Aburridos de practicar stoner-fuzz durante diez años, y curtidos en mil batallas, DEVILLE se deja llevar por sus instintos más metálicos. La maquinaria sueca se carga las pilas para descargar toda su fuerza en el disco más duro de su carrera. Como un trailer de gran tonelaje que transita a toda velocidad por una autopista del desierto, los suecos solo dejan destrucción a su paso. Los frenéticos ritmos nos ciegan en su embestida de metal. Polvorientos y densos , sin terminar de perder de vista sus orígenes, pero con una indudable vocación heavy metal.
Como si hubieran robado a Tor su herramienta, una gran maza golpea cabezas con insistencia, solo cediendo para retomar fuerzas en una nueva y brutal acometida.
El tema que da nombre al disco, «Pigs with Gods», puede definir a la perfección su nuevo sonido stoner-metal. En la misma linea, «cut it loose»hace destacar su gruesa linea de bajo, delineada sobre riffs que se elevan hacia el infinito.
Los momentos doomies no faltan en los temas en los que retoman los pasajes de psicodelia pesada como «Litghbringer».
Con alguna concesión al heavy más melódico, la inusual ‘Acid meadows’ supone una isla, o casi en un mar metálico que recupera la psicodelia pesada esgrimida en sus anteriores trabajos.
Encontramos momentos en los que la añoranza de sus temas más humeantes sale a relucir generando un corte nebuloso como «Dead gone», donde los suecos prescinden de las voces.
Supongo que muchos de los hastiados por los típicos sonidos stoner verán con buenos ojos el cambio de rumbo que supone «PIG WITH GODS», personalmente siguen gustándome más sus anteriores trabajos.
El disco será publicado el próximo 26 de octubre via Fuzzorama Records.
Un concierto programado prácticamente sobre la marcha en una fecha que había libre en la Sala Wurlitzer nos dio la oportunidad de comprobar in-sítu como suena la joven banda sueca.
Programado como «ORKAN rock progresivo desde Suecia en el Wurli», lo cierto es que la joven formación sueca inspirada en las formaciones hard-prog de los setenta, no pudo ofrecernos su cara más progresiva. Ante la ausencia de su saxofonista Kim Bertilsson, ejecutaron, como cuarteto en lugar de quinteto, un show que podríamos ubicar más en el terreno del rock clásico con tintes retros. La ausencia de los sonidos de vientos mermó la capacidad de trasladarnos con sus temas y melodías a los bosques escandinavos.
Ello, unido a que la noche de un lunes, no parece la mejor ocasión para ir de concierto, hizo que la sala tuviera una escasa concurrencia de público, lo cual no fue óbice para tener una gran noche . Bien es sabido que el carácter de los nórdicos no es como el de los latinos, pero eso no fue un problema a la hora de contagiar a los músicos la ganas de diversión que teníamos todos los presentes.
Así, con Theresia Dufva al bajo, Moa-Linn Rosenlöf a la batería, Josefine Green a la guitarra y Fredrik Pettersson a los mandos de la segunda guitarra, abrieron su show con «Solen är på väg», uno de los dos temas que componían la demo que publicaron hace dos años, dándole un toque más de rock clásico al que aparecía en dicha DEMO. En sus ejecuciones no faltaban algunos vientos folk que caracterizaron su álbum homónimo de 2017.
Lo cierto es que su set-list estuvo lleno de temas dicharacheros con gran ritmo, con unas voces que se iban intercambiando entre Josefine y Moa.
Interpretando algún tema nuevo, no incluido en su larga duración, ejecutaron «Moter nature», dotándole de una fuerza especial, con tonos retros de gran contundencia, sin renunciar a el punto progresivo e incluso folk de la banda.
Otros como «Rik rikare rikast”nos trasladaban a la década de los setenta con melodías que por momentos traían aires folk, mezclados con los sonidos retro-rock imperantes durante la mayor parte de la actuación.
En el momento en el que dieron por concluido su show, los presentes, les animaron seguir interpretando más canciones, a lo que acabaron accediendo, para retirarse definitivamente del escenario. Previamente a la finalización de su show interpetaban su clásico tema «Orkan», que ponía a la concurrencia a bailar al ritmo de la banda encontrándonos todos ya en «modo fiesta», tras las danzas precedentes. Nuevamente, ante la insistencia de los presentes, regresaron al escenario para regalarnos con simpatía un nuevo corte. La timidez fue superada ante la insistencia del público.
La conclusión es que fue una noche divertida, y casi familiar, entre la banda y los pocos que nos habíamos acercados al Wurli una noche de lunes, concluyendo su actuación pasada la media noche, con lo que habían completado alrededor de una hora y media de show. A la conclusión, saludos, e intercambio de charlas entre los noveles músicos y alguno de los presentes. Con una simpatía y una cercanía digna de ser alabada, ya que no es e ese el carácter y actitud de todos los músicos, lo cual es un dato a agradecerles.
