Han pasado cuatro años desde que el cuarteto de Bergen sorprendiera a la escena Stoner con su irreverente y logrado debut homónimo de 2020, pero por fin tenemos aquí su segundo álbum ‘TUNDRA ROCK’. Así definen SLOMOSA su sonido forjado a base de riffs stoner acelerados, estribillos grunge y una actitud irreverente que queda reflejada en canciones frescas e impactantes. Seguramente SLOMOSA sean una de las banda que mejor han sabido venerar a pioneros como KYUSS, aportando sus melodías masivas para forjarse su propio sonido. Porque cuando escuchas una canción de SLOMOSA la identificas con facilidad, ya que estos chicos logran reflejar sus natales paisajes nórdicos en sus canciones, gracias a una avalancha de distorsiones masivas que cae en valles cubiertos de melodías cautivadoras y ritmos que hacen tambalear las placas tectónicas. No es casualidad que la banda haya ofrecido conciertos como pocos en los últimos años a pesar de no tener un nuevo álbum que presentar. Pero algunas de las canciones aquí contenidas llevan mucho tiempo formando parte del repertorio de la banda en directo, por lo que el álbum es una sorpresa a medias. Una sorpresa que la banda ha ido dosificando en pequeñas dosis en forma de canciones. Porque en el fondo, TUNDRA ROCK’ es la evolución natural de su álbum debut, y refleja el lado más emocional del cuarteto, y el álbum que les consagra como una banda destacada de la escena stoner, erigiéndose como candidato a ocupar espacios de honor en las listas de fin de año. Si queremos buscar alguna novedad en este segundo álbum de los noruegos, podemos intuir una mayor oscuridad y un mayor enfoque melódico. Y en esto de las melodías son unos maestros, ya que consiguen convertir sus canciones en himonos coreados en cada uno de sus conciertos. Así, sin hacer mucho ruido y base de trabajo y buenas actuaciones en directo, SLOMOSA se han hecho un nombre en una escena en la que no es fácil destacar, pero ellos lo hacen y además nos avisan: ¡‘TUNDRA ROCK’ ha llegado para quedarse!
‘THUNDRA ROCK’ está disponible vía Stickman Records
SLOMOSA son: Benjamin Berdous (Guitarra, Voz), Marie Moe (Bajo, Voz), Tor Erik Bye ( Guitarra) y Jard Hole (Batería).
‘Afghansk rev’ sirve como introducción al álbum con una pista en la que los ecos del desierto se adornan con elementos psicodélicos. Una calma en la que pausados acordes de guitarra son custodiados por gruesos riffs de nítida vocación stoner. Una sencilla armonía nos sitúa en un espacio meditativo en el que se recrea un espacio vacío y desolado.
Con ‘Rice’ los noruegos se recrean en elementos de puro desert-rock creando un sonido difuso en el que el fuzz domina el entorno. Las melodías vocales son cuidadas haciendo que la pista resulte atractiva para el oyente. Esos ganchos vocales que se balancean entre el legado de los 70’s y el rock de los 90’s consiguen que la canción amortigüe la fuerza de sus rugosos riffs. Esto no impide que aparezcan meditativos pasajes psicodélicos dotando la pista de una calma chamánica.
‘Cabin Fever’ es una pista que la banda viene tocando en directo desde hace años y que forma parte del repertorio más habitual como una de sus canciones más reconocibles. Una canción ganadora que nace del sosiego pero que contiene una melodía pegadiza que rápidamente cautiva al oyente. Nutrida de elementos 90’s la frescura de sus voces contrasta con esos elementos propios del stoner más ortodoxo. Una pista a la que difícil resistirse y que se erige como abanderada de un álbum solvente y auténtico en el que SLOMOSA pone su granito de arena para salir de estereotipos sin renunciar a su esencia. Cautivadora.
Palpitando lentamente ‘Red thundra’ emerge de suaves acordes que se van cubriendo de fuzz narcótico y un tono nítidamente desértico. El intercambio de voces entre Benjamin y Marie aportan el tono melódico a una pista cruda y turbia en la que se palpa el latir del desierto en su versión ártica. El sonido de los noruegos definido a la perfección en esa combinación de Stoner nebuloso, psicodelia y carácter melódico.
‘Good mourning’ es un interludio acústico que nos introduce en una de las pistas mas destacadas de este ‘TUNDRA ROCK’: ‘Battling guns’. una canción que se balancea entre fuzz y melodías aterciopeladas rebosantes de frescura. La pista es una oda antibelicista inspirada en el conflicto palestino-israelí en los tiempos de juventud de Benjamin. La distorsión ronroneante y la voz aireada de Ben llevan la canción hacia una pregunta: “¿Qué harías?” Con un ritmo contagioso y una melodía impactante es difícil escapar a los encantos de una canción nebulosa y colorista a partes iguales.
Confrontando la frustración con la vida ’Monomann’ nos golpea con un bajo excelso y poderoso y riffs arrolladores. Stoner crudo y dinámico para gozo de los más fieles seguidores del género. Una canción rompe-cuellos que hará estragos en su directos ya que su crujiente sonido y esa línea de bajo hipnótica y machacona conseguirán que no puedas resistirte a su excelso poder de tracción.
Evocando las vibraciones del grunge de los 90’s ‘MJ’ nos arrolla con un groovy desértico y toneladas de fuzz humeante. Denso y espeso, el corte gravita vacilón en una larga recta en la que el acelerador se pisa a fondo. Sus coros y estribillos aportando versatilidad consiguen ofrecer al oyente otra canción en la que la melodía se fusiona fuertemente con la crudeza arenosa.
‘Dune’, la canción que pone el cierre al álbum entre ritmos tribales y riffs plomizos es un viaje a través de la tundra. Su crujiente sonido y el groovy ganador la erigen en otra canción que cautivará a los más fieles seguidores de la banda. Sus tonos exóticos en contraste con su turbio sonido se mestizan en este ritual el riff arenoso. La especialidad de una banda que sigue creciendo cada día que pasa. Toda una liturgia Stoner digna de convertirse en un himno que ponga a bailar a sus audiencias.
La cosmopolita banda afincada en Barcelona nos presentará sus nuevas inquietudes en forma de nuevos temas. Evocando la época dorada del rock, ‘FORÁNEO’ se postula como un reto para aquellos que afirman que ya no se hace rock como el de antes. Han pasado cinco años desde la publicación de su álbum debut ‘MAGARA’ (reseña aquí) y diferentes salidas y entradas de músicos en la banda, pero su esencia se mantiene intacta. Marcado por la fuerza y carisma de la voz de su cantante Karen Asensio, sus ocho canciones rezuman rock a la vieja usanza, sin aditivos y artificios. Si bien el tono general del álbum es más contenido que su álbum debut, seguimos encontrando guitarras asesinas, ritmos trepidantes y un groovy que te atrapa sin remisión. Caminando en lado más blusero del rock de los 70’s la psicodelia, y el hard rock más crudo y contundente, no faltan a su cita en ‘FORÁNEO’. Piensa en cantantes del siglo pasado como Janis Joplin o Maggie Bell, en bandas como Grand Funk, Babe Ruth, Free y fusiónalas con formaciones contemporáneas como Blues Pills, Rival Sons o Graveyard y encontraras el punto exacto en el que se desarrolla el álbum. Desde los ecos de la West-Coast hasta la psicodelia más chamánica y envolvente, el impactante sonido de la banda logra calar hondo en la sensibilidad del oyente con un artefacto sonoro que parece salido de la época más gloriosa del rock del siglo XX. ¿Estas preparado para un torrente de rock clásico? Si la respuesta es si, ‘FORÁNEO’ te dará lo que mas deseas. Sus seductores momentos impregnados de blues y los desarrollos psicodélicos ponen la guinda en un trabajo en el que el hard-rock vintage alcanza altas cotas de calidad. Transmitiendo sentimientos en cada estrofa, THE MOTHERCROW logran que sus canciones fluyan con naturalidad visitando diferentes escenarios sonoros con un nexo común, el rock más auténtico de los 70’s. Porque ‘FORÁNEO’ es uno de esos álbumes que consigue cautivar al oyente desde la primera escucha.
La banda ha contado con la experiencia de Robert Pehrsson (Tribulation, Black Paisley, Hazemaze, Märvel) para mezclar en Humbucker Studios en Suecia. El toque final viene con la masterización de Magnus Lindberg (Hellacopters, Refused, Russian Circles, Lucifer) en Redmount Studios. ‘FORÁNEO’ está disponible vía Discos Macarras y La Rubia Producciones, dos sellos que siguen apostando por lo mejor de la escena nacional.
