Reseña: ELEPHANT TREE.- «Habits»

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Desde hace varias semanas que recibí la promoción del álbum estoy enganchado a este nuevo álbum de los británicos ELEPHANT TREE. «HABBITS» tiene la capacidad de sacar de mí el tópico de: «Firme candidato a álbum del año». Ya sé que es una frase que escuchamos con demasiada frecuencia, pero después de oír este trabajo, estoy seguro que muchos la repetirán. Un álbum en el que se nota que se han cuidado los todos detalles, y que contiene unos temas perfectamente trabajados, lo que hace que su escucha sea una experiencia emocionante y catártica. Con un enfoque en el que los teclados y sintetizadores así como un mayor protagonismo de la segunda guitarra, hace que sus temas adquieran una tintes monumentales. Esa combinación de elementos pesados en los que el doom soporta las flotantes melodías, sobre desarrollos instrumentales  entre la psicodelia, lo progresivo y el stoner es sencillamente perfecta. Si a eso una las magnéticas voces y coros, la tormenta perfecta está servida.  Canciones como «Sails», un tema llamado a convertirse en un himno contemporáneo, hacen que «HABBITS» te enamore sin que puedas desengancharte. Los temas se desvuelven entre densas y oscuras atmósferas, pero sin embargo, suenan completamente cristalinos, lo que supone un plus de calidad. Así consiguen el perfecto equilibro entre la dulzura de sus melodías y lo turbio y pesado de sus ritmos, unos ritmos con un groovy ágil y fluido. La banda parece tomar una especie de elementos pesados de Pink Floyd, Melvins, o Deftones para combinarlos habilmente y provocar un efecto estimulante para  proporcionarnos un viaje emocionante. Impulsado por sus voces cristalinas en vena shoegaze con ya hemos visto en bandas como King Buffalo, pero aún así, también hay pinceladas de psicodelia en línea  Colour Haze u oscuros brochazos Sabbath entre algunos ritmos de metal. El resultado es un álbum celestial y melancólico de estos orfebres progresivos y pesados en el que todo suena nítido y ágil a pesar de que usan una estructura similar en la mayoría de los temas. Si estas palabras no te convencen, no sigas leyendo, pero escúchalo por tí mismo, no te arrepentirás.

ELEPHANT TREE son Jack Townley (guitarra y voces),  Peter Holland (bajo y voces), John Slattery (sintetizadores y guitarra) Sam Hart (batería). «HABBITS» está disponible vía Holy Roar Records.

Una introducción («Intro») en la que el latido de maquinaria británica palpita ambientándonos para recibir a uno de esos temas que se convertirá en himno y será cantados por el público de todos los festivales en los que sea tocado por la banda. “Sails”, abre con la maquinaria a máxima revolución y el bajo moviendo las turbinas mientras la magnética voz nos arrulla con una delicada melodía que me recuerda a King Buffalo. Con un impecable sonido, resultante de una cuidada producción, todas las piezas parecen estar engrasadas para crear un corte mágico. Un tema que va modulando sus formas entre caleidoscópicos sonidos. Con precisas transmisiones la banda ensambla los arrebatos rítmicos, las pausas, y los pasajes sinfónicos. Todo fluyendo con naturalidad, sin forzar nada, consiguen crear un tema en el que pueden aparecen ecos Colour Haze, coqueteando con estructuras progresiva, voces en línea King Buffalo. Un sonido grueso y aparentemente difuso que se muestra sonando cristalino. El tema está lleno de coros angelicales y riffs borboteantes. Sencillamente impresionante, apuesto que será uno de los buques insignia de sus próximos shows, (cuando estos puedas celebrarse).

