Reseña: PSYCHLONA.- «Venus skytrip»

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Las fantásticas sensaciones que nos había dejado el debut de los británicos PSYCHLONA hace dos años con «MOJO RISING«, quedan corroboradas con «VENUS SKYTRIP», su nuevo álbum. Creando toda una hemorragia de fuzz cósmico, entre chamánicas voces y atronadores ritmos, me dejan con una sensación de que han conseguido la fórmula mágica para atrapar al oyente con su desert-rock sideral impregnado de intoxicantes pasajes heavy-psych.   Fuzz cósmico que nos arrolla entre nebulosas arenosas herederas de sus paisanos Hawkwind. Haciendo de mediadores entre el mundo terrenal y dimensiones que van más allá de la mente humana, el álbum es una invitación a una travesía por el desierto tras una ingesta de peyote. Haciendo salir todos los demonios, PSYCHLONA con sus canciones, trata de llegar a lo más profundo de nuestras neuronas, para dejarnos a merced de su música. A pesar de que siempre inyectan dosis de psicodelia pesada a cada canción, «VENUS SKYTRIP» es todo un escaparate de desert-rock a la altura de grandes como LOWRIDER, o los propios KYUSS. Jugando con habilidad con distintos elementos, las dosis de proto-doom también están presentes en este impactante álbum que volará cabezas. Como aquellas grandes pirámides construidas por las antiguas civilizaciones, los británicos tratan de estar cerca del espacio sideral con sus torbellinos de fuzz intergaláctico. Una apuesta que, al margen de ser ortodoxa, sabe conjugar vibraciones que van desde Pink Floyd a The Doors, lo que demuestra que, a pesar de que el stoner es el la piedra angular de la creación de sus temas, no se circunscriben solo a estas vibraciones. Sin duda, los fans más acérrimos de los sonidos del desierto están de enhorabuena, pero aquellos menos ortodoxos, también podrán disfrutar de un álbum sólido, prieto y bien construido.

El álbum está disponible vía Ripple Music y Cursed Tongue Records.

PSYCHLONA son: Phil (Voz / Guitarra), Dave (Guitarra / Voz), Martyn (Bajo) y Scott (Batería). 

Fue en el verano de 2015 cuando el embrión de  PSYCHLONA  comenzó a desarrollarse en Yorkshire, en el norte de Inglaterra. Solo tres años después, la máquina de groove de ocho patas completamente formada lanzó su álbum debut ‘Mojo Rising’ en Ripple Music y Cursed Tongue Records, luego defendió a este último en las etapas de connaisseur de Desertfest London, Fuzztival Denmark y HRH Doom v Stoner Festival , junto con una gira europea completa.

Nunca una banda para sentarse y tomar las cosas con calma, escribir para lo que se convertiría en el próximo álbum comenzó a fines de 2019. Los cuatro desaparecieron en ‘The Cave’ para el invierno, armados con cervezas, kebabs y un puñado de ideas para nueva música y no surgió hasta que se realizó el trabajo en los primeros meses de 2020.

Desde los primeros acordes, «Blast off» nos hace ver que estamos ante algo grande. Majestuosa apertura que te engancha al relato de los británicos. Una apertura hipnótica entre locuciones y efectos desatan la maquinaria arenosa. Tormentas de fuzz sobre pesados y bien construidos ritmos conjugan un tema que coquetean tanto con el mejor sonido heavy-psych y el más puro desert-rock. Solidez y contundencia lleva al tema a un escenario desértico con sus tonos chamánicos. Un magnífico tempo rítmico y esa voz ahogada transitan por nebulosas mientras la maquinaria rítmica resulta perfectamente ensamblada. Aquí todo suena perfecto, crujiente y mostrando una gran solidez. Estamos ante un tema rocoso, arrollador pero a su vez, lleno de un magnetismo que acaba atrapandonos entre sus fauces. Todo un himno que volarán cabezas, sin duda. 

