Reseña: PSYCHLONA.- ‘Warped vision’

Con dos nuevos miembros en la banda, PSYCHLONA ha agregado una nueva dinámica a sus canciones sin perder su esencia y sonido característico. Ese veneno tan apetecible que sale de la mezcla de KYUSS y FU MANCHÚ, con dosis generosas de psicodelia británica de finales de los 60’s con el legado de PINK FLOYD y HAWKWIND como principal ingrediente, los británicos consiguen un álbum ideal para paladares gourmet. Porque esta sugerente fusión de estilos explotará en tus papilas gustativas haciendo que salives esperando la próxima canción. ‘WARPED VISION’, el cuarto álbum de los fuzzers británicos es un ejercicio ejemplar de veteranos experimentados que crean esta pequeña obra maestra. Las bases del álbum están establecidas por una pesadez centrada en los riffs y los estallidos combinados con una multitud de vibraciones relajadas. Lo que hace que el álbum rompa barreras y se aleje de estereotipos consiguiendo que cada estribillo llegue al corazón del oyente en ese a veces difícil equilibrio entre los riffs más rugosos y sus melodías almibaradas. Ocho con canciones con doble fondo en las que el fuzz cede parte de su protagonismo a una psicodelia pausada y aromatizada, en transiciones perfectamente diseñadas, en lo que es claramente el álbum más completo y emocionante de los rockeros psicodélicos del desierto hasta el momento. Con «WARPED VISION’, PSYCHLONA muestra una evolución sin renunciar a su esencia y con su nuevo álbum ha dado en el clavo y generosamente ofrece rondas para todos, ya que tanto los stoners mas ortodoxos como los que amamos la psicodelia, aquí tenemos nuestro trozo del pastel. ¡Salud y buen provecho!

«WARPED VISION’ fue grabado y mezclado por Andy Hawkins en The Nave Studios, Leeds (Reino Unido), masterizado por James Grover en Home Studio, Londres (Reino Unido) Correspondiendo el arte a Kyrre Bjurling y el diseño a Scott Frankling. El álbum está disponible a través de Magnetic Eye Records.

PSYCHLONA son: Phil Hey (guitarra, voz), Martin Wiseman (guitarra principal, coros), Ian ‘Izak’ Buxton (bajo) y Scott Frankling (batería).

Armando la canción desde la base rítmica ‘Jasmine’ muestra el poderoso sonido de los británicos a golpe de boogie rock stonerizado. Su crudo sonido y la pesadez de sus riffs, unidos a su habitual estela de fuzz difuso, logran construir una canción pesada y densa manteniendo su estilo intacto. Desde una armonía sencilla, la pista se eleva con riffs grandiosos en una constante montaña rusa impulsada por la distorsión.

En un tono más calmado ‘Let’s Go’ nos lleva a través de paisajes sonoros psicodélicos a un entorno sensorial propicio para expandir y mostrar toda su contundencia. Esa dualidad entre la psicodelia narcótica y la rugosidad de sus crujientes riffs es una fórmula que les viene funcionando a los británicos desde hace años, Una apuesta segura que es adornada con hechizantes melodías vocales, siempre en un entorno turbio y borroso. 

En ‘Smoke’ encontramos un giro en su propuesta sonora. Deleitándose en suaves armonías la banda ofrece su faceta más colorista y floral. Mirando a la psicodelia de finales de los 60’s, la pista se desarrolla en una atmósfera vintage empapada en psicodelia aromatizada. Los británicos se inclinan por almibaradas y cautivadoras melodías vocales para llevarnos a un espacio multicolor con su canción más suave y lisérgica. Un corte en el ue se pueden apreciar las reminiscencias de los primeros Pink Floyd y en la que los riffs pesados también tienen su espacio, aunque sea sin tanto protagonismo.

Con el fuzz como principal argumento ‘Cut Loose’ se muestra perezosa en su transitar por esos espacios arenosos y turbios en los que tan bien se mueven PSYCHLONA. Su hipnótico bajo ese tono borroso y sus crujientes riffs van dándose el relevo en el protagonismo de una pista de stoner psicodélico sin paliativos.

‘Topanga’ no reniega del espíritu de la banda para erigirse como una de las pistas más crudas y rugosas del álbum. Sus crujientes riffs y esa voz que trata de hacerse hueco entre su estela de fuzz parecen mirar al pasado de bandas como Sabbath con ese aura oscuro y tenebroso. Pero en una banda que sabe jugar con la melodía eso no es un problema para que el resultado final sea sorprendente y apetecible a partes iguales. Una pista que acaba por derretir tus neuronas a base de riffs repetitivos y aturdidores.

Ya desde su apertura ‘Kaleidoscope’ toma aspecto de un corte épico. El torrente de fuzz narcótico cohabita con esas atmósferas nebulosas que tan bien saben crear estos chicos. Desde el punto de partida la canción desciende en su parte central a un entorno mucho más psicodélico y espacial. Un balanceo constante que acaba por despegar para acabar por sus fueros.

Decantándose por su lado más psicodélico ‘Split’ borbotea lentamente en un ambiente lisérgico en el que todo sucede con calma. Nuevamente los británicos miran de reojo al legado floydiano para componer una hermosa canción que nos susurra con sus tonos balsámicos y aterciopelados. Un claro ejemplo de que PSYCHLONA no se encasilla en sus canciones Stoner y son capaces de crear maravillas como esta.

‘Magic Carpet’ pone el broche de oro a un sobresaliente trabajo con acordes de blues y jazz en otra canción pausada y rebosante de magia. Con un sonido claro cada nota brilla por si misma en la parte inicial. Pero ya sabemos que la cabra tira al monte y los británicos tardan solo un minuto en liberar sus rugosos riffs. Una pincelada de autoridad que no rompe el tono hechizante y cautivador de la pista. Un placido paseo por valle lleno de hermosas fragancias que solo se ve alterado por puntuales picos de intensidad. En su parte final la pista se desboca en una estampida de Stoner arenoso cumpliendo todos los cánones del género. Impactante y bella a partes iguales.  

