Reseña.- VESTJYSK ØRKEN.- «Full Dark No Stars»

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«FULL DARK NO STARS» es el segundo álbum del trío danes VESTJYSK ØRKEN. Si en su debut «COSMIC DESERT FUZZ», publicado hace un par de años, ya nos mostraron sus credenciales, aquí encontramos a la banda más compacta, más pesada y mucho más  espacial y psicodélica si cabe. Tomando como referente las películas de ciencia ficción de los años 60’s y 70’s nos embarcan en un auténtico viaje cósmico en el que las guitarras del desierto  polvoriento navegan por espacios siderales en una nave que como combustible, utiliza fuzz de alto voltaje. Con un poderoso y grueso sonido de bajo, acompañado de unos tambores funky, rompen la tierra en una catarsis hipnótica explorando las fronteras de la psicodelia pesada. Toda una ópera espacial de rock desértico de proporciones realmente épicas con drones y sintetizadores.  Cuarenta y cinco minutos en cuatro largos temas que consiguen atraparte como si de un agujero negro se tratara. Un álbum que hará las delicias de los mas fieles seguidores de la psicodelia pesada más psicotrópica, pero que también gustará a los fans del desert-rock así como a los amantes del rock espacial. Siempre bajo una narrativa cinematográfica, consiguen crear la banda sonora para una ceremonia de sonidos pesados y pasajes narcóticos siempre con muchas dosis de fuzz intoxicante y nebuloso como bandera. Una conjunción cósmica entre los sonidos del desierto y las atmósferas siderales de la que fluyen las chamánicas voces rituales. La banda participará en la próxima edición del festival Esbjerg Fuzztival del cual su guitarra Bo, es el promotor. Inicialmente previsto para desarrollarse la próxima semana, ha sido pospuesto para el primer fin de semana de agosto, fecha en la que esperemos que la situación actual haya cambiado. 

El álbum estará disponible el próximo 8 de mayo a través de Interstellar Smoke Records en una edición limitada de vinilo negro de 250 copias.

VESTJYSK ØRKEN son: Bo Sejer (voz y guiatarra), Thomas Bonde Sørensen (batería)
y Søren Middelkoop Nielsen (bajo), con la colaboración de Lasse Loklindt Christensen en el tema “A boy and his dog”.
Con una enigmática introducción evolutiva en una atmósfera psico-espacial “Forbidden planet”, tras una breve locución se adentra en un espacio en el que el fuzz toma el mando de la nave danesa. El crujiente bajo avanza irreductible en una hipnótica catarsis creando un torrente turbio a su alrededor. Los crujientes sonidos se complementan con la sutileza de los acordes de la guitarra en un segundo plano. Un ambiente brumoso del que emanan extrañas locuciones siderales mientras el tema adquiere intensidad sobre esos letárgicos acordes del bajo. Inmersos en un espacio en el que los alucinógenos nos intoxican con una tormenta lisérgica que trata de atrapar nuestros sentidos. El tema se toma un respiro en su densidad sónica para descender a mágicos espacios de los que surge una chamánica voz ritual. Bajo tonos ceremoniales los conjuros acaban haciendo que el tema explote para recuperar toda su pesadez sin perder un ápice su magnetismo. Aquí la guitarra de Bo Sejer, colorea con su guitarra un tema que muta en sus formas, sobre el turbio ambiente doom generado por el implacable bajo. Heavy-psych en estado puro durante 15 intensos minutos de gruesos sonidos y efectos lisérgicos. Como si de un manantial de psicotrópicos se tratara, el tema borbotea desprendiendo intoxicantes vapores en una combinación de plomizos momentos doom y hechizantes voces reverenciales. El poder de oculto parece brotar en un oscuro ritual de un tema intenso y penetrante que nos atrapa como las arenas movedizas.

