su funden con corrientes psicodélicas muy en la línea de Grateful Dead.

Dando un nuevo salto al vacío, “Reveberation”, el tema de 13th Floor Elevators“adquiere una dimensión más pesada. Con el blues en el horizonte se alejan del bucolismo mostrado en los temas anteriores para ofrecer un tema mucho más corrosivo. Sucios sonidos que nos intoxican en esa línea garaje-rock que mostraron los de Texas en sus tiempos de gloria.

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Reseña: AYAHUASCA.- “Naad”

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Nacidos en 2017, el quinteto de italiano AYAHUASCA  publica su primer álbum “NAAD”. Evidentemente tanto el nombre de la banda como el título del álbum están llenos de simbolismo que nos sugiere cual puede ser su contenido. Por un lado, ¿Que se puede esperar de una formación que lleva el nombre del la bebida de los chamanes amazónicos? Ayahuasca es una palabra de origen quechua que une las palabras “cadáver, muerto”‘, con “liana, soga”, es decir “liana de los muertos”‘, imagen que representa la conexión entre el mundo de los vivos y el de los espíritus, algo que los italianos tratan de transmitir con su música.  Los chamanes dicen que cuando se toma ayahuasca se amplifican todos las percepciones sensoriales, y los diez temas de “NAAD” consiguen con destreza que su música nos eleve a estados sensoriales mas allá de nuestro cuerpo. Naad simboliza la capacidad de escuchar nuestras emociones; cuando viaja a las profundidades más remotas de un océano primordial donde esas emociones toman vida, convirtiéndose en criaturas que dan forma y voz a los sentimientos. Con esta simbología sus diez temas transitan la psicodelia de finales de los sesenta, los sonidos west-coast y el asentamiento del rock en los setenta. No deberíamos calificar el álbum como “retro”, ya que su música no nace con espíritu de homenajear nada, sino que fluye con naturalidad desde su concepción con esa propia identidad. Con una fuerte influencia de Grace Slick, Domiziana Pritchard nos seduce con su aterciopelada voz entre vibraciones vintage, en algún punto de encuentro entre Jefferson Airplane y The Doors bajo un aura de misticismo mágico.  Estamos ante toda una gema de álbum que despertará nuestros sentidos llevándonos un mundo irreal de sensaciones. Uno de esos trabajos con las piezas bien encajadas y que para su buen disfrute uno debe dejarse llevar por las emociones que te provoca, que a buen seguro serán muchas.

Una introducción de algo menos de tres minutos (“Intro”), nos inicia en el arte chamánico de los sentidos. Magnéticos pasajes de psicodelia atractiva nos seducen y nos preparan para el ritual que nos espera.

“Vicious mothers” nos traslada un hipnotismo en tonos vintage que nos aporta el órgano bajo acarameladas y seductoras voces, a la postre uno de los tesoros de la banda. Haciendo un viaje en el tiempo a la California más florida de finales de los sesenta, la sencillez del tema es suplida por la magia que consigue transmitir. La dualidad femenina de las voces y los pausados y cadentes acordes de vocación retro, nos hacen ponernos las campanas y los chalecos y llenar nuestro cabello de flores. Para completar el plato, los solo ácidos salpican un tema que se fortalece según avanza. Wah wah tocado con sutileza entre coros angelicales recrean una estampa llena de bucolismo.

Sumergidos en esa marmita psicodélica, “Masses”, con un aspecto algo más pop, persiste en ese estado de floridas atmósferas lisérgicas. Un bálsamo para los sentidos que nos seduce con amabilidad, desde el sosiego. Una calma que no dudan en elevar por espacios más rock. Una mutación natural que se efectúa sin estridencias. La riqueza de cada tema se aprecia en la multitud de estados de ánimo que aporta cada uno con sus atmósferas cambiantes, sin perder la referencia de lo que quieren. 

“Before death” bajo acordes más hipnóticos y oscuros, toma forma de ritual chamánico  a través de los sintetizadores que sirven de cielo al wah wah de la guitarra. Un psicotrópico tema que va tomando formas caleidoscópicas, esta vez sin voces.   

Con una cierta herencia doorsiana, la oscuridad latente de “I wanna fall” me recuerda inevitablemente ciertos pasajes que ya nos regalara década atrás Jim Morrison. Un bosque lleno de psilocibina que se abre paso a través de extraños pasajes acelerados de órgano de tonos ocres. Una intensa lucha entre el sonido del órgano y sintetizadores con la guitarra entrentada.