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Psychlona

Magnetic Eye Records

Reseña: BLACK SNAKE MOAN.- ‘Lost in time’

“LOST IN TIME’, el tercer álbum de BLACK SNAKE MOAN, el proyecto de blues psicodélico folk del cantante, guitarrista y compositor italiano Marco Contestabile, entre reverberaciones lleva al oyente a un viaje interior, puntuado por ecos ancestrales, intensos y evocadores. Proyectando su viaje hacia la inmensidad del desierto, marcado por el día seco y soleado y la noche oscura y fría. Con vibraciones a caballo entre ALL THEM WITCHES y THE DOORS, sus psicodélicas y cálidas canciones nos sitúan en un espacio desértico en el que los ecos dark- folk tienen su espacio de protagonismo.  Sobre la curva vidriosa del reloj de arena que encierra los granos de los sueños, se desliza la serpiente que dicta el ritmo de la percepción del tiempo. La evolución cíclica de las estrellas, entre la luz y la oscuridad, el sol y la luna, crea un contacto fugaz entre la realidad y la imaginación, el flujo de nuevas visiones. La dimensión psicodélica de BLACK SNAKE MOAN, trae de vuelta en la primera parte del álbum una imaginería hipnótica, narradora de visiones nocturnas, dunas del desierto ardiendo en el horizonte, envueltas por el magma sónico resplandeciente, amalgamando blues, folk y rock psicodélico. Los largos paseos folk, incrustados con bordados orientales, son remolinos de ilusiones que nublan la mente, despertando la noche de los sentidos perdidos. La segunda parte, mientras sale el sol, trae luz y serenidad y abre la puerta al desierto indómito de los sueños, donde Todo nace y donde todo muere, reconectando el pasado con el presente. La naturaleza cíclica que dirige el camino de las canciones, la alternancia de la luz de la mañana y el atardecer, el renacimiento y la transformación; todo revela suavemente recuerdos de felicidad y reencuentro, dando gratitud a quienes se han ido antes que nosotros, a la verdad y las respuestas de nuestras vidas. La noche, deja un vínculo, una relación aún no cumplida. Será a la luz del día, cuando las líneas de pensamiento se vuelvan visibles nuevamente, que se sentirá la magia de la unión y la revelación. BLACK SNAKE MOAN funde el eco eterno de su tierra natal, la tierra de los antiguos cañones etruscos tallados en las rocas de toba, laberintos y complejos funerarios impregnados de misterio, el culto a la muerte y las creencias en la vida de otro mundo – a la espiritualidad de los paisajes del suroeste de Estados Unidos, a los desiertos de los nativos americanos, aparentemente estáticos pero flotantes como espejismos. Un viaje en el tiempo y en el espacio, influenciado por el Delta Blues, el Pysch-Rock y el Folk-Western, compuesto por mini mantras, performances rituales que explotan en vivo en su dimensión chamánica.

‘LOST IN TIME’ está disponible vía Area Pirata Records y el sello estadounidense Echodelick Records, con dos ediciones y artworks diferentes.

‘Dirty ground’ palpita por espacios más propios del medio oeste por tonos mas propios de bandas como ALL THEM WITCHES. Blues y ecos retumbantes cabalgas a lomos de ritmo tribal entre cálidas melodías vocales y efluvios psicodélicos revoloteando en el ambiente.

Las vibraciones desérticas se mantienen en ‘Light the incense’. Una canción con un sonido difusos, ritmo cadente y guitarra reverberantes en dosificados pasajes con aroma al oeste americano. Su atractiva melodía vocal y sus sutiles ornamentos son suficiente para rendirse a sus encantos. Un sueño psicodélico que se desvanece en la naturaleza transitoria de las aspiraciones encerradas en una noche. El humo del incienso revela una nueva visión, celebrando la atemporalidad del mundo de los sueños y emanando la esencia de los deseos que se disuelven bajo el signo de la luna creciente.

El órgano vintage nos introduce en ‘Come on down’. Sonando grave sus zumbidos psicodélicos y ese ritmo inquebrantable miran hacia el pasado para encontrarnos con THE DOORS en un viaje de peyote en la noche del desolador desierto. La canción me recuerda a PHAMTOM DIVINE COMEDY, aquella banda misteriosa de la que se decía que su cantante era el mismo Jim Morrison. Aquel espíritu se plasma aquí con gran acierto.

‘Shade of the sun’ y sus tonos acústicos me trasladan a una noche calurosa en un porche de Oklahoma. El lugar en el que podríamos ver tocar su guitarra y cantar sus canciones a J.J. Cale o a Neil Young. Esa mirada atrás de BLACK SNAKE MOAN es algo que gratificará a aquellos viejos fans de los viejos sonidos del medio oeste. Melódica y susurrante su suave tono consigue penetrar en nuestros sentidos con la brisa de sus dulces melodías.

 ‘Sunrise’ rememora el blues y los sonidos campestres con aroma doorsiano y un tono oscuro a la ves que cálido. Sustentada en una sencilla melodía acústica la pista nos arrulla suavemente con su poder narcótico.

Entre los ecos psicodélicos británicos de los 60’ y los coloristas sonidos de la west-coast ‘Goin back’ con una sencilla melodía consigue erigirse como otra interesante canción con aromas campestres. La sencilla pista se recuesta en los tonos acústicos para, a través de los sueños, explora sus propios lugares de memoria de su tierra natal a la luz del sol de un nuevo día, abriendo la puerta al renacimiento de su propio espíritu.

Llevándonos nuevamente a un espacio en el que los desértico se nutre de suave psicodelia, ‘Put your flowers’ gravitan en una turbia atmósfera con su marcado sonido de órgano y un zumbido persistente que hace que los tonos borrosos predominen.