Con un aspecto mas oscuro y misterioso «10.000 volts» juega con hechizantes momentos ocultistas impregnados en thc entre riffs proto-doom de dimensiones descomunales. Transitando entre humeantes bosques en un clima lleno de tensión, la psicodelia pesada juega con los tenebrosos riffs en verdaderas arrancadas de furia. Una nueva forma de exploración psycho-doom en las que las voces ecualizadas aportan ese tono chamánico y misterioso.Todo un elixir que acaba por narcotizarnos con sus altas dosis psicotrópicas.  Estamos ante un tema aturdidor (como la mayoría de los incluidos en este trabajo) que consigue crear una dualidad de sonidos perfectamente diseñada. Golpeando las neuronas del oyente, y zarandeandolo a su gusto, estos chicos saben cómo transmitir toda su fuerza. Un tema grueso, pesado, rugoso y sobre todo, muy psicotrópico. 

Tras las dos embestidas anteriores, «Blow» no baja el listón. Su stoner lento y plomizo transita cadencioso entre nebulosas arenosa en las que las melodías vocales adornan una muro sónico inexpugnable. Sin renegar de los ecos proto.metal, los dictados Sabbath aparecen en esa dualidad con la que constantemente juega la banda. Un atractivo tema que coquetea sin rubor con la oscuridad pseudo-ocultista y las arenosas tormentas desert-rock.  Su cansino ritmo no es un obstáculo para atraernos a su espiral de fuzz intoxicante entre atronadores tambores. ¡¡Otro tema brutal!!.

Sin hacer prisioneros, «Star» va directo a la yugular. Un torbellino proto-metal con vocación cósmica heredera de Hawkwind. Olor a 70’s en una escenario desértico ubicado en algún lugar de universo infinito. Fuzz, fuzz, fuzz…. y pegadizos ritmos invitan a todo un aquelarre sónico que hace balancear nuestro cráneo. Uno de esos temas que puede provocar esguinces cervicales y que supone toda una invitación al desenfreno. «Star» es una de esos temas que te insufla energía hasta dejarte exhausto. 

Crujiendo entre una combinación de ecos proto-metal y desert-rock «Edge of the universe» nos invita a un nuevo aquelarre de fuzz cósmico. Librando una batalla entre cegadores riffs con aromas sureños y espacios más lisérgicos construyen una tormenta arenosa de proporciones descomunales. Sonidos primitivos en un entorno post-apocalíptico descargando fuzz. Un tema cavernícola que golpea con fuerza sin desdeñar una buena dosis de psicodelia intoxicante. 

Una inquietante línea de bajo nos recibe en «Resin». Efectos envolventes en un escenario pantanoso en el que la bruma despide efluvios narcóticos. Magnéticas voces arrastran a la banda a un escenario más propio de Pink Floyd entre majestuosos y exuberantes pasajes heavy-psych.  Estamos ante el tema más lisérgico de todo el álbum y en el que la banda nos traslada a una dimensión sensorial haciendo que nuestras neuronas traspasen una frontera cósmica dejándose llevar por sus potentes e impactantes riffs. Un ritual chamánico en el que el legado de The Doors aparece sutilmente como invitado a esta fiesta pagana en el desierto. 

Tras el trance anterior, los británicos se pertrechan  en «Tijuna» entre turbios espacios rebosantes de fuzz cósmico. Un vendaval cegador que prosigue su viaje por espacios arenosos con una cierta herencia Hawkwind. Un nuevo torbellino sónico del que es difícil escapar. Su frenético ritmo y sus crujientes y monolíticos riffs reciben los ecos de los 70’s especialmente en los registros vocales. Un voz que consigue salir airosa en ese turbio ambiente.  

Instalados en esas vibraciones stoner desérticas, PSYCHLONA sabe modular sus canciones con ecos de clara vocación setentera como demuestra una vez mas «The owl». Una canción que vuelve a tomar prestados elementos usados por Hawkwind hace décadas, para insertarlos entre pasajes de clara vocación doom. Creando un agujero negro de fuzz, el tema pone banda sonora a un ritual chamánico entre tambores ceremoniales. Sólido y pesado el corte, muestra el lado más crudo de la banda. 