“Inner space” nos traslada a un estado sensorial en el que la mente se aleja de nuestro cuerpo con el hechizo de las celestiales voces. Nuevamente el órgano sonando como Ray Manzarek lo hacía, y la colección de registros vocales muy en línea West-coast, va cocinando el tema a fuego lento. Aquí las vibraciones retro se palpan en cada acorde acercándose por momentos a postulados stoner. 

Tambores tribales y ritmos funky nos aporta la dinámica  “Before life” en su escaso minuto en el que sirve de soporte al lucimiento del wah wah de la guitarra.  

Ahora por la senda de una liturgia garagera, “The black one” se viste de color entre ritmos vivaces un profundo órgano alegres guitarras primitivas y sencillas. Los coros aportan como siempre su grano de arena para que la construcción no se resienta en ningún momento. 

Los ecos del verano del amor aparecen de nuevo en  “Underwater”, un tema que vive entre brumas humeantes sobre su estructura de hard rock en otro fogonazo que se apaga con rapidez.

“The Seer & The Queen”, el tema que cierra el álbum y el de mayor duración, se deja llevar por los efluvios doorsianos de ese órgano penetrante.

AYAHUASCA está compuesto por Domiziana Pritchard (voz), Becky Sahira (sintetizador y coros), Mek Spazio (guitarra y coros), Andrea De Dominicis (bajo) y Matteo Orzi (batería). “NAAD” está disponible vía Salty Dog Records.

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Reseña.- LEMURIAN FOLK SONS.- “Ima”

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Nacidos en 2.015 y con algunos cambios de formación en este tiempo, los hungaros LEMURIAN FOLK SONGS publican “IMA” vía Para Hobo Records, Su segundo  trabajo (sin contar su EP “NOMMO”), es un álbum en el que la psicodelia del este de Europa alcanza altas cotas de calidad y al que dotan de algún tono del folclore húngaro. Tiempo atrás, su álbum “MARO” había despertado mi curiosidad, transmitiendome grandes sensaciones que ahora se ven ratificadas.   Un álbum que recoge canciones compuestas a lo largo de los dos últimos años por musicos autodidactas, pero que viendo el resultado, nadie sería capaz de hacer esta afirmación. Temas construidos sin artificios, en bruto, largas canciones que no guardan ningún patrón determinado y que fluyen con naturalidad. Un material que supone el preludio de un álbum conceptual previsto para el próximo año.  Un trabajo para expandir la mente y reconfortar el alma,  para cerrar los ojos y dejarte llevar a ese universo paralelo en el que los sentidos son estimulados con cada hipnótico acorde . “IMA” nace de la melancolía, o al menos vive en ella desde la libertad de sus temas.

Los coros espirituales con mucha influencia folk introducen “Highself roadhouse“. suaves acordes de guitarra en tonos psicodélicos va generando un atmósfera de gran misticismo. La dulce voz de Benus Kriszti heredera de cantantes west-coast como Grace Slick y con ese aura espiritual, es capaz de seducirnos desde las primeras estrofas. la vocación psicodelica del cuarteto se plasma en magnéticos acordes de una reconfortante guitarra que nos conquista con cada nota.  A pesar de que las letras pueden nacer de su tiera natal, el resultado es un tema que no deja de recordarme grandes momentos del verano del amor. Envueltos un un viaje mesianico en el que alma es reconfortada con cada nota.  

“Füst” recupera el blues-rock ácido de finales de los sesenta. El wah-wah insistente de la guitarra y un vivaz ritmo van construyendo un corte con tonos boogie rock sin perder su alma psicotrópica. Guitarras que aúllan en solo hirientes mientras la oscilación de sonidos más propios del transito a la década de los setenta supone un viaje en el tiempo a escenarios donde las flores y los cantos al amor libre estaban en todo su explendor. Una implacable línea de bajo dirige el tema con unos tonos vintage para acabar construyendo un corte pegadizo y dinámico que solo es aplacado por el magnetismo de la voz. Una pausa que se aleja del blues para sucumbir a momentos más lisérgicos.

Si los temas no bajan de los 8 minutos, “Pillanat”, con algo menos de de minutaje, nos devuelve al misticismo descrito en “Highself roadhouse“. Siguilosos y gratificantes acordes unidos a la sensualidad que tramite la voz de Benus Kriszti van dibujando reparadores pasajes. en realidad estamos ante un tema de una sencilla estructura en la que los acordes se repiten soportando el peso protagonista de su vocalista. los aromas rurales mas propios del folk al uso envuelven aromatizantes otro gratificante corte lleno de magia.

