Reseña: SAMAVAYO.- ‘Payan’

Con las turbinas del fuzz a toda máquina, SAMAVAYO construye el que posiblemente sea su álbum más pesado, más progresivo y rabioso de toda su existencia. Con una actitud punk en alguna de sus canciones, el trio complementa sus embestidas desérticas. Mas de veinte años en la carretera y siete discos a sus espaldas, son un aval que les permite poder experimentar con nuevas vibraciones para sus canciones. Manteniendo el espíritu oriental en alguna de ellas (no en vano ‘Payan’ significa ‘fin’ en persa), su descarga desértica se engrandece con fantásticos arreglos y melodías, con las que consiguen fascinantes canciones. Un álbum con una magnífica producción y de alguna forma, diferente a sus predecesores, y en el que la aportación de grandes nombres como Igor Sydorenko (Stoned Jesus), Tommi Holappa (Greenleaf, Dozer), Nick DiSalvo (Elder) y Willi Paschen (Coogans Bluff) supone un plus de calidad y versatilidad en sus temas. Versando sus canciones sobre «el final» en términos de contenido en su nuevo álbum. El fin de lo malo, de lo bueno, el fin de la humanidad, el fin de la forma en que tratamos a nuestro planeta. Se trata de la destrucción de nuestro planeta, división, racismo, codicia, explotación, guerra, aislamiento, soledad. Pero todo fin significa al mismo tiempo un comienzo, un nuevo comienzo en el sonido de una banda ya veterana y asentada, que con ‘PAYAN’ parece haber encontrado su propio sonido.

SAMAVAYO son: Behrang Alavi (guitarra y voz), Andreas Voland (bajo, órgano y voz) y Stephan Voland (batería, percusión y voces)

‘PAYAN’ está disponible vía Noisolution.

Con la colaboración de Nick Di Salvo, ‘Afghan sky’ se contonea entre melodías vocales y un sonido difuso con el que los alemanes golpean en tu cara. Su sonido alternativo va mutando sin perder su verdadera vocación. Desde momentos pegadizos, a riffs difusos que nos recuerdan el espíritu desértico de la banda, el tema parece nacido de los 90’s. La marcada línea de bajo dirige un tema en el que la guitarra se luce con soltura en una combinación bastante atractiva y peculiar. 

Empapado de fuzz ‘Shot shot shot shot’ con la colaboración de Tommi Holappa, refleja el lado más arenoso de SAMAVAYO. Fuzz desértico ejecutada a gran velocidad y nuevamente la cuidada combinación de estribillos y coros conforman un corte de Stoner ortodoxo. A la vieja usanza los alemanes resultan completamente efectivos. Por la vía directa, el tema abofetea al oyente con un carácter melódico, pero sin renunciar a sus riffs pesados y compactos. Siete minutos dan para mucho en una banda tan versátil como SAMAVAYO, y el tema contiene también momentos humeantes en los que la banda baja la intensidad. Un descenso que sirve para tomar impulso y activar nuevamente las turbinas del fuzz.

Igor Sydorenko, el guitarra de los ucranianos Stoned Jesus, deja su impronta en ‘Payan’. Un corte aromatizado con fragancias orientales que se incorporan a su descarga difusa. Cantando en persa el trio construye un corte lleno de exóticas vibraciones que beben de la tradición iraní, para fusionarse en un mestizaje de carácter progresivo que acaba por funcionar. Mas psicodélico que los cortes precedentes, el corte no pierde el ritmo en solo instante.

‘Transcend! Exceed’ se desenvuelve entre riffs difusos y esas melodías atractivas que tan bien sabe desarrollar la banda. Un gran trabajo de bajo lleva el tema en volandas dejando una importante estela de fuzz a paso. Una forma de salirse de los cánones del Stoner más ortodoxo, con giros constantes, devaneos de instrumentos y una base rítmica vivaz completan un corte sólido y bien construido.

Desarrollándose entre atmósferas psicodélicas ‘Prophecy’ baja la intensidad para mostrarnos un entorno ensoñador en el que la música de SAMAVAYO fluye con naturalidad y sosiego. Los efluvios lisérgicos acompañan acolchadas melodías vocales. El tema contiene vientos exóticos que se insertan en su psicodelia pesada, haciéndose un hueco entre sus gruesos riffs. La conjunción de elementos Stoner con ciertas pinceladas progresivas acaban por enriquecer la canción, dotándola de una mayor gama cromática.