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Reseña: QUEEN MARSA.- «Queen Marsa EP»

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Los mallorquines QUEEN MARSA nos muestran todas sus credenciales con la magnífica carta de presentación que supone su EP debut «QUEEN MARSA EP». Enraizados en el proto-metal de comienzos de los 70’s y en los momentos más vibrantes del hard rock salvaje de aquella década, no dudan en hacer uso de diferentes estilos para enriquecer sus temas. Ecos llegados del Seattle de los 90’s o arenosos y crujientes riffs más propios del desierto de California, así como pinceladas lisérgicas son elementos bien elaborados por QUEEN MARSA para crear un trabajo de puro rock primitivo salvaje.  Con influencias de Led Zeppelin o con el legado de bandas como Budgie, sus cinco poderosos temas golpean al oyente con contundencia sin olvidarse de los eternos Black Sabbath para aportar oscuridad en algunos momentos. Temas que se balancean entre riffs crudos y rudimentarios sobre hilos de heavy-blues ácidos más propios de Free. La ahogada y desgarradora voz de Manuel Pintos se desenvuelve con habilidad entre las espirales de las guitarras de Xavi y Toni para recordarnos que el rock clásico continúa tiniendo un gran espacio en la escena contemporánea. Precisamente trabajos como este, son los que me hacen seguir creyendo en el rock puro,  hecho con honestidad, sin poses. Cinco cortes de pura energía rock and roll ejecutados con esa actitud macarra tan propia del género en su inicios. Con mucho aroma vintage, las canciones logran pulirse para que no suenen añejas, y su contenido tenga notables elementos del stoner y desert-rock más contemporáneos, pero sin olvidar nunca de donde venimos. Todo un soplo de aire fresco desde las Islas Baleares que esperemos se extienda como una tormenta por los confines del continente, porque con este trabajo QUEEN MARSA, bien merecen tener el reconocimiento por un trabajo bien hecho.

Con trabajos previos en otras bandas como GRUPO SALVAJE, ZOMBI CARS, ROÑA o NOLO, QUEEN MARSA está formado por: Manuel Pintos (Voz), Xavi Cárceles (Guitarra),  Jaume Rado (Guitarra), Toni Coronado (Bajo) y Juan Bonet (Batería).

Disponible vía Discos Macarras y Runaway Records los temas fueron grabados en Can Puc Produccions por Enric Hernaiz, y masterizados por Hay Zeelen en Mastering Recording, avalado por su trabajo con formaciones como PRODIGY, SATYRICON o SEPULTURA.

Desde sus primeros riffs, «Cyclops» me evoca el sonido de BUDGIE, especialmente por ese registro vocal tan particular de Manuel, algo que va a ser una constante en todo el EP.. Hard rock en estado puro con el que la banda mallorquina nos golpea desde el primer riff, con ese regusto a puro rock setentero. Ecos proto-metal conjugados con buenas melodías y giros desérticos entre solos asesinos y alguna que otra pincelada psych. Sus surcos rezuman el sudor del rock atrevido, sin complejos crear un tema salvaje e irreverente.

Con una introducción más contemporánea, «Pretty witch» hereda ciertos momentos Sabbath, en un tema que se contonea entre momentos más propios del heavy-blues y una vocación stoner. Un groovy pegadizo y algún tono macarra hacen que el tema serpentee entre pasajes ácidos con esa ahogada y desgarrada voz y espacios más desérticos, en una efectiva conjunción a caballo entre Free y una banda desert-rock. 

«Ashes of pompey» desnuda cualquier complejo que pudiera tener la banda. Sus casi cinco minutos, y siendo el tema de mayor duración del álbum es un espacio perfecto para poner en el escaparate toda la calidad que atesora el quinteto. Un paseo por un bosque psicotrópico en el que los hongos mágicos parecen expandir efluvios lisérgicos sobre un acompasado y magnético bajo, el tema mantiene la esencia 70’s para conjugar con ecos más propios del sonido del Seattle de los 90’s e incluso con aditamentos del sonido del desierto. Una combinación efectiva de elementos que hacen que sea el corte más rico en matices de todos el trabajo. 

«Blood eagle» combina el proto-metal primitivo con un grueso sonido de bajo entre vibraciones arenosas impregnadas de ácido. La banda crea toda una nebulosa presidida por unos diabólicos tambores entre riffs hirientes que se desangran en una hemorragia de acidez. 

El trabajo cierra con «Bite my soul», tema en el que el legado Zeppelin se muestra sin complejos entre riffs que se retuercen bajo un ritmo cadente que se inclina a un escenario más propio de los primeros setenta. Rock salvaje, crudo y primitivo que se cimbrea seductor para invitarnos a un frenesí de puro hard-rock con aroma vintage. Siempre usando las afiladas guitarras en el momento justo para que nuestra atención no decaiga ni un solo instante.    

