Reseña SHAMAN ELEPHANT.- “Wide Awake but Still Asleep”

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SHAMAN ELEPHANT ha sido siempre una banda que ha despertado mi curiosidad, desde «CRYSTALS» su debut en 2.016. Tras verles sobre el escenario, las buenas sensaciones que me ha trasmitido su música se ha visto incrementada. Quizás en sus somienzos su sonido que pecaba de ser algo contenido, ahora con su segundo álbum aquellas pequeñas carencias de una banda jóven desaparecen, ¡¡Y de que manera!!!. Los SHAMAN ELEPHANT que encontramos en 2020 son una banda mucho mas madura y con las ideas  muy claras del camino que quieren que tome su sonido. Cada vez más afianzados en el legado de sus paisanos Motorpsycho, todo un referente en la escena underground noruega, «WIDE AWAKE BUT STILL ASLEEP» muestra a la banda en plenitud creativa e interpretativa.  Su fusión de psicodelia de finales de los 60’s con las complejas estructuras herederas del hard-progresivo de los 70’s es sencillamente brillante. La definición de la propia banda respecto al sonido de su nuevo álbum hace que sobren las palabras cuando manifiestan lo siguiente: «Es nuestro intento de hacer que las melodías se muevan como mariposas mientras los surcos pican como abejas asesinas «. Y puedo dar fe, de que esto es así, sin matices. Sin encasillarse en ningún momento en ningún concepto compositivo consiguen que los temas suene compactos y versátiles gracias a la gran cantidad de elementos con los que consiguen que este puzzle, encajen todas piezas a la perfección. Los siete temas fluyen con frescura y naturalidad entre el legado de Camel, Genesis o la complejidad de King Crimson añadiendo siempre un aura psicodélica que engrandece su rico y versátil sonido. Este álbum supone todo un regalo para los que amamos a esta banda y una gran oportunidad para que aquellos que no les conocen, disfruten de álbum magistral que gana con cada nueva escucha. 

El álbum fue grabado en Solslottet Studio con producción de Iver Sandøy (quien ha trabajado con Enslaved, Krakow y Seven Impale) y con diseño de portada de Maja Markegård y fotografía de Tom Wøbbekind, «WIDE AWAKE BUT STILL ASLEEP» está disponible vía Karisma Records.

SHAMAN ELEPHANT son: Eirik Sejersted Vognstølen (guitarra y voz) Jard Hole (batería y percusión) Ole-Andreas Sæbø Jensen (bajo) y Jonas Særsten (teclados).

Wide awake but still asleep” abre el trabajo con acordes que evolucionan hacia espacios psico-progresivos para ir creando poco a poco un corte perturbador con una sólida estructura. Con esos moldes van coloreando el tema con pasajes de guitarra ácida bajo constantes oscilaciones y modulaciones de intensidad sobre este ambiente psicodélico. Ese mestizaje entre los teclados netamente progresivos y una impactante base rítmica, se ve sorprendido por la acaramelada coz heredera del hard progresivo de los setenta. Aquí se palapa que la admiración de SHAMAN ELEPHANT por sus paisanos Motorpsycho es evidente. Un complejo tema dotado de mil matices ornamentales que confluyen en una dualidad entre algunos momentos desgarradores y otros que parecen sacados de un sueño mágico. La psicodelia floreada es solo uno de los factores que acreditan que estos chicos crean sus temas sin ataduras demostrando la gran creatividad que atesoran. Con una gran libertad creativa con éste segundo álbum se forjan una reputación que les elevará a ocupar un sitio en la prolífica escena noruega y europea como una de las bandas más sólidas y creativas de la escena psico-progresiva. La modernidad de su rock sabe tomar elementos de las bandas más aclamadas de la escena progresiva de los 70’s como Génesis o Yes, para fusionarlos con la creatividad y experimentación que Motorpsycho lleva ofreciéndonos durante años los convierte en sus discípulos más aventajados. 