Con un título como ‘West coast song’ no es difícil adivinar el contenido de sus surcos. Una canción acústica que gravita entre acordes folk, y suaves ecos psicodélicos mas propios de la california de finales de los 60’s.

La balada ‘Cross the border’ pone el broche de oro al álbum con su calidez y oscuridad. Casi en modo loner-folk, los acordes acústicos de la guitarra acompañan bellas melodías vocales con una sutil instrumentación en segundo plano. Una hermosa canción que huele a sur y a flores.  

BLACK SNAKE MOAN

Echodelick Records

Area Pirata

Reseña: SLOMOSA.- ‘Tundra rock’

Han pasado cuatro años desde que el cuarteto de Bergen sorprendiera a la escena Stoner con su irreverente y logrado debut homónimo de 2020, pero por fin tenemos aquí su segundo álbum ‘TUNDRA ROCK’. Así definen SLOMOSA su sonido forjado a base de riffs stoner acelerados, estribillos grunge y una actitud irreverente que queda reflejada en canciones frescas e impactantes. Seguramente SLOMOSA sean una de las banda que mejor han sabido venerar a pioneros como KYUSS, aportando sus melodías masivas para forjarse su propio sonido. Porque cuando escuchas una canción de SLOMOSA la identificas con facilidad, ya que estos chicos logran reflejar sus natales paisajes nórdicos en sus canciones, gracias a una avalancha de distorsiones masivas que cae en valles cubiertos de melodías cautivadoras y ritmos que hacen tambalear las placas tectónicas. No es casualidad que la banda haya ofrecido conciertos como pocos en los últimos años a pesar de no tener un nuevo álbum que presentar. Pero algunas de las canciones aquí contenidas llevan mucho tiempo formando parte del repertorio de la banda en directo, por lo que el álbum es una sorpresa a medias. Una sorpresa que la banda ha ido dosificando en pequeñas dosis en forma de canciones. Porque en el fondo, TUNDRA ROCK’ es la evolución natural de su álbum debut, y refleja el lado más emocional del cuarteto, y el álbum que les consagra como una banda destacada de la escena stoner, erigiéndose como candidato a ocupar espacios de honor en las listas de fin de año. Si queremos buscar alguna novedad en este segundo álbum de los noruegos, podemos intuir una mayor oscuridad y un mayor enfoque melódico. Y en esto de las melodías son unos maestros, ya que consiguen convertir sus canciones en himonos coreados en cada uno de sus conciertos. Así, sin hacer mucho ruido y base de trabajo y buenas actuaciones en directo, SLOMOSA se han hecho un nombre en una escena en la que no es fácil destacar, pero ellos lo hacen y además nos avisan: ¡‘TUNDRA ROCK’ ha llegado para quedarse!

‘THUNDRA ROCK’ está disponible vía Stickman Records

SLOMOSA son: Benjamin Berdous (Guitarra, Voz), Marie Moe (Bajo, Voz), Tor Erik Bye ( Guitarra) y Jard Hole (Batería).

 ‘Afghansk rev’ sirve como introducción al álbum con una pista en la que los ecos del desierto se adornan con elementos psicodélicos.  Una calma en la que pausados acordes de guitarra son custodiados por gruesos riffs de nítida vocación stoner. Una sencilla armonía nos sitúa en un espacio meditativo en el que se recrea un espacio vacío y desolado.

Con ‘Rice’ los noruegos se recrean en elementos de puro desert-rock creando un sonido difuso en el que el fuzz domina el entorno. Las melodías vocales son cuidadas haciendo que la pista resulte atractiva para el oyente. Esos ganchos vocales que se balancean entre el legado de los 70’s y el rock de los 90’s consiguen que la canción amortigüe la fuerza de sus rugosos riffs. Esto no impide que aparezcan meditativos pasajes psicodélicos dotando la pista de una calma chamánica.

‘Cabin Fever’ es una pista que la banda viene tocando en directo desde hace años y que forma parte del repertorio más habitual como una de sus canciones más reconocibles.  Una canción ganadora que nace del sosiego pero que contiene una melodía pegadiza que rápidamente cautiva al oyente. Nutrida de elementos 90’s la frescura de sus voces contrasta con esos elementos propios del stoner más ortodoxo. Una pista a la que difícil resistirse y que se erige como abanderada de un álbum solvente y auténtico en el que SLOMOSA pone su granito de arena para salir de estereotipos sin renunciar a su esencia. Cautivadora.

Palpitando lentamente ‘Red thundra’ emerge de suaves acordes que se van cubriendo de fuzz narcótico y un tono nítidamente desértico. El intercambio de voces entre Benjamin y Marie aportan el tono melódico a una pista cruda y turbia en la que se palpa el latir del desierto en su versión ártica. El sonido de los noruegos definido a la perfección en esa combinación de Stoner nebuloso, psicodelia y carácter melódico.

‘Good mourning’ es un interludio acústico que nos introduce en una de las pistas mas destacadas de este ‘TUNDRA ROCK’: ‘Battling guns’. una canción que se balancea entre fuzz y melodías aterciopeladas rebosantes de frescura. La pista es una oda antibelicista inspirada en el conflicto palestino-israelí en los tiempos de juventud de Benjamin. La distorsión ronroneante y la voz aireada de Ben llevan la canción hacia una pregunta: “¿Qué harías?” Con un ritmo contagioso y una melodía impactante es difícil escapar a los encantos de una canción nebulosa y colorista a partes iguales.

Confrontando la frustración con la vida ’Monomann’ nos golpea con un bajo excelso y poderoso y riffs arrolladores. Stoner crudo y dinámico para gozo de los más fieles seguidores del género. Una canción rompe-cuellos que hará estragos en su directos ya que su crujiente sonido y esa línea de bajo hipnótica y machacona conseguirán que no puedas resistirte a su excelso poder de tracción.