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Reseña.- KRYPTOGRAF.- «Kryptofraf

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Parece que estos chicos van en serio, sin dejarse llevar por una simple moda. El éxito de los singles liberados previamente, auguran que el debut de los noruegos KRYPTOGRAF esté llamado a ser uno de los álbumes destacados de este año. Inspirados en el proto-metal de comienzos de los 70’s y teniendo a Black Sabbath como su Santo Grial, el cuarteto de Bergen nos presenta un variado cóctel de sonidos hard-rock añejos en los que el aroma psicodélico sobrevuela unos cuidados desarrollos progresivos. El hecho de que los registros vocales no recaigan en solo cantante, sino en tres, hace que el foco del oyente (especialmente en directo), se centre en la banda como conjunto, sin protagonismos personales. Sin tópicos, y sintiéndose libres para componer sus canciones, no tratan de ser una copia de nadie, sino que reflejan el espíritu del pasado para recrear temas con tonos vintage, pero siendo fieles a su propia personalidad. Podría parecer que estamos ante una nueva banda nórdica que practica retro-rock, pero en las entrañas de este debut hay mucho mas. Toda una invitación a la exploración de un sonido atemporal  que  si bien mama de clásicos como Sabbath, Pentagram o Boulbous Creation, por citar algunos, también tiene ofrece vobraciones de bandas contemporáneas como Kadavar, Witchcraft, Uncle Acid & THe Deadbeats o sus paisanos Motorpsycho, de los cuales parecen inspirarse para crear esas magnéticas atmósferas progresivas. Viviendo en la oscuridad en la mayoría de sus temas, no faltan los luminosos momentos auspiciados por unos tambores atronadores y unas guitarras difusas que se tornan afiladas y punzantes para que el oyente caiga atrapado en sus pegadizos temas. Esos riffs que serpentean como una anaconda cruzando el Amazonas, son una de sus señas de identidad de la banda,  para que nada resulte aburrido.  Un debut lleno de gratificantes sensaciones en este puente de ida y vuelta entre los gloriosos 70’s y el siglo XXI en toda una liturgia que juega tanto con espacios ocultistas como con melodiosos pasajes del folk-progresivo. Pero también encontramos atmósferas psicotrópicas más propias de un bosque repleto de hongo mágicos esparciendo sus emanaciones lisérgicas alcanzando nuestras neuronas para narcotizarnos entre sensuales y gratificantes pasajes.  Sin duda, estamos ante uno de los mejores debut de los últimos tiempos. Sólo tienes que dejarte llevar por esos temas crudos de puro rock and roll sin etiquetas que te cogen por la pechera para invitarte al baile con sus guitarras rugientes para entenderlo.

El mejor antídoto para que vayamos olvidando estos difíciles tiempos que nos ha tocar vivir, y pensar que….. ¡¡HAY ESPERANZA!!!

KRYPTOGRAF son : Vegard Strand (guitarra y voces), Odd Erlend Mikkelsen (guitarra y voces), Eirik Arntsen (batería y voces) y Eivind Standal Moen (bajo). La portada es obra del amigo de la banda Lars Bigum Kvernberg y está disponible vía Apollon Records.  

Sin contemplaciones, «The veil» no se anda con tonterías y va directo al grano.  Sus riffs hard retro enseguida enamoran al oyente. La voz en tonos Graveyard parece recordarnos que estos chicos son escandinavos. Entre las vibraciones del proto-metal de los 70’s y algunos de los sonidos de Kadavar, el tema nos arrolla sin remisión. Sus potentes tambores esos ritmos contagiosos, y sus solos afilados son una tentación de la que es difícil poder escapar. Un tema vintage de solidez a prueba de bombas que también es capaz de seducirnos con sus pegadizas melodías. 

Con una oscura introducción bajo un ambiente de misterioso «Omen», me evoca al sonido que Kadavar nos ofrecía en su último álbum. Oscuro, doomy, y algo progresivo la alargada sombra de Black Sabbath también está presente. Cadente y repitiendo el riff sobre el que está construido, el juego de voces con «falsetes» y sus rugientes riffs serpentean en primer plano custodiado por una estructura hard-progresiva. Entre las sombras, el tema avanza parsimonioso con una cierta épica subyacente para acabar enredándose en una espiral de solos bajo una atmósfera tenebrosa. a pesar de tener una estructura sencilla el corte se muestra de lo más efectivo. 

