Reseña: MR. BISON / SPACETRUCKER «(Turned to stone) chapter 1 split Enter Galactic Wasteland»

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Con el espíritu de la aclamada serie «Second Coming of Heavy», que se centró en combinaciones únicas de todo la escena underground pesada, Ripple Music publica «TURNED TO STONE», una nueva serie que continuará explorando los confines más remotos de la psicodelia y los sonidos plomizos.

Para ‘ENTER GALACTIC WASTELAND», el primer capítulo de la nueva serie de estos split, Ripple cuenta con MR BISON y SPACETRUCKER para comandar el primer lanzamiento. Personalmente nunca me he sentido demasiado atraído por los discos compartidos, pero si todos tienen la calidad de éste, bienvenidos sean. Con dos caras claramente diferenciadas en las que los italianos nos ponen el «viaje» con el heavy-psych que nace de esas dos mágicas guitarras que hacen olvidarnos de que la banda no tiene bajista, y con una evidente admiración por Pink Floyd y Colour Haze;  y la otra cara con la aspereza y contundencia de los stoners de San Luis, mucho más ortodoxos en su apuesta desértica. Con su punto de mira puesto en  Kyuss, Nebula o Fu Manchu, incorporando a su receta aditivos grunge al estilo de Melvins y altas dosis de hard setentero.  

Tres temas para que cada banda desarrolle todo su potencial, y que abre con:

SPACETRACKER:

“Nosedive”, con un sonido pesado amplifica su vocación stoner con crujientes riffs más propios del proto-metal y el heavy rock. Densos, turbios y contundentes no dejan de aportar buenas dosis de fuzz arenoso y ciertas dosis de grasa pegajosa y pastosa gracias a ese espeso y contundente bajo. Con algún solo virtuosos y afilado se entromete entre las gruesas nebulosas desérticas. El tema no pierde en ningún momento del ritmo ni su vocación pesada a pesar de sus ahogadas y desgarradas voces.

Un solo que deja espacio para el lucimiento del bajo, es la introducción a “Distant earth”. Un bajo que nos lleva en volandas a enigmáticos y oscuros paisajes. En esta ocasión con una cadencia mucho más psicodélica y liviana que el corte anterior. Esto sirve de aliciente para explorar humeantes entornos heavy-psych, a través de hipnóticos momentos que incluso se atreven a acercarse para coquetear con desarrollos mas propios del post.rock. Aquí el bajo se engrandece transformándose casi en doom. Con floreados momentos instrumentales los riffs se elevan para construir monumentales edificios sonoros sustentados por ese sólido bajo. Unas armonías subyacentes aparecen en tonos casi litúrgicos por espacios más propios del psycho-doom mas ortodoxo. En la parte final las voces surgen como coros celestiales en la parte final de un tema completamente instrumental.

“King cheeto” son suficientes para que nos dejen su buen hacer en un corte de desert-rock con nebulosas arenosas bajo imponentes ritmos en vena Nebula. Pesado, turbio,y con un tempo infernal consigue dejar espacios para momentos garage punk, en un corte simplemente infernal.

MR BISON:

Con introducción atmosférica “The grace of time” nos abre la puerta a una estancia envuelta entre efectos de psicodelia pesada. Una impactante voz en línea Tempest pone al alma dando el toque de color a un tema que rezuma registros 70’s. Un corte psicotrópico que combina las espirales lisérgicas con momentos hard-rock. La hiriente guitarra nos sumerge en susurrantes e insondables espacios boscosos en los que una calma reconfortante nos asalta. Arrullándonos suavemente con sus acordes y una cálida voz para elevarse bajo una estela de fuzz humeante. Un corte sólido con un envoltorio de alucinógenos que se torna más progresivo sin perder su aura psych. Aderezando ciertos tonos espaciales los efectos y un órgano retro en un segundo plano complementa y enriquece un corte con indudables vestigios vintage.