Tras el impactante viaje del tema anterior, “Kurt Russel” con ritmos mucho más dinámicos y repetitivos nos golpea entre extrañas locuciones. Como si el tema se hubiera atestado, tarda dos minutos en arrancar para guiarnos hacia atmósferas siderales entre el punzante y repetitivo ritmo. Los efectos nos sacan del hipnótico trance para invadir el entorno con una bruma narcótica. Un estado que el trío danés sabe manejar a la perfección. Una vez pasado el ecuador del corte, el frenético ritmo parece haberse agotado, disipándose entre efectos siderales. En realidad, se trata de un espejismo, ya que revive del letargo para tomar una senda más psicotrópica si cabe. Con efectos espaciales sobrevolando entre locuciones convierten el corte en una perfecta banda sonora para un film futurista de mediados de los setenta.

Con un comienzo algo inquietante, “A boy and his dog” toma ritmos kraut para dirigirse por una senda cósmica. Incesantes locuciones en lo parece la antesala de un nuevo despegue de la nave danesa. Aturdidores pasajes de los que emerge una guitarra que repite una y otra vez sus acordes. Una conjunción cósmica entre los sonidos del desierto y las atmósferas siderales de la que fluyen las chamánicas voces. Retomando el ritual, como si estuvieran invocando a alguna misteriosa divinidad el cortejo continúa. Traspasando la frontera de una nueva dimensión la ceremonia continúa en nuevo escenario en el que los pasajes heavy-psych se desarrollan entre humeantes ye intoxicantes atmósferas. Una bruma que se ve asediada por los vientos generados por los múltiples efectos. Si bien el tema pasa por distintas oscilaciones mantiene siempre su pesadez arrastrando una voluminosa estela de fuzz.

“Journey”, un nombre quizás demasiado obvio para lo que nos espera.  Un auténtico paseo cósmico por desolados desiertos siderales en un mantra sonoro que nos cautiva como un agujero negro. La nave espacial tiene sus deposito cargado de fuzz para desarrollar ese trance catártico por insondables espacios siderales. Sonidos gruesos llenos de un gran magnetismo con un ritmo hipnótico que nos golpea una y otra vez. Un cierto tono doorsiano en la chamánica voz crea una conjunción en la que el desert-rock coquetea con el rock espacial. El vacío intergaláctico se describe bajo misteriosos pasajes psicodélicos de una gran belleza. Envueltos en una narrativa lisérgica y cósmica el corte gravita baja la calma infinita del espacio sideral. Nuevas locuciones nos advierten de una nueva embestida casi doom, para dejarse llevar entre los incesantes platillos por una exploración psicotrópica   descomunal hasta desvanecerse en el infinito. Después de su escusa, solo puedo decir, ¡wow!    

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Reseña: FAMILIARS.- «All In Good Time»

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He de reconocer, que a pesar de haber ido editando varios singles desde 2.014, el trío canadiense FAMILIARS era una banda desconocida para mí hasta el descubrimiento de este álbum debut. «ALL IN A GOOD TIME» exprime una fórmula atractiva en cada uno de sus temas. Los densos y turbios sonidos del desierto con cálidas y susurrantes voces shoegaze en temas que habitan en oscuras atmósferas psicodélicas. Con dos características fundamentales,  el sonido grave, pesado y perturbador, y unas voces completamente hechizantes y susurrantes. Una combinación de la que la banda obtiene un resultando sobresaliente. Bajo unos registros densos, espesos y sobre todo atmosféricos, sus ritmos golpean con fuerza en un equilibrio que se conjuga con esa voz más propia de la bandas shoegaze y que genera un nuevo estilo definido por la propia banda como: «stonergaze». Seguramente ya son demasiadas las etiquetas, pero ciertamente es un término que define a la perfección su apuesta sonora. Con mucha influencia de All them Witches, el trío explota los arenosos vientos del desierto, para golpear con contundentes riffs pesados. Un bajo que cruje y que rezuma fuzz en cada nota, crea un clima denso, espeso y narcótizo. Toda una tormenta creada por sonidos graves y pesados ​​en la que  fuertes tambores giran y se desvanecen con bellas melodías en espacios psicodélicos. 

