Reseña: WHITE COVEN.- ‘White Coven’

La banda de Zaragoza nos trae un monumental artefacto sonoro de rock clásico, blues, soul y elementos progresivos evocador del verano del amor. WHITE COVEN no tiene complejos en ejecutar canciones de rock vintage llenas de vida. Con canciones delicadas, y con unos arreglos bien trabajados, el álbum es un arco iris de los mejores sonidos vintage que puedas escuchar en el siglo XXI. A la altura de bandas como BLUES PILLS o WUCAN, WHITE COVEN confirman que la calidad de su álbum debut ‘OVERSEAS’ (reseña aquí), no fue obra de la casualidad. Un serpenteante viaje al corazón de los 70’s a través de canciones con unos arreglos brillantes que definen su propio estilo y llenan de frescura las mismas. Todo un regalo para salir de la rutina y viajar a un pasado grandioso que hará las delicias de cualquier amante de los sonidos vintage.  Lleno de aromas y texturas, el álbum es toda una caja de sorpresas para el oyente, ya que los giros y requiebros que nos ofrece cada canción no están al alcance de cualquier banda.  Brillando con luz propia, su refinada y talentosa cantante Sara Lapiedra parece ser el faro que guía el barco de unos músicos, que saben cuál es su papel en cada momento. Esto hace que encontremos gloriosos momentos de hard-rock, de blues, de psicodelia, de funk, y de escuetos pasajes progresivos que acabarán por conquistarte. Sin ponerse límites, este collage de canciones vintage nos hace seguir creyendo en que todavía hoy, se sigue haciendo música de calidad. Este segundo álbum de WHITE COVEN está llamado a ocupar un lugar de honor dentro de los álbumes retro del año. WHITE COVEN, tocan las puertas del cielo pidiendo su sitio en el Olimpo de bandas retro, pero lo hacen desde la humildad y la honestidad, algo que sin duda debemos de valorar.

WHITE COVEN son: Sara Lapiedra (voces) Mario Gutierrez (guitarra rítmica y solista) Juan Cervera (guitarra rítmica y solista, voces de acompañamiento) R. David Bueicheku (guitarra rítmica y solista, coros y voces) Carlos Viejo (bajo) Daniel Penón (batería y percusión) y Josete Meléndez (órgano, teclados, piano).

Solamente hay que escuchar los primeros acordes de ‘Rambling rose’ para darnos cuenta de por dónde va su sonido. Sutiles armonías de blues retro con aroma a primeros 70’s evolucionan a un grandilocuente espacio retro en el que el órgano marco el tempo. La voz entonos soul-blues llena de color un corte con unas entrañas sólidas y multitud de arreglos. Un fantástico groovy hace que el corte serpentee por calzadas de blues ácido, pero también por cunetas de hard rock en un bucólico viaje a los sonidos del rock de siempre.

La seductora ‘Brown eyed lady’ se recrea en momentos de elegante blues-soul, mostrando el lado más elegante y suave de la banda. Sentimientos profundos con momentos de rabia e intensidad traídos por unas guitarras afiladas que colorean una canción pausada, delicada pero llena de fuerza. El tema combina poderosos riffs con fascinantes pasajes de blues rebosantes de sentimientos con algunos ornamentos mas propios del jazz, lo que nos da muestra de la gran calidad que contiene cada una de las canciones del álbum.

Instalados en las atmósferas florales, ‘Orpheus’, desde la calma se asoma al mundo recordando momentos west-coast con un tono elegante y cautivador. Los más de diez minutos de duración permiten que sean muchos los matices de este corte en el que se incrustan ornamentos psicodélicos bajo una lírica delicada que muta haciendo que el tema cambie su fisonomía pasando por distintos estados de ánimo en un recorrido por los más variados estilos del rock de los 70’s. Flanqueando territorios cercanos al rock progresivo, los ecos sureños aportan una luminosidad a una canción con acento melancólico. Aquí la banda se deja llevar por intricados desarrollos instrumentales que evolucionan en un serpenteante viaje al corazón de los 70’s.Sin duda, la canción más elaborada de todo el álbum parece reflejar las amplias inquietudes estilísticas de esta maravillosa banda vintage.