Con todo esto, es en “Melusina III” donde la banda desarrolla todo supotencial. Un tema de mas de quince minutos en el que se muestran mas sólidos y experimentales. Subiendo la intensidad de los riffs, la pesadez hace acto de presnecia como no habíamos escuchado ahasta ahora. Riffs difusos y efectos revoloteando nos van introduciendo en oscuras atmósferas heavy-psych. Repetitivos y narcóticos, sin renunciar a los efectos los solos de guitarra van coloreando las sombras con bellas melodías. Insondables y caleidoscópicos espacios avanzan en la tortuosa travesía propuesta hasta dejarse llevar y crear una auténtica jam psicotrópica. Psicodelia pesada al uso, llena de misterio, pero creo un agradable espectro sonoro que acaba adormediendonos. Es curioso que en este corte, no se incluya ninguna voz si vemos el resultado en el resto de los temas, pero tras su escucha, se puede entender que la banda ha querido crear un espacio donde desarrolar sus inquietudes libremente. Una jam que combina momentos stoner con es psicodelia profunda y aturdidora en la que incluso se atreve con distorsiones y efectos espaciales cercanos a Acid Mothers Temple .

LEMURIAN FOLK SONGS son: Bence Ambrus, (guitarra) Krisztina Benus (voz), Attila Nemesházi (bajo) e István Baumgartner (batería)

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Reseña.- SACRI MONTI.- “Waiting room for the magic hour”

772462-500x500Cuatro años después de su álbum debut, SACRI MONTI están de vuelta con su segundo álbum “WAITING ROOM FOR THE MAGIC HOUR”. Sin perder su espíritu caleidoscopico y lisérgico, el quinteto de San Diego continúa ofreciéndonos esas jams en las que las guitarras se superponen en diferentes estratos. Profundizando mucho más en los elementos progresivos y con melodías más cuidadas, siendo un caso particular dentro de la prolífica escena de su San Diego natal. Si abrimos el envoltorio heavy-psych, encontramos temas con una clara vocación progresiva. Hace ahora un año, ya pude intuir esta evolución en su actuación en el dunajam, en el que nos regalaron el que posiblemente fue el mejor show de todo el evento. Aquellas sospechas se ven claramente confirmadas en un álbum de una riqueza compositiva atrevida y que no se queda en el escenario psicodélico con el que se presentaron en su primer álbum.  Todo un salto entre lo espontáneo y lo musicalmente calculado.  Tomando prestados tanto ecos proto-metal más propios de Blue Cheer, como complejas estructuras cercanas a los dictados de King Crimson, sus ocho temas son todo un estímulo para los sentidos. Muchos momentos de melancolía que se ven reflejados en todos ocres a través de los teclados de Evan Wenskay, siempre custodiados por la pulsante línea de bajo de Anthony Meier y los ritmos de la batería de Thomas Dibenedetto . Un bajo que no se ve ensombrecido por los riffs psicotrópicos de las guitarras de  Brenden Dellar y Dylan Donovan. Manteniéndose en los sonidos de los setenta que les sirvieron de inspiración pero ejecutados desde una mirada más sosegada y madura. Otro punto a tener en cuenta son unos registros registros vocales que se contonean entre la ternura y la rabia, aunque predominando la calidez sobre lo desgarrado. En ““WAITING ROOM FOR THE MAGIC HOUR” encontramos guiños a los sonidos de la west-coast de finales de los sesenta y especialmente alguna influencia Quicksilver Mesenger Service. Uno de los factores en los que se sustenta es la capacidad para no perder la frescura de sus exuberantes jams dentro de unas estructuras compositivas mucho más complejas y medidas. Prueba de ello es que SACRI MONTI parecen sentirse más cómodos construyendo largos y embriagadores temas, lo que no supone un obstáculo para mostrarse efectivos en cortes más sencillos. Si a esta evolución unimos que no han perdido toda la fuerza de su primer álbum, estamos ante uno de los trabajos que se acercará al podio de los mejores discos del año. Si, ya sé que esto puede ser un tópico, pero déjate llevar por sus surcos y comprobarás que no es una afirmación tan osada.

“Waiting room for the magic hour” el tema que da nombre al álbum y que abre el mismo, parte de de una espiral de poderosos riffs característicos del sonido San Diego para ir poco a poco mutando a escenarios progresivos en los que vislumbro elementos que me recuerdan a los californianos Quicksilver messenger Service. Voces que oscilan y se balancean entre cálidos susurros melancólicos y desgarros llenos de fuerza. Ritmos y riffs de una intensidad a prueba de bombas, impenetrables, que se ven arropados por unos magníficos teclados de tinte vintage. con constantes giros en la trama,  el tema está lleno de profundas guitarras, dispuestas en distintos estratos, lo cual es una constante en todo el álbum.  