Evocando las vibraciones del grunge de los 90’s ‘MJ’ nos arrolla con un groovy desértico y toneladas de fuzz humeante. Denso y espeso, el corte gravita vacilón en una larga recta en la que el acelerador se pisa a fondo. Sus coros y estribillos aportando versatilidad consiguen ofrecer al oyente otra canción en la que la melodía se fusiona fuertemente con la crudeza arenosa.

‘Dune’, la canción que pone el cierre al álbum entre ritmos tribales y riffs plomizos es un viaje a través de la tundra. Su crujiente sonido y el groovy ganador la erigen en otra canción que cautivará a los más fieles seguidores de la banda. Sus tonos exóticos en contraste con su turbio sonido se mestizan en este ritual el riff arenoso. La especialidad de una banda que sigue creciendo cada día que pasa. Toda una liturgia Stoner digna de convertirse en un himno que ponga a bailar a sus audiencias.

Slomosa

Stickman Records

Reseña: THE MOTHERCROW.- ‘Foráneo’



La cosmopolita banda afincada en Barcelona nos presentará sus nuevas inquietudes en forma de nuevos temas. Evocando la época dorada del rock, ‘FORÁNEO’ se postula como un reto para aquellos que afirman que ya no se hace rock como el de antes. Han pasado cinco años desde la publicación de su álbum debut ‘MAGARA’ (reseña aquí) y diferentes salidas y entradas de músicos en la banda, pero su esencia se mantiene intacta. Marcado por la fuerza y carisma de la voz de su cantante Karen Asensio, sus ocho canciones rezuman rock a la vieja usanza, sin aditivos y artificios. Si bien el tono general del álbum es más contenido que su álbum debut, seguimos encontrando guitarras asesinas, ritmos trepidantes y un groovy que te atrapa sin remisión. Caminando en lado más blusero del rock de los 70’s la psicodelia, y el hard rock más crudo y contundente, no faltan a su cita en ‘FORÁNEO’. Piensa en cantantes del siglo pasado como Janis Joplin o Maggie Bell, en bandas como Grand Funk, Babe Ruth, Free y fusiónalas con formaciones contemporáneas como Blues Pills, Rival Sons o Graveyard y encontraras el punto exacto en el que se desarrolla el álbum. Desde los ecos de la West-Coast hasta la psicodelia más chamánica y envolvente, el impactante sonido de la banda logra calar hondo en la sensibilidad del oyente con un artefacto sonoro que parece salido de la época más gloriosa del rock del siglo XX.  ¿Estas preparado para un torrente de rock clásico? Si la respuesta es si, ‘FORÁNEO’ te dará lo que mas deseas. Sus seductores momentos impregnados de blues y los desarrollos psicodélicos ponen la guinda en un trabajo en el que el hard-rock vintage alcanza altas cotas de calidad. Transmitiendo sentimientos en cada estrofa, THE MOTHERCROW logran que sus canciones fluyan con naturalidad visitando diferentes escenarios sonoros con un nexo común, el rock más auténtico de los 70’s. Porque ‘FORÁNEO’ es uno de esos álbumes que consigue cautivar al oyente desde la primera escucha.

La banda ha contado con la experiencia de Robert Pehrsson (Tribulation, Black Paisley, Hazemaze, Märvel) para mezclar en Humbucker Studios en Suecia. El toque final viene con la masterización de Magnus Lindberg (Hellacopters, Refused, Russian Circles, Lucifer) en Redmount Studios. ‘FORÁNEO’ está disponible vía Discos Macarras y La Rubia Producciones, dos sellos que siguen apostando por lo mejor de la escena nacional.

THE MOTHERCROW son: Karen Asensio: Voces, Max Eriksson: Guitarras, Daniel Ribeiro: Bajo y Jaume Darder: Batería

‘Standing my Ground’ la canción que abre el álbum es una pista que bien refleja en contenido del álbum. Atmosféricos pasajes psicodélicos empapados de blues y hard rock salvaje al mas puro estilo 70’s. Marcado por la voz de Karen, el corte evoca momentos mas propios de cantantes como Janis Joplin, Inga Rumpf o Maggie Bell. Ondulando entre esos elementos clásicos la pista sube y baja su intensidad entre riffs pegadizos y un humeante aroma vintage.

Incidiendo en esa fórmula mágica que tan bien les funciona a los barceloneses, ‘Howling’ con un sonido mas crudo y rugoso mantiene el tipo. Fantásticas melodías vocales y golpes de auténtico retro-rock en un nuevo viaje al corazón de los 70’s. Una pista construida sobre una estructura sencilla en la que la acidez de la guitarra y una atmósfera nebulosa son sumen en un trance lisérgico impregnado de hard-rock a la vieja usanza.

‘Danger rules’ es otra pista de rock clásico construida sin estridencias. La desgarradora voz de Karen, en esta ocasión acercándose al sonido de Blues Pills. Con la máxima de menos es más, la composición cuenta con acertados arreglos que hacen que la canción se muestre mas accesible a cualquier público sin que eso implique una renuncia a la fuerza intrínseca de THE MOTHERCROW. Con ligeros pasajes de órgano la banda aporta elementos 70’s mucho mas característicos si cabe.

Poniendo la pausa ‘Tumbling down’, revela el lado más suave y sensual del cuarteto. Una pista con un tono bucólico en la que el aroma de las flores nos llega al corazón de América con sus luminosos y frescos pasajes. Un ejemplo evidente de que  estos chicos no solo se sienten bien en los momentos mas ruidosos sino que también saben como bajar la intensidad para llevar al oyente a un sueño mágico mas propios del Verano de Amor.

‘Foráneo’ la canción que da nombre al álbum deja un mayor espacio para la instrumentación. Creando una atmósfera envolvente y plácida, la voz de Karen se eleva majestuosa entre susurros cautivadores. EL blues, el soul y la psicodelia son los principales ingredientes de este nuevo coctel sonoro. Una pista de fácil digestión que haría palidecer a los amantes del rock de siempre en su versión mas pausada y sensual.