Esperemos, que nos visiten de nuevo con la formación al completo y podamos disfrutar de todo su potencial y de los distintos matices de sus composiciones.
«HEAD SMASHED IN», el cuarto trabajo de WE HUNT BUFFALO es un desfiladero por el que se precipitan los búfalos huyendo de los canadienses, con ensoñadoras atmósferas de heavy fuzz arenoso. Amenazadores riffs combinados con melodías salpicadas de arena desértica en las que viscerales voces comandan una locomotora rítmica que llega con suavidad al apeadero de la calma. Una bella estación con delicados ornamentos, tanto vocales como instrumentales, salidos de lo profundo del heavy ochentero. Mucho trabajo en una estructuración instrumental de gran versatilidad. LLegando incluso a momentos progresivos, los canadienses, llaman a la puerta del nivel superior dentro la escena desert-fuzz.
Pegadizas armonías que manan del heavy ochentero se combinan con esmero con un manto arenoso («Prophecy wings») creando un espeso tapiz multicolor.
Borboteos ácidos rebosantes de fuzz con aroma retro que transitan a gran velocidad bajo una bruma pegajosa y psicotrópica en temas como «Get in Vains», hacen, que el disco contenga una versatilidad que gustará a distintos sectores de la escena.
Un desgarro de nostalgia brota de sus armonías que se returce, mostrándose pesado y lleno de energía. Una capacidad de moldearse en sus formas desde el apocalipsis al nirvana más extasiante. Curiosas fusiones de tonos orientales («Anxious children») con el más contundente de los bajos stoner, pulidas por un peculiar y brillante registro vocal.
Si en general «HEAD SMASHED IN» brilla por la mutación y combinación de elementos de procedentes de distintos estilos, la capacidad de maniobra de las voces eleva la intensidad del espectro de su luz.
Ninguna pieza falta para completar un perfecto puzzle. Encajándolas con esmero y cuidado para poder ser enmarcado y situarlo en la pared de la pinacoteca del stoner-fuzz. Atractivo y ácido a su vez, conjuga fuerza y una sutileza embriagadora.
«HEAD SMASHED IN» se publica el próximo 26 de octubre via Fuzzorama Records.
Otro artefacto sonoro de proporciones descomunales nos llega desde tierras suecas con «FLOOD», el nuevo álbum de DOMKRAFT.
Una marmita llena de sonidos euforizantes procedentes de alguna sustancia psicotrópica en los que la calma aparente de alguna de sus armonías se convierten en un torbellino de robustos riffs custodiados por efectos humeantes, para regresar a espacios más calmados y reposar en melodías narcotizantes a través de su psicodelia pesada.
Unos temas hipnóticos, que coquetean con el doom haciendo equilibrios en esa fina linea que lo separa con la psicodelia pesada y el stoner.
Rebosante de efectos y derrochando fuzz como una apisonadora sonora que va repartiendo a sus costados sustancias ácidas temas como «The watchers» nos aturden con su hipnotismo.
Lamentos ahogados y desgarradores que se abren paso entre repetitivos riffs stoner-doom se desarrollan a lo largo de pistas aturdidoras como «Flood».Todo ello sin perder un ápice de acidez y con una batería autómata hace el resto con una contundencia imponente.
Si los suecos saben moverse en los terrenos de la pesadez, también tienen la capacidad para construir melodías más pausadas y reconfortantes como el interludio que supone «The appear to be alive» en su poco más de un minuto de duración.
Los evocadores lamentos desgarradores que vemos en «Sandwalker» o en «Octopus»,unido al cansido y plomizo ritmo doom de sus surcos, los sitúan en un espectro en el que las tinieblas más terroríficas son las dueñas de las inquietantes atmósferas. Una oscuridad por la que transitan con una bacanal de fuzz en alicinógenos momentos de delirio completamente hechizante. Psicodelia y doom unidos en nebulosas de desesperación lenta y pesada, muy pesada. Stoner y fuzz al servicio de unas voces ahogadas, que claman por una liberación. Fuzz, fuzz, fuzz…..
«Dead eyes red skies», pone el broche final a un brillante disco, con un ambiento chamánico y narcotizante. Calmados y brumosos pasajes en las que los efectos y riffs con tintes retro, evolucionan a escenarios más pesados sin perder nada de su fuerza alucinógena. Perturbador, envolvente, ácido y corrosivo va desvaneciéndose en su fuerza hacia una parte final en la que el monstruo DOMKRAFTdormita sobre laderas en las que es acariciada por una brisa lisérgica que acaba apagandose.