Subiendo la intensidad ‘Inglorious diva’ se desarrolla entre vibrantes pasajes de heavy-blues con voces que tienden a impregnarse de esencias soul sobre una fornida instrumentación. Aderezando la canción con coros y estribillos pegadizos, WHITE COVEN parecen emular a BLUES PILLS mostrando su faceta más ácida y pesada. Un espiral que te atrapa en sus fauces en la que lo falta el gancho del sonido del órgano uniéndose en el momento justo a esta fiesta vintage.

Lleno de vitalidad ‘Summer groove’ se desarrolla en una colorista atmósfera de rock clásico. Ecos del verano del Amor se fusionan con pasajes de rock honesto y sin artificios. Voces blues y soul complementan un corte sencillo pero efectivo en el que también encontramos elementos sureños. Toda una invitación al baile.

‘Too late’ golpea con fuertes tambores y riffs contundentes, mostrando que la banda se maneja también a la perfección en canciones más pesadas. Desgarradores pasajes vocales se complementan con una orgía sónica que se balancea con desparpajo. Revitalizante, el tema de despierta del letargo con una fuerza inusual que destaca sobre el resto de las canciones sin perder su aroma retro. Hard rock salvaje con tonos blues lleno de gancho.

Si le faltaba algo a este maravilloso collage, ‘Jungle trip of the Seventh Samba’s seed’ se pasea por bosques psicodélicos. Su humeante atmósfera serpentea por el blues cálido y seductor en un sinfín de arreglos que van haciendo mutar su fisonomía sin perder su esencia. Su cautivador es adornado con suaves pasajes rebosantes de sensibilidad. Un corte elaborado que refleja a la perfección que estos chicos no se ponen ningún límite a su creatividad. La canción conjuga todos los estilos e influencias que tiene la banda zaragozana.

White Coven

Reseña: THE WILD CENTURY.- ‘Organic’

‘ORGANIC’ el cuarto álbum de los holandeses THE WILD CENTURY, viene cargado de vibraciones psicodelias llegadas de los finales de los 60’s. Sin dejar de hacer evolucionar su sonido desde álbumes como ‘RAW’ (reseña aquí) o ‘5’ (reseña aquí), la banda holandesa crea canciones manteniendo una reverberación repetitiva para sustentarlas. Unas canciones que huelen añejas gracias a la sutileza de su órgano hammond y a unas melodías florales que coquetean con la west-coast, pero también con el garage más primitivo de bandas como THE VELVET UNDERGROUND o THE STOOGES. Sin haber perdido ese espíritu doorsiano que nos mostraron en sus anteriores álbumes, la banda construye canciones de psicodelia colorista y vibrante, pero también intimista. Alejándose de estereotipos de las bandas retro, THE WILD CENTURY crea una casi imperceptible cortina nebulosa sobre la que refleja tántricos y susurrantes sonidos. Ahí radica uno de los principales valores de este nuevo álbum, la capacidad para ofrecer un sonido turbio, sucio por momentos, pero sumamente penetrante en el oyente. Sus pasajes meditativos se aromatizan con incienso aportando un tono exótico y espiritual a alguna de sus canciones. Pero no se quedan en ese estado narcótico, sino que a su vez consiguen impregnar al oyente de unas vibraciones luminosas y calidoscópicas rebosantes de buenas energías. Un fascinante viaje a lo largo de dimensiones cósmicas afinadas con sitar, donde los bajos armónicos y los ritmos mántricos, bombean mientras los astrales proyectan sus ritmos etéreos en la lucidez de todos.

THE WILD CENTURY son:
Stan Aarts – voz, guitarras, acústica de doce cuerdas en ‘Carry On’
Joris Verbogt – voz, bajo, guitarra en ‘Lowdown Dog’
Gerton Govers – voz, sitar, guitarras
Butsenzeller – batería /percusión
Paola Pica – voz, órgano hammond

‘ORGANIC’ está disponible vía Tonzonen Records.