Retomando los espacios de calma ‘Talagh’ se desarrolla entre golpes de riffs arenosos que son adornados vientos exóticos. Cantado nuevamente en persa, el tema se impregna de vibraciones orientales con la que consiguen un aspecto colorista y atrayente. Buenos ritmos y una instrumentación rica en texturas completan un corte que rápidamente conecta con el oyente. Con algunos golpes de metal, el tema coquetea con vibraciones más hieráticas sin perder su espíritu tradicional.  Un corte pegadizo y con mucho gancho gracias a esos elementos innovadores llegados de la tradición mesopotámica. Sin duda, la fórmula funciona.

‘The Mission’ cierra el álbum aportando nuevas dosis de fuzz intoxicante lleno de energía. Con la colaboración de Will Paschen (Coogan pluuf’) crean un corte sólido, pesado, metálico en el que la rabia se refleja en unas voces corrosivas y rabiosas que contrastan con los juegos de los coros y melodías. Todo un arco iris de influencias y sonidos se conjugan en un corte impactante y sólido, que pone el broche de oro a un notable álbum de desert-rock que escapa de algunos códigos del género sin perder su esencia Stoner-metal.

Samavayo

Noisolution

Reseña: PURPLE DAWN.- ‘Peace & Doom Session Vol. II’

Manteniendo la esencia de su primer álbum, ‘PEACE & DOOM SESSIONS VOL. II’ es un trabajo equilibrado en el que los ecos del stoner-doom contemporáneo habitan entre narcóticos pasajes heavy-psych que miran de reojo al legado de los 70’s. Con devoción en el sonido de bandas como Pentagram, Sabbath o incluso Led Zeppelin, sus ganchos de hard-rock primitivo se desarrollan en chamánicos espacios desérticos. Una fascinante combinación que funciona a la perfección y que el trio de Colonia también bebe de la fuente de bandas contemporáneas como MastodonWindhand. Con sumo desparpajo la ruda voz de su bajista y cantante Patrick Rose sabe destilar las influencias del heavy-blues con los primitivos hard-rock de la década dorada. Toda una montaña rusa de sensaciones y ritmos, en canciones que siempre te ofrecen una salida para escapar de la monotonía y que difieren unas de otras. Habiendo sido grabado en vivo en su sala de ensayo, ‘PEACE & DOOM SESSIONS VOL. II’ nos ofrece una caraA, más cruda y virulenta, en contraste con la cara B, (grabada en el estudio), donde las canciones se muestran más pulida sin que esto signifique que PURPLE DAWN renuncie a su fuerza. Riffs masivos, voces poderosas y una atmósfera lisérgica muy propia, abren un circulo con la canción de apertura de ‘Bonganchamun’, que cierran con el tema ‘Bonganchamun part 2’. De esta forma consiguen un ‘todo’ cohesionado y creíble, dejando en su parte central espacio para cinco canciones intermedias en las que relatan rituales nómadas en el desierto, hasta la opresión de las profundidades del mar: la revolución, las mentes equivocadas y la maldad intrínseca de los seres humanos. Un notable álbum que sabe recrear momentos de proto-doom, con psicodelia pesada y altas dosis de energía hard-rock de la vieja escuela.

PURPLE DAWN son:
Timo Fritz: guitarras
Patrick Rose: bajo y voz
Florian Geiling: batería



Todas las canciones escritas e interpretadas por PURPLE DAWN. Grabado en vivo por Goldie en dialogstudios. Mezclado por Timo Fritz en Peace & Estudios Doom. Masterizado por Thomas Ölscher en Railroad Tracks Studios.

El álbum abre con los cadentes ritmos hard de vocación 70’s de ‘Bonganchamun’. De inmediato el sonido se despeña por un torrente doom arropado por atmosféricos pasajes psicodélicos. Riffs duros y contundentes golpean al oyente en este aturdidor espacio en el que la psicodelia aromatizada reuma narcóticas fragancias que contrastan con las aristas de sus pesados riffs. Un sonido difuso con aroma a los pioneros del proto-doom que se diluye lentamente en la inmensidad.