Inmersos en un escenario más psicodélico, y con brillantes solos de guitarra, «Seven» se deja llevar por los dictados del rock psico-progresivo de finales de los 70’s. El sonido arcaico de la guitarra y esos fornidos tambores se salpican de coros aromatizados en una nube psicotrópica. Armonías aromatizadas que parecen cambiar el tono de los pegadizos temas anteriores para ofrecernos una nueva faceta de la banda. Ecos chamánicos entre efectos y pedales que suponen un placentero viaje de LSD. Con una ambientación sinfónica para cubrir una bacanal lisérgica de grandes proporciones. Personalmente es el tema que mas me gusta de todo el álbum, y en el que dejan patente que el éxito de sus singles no ha sido una mera casualidad. Los apacibles pasajes toman influencias dispares para desarrollar un tema mágico en el que la mística se une con un caleidoscopio de solos ácidos en los que la dietilamida escapa en cada acorde. Siempre he dicho que en los temas de larga duración con los nueve minutos de éste, es donde se ve la calidad de una banda. Las bandas mediocres harían que esos nueve minutos se hicieran eternos, pero aquí, acabas pidiendo mas. 

«Crimson horizon» emana de extraños efectos antes de adentrarse en una selva proto-metal en pura línea Sabbath. Su Santo Grial como me decían en la entrevista que les hice hace un par de semanas. Sus reconocibles riffs se acompañan de una voces más melodiosas para engancharnos de inmediato al tema. Contundente y pesado pero perfectamente equilibrado, no faltan sus pinceladas lisergicas a pesar que el tema se desarrolla más sobre un escenario que acaba inclinándose a laderas heavy-rock bajo una parente sencillez. 

Una apertura con lánguidos acordes acústicos desata la furia en «Sleeper». De nuevo Kadavar en el horizonte bajo un corte de hard-progresivo con cuidadas melodías flotantes sobre una instrumentación más cruda y turbia. Un grandísimo trabajo de bajo lleva el tema en volandas entre coros angelicales en esa atmósfera gris y con sabor añejo. 

Instalados en los acordes acústicos, «Ocean» se recuesta en el folk-progresivo. Con multitud de arpegios y una ambientación sinfónica se apartan de los cánones del retro-rock ofreciendo una cara mucha más sobria y profunda. Delicadas armonías construyendo un tema de gran belleza con ciertas notas de melancolía.  

Tras el relax, nos despiertan en «New Colossus» con altas dosis de proto-metal. Con Pentagram en el punto de mira en esta ocasión, los riffs envolventes y reiterativos se van matizando en oscilaciones rítmicas de gran calado. Las voces pseudo-ocultistas aportan ese tono de oscuridad que la banda incorpora a casi todas sus canciones. Tras la explosión de oscuridad inicial, el corte va evolucionando a un espacio más progresivo en una línea que se acerca a Elder. Una gran combinación de hard rock primitivo y vintage con otras vibraciones más elaboradas sobrevolando la sencillez inicial de la canción. 

A modo de epílogo, «Infinite» en un minuto y medio, crea una atmósfera psicodélica con solos de guitarra y efectos para poner el cierre a un magnífico debut, que augura un gran futuro a la banda, El tiempo nos dirá…. 

Lee aquí la entrevista con  Vegard Strand (español)

https://denpafuzz.wordpress.com/2020/05/31/entrevista-a-kryptograf-y-premiere-de-su-nuevo-single-sleeper/

Lee aquí la entrevista con  Vegard Strand (english)

https://denpafuzz.wordpress.com/2020/05/31/interview-kryptograf-and-song-premiere-sleeper/

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Reseña: MERCURY BOYS.- «Return To Cinders»