‘Lowdown Dog’ nos trae una apetecible fusión de elementos garage con psicodelia 60’s . Con una vibra que me recuerda un híbrido entre THE VELVET UNDERGROUND y THE STOOGES, el tema borbotea en una atmósfera difusa y psicotrópica entre ritmos ardientes. Un sonido sucio y vitalista que invita al baile a lo largo de sus seis minutos.

Con un gorovy más pegadizo, el wah wah de ‘Oh Yeah’ los holandeses se sumergen en un espacio vintage en el que las rugientes guitarras y el órgano retro nos invitan a la fiesta. Su desenfrenado ritmo hará que tus articulaciones no puedan resistirse. Contagioso y vibrante, el corte parece hechizarnos entre pasajes psicotrópicos sin renunciar a su colorista armonía. Si no bailas con esto es que estás muerto.

Poniendo la pausa ‘Carry On’ nos narcotiza entre acordes de sitar aportando una atmósfera meditativa. Suaves acordes de guitarra mas propios de otra época dan paso a una cálida y sugerente voz. Un aterciopelado corte que toma la senda acolchada para transmitir todo su potencial. Una canción floral en la que se pueden sentir los ecos de la west coast. Una bella canción que se eleva en su parte central para sucumbir a delicadas melodías.

‘Beautiful Queen’ con sus mas de nueve minutosretoma los espacios lisérgicos con lentos y susurrantes acordes. Desde la calma, THE WILD CENTURY va tejiendo la canción con lentitud. Un exotismo intrínseco y momentos más propios del Rey Lagarto nos van sumiendo en un trance chamánico. Psicodelia en esta puro con pasajes recitados y un aura meditativa. Sumidos en una neblina narcótica el corte va impregnado nuestros sentidos proporcionando un gratificante y espiritual trance.    

Sin salirse del guion, ‘Grey Blue Eyes’ vuelve a escarbar en el legado psicodélico de finales de los 60’s. su cadente ritmo y el cálido sonido del órgano se adorna con una bella melodía vocal. De nuevo los ecos west-coast se fusionan con pasajes vintage creando un sonido borroso del que la luz aflora gracias a las sugerentes melodías vocales.

Mother’s Grace cierra el cuarto trabajo de la banda holandesa con un sonido pastoral. Emulando The Animals, las vibraciones psicodélicas de los 60’s aparecen entre unos surcos con suaves melodías. Sin llevarse el protagonismo, el sonido del órgano en un segundo plano crea la atmósfera perfecta para el desarrollo de la canción. Una suave brisa que nos mece con delicadeza sacando el lado más sensual de THE WILD CENTURY, una banda del siglo XXI con unos genes creativos, nacidos hace 50 años.

The Wild Century

Tonzonen

Reseña: HOWARD.- ‘Event Horizon’

‘EVENT HORIZON’ es una de esas gratas sorpresas que uno se encuentra cada cierto tiempo. El tercer trabajo de los franceses HOWARD, viene cargado de sonidos vintage marcados por la profundidad de un órgano hammond diabólico, unas voces conmovedoras y la suficiente psicodelia como para no poder resistirse a zambullirte en sus surcos. Hard-progresivo más propio de los 70’s, empapado de fuzz, golpes de stoner y constantes cambios de registro. Con un sonido ampuloso, HOWARD nos sumen en un caleidoscopio sonoro más propio de otros tiempos, pero con los suficientes elementos contemporáneos como para no oler a naftalina. Toda una locura en un ejercicio creativo lleno de alicientes para el oyente. Efectos, atmósferas retro, y un túnel de psicodelia pesada que logrará hacer que tu cabeza explote en un orgasmo de emociones. Divertido y anguloso, ‘EVENT HORIZON’ es de esos álbumes que gana con nuevas escuchas, ofreciéndonos múltiples matices que habían pasado desapercibidos. Un álbum impactante que no se recrea en estereotipos del pasado, sino que abre su coctelera para ofrecernos su personal e intoxicante brebaje. Chamánico por momentos, desgarrador en otros, el álbum nos ofrece ocho canciones que completan un aquelarre reconfortante que se balancea entre la suavidad de sus melodías y sus ampulosos desarrollos instrumentales. Nuevamente la magistral voz con una cierta inclinación doorsiana, hace que cada canción brille como las estrellas, con su propia luz.