Envuelto en magnéticos espacios más propios de Colour Haze, “The stranger” camina con calma por bellos parajes sonoros que reconfortan el alma. Dos delicadas guitarras y una atrayente y magnética voz nos seducen con toda su sensualidad. Con algún eco Pink Floyd nos someten a una terapia anti-estrés antes de la explosión. Una deflagración psicodélica que despide bombas vintage, sacando toda su rabia.  Ese maldito órgano se resulta genial entre la atormentada voz y las terapéuticas guitarras antes de hacernos descender a un jardín del Edén, en el que nos hace sentirnos arropados y seguros. Un reposo que vuelve a cortarse con una nueva elevación de la intensidad con un wah wah sideral y las cálidas notas del órgano, así como de la atormentada y rabiosa voz. Unos registros que se modulan constantemente en una combinación de garra y confort en el interior de esa burbuja lisérgica en la que se desarrolla el tema.   

Sobre insondables atmósferas espaciales, “Oracle profecy”, fluye con una psicodelia aromatizada. Un leve aroma progresivo y muchos tonos retro van construyendo un tema con sosiego para aportar el nervio con esa magnética voz. Un corte rico en matices que evoluciona sin perder su ritmo en una sucesión de subidas y bajadas por acolchadas praderas con la belleza es aportada por la fantástica guitarra. Murmurante y florido, sus pegadizos riffs no dejan de seducirnos ni en los momentos de mayor intensidad. De alguna manera describen ese oráculo que siempre tiene una respuesta y que nos quita la venda para poder ver la luz.  

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Reseña: FLEETING ARMS».- «Fleeting Arms»

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Ásperos riffs y una voz que se balancea entre el grunge y el heavy rock y que parece tomar prestados algunos registros del mismísimo Laine Staley. Una banda con doce años de vida y que tras este largo periodo de eleboración nos presenta su primer álbum. Una pirámide con tres vértices claramente definidos; la cúspide comandada por la suciedad de los ecos noventeros de Seattle, especialmente en la voz  de Coal Riepma, otro ápice por la psicodelia más ácida salida de la guitarra de Gerald Kisoun como fiel discípulo de Hendrix en algunos pasajes, y un sentimiento común por el blues que hace de sustento de todo. ¿Una apuesta arriesgada?. Seguro que no, ya que la combinación de estos tres pilares hace que su edificio sonoro no se resienta ofreciéndonos un álbum de alto nivel. Sin contener grieta alguna, y con el gran aliciente, de que los amantes de los tres estilos pueden encontrar aquí «su momento». Arreglos de guitarra acústica que dan a alguno de los temas un aire de sosiego, en contraposición con otros momentos en los que los ecos stoner aparecen para modular su propósito.  Temas de blues chamánico e intoxicante que nos envuelven en un envoltorio lleno de psicotrópicos arropando mágicas melodías.

FLEETING ARMS lo componen Gerald Kisoun (guitarra, guitarra acústica, voces) CJ King (bajo y coros) T-triangle (batería) Coal Riepma (voz), habiendo realizado la mezcla y masterización del disco  Voodoo Architect-grabación.

“Day trippin” con una introducción entre el regaee  y el blues rezuma sentimiento por los cuatro costados. Ese espíritu blues que se pavonea entre el cadente y bluessy sonido del bajo. Con solos ácidos acaba desembocando en un precipicio mas propio de Sabbath con voces que se desangran en lamentos entre ásperos riffs con vocación de metal. Unos rasgueos que nos lastiman y que solo nos recontaba el ungüento de una voz narcótica y cannábica.

En reconfortantes atmósferas lisérgicas, “Rust” con susurrantes acordes y una voz aterciopelada que nos lanza un hechizo en el interior de un bosque acústico en el que cad anota nos hipnotiza atrapándonos en sus fauces para zarandearnos con fuerza. Con una oculta vocación morrisiana el tema toma un giro hacia momentos en los que la psicodelia y el grunge se funden en un sensual baile ritual. Cubriendo con efectos y distorsionase nos sacan de la catarsis, en un tema que nos coge en sus brazos sin que podamos huir.