El crujiente bajo de apertura de ‘100 years a day’ se acompaña de rudas voces Stoner-doom con un carácter vigoroso. Una estructura de heavy-metal contrasta con un precipicio doom y las pinceladas de psicodelia. Un lento pero plomizo transitar por una senda tortuosa impulsada por el fuzz y voces más propias del heavy-rock de los 80’s. Atractivas melodías lisérgicas colorean un corte sólido que no duda en contonearse seductor en alguno de sus pasajes, hasta tornarse ácido y penetrante.

‘Old Fashioned Black Madness’ escarba en el legado de los 70’s para desarrollar sus riffs masivos entre voces conmovedoras. Avanzando a trompicones, los riffs parecen atascarse en un turbulento transitar que sortea los meandros del camino. Los solos hirientes aparecen sin que su base rítmica baje el pistón ni un solo instante. La quebrada voz adopta elementos de heavy-blues con un nítido sabor a los primitivos sonidos del siglo pasado. Un sonido crujiente y pesado que se vuelve monumental gracias a los monolíticos riffs presentes en todo el álbum. Todo un reto para las cervicales de un oyente, al que le será difícil no sucumbir a la magnética y pesada apuesta sonora.

Seduciéndonos con un groovy contagioso ‘Power to the people’ toma elementos de blues para crear un relato arenoso lleno de fuerza. Los constantes cambios de intensidad hacen que la canción funcione sin problemas, tanto en sus momentos más suaves, como en sus deflagraciones pesadas. Toda una montaña rusa de emociones con la que consiguen atraparnos en su particular neblina de fuzz intoxicante y narcótico. Aún así, el tema tiene momentos de fuerza y vibrantes ritmos contagiosos.

‘The moon song’ baja la intensidad para explorar un bosque humeante en el que la psicodelia envuelve todo. Cadentes acordes de la dupla de bajo y guitarra muestran su cara más amable del trío, para ir construyendo el tema más largo de todo el álbum. Cerca de diez hechizantes minutos heavy-psych que se adornan con magnéticas vibraciones desérticas y un sabor a rock clásico. Sus recurrentes armonías transitan por un espacio 70’s lleno de atractivo. Melodioso por momentos, los conmovedores registros vocales oscilan entre un espacio de calma y la virulencia de un sonido empapado de fuzz narcótico. Pincelas de heavy rock y un ritmo implacable hacen que la canción se muestre esplendorosa. Todo un peregrinar entre picos escarpados y acolchados prados con los que consiguen sumirnos en un reconfortante espacio sonoro lleno de magia. La parte central del tema se recrea en chamánicos pasajes rituales en los que los ecos del desierto nos envuelven en un gratificante trance. La parte final eleva el sonido de los alemanes hasta llevarnos a fascinantes entornos desert-rock con esas hordas de fuzz que tan bien saben manejar estos tipos.

El ritual de reverberaciones pesadas continúa con ‘Death To A Dying World’. Un corte vigoroso y fornido que golpea con fuerza la capacidad neuronal del oyente con una explosiva mezcla de psicodelia pesada y stoner-doom, heredero de Sabbath. Tras los intensos tres minutos iniciales, la canción reposa en plácidos y mágicos desarrollos heavy-psych en los que la guitarra brilla con luz propia ofreciéndonos solos llenos de encanto. El trabajo del magnético bajo en un segundo plano, da brillo a un corte que acaba encabritándose con una bacanal de solos ácidos que reafirman el amor de estos chicos por la psicodelia pesada de vocación 70’s. Siempre ofreciendo una salida a sus atascos, la banda se desmelena en turbios pasajes Stoner-doom sin salirse de su contundente apuesta psicodélica.

La banda cierra el círculo con la segunda parte de su tema de apertura. ‘Bonganchamun Part II’ ofrece un sonido difuso, contundente y a la vez psicotrópico en el que los golpes de doom de manual, socaban nuestra resistencia neuronal. Con la suficiente destreza como no caer en convencionalismos, las aristas sin pulir de sus riffs, golpean una y otra vez.