HOWARD son: JM Canoville (voz y guitarras), Raphaël Jeandenand (órgano, sintetizadores, bajo y theremin) y Tom Karren (batería, samplers, glockenspiel y flauta)

Emulando al Jim Morrison poeta, ‘Bankable sermon’ abre el álbum con chamánicos pasajes psico-progresivos antes de zambullirse en un entorno hard-prog. Buenas voces, fascinantes estribillos y un impactante órgano vintage, impulsan un corte vibrante que marca el devenir del álbum.

Bajando las revoluciones, ‘Seeds of love’ ofrece una cara más suave y amable. Aquí los sosegados pasajes vocales se adornan con pasajes progresivos que se acercan a los estándares del rock clásico, desde una mirada pausada.  A pesar de su espíritu sosegado el corte contiene momentos desgarradores en los que todo se revoluciona.

‘Need want get’ se deja seducir por una apuesta más ecléctica. Su oscura atmósfera se salpica con voces narrativas y constantes cambios de ritmo. Manteniendo una dualidad entre lo progresivo y lo alternativo, el corte contiene pasajes narrados que contrastan con alguna guitarra insertada con sutileza y un curioso trabajo de teclados. Un corte extraño que mantiene el ritmo en todo momento haciendo que todo resulte más cohesionado.

Evolucionando lentamente ‘Telescope’ parece susurrarnos con sus delicadas melodías. Un plácido espacio que se toma su tiempo para desplegar todos sus encantos con un sonido vintage de manual. Sus suaves pasajes son golpeados por ocasionales subidas de intensidad que no le hacen perder su carácter plácido y reconfortante.  Con el sonido del órgano arrestando los riffs a un entorno de pesadez la canción se muestra contenida y rica en matices hasta su desgarrador final.

 ‘I heart a sound’ chisporroteante efectos psicodélicos con una breve introducción que da paso a su verdadero propósito. Su sonido hard-progresivo del pasado siglo se adorna con elementos contemporáneos en una fusión sumamente apetecible. Rebosante de fuerza la voz y órgano se balancean mutando su forma de presentarse ante el oyente. Una dualidad en la que lo progresivo flirtea con elementos psicodélicos entre alguna embestida más pesada y un final explosivo y dinámico.

La vibra Morrisiana de las melodías de ‘The way’ es el reflejo de parte las canciones del álbum. Bellas y cálidas melodías arropadas por una sutil instrumentación creando un entorno atmosférico de gran belleza. Avanzando con sigilo el corte nos introduce un bosque psicodélico lleno de matices. En este placido y meditativo entorno, la guitarra se asoma al tema proporcionando brillantes momentos que contrastan con el protagonismo del órgano a la mayor parte de las canciones. Una canción con personalidad propia en la que HOWARD parece prescindir de los golpes de pesadez para crean un efecto balsámico sumamente gratificante para el oyente.

‘Heedless’ se precipita entre ritmos hipnótico y efectos por un espacio más turbulento en el que los ecos blues y la psicodelia cósmica se unen a la fiesta. Lleno de fuerza y dinamismo, el corte parece arrollarnos con toda su vitalidad.

Con una propuesta inspirada en el legado floydiano ‘Event horizon’ palpita creando un atmosférico espacio en el que HOWARD albergan los mejores momentos del álbum. La cautivadora voz y su pausada instrumentación son un argumento lo suficiente fascinante como para caer rendido a sus encantos.  Sin duda estos chicos parecen no ponerse barreras en su creatividad. Manteniendo ese carácter que hace que los temas graviten entre los momentos plácidos y suaves con la pesadez y fuerza de sus medidas embestidas pesadas. Brillantes riffs y fuertes ritmos complementan un corte sobrio y bien diseñado para seducir al oyente de mil formas diferentes. Aquí reside precisamente todo su encanto.