Con una estructura similar, “Bridges burning”, con sus casi siete minutos nos invita a otro paseo por escenarios en los que el blues más chamánico es el amo y señor. Enriqueciendo el brebaje con hierbas procedente del Seattle de los noventa un colorido y vivaz ritmo de batería sirve de luz entre la umbría de las hojas que nos impiden ver el cielo. Oscuros parajes con olor a intoxicante bruma de pantano que culmina en un desgarrador final.

El tema mas fornido del álbum, “Dig my grave” se construye a través de riffs heavy-rock que van sucumbiendo a los dictados del heavy-blues. Esa combinación imposible entre tres estilos  que acoge praderas psicodélicas y pesados y escarpados ritmos stoner en una sucesión de subidas y bajadas de intensidad. Una efectiva fórmula que a los canadienses les sale bien ya que consiguen que temas con la misma estructura acaben teniendo su propia personalidad a pesar que tener  el mismo árbol genealógico.

“Into the sun” es otro capítulo en el que la psicodelia nos abruma narcotizándonos con sus suaves acordes y un ritmo ciertamente hipnótico. EL magnetismo de esa voz seductora y desgarrada, solo se eleva por los ásperos y pesados riffs, que en una mutación se transforman en crujidos stoner con un tono casi punk que se funde con el registro grunge. En esta ocasión prima la rabia y fuerza sobre las hechizantes melodías. Con una nueva espiral de guitarras psicotrócias todo se vuelve borroso y difuso. Incluso descendiendo el volumen si es necesario, tratan de crear el clima óptimo para sorprendernos con una nueva embestida de poderosos momentos de heavy-rock.  

El blues rural se fusiona con el grunge de los noventa en una versión psicodélica llena de sentimiento en “Demon whitin”. Ese camino tantas veces transitado entre los noventa y los setenta que aquí se acompaña de riffs metálicos y atmósferas de psicodelia pesada. Crudo e indomable el tema nos golpea sin remisión en cada riff.

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Reseña: WONDER EN IS GHEEN WONDER.- «Wonder En Is Gheen Wonder»

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Cuando una banda es capaz de apostar por vibraciones retro rock stonerizadas sobre estructuras de hard-progresivo y son capaces de incorporar ácidos elementos psicodélicos, blues e incluso algún retazo jazz, es que algo va bien. Si encima añades el penetrante sonido de un órgano asesino y unas brillantes guitarras, la tormenta perfecta está servida. Existiendo en escenarios vintage los largos temas grabados en directo se moldean, retorciendo su figura bajo vestimentas teñidas con los ecos más progresivos de Ten Years After o con la garra vocal de Eric Burdon en modo ahogado. Verdaderos desgarros revestido de pegadizos riffs que por momentos se desangran. Arropados por un órgano heredero de John Lord, los italianos se zambullen en temas de blues ácido y psicotrópico para reposar el viaje en cómodos sofás progresivos. Una fusión que resulta de lo más atrayente para los amantes del rock de antaño. Si bien, como en tantas otras bandas hemos visto, son capaces de dotar a su sonido de una frescura y pesadez contemporánea. Siempre bajo una idea de que los temas suban y bajen laderas en las que su intensidad va variando. Solventes en los momentos más contundentes y sutiles y experimentales en los soplos más psicotrópicos. Tras ese extraño nombre en holandés cuya traducción es “Maravilla y más allá de la maravilla” (o algo así), como si de un acertijo se tratara, lo cierto es que consiguen componer temas maravillosos, que van más allá de los que antepasados del rock de los setenta  nos ofrecieron, con una visión mas acorde al siglo XXI.

“Indolence” abre con la fuerza de un huracán con poderosos riffs retro, una ahogada voz con vocación heavy-rock sobre pegadizos ritmos que se moldean. Una apuesta de particular hard-rock que pasa por distintos estados de ánimo incrustando desgarradores y oscuros momentos blues. Un tema que se moldea para pasar por distintos estados de ánimo. Tras la tempestad y distintos solos diabólicos, el bajo nos golpea en ese segundo plano antes de incorporar un penetrante órgano retro que colorea con tonos vintage la esencia blues en las que los sumen los italianos. La Banda da lugar a una exploración psico-progresiva dominada por las cuatro cuerdas que se moldea y retuerce hasta retomar la senda inicial por caminos retro- Stoner.