Con una apertura pesada y oscura, “Faceless” en tonos casi Sabbath, van creando un tema nebulosos con una melodía pegadiza gracias a la susurrante y cálida voz. Siempre bajo un manto psicodélico, los ecos de los noventa aparecen fusionándose entre atmósferas doom. Los pasajes heavy-psych no faltan a su cita con unas afiladas guitarras que tropiezan con obstáculos más propios del metal. Un pesado y aturdidor sonido que se amortigua con la placentera melodía en los momentos psicodélicos. Tambores retumbando y turbios ritmos que parecen ahogarse conjugan matices doom con sintetizadores creando un sonido que sobrevuela espectral entre cantos profundos mas propios de una banda progresiva. El corte es un terso y tupido tapiz sónico que acaba por envolvernos.

Poderosos riffs stoner cohabitan con los sintetizadores en “Exit the soul”. Una intoxicante y espesa neblina de la que emergen voces y coros celestiales. A pesar de la gran fuerza y pesadez del tema, consiguen encontrar el equilibrio con melodías a caballo entre el pop-shoegaze y espacios propios del rock progresivo. Lleno de épica, el bajo nos golpea con virulencia, golpes secos y contundentes con atronadores tambores, en contraste con la voz, la guitarra y los sintetizadores que sirven de bálsamo adormecedor que nos invita a un placentero sueño. Un sueño que nos traslada a un viaje sensorial por flotantes  espacios lisérgicos. Lo liviano como preludio a una nueva embestida pesada, mientras nos hacen levitar por el espacio infinito. A veces puede ser complicada de describir esta combinación de doom, heavy-psych y progresivo que recrean en cada tema, pero, sin duda la mejor descripción es una buena y placentera escucha.

Cambiando de alguna manera el registro, “The Fall corus” es un tema de dark-folk con una atmósfera oscura que evoca momentos shoegaze y el pop psicodélico de los 50’s. añadiendo un nuevo elemento como son los violines generan una envolvente atmósfera que nada tiene que ver con la pesadez vista en los cortes precedentes. Los versos y coros operan como contrapunto entre sí.  

Sin salir de las nebulosas, “Bird”, la cálida y oscura voz shoegaze brota en una explosión de sentimiento. Delicado, melódico, pesado, lisérgico, el tema muestra a la perfección las dos caras de la misma moneda que son en la actualidad ELEPHANT TREE. Suaves pasajes lisérgicos llenos de belleza se tornan misteriosos gracias a los efectos espaciales. Un escenario perfecto para que los sintetizadores construyan esa atmósfera psicotrópica. Con una estructura que acaba siendo recurrente, el tema conjuga la simbiosis entre lo poderoso y grave con esos ritmos pesados y densos, con las livianas y mágicas melodías vocales, siempre dentro de una atmósfera psico-progresiva. El corte culmina con una explosión de color, ritmo y sensaciones, que te acaba atrapando sin remisión.

“Wasted», con unas armonías llegadas de los noventa, nos llevan en volandas sobre esa firma y poderosa base pesada. Un turbio sonido que resulta esponjoso a su vez.   Los hipnóticos y ácidos pasajes acaban siendo un bálsamo entre la monumentalidad rítmica. Sus construcciones vocales son perfectamente diseñadas para servirnos de masje entre los zumbidos. Un corte faraónico que construyen un castillo sonoro que me evoca voces y pasajes del pasado, que, por otro lado, me resultan completamente innovadores. Una seña de identidad de los británicos.

El álbum cierra con “Broken nails”, un tema en el que angelicales voces entre tímidos y susurrantes acordes acústicos   en su comienzo, consigue hechizarnos. Una de las virtudes de ELEPHANT TREE, es la de ser capaces, tanto de la sencillez como desde la mas absoluta complejidad, tienen una efectividad a prueba de bombas. Ahora, sobre una atmósfera progresiva, el tema evoluciona cambiando su aspecto, para pasar de la calma a la tensión con gran habilidad. En cualquier caso, siguen manteniéndonos enganchados. Envolviendo con un manto mágico nos trasladan a una nueva dimensión sensorial que acaba disipándose en el infinito. Seguramente sea el corte más oscuro de un álbum que se desarrolla entre sombras.