Howard – The Band

Reseña: RUBY THE HATCHET.- ‘Fear is a cruel master’

Cinco años después de la publicación de su alabado álbum ‘PLANETARY SPACE CHILD’, la banda de New Jersey está de vuelta con ‘FEAR IS A CRUEL MASTER’. Un thriller desgarrador con el que la banda muestra al mundo toda su crudeza, pero también toda su maestría en el trabajo melódico, con canciones pegadizas y llenas de energía. Sus cuidadas melodías vocales contrarrestan la fuerza de sus ritmos y riffs pesados. Un magnífico compendio de sonido vintage con la suficiente fuerza como contentar a los paladares más exigentes.  Impulsados tanto por guitarras exuberantes y nítdas, que serpentean por el heavy-rock de los 80’s, como por un órgano que emana cuidados pasajes melódicos más propios del rock progresivo. Las canciones parecen diseñadas para el lucimiento de ese portento vocal que es su cantante Jillian Taylor, capaz de arrullarnos con su dulzura, o de zarandearnos con toda virulencia. Un álbum pesado y sinfónico a partes iguales, en el que el rock de siempre adquiere una nueva dimensión. Con un sonido impecable, cada canción nos ofrece un estado de ánimo diferente, algo que enriquece sumamente este nuevo álbum de la banda de Filadelfia. Instalados en vibraciones vintage, RUBY THE HATCHET saben como sacar el máximo partido a cada canción. Sus conmovedoras melodías siempre encuentran la forma perfecta para seducir al oyente en este aquelarre de sonidos de rock clásico, con brillantes momentos psicodélicos y progresivos. ‘FEAR IS A CRUEL MASTER’ personifica el estado de ánimo del período de encierro en el que fue escrito, y como resultado tenemos un álbum ardiente, sensual, emotivo, a la vez que espontáneo y sumamente divertido, que te proporcionará una agradable escucha.  

RUBY THE HATCHET son:

Jillian Taylor – voz
Johnny Scarps – guitarra
Lake Muir – bajo
Owen Stewart – batería, voz
Sean Kahn Hur – teclados, órgano

‘FEAR IS A CRUEL MASTER’ está disponible vía Magnetic Eye Records.

‘The change’ escarba en el legado del heavy-rock de los 80’s entre atractivas y seductoras melodías vocales. El tema se colorea con sutiles pinceladas progresivas enriqueciendo su sonido y dotándole de una gran luminosidad.  Un corte sobrio en el que encontramos algunos momentos de brillante retro rock que transitan por una senda de suavidad. La voz de Jillian se muestra esplendorosa como perfecto contrapunto a la pesadez de un sonido que coquetea con el rock clásico entre estribillos pegadizos. La canción captura esos sentimientos de cambiar de este estilo de vida joven, despreocupado y roquero a envejecer y tratar de ser fiel a ti mismo y a lo que amas desde el lado salvaje… mientras te das cuenta de que no todo te sigue sirviendo. Las cosas que suceden en gira, para bien o para mal, viajar a otros países y la gente está cantando tus canciones, ese crecimiento y camaradería que obtienes en el camino, no hay nada como eso.

Con una aparente mayor contundencia, ‘Deceiver’ sigue la estela del corte anterior. Una poderosa instrumentación y todo el poder melódico de la voz tejen un corte de hard-rock vigoroso y de fácil escucha. Oscilando entre los melódico y la pesadez.

Sin salirse del guion ‘Primitive’ se muestra con más garra, tanto vocal como en sus entrañas. Su dinámico ritmo se balancea entre golpes de rock clásico y hard-rock con un sonido difuso, aclarado por la portentosa voz de su cantante, que en esta ocasión parece dejar de lado su sensualidad para sacar a relucir todo su poderío. Vibrante y enérgico el corte nos regla algunos buenos solos de guitarra amortiguados con una envolvente instrumentación y un hipnótico y poderoso bajo.  