Despertándonos del sueño el riff de apertura de ‘(Doin’ It) For the Thrill’ nos evoca nuevamente esas vibraciones setenteras más auténticas. Blues ácido y rock de siempre unidos en busca de una causa común. Una canción que cualquiera ubicaría en el corazón de los 70’s. La incorporación de coros sugerentes hace que la pista llegue con facilidad al oyente proporcionando una placentera escucha de rock clásico. Imagina una fusión de Janis Joplin y los mismísimos Grand Funk y encontrarás el espacio perfecto para el goce.

La vibrante ‘Gonna burn’ es una inyección de vida a través de un groovy contagioso y ritmos coloristas que se inclinan a un lado más Funky. Otra vez THE MOTHERCROW consiguen un corte refrescante sin perder un ápice de fuerza. Ondulando con soltura entre esos elementos diferenciadores, ‘Gonna burn’ se convierte en otra canción ganadora.

El epílogo llega de la mano de la canción más larga del álbum, ‘Northern lights’. Inclinándose por pasajes acústicos y la suavidad vocal, la canción nos susurra con dulzura mostrando la capacidad para aunar elementos de puro rock clásico. Siempre copando el protagonismo, la voz de Karen va marcando la intensidad de cada pasaje de la pista.  Usando con sutileza el sonido del órgano consiguen crear un apacible y equilibrado espacio sonoro adornado con elementos progresivos. Seguramente es la canción más elaborada de un álbum que no baja el listo de calidad en ningún momento.

The Mothercrow

LaRubiaProducciones

Discos Macarras Records



 



 



 



 



 



 



 



Crónica.- ‘DOWN THE HILL FESTIVAL 2024’

Culminamos la temporada veraniega de festivales con la crónica de la visita a DOWN THE HILL. El coqueto festival belga que inició su andadura en 2018 continúa su meteórico ascenso ofreciendo cada año un line-up más interesante en el que las mejores bandas de la escena visitan su recinto. A diferencia del resto de festivales en los que he estado este verano, en esta ocasión el avión me dejaba en el aeropuerto de Bruselas donde el personal de la organización estaba esperándome para llevarme hasta el hotel en el que me alojaba. 45 minutos de trayecto para llegar a Rilaar, la pequeña localidad en la que se celebra el evento. Con el line-up más ambicioso hasta el momento, el fin de semana se presentaba con muchos alicientes en cuanto a bandas que no había visto en directo y especialmente con la presencia de la leyenda británica ARTHUR BROWN como principal estímulo, al que ya tuve la oportunidad de ver en vivo en Desertfest Berlin dejándome un magnífico sabor de boca. El festival se desarrolla en una acogedora granja en la que alrededor de 1000 personas pasan el fin de semana en armonía, disfrutando de la música que les une. Muchos conocidos con los que me había encontrados semanas atrás repetían experiencia festivalera. Ese perfecto espacio entre sugerentes prados rodeados de árboles, invita a disfrutar la experiencia plenamente, tanto en lo musical como en lo humano. Al llegar al recinto lo primero que llamó mi atención fue la capacidad de trabajo para construir un espacio tan confortable y acogedor como aquel. Desde el escenario construido con troncos, como otros múltiples detalles que hacen la estancia del publico lo mas agradable posible. Es como si llegarás a un sitio en el que sabes que te vas a sentir cómodo, un lugar en el que las buenas vibraciones sobrevuelan el ambiente. Tras ese primer vistazo al recinto me dirigí a la zona de acampada donde pude encontrarme con muchos amigos que ya tenían instalados sus campamentos para disfrutar de un magnífico fin de semana. La camaradería y buen rollo de los que asistimos a festivales como este, es algo que no tiene precio, y si encima se celebran en lugar así, nada puede salir mal. Sin duda el trabajo hecho por Dries y su equipo de doscientas personas, se vio recompensado con un sold-out y con el agradecimiento y admiración de todos los presentes, entre los que por supuesto, me incluyo. En el amplio prado de la colina en la que se celebra el festival los escenarios están distribuidos a la perfección; el escenario central, aprovechando la leve pendiente de la colina, y el segundo escenario en la zona lateral. Y si ya me sorprendió el escenario principal con sus troncos, también lo hizo el segundo escenario con una estructura hinchable de absoluta rigidez. En todos los años que llevo visitando festivales, nunca había visto un escenario así, curioso y sorprendente a partes iguales. Entre ellos, carpas suficientes para que la climatología no estropea la fiesta, puestos de comida y bebida y numerosas esculturas con hongos y otros detalles que daban un toque acogedor al recinto. El festival abría sus puertas con un pequeño retraso debido a ciertos problemas con las autoridades locales por algún problema leve que fue solventado sin más, unos minutos después. Eso hizo que el público al entrara al festival con más ganas si cabe. A partir de ahí, salvo las largas colas iniciales para comprar los tickets de las bebidas y comida, todo iba a desarrollarse de la mejor forma posible. El interesante line-up y ese entorno tan acogedor hacían que me sintiera ilusionado por poder vivir una experiencia así. Como ya es habitual en este tipo de festivales, el número de entradas vendidas está pensado para que la comodidad de sus asistentes sea máxima. Sin duda, el espacio permite que pudiéramos estar allí muchas más personas, pero si así fuera, se perdería ese ambiente gentil y de buen rollo que se siente. Siempre me resulta admirable cuando veo que los organizadores cuidar todos los detalles para la comodidad de su público y eso sin duda se refleja en las caras de felicidad que ves, en el ambiente festivo que se siente. La ausencia de problemas y las buenas vibraciones entre las bandas y su público hacen de festivales como Down The Hill, espacios para visitar. Si a eso unes el delicado trato que la organización me dispensó para que todo fuera fácil para mí, solo puedo dar las gracias por esta oportunidad de vivir un evento como este. Gracias Dries, Lut y gracias a todos los demás por el maravilloso trato recibido y hacerme sentir como en casa. Volveré en 2025.