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Reseña: LAMMPING.- ‘Stars we lost’

‘STARS WE LOST’, el nuevo EP de los canadienses LAMMPING, contiene seis canciones empapadas de fuzz en las que el legado de los 70’s se conjuga con elementos de psicodelia, blues, rock clásico, indie, kraut, incluso pinceladas pop de confitería, para lograr un sonido personal y fuera de convencionalismos. Logrando expandir su sonido hacia nuevos territorios sonoros, su apuesta alternativa logra el objetivo, proporcionando al oyente media hora fantástica, divertida y llena de alicientes. Todo un arco iris multicolor en el que todo vale y en el que cada oyente encontrará sus propias referencias sonoras. Puede que a priori parezca difícil insertan influencias tan dispares en un mismo trabajo, pero cada una de las pistas, se presenta cohesionada y con los suficientes alicientes como para hacerte permanecer enganchado a su escucha. La variedad estilística que encontramos en sus temas no resulta nada forzada, sino que por el contrario, el resultado de una magnífica ejecución. Estamos ante un nuevo soplo de aire fresco en una escena que no deja de sorprendernos. ¿Atrevidos?, si, por supuesto, pero el resultado resulta sumamente satisfactorio. En el álbum encontramos canciones campestres, en contraste con los sonidos futuristas de otros cortes en los que la psicodelia y los ritmos hipnóticos se balancean en un puente que nos lleva a los 60’s. Un tránsito en el LAMMPING se recrean en el paisaje de este viaje sonoro, recolectando aquellas vibraciones que pueden serle útiles para enriquecer sus canciones. Eclécticos, pero resultones, los canadienses consiguen un trabajo solvente con muchos alicientes, en unos surcos con fascinantes líneas vocales asentadas sobre guitarras atmosféricas e hipnóticos ritmos de vocación kraut. 

LAMMPING fue fundada por el cantante y compositor Mikhail Galkin y el baterista Jay Anderson. Al reunirse en un concierto donde las bandas anteriores de Jay y Mikhail compartían cartel, conectaron rápidamente sobre sus gustos musicales, aprovechando su amor por todo, desde el boom-bap de mediados de los 90 hasta Tropicalia y la música de biblioteca. Completan la formación Matt Aldred a la guitarra y Scott Hannigan al bajo. La banda se inició como un intento de unir varias influencias e ideas musicales bajo un paraguas de psych-rock, expandiendo las posibilidades de la música pesada. Reflexionando sobre el nombre de la banda, Galkin reconoce: “Lammping vino de «Cold Lamping With Flavor», una canción de Public Enemy. Supongo que era nuestra forma de decir que el hip hop es una influencia para nosotros. Añadimos una “m” extra para darle un toque original. Un amigo mío dijo que sonaba como una banda de garaje de la era de los Nuggets, así que funcionó, supongo”.

STARS WE LOST’ está disponible vía We Are Busy Bodies. 

Con suaves melodías ‘Everlasting moor’ camina por un escenario de rock clásico entre pinceladas blues.  Con una combinación de sonidos difusos y un alma más pesada, el tema no pasa la frontera de la estridencia en su sonido. Una estela de fuzz parece imprimir fuerza a una canción en la que las voces mantienen el control.

Con aura casi de vodevil ‘Never Phoenix’ navega en un escenario alternativo en el que un recurrente ritmo contiene la contundencia. Un extraño sustentado en los registros vocales, pero en el que no faltan elementos psicodélicos hábilmente salpicados. La parte final ofrece buenos pasajes de guitarra que se ven seducidos por el blues en una mezcla que funciona.

Con tonos más propios de música ‘americana’ ‘Home of shadows’ es como un susurro del viento en vastas praderas. Suave, pero conteniendo guitarras afiladas, los canadienses crean una canción colorista con distintos elementos florales y golpes de fuzz y wah wah con los que logran salir de esos pasajes más propios del rock de confitería.

‘’21 interlude’ es un extraño interludio voces con fuertes golpes de bajo y leves acordes de guitarra entre cadentes ritmos.