THE MOTHERCROW son: Karen Asensio: Voces, Max Eriksson: Guitarras, Daniel Ribeiro: Bajo y Jaume Darder: Batería
‘Standing my Ground’ la canción que abre el álbum es una pista que bien refleja en contenido del álbum. Atmosféricos pasajes psicodélicos empapados de blues y hard rock salvaje al mas puro estilo 70’s. Marcado por la voz de Karen, el corte evoca momentos mas propios de cantantes como Janis Joplin, Inga Rumpf o Maggie Bell. Ondulando entre esos elementos clásicos la pista sube y baja su intensidad entre riffs pegadizos y un humeante aroma vintage.
Incidiendo en esa fórmula mágica que tan bien les funciona a los barceloneses, ‘Howling’ con un sonido mas crudo y rugoso mantiene el tipo. Fantásticas melodías vocales y golpes de auténtico retro-rock en un nuevo viaje al corazón de los 70’s. Una pista construida sobre una estructura sencilla en la que la acidez de la guitarra y una atmósfera nebulosa son sumen en un trance lisérgico impregnado de hard-rock a la vieja usanza.
‘Danger rules’ es otra pista de rock clásico construida sin estridencias. La desgarradora voz de Karen, en esta ocasión acercándose al sonido de Blues Pills. Con la máxima de menos es más, la composición cuenta con acertados arreglos que hacen que la canción se muestre mas accesible a cualquier público sin que eso implique una renuncia a la fuerza intrínseca de THE MOTHERCROW. Con ligeros pasajes de órgano la banda aporta elementos 70’s mucho mas característicos si cabe.
Poniendo la pausa ‘Tumbling down’, revela el lado más suave y sensual del cuarteto. Una pista con un tono bucólico en la que el aroma de las flores nos llega al corazón de América con sus luminosos y frescos pasajes. Un ejemplo evidente de que estos chicos no solo se sienten bien en los momentos mas ruidosos sino que también saben como bajar la intensidad para llevar al oyente a un sueño mágico mas propios del Verano de Amor.
‘Foráneo’ la canción que da nombre al álbum deja un mayor espacio para la instrumentación. Creando una atmósfera envolvente y plácida, la voz de Karen se eleva majestuosa entre susurros cautivadores. EL blues, el soul y la psicodelia son los principales ingredientes de este nuevo coctel sonoro. Una pista de fácil digestión que haría palidecer a los amantes del rock de siempre en su versión mas pausada y sensual.
Despertándonos del sueño el riff de apertura de ‘(Doin’ It) For the Thrill’ nos evoca nuevamente esas vibraciones setenteras más auténticas. Blues ácido y rock de siempre unidos en busca de una causa común. Una canción que cualquiera ubicaría en el corazón de los 70’s. La incorporación de coros sugerentes hace que la pista llegue con facilidad al oyente proporcionando una placentera escucha de rock clásico. Imagina una fusión de Janis Joplin y los mismísimos Grand Funk y encontrarás el espacio perfecto para el goce.
La vibrante ‘Gonna burn’ es una inyección de vida a través de un groovy contagioso y ritmos coloristas que se inclinan a un lado más Funky. Otra vez THE MOTHERCROW consiguen un corte refrescante sin perder un ápice de fuerza. Ondulando con soltura entre esos elementos diferenciadores, ‘Gonna burn’ se convierte en otra canción ganadora.
El epílogo llega de la mano de la canción más larga del álbum, ‘Northern lights’. Inclinándose por pasajes acústicos y la suavidad vocal, la canción nos susurra con dulzura mostrando la capacidad para aunar elementos de puro rock clásico. Siempre copando el protagonismo, la voz de Karen va marcando la intensidad de cada pasaje de la pista. Usando con sutileza el sonido del órgano consiguen crear un apacible y equilibrado espacio sonoro adornado con elementos progresivos. Seguramente es la canción más elaborada de un álbum que no baja el listo de calidad en ningún momento.
Culminamos la temporada veraniega de festivales con la crónica de la visita a DOWN THE HILL. El coqueto festival belga que inició su andadura en 2018 continúa su meteórico ascenso ofreciendo cada año un line-up más interesante en el que las mejores bandas de la escena visitan su recinto. A diferencia del resto de festivales en los que he estado este verano, en esta ocasión el avión me dejaba en el aeropuerto de Bruselas donde el personal de la organización estaba esperándome para llevarme hasta el hotel en el que me alojaba. 45 minutos de trayecto para llegar a Rilaar, la pequeña localidad en la que se celebra el evento. Con el line-up más ambicioso hasta el momento, el fin de semana se presentaba con muchos alicientes en cuanto a bandas que no había visto en directo y especialmente con la presencia de la leyenda británica ARTHUR BROWN como principal estímulo, al que ya tuve la oportunidad de ver en vivo en Desertfest Berlin dejándome un magnífico sabor de boca. El festival se desarrolla en una acogedora granja en la que alrededor de 1000 personas pasan el fin de semana en armonía, disfrutando de la música que les une. Muchos conocidos con los que me había encontrados semanas atrás repetían experiencia festivalera. Ese perfecto espacio entre sugerentes prados rodeados de árboles, invita a disfrutar la experiencia plenamente, tanto en lo musical como en lo humano. Al llegar al recinto lo primero que llamó mi atención fue la capacidad de trabajo para construir un espacio tan confortable y acogedor como aquel. Desde el escenario construido con troncos, como otros múltiples detalles que hacen la estancia del publico lo mas agradable posible. Es como si llegarás a un sitio en el que sabes que te vas a sentir cómodo, un lugar en el que las buenas vibraciones sobrevuelan el ambiente. Tras ese primer vistazo al recinto me dirigí a la zona de acampada donde pude encontrarme con muchos amigos que ya tenían instalados sus campamentos para disfrutar de un magnífico fin de semana. La camaradería y buen rollo de los que asistimos a festivales como este, es algo que no tiene precio, y si encima se celebran en lugar así, nada puede salir mal. Sin duda el trabajo hecho por Dries y su equipo de doscientas personas, se vio recompensado con un sold-out y con el agradecimiento y admiración de todos los presentes, entre los que por supuesto, me incluyo. En el amplio prado de la colina en la que se celebra el festival los escenarios están distribuidos a la perfección; el escenario central, aprovechando la leve pendiente de la colina, y el segundo escenario en la zona lateral. Y si ya me sorprendió el escenario principal con sus troncos, también lo hizo el segundo escenario con una estructura hinchable de absoluta rigidez. En todos los años que llevo visitando festivales, nunca había visto un escenario así, curioso y sorprendente a partes iguales. Entre ellos, carpas suficientes para que la climatología no estropea la fiesta, puestos de comida y bebida y numerosas esculturas con hongos y otros detalles que daban un toque acogedor al recinto. El festival abría sus puertas con un pequeño retraso debido a ciertos problemas con las autoridades locales por algún problema leve que fue solventado sin más, unos minutos después. Eso hizo que el público al entrara al festival con más ganas si cabe. A partir de ahí, salvo las largas colas iniciales para comprar los tickets de las bebidas y comida, todo iba a desarrollarse de la mejor forma posible. El interesante line-up y ese entorno tan acogedor hacían que me sintiera ilusionado por poder vivir una experiencia así. Como ya es habitual en este tipo de festivales, el número de entradas vendidas está pensado para que la comodidad de sus asistentes sea máxima. Sin duda, el espacio permite que pudiéramos estar allí muchas más personas, pero si así fuera, se perdería ese ambiente gentil y de buen rollo que se siente. Siempre me resulta admirable cuando veo que los organizadores cuidar todos los detalles para la comodidad de su público y eso sin duda se refleja en las caras de felicidad que ves, en el ambiente festivo que se siente. La ausencia de problemas y las buenas vibraciones entre las bandas y su público hacen de festivales como Down The Hill, espacios para visitar. Si a eso unes el delicado trato que la organización me dispensó para que todo fuera fácil para mí, solo puedo dar las gracias por esta oportunidad de vivir un evento como este. Gracias Dries, Lut y gracias a todos los demás por el maravilloso trato recibido y hacerme sentir como en casa. Volveré en 2025.
AFTERMOVIE
VIERNES
Los belgas CUBERDON eran los encargados de abrir el festival con una interesante apuesta de sonidos post-rock con elementos alternativos. Con el público entrando poco a poco al recinto tras la espera la banda les recibía con los suaves y pausados acordes de sus canciones.
En el segundo escenario IRON JINN conseguían que la temperatura subiera con su energía setentera y sus largos desarrollos. Con su último álbum en directo en Roadburn, habían despertado mi curiosidad. Lo temprano de su actuación me planteaba la duda de si podría deslucir esos pasajes silenciosos que la banda tan bien sabe interpretar, pero la realidad fue que… esparcieron toda su magia y buen hacer como una banda a considerar con mágicos por momentos, en contraste en otros que su grandilocuencia progresiva golpeaba con fuerza. Brillantes.
