ROTOR.- «Sechs»

a0322574577_10La fiabilidad de la maquinaria alemana queda reflejada en ROTOR, con su sexto trabajo «SECHS». Tras veinte años de existencia desde su formación en 1.998, el cuarteto alemán sigue fiel a la solidez de sus discos anteriores, con una instrumentación densa a la vez que sutil y elegante. Caminando en un espacio indeterminado entre la psicodelia, el stoner y lo progresivo, tres años después de su anterior disco, se edita «SECHS».

Este verano desde DenpaFuzz comprobamos en vivo como suena alguno de los siete temas que componen este disco, y lo cierto que si hay algo que se pueda decir de ROTOR es que es una banda solvente, particular y sólida, que probablemente no tenga el reconocimiento que merece. Una solidez y densidad que no está reñida con bellos momentos en los que las armonías se vuelven atractivas y reconfortantes. Hablamos de una formación que no se prodiga, ni en sus directos, ni en sus discos. Seis trabajos en veinte años no son muchos, lo que quiere decir, que la banda sigue su propio ritmo, sin complejos.

En «SEUCHS» no encontramos demasiados cambios respecto a sus anteriores trabajos, lo cual, teniendo en cuenta la gran calidad que atesoran, no es nada negativo. Transitando por los terrenos en los que más cómodos se sienten, los berlineses, el dinámico ritmo de «Falsher damfer» y la densa instrumentación a la que nos tienen habituados. lo convierten en un tema que conjuga la pesadez con lo liviano. Largos solos de guitarra cercanos a los dictados de COLOUR HAZE, pero con el propio sello personal, le ubica en una esquina en la que las aristas stoner, las progresivas y las psicodélicas se unen. algún riff de tinte más clásico aparece entre el fuzz del que tanto gusta la banda. Se evidencia la clara distinción entre guitarra rítmica y solista, cada una ejerciendo su propio rol. Un bello final acústico que baja la intensidad pone el broche de oro a un corte que nos hace presagiar, si todavía no lo teníamos claro, que ROTOR se encuentra en plena forma. 

Más complejos y oscuros, en «Allmacht» arremeten con sonidos más graves, gracias a un bajo pulsante, con solos de guitarra generadores de un cierta aura misteriosa. La instrumentación se inclina hacia territorios de sinfonismo progresivo, sin perder la parte psicodélica que también forma parte de sus genes. Avanzando por territorios más pesados, que son aliviados por cierto sinfonismo que hace que acaben decayendo en finos pasajes en los que parece faltar el color, creando un cromatismo grisáceo que se desvanece poco a poco.

«Ferner liefen», arremete con ritmos stoner, gruesos y plomizos, para desdoblarse en la dualidad de guitarras que ondulan y serpentean por sus poderosos surcos. La guitarra devuelve el sosiego a un tema de corte «gordo», pero refinado, lo cual es una de las características de la banda. Por otro lado, cabe señalar que todos los temas salvo el epílogo final duran entre los seis y siete minutos, lo que les permite desarrollar su potencial sin trabas, sin parecer monótonos, ni demasiado vivaces. 

Las primeras notas de «Abfahart» nos sugieren tensión en entornos misteriosos. La descripción se realiza a base de ampulosos riffs repetitivos que transitan por los vastos dominios de la psicodelia pesada, territorios sobre las guitarras sobrevuelan entre la densa bruma que genera la maquinaria instrumental de ROTOR. Fuzz combinado con un ritmo plomizo pero dinámico, que resulta arrollador por momentos.

Con tonos más progresivos, los lánguidos pasajes de la guitarra se incrustan en la calmada y repetitiva base rítmica que sostiene «Vor dem herrn». Una nueva experimentación instrumental que va ensanchando sus notas, con constantes cambios de ritmo, y ondulaciones que llegan a coquetear con momentos post-rock. Un simple flirteo que regresa a esos faraónicos espacios más progresivos en los que no faltan alguna dosis de oscura psicodélica.

Con un lento caminar de acordes de bajo, y una batería evolutiva, «Druckverband» a través de sosegadas estructuras con tintes orientales, las guitarras fusionan la magia y el misterio. En entornos exóticos, pero con atmósferas cubiertas de un manto de oscuridad presidiendo la intriga, bien arropado por un ritmo repetitivo e hipnótico por momentos.