Rumoroso y narrando el misterio una breve introducción en “Reachin the being” desata las hostilidades retro-rock. El serpenteante órgano nos atasca en una melodía repetitiva que arrastra a la guitarra.  Contoneándose y seductor, a la vez que ácido, los ecos de los setenta sirven de escaparate para el lucimiento de la guitarra. Espacios psico-progresivos. Llenos de fuerza, todo parece estar estudiado con esmero. El virtuosismo surge con elegancia en un cálido y reconfortante entorno de hard-progresivo.

Sin salirse de los entornos hard-progresivos, “Magic clover” se desenvuelve en acolchados acordes con voces susurrantes en una experimentación lisérgica que se perfila sensualmente hasta explotar en festivos ritmos hard-rock. Las reminiscencias de mediados de los setenta de bandas como Ten Years After quedan patentes. Pura mierda setenta que nos invita a la acaba invitándonos a toda una del rock and roll en su parte final, en la que la banda se encabrita. Uno de los mejores temas de todo el álbum.

El blues rock tiene su espacio en “Jane”. Otro tema con aroma a setentas en el que el órgano tiene su peso entre la frondosidad de las guitarras y una voz ácida pero cálida a su vez. Aquí percibo alguna reminiscencia del Eric Burdon más salvaje en su sonido.

“Rakshabandhan dope” sigue oliendo a blues y hard rock. Su frescura inicial da paso a espacios heavy progresivos en los que todo se vuelve más turbio. En esta ocasión casi prescindiendo del órgano en la mayor parte del tema, sus últimos minutos recuperan ese sonido en momentos más experimentales.

Mas de ocho minutos sirve de alfombra a un tema de blues ácido en pura vena Ten Years After en “Unni”. Acolchado y sin estridencias, el tapiz sonoro se llena de diferentes tonos. Monumental y ostentoso, los espacios psico-progresivos se atacan con una contundencia inicial que da paso a insondables atmósferas en las que los psicotrópicos nos envuelven con narcóticos pasajes que se van oscureciendo según avanza el tema. Una cueva hard-progresiva en la que los efluvios ácidos nos invaden en una evolución similar a la de los temas anteriores.

Impactante, el órgano se conjura con la guitarra para ofrecernos a base de trallazos y parones en punto de partida a otro tema de clara vocación retro. “Dance on the firefly”, con mil requiebros acaba encontrando el camino a base de riffs repetitivos con ciertos aires exóticos. Es difícil encontrar sonidos así en bandas contemporáneas, por lo que el atrevimiento de los italianos es digno de admiración. Si algo tiene esta banda es la facilidad para moldear los temas y llevarlos a distintos estados de ánimo. Aquí claramente acaban sumergiéndose en un blues ácido de muchos kilates en el que las hirientes guitarras se retuercen hasta el infinito bajo la atenta mirada de bajo y un órgano más templado en esta ocasión.

Cerrando el álbum nos topamos con otro tema que se presta a la experimentación. “Scylla and charybdis” toma el blues como referente para dejarse llevar por sus instintos psicodélicos en una tortuosa travesía.  Pesado, ácido, progresivo, hard; todo es bueno para construir un tema monumental y exuberante. Aquí los efectos nos aturden en eses entornos de experimentación hard-progresiva en los que los psicotrópicos están muy presenta. Posiblemente el tema más denso del álbum que acaba en una bacanal de sonidos aturdidores que se soportan en una compleja estructura.

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Reseña: MYTHIC SUNSHIP.- «Changing Shapes» (Live at Roadburn)

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Registrado en tras su paso por la pasada edición del Festival de Roadbourn, “CHANGING SHAPES” recoge los más feroces y valientes momentos de unas actuaciones que pasarán a la historia. Tras la publicación de su anterior álbum “Another Shape of Psychedelic Music” en 2.018, donde la banda incorporó al saxofonista Søren SkovMYTHIC SUNSHIP se aventuraron en un territorio sonoro inexplorado, en algún lugar entre la psicodelia espacial y el free-jazz. Un sonido desafiante y profundamente cautivador.