Jared MacIntyre (bajo y voz), Kevin Vansteenkiste (guitarra, banjo, teclado wurlitzer y voz) y Anton Babych (batería) consiguen crear uno de los debuts más asombrosos del año. 

“Homestead” aflora con lentos acordes y una ambientación atmosférica. Un génesis  que brota lentamente repitiendo sus acordes bajo cadente y sosegados ritmos en la lejanía. Poco a poco el tema se va armando entre riffs que nos golpean. Una susurrante y cálida voz nos arrulla, acariciándonos entre riffs que se tornan mucho mas pesados. Una cruenta y desgarrada voz parece gruñirnos. La banda crea un contraste de fuerza y dulzura con lesa dualidad vocal. Una dualidad que arrastra los pesados riffs entre nebulosas intoxicantes.  La psicodelia pesada se combina con rudos momentos Stoner. Los acordes del wurlitzer en un segundo plano mantiene el manto envolvente con firmeza creando un clima turbio y difuso.

Con crujientes y gruesos riffs Stoner, “Rocky roots», nos asalta sin contemplaciones. Chirriantes platillos acompañan un corte que difiera de lo visto en el tema anterior. Todo un espejismo que se resuelve en unos instantes. Con un descenso brutal de la instrumentación la bruma pantanosa envuelve esa chamánica a cálida voz mientras la guitarra se presente en todo su esplendor por escenarios más propios del shoegaze.  Las cuidadas melodías se desarrollan entre difusos ritmos, una constante que vamos a encontrar en todos los temas. Ellos se definen como loud rock, y lo cierto es que esa definición se ajusta a su sonido a la perfección.

Entre fuzz turbio, las melodías vocales se intensifican, mientras el tema deambula entre espacios Stoner y psicodelia pesada. Magnético y repetitivo, pasa por distintas fases.

Una apertura impactante nos introduce en “The common loon”. Eso sonido grave y turbio se ilumina gracias a bellos desarrollos de guitarra entre crujientes ritmos. Denso y pesado el corte avanza por una senda casi doom con estribillos apagados en un segundo plano. Riffs golpeándonos con fuerza en tonos más heavy con una combinación de voz de lo más estimulante. Una batalla en la que la cruda voz se enzarzan en una batalla que finalmente se resuelve por la senda heavy-psych con buenos solos sobre esos ritmos más pesados.

Enigmático, brumoso y oscuro, “Barn burning” lentamente intenta salir de su oscura caverna en esa misteriosa atmósfera. EL bajo cruje creando un clima hipnótico que trata de socavar nuestras neuronas. Impactante y espesa, es acompañado de usa chamánica voz que surge de la niebla. En un clima narcótico y adormecedor, los susurros   vocales parecen murmurarnos al oído a modo de somnífero. Con sus riffs pegadizos el corte adopta elementos desérticos en una combinación más propia de All Them Witches. Siempre con el fornido bajo acechándonos en contraposición con la cálida y húmeda voz.

En registros más propios del Stoner-doom y el heavy-rock, “The incident” cruje poderoso con sus efectivos y turbios ritmos, oscilando el ecualizador hacia los graves. Voces más propias del shoegaze alternativo y trabajadas melodías moldean el tema dotándolo de bellos y contagiosos estribillos que tratan de aflorar entre la espesura sonoro. Siempre el bajo llevando el timón de un tema que fluye con agilidad y sin renunciar a la pesadez intrínseca de la banda parece susurrarnos con delicadeza.  

“Dirty dog salon” entre ecos All them Witches y melodías grunge Avanza como una apisonadora. Poderosos ritmos cegadores y acarameladas melodías se combinan en ondulantes pasajes. La propia definición que la banda hace de su sonido como “Stonergaze” adquiere aquí una nueva dimensión. Una cegadora y espesa bruma de la que surgen cantos de sirena entre andanadas de fuzz humeante.