En un álbum que nos sorprende constantemente, los suaves y sinfónicos acordes de “Fear and fire” son como el terciopelo sobre el que recostarse.  Poco a poco el tema se va elevando para llevarnos a un Jardín del Edén con nostálgicos momentos creados por los teclados retro y los lamentos vocales. toda una oda psico-progresiva que según avanza se van volviendo más complicada gracias a la espiral de solos que aúllan en una espiral de efectos revoloteando y haciendo que el tema ondule por distintos escenarios sonoros. Mucha riqueza compositiva se esconde en unos surcos que suponen una nueva dimensión sensorial que se debate entre la psicodelia y lo progresivo sin terminar de decantarse por ninguno de los dos estilos. Como si su creatividad fuera tan grande que no quisieran renunciar a nada. Habrá quien piense que esto le supera con tantos cambios en la trama, pero personalmente me parece todo un acierto.

Nuevamente nos rompen los esquemas con el siguiente tema. “Armistice” a diferencia de los temas que le preceden, y como si una continuación de “Fear of Fire” se tratara,  una base rítmica poderosa sirve para la repetición de riffs de las guitarras así como los acordes de ese órgano retro tan omnipresente. A pesar de esa estructura repetitiva los solos se desangran hasta la extenuación.

Retomando esas atmósferas psico-progresivas, “Starlight” cuida las melodías para fortalecer el sentimiento que se transmite desde las voces. Creando un caleidoscopio sonoro de dimensiones descomunales el tema recupera brillantes momentos progresivos de origen setentero. Un tema ampuloso y monumental que escapa de los estereotipos con un impactante bajo en la sombra. Mostrando a Antony Meier en todo su esplendor la fuerza de dos guitarras y un órgano no consigue ensombrecerle ni un solo momento. Hard-progresivo de altos vuelos con guitarras ácidas que van y vienen en un aquelarre mesiánico de gran belleza en el que no faltan los momentos de esquizofrenia y locura lisérgica. En palabras de Brendan Deller: “La inspiración vino de una época en la que mezclé hongos con LSD y observé el cielo nocturno en el desierto y sentí que estaba volando las estrellas como cometas con mis ojos, años más tarde, recordé esa experiencia e incorporé una especie de elemento de canción de amor sobre una mujer en el cielo que intenta comunicarse con alguien en la Tierra a través de rayos de luz intentando dar instrucciones sobre cómo pueden estar juntas”.

“Afirmation” supone la confirmación de la deriva que toman los californianos. Un camino que está mas cerca de King Crimson o Pink Floyd que de Earthless. Sutiles y elegantes sus armonías y sus susurrantes voces van creando un tema que se inclina hacia laderas sinfónicas. unas guitarras que parecen estar mas cerca del Mediterráneo que del Pacífico. Pasajes llenos de nostalgia y melancolía que a su vez transitan por escenarios sureños en sus momentos acústicos. Un pequeño giro pero que no se aleja del camino marcado. A diferencia de otros temas, aquí parece que se mantiene el rumbo desde el principio sin saltos mortales, todo más sosegado y lineal para construir un tema bien ensamblado y sin fisuras.

“Gone from grace” nos devuelve el protagonismo de las guitarras, con momentos más psych. Serpenteos de guitarras sobre una densa instrumentación, lo cual es una constante repetida, pero no por ello aburrida, sino llena de riqueza compositiva. Un torrente que se precipita sobre pesados ritmos. El propio Brendan dice del tema:  “Es una especie de cómo es el deber de todos compartir sus mentes y talentos con el mundo porque la bondad está dentro de ellos. Muchas personas confían en Dios u otras cosas para su bondad, pero así es como el mundo siempre termina en la mierda y las mentes hermosas se destruyen”. Toda una declaración de intenciones para un tema lleno de fuerza.

Nuevamente nos encontramos con tema corto, como si de un interludio se tratara. “Wading in malcesine” es crea atmósferas ensoñadoras de tintes espaciales a través de efectos y sintetizadores bajo el sintonismo de unos teclados que recrean un ambiente celestial a modo de bálsamo para los sentidos.

El álbum cierra con “You beautiful demon”. Aquí la guitarra acústica toma el protagonismo acercándose a sonidos west-.coast de corte pseudo-folk con un aura psico-progresiva revoloteando sobre su notas. Basado en acordes acústicos el sentimiento aflora con vocación “americana” sin perder el sintonismo que subyace en todos los temas, esta vez prescindiendo de la batería.

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