Con un sonido más pesado “H.M.S. death, rattle and roll”, nos golpea con fuerza con su estructura heavy-prog para atraparnos entre sus riffs. Aquí la fusión de elementos toma un aspecto vintage entre explosivos tambores y contundentes riffs.  Sólidos, prietos y espesos, los noruegos se embarcan en una lucha entre los teclados y la guitarra que se trunca bruscamente. Cambiando el tono del tema la fuerza inicial deja paso a susurrantes y calmados espacios psicotrópicos con una magnético bajo como protagonista. Desde esa calma unas brillantes guitarras emergen derrocando dosis de psicodelia ácida entre unos efectos y una instrumentación que se resiste a abandonar los espacios progresivos. Aquí nos ofrecen crudos pasajes llenos de pesadez con esa dualidad entre teclados y guitarra con la que comenzaba el tema.

La perfecta conjunción de guitarras crujientes entre adornos sinfónicos y voces melodiosas hacen de “Steely Dan” un tema fresco y pegadizo. Tras una aparente simplicidad se esconden complejas estructuras herederas de bandas como Génesis o Yes en un mundo lleno de color. En el tema aparecen vestigios del sonido de sus paisanos Motorpsycho en una versión algo más contenida. El resultado es una fusión entre el pasado más gloriosos del hard-progresivo y la modernidad experimental noruega.

Sobre tonos acústicos se construye “Easy of mind”. Apareciendo como una lánguida canción casi folk, las delicadas melodías evocan momentos del pasado, sobre un soporte rítmico que poco a poco, en un segundo plano saca al tema de la aparente monotonía.  De nuevo la vocación progresiva aparece de manera brillante en una perfecta ejecución sobre ese apacible ambiente rural. una canción con mucha carga de profundidad. 

La grandiosidad de las estructuras compositivas regresa cono “Magnets”. Con la guitarra como protagonista, la experimentación en línea Motorpsycho, conjuga los acolchados pasajes vocales con un cuerpo armónico lleno de matices y fuerza. Espacios psico-progresivos que mantiene al oyente enganchado a la narrativa con momentos de elevación de intensidad y voces que se modulan entre pasajes llenos de psicodelia con el sonido de la guitarra copando el protagonismo.

Con sus mas de once minutos “Traveller” se sustenta en pesados ritmos hard-rock que son coloreados de mil colores para construir un arco iris en el que caben tanto elemento de puro rock como de rock progresivo más ortodoxo. Siempre con ese esmero en que las melodías se presenten de lo mas atrayentes, la estratificación del sonido creo dos atmósferas distintas en las que la pesadez aflora en buenos desarrollos de guitarras bajo ritmos hipnóticos que toman prestados algún elemento kraut.  Lleno de fuerza el tema se eleva por sus complejas estructuras cambiantes creando una estela multicolor a su paso.   Con una parte central más progresiva, el tema es el fiel reflejo de la madurez y evolución que estos chicos han adquirido en poco tiempo. Pasando de ser una banda con un sonido “flojo” a mostrarse en la actualidad como un conjunto sólido e inquebrantable. El sinfonismo es aderezado con efectos que crean un aura psicodélica de gran calado entre ese dinamismo hipnótico de una batería más propia de bandas como Minami Deutch.

El álbum cierra con “Strange illusions”, reflejando la faceta más sosegada de los noruegos en esta aventura por los espacios de psicodelia colorista y lo opaco de algunos de sus pasajes progresivos. Incorporando punzantes riffs, dan un giro al tema con esos parones que contrastan con las voces melodiosas entre pasajes sinfónicos. Es tal la riqueza compositiva que no es posible apreciarla en una sola escucha. La rabia aparece sobre un escenario más rockero entre la neblina lisérgica que siempre aparece en cada uno de sus temas. Es curioso que a pesar de las elevaciones de intensidad los temas no distorsionan completamente, sino que se mantienen como en un limitador de intensidad que hace que su escucha sea toda una experiencia sensitiva y gratificante.  