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Para poner en antecedentes al personal tengo que decir que lo que han hecho MERCURY BOYS no tiene nombre. ¡¡No pueden publicar un EP con tan solo trece minutos de duración!!!. ¡¡¡Quiero mas!!!. Una vez dicho esto en tono de humor, habría que explicar quienes son MERCURY BOYS, y con solo decir que sus miembros proceden de bandas como ORANGE SUNSHINE, SUPERSONIC BLUES y RAGGED BARRACUDAS, se puede intuir el contenido de éste «RETURN TO CINDERS». Aprovechando los elementos primarios de nuestra naturaleza auditiva, nos ofrecen cuatro cortos y directos temas en los que el proto-metal de los primeros 70’s nos arrasan bajo influencia del heavy-blues más infeccioso y la psicodelia pesada más ácida. Canciones que suenan rudas y primitivas pero que te arroyan a su paso. Directos a la yugular, no permiten un margen para la pausa de sus frenéticos ritmos en esta bacanal de sonidos crudos herederos de bandas como Blue Cheer o Mc5 de los cuales nos ofrecen una incendiaria versión de su tema «The american ruse». Estamos ante un proyecto de cruce de fronteras de personas cuyos caminos se han cruzado regularmente a lo largo de los años, haciendo un esfuerzo colectivo más que solo una necesidad. En cada tema se percibe a cada uno de los músicos dándolo todo por esa causa común, sin complejos. Un trabajo solidario que nos depara unos frutos exquisitos a través de estos cuatro cortes rudimentarios y salvajes pero llenos de calidad, tanto en la interpretación como en la creación. Los temas ahora liberados pertenecen a unas grabaciones efectuadas en 2.018 por lo que desconozco si existe mas material, pero desde luego sería todo un regalo porque este trabajo te deja con muchas ganas de mas. Adictivo, directo, impactante, ardiente y corto tristemente…… 

«RETURN TO CINDERS» fue capturado por Guy Tavares en Motorwolf Studios, La Haya, Holanda a principios de 2018 y cuenta con una portada obra de  Adam Burke y está disponible vía Who Can You Trust? Records!

MERCURY BOYS son Guy Tavares (voz), Timothy Aarbodem (guitarra, bajo) Janik Ruß (guitarra) y  Christian Dräger (batería).

«Atlas Falling» no deja títere con cabeza desde el primer riff: La hogada y aguardentosa voz de Guy Tavares se desgarra en tres minutos y medio de heavy-blues ancestral. Rudo e indómito el tema despide un aroma cannabico en esta re-encarnación de Lemmy a los mandos de una banda heavy-psych. ¿Proto-metal? ¿heavy-blues?, ¿psicodelia? Cualquiera de estos términos valdrían para definir el sonido de un tema incendiario y pegadizo que te golpea con garra. Banda sonora de garito de carretera con olor a bourbon en una bacanal ácida sobre trepidantes ritmos con ese proto-metal pegajoso y viscoso saliendo de las entrañas de estos cuatro músicos. 

Sin el perder el tono al corte anterior, «Sturnus taciturn» se mueve entre espesas aguas hard-rock y proto-metal. Grueso y plomizo, contrarresta esta pesadez con las incrustaciones de solos ácidos con un cierto aroma sureño. El fornido bajo empapa de graves sonido un tema mas oscuro entre sus serpenteantes guitarras arropadas por platillos explosivos. 

Con una entrada llena de fuerza que me recuerda al clásico «Going Down,», «Apollo phoenix rising» nos ofrece un juego de voces entre el vómito en clara línea Lemmy y momentos de rock arcaico y primitivo con ecos garage. Un trepidante ritmo nos arrolla a toda velocidad entre vibraciones proto-metal de libro a las que se incorporan las intoxicantes guitarras asesinas. Húmedo y ardoroso, el corte es todo un estimulante para cuerpos apagados. Dando un pequeño giro, a mitad de la canción las melodía desciende a pasajes heavy-psych mas melodiosos que aplacan la furia para introducirse en psicotrópicos bosques en los que las guitarras tratan de abrirse paso entre la espesura. Un agreste tránsito que acaba retomando el rumbo por un cauce más sosegado. 

El Ep cierra con una incendiara versión del clásico de MC 5 «The american ruse». El sonido proto-punk y los ecos proto-metal se homenajean con precisión . El acierto de escoger este tema para ser versioneado es de lo mas apropiado teniendo en cuenta el carácter y vocación de la banda.  Toda una invitación al baile en este frenesí de ritmos trepidantes. Pesadez, acidez y la perfecta banda sonora para la vida en Sodoma y Gomorra a través de estos arcaicos y primitivos sonidos que tan bien siguen encajando en pleno siglo XX.  Brillante e impactante. 