Una locución con voz femenina pone el epílogo sobre hermosos acordes acústicas en un escaso minuto en «Würdigung», tema que cierra este brillante trabajo publicado bajo el sello Noisolution.

Esperemos que la banda no desfallezca, y a pesar de no prodigarse, continúen otros veinte años más dándonos satisfacciones en forma de nuevos trabajos. Lo de prodigarse sobre los escenarios, ya me lo dejaron claro este verano, cuando les preguntaba por la posibilidad de visitar España, algo que en un principio no parece demasiado probable, ante la escasez de shows que hacen fuera de las fronteras alemanas, pero no cejaré en el empeño y en poco más de un mes les insistiré con esa posibilidad en tierras holandesas, donde DenpaFuzz estará para contaros el último show de su tour 2.018.

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KING BUFFALO.- «Longing To Be The Mountain»

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Nueva entrega de los chicos de Rochester, en un álbum que confirma la madurez y evolución de esta gran banda. Desde que el pasado año tuve el placer de disfrutar de su directo, si ya me atraía su propuesta, mi devoción por KING BUFFALO se vio acrecentada, ocupando un lugar entre mis bandas predilectas.

Siguiendo de alguna manera el camino abierto por ALL THEM WITCHES dentro de la escena psicodélica más cercana a los dictados stoner, KING BUFFALO se unen a los de Nashville en una propuesta de parecidas características, sin perder su propia personalidad.

«LONGING TO DE THE MOUNTAIN» supone una nueva confirmación de que KING BUFFALO tiene duende. Un álbum intenso, mágico y versátil en el demuestran el dominio en componer piezas de atractiva y morfínica psicodelia, a través de la cual trasmitir sensaciones y sentimientos.

«Morning song», partiendo de atractivos acordes de blues, va construyendo una de esas composiciones al as que nos tiene acostumbrados. Un tema que te atrae y te absorbe usando bellas y precisas atmósferas psicódelicas. A paso lento, la murmurante y cálida voz de Sean McVay así como las bellas melodías que salen de las cuerdas de su guitarra. Un mágico paisaje multicolor en el que todo transcurre con lentitud, sin prisa. El confort se describe con una base rítmica repetitiva, usando los dictados del kraut-rock, y que poco a poco se va intensificando, sin perder un ápice de su encanto. Su influencia más stoner se pone de manifiesto en la parte final del tema, travistiéndose de heavy-psych impactante e intensa. Estirando los punteos y los efectos generando esa tensión que no estemos ante una banda ñona.

Con tintes kraut, el narcotismo de «Shun shivers», se mezcla con magnetizantes momentos shoegaze. Siguiendo en su propia intimidad, pero en esta ocasión con una cierta distancia que hace que vivamos el tema desde una cierta barrera. La destreza de los efectos y ese pulsante bajo de Dan Reynolds, dota al corte de un mayor ritmo y dinamismo.

Nuevamente otro corte absorbente y mormífinico se nos viene encima. Cosmonaut» vuelve a traspasar la frontera a una nueva dimensión. Esa dimensión alejada de nuestra mente en la que KING BUFFALO se siente a sus anchas. Generando y dotando de elementos  su mundo paralelo, el colorido y los aromas que desprende nos indican que un nuevo jardín del edén está a nuestra disposición. 

«Quickening» nuevamente usando esa herramienta que tan bien maneja el trío, nos inunda de hipnotizantes ritmos kraut, que se intensifican con el sonido drónico de la guitarra. La sensualidad que transmite la voz de Sean contrasta con los momentos de intensidad en los que las armonías se ensanchan y engordan construyendo densos y pesados pasajes.

Evidentemente llegando a este punto, bien podría usarse la manida frase que tantas veces escuchamos al cabo del año. «Candidato a disco del año». Sin duda alguna, aquí hay calidad compositiva, perfección ejecutiva, y facilidad para trasmitir sentimientos, ¿que más podemos pedir? Un disco que te emociona, siempre es un gran disco; y sí, yo pienso que es uno de los mejores registros que se han publicado en lo que va de año.

Los que amamos la psicodelia apacible nos podemos sentir congratulados de escuchar registros como «LONGING TO DE THE MOUNTAIN», que contiene todos los ingredientes necesarios para construir un plato de alta cocina. 