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Reseña: THE BLOODY MALLARD.- «Realm»

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Sin hacer mucho ruido, los británicos THE BLOODY MALLARD acaban de publicar su debut «REALM». Uno de los mejores trabajos editados en este mes y en el que a través de siete cortes instrumentales, dejan patente la calidad del trío londinense. Con una pesada base rítmica y desarrollos monumentales que van desde las finas texturas post-rock, a sonidos hermanados con el metal, logran tejer un denso y bello tapiz sonoro que consigue atrapar al oyente.   Su líder y guitarrista Tom Walding, después de experimentar con melodías, ritmos y tonos que recordaban muchos viajes de setas en la zona rural de Kent, los segmentos sónicos finalmente se formaron en canciones que se convirtieron en el álbum, «REALM». Tras esto, cualquiera se podría preguntar: ¿A que suena realmente esa experiencia?. La respuesta bien podría ser: A sonido que evoca la pesadez de bandas como YOB o ELDER, con la finura estilística de PINK FLOYD, la experimentación de KING CRIMSON aderezado con un cierto aroma rural evocador de ancestrales relatos de cuentos y leyendas. Un bosque sonoro en el que los efectos de los hongos mágicos se sienten a través de la psicodelia subyacente conjugándose con la belleza floral de los pasajes progresivos y post-rock, en unas atmósferas que por momentos se oscurecen para acercan a la banda a las cavernas doom. Un resultado armónico que pasa por distintas fases, desde lo inquietante a lo reconfortante sin perder su eclecticismo. Sus cuidadas y elaboradas melodías  nunca parecen construidas al azar, de hecho, cada canción evoluciona con giros y ondulaciones que cambian su vocación para enriquecer cada armonía y conseguir un sonido orgánico que fluye con naturalidad entre múltiples poliritmos haciendo que los temas se compacten.  Un trabajo dinámico que hace que los temas se engrandezcan en su avance, pero siempre en una explosión contenida. Un magnífico debut que me hace augurar que la joven banda londinense consiga estar boca de numeroso publico en próximos tiempos. Un cautivador álbum recomendable tanto, para los amantes mas purístas del rock progresivo, como de los de la psicodelia pesada 

El álbum fue producido grabado y mezclado por Jarred Hearman (Katy B, Wretch 32, Mammal, John Butler Trio, The Prodigy, Slipknot) en Konk and City Sounds Studios y The Gin Factory.

THE BLOODY MALLARD son: Tom Walding (Guitarras), Raihan Ruben (Bajo) y Jake Bradford-Sharp (Batería).

“Haemoglobin” el tema más largo del álbum con sus once minutos, abre con delicadas más propias de la escena post-rock para transmutarse inmediatamente a un escenario de pesadez más propia del doom. Pesados riffs y tambores explosivos llenos de una fuerza capaz de generar monumentales espacios sonoros en un auténtico frenesí de ritmos y riffs. Entre esta eclosión lograr insertar elementos psico-progresivos que a la postre forman la identidad de los ingleses. En contraste con la eclosión anterior, hacen descender el tema a bellos prados sonoros siempre bordeando la frontera del post-rock. Tomándose una pausa por estas mágicas estancias palaciegas tras un pequeño reposo en su intensidad vuelve a elevarse por majestuosos espacios progresivos con una tupid instrumentación. En un nuevo giro argumental, misteriosos y susurrantes desarrollos se apagan silenciosos. Los sutiles y elegantes acordes nos despiertan de este maravilloso sueño en el que nos han sumido para volver a la grandilocuencia de ese sonido grueso y pesado del que hacen aflorar aromáticos y delicados acordes de guitarras soportados por un escenario post-rock.

En un contraste entre los calmados acordes semi-acústicos y los tonos progresivos, “Subject to entropy” con la grandilocuencia del pesado y fornido bajo la banda coquetean con sonido más propios del Stoner-doom sin terminar de deshacerse se ese sonido entre el post-rock y el rock progresivo al uso. En su parte final el tema desciende a entornos más rurales a través de acordes acústicos que hacen que el tema se evapore lentamente. Inspirada en las teorías de la entropía e influenciada por esos riffs doom y stoner, la canción fue escrita con afinaciones, fuzz y distorsión mezcladas con capas acústicas para reflejar la naturaleza de la entropía. Los pensamientos, sentimientos, actividades y existencia sin fin de cada uno están sujetos a los elementos de la naturaleza. La canción tiene como objetivo crear esa realidad envolvente y fue escrita con la intención de dar al oyente la libertad de interpretar el terror o la comodidad.