AFTERMOVIE

VIERNES

Los belgas CUBERDON eran los encargados de abrir el festival con una interesante apuesta de sonidos post-rock con elementos alternativos. Con el público entrando poco a poco al recinto tras la espera la banda les recibía con los suaves y pausados acordes de sus canciones.

En el segundo escenario IRON JINN conseguían que la temperatura subiera con su energía setentera y sus largos desarrollos. Con su último álbum en directo en Roadburn, habían despertado mi curiosidad. Lo temprano de su actuación me planteaba la duda de si podría deslucir esos pasajes silenciosos que la banda tan bien sabe interpretar, pero la realidad fue que… esparcieron toda su magia y buen hacer como una banda a considerar con mágicos por momentos, en contraste en otros que su grandilocuencia progresiva golpeaba con fuerza. Brillantes.

WYATT E. habían anunciado en los días previos que se presentarían en DOWN THE HILL con dos baterías y que interpretarían por última vez su último álbum ‘āl b​ē​l​ū​ti d​ā​rû ‘en su integridad. Mis dos experiencias previas con ellos habían sido completamente diferentes, desde el magistral show en el Dunajam en el que estuvieron con dos hipnóticas y poderosas baterías, y en Madrid en una pequeña sala en la que tocaron 35 minutos insulsos, sin ningún aliciente. En esta ocasión ofrecieron su mejor versión, llevando al personal a su particular cuento mesopotámico con la fuerza de las dos baterías y sus ondulaciones sónicas. Momentos drones con pasajes de intensidad absoluta. Estos sí, y no lo que ví en Madrid. El público entre sorprendido, confundido y extasiado. No todos aceptaron el reto, demasiado complicado. Pero teniendo claro lo que hacen, lo hicieron ofreciendo su mejor versión.

De vuelta al segundo escenario, TAKH nos brindaban una actuación cambiante en la que alternaban momentos drone con otros de música americana alternados pasajes de post-rock e incluso doom. Sorprendentes para mí, pero extasiantes para muchos de los presentes.

La tarde se iba desarrollando de una forma gratificante, pero con BRIQUEVILLE todo cambió definitivamente. Con una magnífica puesta en escena en una ambientación presidida por la oscuridad y el humo, la banda aparecía ataviada con capas negras y mascaras carnavaleras, así como su cabeza cubierta. los belgas golpeaban con fuerza al caer la noche. Con su guitarra al borde del escenario retando a la gente, la banda conseguía su objetivo con un show, poderoso y contundente en el que no faltaron momentos livianos. Aunque los pasajes desgarradores fueron la tónica, la combinación de fuerza con los pasajes más suaves resultaba cautivadora. El público meneando sus cabezas, era el ejemplo que produce el efecto BRIQUEVILLE. Un tsunami sónico con voces guturales y una temática sombría, que se presentó envuelto en las tinieblas, solo permitiendo ver las siluetas de los músicos, creando así la atmósfera perfecta para sus diabólicos sonidos, con los que acabaron haciendo bailar a toda la audiencia, ¡¡¡inmensos!!!!

Todavía aturdido por la descomunal actuación de BRIQUEVILLE y con la lluvia complicando jornada, la hoguera empezaba a dar luz y calor a la noche. Sentados en circulo y desafiando al aguacero que por momentos estaba cayendo, el personal se quedaba extasiado ante el poder de las llamas. Las carpas habilitadas se llenaban de gente resguardándose de la lluvia mientras en el segundo escenario DOODSESKADER, el dúo con bajo y batería amenizaba la velada a los más valientes. Una banda con la que no conecté. Sus ruidosas canciones de vocación hardcore se sucedían entre proyecciones psicodélicas.

La lluvia arreciaba y DOOL se disponían a ofrecer otro show impresionante cargado de fuerza. Su hard rock teñido de metal resonaba duramente entre la aguacero y una ambientación en la que las penumbras tenían el poder. Melódicos por instantes, los holandeses no permitían mucho espacio a la pausa, ya que la voracidad de sis riffs hacía que todo saltara por los aires. Intensos, salvajes y envolventes, lograban meterse al público en el bolsillo con un halo mágico teñido de exóticas fragancias con las que hechizaban al público.

VANDAL X, como gran parte de los duos, basan su sonido en golpes de metal, noise o doom para que salten chispas entre la audiencia, los belgas no iban a ser menos y conseguían encender la espita que hacía que sus más fieles, vibraran en desenfrenados bailes. No eran para mí.

La jornada llegaba a su final con la psicodelia de GNOD. Con 6 músicos sobre el escenario y nuevamente con una lúgubre puesta en escena, la banda británica ejecutaba un show con el que no convencían al grueso del público. Su experimentación entre vibraciones kraut, y psicodelia era llevada al máximo, lo que impedía conectar con un público que ya a esas horas comenzaba a retirarse. Drone distorsiones ruidos se sucedían en una atmósfera hipnótica y psicotrópica. Había acabado la jornada y tocaba volver al hotel a descansar para tomar fuerzas para una jornada del sábado que se iba a presentar muy intensa. El camino de vuelta compartiendo vehículo con los chicos de GREENLEAF entre charlas y risas resultó de los más ameno a pesar del cansancio. Allí, los chicos de DOOL seguían la fiesta entre montones de cervezas en el porche del hotel, pero era mejor una retirada a tiempo, así que di por finalizado el día.