WYATT E. habían anunciado en los días previos que se presentarían en DOWN THE HILL con dos baterías y que interpretarían por última vez su último álbum ‘āl bēlūti dārû ‘en su integridad. Mis dos experiencias previas con ellos habían sido completamente diferentes, desde el magistral show en el Dunajam en el que estuvieron con dos hipnóticas y poderosas baterías, y en Madrid en una pequeña sala en la que tocaron 35 minutos insulsos, sin ningún aliciente. En esta ocasión ofrecieron su mejor versión, llevando al personal a su particular cuento mesopotámico con la fuerza de las dos baterías y sus ondulaciones sónicas. Momentos drones con pasajes de intensidad absoluta. Estos sí, y no lo que ví en Madrid. El público entre sorprendido, confundido y extasiado. No todos aceptaron el reto, demasiado complicado. Pero teniendo claro lo que hacen, lo hicieron ofreciendo su mejor versión.
De vuelta al segundo escenario, TAKH nos brindaban una actuación cambiante en la que alternaban momentos drone con otros de música americana alternados pasajes de post-rock e incluso doom. Sorprendentes para mí, pero extasiantes para muchos de los presentes.
La tarde se iba desarrollando de una forma gratificante, pero con BRIQUEVILLE todo cambió definitivamente. Con una magnífica puesta en escena en una ambientación presidida por la oscuridad y el humo, la banda aparecía ataviada con capas negras y mascaras carnavaleras, así como su cabeza cubierta. los belgas golpeaban con fuerza al caer la noche. Con su guitarra al borde del escenario retando a la gente, la banda conseguía su objetivo con un show, poderoso y contundente en el que no faltaron momentos livianos. Aunque los pasajes desgarradores fueron la tónica, la combinación de fuerza con los pasajes más suaves resultaba cautivadora. El público meneando sus cabezas, era el ejemplo que produce el efecto BRIQUEVILLE. Un tsunami sónico con voces guturales y una temática sombría, que se presentó envuelto en las tinieblas, solo permitiendo ver las siluetas de los músicos, creando así la atmósfera perfecta para sus diabólicos sonidos, con los que acabaron haciendo bailar a toda la audiencia, ¡¡¡inmensos!!!!
Todavía aturdido por la descomunal actuación de BRIQUEVILLE y con la lluvia complicando jornada, la hoguera empezaba a dar luz y calor a la noche. Sentados en circulo y desafiando al aguacero que por momentos estaba cayendo, el personal se quedaba extasiado ante el poder de las llamas. Las carpas habilitadas se llenaban de gente resguardándose de la lluvia mientras en el segundo escenario DOODSESKADER, el dúo con bajo y batería amenizaba la velada a los más valientes. Una banda con la que no conecté. Sus ruidosas canciones de vocación hardcore se sucedían entre proyecciones psicodélicas.
La lluvia arreciaba y DOOL se disponían a ofrecer otro show impresionante cargado de fuerza. Su hard rock teñido de metal resonaba duramente entre la aguacero y una ambientación en la que las penumbras tenían el poder. Melódicos por instantes, los holandeses no permitían mucho espacio a la pausa, ya que la voracidad de sis riffs hacía que todo saltara por los aires. Intensos, salvajes y envolventes, lograban meterse al público en el bolsillo con un halo mágico teñido de exóticas fragancias con las que hechizaban al público.
VANDAL X, como gran parte de los duos, basan su sonido en golpes de metal, noise o doom para que salten chispas entre la audiencia, los belgas no iban a ser menos y conseguían encender la espita que hacía que sus más fieles, vibraran en desenfrenados bailes. No eran para mí.
La jornada llegaba a su final con la psicodelia de GNOD. Con 6 músicos sobre el escenario y nuevamente con una lúgubre puesta en escena, la banda británica ejecutaba un show con el que no convencían al grueso del público. Su experimentación entre vibraciones kraut, y psicodelia era llevada al máximo, lo que impedía conectar con un público que ya a esas horas comenzaba a retirarse. Drone distorsiones ruidos se sucedían en una atmósfera hipnótica y psicotrópica. Había acabado la jornada y tocaba volver al hotel a descansar para tomar fuerzas para una jornada del sábado que se iba a presentar muy intensa. El camino de vuelta compartiendo vehículo con los chicos de GREENLEAF entre charlas y risas resultó de los más ameno a pesar del cansancio. Allí, los chicos de DOOL seguían la fiesta entre montones de cervezas en el porche del hotel, pero era mejor una retirada a tiempo, así que di por finalizado el día.
SÁBADO
El sábado se despertaba con el sol golpeando sobre un público que poco a poco iba llegando al recinto. Caras de cansancio, pero también muchas ganas de que la fiesta continuará. Habiendo llegado al recinto a una hora temprana, tuve tiempo de ir viendo como el personal de la organización iba tomando posiciones para que todo estuviera perfecto en el momento de la apertura de puertas. Las pocas horas de sueño entre los voluntarios se reflejaba en sus rostros. Alrededor de las doce, KOZMOTROM daban el pistoletazo de la salida al sábado con su psicodelia espacial adornada con los sonidos de viento, alternados con un brillante guitarra. Así con suavidad, iban poco a poco despertando al personal. Una transición suave, con la colorista puesta en escena de su batería. Enfundado en un mono azul de raso ponía el tono bizarro entre pasajes de psicodelia espacial. Frescos y sin estridencias, desgranaban sus canciones ante un público que recibía con agrado la delicadeza del comienzo de la jornada. En su última canción, aparecía sobre el escenario un personaje enfundado en una especie de tubo-escafandra con un cartel pidiendo el apoyo a su alien-underground local. Una apuesta diferente y resultona.
En el segundo escenario el dúo CRANC, con guitarra y batería, se las ingeniaba para ir calentando la jornada a base psicodelia progresiva impregnada de ritmos kraut. Buscando refugio bajo las carpas para protegerse de los intensos rayos solares, la gente trataba de tomarse las cosas con tranquilidad. La jornada se presentaba larga y eran muchas las bandas interesantes que nos quedaban por ver. No es muy habitual comenzar a las doce de mañana y eso se notaba en la energía de la audiencia. Lentamente el ambiente se calentaba con un sol de justicia que era aliviado con una agradable brisa.
LARGE PLANTS, aparecían en el escenario principal para ofrecer su particular apuesta de sonidos de rock clásico con una revisión contemporánea. Buenas melodías vocales y punzantes momentos de guitarra ponían la chispa a otra actuación tranquila que no terminaba de despertar a un público que mayoritariamente disfrutaba de su show sentados plácidamente sobre la hierba. El suelo había aguantado perfectamente la lluvia de la noche y el recinto se encontraba en perfectas condiciones por lo que muchos descansaban tumbados viendo el show de los británicos.
De vuelta al segundo escenario, DESMOND DANDIES repartían dosis de garage rock en un tono vintage. Ligeros ritmos kraut adornaban unas canciones con sabor a 60’s en las que no faltaba una dosis de psicodelia.
Si el ambiente se había caldeado, con los franceses FUZZY GRASS el ardor del público no tenía vuelta atrás. Una banda joven pero sobradamente preparada continúan labrándose su carrera a base de buenas actuaciones en cada festival que participan, y en esta ocasión, poniendo patas arriba Down the Hill. La fuerza de su cantante, el talento de Laura su guitarra con sus solos asesinos con puro sabor a lo mejor de los 70’s, son un plato gourmet que el público supo degustar, y disfrutar. Todo el personal bailando al ritmo que marcaban los franceses. El heavy blues más auténtico se teñía por momentos de psicodelia chamánica en una actuación para recordar. Algo a lo que deberíamos estar acostumbrados, porque estos chicos, sin armar ruido, saben cómo meterse el público en el bolsillo. ¡¡Inconmensurables!!
THE GLUCKS tomaban el relevo en el segundo escenario derrochando energía punk y vibraciones alternativas ante los valientes que aguantaban el sol de justicia del medio día. Los espacios bajo las carpas cada vez estaban mas solicitados ya que el caluroso sábado, no daba tregua, aunque las bandas tampoco lo hacían.
Los noruegos FULL EARTH desplegaban todo su arsenal sónico entre poderosos y lisérgicos ecos a partes iguales. El talento de estos jóvenes músicos parece no tener límites, su experimentación llegaba a sonar como lo haría Motorpsycho con sus canciones más experimentales y pesadas. Unos teclados hipnóticos, unidos a la creatividad de Ask a la guitarra, nos sumían en una auténtica bacanal psico-progresiva. El ritmo trepidante de Ingvald a la batería (lo de este chico es increíble!), impulsaba a Down the Hill a un entorno hipnótico que según avanzaba si show iba reposando con canciones con influencias setenteras. Aquí, el mellotron alternaba el protagonismo con la guitarra en un auténtico torbellino .Todo un viaje sideral que nos puso a todos en órbita con mágicas guitarras, bajo pulsante, teclados hipnóticos y una batería diabólica, Cada día mejores.