A modo de susurrante interludio, “Reversion”, nos arrulla con una extraña delicadeza.

“Noble rot”, evoluciona desde calmados y hechizantes pasajes entre setas mágicas para elevarse a momentos turbios y plomizos en ese bosque hechizado del que afloran flotantes pasajes floydianos. Todo un mundo de fantasía psicodélica que se va describiendo con unas cuidadas melodías que conjugan belleza y fuerza sobre el escenario que mejor se mueve el trío. Éste no es otro que esos espacios psico-progresivos que con tanto acierto son capaces de describir como relato de cuentos y leyendas del pasado en los que la épica está presente.

Mostrando su faceta más pesada, Ceremonious Synapses”, un tema dividido en dos partes arranca con fuerza con sus crujientes y plomizos riffs herederos del hard-progresivo llegado de los 70’s. Abandonando los pasajes de ensueño, un fornido bajo y afilados solos de guitarra tratan de aflorar entre la densa base rítmica. Un contraste efectivo en el que los tonos vintage consiguen enganchar al oyente al tema y a su particular narrativa, especialmente en su primera parte.  A pesar de la contundencia, no faltan esos momentos más pausados, pero en esta ocasión con un carácter más rugoso.

Explorando temáticamente el tema de las vías neuronales y los comportamientos dentro del cerebro humano. La conciencia y los comportamientos humanos pueden estar vinculados a la estructura de estas redes neuronales y basarse en ciertos acontecimientos en la vida de una persona (ambientalmente, traumáticamente, meditativamente) estas vías pueden alterar. El tema supone unas narrativas temáticas del esfuerzo consciente por cambiar estos caminos; parte I) centró uno el físico friccionado y disciplinado, mientras que la parte II) se centra en el nivel más profundo y subconsciente espiritual del cambio.

En la segunda parte del tema “Ceremonious synapses (II)”, dejan de lado la pesadez para sumergirse en atmósferas progresivas con constantes cambios y giros estilísticos. Con un sonido que siguen siendo rugoso paulatinamente se van limando para dejarse llevar por desarrollos en los que la psicodelia tiene un mayor protagonismo.

Este maravilloso debut, cierra con “Dawn”, en la que ejecutan un sosegado y sigiloso paseo por apacibles atmósferas a modo de epílogo. El descanso para el guerrero después de las batallas anteriores parece mostrarle el camino de vuelta a casa en un corte poco trascendente en el conjunto del álbum.  

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Reseña: RIDER NEGRO.- «The Echo of the desert»

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Para un gran amante como yo del sonido que nos legaron THE DOORS y en especial su cantante Jim Morrison, fue toda una alegría el descubrimiento de la banda mexicana RIDER NEGRO semanas atrás. Ahora, un tiempo después podemos disfrutar de su primer álbum «THE ECHO OF THE DESERT». Un trabajo conceptual en el que la mística del desierto se refleja en calmados y desgarradores temas en los que el legado del «Rey Lagarto» queda patente en los registros vocales de Tiaca Serrano, su cantante y guitarra. Diez canciones que serpentean por estados sensoriales más propios de un viaje de peyote lleno de misticismo, en el que la transición entre el día y la noche relatan el devenir de la vida como un ciclo perpetuo.  Temas que fluyen con calma entre los cactus y la soledad del desierto bajo acordes de blues, de jazz, rock clásico, ritmos latinos, pero fundamentalmente de esa psicodelia chamánica que Morrison nos ofreció décadas atrás. Las canciones serpentean entre ritmos que unas veces se recuestan en ese espíritu latino cercano incluso a Santana con delicadas melodías de guitarra,  y otras prefieren dejar paso a atmósferas más propias de Pink Floyd, como sucede en «The wizard», un tema dividido en cuatro partes y que bien pudiera ser una transición de Morrison más misterioso con el legado psicodélico de la banda del  fluido rosa en un viaje al desierto de Sonora. Otro elemento distintivo del sonido de la banda es el tono vintage que aporta a su órgano Israel Baez, tomando como referente los característicos ecos de los temas de  Ray Manzarek. Sobre esos dos pilares fundamentales en la personalidad de la banda, y teniendo en cuenta que fueron los primeros fundadores de la misma, el trabajo de Miguel Vázquez con su hipnótico bajo, y la versatilidad de Zaid Gutierrez a la batería, hacen que el álbum tenga una consistencia notable en todas sus composiciones. Al margen de esto, sobre todo el espíritu chamánico que transmite cada una de las canciones, hacen que el oyente pueda sentirse partícipe de ese ritual alegórico en el que el Sol tiene un gran protagonismo. Estamos ante un álbum lleno de misticismo y señales que nos invitan a esa comunión con las fuerzas de la naturaleza, y especialmente de su amor al desierto con su lado más misterioso. «THE ECHO OF THE DESERT» es un álbum que ningún amante de THE DOORS debería perderse. 