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Reseña: SMOKEMASTER.- «Smokemaster»

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Procedentes de Colonia (Alemania), SMOKEMASTER nos presentan su debut vía Tonzonen Records. En su single previos ya nos habían dado pistas de su buen hacer sobre temas de rock atemporal  heredero de blues-rock y hard de los 70’s añadiendo color a los mismos con altas dosis de psicodelia, que objetivamente, es la gran fuente de inspiración de la banda. El álbum contiene seis hechizantes temas en los que encontramos una notable influencia de Colour Haze, con sus mágicos desarrollos lisérgicos, un órgano que aporta el tono vintage con pasajes retro rock en pura línea Siena Root, así numerosos genes del sonido The Doors entre riffs punzantes y chamánicos pasajes vocales. Si bien la mayor parte los temas son instrumentales, cuando la voz de Björnson Bear aparece, lo hace llena de garra y fuerza, como perfecto complemento a la guitarra ácida y envolvente de Jay LeBlonde. Con pasajes lentos y pausados en los que borboteantes acordes nos narcotizan favoreciendo el recogimiento interior, en un antagonismo con las explosiones de ritmos contagiosos que incluyen en cada tema. Una montaña rusa de emociones en temas bien trabajados y con un cuidado sonido a cargo del mago Eroc, artífice en buena parte de que el sonido de la banda brille como una estrella en el firmamento. Sus jam coloristas parecen construidas después de una ingesta de peyote lo que hace que nos regalen emocionantes momentos de heavy-blues lisérgico y embriagador. La capacidad para trasladarnos con sus temas más salvajes a garitos con olor a whisky y humo en los que el rock and rock mas aguerrido nos invita al baile contrasta con los gratificantes paseos instrumentales a los que nos llevan por auténticos y seductores jardines del Edén. Todo esta conjunción de elementos,  hace que este debut sea muy un plato muy apetecible de degustar. Si a eso unimos, esos momentos evocadores de los tiempos en los que los pantalones de campana y camisas floridas inundaban el mundo de color, podemos hablar sin complejos de un álbum redondo y exquisito. 

SMOKEMASTER son Björnson Bear (voz y guitarra) Jay LeBlonde (guitarra) TobMaster (bajo), Tobi Tack (órgano y sintetizadores) y Lukas Bönschen (batería)

Susurrantes y delicados acordes son el punto de partida de “Solar flares”. Un apacible sonido heredero de Colour Haze nos va describiendo mágicos y reconfortantes espacios en un paseo por la psicodelia más aromatizada. Sus fragancias suaves nos embarcan en un ensoñador viaje en el que las fragancias florales impregnan una melodía llena de mística y un cierto bucolismo que se quiebra en una abrupta explosión de pesados riffs a la mitad del tema. Como si estuviéramos ante otro tema, la guitarra esparce sustancias psicotrópicas bajo un ritmo más intenso y un efecto de teclado en un segundo plano. En una constante evolución los tonos vintage se conjugan con dulces coros hasta alcanzar un cenit. Un corte de psicodelia pesada en el que la banda muestra sus credenciales.   

El hard y el blues de los setenta aparece en “Trippen’ blues”. Arrolladores ritmos pesados construyen un tema lleno de fuerza y rabia. En una línea heredera de bandas como Cactus o Leafhound, su carácter retro setentero rezuma el rock and roll de comienzos de los setenta. El tema es un perfecto escaparte para comprobar los cálidos registros de la voz de Björn Bear. Constantes cambios de ritmo y guitarras asesinas nos invitan al baile en este tema de garito con olor a whisky. Incorporando algún elemento más moderno el tema se balancea entre el profundo sonido del hammond y arrolladores riffs más propios del Stoner contemporáneo. Toda una oda al heavy-blues más potente y brutal.  