“CHANGING SHAPES” es una continuación de esas ideas, no solo una presentación en vivo de material de su anterior álbum. Søren Skov se une a la banda nuevamente aquí mientras las cinco piezas se queman a través de un puñado de piezas largas frente a una audiencia extasiada. El álbum requiere una escucha inmersiva que no está al alcance de todos los oídos.  La experimentación y la espontaneidad de su ejecución nos lleva a una espiral de confusión libre en la que la narrativa psicodélica toma tintes incluso paranoicos. Si bien el origen del sonido reflejado es netamente lisérgico, los ritmos kraut y la ambientación espacial son el punto de partida, estos son traspasados por momentos Avant-garde aptos solo para grandes músicos. Un registro muy en la línea de El Paraiso Records, un sello siempre abierto a la vanguardia y a apuestas que se salen de lo convencional. Esta es una de ellas, y si pasas los primeros minutos extasiado, podrás llegar al nirvana que te proporciona el viaje de los daneses.   

Con Rasmus Christensen (bajo), Frederik Denning (batería) Emil Thorenfeldt (guitarra) y  Kasper Stougaard Andersen (guitarra) la inestimable compañía de Søren Skov y su diabólico y esquizoide sonido de saxo la creación de MYTHIC SUNSHIP no hace sino enriquecerse con este nuevo álbum.

Los casi once minutos de “Awakening” parten susurrantes y enigmáticos. Espacios drone de atmósfera espacial se ven violentados por ese saxo que surge elevándose cual flor entre los nitratos de una batería experimental y las evolutivas guitarras. Un génesis lento, que paulatinamente va volviéndose mas paranoide hasta llegar a aturdidores momentos de free-jazz vanguardista.   Con aturdidores y chirriantes momentos que una vez superados dan paso a un tránsito espacial comandado por una dupla de guitarras protectoras surcando misteriosos y enigmáticos espacios. Una odisea espacial que acaba atravesando zonas de turbulencias en las que el saxo aparece nuevamente para, con esa vocación de vanguardia traernos el desasosiego con el free-jazz y la experimentación que genera.

Con repetitivos acordes con un sonido hueco, “Elevation” con un carácter hipnótico se salpica con un sonido de saxo ahora mucho más acolchado.    Poco a poco, el confort inicial se va transformando a espacios de atormentada psicodelia violentada por los vientos jazz. Creando dos niveles sonoros en los que lo histriónico convive con lo gratificante va mutando su carácter a aturdidores momentos de tortuosa psicodelia que acaba precipitándose a una esquizoide bacanal sonora.  

Con un aspecto más reconocible, “Way ahead” soportado en una implacable y trepidante batería sirve de soporte a la lucha endiablada entre el saxo y las guitarras en las llanuras psicodélicas. Un tema que mantiene su punto de mira siempre alerta oscilando su intensidad con ondulantes subidas y bajadas en el torbellino sonoro para acabar muriendo a brazos de reconfortantes espacios lisérgicos.

“Olympia”, el tema más largo del álbum con sus once minutos, se refriega en aguas de una mántrica psicodelia de vocación kraut. Un tema luminoso y vivaz que se eleva con la fuerza imprimida por sus dos fantásticos guitarristas y esa endiablada base rítmica. Magnético e hipnótico el sonido del bajo nos aturde desde ese segundo plano que ocupa gracias al total protagonismo de las guitarras, que esta vez no retroceden ante el ímpetu del saxo. Todo un agujero negro de proporciones infinitas que nos envuelve impidiéndonos salir de su exuberancia instrumental.