PEUK brindaban otra vibrante actuación envuelta en sonidos alternativos con aroma a 90’s ejecutados con un espíritu punk a prueba de débiles. No era lo que necesitaba a esas horas teniendo en cuenta lo que estaba por llegar.
Los berlineses ROTOR se presentaban en formato trio. Era la primera que veía a la banda en directo con un solo guitarrista y mi curiosidad era máxima. Con un pequeño retraso sobre el horario previsto los de Berlín iniciaban su actuación atrayendo al público hacia el escenario como un potente imán. Aunque la ubicación del escenario en el recinto permitía a la gente sentarse en la yerba en diferentes espacios, algunas partes del recinto recibían la sombra y las carpas dejaban de ser un espacio exclusivo para protegerse del influjo del astro rey. En algunos momentos podía protegerme del sol en el foto-pic, ante la envidia de los amigos que estaban en primera fila que aguantaban hidratándose constantemente. He visto en directo multitud de veces a Rotor, pero no recuerdo si alguna vez lo hice con tres miembros. Evidentemente su calidad como músicos y como banda sólida, no me generaba ninguna inquietud. Desde el inicio de su show, aquello sonaba increíble y posiblemente algo más pesado de lo habitual. La banda venia con su habitual técnico de sonido Roland, que siempre es garantía de que todo sobraba bien. Una vez más, ROTOR pasaban el examen con una nota muy alta, como demostraba la gran ovación con la que fueron despedidos tras su poderosa actuación.
De nuevo, otra banda que estaba en mi radar, MOJO AND THE KITCHEN BROTHERS. El combo belga que se mueve en aguas psicodélicas inspiradas en los sonidos de los 70’s. Si particular interpretación de estas vibraciones hacía que la intensidad del día no bajará, tal y como se podía comprobar con la actitud de una audiencia que seguía dándolo todo con bailes constantes al ritmo de las canciones de los belgas Si estética vintage daba color a un sonido fresco y dinámico que solo cedía en su impulso en los momentos más psicodélicos de su notable actuación.
De regreso al escenario principal los suecos GREENLEAF eran presentados por el speaker cambiándoles la nacionalidad. Una anécdota que fue corregida por Tomi, diciéndole que no eran alemanes sino suecos ante las risas de todos. Un momento cómico que daba paso al torbellino GREENLEAF. ‘Trails’ era la canción escogida para el comienzo de una actuación que recorrió los distintos estilos en los que se mueven la banda. Centrados en su vocación Stoner, pero sin olvidar su amor por el blues y el hard rock más crudo y salvaje. Toda una descarga de adrenalina con Arvid dando sus habituales e interminables vueltas por el escenario (es infatigable el tío), y Tomi dejándose el alma en cada riff sin escatimar un gramo de simpatía por el público. Gestos, muecas e interacciones constantes que eran respondidas por un público en un headbanding constante. Pero GREENLEAF no son una banda más, y en la parte final de su show rendían tributo a John Lee Hooker con una salvaje versión de su clásico Boom, boom. Para ellos, es otro día más en la oficina, sus sudorosos cuerpos eran la prueba de que lo habían dado todo.
RRRAGS nos trasladábamos al segundo escenario para vibrar con sus densas y diabólicas canciones psicodélicas envueltas en esa fascinante fusión de vibraciones setenteras y la psicodelia espacial más diabólica. La banda sonó cruda e hipnótica consiguiendo que la temperatura del público subiera a altas cotas gracias a su poder hipnótico. Vibrantes y con muchos argumentos ofreciendo una actuación de rock a la vieja usanza, pero con elementos del siglo XXI.
Llegaba la hora de degustar el que para mí, era el plato fuerte del fin de semana, THE CRAZY WORLD OF ARTHUR BROWN . Si ya en Berlín me demostró que un concierto suyo es todo un espectáculo, en DOWN THE HILL, lo corroboró con creces. A priori puede parecer extraño poder ver a alguien que a tocado en grandes eventos junto a lo mas granado de la historia del rock del siempre tocando en un pequeño festival en un escenario construido con troncos en una granja, pero el maestro Arthur es un tipo sencillo, que sabe el terreno que pisa. Desde su llegada al backstage perfectamente maquillado y con su frágil figura repartiendo sonrisas pude notar que la noche sería apoteósica. Con una actitud que muchos envidiarían el octogenario británico supo con meterse al público en el bolsillo con sus locas y divertidas canciones. Con su show perfectamente diseñado, y con dos canciones para atrapar al personal su salida al escenario en la tercera canción con la llama sobre su cabeza, era al aviso de que el fuego de la hoguera rodeada de gente plácidamente sentada se iba a transmutar sobre el escenario en un espectáculo para no olvidar. Con una voz muy por encima de lo podría esperarse de una persona de su edad, y acompañado de unos solventes músicos, conseguía que todo el recinto se convirtiera en una pista de baile. La euforia se desataba en una actuación en la que cambiaba sus disfraces y sus mascaras cada tres canciones. Cada uno de ellos mas sorprendente que el anterior, desde el fuego de su cabeza, hasta el sombrero y maquillaje mas propio de Fredie Kruger, Las máscaras con plumas, los sombreros de flores y sus coloristas túnicas, o el mago sideral con el globo plateado que acabó sobre las cabezas de la audiencia, ponían un espectáculo colorista hecho desde la austeridad. El rock and roll es el rock and roll, y las grandes estrellas conocen el espectáculo, pero también al público, y Arthur entendió esto a la perfección. Su cara y sus comentarios delataban a alguien encantado de tocar en un lugar entrañable y auténtico, como si volviera a sus orígenes. Tras retirarse del escenario volvió para regalar un final de fiesta acorde con una actuación fantástica que siguió incluso después de su habitual baile en circulo junto a su banda. Grandioso como artista, todo un profesional que sabe a la perfección lo que dar al público en sus conciertos, y humilde como persona. ¡¡Bravo!!.
Podría pensarse que tras la actuación de THE CRAZY WORLD OF ARTHUR todo estaba hecho, pero todavía quedaba sumirnos en el endiablado y frenético show de los finlandeses KALEIDOBOLT. El trio continúa derrochando energía en cada una de sus actuaciones por lo que el desenfreno estuvo asegurado. Estos chicos son sinónimo de fiesta sideral, y sus canciones siempre acaban por enganchar al público para unirse a su particular fiesta. Ya entrada la noche, KALEIDOBOLT repartían vitaminas entre todos los presentes, el resultado, otro show loco divertido y pesado en el que todos los excesos tienen cabida.
Después de más de trece horas en el recinto el cansancio se apoderaba de mí, pero no podía irme sin ver la actuación de ZONE SIX, la banda que cerraba el festival. Habían pasado unos años desde que no me encontraba con Dave, y nunca le había tocar con ZONE SIX, por lo que es fuerzo sabía que iba a ser recompensado. El trio esparcía sus efluvios psico-espaciales con la maestría que solo lo saben hacer los músicos veteranos. Hipnóticos ritmos envueltos en unas vibraciones pesadas y psicotrópicas nos impulsaban a un viaje a través de largas canciones con una pesadez que me sorprendió. Sus meditativos pasajes eran impulsados por los efectos y un sonido denso y fornido con el que conseguían el equilibrio para su aterrador viaje sideral. Sin duda fue una buena idea aguantar a pesar de la falta fuerzas al final de la jornada.