Instalados en el blues, la armónica guía a un torbellino de frenéticos ritmos en “Ear of the universe”. Con un repetitivo ritmo bajo, batería y hammond se unen en una fiesta retro-rock por todo lo alto. Pantalones de campana y camisas de colores con las melenas al viento en tonos que me recuerdan a Siena Root. El sonido de la armónica se contonea entre esa montaña rusa de ritmos y armonías que invitan al baile. Los tambores oscilantes nos deparan tres minutos intensos antes de reposar en una calma más psicodélica. Aquí. Un pulsante bajo y una guitarra punzante toman las riendas entre envolventes acordes de hammond.  Los pasajes retro del comienzo corte se convierten en un florido campo donde la psicodelia y el blues se unen internándose en un bosque en el que los hongos mágicos intoxican el ambiente. Con pasajes más atmosféricos y penetrantes. Arrastrando el tema a espacios casi psico-progresivos, el litúrgico sonido del órgano genera un atractivo entorno hard-prog del que emergen potentes tambores antes de que un silencio celestial adorne la ceremonia entre efectos borboteantes.

 “Sunrise in the canyon” nos trasladan al medio oeste, a través de delicados acordes acústicos en tonos rurales. Una perfecta sonora para un western con un bucólico sonido que evoca los solitarios cactus del desierto con las colinas en el horizonte. Sin registros vocales, el entorno desértico se muestra como un lugar de recogimiento y meditación. Prescindiendo de solos salvajes, el tema demuestra que estos chicos construir temas llenos de belleza.

El lado más stoner de los alemanes hace acto de presencia en “Astronaut of love”. Una poderos línea de bajo fuzz y arenoso y un teclado chirriante ponen los mimbres para mostrarnos el lado desert-rock de SMOKEMASTER. Con registros vocales llenos garra en vena hard-rock colorean los arenosos riffs con ecos más propios de los 70’s. La chamánica voz inspirada en el Jim Morrison más hechizante y trascendental, construyen un corte humeante. Una atractiva combinación  en la que los efluvios del peyote nublan nuestros sentido en un ritual exorcizante con pegadizos estribillos. ¿The Doors haciendo Stoner? Seguramente este sería su sonido si la banda de California siguiera en estos momentos con Morrison al frente, pero.. eso nunca lo sabremos desgraciadamente. El conjunto se complementa con un órgano que también quiere parecerse al que interpretaba Ray Manzarek, mientras el bajo pareciera estar en manos del propio Al Cisneros. Una atrevida y resultona combinación que deja claro que los complejos no forman parte de la mochila de estos chicos. Uno de esos temas impactantes.

Las mágicas melodías en vena Colour Haze regresan en “Astral traveller”. Un cambio de registro que nos invita a un paseo por mágicos entornos sonoros bajo medios tiempos en una introducción que explosiona en riffs hard-retro en vena Siena Root. Cálido y envolvente sonido de órgano hammond y briosos tambores galopan como un corcel por la pradera. Los parones y cambios de ritmo que habían visto en temas anteriores se repiten aquí para hacer un descanso. Refrescándonos en calmadas aguas lisérgicas, los floridos y aromáticos solo que se impregnan para la ocasión con exóticos aromas llegados de oriente que me evocan algún momento Santana. Una mística colorista que llena el cielo de un arco iris multicolor.   Magnetismo y fuerzas unidos en un paseo por un jardín del Edén bajo una atmósfera psicodélica que acaba convirtiéndose en toda una jam lisérgica.

Smokemaster

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Reseña: FROZEN PLANET… 1969.- «Cold Hand Of A Gambling Man»