Con una melódica introducción, “Avro arrow” se desarrolla en acolchados prados con el wurlitzer en segundo plano. Atmósferas lisérgicas de gran belleza que parecen contener la fuerza de la banda. Todo un espejismo que se desvela tras susurrantes y acaramelados pasajes con poderosos e arenosos riffs que crean una tormenta sonora en la que la voz trata de hacerse su hueco. Una atmósfera grave acompañada por el órgano y en la que la guitarra se retuerce a golpe de tambor y bajo. Un tema que va claramente de menos a mas intensidad.

Con acordes acústicos con aroma a medio oeste nace “Bonanza” Fuzz aturdidor y ritmos graves a caballo entre The Black Angels y cualquier banda desert-rock. Oscuros y atmosféricos se contonean con suavidad, susurrante, cálidos y lisérgicos.  Una lograda combinación de elementos de psicodelia y de pesados sonidos desérticos. -siempre bajo un espeso sonido crean una cortina de la que las dulces melodías vocales acaban surgiendo.   Aquí radica el éxito de los canadienses.

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Reseña: STONUS.- «Aphasia»

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Originarios de Chipre y residentes en el Reino Unido desde hace un par de años, STONUS tras dos EP’S publica «APHASIA». Tomando prestados elementos de Nebula, Black Sabbath y siempre bajo ritmos stoner rebosantes de fuzz, consiguen que cada tema del álbum merezca la pena por sí mismo. Psicodelia, heavy-rock y arenosos sonidos para tratar de reflejar el trastorno mental de una forma espiritual. Esa lucha interior de cada ser  queda reflejada en un álbum que puede ser de todo, menos monótono. Combinando vertiginosos momentos al más puro estilo desert-rock, no dudan en descender a espacios más plácidos en los que la psicodelia intoxicante les hace sentirse más cómodos. En una primera escucha, podrás identificar el stoner tradicional, pero si escarbas en sus surcos, encontrarás un verdadero tesoro heavy-psych. Fuzz, mucho fuzz, para conseguir un estado de trance en el que la chamánica voz nos atrapa sin remisión. Una magia que nos confirma lo importante que es tener un buen cantante en una banda, y aquí tenemos la prueba de ello. Con algunos momentos floydianos, los temas cobran una nueva dimensión cuando se dejan llevar por los efluvios lisérgicos de sus pasajes instrumentales. Siempre cálidos y hechizantes, también se manejan bien cuando recuperan el proto-metal de los setenta. Un notable trabajo que bien merece una profunda escucha.  

«APAHASIA» fue grabado en vivo en Wreck it Sounds Studios en Corinto, (Grecia) bajo la supervisión de George Leodis y John Modes, y está disponible en vinilo vía Electric Valley Records y en CD a través de Daredevil Records. 

STONUS lo componen: Kyriacos Frangoulis (voz) Pavlos Demetriou (guitarra solista), Nicky Ray (guitarra rítmica), Andreas Aristides (bajo) y Kotsios Demetriades (batería).

Al respecto del título del álbum, la afasia afecta la capacidad de una persona para usar o comprender palabras. Las personas que lo padecen pueden tener dificultades para hablar y encontrar las palabras para completar sus pensamientos, comprender conversaciones, leer, comprender palabras y usar números. Afasia siempre permanecerá dentro de ti encogiendo tus pensamientos que permanecen en tu conciencia, tratando de correr detrás de ti

«Intro(first breath)» es una breve introducción con efectos envolventes y en sonido de un cardiograma que se apaga par dar paso a un impactante ritmo de batería de «Awake». entrando paulatinamente y elevando la intensidad unos poderosos riff reparten altas dosis de fuzz. Con una estela de fuzz heredera de Nebula, los tonos garageros aparecen con una ahogada voz sobre espacios humeantes y turbios. Un potente ritmo sobre momentos psych persiste incluso cuando el sonido que identifico como de sintetizadores se va modulando. 