‘ACIDO Y PUTO’ el nuevo álbum del trio madrileño FREE RIDE es una exploración sonora de la psique humana y las profundidades de lo desconocido. Este álbum se adentra en los aspectos misteriosos y a menudo inquietantes de la existencia, invitando a los oyentes a enfrentar sus miedos y abrazar la oscuridad interior. En este segundo trabajo esto hijos bastados de las generator-party de los desiertos californianos presentan nueve canciones que no te dejarán indiferente. He visto a estos chicos crecer musicalmente desde sus inicios, he visto como han ido evolucionando desde aquellos momentos en los que nos íbamos al campo con los generadores y las jams invadían el silencio de la Alcarria con sus ácidos y difusos riffs. Con el fuzz como principal ingrediente, aunque no el único, sus canciones se muestran más sólidas e impactantes cada día que pasa. Una evolución y madurez que queda reflejada en este particular viaje al interior de la mente, o mas bien, en este vehículo sonoro ideal para expandirla. De aquellas aguas viene estos lodos, y si, la cosecha que llevan cultivando desde sus inicios, lo que llevan trabajando desde hace casi una década, tiene sus frutos ahora en una cosecha excepcional, ‘ÁCIDO y PUTO’, un álbum del que se va a hablar y mucho en los próximos tiempos. ¿Y puede que te preguntes por qué?, pero cuando escuches sus canciones, encontrarás la respuesta. Porque ‘ÁCIDO y PUTO’ conjuga a la perfección el legado de los pioneros del Stoner roc,k con la psicodelia ácida de finales de los 60’s y primeros 70’s, en una encrucijada en la que se unen el sonido de EARTHLES, FU MANCHÚ y NEBULA. Sus brumosas canciones, a veces salidas de la psilocibina de los hongos mágicos, y otras de las arenas mas cegadoras del desierto, son todo un regalo tanto para los amantes del Stoner rock más auténtico, como aquellos que prefieren las orgías psicotrópicas en las que expandir la mente. Aquí lo tenemos todo, un brebaje sonoro que aplacará tus sentidos para invitarte a una larga fiesta nocturna en medio del desierto. Atronadoras, melódicas, rítmicas, pesadas, narcóticas, sus canciones conseguirán que sigas creyendo en un género que empieza a estar algo denostado por la monotonía de muchas bandas que repiten una y otra vez la misma fórmula sin mucho que aportar a la misma. En esta ocasión, la frescura, la madurez y sobre todo la autenticidad, quitan la razón a aquellos que afirman que el Stoner o desert-rock actual es aburrido y sin nada que aportar. En este álbum FREE RIDE logran capturar toda esa energía y crudeza que la banda muestra en su local de ensayo y lo hace, teniendo muy presente el legado de los 70’s, el legado de músicos como JIMI HENDRIX en su faceta más ácida y psicodélica, pero también recuperando la crudeza de THE STOOGES y por supuesto todo lo que aportaron bandas como KYUSS, FU MANCHÚ o NEBULA. Armados con nada más que sus instrumentos, algunos micrófonos y un deseo insaciable de crear, se propusieron capturar la esencia de su sonido en su forma más pura. Producido por el propio Borja y mezclado y masterizado por Matt Dougherty en Chicago, el espíritu DIY de la banda impregna cada aspecto del proceso de grabación, desde la ingeniería de sus propias sesiones hasta la experimentación con diferentes ubicaciones de micrófonos y técnicas de grabación. El resultado es un álbum que brilla con una intensidad cruda y energía cósmica, donde cada tema es un testimonio de la inquebrantable dedicación de la banda a su arte en un balanceo controlado que nunca se desmorona.
FREE RIDE son:
Borja Fresno – Guitarras, voces, percusión y sintetizadores Victor Bedmar – Bajo Carlos Bedmar – Batería
ÁCIDO Y PUTO’ cuenta con ilustraciones de Borja Fresno Benítez y Carlos Bedmar, y está disponible en CD y formatos digitales a través de Small Stone Recordings y en vinilo azul opaco (limitado a 250) a través de Kozmik Artifactz.
En un álbum que alterna canciones largas con otras mas cortas, su corte de apertura ‘Space Nomad’ con más ocho minutos, transita por espacio invadido por los efluvios de hongos mágicos. Aderezado con un alma de blues la pista me recuerda a los momentos mas psicotrópicos de TEN YEARS AFTER. Su atmósfera vintage empapada de wah-wah y un colorista ritmo Funky va tornando el corte a un espacio más pesado sin terminar de renunciar a la esencia heavy-psych. Lo liviano tornándose plomizo a través de gruesos riffs y una guitarra que en cada acorde irradia psicodelia de alto nivel. Presidido por la clama, el serpenteante deambular lleva la canción a transitar por otros estilos sin perder su esencia chamánica. Impactante y lisérgica hasta las trancas. Si FREE RIDE combina el legado del desierto con la psicodelia más ácida, es en esta ladera en la que su sonido me resulta más cautivador, como tantas veces les he dicho a ellos. Con temas así podemos entender la primera palabra del título del álbum: ÁCIDO.
Evocando el legado de los pioneros del desierto ‘Outsider’ nos empapa con su groovy desvelando la pasión del trio por el sonido de bandas como NEBULA. Fuzz, y un tono macarra empujan un corte ganador, de esos que rompen cervicales. La fiesta arenosa está aquí mostrando toda la garra de la banda en ese columpio que se eleva desde el rocoso suelo a la psicodelia pesada. La pista viene marcada por la implacable base rítmica y el contundente bajo de Victor, mostrando a Borja en registro diferente en su voz.
Retomamos las canciones de larga duración conlos casi diez minutos de ‘Kosmic Swell’. Otro viaje sensorial impulsado por la psicodelia meditativa prescindiendo de la voz. La pista es una especie de jam en la que las ondas psicotrópicas crean una atmósfera narcótica que sume al oyente en un placentero viaje sensorial. Expande tu mente y déjate llevar por estos mágicos sonidos empapados de la mejor psicodelia pesada que puedes escuchar en el siglo XXI. El ondulante desarrollo del que FREE RIDE dotan a sus canciones queda patente una vez mas en la parte central, en la que todo se vuelve mas turbio y pesado. L parte final combina la fuerza con la acidez en un entorno aturdidor con el que consiguen meter al oyente un auténtico agujero negro de sonidos lisérgicos.
‘Vice’ nos devuelve a la banda a un sonido setentero en el que los efectos cósmicos acompañan los gruesos riffs arenosos. De nuevo el legado de FU MANCHU (uno de los referentes del trio) aflora sin rubor. Con un ritmo dinámico envuelto en una turbia atmósfera, la pista se muestra sólida y contundente sin perder su tono psicodélico.
La joya de la corona es una canción compuesta en 2020 y que resume otra de las pasiones del trio.‘Nazaré’ rinde tributo a esas grandes olas que hacen las delicias de los surfistas en la conocida playa portuguesa. Surfeando entre efectos y distorsiones el corte se toma su tiempo para eclosionar en una bacanal de vibraciones más propias de los 70’s. Rítmica pero también narcótica, la pista se erige como el legado más valioso de FREE RIDE hasta el momento. Impulsada por unos tambores diabólicos la guitarra hace contonearse la armonía en otra orgía sónica de proporciones descomunales. Un pulsante y grueso bajo custodia los devaneos psicotrópicos de una guitarra que se multiplica en su sonido. La encrucijada en la que se encuentran el sonido de EARTHLESS con el de NEBULA y FU MANCHU. Y aunque creas tenerlo controlado, ‘Nazaré’ te llevará por paisajes sonoros que nunca hubieras imaginado en un mismo viaje. Una canción en la que encontraras muchos sonidos que te resultarán familiares pero que a la la vez te hará descubrir nuevos territorios sonoros.
La energía descarada de ‘Steamroller’ llega envuelta en un sonido turbio y difuso sobre el que se ejecutan momentos de Stoner ortodoxo, pero también dejando la huella punk que calzaban aquellos pioneros del desierto.
‘ Joy’ es una canción clásica en los directos de FREE RIDE desde hace un tiempo. Con una composición sencilla y un riff con mucho gancho, solo faltan los pasajes vocales de Borja poniendo la nota indómita a otra canción que se balance entre los 70’s y los 90’s pero que acaba por decantarse por el headbanging. ¿Te puede resistir a su groovy?
Continuando con la exploración Stoner ‘Blackout ‘ golpea con fuerza sirviendo como banda sonora perfecta para conducir por las largas rectas del desierto. Con algunos momentos setenteros y un cierto desorden consiguen que todo se torne más alocado y psicotrópico gracias a una guitarra que se desdoblan en mis sonidos lisérgicos.
Como epílogo ‘Living For Today’ con su colorista apertura acústica nos lleva a evocar nuevamente el legado de los pioneros del desierto. Una pista sencilla en la que el groovy marca su devenir y en la que encontramos giros inesperados con una proyección algo más comercial en sus melodías vocales de inspiración STOOGES. Pero no permitas que los árboles no te dejen ver el bosque, porque FREE RIDE tienen un gran respeto por el legado de las bandas con las que crecieron y otra vez nos brindan una canción que enamorará a los amantes de los sonidos más crudos del desierto.
Cinco días después del fantástico fin de semana vivido en Krach Am Bach y tras unos días de relax y turismo por la cuenca del Musela, llegaba por segunda vez a Marienthal para poder vivir una nueva experiencia en Hoflarm. Con los sentimientos encontrados al ser la primera vez que me ausentaba del festival portugués Sonicblast, que había sido mi cita habitual en este fin de semana durante los últimos 9 años, me disponía a vivir en todo su esplendor un festival que va creciendo y ganando adeptos en cada nueva edición. Descansado y gratificado por la desconexión del mundanal ruino en hermosos parajes. Si el fin de semana anterior me había encontrado con numerosos amigos, este fin de semana, los rencuentros continuarían. Siempre es gratificante llegar solo a un lugar y de repente, encontrarte rodeado de una ‘familia’ con la que sentirte a gusto.