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Prolíficos y embarcados en varios proyectos, el trío compuesto por Paul Attard (guitarra), Lachlan Paine (bajo) y Frank Attard (batería) nos invitan a un nuevo viaje a través de las increíbles vibraciones a las que nos tiene acostumbrados. En «COLD HAND OF A GAMBLING MAN», su octavo álbum, los australianos se muestran más pesados quizás de lo habitual. Para los amantes de las jams psicodelicas,  FROZEN PLANET… 1969 son toda una garantía de calidad, y aquí vuelven a dejarlo patente. Una nueva aventura que nos aporta una oportunidad para la expansión de nuestra capacidad sensorial a través de sus psicotrópicos temas. Una exuberancia sonora para deleitarse desde la calma, y si es con algún estimulante, mucho mejor. De esta manera podrás empaparte de toda la lisergia que sus surcos contienen. Siempre custodiados por la implacable base rítmica de Frank, así como como del hipnótico y pulsante bajo de Lachlan, la guitarra de Paul tiene vía libre para dejan patente todo un derroche de solos increíbles y alocados en los que dejar patente toda su técnica.  Con momentos herederos del rock más ácido de los 70, y con la sombra de Hendrix apareciendo en algún momento, el trío nos invita a un viaje por los confines de un universo sensorial lleno de matices y riqueza interpretativa. Reverberaciones, pausas, y auténticas bacanales rítmicas entre pedales y efectos, hacen de este álbum, un ejemplo a seguir para aquellos que tratan de hacer este tipo de música. Sin un concepto preconcebido, no dudan en incorporar elementos del rock espacial, psicodelia e incluso del jazz en este derroche de sensaciones. 

«COLD HAND OF A GAMBLING MAN» fue grabado, mezclado y producido por Frank Attard, masterizado por Noel Summerville correspondiendo el concepto de la portada y personajes son traídos a la vida por John Debono-Cullen, recuperándolos de su  álbum «THE HEAVY MEDICINAL GRAND EXPOSITION» con el que este trabajo está enlazado. El álbum está disponible a través de Pepper Shaker Records en descarga digital y CD, y en vinilo lo estará el próximo 15 de mayo vía Head Spin Records

“A sombre gathering” es una introducción con efectos atmosféricos que nos sirve de prólogo a la primera jam, “900 miles head rush”. Diez minutos de ritmo frenético en todo un viaje psicotrópico. Con un bajo cadente y pesado en interminables solos afilados que mutan entre atmósferas espaciales y momentos más propios de Hendrix. Enlazando la improvisación con la compenetrada dualidad bajo/batería haciendo que la jam tome forma de canción. El dinamismo de la primera parte se transforma en una levitación lisérgica en espacios flotantes y volátiles. Un giro que hace que el tema tome otro matiz pareciendo un corte distinto. Mas calmado y susurrante, la batería con su ritmo infatigable, ahora más rumoroso y el apacible bajo soportan una guitarra que describe misteriosas atmósferas. Por momentos inquietante, pero a su vez gratificante, los juegos de Frank Attard a las seis cuerdas reflejan toda la gran técnica que atesora.

Con “In the shadow off orces unknow” nos ofrecen un interludio para tomarnos un respiro entre pedales y distorsiones.

Embutidos en su traje espacial, en “Of medicine and moonshine: A mystic’s interpretation” Lachian Paine toma el control con su bajo mientras los lentos borboteos de la guitarra nos embarcan en espacios más siderales. Una atmósfera ingravitatoria sobre la cual parecen surcar el firmamento en busca de nuevas formas sensoriales. Completamente hechizante y cautivador se muestran hipnóticos, kosmiche casi kraut en tres minutos en los que el tema nos hace flotar en un calidoscópico entorno psicotrópico.  En la parte final del tema los ritmos se intensifican con un derroche de wah-wah y efectos múltiples que parecen esparcir su hechizo en esta ocasión soportados por unos tambores más versátiles.

De nuevo nos ofrecen un interludio en el que el protagonismo lo tiene un solo de batería. “Botanical barrelhouse”. Ciertamente me cuesta entender estos interludios en los álbumes, pero son muchas las bandas que los utilizan, así que….