Tras una locución inicial,  «Aphasia» nace del legado hard-rock con riffs que se repiten y se tornan más stoner, dejándose llevar por el legado Sabbath. Si escuchas unos momentos a los griegos posiblemente identificarías su sonido con el stoner desértico, pero lo cierto que si profundizas más en sus temas, te das cuenta que donde verdaderamente se sienten más cómodos es cuando incorporan elementos de heavy-psych sin renunciar a esa vocación arenosa. Vertiginosos por momentos y completamente intoxicantes en otros, pero siempre usando el fuzz con precisión. 

Con momentos más retro, «Mania», con sus pegadizos riffs inciales y momentos de calidez después, nos seduce con un hechizo, como preludio de pasajes heavy-psych oscuros y sabbathicos. Entre las aguas del stoner humeante y placidos remansos más psicodélicos, los riffs van ondulando bajo un aura chamánica. Logrados pasajes vocales llenos de una magia especial. Algo que a veces se nos olvida en una banda, y es la importancia de tener un vocalista que incremente la grandeza de su música, y aquí, lo hay. El complemento perfecto para que las guitarras ácidas aparezcan con luz propia brillando entre brumosos pasajes psicotrópicos. 

«Nadir», el tema de mayor duración con sus ocho minutos y medio,  deja espacio para que los chipriotas desarrollen todo su potencial alejándose de estereotipos. Con una introducción casi floydiana, nos van sumergiendo en un  espacio narcótico. Sosegados acordes crean un reconfortante clima de relajación que supone una liberación sensorial. Utilizando una dupla de guitarras situadas en dos estratos diferenciados, combinan los difuso y turbio con cristalinos punteos. A su espalda, la batería va intensificando el corte hasta llevarnos a esos borrosos espacios arenosos. Sin ninguna prisa ni atadura, la guitarra se deja llevar por una jam incrementando la fuerza del tema. Una voz ecualizada surge de las profundidades, mesiánica imponente, chamánica. Casi coros celestiales, y con un desarrollo lleno de matices, el tema adquiera tonos épicos. 

Tras el gozo y éxtasis del tema anterior, «Dead end» nos devuelve a la tierra a golpe de fuzz y desert-rock ortodoxo. si la primera impresión es esa, la de un tema directo, nos vuelven a sorprender con momentos Sabbath, entre coros rituales para acabar tras la embestida, por la senda del heavy-rock a través de solos virtuosos.  

Unos efectos de viento, así como oscuros acordes llenos de misterio, abren «Ghost town», el tema que cierra el álbum. Una calma tensa entre brumosos espacios en los que el misterio se mastica.  La tenebrosa voz en pura linea Sabbath, se balancea cálida y hechizante. Por una senda oscura y tenebrosa, súbitamente el tema cambia su estado a momento en los que el proto-metal y el hard rock de los setenta aparecen en forma de estampida. Todo un torbellino sonoro nos acecha con una aura vintage. Tras ese arranque de fuerza, el tema nos deja con ganas de más, pareciendo que estuviera inconcluso.  

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Reseña: LOWRIDER.- «Refractions»