SÁBADO

El sábado se despertaba con el sol golpeando sobre un público que poco a poco iba llegando al recinto. Caras de cansancio, pero también muchas ganas de que la fiesta continuará. Habiendo llegado al recinto a una hora temprana, tuve tiempo de ir viendo como el personal de la organización iba tomando posiciones para que todo estuviera perfecto en el momento de la apertura de puertas. Las pocas horas de sueño entre los voluntarios se reflejaba en sus rostros. Alrededor de las doce, KOZMOTROM daban el pistoletazo de la salida al sábado con su psicodelia espacial adornada con los sonidos de viento, alternados con un brillante guitarra. Así con suavidad, iban poco a poco despertando al personal. Una transición suave, con la colorista puesta en escena de su batería. Enfundado en un mono azul de raso ponía el tono bizarro entre pasajes de psicodelia espacial. Frescos y sin estridencias, desgranaban sus canciones ante un público que recibía con agrado la delicadeza del comienzo de la jornada. En su última canción, aparecía sobre el escenario un personaje enfundado en una especie de tubo-escafandra con un cartel pidiendo el apoyo a su alien-underground local. Una apuesta diferente y resultona. 

En el segundo escenario el dúo CRANC, con guitarra y batería, se las ingeniaba para ir calentando la jornada a base psicodelia progresiva impregnada de ritmos kraut. Buscando refugio bajo las carpas para protegerse de los intensos rayos solares, la gente trataba de tomarse las cosas con tranquilidad. La jornada se presentaba larga y eran muchas las bandas interesantes que nos quedaban por ver. No es muy habitual comenzar a las doce de mañana y eso se notaba en la energía de la audiencia. Lentamente el ambiente se calentaba con un sol de justicia que era aliviado con una agradable brisa.

LARGE PLANTS, aparecían en el escenario principal para ofrecer su particular apuesta de sonidos de rock clásico con una revisión contemporánea. Buenas melodías vocales y punzantes momentos de guitarra ponían la chispa a otra actuación tranquila que no terminaba de despertar a un público que mayoritariamente disfrutaba de su show sentados plácidamente sobre la hierba. El suelo había aguantado perfectamente la lluvia de la noche y el recinto se encontraba en perfectas condiciones por lo que muchos descansaban tumbados viendo el show de los británicos.

De vuelta al segundo escenario, DESMOND DANDIES repartían dosis de garage rock en un tono vintage. Ligeros ritmos kraut adornaban unas canciones con sabor a 60’s en las que no faltaba una dosis de psicodelia.

Si el ambiente se había caldeado, con los franceses FUZZY GRASS el ardor del público no tenía vuelta atrás. Una banda joven pero sobradamente preparada continúan labrándose su carrera a base de buenas actuaciones en cada festival que participan, y en esta ocasión, poniendo patas arriba Down the Hill. La fuerza de su cantante, el talento de Laura su guitarra con sus solos asesinos con puro sabor a lo mejor de los 70’s, son un plato gourmet que el público supo degustar, y disfrutar. Todo el personal bailando al ritmo que marcaban los franceses. El heavy blues más auténtico se teñía por momentos de psicodelia chamánica en una actuación para recordar. Algo a lo que deberíamos estar acostumbrados, porque estos chicos, sin armar ruido, saben cómo meterse el público en el bolsillo. ¡¡Inconmensurables!!

THE GLUCKS tomaban el relevo en el segundo escenario derrochando energía punk y vibraciones alternativas ante los valientes que aguantaban el sol de justicia del medio día. Los espacios bajo las carpas cada vez estaban mas solicitados ya que el caluroso sábado, no daba tregua, aunque las bandas tampoco lo hacían.

Los noruegos FULL EARTH desplegaban todo su arsenal sónico entre poderosos y lisérgicos ecos a partes iguales. El talento de estos jóvenes músicos parece no tener límites, su experimentación llegaba a sonar como lo haría Motorpsycho con sus canciones más experimentales y pesadas. Unos teclados hipnóticos, unidos a la creatividad de Ask a la guitarra, nos sumían en una auténtica bacanal psico-progresiva. El ritmo trepidante de Ingvald  a la batería (lo de este chico es increíble!), impulsaba a Down the Hill a un entorno hipnótico que según avanzaba si show iba reposando con canciones con influencias setenteras. Aquí, el mellotron alternaba el protagonismo con la guitarra en un auténtico torbellino .Todo un viaje sideral que nos puso a todos en órbita con mágicas guitarras, bajo pulsante, teclados hipnóticos y una batería diabólica, Cada día mejores.

PEUK brindaban otra vibrante actuación envuelta en sonidos alternativos con aroma a 90’s ejecutados con un espíritu punk a prueba de débiles. No era lo que necesitaba a esas horas teniendo en cuenta lo que estaba por llegar.

Los berlineses ROTOR se presentaban en formato trio. Era la primera que veía a la banda en directo con un solo guitarrista y mi curiosidad era máxima. Con un pequeño retraso sobre el horario previsto los de Berlín iniciaban su actuación atrayendo al público hacia el escenario como un potente imán. Aunque la ubicación del escenario en el recinto permitía a la gente sentarse en la yerba en diferentes espacios, algunas partes del recinto recibían la sombra y las carpas dejaban de ser un espacio exclusivo para protegerse del influjo del astro rey. En algunos momentos podía protegerme del sol en el foto-pic, ante la envidia de los amigos que estaban en primera fila que aguantaban hidratándose constantemente. He visto en directo multitud de veces a Rotor, pero no recuerdo si alguna vez lo hice con tres miembros. Evidentemente su calidad como músicos y como banda sólida, no me generaba ninguna inquietud. Desde el inicio de su show, aquello sonaba increíble y posiblemente algo más pesado de lo habitual. La banda venia con su habitual técnico de sonido Roland, que siempre es garantía de que todo sobraba bien. Una vez más, ROTOR pasaban el examen con una nota muy alta, como demostraba la gran ovación con la que fueron despedidos tras su poderosa actuación.