«THE ECHO OF THE DESERT» fue grabado en StudiOz MixandMaster Estudio y ha sido auto-editado por la banda a la espera de que algún sello se anime a su producción. 

Los sonidos de la noche desértica abren “Fires at the cosmic dawn”. Emergiendo chamánicamente entre los cactus el tema comienza evocando los ecos del desierto. La voz de Tiaca Serrano emulando al Rey Lagarto entre acordes de western es arropada por un cielo estrellando que va dejando paso a la luz del alba bajo un cadente ritmo y un teclado que ritmo que trasviste su sonido como si fuera un llanero solitario tocando su armónica. Tonos vintage que se van abriendo a la luz de ese soleado amanecer. Ya desde el primer tema encontramos la admiración que estos chicos tienen por The Doors. Un sonido evocador que se adorna con brillantes solos de guitarra en su parte final.

“Dry & Soft”, nuevamente bajo susurrantes pasajes, va arrullándonos entre los acordes del hipnótico bajo de Miguel, y ese penetrante sonido de órgano salido de las entrañas de un tema que fluye con calma. Sin prisa para ligar el tema, el ceremonial parte con la cálida y sugerente voz de Tica Hechizándonos e incrementando la intensidad con al aura de Ray Manzarek en los teclados. Todo un trance lisérgico más propio de una ingesta de peyote invade la canción entre desgarradas proclamas vocales entre acordes de blues psicodélico. Como si estuviéramos en el desierto de Sonora en pleno “viaje” psicotrópico el corte juguetea con distintos cambios de ritmo sin perder su aura psicodélica. Toda una huida desesperada llena de fuerza marcada por la reencarnación de Morrison en una especie de nuevo “verano indio”-

En delicados tonos jazz, “El buitre” a través de medios tiempos y el penetrante sonido del órgano el cuarteto juega de nuevo con una calma que toma elementos del blues y ritmos latinos. Con gran frescura, la percursión colorea los elegantes pasajes retozando con la psicodelia en un segundo estrato sonoro. Caramente el espíritu de músicos latinos como Santana quedan patentes en la apuesta de RIDER NEGRO. En tema está cantando en espaol lo que le aporta otro elemento más de esa reavivación del sonido de su tierra.

Ahora sobre acordes blues “In an ancient zigurat” se ejecuta sobre una tenue luz. Ecos jazz sobre delicadas melodías hacen que la banda se aleje de los riffs pesado y estridentes para contonearse seductor entre aterciopelados momentos en los sentimientos salen a flor de piel. Un largo tema que transcurre entre vaporosas atmósferas que paulatinamente se van tornándose más lisérgicas hasta convertirse casi en una jam blues psych. Con una guitarra que se retuerce y serpentea con mil matices y tonos que van desde el blues a los ritmos latinos. Aquí la percusión tiene un gran protagonismo entre esa neblina que va creando el ´órgano antes de recuperar el espíritu doorsiano innato en la banda.

Tras los tres temas anteriores en los que nos ofrecido distintas caras de su apuesta musical, RIDER NEGRO crea un tema dividido en cuatro partes a modo de suite. “The wizard”.

En la primera de las partes, “Prelude to the dream”, las locuciones en español  entre efectos envolventes van creando el ambiente de misterio para el desarrollo del tema.

“The world within” con poco más de un minuto se deleita en pasajes floydianos de teclados en tonos casi celestiales.