“Ophidian Rising” ruge desde su inicio por la misma senda de los temas anteriores. Perturbador y turbulento, el tema sigue explorando los confines de la psicodelia de una forma poco vista hasta ahora. Un verdadero vendaval sonoro cae sobre nosotros sin remisión. Avant-garde en esta puro en la que la libre experimentación de ´cada músico acaba tejiendo una tela de araña sonora. Aparentemente sin sentido, y a pesar de que estamos ante una especie de jam, los daneses tienen claro su objetivo. Dejándose llevar por sus instintos mas primitivos, recuperan la cordura para ofrecernos una pisocelia de altos vuelos en los que el sonido jazzy del saxo ornamenta un tema de impostadas entrañas ortodoxas.

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Reseña: RYTE.- «Ryte»

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Pudiera parecer que se cumple aquel dicho de… «A rey muerto, rey puesto», ya que hace unas semanas los austriacos PASTOR publicaban su álbum de despedida, y ahora nos llega esta secuela con la nueva banda de sus guitarristas Arik y Shardik.  Nada mas lejos de la realidad, ya que éste álbum viene gestándose desde finales de 2.016. Con el objetivo de hace psicodelia pesada sofisticada, la banda no se pone ningún límite a su capacidad creativa utilizando distintos elementos progresivos, espaciales, doom, proto-metal, etc…, para dotar de frescura a los cuatro largos temas que contiene el álbum sin perder un ápice de la pesadez que les había caracterizado en su anterior banda. Toda una aventura con un resultado monumental y grandioso. Seguramente sea el mejor álbum heavy-psych que haya escuchado en los últimos tiempos, y teniendo en cuenta la cantidad de discos que pasan por el radar de DenpaFuzz, es mucho decir. Una dupla de guitarras difícilmente superable son el soporte de esta aventura de sonido expansivo, pesado y lisérgico. Con una aparente vocación de jam, los deliciosos pasajes ácidos se enriquecen con multitud de matices y giros que hacen que nada aquí resulte aburrido. Coloreando con místicos elementos orientales en ocasiones, con oscuros momentos herederos de Black Sabbath en otros, o con espirales diabólicas en pura línea Earthless, cada tema es un filón del que en cada escucha puedes sacar nuevos motivos para seguir cavando en él. Estamos ante un debut con un potencial y una calidad  increíble en el que la perfección estilística de cada composición les sitúa en un espacio superior a la mayoría de las producciones de la escena heavy-psych. En su mayor parte instrumental, la aparición ocasional de las voces, es un aliciente más para que el resultado alcance la perfección. Seguramente hablar de obra maestra, o de disco del año, teniendo en cuenta la cantidad de álbumes que se publican cada día,  pueda parecer algo presuntuoso, pero seguramente serán muchos los que coincidan conmigo cuando se sumerjan en esta maravilla en la que todo fluye de una forma natural y sincera. Una tela de araña llena de hilos psicotrópicos que te atrapan en su interior y de los que dificilmente vas a poder escapar. ¡Sublime!

A mediados de 2016, Arik (guitarra y voz) y Shardik (guitarra y efectos) decidieron comenzar un nuevo proyecto juntos y estaban buscando a alguien con quien tocar. Por casualidad se encontraron con el batería Hannes Ganeider (batería) en un show en Viena. Poco después se fundó RYTE. Lo único que aún faltaba era un bajista. La banda finalmente encontró la última parte que faltaba a fines de 2016 y luego completaron el cuarteto Lukas Götzenberger en el bajo. Pasaron al menos un año intenso de ensayos continuos y sesiones de composición para obtener un set en vivo y, por supuesto, un álbum juntos. A fines de 2017, organizaron su primer show (privado) en su lugar de ensayo en Viena, con un espectáculo de luz líquida alucinante realizado por «Ufonauten». Luego, en 2018 y 2019 tuvieron la suerte de tocar en festivales como Lake on Fire, Stick & Stone y compartir escenarios con increíbles bandas de ideas afines como Sacri Monti, Golden Void o Mothers of the Land, por nombrar algunas.