Sucumbiendo a un sonido más sinfónico, ‘1000 years’ explora suaves paisajes sonoros llenos de dulzura. La hermosura de las melodías vocales se adorna con delicados pasajes dotados de una gran belleza. Balsámico y sumamente reconfortante, el corte refleja a una banda rebosante de sensibilidad.

‘Shootsayer’ eclosiona en una atmósfera psico-progresiva de tintes retro mostrando todo el potencial de la banda. Una sutil línea de bajo nos pone en situación antes de desplegar los encantos de una pegadiza armonía adornada con enriquecedores elementos que nos sitúan en un espacio sonoro más propio del hard-rock de los 70’s. Sus suaves y delicadas melodías contrastan con las embestidas de fuerzas auspiciadas por incisivos solos de guitarra y el envolvente sonido del mágico órgano vintage.

Sin salirse de su particular estilo ‘Lasta saga’ explora espacio hard-progresivos desde una mirada amable y suave. Las atractivas melodías de rock clásico son un argumento suficiente para caer rendido a los pies de esta hermosa canción. Combinando voces con gran acierto, RUBY THE HATCHET se muestran como una banda solvente en la ejecución de sonidos más propios del pasado. Casi en ‘modo balada‘ consiguen crear un corte lleno de belleza aportando una especial luminosidad a su sonido. Pero no nos engañemos, porque entre sus delicados pasajes melódicos afloran contundentes solos de guitarra entre unos ritmos sólido como rocas.

Envueltos en la oscuridad, ‘Thruster’ se desarrolla entre riffs inquietantes y melodías ensoñadoras. Nuevamente desplegando todo su arsenal seductor, Jillian muestra su lado más sombrío en un ritual de rock ocultista más propio de otros tiempos. Un equilibrado corte en el que la banda reparte el protagonismo entre el sonido penetrante del órgano con sus riffs melodiosos.

 ‘Amor gravis’ pone el punto final al álbum con golpes de heavy-rock oscuro y pesado. Dinámico y oscilante, el tema cuenta con influencia Sabbathicas en una nueva ceremonia ritual en la que la sensualidad aflora en cada estrofa. Un contraste que resulta prometedor y cautivador a partes iguales.

RUBY THE HATCHET:
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MAGNETIC EYE RECORDS:
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Reseña: MUTAUTU.- ‘Graveyard of giants’

‘GRAVEYARD OF GIANTS’, el segundo álbum de los retro-rockers finlandeses MUTAUTU presenta una mezcla de sonidos retro enraizados en las vibraciones de bandas como GRAVEYARD o THIN LIZZY con ciertos guiños a Neil Young en modo casi progresivo. Un verdadero plato gourmet, aderezado con sutileza con especias stoner, que consigue fusionar el hard-rock, el proto-doom de los 70’s en un auténtico manjar sonoro que hará las delicias de los paladares más exigentes. Una brillante mezcla que funciona auspiciado por una voz profunda y cautivadora. Sin inventar nada nuevo, MUTAUTU consiguen revitalizar unos sonidos añejos, con unas magníficas canciones creadas sobre sabrosas armonías de guitarra y una imprescindible atmósfera vintage. Usando con mesura elementos progresivos y con pinceladas de blues, el trio finlandés crea un álbum épico con una narrativa fantástica. Un bajo difuso, unas guitarras que chirrían entre riffs hard & heavy y una estructura armónica oscilante, son argumentos suficientes para sumergirse en unos surcos llenos de vida. Si a eso añades una magnífica voz y unas cautivadoras melodías, el éxito está garantizado. Su rock atemporal sirve para recordar que todavía se puede seguir escarbando en el infinito vergel de sonidos del siglo pasado, y hacerlo con solvencia y honestidad. Porque eso es precisamente lo transmite ‘GRAVEYARD OF GIANTS’, sonidos familiares, recreados con la personalidad de una banda nacía décadas después de que aquellos sonidos pesados conquistaran el mundo. Estamos ante un magnífico álbum que evoca los momentos en los que la música se tornó más oscura y densa, pero lo hace , desde la frescura y la serenidad. ‘GRAVEYARD OF GIANTS’ es un álbum que ningún fan del rock clásico de los 70’s debería perderse, porque si lo hace, se perderá un gran tesoro.