«Longing  to de mountain», con sus diez minutos de duración  es el puro reflejo de toda la esencia del trío neoyorquino. Si bien la banda usa dos esquemas para componer sus canciones, una a con temas cortos, y otra, con composiciones más extensas, en las que se encuentra este corte; es en este último formato donde tiene cabida  y donde mejor se refleja su creatividad. Livianas atmósferas magnetizantes, que hacen que el oyente, entre en un trance. Un espacio tántrico en el que los males se diluyen según van descendiendo sus notas. Pasajes de apacible psicodelia en la que los sintetizadores nos elevan a un espacio sideral, para una vez allí, ir mostrando todo su poder. El poder de seducción de las cálidas voces o el hipnotizante poder de sus ritmos. Un viaje salpicado de campos en los que los hongos alucinógenos crecen con promiscuidad. Su sabor y sus efectos son definitivos para conseguir ese estado mental que nos haga discernir el mensaje que nos tratan de trasmitir. Lisergia del siglo XXI en estado puro, sin aditivos de laboratorio, natural.

Los agradables y atractivos acordes de «Eye of the storm», se van transofmrando en un momentos de misteriosa psicodelia pesada. Sin perder la vocación kraut, se trata de un tema tortuoso, que van ascendiendo y descendiendo por laderas y precipicios multicolores. La crujiente batería de Scott Donalson, con los ramalazos de pesados rffs que se acercan a territorios doom, no nos dan tregua. Inquietante, pero con una tensión que la banda sabe cuando aflojar para que nos sintamos más reconfortados. Los hirientes solos de Sean, en los que los efectos fuzz son más evidentes, elevan la intensidad para al momento devolvernos a el estado hipnótico.

El disco está disponible a través de Stickman Records en formatos CD y vinilo.

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LIQUID SILK.- «Hightest mountain»

a0134628115_161Tercera entrega de la banda berlinesa LIQUID SILK, que continúa y profundiza en esos sonidos retro-rock en los que el blues psicodélico está muy presente, no faltando grandes riffs stoner con sabor añejo.

A pesar de ser una formación alemana, su sonido podría salir de cualquier garito del medio-oeste americano. Ritmos contagiosos, con mucho uso de fuzz, un groovy que dota de gran dinamismo a los temas. Sin descubrir nada, el resultado es realmente apetecible. No estamos ante el disco del año, pero, sin duda, si, ante uno de esos discos que puede ofrecernos reiteradas y  buenas escuchas. 

«Fever» y «Kosmonaut» se fusionan en uno con las ideas claras. Sobre una batería y un bajo que marca el rítmo LIQUID SILK van incorporando pasajes de blues ácido bajo unas estructuras que se repiten en gran parte de los cortes. Con una linea de bajo cristalina van calentando motores,  para ir dejando hueco a unos solos de guitarras que se combinan entre sí en una auténtica jam. De un riff concreto, que repiten a lo largo del tema, se van produciendo desarrollos en los que la libertad interpretativa adquiere la  verdadera esencia de su música. un caos controlado en el que todos tiene protagonismo.

Hay un buen trabajo en las armonías y alguno de los solos adquieren tintes sureños.

En temas como «Help me», la banda retoma los cánones del retro-rock más ortodoxo, como si de Kadavar se trataran, en una combinación con cualquier banda sureña de los States, se sumergen en blues que van adquiriendo aromas psicodélicos, para renacen nuevamente en el riff con el que partieron. La estructura para simple, pero el groovy con el que se ejecutan le reporta calidad y mérito. Sonidos rudos y primitivos, en los que pasamos de riffs poderosos a susurrantes espacios de psicodelia en los que el misterio generado por el bajo, es profundizado por las guitarras, una guitarras que inciden en esa exploración oscura, y que por momento recuerdan la técnica que usaba el mismísimo Alvin Lee en los cortes más psicodélicos Ten Years After. La tendencia stoner da por concluido el corte.

La escalada a la más alta de las montañas se produce con las herramientas que la psicodelia ofrece. De forma sutil , murmurante se va produciendo el tortuosos ascenso a esa cima inquietante que la banda pretende coronar. Hipnóticos por momentos, con pasajes de psicodelia refinada y con ecos de voces blues, completan el tema más elaborado del disco.  Claros que aparecen sutilmente entre las sombras por las que transita «Hightest mountain» , una sombra que son recorridas con riffs retro-stoner con reminiscencias de Colour Haze.