Así llegamos al tema que ocupa la mitad del trabajo con sus   21 minutos. “Trascending verbal concepts”. El tema nos ofrece los momentos más ardientes de una bacanal sónica en la que cada miembro se toma su propio espacio para deleitarse con su instrumento. Aquí el concepto de jam adquiere una nueva dimensión. Hipnotismo absoluto de l cadente bajo de Lachian, un descenso de la intensidad hasta espacio en los que el silencio se apodera del tema mientras los platillos chistean con sutileza entre efectos envolventes. Pasando por una fase más rítmica y menos trascendental una aceleración nos devuelve a la guitarra, en esta ocasión con una doble personalidad, desdoblándose una y otra vez en interminables solos y con pasajes más ácidos. Tras unos minutos de intensidad retoman el catártico estado psicodélico de una forma mas anárquica. EN la parte final recuperan lo insondables espacios flotantes con punzantes acordes, en los que se intuyen una influencia algo jazzística.

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Reseña: SATORINAUT.- «Slow Psychedelic Speedrock»

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SATORINAT es el proyecto paralelo del guitarra de la banda húngara LEMURIAN FOLK SONGS Ambrus Bence y del bajista, Kránitz Róbert, a los que se une Megyeri Krisztián a la batería, para desarrollar toda su creatividad psicodélica sin ataduras en un formato de jam band. Así nace, SATORINAUT, con la  intención de asociar los mantras del universo con su música cósmica. Siempre que escribo sobre un álbum de improvisaciones me surge la gran duda: ¿Cómo se puede reflejar un trabajo así en una reseña? Todavía no he encontrado la respuesta, pero aún así, aquí estoy intentándolo. A diferencia de los otros proyectos como los citados LEMURIAN FOLK SONGSLIQUIDACID con su sonido psicodélico o la pesada KORGOTH con su sludge-metal, en SATORINAUT no hay un concepto de canción. Las largas improvisaciones surgen de manera espontánea, de una forma completamente etérea.  Grabado en un local de ensayo junto a un bosque, el aroma de la frondosidad se refleja en unos temas impregnados de la psilocibina que rezuma de los hongos de la vecina espesura. Pasajes intensos que se convierten en verdaderas espirales psicotropicas, unas veces soportadas por una de blues o de jazz, en otras ocasiones mucho más pesadas. El trío libera endorfinas en cada tema, con un uso de pedales que hace que el sonido adopte mil formas para hechizarnos con suavidad o para hipnotizarnos con contundencia. Una forma de transmitir el silencio psicodélico, pero muy fuerte, a través de grandes amplificadores, pedales y tambores. Si quieres viajar, aquí tienes un billete hasta espacios infinitos….

Los tonos entre el jazz y el blues abren el álbum en «Grand hotel sonic swing». Buenos pasajes de guitarra en la primera jam. El blues fluyendo bajo un cadente ritmo de tambores para elevar su intensidad hacia espacios psicodélicos. Un corte orgánico con florales solos que demuestran la maestría de  Ambrus Bence con las seis cuerdas y los pedales. Pasando por distintos estados de ánimo el tema se va moldeando a lo largo de sus catorce minutos. Sin perder esos genes bluseros,  el trío se embarca en una espiral lisérgica que acaba por atraparnos. 

«Valley Path to the Source» mucho más psicotrópico si cabe que el tema anterior, parece recuperar el espíritu de Hendrix bajo un trepidante ritmo. Dejándose llevar por sus instintos, el corte parece caer en un caos controlado, o no. Sólo eso lo pueden saber los propios músicos, pero lo que si es cierto es que claramente aquí se están dejando llevar por instintos para crear un corte intenso y diabólico. una locura ácida que parece calmarse en su primera mitad, pero acaba sucumbiendo al poder de los psicotrópicos. 

«OHM» parece ser un tema algo más premeditado. Son primeros acordes, aparecen más extraños. De la repetición hipnótica de riffs y de efectos inicia una exploración pseudo-espacial a ritmo lento. Repitiendo su armonía, tras un aparente respiro, crean una misteriosa atmósfera que parece anunciar una inminente deflagración. En esta ocasión la bacanal psicodélica se viste de adornos siderales para crear una sensación de vértigo y caída al vacío.  Un espejismo que acaba por situarnos gravitando a la deriva en insondables atmósferas entre pasajes heavy-psych de manual. Quince minutos que ofrecen distintas visiones de un mismo proyecto con la guitarra siempre como protagonista, pero en el que la base rítmica es sencillamente arrolladora. 