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Reseña: GREAT ELECTRIC QUEST.- «Live at Freak Valley Festival»

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Aquel viernes 21 de junio mi curiosidad me llevaba al escenario principal del Festival Freak Valley a comprobar «in situ» como se las gastaban los californianos sobre un escenario. Reconozco que a priori no era una de mis bandas favoritas del cartel, pero una vez, que al filo de las tres de la tarde de aquel caluroso día, y recién comido, tras la presentación de Volker, los primeros riffs del tema «In The Flesh» de Pink Floyd hacían que se despertara interés lo que hizo que me acercara al escenario para comprobar como se las gastaba el cuarteto de San Diego. 

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Seguramente no inventen nada, pero el rock and roll siempre ha sido actitud y fiesta, y GREAT ELECTRIC QUEST están sobrados de ambas cosas. Los heavy-rockers de San Diego, tal y como refleja fielmente esta grabación, ofrecieron un variado show con una variada puesta en escena por todo lo alto. Recuperando esa esencia del hard-rock y el heavy metal, defendieron su fe con solvencia.Una hora de show llena de épica y una irreprochable actitud exaltaba a los algo mas de dos mil almas que allí estábamos presentes.

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Basando su actuación principalmente en temas de su último álbum «CHAPTER II – OF EARTH» como «Seeker of the Flame», las tres partes de «Of the earth» en las que Daniel «MuchoDrums» Velasco, ataviado con una gorra de plato y unas gafas de sol  con su toros al aire, marcaba los tiempos y se permitía un solo de batería a la vieja usanza, en la segunda de ellas. Riffs hirientes de Buddy Donner con su guitarra al viento, en un aquelarre que heavy-rock con tonos oscuros que daba paso a uno de los momentos más emocionantes de la tarde.   

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Si al principio su cantante aparecía en el escenario cubierto por una túnica plateada que ocultaba su rostro, a continuación desaparecía del escenario para ofrecer toda su pose heavy-rock en un show en el que posiblemente el  punto álgido fue la interpretación del clásico de Judas Priest, «Victim of Change» coreado al unísono por todo el personal que en esos momentos ya estaba en «modo fiesta». Una versión en la que se explayaron, haciendo que el público coreara cada uno de sus estribillos.

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Su cantante, Tyler «T-Sweat» DIngvell agitaba una bandera sobre el escenario, interactuando con sus compañeros y con el público, el cuarteto de San Diego imprimía vigor a cada riff. Subiéndose sobre los amplificadores, zarandando sus instrumentos y con esa puesta en escena colorista, resultaron ser toda una agradable sorpresa para mí. Siempre he sido de la opinión de que en un festival tiene que haber una banda que ponga la electricidad sobre el público, y en la pasada edición del Freak Valley Festival, parte de ese papel lo interpretaron GREAT ELECTRIC QUEST, como queda patente en este álbum que edita el prestigioso sello Ripple Music.

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Si sus anteriores trabajos te engancharon, esta emocionante actuación de una hora de duración llena himnos épicos de trituración y bombeo de puños.

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 Puedes escuchar a la multitud jubilosa, en una hora completa en la que la banda entrega con maestría esas voces épicas, solos de alto vuelos, surcos de proto-metal y cambios cargados de jams por los que son conocidos en cortes como «The madness» o «Heart of the son» en la fase más tranquila de su actuación. La electricidad llenando instantáneamente el aire mientras la multitud se regocija entre sus cautivadores pasajes. 

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Tras esos momentos más pausados, la fuerza regresa con los hilarantes de riffs de «Wicked hands», el tema de su anterior álbum «CHAPTER II – OF EARTH». Altas dosis de energía en estado puro que tiene su apoteosis final con los siete minutos del tema de Deep Purple, «Highway star», con el que ponen fin a su actuación ante el delirio de todos los presentes con infinitos solos. Una grata sorpresa que todos agradecimos como demuestra la gran ovación a la conclusión del show. Como suele decir la cantante de The Bellrays, Lisa Kekuala, en sus actuaciones para motivar al personal…. «This is a rock show!!!!!!» 

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Bandas como GREAT ELECTRIC QUEST, y discos como éste, hacen que muchos vuelvan a tener fe en el rock hecho a la vieja usanza, crudo y directo, con honestidad. Un disco lleno de diversión de ritmos frenéticos y punzantes. Sin sutilezas, el registro refleja fielmente lo que fue una calurosa tarde de rock and roll en la que todos nos divertimos infinitamente. Un registro histórico. 

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