HOFLARM comenzaba en 2019 con tan solo cuatro bandas, y en su sexta edición nos ofrece tres días con las bandas mas destacadas del momento, sin envidiar a ningún otro festival HOFLARM se asienta como uno de los referentes del verano alemán. Y os preguntareis porqué. La respuesta es sencilla, trabajo, trabajo, trabajo y mucha ilusión por ofrecer a su público una experiencia inolvidable, tanto en lo musical como en lo personal. El festival se desarrolla en una pequeña localidad en un entorno rural alejada del ruido de la gran ciudad. La sensación de libertad que dan los prados y bosques que rodean al festival y el amigable ambiente que allí se vive son alicientes suficientes para visitarlo. Ya el cartel de presentación del festival supone toda una declaración de intenciones. No racismo, no xenofobia, no nazismo, no nacionalismo, no religión, no sexismo. Estas máximas hacen que el personal que lo visita llegue con una predisposición de que va a un entorno de libertad en el que todo se desarrolla de la mejor forma posible para que la experiencia sea inolvidable. Así me sucedió hace tres años cuando asistí por primera vez en el periodo pandémico. Entonces con un formato reducido de público y unas fantásticas sensaciones que se repetía al llegar de nuevo aquí. La primera sensación es que nada había cambiado demasiado, sus troncos y mesas repartidas por el recinto y un personal amistoso trasmitiendo fantásticas vibraciones. Con esos condicionantes y habiendo llegado un día antes de su comienzo pude comprobar desde la calma todo lo que allí se cuece, así como conocer mas profundamente a las personas que colaboran con Caspar en que HOFLARM sea posible. Especialmente emotivo fue el encuentro con su padre, un tipo genial que siempre estuve pendiente de mi, para que todo me fuera mas fácil. Sin duda, hacer un reportaje de un festival a veces puede resultar algo estresante, pero esa sensación de estrés, en Hoflarm no existe, todo fluye de manera natural. La presencia de un único escenario permitía unas pequeñas pausas entre banda y banda lo que facilita la comunicación entre la gente, algo que, en otros festivales, a veces resulta complicado por la sucesión sin pausas de bandas. Esto implicaba que a veces las bandas tenían pequeños problemas para ajustar el sonido deseado y eso se notaba en las primeras canciones, aunque todo volvía a la normalidad con rapidez. Con puestos de exquisita comida local a precios razonables, y especialmente los majares que salía del horno de la madre de Caspar hacían que todo fuera mas gratificante. La ausencia de las largas colas habituales en otros festivales supone otro aliciente mas. Me llamó especialmente la atención que si bien la cerveza es la reina de los festivales, en Hoflarm había bastante gente que optaba por cócteles y sobre todo por el aperol, una bebida refrescante que va ganado enteros entre el personal y que en las primeras horas de la tarde queitaba protagonismo a la cerveza. Otro detalle muy importante y que define el espíritu del festival es la ausencia de vasos de plástico. Ver al personal frente al escenario con una copa de cristal es una imagen de un pasado lejano, y si en HOFLARM se produce es porque el civismo del público y la buena predisposición de la organización lo permiten. Esto no significa que el recinto se cubra de botellas vacías, todo lo contrario, porque la gente es responsable de cuidar el entorno, lo que supone otro punto a su favor para disfrutar en plenitud de la experiencia. El respeto y el buen rollo son los ingredientes fundamentales en este ambiente familiar en el que alrededor de 800 personas disfrutan de un mágico fin de semana con bandas de alto nivel. Porque ser un festival modesto no implica que la calidad de las bandas descienda, ya que desde la organización hacen una apuesta musical lo suficientemente variada como para que todos tengamos bandas de nuestro estilo favorito. Además, esto permie descubrir a la gente otras propuestas sonoras desconocidas y de las cuales alguna, siempre te sorprende. Así el doom, el Stoner, la psicodelia, el sludge, el kraut, el noise el heavy rock, conviven en armonía ofreciendo una experiencia multi estilística muy apetecible. Tampoco es habitual que antes del comienzo de los conciertos haga una clase de yoga multitudinaria, que sirve para relajar cuerpo y mente antes del frenesí de las múltiples actuaciones. Mis felicitaciones a la organización en ese afán de ofrecer lo máximo a su público y hacer que en cada edición se pulan los detalles. En esta ocasión el escenario contaba con una pantalla luminosa que permitía proyectar fantásticos visuales y que le daba un plus a las actuaciones de las bandas.. Si a todos estos ingredientes añadimos que la meteorología alemana nos día un respiro y lo tuvimos que sacar los chubasqueros y paraguas, podría decir que el fin de semana fue redondo. Para todos aquellos que no conocen este modesto festival, les recomiendo que no se lo piensen dos veces y prueben la experiencia, no se arrepentirán. Si desde sus inicios el segundo fin de semana de agosto ha sido su lugar en el calendario, el próximo año el festival trasladará sus fechas a la tercera semana de agosto, las razones ya las conoceréis próximamente. Una vez mas la visita a Alemania fue lo suficientemente estimulante como para ya estar contando los días que quedan hasta su próxima edición, porque HOFLARM lo merece, por la calidad de las bandas que allí tocan, por el entorno y el ambiente, y por la maravillosa gente que lo visita.
AFTERMOVIE:
JUEVES
Con un calor sofocante, y con todavía el público llegando lentamente al recinto, los alemanes KANT daban el pistoletazo de salida al festival. Su sonido vintage empapado en psicodelia con reminiscencias doorsianas, había despertado mi atención con su álbum ‘When The Strangers Come To Town’ y la oportunidad de verlos en vivo no podía dejarla escapar. Con una audiencia poco numerosa el joven cuarteto desplegaba su arsenal psicodélico con la solvencia de una banda asentada. Su sonido vintage cargado de melancolía se convertía en un canto chamánico en el comienzo de la tarde. Siempre es difícil ser la primera banda en tocar en un festival, pero KANT cumplió su papel con una notable actuación. Una banda con futuro que dejó patente la calidad que atesoran. La banda publicará en las próximas semanas su segundo álbum, con el que a buen seguro darán un importante salto en su visibilidad como banda a considerar.
En segundo lugar, los locales ASTRAL KOMPAKT eran recibidos con una gran ovación por los muchos amigos de la banda presentes. Sin hacer prisioneros, sin contundentes riffs cargados de fuzz, iban poniendo calor a la jornada. El headbanging estaba servido con el trio y su fusión de psicodelia y Stoner. Así, alternando pasajes lisérgicos con la contundencia de los difusos sonidos del desierto, iban desgranando sus canciones instrumentales con la precisión de un reloj suizo. La banda recibía todo el cariño del público habiendo completado una actuación que nos había puesto a todos en la ruta que haría ir avanzando en una jornada que nos iba a deparar grandes momentos.
Hacía ya unos años que no veía en directo a los israelitas OUZO BAZOOKA, y antes de que comenzara su actuación algo me decía que en esta ocasión sería diferente. Al encontrarme con su cantante y guitarra URI me encontré a los tres relajados sentados en el suelo charlando distendidamente. Si en las otras ocasiones que había visto en directo a OUZO BAZOOKA la banda venía acompañada de una bailarina haciendo coros y performance, en esta ocasión la banda venía en su formato más sencillo. Sin túnicas ni ornamentos que dieran brillo a su show, unos pantalones cortos y una sencilla camiseta era todo su vestuario. En un show accidentado en el que los problemas de sonido iniciales empañaban algo su actuación la banda iba de menos a mas con su psicodelia oriental sin terminar de conectar al completo con la audiencia. Uri es un habitual de saltar del escenario y mezclarse entre el público, y en esta ocasión esa tradición no iba a faltar, pero con la desgracia de resbalar al bajarse del mismo, algo que no trajo ninguna consecuencia desagradable mas allá del susto y que de alguna manera sirvió para elevar su actuación. Correctos, pero algo faltos de chispa.