MUTUATU son:
Ismo – Guitarra y voces
Jyri – Bajo
Sampo – Batería

‘Ruins’ abre el álbum con un sonido a caballo entre Graveyard y Thin Lizzy. Un aroma retro se respira en una melodía juega con el hard-rock y el blues de los 70’s. Suave en su desarrollo, el tema nos ofrece una visión de vibraciones vintage en las que se aprecia la herencia de los sonidos nórdicos de los 70’s. Con algún elemento progresivo, la canción contiene buenos solos de guitarra que de inmediato fascinaran al oyente en un ambiente que a buen seguro te resultará familiar.

En un entorno más sosegado, ‘Lost shoes blues’ contiene humeantes pasajes psicodélicos sobre su estructura blues. Suave en su desarrollo, las cuidadas melodías parecen acariciar al oyente en un escenario presidido por la melancolía. Con algún riff difuso y una cálida línea de bajo consiguen que la canción resulte como un agradable bálsamo sonoro. Otra canción con un sonido atemporal que conjuga los ecos del rock clásico con algunos momentos stoner. Resulta muy atractivo el equilibrio entre el grosor del bajo con el wah wah de la guitarra en este oscuro corte.

‘Hear them coming’ se muestra más luminoso en un relato con nítidos elementos de hard-progresivo y buenas melodías que parecen mirar de reojo al legado de Neil Young. Una pincelada sutil, pero sumamente enriquecedora de un tema que explorar sin rubor los sonidos vintage desde la calma. Una banda sonora de relatos de cuentos y leyendas en el que las melodías vuelven a tratarse con esmero. Su dinámico ritmo oscila balanceándose entre esas vibraciones más propias del siglo pasado.

La oscuridad de los sonidos proto-doom de su apertura, aparece ejecutada con pausa en ‘Graveyard of giants’. Un contraste fascinante en un corte que nos susurra con una instrumentación fornida pero que nunca sobrepasa el límite. Si bien la canción se envuelve en un turbio sonido, con el trabajo melódico consiguen el equilibrio. Un apacible paseo por espacios de calma en el que aparecen figuras más dinámicas que no eclipse su verdadero espíritu. De nuevo, el buen trabajo melódico da un brillo especial a otra canción que en sus entrañas tiene algo de Thin Lizzy, aunque serían muchas las referencias que podríamos usar para definir este sonido tan familiar.

‘Home’ recoge una épica legendaria más propia de otros tiempos. En tonos progresivos, MUTAUTU parecen escribir un relato heroico que rememora grandes batallas de armeros y caballeros. Un cuento mágico ejecutado con maestría y un ritmo pausado, en una canción que parece mirar con añoranza a un pasado glorioso.

Cabalgando en melodías de rock clásico ‘Lonely boy’ avanza entre golpes de hard-rock contenido y efectivo. En un tono optimista, la canción parece soportarse en elementos del medio oeste en una combinación sumamente atractiva. Un riff principal que se repite una y otra vez acaba por convencer al oyente.

Cerrando el álbum ‘Queen of rats’, con una vibración Neil Young, nos ofrece fantásticas y pegadizas melodías que se mestizan con momentos mas propios de Rory Gallagher. Suave y con una belleza cautivadora, sus melodías seducen al oyente entre pasajes psicodélicos y guitarras brillantes. Uno de los temas más elaborados y experimentales, con una superposición de guitarras que crean un aturdidor espacio. Un magnifica forma de concluir un álbum mágico y lleno de belleza.

Mutautu