Los ritmos hard setetnteros hacen de nuevo acto de presencia en temas como «Super caravelle», en el que nuevamente se escuchan sonidos de guitarra Alvin Lee, disfrazados de Graveyard o Radio Moscow de baja intensidad. El stoner más añejo explota en uno de los temas más enérgicos de «HIGHEST MOUNTAIN»   en el que las guitarras se dejan llevar en una espiral de solos hirientes.

Otra vez recuperando el blues más lisérgico, «See the moon rising» se vuelve a acercar al stoner-retro cercano a Graveyard. ondulando, subiendo y bajando en su intensidad, va cambiando de color poco a poco, obteniendo un lienzo lleno de colores y matices. Hay siempre hay espacio para las jams ácidas de unas guitarras que se asocian para hacerse más fuertes y darle vigor a un tema que puede resultar reconocible dentro de los estándares de la escena vintage de los sonidos stoner.

Un poco alejado de esa fórmula, y mucho más incrustado en el espacio de la psicodelia más sombría,  «Pinwheel» sigue escalando la alta montaña de una forma cadenciosa. tomándose un respiro en momentos tenebrosos, para tomar impulso a base de potentes rifss rodeados de efectos, intensificando su sonido. Un serpenteante corte que esquiva los momentos tortuosos con fuerza y se relaja a través de ácidos pasajes en los llanos de la orografía con brillantes solos de guitarra.

La vuelta a los orígenes del hard rock y el blues rock se produce en el tema que cierra el disco. «Storm ready». Efectos sobre tonos oscuros de inquietante psicodelia humeante, que transmuta ha espacios de blues rock ácido, y que acaba en escenarios ya pisados por muchas de las bandas de los primeros setenta. Blues- rock con tintes boogie en estado puro. 

 

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RED VALLEY.-«Red valley EP»

 

a3565013896_16Otro de los retoños que nos están naciendo en los últimos tiempos en el cono sur americano en su puesta de largo en forma de EP. La fértil escena pesada chilena es su paritorio.

Desde allí, RED VALLEY nos ofrecen cuatro pistas que transitan por los sinuosos caminos del heavy-psych de tonos espaciales. Algo mas de veinte minutos en los que el trío compuesto por Panchulo (guitarra), Luis Matias Perez Hoon (bajo) y Fofo (batería) inspeccionan musicalmente en atmósferas de calmada psicodelia donde los efluvios lisérgicos borbotean desde los trastes de una guitarra prolífica en efectos. La nítida línea de bajo que ejecuta «Nebulosa» se ve acompañada de pesados riffs antes de partir a espacios siderales.

Esos territorios galácticos son explorados en «Piola». Un tortuosos viaje interestelar guiados por la psicodelia pesada usando como nave una instrumentación densa. Los desarrollos poco a poco se van intensificando con un derroche de efectos fuzz. 

Tras un comienzo en el que los poderosos riffs, en «Cielo rojo», parecen atravesar territorios desérticos, cielo rojo guiados por un pesado bajo, y una solvente batería, el tema se va volatilizando para introducirse en un agujero negro de psicodelia espacial del que es imposible salir. 

La maquinaria de RED VALLEY no se detiene en su aventura de explorar los espacios exteriores. Inmersos en su propio universo sonoro, «Flashback» supone una mezcla entre la ingravidez más liviana y la intensidad de sus distorsiones y efectos. Tras un desvanecimiento, resurgen cual Ave Feníx de sus cenizas para levitar nuevamente en los insondables espacios infinitos que nos describen con su música.

Otro detalle importante es la bella portada del disco, que por si solo, te incita a explorar su contenido.

Una de las bandas a las que deberemos de estar atentos en los próximos tiempos.

https://www.facebook.com/red.valley.banda/

 

ALL THEM WITCHES.- «ATW»

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Ya está aquí el esperado disco de una de las bandas más queridas de la escena pesada y psicodélica, y a su vez una de las más heterodoxas. Los prometedores adelantos que nos han ido ofreciendo en su bandcamp. no eran artificio.

Cuando alguien escucha decenas de discos nuevos semanalmente, como yo, y se encuentra con algo como ATW, es el momento de decir, stop!. Esto hay que saborearlo y degustarlo con la calma que merece. Cautivador!!!

Abriendo a golpe de bajo y órgano sobre una viril batería, éste ATW, «Fishbelly 86 Onions» nos da una pista de por donde ha ido en esta ocasión la apuesta del cuarteto. Con un comienzo más experimental y lisérgico de lo que cabría esperar, en el que la repetición del ritmo hasta puntos histriónicos, se contrasta con la solidez del corte.