De nuevo, otra banda que estaba en mi radar, MOJO AND THE KITCHEN BROTHERS. El combo belga que se mueve en aguas psicodélicas inspiradas en los sonidos de los 70’s. Si particular interpretación de estas vibraciones hacía que la intensidad del día no bajará, tal y como se podía comprobar con la actitud de una audiencia que seguía dándolo todo con bailes constantes al ritmo de las canciones de los belgas Si estética vintage daba color a un sonido fresco y dinámico que solo cedía en su impulso en los momentos más psicodélicos de su notable actuación.

De regreso al escenario principal los suecos GREENLEAF eran presentados por el speaker cambiándoles la nacionalidad. Una anécdota que fue corregida por Tomi, diciéndole que no eran alemanes sino suecos ante las risas de todos. Un momento cómico que daba paso al torbellino GREENLEAF. ‘Trails’ era la canción escogida para el comienzo de una actuación que recorrió los distintos estilos en los que se mueven la banda. Centrados en su vocación Stoner, pero sin olvidar su amor por el blues y el hard rock más crudo y salvaje. Toda una descarga de adrenalina con Arvid dando sus habituales e interminables vueltas por el escenario (es infatigable el tío), y Tomi dejándose el alma en cada riff sin escatimar un gramo de simpatía por el público. Gestos, muecas e interacciones constantes que eran respondidas por un público en un headbanding constante. Pero GREENLEAF no son una banda más, y en la parte final de su show rendían tributo a John Lee Hooker con una salvaje versión de su clásico Boom, boom. Para ellos, es otro día más en la oficina, sus sudorosos cuerpos eran la prueba de que lo habían dado todo. 

RRRAGS nos trasladábamos al segundo escenario para vibrar con sus densas y diabólicas canciones psicodélicas envueltas en esa fascinante fusión de vibraciones setenteras y la psicodelia espacial más diabólica. La banda sonó cruda e hipnótica consiguiendo que la temperatura del público subiera a altas cotas gracias a su poder hipnótico. Vibrantes y con muchos argumentos ofreciendo una actuación de rock a la vieja usanza, pero con elementos del siglo XXI. 

Llegaba la hora de degustar el que para mí, era el plato fuerte del fin de semana, THE CRAZY WORLD OF ARTHUR BROWN . Si ya en Berlín me demostró que un concierto suyo es todo un espectáculo, en DOWN THE HILL, lo corroboró con creces. A priori puede parecer extraño poder ver a alguien que a tocado en grandes eventos junto a lo mas granado de la historia del rock del siempre tocando en un pequeño festival en un escenario construido con troncos en una granja, pero el maestro Arthur es un tipo sencillo, que sabe el terreno que pisa. Desde su llegada al backstage perfectamente maquillado y con su frágil figura repartiendo sonrisas pude notar que la noche sería apoteósica. Con una actitud que muchos envidiarían el octogenario británico supo con meterse al público en el bolsillo con sus locas y divertidas canciones. Con su show perfectamente diseñado, y con dos canciones para atrapar al personal su salida al escenario en la tercera canción con la llama sobre su cabeza, era al aviso de que el fuego de la hoguera rodeada de gente plácidamente sentada se iba a transmutar sobre el escenario en un espectáculo para no olvidar. Con una voz muy por encima de lo podría esperarse de una persona de su edad, y acompañado de unos solventes músicos, conseguía que todo el recinto se convirtiera en una pista de baile. La euforia se desataba en una actuación en la que cambiaba sus disfraces y sus mascaras cada tres canciones. Cada uno de ellos mas sorprendente que el anterior, desde el fuego de su cabeza, hasta el sombrero y maquillaje mas propio de Fredie Kruger, Las máscaras con plumas, los sombreros de flores y sus coloristas túnicas, o el mago sideral con el globo plateado que acabó sobre las cabezas de la audiencia, ponían un espectáculo colorista hecho desde la austeridad. El rock and roll es el rock and roll, y las grandes estrellas conocen el espectáculo, pero también al público, y Arthur entendió esto a la perfección. Su cara y sus comentarios delataban a alguien encantado de tocar en un lugar entrañable y auténtico, como si volviera a sus orígenes. Tras retirarse del escenario volvió para regalar un final de fiesta acorde con una actuación fantástica que siguió incluso después de su habitual baile en circulo junto a su banda. Grandioso como artista, todo un profesional que sabe a la perfección lo que dar al público en sus conciertos, y humilde como persona. ¡¡Bravo!!.

Podría pensarse que tras la actuación de THE CRAZY WORLD OF ARTHUR todo estaba hecho, pero todavía quedaba sumirnos en el endiablado y frenético show de los finlandeses KALEIDOBOLT. El trio continúa derrochando energía en cada una de sus actuaciones por lo que el desenfreno estuvo asegurado. Estos chicos son sinónimo de fiesta sideral, y sus canciones siempre acaban por enganchar al público para unirse a su particular fiesta. Ya entrada la noche, KALEIDOBOLT repartían vitaminas entre todos los presentes, el resultado, otro show loco divertido y pesado en el que todos los excesos tienen cabida.

Después de más de trece horas en el recinto el cansancio se apoderaba de mí, pero no podía irme sin ver la actuación de ZONE SIX, la banda que cerraba el festival. Habían pasado unos años desde que no me encontraba con Dave, y nunca le había tocar con ZONE SIX, por lo que es fuerzo sabía que iba a ser recompensado. El trio esparcía sus efluvios psico-espaciales con la maestría que solo lo saben hacer los músicos veteranos. Hipnóticos ritmos envueltos en unas vibraciones pesadas y psicotrópicas nos impulsaban a un viaje a través de largas canciones con una pesadez que me sorprendió. Sus meditativos pasajes eran impulsados por los efectos y un sonido denso y fornido con el que conseguían el equilibrio para su aterrador viaje sideral. Sin duda fue una buena idea aguantar a pesar de la falta fuerzas al final de la jornada.  

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DenpaFuzz

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