Uno de los platos fuertes de la tarde llegaba a media tarde. De nuevo me encontraba con mis amigos de SIENA ROOT por tercera vez este año. Berlín, Dunajam y ahora HOFLARM, eran nuestro particular punto de encuentro este año. Precedida su salida al escenario con una banda sonora con aroma a espagueti western el cuarteto se presentaba en escenario con las ideas claras. Desde los primeros golpes a los tambores de Love, la descarga de sonidos vintage ya no tendría vuelta atrás. Al igual que había pasado con ASTRAL KOMPAKT, la banda ajustaba su sonido y sus monitores con los técnicos en la primera canción hasta conseguir el sonido deseado. SIENA ROOT es un combo vivo y cambiante, y las idas y venidas de miembros jamás le han restado su autenticidad. Con una Zubaida esplendorosa derrochando poderío vocal y actitud, la contundencia de la base rítmica de Samir al bajo y Love a la batería y la siempre chirriante guitarra de Johan nada podía salir mal. Blues, soul, psicodelia con olor a West Coast eran la banda sonora perfecta para la fiesta vintage en HOFLARM. Intercambiándose el protagonismo el órgano vintage en manos de Zubaida daba paso a solos de guitarra incisivos que se clavaban en los corazones de un público que disfrutaba y bailaba al son de los suecos. En el escenario una banda solvente con veinte años de carretera que continúa fiel a su esencia, y que nunca baja el nivel. Otro show cautivador y emociónate de una banda que significa mucho para mí, ya que fueron uno de mis primeros contactos con la música que sigo ahora.
El sol iba buscando su morada y la temperatura sofocante de la tarde nos permitía un respiro. Ahora la sombra que nos permitía acercarnos al escenario durante el show de SIENA ROOT se iba disipando antes del ocaso. Ese era un buen momento para recibir al padrino del rock del desierto, BRANT BJÖRK y su banda. Continuando con Ryan a la batería, en su último tour el BRANT cuenta con un escudero de lujo. Un tipo modesto que no tiene problema en haber sido el roadie, pero que cuando se sube a un escenario, deja claro que es uno de los referentes del género. Este no es otro que el bueno de MARIO LALLI, otro de los pioneros de las generator-party de los desiertos californianos y miembro de YAWNING MAN o FATSO JETSON. Su hora de actuación fue una lección magistral de como debe sonar una banda de desert-rock. Ese Groove diabólico que cala en las terminaciones del público insuflándole una necesidad imperiosa de mover el cuerpo y bailar atrapado por esa ceremonia chamánica. La contundencia de las cuatro cuerdas de Lalli, y el ritmo que Brant pone a cada acorde, nos brindaron una actuación a la altura que se podría esperar de dos personalidades como estas. La veteranía puesta al servicio de un público que gozo enormemente con su actuación. La clase de unos veteranos curtidos en mil batallas y que enfocan sus fuerzas en su música, desde la humildad y sin ningún tipo de artificios. Brillantes.
Sin darnos cuenta, la primera jornada estaba llegando a su fin. Los canadienses WINE LIPS eran los encargados de poner el cierre a la noche con sus dinámicos sonidos a caballo entre el garage-rock, la psicodelia y el punk. Hacía menos de una semana que los había visto en KRACH AM BACH, donde no terminé de conectar con su apuesta sonora. Tras las primeras canciones me retiré a una posición mas alejada mientras tomaba unas cervezas y charlaba con los múltiples amigos que me iba encontrando. Junto al escenario los bailes desenfrenados se sucedían ante el Torbellino de energía que salía del escenario. Una banda divertida que genera una fiesta por todo lo alto en sus actuaciones. A pesar de ello no fui partícipe de la misma ya que el cansancio tras una jornada intensa en la que pudimos disfrutar de grandes conciertos hizo que me retira antes de terminación de su actuación.
VIERNES
La jornada del viernes contaba con un aliciente añadido para mí. A la una del mediodía, una hora antes de que comenzara la primera banda, en el recinto del festival junto al escenario, se celebraba una multitudinaria clase de yoga. Iniciativas así solo dan brillo a un festival que manifiesta con cosas así su espíritu. No es algo habitual en un festival de estas características eventos así, pero por la multitudinaria respuesta de la gente, es algo a tener muy en cuenta, algo que le da un plus a HOFLARM como un centro de cultura alternativa en el que el espíritu de libertad está muy presente. Tras un rato disfrutando del relajante y cautivador ambiente de esa sesión me dirigí a comer algo para afrontar la jornada con energías. Aquí es donde otro de los puntos diferenciadores de HOFLARM se manifiesta de nuevo. Las delicias caseras de la madre de Caspar me conquistaron a las primeras de cambio. Especialmente ese pan negro con semillas (que no recuerdo su nombre) con un humus exquisito, y unas salchichas frescas con carne de cervatillo, acabaron por hacer que me rindiera a sus encantos. Una comida exquisita que no es fácil encontrar en cualquier festival.
Los berlineses ERRORR eran los encargados de iniciar la jornada con sus sonidos alternativos en el espectro del noise y el garage. Demasiado fríos en su puesta en escena y pendientes de cada acorde el cuarteto no despertó mi interés con un show demasiado plano y sin alicientes para mis gustos musicales.
La cosa se ponía más contundente con THRONEHAMMER. Los británicos con mas de diez años de carrera derrochaban sudor a base de rifs rompe cuellos con los que ponían a prueba las cervicales del público de las primeras filas. Agresivos y ásperos su metal con tintes doom no era un plato para mí. Eso y el implacable sol que caía sobre el escenario hacía que la audiencia que era de ese estilo se perpetrara en las sombras de los arboles del fondo del recinto. De esta manera el recinto se mostraba vacío en su parte central, y solo los mas osados y aguerridos de sus fans se encaramaban junto al escenario. Definitivamente estos chicos no son para mí.
Esta primera tarde de la tarde me la tomé con calma, ya que más adelante las emociones estaban garantizadas. Mientras otra llegaba el turno de otra banda inexplorada para mí. BIKINI BEACH eran unos desconocidos antes de HOFLARM y como siempre hago, me dispongo a dejarme sorprender. Sin ser su apuesta un plato de mi gusto, el trio desgranaba sus canciones a golpes de fuzz y de una actitud irreprochable. Ecos de garage, ecos del desierto y sonidos alternativos desparramándose en un frenesí sonoro que acabó por sorprenderme.
Habían pasado un par de años desde nuestro último encuentro en el Dunajam, y justo cuando llegaban con su furgoneta conducido por Adriano, me topé con los chicos de DUEL. Sus caras de sorpresa iniciales se tornaron en sonrisas antes de fundirnos en un abrazo. Estos tipos de Texas son geniales, unos tipos divertidos y que encima de un escenario no se andan con contemplaciones. Siguiendo al pie de la letra aquella frase que sus paisanos ZZ TOP decían en los 70’s ‘Una buena noche de viernes en Texas dura hasta el lunes por la mañana (o algo así), y eso se nota en nuestra música. Eso es lo que invadía el recinto de HOFLARM durante su show. Una descarga de sonidos rudos, en un frenesí de heavy-rock a la vieja usanza. Rock sudoroso y agerrido con el que pinchaban los culos del público para que este saltará en un desenfreno de puro rock and roll. Guitarras al cielo, melenas al viento y un constante ir y venir de Jenson y Tom, sobre el escenario ponían el fuego a una tarde asfixiante en la que la crema solar era un aliado imprescindible para proteger un cuerpo en el que se notaba el bronceado. Jaja. Los de Austin cumplieron con lo que se puede esperar de ellos, porque son una banda que sabes lo que puedes esperar de ellos y que no defraudan nunca.
Si había sido gratificante mi encuentro con ellos, no menos lo había sido mi encuentro con otros amigos con los chicos de THE GREAT MACHINE. Otra de las bandas con las que me topaba por tercera vez este año y que había visto hacía un par de meses poner patas arriba un entorno habitualmente plácido como son las playas del Dunajam jam. Sabiendo como se las gastan los israelitas, advertía a Omer del peligro de saltar desde escenario tras el incidente de su compatriota Uri el día anterior, algo que me agradeció para evitar cualquier incidente. Aunque, cualquiera que conozca a THE GREAT MACHINE, saben que son tres tipos indómitos y viscerales que no se arrugan ante nada. En nuestro encuentro me sorprendió el look que traía para la ocasión AVIRAN. Con tres moños situados a los laterales y parte de arriba de su cabeza. Le había visto con muchos peinados, pero jamás así, su aspecto era supergracioso. OMER con unos pantalones blancos con imágenes de periódicos ponía su particular y habitual nota de color sobre el escenario. Si su música es un torbellino de sonidos difusos de vocación arenosa, su actitud sobre el escenario es una actitud que haría palidecer a muchos punkies. Saltos, cabriolas interacciones con el público. Toda un frenesí que contagiaban a un público que no dejaba de bailar con sus canciones hasta la orgía final con el trio entre el público haciendo crowdsurfing sin que dejaran de sonar sus instrumentos. Un apoteósico final para una banda excesiva, una banda que lo da todo en sus actuaciones y que jamás defrauda.