Continuando con el latido de la banda del fluido rosa, y evolucionando en un génesis, “Beta orionis”, la tercera de las partes nos ofrece un hipnótico trabajo de bajo y afilados pero delicados solos de guitarra como preludio de una erupción en la que The Doors se visten de Pink Floyd para meditar en el desierto de Sonora.

Esto es solo la preparación de la cuarta parte del tema, “Path to the core”, en la que a través de ocho minutos ya desarrollan todo su potencial emanando esa fragancia doorsina con la soledad del desierto como testigo de alucinógenos pasajes con un cadente y repetitivo ritmo. Intensificando y volviéndose cada vez más pesado, los momentos de psicodelia luminosa se mezclan con el blues en un mestizaje que parece ser innato en la banda mexicana. Siempre guiado por el sonido del órgano el tema desciende a acolchados prados de psicodelia reconfortante en las que afloran bellas melodías. La guitarra aquí se viste de tonos vintage en un serpenteante y rítmico peregrinar a un nuevo espacio de luz. Pasando por distintas fases logran completar un atractivo y logrado tema con el que la banda deja patente todo su potencial.

Si algo tiene RIDER NEGRO es su espíritu místico, y “Tehran conjuring” nos da muestras de ello. En un oscuro canto misteriosos y chamánico ejecutan todo un ritual en el que el hechicero parece invocar a las fuerzas de la naturaleza con sus plegarias. El aroma de la noche del desierto se palpa en sus delicados y misteriosos acordes.

El tema que cierra el álbum y que da nombre al mismo “The echoe of the desert», fluye entre efectos con pulsantes acordes de bajo y platillos chispeantes. Estamos ante otro ritual como homenaje al vasto y solitario desierto, algo que se percibe en su triste melodía.  

Adoptando momentos western, y bajo ese ritual de los tambores, los coros elevan sus plegarias, en ese devenir de la vida y la muerte en un ciclo perpetuo. La sombra de The Doors se refleja ahora con una mayor nitidez en los desarrollos de órgano herederos de Ray Manzarek. Como si de un sombrío tema de los californianos, el aura mística ceremonial preside el corte con lánguidos pasajes evocadores de los cactus en su soledad custodiando la historia del jinete que vivía cuya morada era el astro Sol.

Reseña: BRANT BJORK.- «Brant Bjork»

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El padrino del desierto sigue reflejando su legado en su álbum homónimo «BRANT BJORK». Con trece álbumes a sus espaldas, y mas de veinte años de carrera, a estas alturas ya no necesita reivindicarse ante nadie, y así queda reflejado en un trabajo en el que él mismo compone y toca todos los instrumentos. Cada vez más enraizado en sonidos funk, el propio BRANT manifiesta que este trabajo es su verdadera naturaleza creativa. Atrás quedaron aquellos momentos en los que los ritmos pesados tenían un mayor protagonismo. En estos momentos BRANT BJORK se encuentra en un periodo de madurez, y esto se refleja en temas posiblemente mas pausados, pero no por ello exentos de fuerza. Si hay algo que me llama la atención del álbum, es la capacidad rítmica que tienen todos los temas, algo que ya venía mostrando en sus últimos trabajos. Sus inicios como batería quedan patentes en la imperturbable base rítmica en la que se desenvuelven las canciones. Ritmos pegadizos con un fantástico groovy contagioso que acaban por atraparte en cada tema. Ese el principal aval de un álbum que contiene temas sencillos, y ahí precisamente radica su grandeza. No todo el mundo es capaz de transmitir tanto desde la sencillez, olvidándose de complejas estructuras compositivas. Aquí queda patente aquello de… «menos es mas». «Mr. Cool» logra combinar los ecos del solitario desierto en el que compuso el álbum, con los aromas de los pantanos en temas que toman pequeñas dosis de blues y de psicodelia. Los temas fluyen orgánicamente sin ningún tipo de prisa, atascándose en armonías repetitivas sobre un gran trabajo de producción con el que consigue que todo suene a su gusto. Mayoritariamente las canciones se presentan cristalinas y cálidas, arrulándonos gracias a su peculiar registro vocal. (Evidentemente no estamos ante el mejor cantante del mundo, pero su voz tiene esa magia que consigue engancharte), pero también podemos encontrar momentos de crudeza en un sonido particular en el que puntualmente también afloran vibraciones de músicos tan dispares como Hendrix, Tony Joe White o incluso Marc Bolan. Sin perder su esencia stoner, las vibraciones y ritmos de los setenta parecen cada vez mas presentes en sus últimas producciones. Seguramente no estamos ante un trabajo que quede en los anales de la discografía de BRANT BJORK como uno de sus destacados, pero sí ante un álbum que nos dará cuarenta minutos de buenas vibraciones con el desierto y sus sensaciones siempre en su punto de mira. 