Regodeándose en los mismos acordes, «Hyperyaya» abre con oscuros y susurrantes pasajes con la batería a lento ritmo de jazz, mientras el bajo con golpea con una cdencia hipnótica. Un aturdidor corte que se sumerge en una espiral psicotrópica de la que tanto gustan estos tres chicos húngaros.  Tras largos momentos de calma psicotrópica, acaban imprimiendo máxima velocidad a unos repetitivos pasajes que acaban enmarañándose intoxicantes sonidos. 

Con una introducción con una batería contenida, «Sliding Parallel Spaces» deja espacio al lucimiento de Kránitz Róbert con su bajo.  aparece un nuevo elemento no visto hasta ahora con el sonido slide de la guitarra evocando vastas praderas con el sol en el horizonte. Recreándose en esos entornos, acaba enredándose en turbios pasajes para retomar la impostada calma en una nueva catarsis psicotrópica. un corte que resulta menos emocionante por su constante repetición. 

«Dharma expres», el tema más corto del álbum con sus cinco minutos, se muestra más pesado y vibrante. Fuerza rítmica entre hirientes solos entre los vertiginosos ritmos. El tema, sin perder su vocación de jam, parece mostrarse como el corte mas estructurado del álbum. 

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Reseña: FAMILIARS.- «All In Good Time»

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He de reconocer, que a pesar de haber ido editando varios singles desde 2.014, el trío canadiense FAMILIARS era una banda desconocida para mí hasta el descubrimiento de este álbum debut. «ALL IN A GOOD TIME» exprime una fórmula atractiva en cada uno de sus temas. Los densos y turbios sonidos del desierto con cálidas y susurrantes voces shoegaze en temas que habitan en oscuras atmósferas psicodélicas. Con dos características fundamentales,  el sonido grave, pesado y perturbador, y unas voces completamente hechizantes y susurrantes. Una combinación de la que la banda obtiene un resultando sobresaliente. Bajo unos registros densos, espesos y sobre todo atmosféricos, sus ritmos golpean con fuerza en un equilibrio que se conjuga con esa voz más propia de la bandas shoegaze y que genera un nuevo estilo definido por la propia banda como: «stonergaze». Seguramente ya son demasiadas las etiquetas, pero ciertamente es un término que define a la perfección su apuesta sonora. Con mucha influencia de All them Witches, el trío explota los arenosos vientos del desierto, para golpear con contundentes riffs pesados. Un bajo que cruje y que rezuma fuzz en cada nota, crea un clima denso, espeso y narcótizo. Toda una tormenta creada por sonidos graves y pesados ​​en la que  fuertes tambores giran y se desvanecen con bellas melodías en espacios psicodélicos. 

Jared MacIntyre (bajo y voz), Kevin Vansteenkiste (guitarra, banjo, teclado wurlitzer y voz) y Anton Babych (batería) consiguen crear uno de los debuts más asombrosos del año. 

“Homestead” aflora con lentos acordes y una ambientación atmosférica. Un génesis  que brota lentamente repitiendo sus acordes bajo cadente y sosegados ritmos en la lejanía. Poco a poco el tema se va armando entre riffs que nos golpean. Una susurrante y cálida voz nos arrulla, acariciándonos entre riffs que se tornan mucho mas pesados. Una cruenta y desgarrada voz parece gruñirnos. La banda crea un contraste de fuerza y dulzura con lesa dualidad vocal. Una dualidad que arrastra los pesados riffs entre nebulosas intoxicantes.  La psicodelia pesada se combina con rudos momentos Stoner. Los acordes del wurlitzer en un segundo plano mantiene el manto envolvente con firmeza creando un clima turbio y difuso.