Hacía ya un tiempo que no veía en directo a los ucranianos STONED JESUS, y después de haber escuchado su último álbum mi interés era máximo. Con los cambios de formación y el giro hacia territorios más progresivos su actuación en Hoflarm era una oportunidad para el gozo. Con un escenario presidido por la bandera ucraniana y una iluminación sustentada en el amarillo y el azul, el trio se mostraba esplendoroso sobre el escenario. Guardando el equilibrio entre sus suaves y melancólicos pasajes con la contundencia a la que nos tenido acostumbrados desde sus inicios STONED JESUS demostraban que son una banda solvente, que no son una banda Stoner mas. Así lo atestiguaba un concierto intenso y emotivo en el que la banda nos sumía en trances psicodélicos antes de despertarnos con la contundencia y voracidad de unos riffs que mantienen la energía que les ha caracterizado. Una de las mejores actuaciones de la jornada, sino la mejor.
Tras ellos, la locura de A PLACE TO BURY STRANGERS llegaba entre flases, humo y luces cegadoras. Casi sin poder distinguir a la banda en esa cortina de humo y focos deslumbrantes, la bacanal se producía. Había visto a la banda solo unos días antes, y de nuevo, las guitarras se hacía añicos golpeadas sobre el estrado entre distorsiones diabólicas. Tampoco faltó el habitual salto desde el escenario para seguir la bacanal entre el público, una audiencia enloquecida por el torrente de ruidos, distorsiones y sonidos aturdidores que los neoyorquinos presentan en sus actuaciones. En su línea.
Cerrando la noche y poniendo el colofón a otra jornada festiva POISON RUIN descargaban con una particular fusión de Stoner y metal con un tono punk que desataba la euforia entre un público ya algo cansado a esas horas, pero que todavía mantenía las ganas de seguir pasándolo bien.
Así concluía una jornada en la que la vitalidad y fuerza de las bandas había hecho despertar el letargo a una audiencia retribuida por como se había desarrollado este caluroso pero gratificante día.
SÁBADO
La jornada del sábado nos deparaba interesantes y variadas propuestas. El calor seguía acechando en las primeras horas de la tarde, el momento en el que EARTHBONG abrían la jornada. Había escuchado a la banda en disco, pero nunca los había visto en directo, y mi primera sorpresa fue que dos de sus miembros eran viejos conocidos míos. Claas y Thomas, guitarra y batería de KOMBYNAT ROBOTRON me sorprendían en un registro al que no me tenía acostumbrado. En esta ocasión cambiaban sus hipnóticos ritmos kraut por la contundencia de sus lentos y plomizos riffs de doom ortodoxo. La jornada comenzaba con la contundencia de una banda que era recibida con algarabía por la concurrencia.
Desde Suecia otra banda hasta ahora desconocida para mi TORNET, llegaba a HOFLARM para descargar su fuerza hard & heavy rock de inspiración 70’s. Hacía un mes y en el marco del WOODROCK FESTIVAL en Portugal, el bajista de J.I.R.M. me comentó que nos veríamos de nuevo, ya que él estaría con la banda aquí. Con una puesta en escena en la que su cantante aparecía maquillada con sugerentes dibujos con tonos ocultistas en su cara, la banda sueca ofrecía una revisión de sonidos 70’s con una gran solvencia. Una interesante apuesta que refleja el amor de muchas bandas suecas. TORNET mantuvieron el tipo en un concierto notable a pesar de que a la hora de su actuación se hacia complicado soportar el sofocante calor.
La formación australiana afincada en Berlín THE DHARMA CHAIN bajaban las revoluciones tras la contundencia de las dos primeras bandas para sumirnos en un cautivador y apacible sueño hipnótico con sus vibraciones psicodélicas y shoegaze. Una perfecta banda sonora para la hora de la siesta que era seguida por el personal cobijado bajo la sombra de los árboles. El joven quinteto cambiaba la dinámica con una ensoñadora actuación dejando muestras de su gran potencial. Prometedores.
A media tarde recuperábamos la pesadez con los británicos SLOMATICS. Si su último álbum ‘Strontium Fields’ había despertado mi interés con esa mezcla de sonidos pesados y psicodelia espacial, en directo la banda optó por la vía directa ofreciendo un show de doom sin paliativos. Riffs lentos y superlativamente pesados se mezclaban con unas voces etéreas que no lograban quitar el protagonismo a sus monumentales riffs. Rudos y crudos, SLOMATICS golpearon con fuerza.
Avanzaba la tarde y llegaba la hora de SACRI MONTI, una banda con la me une una gran amistad y que no deja de crecer musicalmente como demuestra su recién estrenado álbum ‘RETRIEBAL’ (reseña aquí). El quinteto de San Diego llegaba directamente de Portugal donde había actuado el día antes en el Sonicblast, y lo hacía con la frescura que les caracteriza. Controlando que todo sonara como ellos deseaban, desde la primera canción nos sumían en su particular viaje al corazón de los 70’s con su apetecible mezcla sonidos psico-progresivos acompañados por esa cautivadora voz de Brendan. So bien en mi opinión la banda hubiera brillado más con un sonido más potente para la voz, SACRI MONTI iban desgranando sus canciones ante un público que se rendía a su sensacional propuesta musical. Si bien no fue la mejor actuación que he visto de ellos, su show se erigía como uno de los mas destacados del fin de semana. Estos chicos saben a lo que juegan, y lo hacen con un espíritu ganador y una humildad que muchos deberían seguir. Brillantes, solventes y emotivos.
A continuación, los sucios sonidos sludge y doom de DOPETHRONE tomaban el protagonismo sobre el escenario. Teniendo en cuenta que no es una banda que me gusté, me limité a hacer unas fotos al comienzo de su show para tomarme un pequeño descanso frente a unas cervezas y unas charlas con algunos de los amigos presentes. Sus fans gozaban con una actuación en la que los sonidos de alcantarilla inundaban el ambiente del recinto del festival. Los amantes de este tipo de apuesta disfrutaban con un continuo headbanging que culminó con un final en el que el escenario se llenaba de público en un epílogo apoteósico tras una actuación salvaje.
Llegaba el momento de la banda más reputada de todo el line-up . Un auténtico reto para un festival modesto poder tener a una formación con el prestigio como los veteranos BLACK MOUNTAIN. Solo una semana antes los había podido ver en directo en KRACH AM BACH, y si bien su actuación fue intachable, me había quedado con ganas de más. La banda de Vancouver, con 20 años de carrera a sus espaldas son un referente para muchos, y sin duda, la maestría de sus canciones y la ejecución de estas, lo corroboran. Con un set-list en el que repasaban gran parte de su discografía. Los canadienses, como ya había comprobado la semana anterior, se limitan a ejecutar sus suaves canciones adornándomelas con suaves melodías vocales de su cantante Amber Weder y su guitarra y fundador Stephen McBean. Sin ningún tipo de artificio y mostrándose algo más simpática, Amber transmitía sentimientos en cada estrofa que interpretaba, si a eso añadimos los cautivadores pasajes floydianos de la guitarra de Stepehn, el éxtasis estaba servido. Su actuación se mantuvo en un tono pausado que hacía que las mentes de los presentes se expandieran en un mundo mágico. Así lo corroboraban las caras de la gente, un auténtico viaje sonoro en el que la psicodelia se adornaba con momentos de mayor intensidad bajo una hechizante atmósfera vintage. Sin duda se notaba que estos chicos están ya curtidos en mil batallas y que no necesitan turcos para conquistar a su público. Sobrios y sobresalientes, BLACK MOUNTAIN juegan en otra liga, en una liga solo destinada a los elegidos.
El festival estaba llegando a su final, y su epílogo corría a cargo de EARTH SHIP, unos habituales del cierre del festival en pasadas ediciones con los distintos proyectos de Jan. Sus envolventes sonidos a caballo entre la pesadez doom, el sludge y la psicodelia cósmica se envolvía en una penumbra de unas luces invadidos por el humo creando un ambiente kosmiche en el que empaparían sus canciones. Denso, lisérgicos, ruidosos y pesados, EARTH SHIP conseguían cerrar el festival dejando un magnífico sabor de boca a los presentes.
El festival había concluido regalándome otro fantástico fin de semana rodeado de multitud de amigos, con magníficas bandas y dejándome la mochila cargada de grandes momentos, tanto a nivel humano como musical, porque HOFLARM es un pequeño festival en el que cualquiera se puede sentir como en casa, con una organización impecable que trata desde la humildad y el trabajo ofrecer lo mejor a los visitantes. Esta 6ª edición corrobora a HOFLARM como un festival emergente, en el que el entorno, el ambiente y el alto y variado nivel de las bandas que por el pasan, lo convierte en un festival a tener en cuenta en la temporada veraniega de eventos. No quiero finalizar esta crónica sin reiterar mis agradecimientos a Caspar, a su padre y todo el equipo que hace posible el evento, un festival al que volveré en años venideros Hasta pronto, gracias.