“Raging mammoth” desentierra a través de efectos y distorsiones ese mamut rabioso que emerge con brillantes momentos heavy-psych para mostrarse majestuosos. Un clímax de expectación que la banda sabe generan con naturalidad y eficacia. Las dos guitarras, sonando en distintos planos dan paso a momentos proto-metal. Fluyendo de una forma natural y pesada, va evolucionando a espacios stoner-psych en los que los afilados solos van creando una auténtica bacanal de sonidos en pura línea Earthless. Creando una tupida tela de araña en la que las vibraciones psicotrópicas campan a sus anchas. Con una cierta carencia Sabbath en sus riffs los austriacos se decantan por la psicodelia pesada en estado puro. Con momentos pseudo-espaciales la odisea ácida se aleja del sonido que sus guitarristas Arik y Shardik habían hecho con anterioridad en la banda PASTOR.  El tema tiene constantes giros sin perder nunca su conexión ni su vocación psicotrópica. Los momentos proto-metal esquizofrénico son un auténtico jardín esquizofrénico que acaba convirtiéndose en una jam diabólica. La banda parece dejarse llevar por sus instintos más precarios.

De nuevo, una introducción con efectos evolutivos desata las hostilidades de un fuzz hilarante en “Shaking pyramid”. El riff principal avanza lentamente, pero sin dar un paso atrás, a pesar de esos constantes giros en la trama que vuelven a repetirse aquí, sin que eso nos haga perder el rumbo, sino que hacen que estamos atentos y enganchados. Insondables espacios de psicodelia pesada se abren ante nosotros con esos desarrollos de guitarras solventes. Ondulantes y con el gancho suficiente, RYTE incorpora ritmos rituales a través de los tambores en línea Santana para recorrer la senda con habilidad, recorriendo esos espacios con acierto y gran habilidad para mantener al oyente atento haciendo que los complejos solos resulten atractivos y de fácil digestión.  Los oscuros momentos aparecen ante nosotros entre nebulosas psych. Entre la exuberante maraña lisérgica y los ecos Sabbath nos sorprenden con unas voces breves que surgen de las tinieblas a las que han llevado el tema. Una construcción que parece haberse dejado al azar de la improvisación con un brillante resultado. Nunca sabes que te puedes encontrar a la vuelta de la esquina, pero a pesar de ello, todo está ensamblado con esmero. La parte final recupera los insistentes y pesados riffs proto-metal.

En “Monolith” ecos y riffs más propios del heavy-rock con sus armonías repitiéndose nos ponen en ruta antes de que, en un nuevo giro, un cadente bajo nos traslade a espacios de exótica psicodelia aromatizada con las guitarras creando una nueva odisea sonora que toma prestados con sutileza algún momento jazz. Tonos orientales que se incorporan con destreza y naturalidad haciendo que la solidez de la composición no se resienta, sino que, por el contrario, se enriquezca. Guitarras que se clavan como cuchillos en la mantequilla, y manteniendo los dos planos diferentes logran complementarse dentro de la locura psicotrópica que reside entre vivaces ritmos.     La libre creación los lleva a la construcción de monumentales pasajes de psicodelia pesada en línea Earthless con momentos llenos de épica.  Tras la tempestad llega la calma para ofrecernos un respiro en esa orgía de solos, efectos y distorsiones. Magnetizantes y reconfortantes pasajes cierran un tema lleno de épica y exuberancia creativa.

Los ocho minutos finales de “Invaders” se alejan de esa psicodelia pesada que contenían sus temas precedentes para ofrecernos los momentos mas pesados del álbum.  Fornidos riffs de vocación doom ondulan esplendorosos antes de una embestida heavy-rock en toda regla. Como una goma que se estira y afloja la banda tensa su sonido antes de una inmersión en oscuras aguas proto-metal de donde las voces emergen con ciertos tonos ocultista, para transmitir inquietud entre sus tenebrosos pasajes. Avanzando a paso lento retoman las atmósferas psicodélicas con aromatizados pasajes. Bajo una estructura sencilla y aparentemente inconexa construyen un nuevo edificio sonoro con ventanas que miran a distintos estilos sin salirse nunca del guion prefijado. Un tortuoso transito que regresa a sus orígenes en su parte final con ese fuzz profundo e hiriente entre densos y humeantes ritmos.

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