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Veinte largos años han pasado desde que los suecos LOWRIDER sorprendieran al mundo con uno de los primeros álbumes de desert-rock hechos en Europa. Si, son demasiados, pero estamos de enhorabuena porque los suecos regresan para sorprender nuevamente al mundo con «REFRACTIONS». El álbum que todo amante del stoner lleva esperando durante tanto tiempo y que hará que muchos desencantos vuelvan  a creer en un estilo que en los últimos tiempos parece que se estaba anquilosando. El álbum que conseguirá que la gente diga: «¡¡¡guay!!! ¡¡¡Buena mierda!!!». Toda una catarata de fuzz arenoso que se deja llevar por su faceta más psicodélica. Ojo, esto no quiere decir que el cuarteto renuncie a los solos cegadores, ni a las sacudidas de los tambores, ni a las vibraciones desert-rock de manual, todo lo contrario, en este álbum esas oscilaciones cobran una nueva dimensión. Con voces melodiosas que me recuerdan a la versión más algodonada de GREENLEAF, y un aura absolutamente cautivadora. Guitarras que se estremecen en solo chirriantes y borrosos para ofrecer la mejor posible de una banda que debe ocupar el puesto reservado a las leyendas del género. La maquinaria sueca se muestra perfectamente engrasada con motor vibrando al ralentí o poniendo las revoluciones al límite,, en cualquiera de las facetas, haciéndolo de una forma sobresaliente.  Con un álbum así, es fácil dejarse llevar por los tópicos, pero aquella frase de… «álbum del año», bien podría hacerle justicia. Y seguro que una vez que escuches completo «REFRACTIONS», esa frase saldrá de tu boca. Si hablo de LOWRIDER como uno de los reyes europeos del stoner rock, aquí también podemos encontrar momentos que nos recuerden a ROTOR, ya que alguno de sus temas, recupera el sonido de los alemanes a través de grandes desarrollos heavy-psych. Incluso para cerrar el círculo de la maestría , los momentos doom y las reverberaciones grunge, también tienen cabida. Si amigos, este es un trabajo redondo, que volará cabezas. Este álbum tiene la particularidad de que no solo enamorará a los fanáticos del stoner y el fuzz, sino que su magnetismo atraerá hacia a él a un publico alejado de este estilo. ¡¡¡»El DISCO»con letras mayúsculas!!!!  

«Red river» abre mostrándonos ese stoner cegador de los suecos con un cadente pero poderoso ritmo. Un corte cuyos riffs llenos de fuzz nos guían hasta llanuras psicodélicas en las que baja su intensidad. Paulatinamente y a ritmo de bajo y batería, el corte explota para transitar por escenarios netamente stoner. El tema viene marcado por una cadenciosa melodía vocal y un inequívoco carácter psych. Todo bajo una solidez imponente en una construcción perfectamente compactada.

Si hay algo que llama la atención es esa compacta batería que apreciamos en «Ode to Ganymede». Grave y firme, acompañada de un sólido bajo y una guitarra fina la voz melodiosa me recuerda a Greenleaf. Estamos ante un corte fresco que juega con las oscilaciones para sortear todas las colinas con la energía que le imprime el uso persistente del fuzz. Turbio pero luminoso a la vez, sus momentos de silencio dejan un espacio para los revoloteos de la guitarra. A base de riffs y con el gran trabajo del bajo, construyen un tema en los elementos heavy-psych tiene un mayor peso que las vibraciones stoner. Aun así, no pierden la vocación desértica. Las altas dosis de psicotrópicos que contiene el tema se vez adornadas por un sonido de órgano ( o al menos, eso me parece) de carácter retro. El resultado es un sólido tema que coquetea con momentos de rock setentero y con la banda sonora del desierto. Constantes meandros en el camino en los que las guitarras se incrustan mostrando su filo, entre los gruesos riffs sin perder el magnetismo de la voz.

Sobre espacio heavy-psych arenosos más propios de Rotor, «Sernanders krog» se construyen con una cálida voz que aplaca la fuerza del corte. Con cadentes y misteriosos pasajes se abren comandados por el bajo, para llevarnos a oscuros espacios donde su palpa la tensión y el misterio. Enigmáticos entornos que son explorados con dinamismo, dejándonos la sensación de que algo va a pasar. Aquí la banda se rinde a los dictados de Colour Haze creando una cortina tupida de psicodelia pesada. Brumosos entornos con una sosegada cadencia en la que los solos de las guitarras consiguen abrirse paso. Efectos wah wah y fuzz humeante dotan de un carácter psicotrópico el bosque en el que los suecos nos han introducido. Un espacio dominado por la psycolina emana de hongos mágicos que nublan nuestros sentidos en un catártico y reconfortante viaje.

