Reseña: LOWRIDER.- «Refractions»

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Veinte largos años han pasado desde que los suecos LOWRIDER sorprendieran al mundo con uno de los primeros álbumes de desert-rock hechos en Europa. Si, son demasiados, pero estamos de enhorabuena porque los suecos regresan para sorprender nuevamente al mundo con «REFRACTIONS». El álbum que todo amante del stoner lleva esperando durante tanto tiempo y que hará que muchos desencantos vuelvan  a creer en un estilo que en los últimos tiempos parece que se estaba anquilosando. El álbum que conseguirá que la gente diga: «¡¡¡guay!!! ¡¡¡Buena mierda!!!». Toda una catarata de fuzz arenoso que se deja llevar por su faceta más psicodélica. Ojo, esto no quiere decir que el cuarteto renuncie a los solos cegadores, ni a las sacudidas de los tambores, ni a las vibraciones desert-rock de manual, todo lo contrario, en este álbum esas oscilaciones cobran una nueva dimensión. Con voces melodiosas que me recuerdan a la versión más algodonada de GREENLEAF, y un aura absolutamente cautivadora. Guitarras que se estremecen en solo chirriantes y borrosos para ofrecer la mejor posible de una banda que debe ocupar el puesto reservado a las leyendas del género. La maquinaria sueca se muestra perfectamente engrasada con motor vibrando al ralentí o poniendo las revoluciones al límite,, en cualquiera de las facetas, haciéndolo de una forma sobresaliente.  Con un álbum así, es fácil dejarse llevar por los tópicos, pero aquella frase de… «álbum del año», bien podría hacerle justicia. Y seguro que una vez que escuches completo «REFRACTIONS», esa frase saldrá de tu boca. Si hablo de LOWRIDER como uno de los reyes europeos del stoner rock, aquí también podemos encontrar momentos que nos recuerden a ROTOR, ya que alguno de sus temas, recupera el sonido de los alemanes a través de grandes desarrollos heavy-psych. Incluso para cerrar el círculo de la maestría , los momentos doom y las reverberaciones grunge, también tienen cabida. Si amigos, este es un trabajo redondo, que volará cabezas. Este álbum tiene la particularidad de que no solo enamorará a los fanáticos del stoner y el fuzz, sino que su magnetismo atraerá hacia a él a un publico alejado de este estilo. ¡¡¡»El DISCO»con letras mayúsculas!!!!  

«Red river» abre mostrándonos ese stoner cegador de los suecos con un cadente pero poderoso ritmo. Un corte cuyos riffs llenos de fuzz nos guían hasta llanuras psicodélicas en las que baja su intensidad. Paulatinamente y a ritmo de bajo y batería, el corte explota para transitar por escenarios netamente stoner. El tema viene marcado por una cadenciosa melodía vocal y un inequívoco carácter psych. Todo bajo una solidez imponente en una construcción perfectamente compactada.

Si hay algo que llama la atención es esa compacta batería que apreciamos en «Ode to Ganymede». Grave y firme, acompañada de un sólido bajo y una guitarra fina la voz melodiosa me recuerda a Greenleaf. Estamos ante un corte fresco que juega con las oscilaciones para sortear todas las colinas con la energía que le imprime el uso persistente del fuzz. Turbio pero luminoso a la vez, sus momentos de silencio dejan un espacio para los revoloteos de la guitarra. A base de riffs y con el gran trabajo del bajo, construyen un tema en los elementos heavy-psych tiene un mayor peso que las vibraciones stoner. Aun así, no pierden la vocación desértica. Las altas dosis de psicotrópicos que contiene el tema se vez adornadas por un sonido de órgano ( o al menos, eso me parece) de carácter retro. El resultado es un sólido tema que coquetea con momentos de rock setentero y con la banda sonora del desierto. Constantes meandros en el camino en los que las guitarras se incrustan mostrando su filo, entre los gruesos riffs sin perder el magnetismo de la voz.

Sobre espacio heavy-psych arenosos más propios de Rotor, «Sernanders krog» se construyen con una cálida voz que aplaca la fuerza del corte. Con cadentes y misteriosos pasajes se abren comandados por el bajo, para llevarnos a oscuros espacios donde su palpa la tensión y el misterio. Enigmáticos entornos que son explorados con dinamismo, dejándonos la sensación de que algo va a pasar. Aquí la banda se rinde a los dictados de Colour Haze creando una cortina tupida de psicodelia pesada. Brumosos entornos con una sosegada cadencia en la que los solos de las guitarras consiguen abrirse paso. Efectos wah wah y fuzz humeante dotan de un carácter psicotrópico el bosque en el que los suecos nos han introducido. Un espacio dominado por la psycolina emana de hongos mágicos que nublan nuestros sentidos en un catártico y reconfortante viaje.

«Ol’ mule pepe», con una apertura casi doom, devuelve la pesadez a golpe fuzz intoxicante. Los plomizos riffs desérticos regresan por sus fueros con pinceladas de blues y ecos llegados de los setenta. El tema explora yermos desiertos con la contundencia de un búfalo cansino e implacable en su caminar. Cegador, plomizo y ácido a la vez, el corte se muestra poderoso y majestuoso pavoneándose en su caminar. Las hirientes guitarras acompañan el avance del temeroso ejército que jamás mira hacia hacia atrás. Stoner en estado puro entre vientos de psicodelia pesada que deja un rastro de desolación a su paso.

«Sun devil» con algún eco grunge se ve engrosado en su sonido con vibraciones desert-rock de manual. Fuzz arenoso y una contundente base rítmica nos enseñan el lado más pesado de la banda. Encontramos alguna incursión de las guitarras con solos enmarañados entre aullidos. Tras un parón la línea del bajo nos da un respiro antes de que una nueva embestida nos arrolle con una descarga de fuzz humeante y florido. Unos pasajes que se balancean pero que no pierden jamás el rumbo. Cabe destacar la magnífica producción y la nitidez de cada instrumento, lo que enriquece el sonido, por muy difuso que sea este.

El stoner contagiosso y los solos heavy-psych construyen «Pipe rider», entre la pesadez y la belleza. De nuevo los ecos de Greenleaf mas melodiosos me viene a la mente antes de que se trasvistan de Rotor para explorar espacios entre el stoner y la psicodelia pesada. Unos entornos en los que la voz nos masajea y se quiebra en múltiples lamentos. Todo un bosque lisérgico dotado de una gran riqueza compositiva. Misterioso, pero con una belleza intrínseca gracias a las atractivas melodías de la guitarra, LOWRIDER crea un espacio para desarrollar todo su potencial sin ataduras. Sus casi doce minutos se nos hacen cortos ya que nos deparan un gratificante estado de confort. Con la sensación de haber traspasado una barrera sensorial, los teclados describen mágicos e insondables atmósferas antes de recuperar las vibraciones stoner. Los registros vocales regresan para anunciarnos el nirvana en ese mundo de ensueño en el que se desarrolla el que probablemente sea el mejor tema de todo el álbum.

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