Con crujientes y gruesos riffs Stoner, “Rocky roots», nos asalta sin contemplaciones. Chirriantes platillos acompañan un corte que difiera de lo visto en el tema anterior. Todo un espejismo que se resuelve en unos instantes. Con un descenso brutal de la instrumentación la bruma pantanosa envuelve esa chamánica a cálida voz mientras la guitarra se presente en todo su esplendor por escenarios más propios del shoegaze.  Las cuidadas melodías se desarrollan entre difusos ritmos, una constante que vamos a encontrar en todos los temas. Ellos se definen como loud rock, y lo cierto es que esa definición se ajusta a su sonido a la perfección.

Entre fuzz turbio, las melodías vocales se intensifican, mientras el tema deambula entre espacios Stoner y psicodelia pesada. Magnético y repetitivo, pasa por distintas fases.

Una apertura impactante nos introduce en “The common loon”. Eso sonido grave y turbio se ilumina gracias a bellos desarrollos de guitarra entre crujientes ritmos. Denso y pesado el corte avanza por una senda casi doom con estribillos apagados en un segundo plano. Riffs golpeándonos con fuerza en tonos más heavy con una combinación de voz de lo más estimulante. Una batalla en la que la cruda voz se enzarzan en una batalla que finalmente se resuelve por la senda heavy-psych con buenos solos sobre esos ritmos más pesados.

Enigmático, brumoso y oscuro, “Barn burning” lentamente intenta salir de su oscura caverna en esa misteriosa atmósfera. EL bajo cruje creando un clima hipnótico que trata de socavar nuestras neuronas. Impactante y espesa, es acompañado de usa chamánica voz que surge de la niebla. En un clima narcótico y adormecedor, los susurros   vocales parecen murmurarnos al oído a modo de somnífero. Con sus riffs pegadizos el corte adopta elementos desérticos en una combinación más propia de All Them Witches. Siempre con el fornido bajo acechándonos en contraposición con la cálida y húmeda voz.

En registros más propios del Stoner-doom y el heavy-rock, “The incident” cruje poderoso con sus efectivos y turbios ritmos, oscilando el ecualizador hacia los graves. Voces más propias del shoegaze alternativo y trabajadas melodías moldean el tema dotándolo de bellos y contagiosos estribillos que tratan de aflorar entre la espesura sonoro. Siempre el bajo llevando el timón de un tema que fluye con agilidad y sin renunciar a la pesadez intrínseca de la banda parece susurrarnos con delicadeza.  

“Dirty dog salon” entre ecos All them Witches y melodías grunge Avanza como una apisonadora. Poderosos ritmos cegadores y acarameladas melodías se combinan en ondulantes pasajes. La propia definición que la banda hace de su sonido como “Stonergaze” adquiere aquí una nueva dimensión. Una cegadora y espesa bruma de la que surgen cantos de sirena entre andanadas de fuzz humeante.

Con una melódica introducción, “Avro arrow” se desarrolla en acolchados prados con el wurlitzer en segundo plano. Atmósferas lisérgicas de gran belleza que parecen contener la fuerza de la banda. Todo un espejismo que se desvela tras susurrantes y acaramelados pasajes con poderosos e arenosos riffs que crean una tormenta sonora en la que la voz trata de hacerse su hueco. Una atmósfera grave acompañada por el órgano y en la que la guitarra se retuerce a golpe de tambor y bajo. Un tema que va claramente de menos a mas intensidad.

Con acordes acústicos con aroma a medio oeste nace “Bonanza” Fuzz aturdidor y ritmos graves a caballo entre The Black Angels y cualquier banda desert-rock. Oscuros y atmosféricos se contonean con suavidad, susurrante, cálidos y lisérgicos.  Una lograda combinación de elementos de psicodelia y de pesados sonidos desérticos. -siempre bajo un espeso sonido crean una cortina de la que las dulces melodías vocales acaban surgiendo.   Aquí radica el éxito de los canadienses.

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