En un cierto regreso a los orígenes, los primeros pasajes y voces de «Workhorse» nos traslada a Los Ángeles a finales de los sesenta. Cuando un jovenzuelo rebelde revolucionaba el mundo con sus afrentas. En tonos de blues, la voz  cercana a Jim Morrison. Un reconocible corte a lo ALL THEM WITCHES pero empapado de ácido.  Los tonos sureños de su Nashville natal se sienten en su surcos. Sugerente pero enigmático a su vez. Con una guitarra que suena a slide, sin llegar a serlo, la intensidad va poco a poco en aumento. Sin olvidarse de las buenas melodías el corte zigzaguea por cálidas atmósferas en las que aparece poca luz. Por momentos con un groovy heredero de J.J. Cale.

Solo dos temas y el disco me ha enamorado. All Them Witches siempre me pareció una banda muy particular en su sonido. Es fácil que haya bandas que puedan parecerse más entre sí, pero si escuchas un tema de ATW, no vas a tener ninguna duda.

Dicho ésto, «1st vs. 2nd.» me puede quitar la razón en alguno de sus pasajes. Psicodelia pesada, ondulante. Batería implacable y riffs que crecen desde sonidos desérticos, repitiéndose y clavándose en nuestras almas.  Tenso, psicotrópico, hipnótico. una nueva faceta en la experimentación de esta maravillosa banda en un tema en el que se dejan llevar….

El sonido del disco es impecable, aunque registra la fuerza de lo vivo, de lo crudo. Sugerentes y reconfortantes, calmados, pero intensos. Susurros vocales sobre una instrumentación que poco a poco va elevándose, para descender y reposar sobre la hierba más esponjosa que puedas encontrarte. 

Humeante y experimental, «Diamond», parece una gema, que la banda pule a base de psicodelia relajante e intrigante a su vez. Redondeando sus formas, la guitarrra, lima las aristas, mientras la batería reblandecen con su firme golpear ese diamante.  no es una pieza de alta joyería, sino, un adorno sin tanto glamour, pero impactante.   Un corte evolutivo en un trabajo que ondula constantemente. Una mutación en la forma de las canciones que parece improvisada, pero que, a buen seguro no es causal.  

Si el álbum es una conjunto es de esos discos que terminas de escuchar y vuelves a darle al play. Cada audición mas matices nuevos van apareciendo en algo, que si la primera vez te encantó, las siguientes ya te seduce por completo. ALL THEM WITCHES siempre tuvieron un gran poder de seducción, pero en esta ocasión, y desde mi  humilde opinión, se han superado. 

Con ningún tema mediocre, el caso de  «Harvest feast» es ya algo excepcional. Casi once minutos de blues psicodélico donde la banda deja claro quienes son, y el porqué de su éxito. Un tema profundo que rezuma blues y acidez. Desde la calma, el tema transmite ternura y sentimiento por los cuatro costados. En mi opinión el mejor tema del disco, y donde posiblemente, sean más reconocibles. Si el blues es sentimiento puro, ejecutado de esta forma, alcanza cotas sublimes. La pesadez desaparece para dejar paso al confort y a la sensibilidad.  Estéticos y atractivos pasajes de guitarra se fusionan con fragancias lisérgicas que se apoderan del oyente.

Es difícil recuperarse de unas sensaciones así, pero a continuación, aparece otro corte más experimental que nos rescata de nuestra levitación, para elevarnos a otra nueva dimensión. Con registros vocales cercanos a Dylan, poco a poco va tensándose y girando hacia oscuros caminos insondables. 

El álbum cierra con un tono floydiano al que los de Nashville ponen su propio toque shoegaze. En «Rob’s dream», contrarestan la calma que preside la mayor parte del corte, con unos pesados riffs que nos recuerdan de quién estaban hablando. Aparece esa vocación stoner que la banda lleva en sus genes, sucediéndose los largos riffs de guitarra para poner el broche de oro a lo que puede ser el mejor disco de la carrera de ALL THEM WITCHES. Un disco que en palabras de la propia banda, es como las personas, que cambian, y su música lo hace como ellos, sacando en cada momento su estado de ánimo o de motivación para componer música que sana el alma   

https://www.facebook.com/allthemwitches/