Usando un sonido denso en el que los graves golpean con contundencia, ‘Beyond the veil’ contiene aterciopeladas voces herederas de la psicodelia pop de finales de los 60’s.La versatilidad de su sonido admite buenos pasajes de guitarra salpicados con prudencia y una acaramelada melodía. De nuevo, la poderosa línea de bajo nos empapa con cada nota. Una curiosa conjunción de pop con pinceladas de sonidos más contemporáneos en un mestizaje, cuando menos original.

‘Golem of garbage hill’ se muestra como uno de los temas más pesados. Siempre con atractivas y originales voces, el tema incorpora una densa capa de fuzz que le sirve como impulso para su desarrollo. Un nítido aroma vintage impregna la divertida melodía mientras su difuso sonido muestra un carácter más contundente. Difícilmente clasificable, este epílogo se erige como una de las canciones más atractivas de todo el EP, ya que la canción contiene logrados pasajes de psicodelia colorista llena de aromas intensos.

Lammping

We Are Busy Bodies

Reseña: ROBOT GOD.- ‘Valley of Primordia’

Si en su álbum debut ‘SILVER BUDDHA DREAMING’ (reseña aquí) los australianos ROBOT GOD dejaban claro que el trio se sabe desenvolver en nebulosos territorios heavy-psych, ahora dejan fluir su creatividad en dos largas jams de diez minutos cada una. En esta ocasión mostrando un sonido más pesado y difuso, nos sumergen en un mundo psicotrópico con muchas aristas Stoner. Contundentes en su base rítmica, los ácidos desarrollos de guitarra crean una bacanal de sonidos lisérgicos. Los golpes de su poderoso bajo ponen a prueba nuestra capacidad neural, haciendo que nuestra cabeza explote con cada nota. Cuidando también las melodías, las canciones, en esta ocasión con ausencia de voces, se muestran con un gran atractivo para el oyente. Paisajes oníricos en los que hacen bajar la intensidad de sus riffs para transportarnos a un gratificante mundo lleno de sensaciones. Sus narcóticos desarrollos siempre acaban buscando el lado hipnótico para atraparnos en unos surcos que rezuman psicodelia pesada de alto nivel. Veinte minutos que pasan sin que nos hayamos dado cuenta y que nos dejan con ganan de más.

ROBOT GOD son: Tim Prichard a la batería y Matt Allen al bajo, sintetizadores, y Raff Lacurto a la guitarra.

‘Valleys of primordia’ abre con una excelsa línea de bajo que nos sumerge en un hipnótico escenario psicotrópico. Fuertes tambores y poderosos riffs van armando la canción por la senda stoner.  Los australianos saben desenvolverse bien en esa línea frontera en la psicodelia pesada y los sonidos desérticos. Aquí los solos aportan la magia a la pesada base rítmica en la que se sustenta el tema. Fuzz narcótico y una atmósfera humeante son el timón que guía el desarrollo de la jam. Con un tempo cadencioso y aparente monótono, el tema se enriquece con los devaneos de ese gran trabajo a las seis cuerdas. Ese sonido difuso nos empapa con toda su crudeza para inocularnos la acidez intrínseca en las entrañas del corte. La parte central se desarrolla en oníricos pasajes de una psicodelia aromatizada impregnada por bellas fragancias. Un espacio de calma con efectos balsámicos para el oyente que explota en su parte final con momentos de gran fuerza.

La segunda jam ‘Burn the sun’, parte de un entorno netamente psicodélico. Con esa atractiva combinación de guitarra ensoñadora y los magnéticos golpes del bajo, se sumergen en un viaje astral en el que aparecen elementos espaciales para enriquecer sus brillantes vibraciones heavy-psych. Menos pesado que el tema anterior, aquí los australianos se dejan llevar por sus instintos más lisérgicos. Esto no impide encontrar ganchos portentosos en los que reflejan que también se manejan a la percepción con los pesados sonidos difusos.  Un plácido paseo por bosques humeantes en los que los efluvios de las setas mágicas nos sumen en un gratificante trance sonoro. Para marcar más esta línea, unas chamánicas voces se unen a esta fiesta de la psicodelia pesada. Al igual que en el corte anterior, la parte final se torna algo más virulenta, sin perder su espíritu ácido.

Robot God