«Ol’ mule pepe», con una apertura casi doom, devuelve la pesadez a golpe fuzz intoxicante. Los plomizos riffs desérticos regresan por sus fueros con pinceladas de blues y ecos llegados de los setenta. El tema explora yermos desiertos con la contundencia de un búfalo cansino e implacable en su caminar. Cegador, plomizo y ácido a la vez, el corte se muestra poderoso y majestuoso pavoneándose en su caminar. Las hirientes guitarras acompañan el avance del temeroso ejército que jamás mira hacia hacia atrás. Stoner en estado puro entre vientos de psicodelia pesada que deja un rastro de desolación a su paso.

«Sun devil» con algún eco grunge se ve engrosado en su sonido con vibraciones desert-rock de manual. Fuzz arenoso y una contundente base rítmica nos enseñan el lado más pesado de la banda. Encontramos alguna incursión de las guitarras con solos enmarañados entre aullidos. Tras un parón la línea del bajo nos da un respiro antes de que una nueva embestida nos arrolle con una descarga de fuzz humeante y florido. Unos pasajes que se balancean pero que no pierden jamás el rumbo. Cabe destacar la magnífica producción y la nitidez de cada instrumento, lo que enriquece el sonido, por muy difuso que sea este.

El stoner contagiosso y los solos heavy-psych construyen «Pipe rider», entre la pesadez y la belleza. De nuevo los ecos de Greenleaf mas melodiosos me viene a la mente antes de que se trasvistan de Rotor para explorar espacios entre el stoner y la psicodelia pesada. Unos entornos en los que la voz nos masajea y se quiebra en múltiples lamentos. Todo un bosque lisérgico dotado de una gran riqueza compositiva. Misterioso, pero con una belleza intrínseca gracias a las atractivas melodías de la guitarra, LOWRIDER crea un espacio para desarrollar todo su potencial sin ataduras. Sus casi doce minutos se nos hacen cortos ya que nos deparan un gratificante estado de confort. Con la sensación de haber traspasado una barrera sensorial, los teclados describen mágicos e insondables atmósferas antes de recuperar las vibraciones stoner. Los registros vocales regresan para anunciarnos el nirvana en ese mundo de ensueño en el que se desarrolla el que probablemente sea el mejor tema de todo el álbum.

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Reseña: VESSEL.- «Vagabond blues»

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«VAGABOND BLUES» es el tercer trabajo de la banda australiana VESSEL. Una formación desconocida para mí hasta este momento, y que me ha sorprendido por la solidez de los temas que contiene su interior. Un claro ejemplo que los ecos desert-rock no tienen fronteras. Aquí encontramos una bocanada de fuzz como pocas veces podemos encontrar. Un sólido trabajo que según va avanzando en sus temas, sin perder su esencia, se modula a momentos más psicodélicos y bluseros.  Fuertes ritmos nos invaden con unas cautivadoras voces y unos virulentos tambores que hacen que el ritmo no cese en ningún momento. Siempre ágiles, sus cegadores riffs no hacen sino aportar  momentos grandiosos.  Pesados pero frescos, sus contagiosos temas encuentran siempre la forma de llegar al oyente. A pesar de esto, su aparente sencillez y efectividad es solo la punta del iceberg de la calidad que sus surcos contienen. Su bajo marcial no baja jamás la guardia en su propósito de golpearnos con sus crujientes riffs. Cegadores, y llenos de épica sus tema se interconectan en un propósito  único. Cadente y misteriosos,  con algún eco Sabbath, el legado de bandas Monster Magnet o Truckfighters está muy presente en sus composiciones. Ésto no supone nada nuevo, ya que son muchas las bandas que siguen esa estela, pero cuando se tiene la capacidad de asumir como propio ese legado para moldearlo a un estilo propio, el respeto lo tiene ganado. «VAGABOND BLUES» es de esos álbumes que tras la primera impresión te invita a nueva exploraciones en la que salen a relucir ricos matices no descubiertos en la primera escucha. De hecho, según uno va escuchando cada uno de los tema ve encontrando que nada es tan lineal como parece, ya que los ecos del desierto se van convirtiendo en temas de psicodelia pesada en los que el blues tiene un gran protagonismo. No dejen que los árboles te impidan ver el bosque, porque tras su apariencia desert-rock se esconde un tesoro de blues psicotrópico de muchos kilates en los que puedes encontrar chamánicos momentos doorsianos o vibraciones de los primeros setenta.