Producido por Yosef Sanborn y Brant Bjork Grabado y mezclado por Yosef Sanborn en The High Desert Funk House, Joshua Tree, CA. del 11 de noviembre al 3 de diciembre de 2019. Masterizado por John McBain, JPM Mastering, San Francisco,  «BRANT BJORK» está disponible vía Heavy Psych Sounds.

Con ese característico groovy funk al que nos tiene acostumbrado en los últimos tiempos “Jungle in the sound” nos impregna de un olor a pantano en cada acorde. Siempre sin perder el ritmo, cada verso tiene su espacio entre los suaves acordes y la arena del desierto en la distancia. Sin tomarse ninguna prisa, los acordes de la guitarra emergen con brillantez de los ritmos del desierto traídos por el espeso sonido del bajo. Con sutilezas y sin estridencias de ningún tipo crea un corte colorido que suena al Bjork más auténtico.

“Mary (You’re Such A Lady)” mantiene el ritmo del corte anterior, esta vez aumentando la gravedad de ese bajo hipnótico y atrayente. Mas pesado y repetitivo, Brant transmite sosiego con su cálida voz entre elevaciones corales. Siendo comedido con la guitarra, en la parte final aparecen esos solo coloristas y afilados. La capacidad del californiano para hacer que un corte aparente monótono resulte a efectivo es digna de todo elogio, ya que consigue atraparnos en la pegadiza melodía. Aquí se percibe nítidamente el cuidado con el que Bjork trata la base rítmica, uno de sus principales avales.

Evocando a la soleada California, “Jesus was a bluesman”, nos traslada al sonido soft-rock de los 70’s. Jugando todavía más con la melodía crea una canción susurrante que nos acaricia con cada estrofa. Casi por una senda pub-rock en fornido y hechizante bajo marca el tempo del tema. Sacándose de la chistera esa luminosa guitarra los ecos del desierto permanecer de una forma subliminal, o no tanto…

Con la vista puesta en Hendrix, “Cleaning out the ashtray”. Ofrece la versión más cruda de Bjork. Menos complaciente en la melodía y sin renunciar al pegadizo ritmo funk, la batería aparece de manera milimétrica, casi robótica. Sobre una estructura repetitiva, vuelve a crear otro pegadizo tema bajo un sonido desértico.

Con crujientes riffs y tambores que retumban una y otra vez, “Duke of dynamite” vuelve a desarrollarse entre cactus y secarrales con el sol en todo lo alto.  En una efectiva combinación de stoner y con momentos en los que inevitablemente T. Rex me vienen a la mente, consigue otro corte de lo más pegadizo y hechizante. En esta ocasión incorpora más elementos psicodélicos insertado entre la crudeza intrínseca d un tema que bien podría ser una perfecta banda sonora para conducir por las largas rectas del desierto.  

“Shikin’ now” es toda una invitación al baile. El espíritu funky se muestra entre ritmos pegadizos y cálidas voces y coros. Un cierto aroma chamánico dota al tema de las dosis lisérgicas apropiadas.

La ceremonia del vudú del desierto se desarrolla en “Stardust & diamonds eyes”. Riffs hipnóticos repetidos una y otra vez de los que acaban emergiendo guitarras ácidas. Sin estridencias consigue fusionar el legado de Tony Joe White con su propia identidad, entre acordes de blues psicodélico. Un caminar cansino que trata de coger brío entre notas de color.  

El álbum cierra en tonos acústicos con “Been so long”. Un susurrante tema en el que la sugerente voz de Brant nos arrulla entre melodías aterciopeladas sobre una estructura simple y sencilla.

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