Por fín llegaba la hora de que ATAVISMO nos visitaran por Madrid para hacer una especie de presentación de VALDEINFIERNO, su último trabajo.
La cita era en la Sala Moby Dick, a la que nos dirigimos la noche del pasado sábado con grandes expectativas y ganas de volver a ver en directo a los de Algeciras.
Los encargados de abrir la velada eran FIRE-MOON, un banda de Madrid a la que no había tenido oportunidad de ver, ni escuchar, y de la que tenía alguna referencia al tener entre sus miembros a componentes de EL ANTIGUO, lo cual ya despertaba mi curiosidad.
El cuarteto, ejecutó un show en el que los sonidos que yo conocía de su anterior banda se veía de alguna manera reflejados. Era una propuesta distinta, pero de similares características. Entre lo progresivo y el amplio espacio del post-rock fue desarrollándose su show. Probablemente, la banda no ofrecía nada impactante, ni nada que ya hayan hecho otras muchas bandas con anterioridad, pero si fue lo suficiente para disfrutar de un show entretenido. Con momentos floydianos, (los mas celebrados por la concurrencia) todo bajo una instrumentación envolvente, en la que especialmente destacada el trabajo de su teclista. Un buen aperitivo para lo que nos esperaba después.
Poco pasadas las diez y con una sala prácticamente llena de público, ATAVISMOempezaba su show con los primeros acordes de «Blazava», el tema que abría su primer disco DESINTEGRACIÓN.
El comienzo, ya nos hacía presagiar que estábamos ante un noche grande. Los largos desarrollos de la guitarra de Poti, empezaban a golpearnos con contundencia, sutileza y profundidad. Un gran sonido hacía el resto ante un público ávido de disfrutar del evento. Sin pausa, «La maldición del zisco» de «INERTE» seguía con la línea experimental, en la que los tonos kraut, se hacían notar dentro de su sonido psico-progresivo. La guitarra tomando el protagonismo con efectos y con un derroche impresionante nos iba subiendo la temperatura. Vislumbrándose ese acento andaluz que los de Algeciras tienen en sus genes.
Con los músicos sintiéndose relajados en el escenario y disfrutando de lo que hacían, tras un leve parón, arremetían con «Kraker», tema que alargaron ejecutándolo en dos partes, dando lugar a la improvisación de unos solos ácidos que hacían las delicias de la concurrencia.
Habíamos consumido casi media hora de actuación con temas que se alargaban para gozo del personal cuando una particular interpretación de «El sueño» daba paso al tema estrella de su EP «VALDEINFIERNO». «La Palmosa», era coreada por los allí presentes en una versión que difería de alguna manera de lo registrado en su disco. Quizás, y no sé si por mi ubicación en la sal, la voz se notaba un poco por debajo de lo que sería recomendable para que la interpretación fuera de diez. Aún así, lo que ATAVISMO nos estaba regalando, superaba todo lo que un servidor había visto de ellos en anteriores actuaciones.
Rodeados de amigos, la banda se sentía cómoda, e interactuaba con el personal con absoluta naturalidad, lo que es siempre de agradecer. La conexión músico-público, fluía, y eso siempre es la mejor de las noticias. Estamos en mitad del show, y los momentos más andaluces presidían esos momentos álgidos de la noche. A partir, de ahí, la cosa solo podía ir hacia arriba. Con un Poti, on-fire, entregado a su guitarra y sus pedales, llevando las distorsiones y sus efectos y riffs hasta cotas de mucha altura y dándolo todo, sonaban las primeras notas de «Pan y dolor», otro de los temas ya clásicos de la banda.
Era el momento que otro de los temas más aclamados de su último disco sonaran sobre el escenario de la Sala Moby Dick. «Valdeinfierno» volvía a dejarnos claro de donde son estos chicos. Los aromas andaluces se palpaban en una sala que palmeaba en la parte final del show, al ritmo que ATAVISMO y Sandri marcaban.
En su conjunto, vimos la versión más lisérgica y ácida de la banda, lo cual a un servidor, le llena de gozo. Una mas que brillante versión de una formación versátil en sus planteamientos musicales, y que no reniega de estilos e influencias distintas.
La banda se retiraba del escenario para regresar y concluir su actuación con una versión de «Meeh» que acabó sabiendo a poco, ya que todos queríamos más.
Así terminaba un concierto en el que los músicos habían dado todo de sí, ante un público que agradeció ese derroche devolviendo el cariño y reconocimiento que merecían. Sin duda, su mejor actuación de siempre en Madrid, ante muchos de sus amigos y seguidores.
Evidentemente, su show había terminado, pero la noche, no, y era momento para continuar con after-party en el que Poti nos deleitaría con grandes temas de todos los tiempos, con su acento sureño y africano especialmente, pero eso es otra historia……