«VAGABOND BLUES» está disponible vía Majestic Mountain Records

«Vagabond blues» -Tema con gran cuerpo y riffs stoner-retro, con registros vocales hard & heavy entre una cortina de fuzz. Cabalgando con frescura y potencia su bajo marcial y los ejercicios estilísticos de la caja de ritmos atraviesan entre sus vibraciones entre su difuso sonido.

Con una cadente batería y la guitarra difusa que ya hemos escuchado en el primer corte, «Twenty twenty» con una autopista de fuzz el camina camina con toda su pesadez bajo pegadizos ritmos. La voz arrastra las ondulaciones de la guitarra. una serpenteante sucesión de subidas y bajadas construyen un corte que no se sale de los límites marcados. Si bien, estos límites son explorados con constantes oscilaciones. Con la mirada al frente, el tema avanza veloz como si nunca fuera a llegar a su destino. 

Con oscuros y misteriosos acordes, «Atacama», en una línea Sabbath, crea una humeante atmósfera a través de un sonido borroso. un tema instrumental que genera un clima de misterio en el que los pasajes lisérgicos son los protagonistas.  En su parte final todo se vuelve más nítidos con pausados y lentos pasajes psicodélicos con efectos revoloteando en una mutación desert-rock hacia los ecos puramente heavy-psych.

Manteníendo la sombría atmósfera del corte anterior, «Red Witch» el blues hace acto de presencia. Medidos pasajes  generan una calma tensa que acaba quebrándose a ritmo de blues-rock stonerizado. Una encrucijada que combina el blues de garito de carretera con los ásperos riffs del desierto siempre bajo nebulosas humeante en las que los efluvios de los pantanos afloran borboteantes.

«Dark the light» nos ofrece otra andanada de fuzz difuso con armonías vocales que se balancean entre el blues y el heavy-rock. Sin dar ningún rodeo el tema tiene claro su objetivo.

Si en los primeros temas nos encontrábamos a una banda netamente desértica, en «The void tempest», con sus casi ocho minutos vemos que los pasajes lisérgicos son predominantes. Aromas pantanosos de los que surge una mesiánica voz a la que suceden magnéticos desarrollos heavy-psych. Intoxicantes y envolventes, nos encontramos una curiosa dualidad entre momentos que me recuerdan a The Doors fusionados con cualquier banda de stoner ortodoxo. Los manglares se exploran con una acertada y hechizante combinación de ese insistente fuzz con el blues. una cadencia que tiende a intensificarse hasta cegarnos por completo.

Cerrando el álbum, «The devil’s backyard» nos ofrece una nueva e interesante propuesta no contemplada hasta ahora.  Incorporando una voz femenina en registros semi-folk, y con unos acordes que me evocan el tema «Bouree» de Jethro Tull, (igual estoy hilando muy fino, pero…) conjugan estos novedosos registros con gruesos riffs presididos por una aura mística. Melancólicos coros y unos acordes en esta ocasión más pausados, consiguen un atractivo resultado. Dando una nueva vuelta de tuerca a su originalidad, generan momentos que rozan el psycho-doom más pausado. unos pasajes que ornamentan con tonos exóticos. El resultado es una bella liturgia con gruesos bordes en la que habitan por igual el folk, el doom y la psicodelia.

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