STONE WITCH.- «Desert oracle»

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Desde los yermos desiertos de Arizona nos vienen vientos ocultistas camuflados en una tormenta de proto-doom que solo deja desolación a su paso. Con cegadoras areniscas stoner y humeantes momentos narcóticos y psicotrópicos.  Con un nombre revelador, el Oráculo del desierto ha puesto su mirada en nuestras mentes anulando nuestro conocimiento a través de pesados y lentos riffs con mucho tono Sabbath sobre sombríos territorios 

STONE WITCH han lanzado un álbum oscuro y aterrador, que nos devuelve al punto en el que comenzaron los pioneros en esto de los ecos ocultistas y plomizos, de la primera mitad de los setenta.  El cuarteto ejecuta temas de cegadora oscuridad en la que caminan con pachorra pesadamente en línea sabbathica levantando polvo fuzz en su tránsito. «Wizards smoke» por senderos cercanos, vuelve a golpearnos con ecos proto-doom con un narcotizantes riffs con mucha distorsión. Ritmos que cambian con momentos proto-metal y por vastos desiertos intoxicantes.  A gran velocidad en contraposición con otros como «The arm» o «White eye», en los que el cansino caminar le da un toque psych, sobre cegadoras hogueras de pedales, con brillantes momentos lisérgicos.

Entre toda esos espacios tenebrosos, resurgen otros temas como «Void of form», o «Shadow» en los que los sonidos retro-rock son más evidentes. Algún momento cercano a los británicos Budgie hace que «Shadow» vuelva a convertirse en un vehículo para explorar aquellos territorios que fueron explorador hace cinco décadas por melenudos drogados. El título de «Sombra» resulta paradójico,  ya que sus surcos se vez oscurecidos por la sombra de los riffs a los que nos tenía acostumbrados Tommi Iomi en sus orígenes.

Los de Arizona nos descolocan con cortes como «Dutchmen», donde sobre pseoudo-acústicas melodías rurales, una portentosa y aguardentosa voz del Springsteen más rudo  o del Shawn James más dulce. Una pausa que se produce al calor de algún eco blusero en «Pillar of the colosus», otro tema en el que el cuarteto cambia su oferta pesada y ocultista por momentos enriquecedores. En ésta ocasión sobre seductoras y a la vez inquietantes voces, entre brumas cannabinoides, sin renunciar a la melodía y a armonías atmosféricas. Un serpenteante corte que poco a poco va avanzando por valles llenos de amapolas narcotizantes.

STONE WITCH lo componen: Jayare Robbins (voz y guitarra), Matt Wentz (Guitarra), Jason Colbert (batería) y Ian Colbert (bajo).

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PETRICHOR.- «II»

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Si hay alguna diferencia entre ésta, su segunda entrega y su debut de mediados de 2.016, es que la banda de Virginia ha fabricado un álbum en el que las melodías tienen mucho más protagonismo. Siguiendo la estela del rock de tintes ocultistas, las voces de Tess Fisher se vuelven mucho más líricas y desgarradas de lo que nos había mostrado el primer álbum de la banda. Otro de los cambios es la desaparición de los registros guturales que ocasionalmente habíamos escuchado en alguno de sus primeros temas.

Usando distintos elementos, la progresización de su sonido se produce sin menoscabar su contundencia, conteniendo momentos de metal progresivo, riffs arenosos que desprenden fuzz cegador, así como ampulosas construcciones que flirtean con momentos post-rock e incluso folk. Momentos en los que la banda nos seduce con altas dosis de lirismo con reconfortantes melodías.

Así temas como «Saint Francis Satyr», «Charons obol» o «Hybrid moments» sacan el lado más suave, con melodías que van desde el clasicismo hasta el metal sinfónico. El primero de ellos con esos coqueteos con atmósferas post-rock, siempre con el protagonismo de su pitonisa particular. «Chorons obil», nos enseña el lado faraónico, con densos riffs que se van balanceando entre las voces presuntuosos y grandiosos. Conjugando voces desgarradas con los momentos más calmados. Con una grandiosidad y ritmo metálico el poderío vocal brilla exuberante.

En tonos acústicos, en línea Joni Mitchel «Blue state line» sirve de cobertura a bellas melodías llenas de bucolísmo completando un cuadro floral de gran belleza.

En contraposición, «Demon Goddes», o «Earons», son los temas más cegadores. Con algún coro de su batería  Harrison Christ en éste último, la espiral de fuzz sobre ritmos stoner los convierten en la parte más contundente y pesada de «II». «Demons goddes», aparte de mostrarse pesado, conjuga la vocación ocultista de la banda. Oscuridad y lamentos presiden su cauce, al igual que sucede  más profundamente en «My swollen voice». Plegarías desgarradas nos conducen a magnetizantes atmósferas donde los sonidos  psico-progresivos aromatizan el ambiente. «Like you know», profesa la misma fé a través de la medium ejerciente en que se convierte Tess, haciendo que traspasemos el umbral a cavernas misteriosas e inquietantes.    

Si bien es cierto que cada vez nos encontramos más bandas de psych-doom de tintes ocultistas comandadas por una fémina, y demasiadas veces su sonido es similar, el caso de  PETRICHOR se convierte en un rara-avis del género, al introducir tanta variedad de elementos saliéndose de alguna manera de los estereotipos.

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TIMESTONE.-«Unspoken»

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Vibraciones masivas de psicodelia, stoner de tintes progresivos y buenas dosis doom nos llegan desde Austria de la mano de TIMESTONE. Casi cinco años después de que publicaran su Ep, presentan UNSPOKEN. Con una mayor contundencia, pero sin perder aquella vocación lisérgica que apuntaban en su debut. Sonidos en los que el fuzz está muy presente en las espirales stoner del trío. Todo ello sin renunciar a la elegancia de momentos atmosféricos en los que la banda nos ofrece relajados pasajes que se acercan a la frontera del post-rock por el camino de la psicodelia drone. Un apetecible viaje en el que no faltan resonancias setenteras entre las nebulosas psicotrópicas a las que nos invitan descubrir con éste álbum.

«Hangman’s valley», abre el trabajo sobre pesados riffs toner que se camuflan en un traje de psicodelia pesada. Desgarrados registros vocales rescatados de los noventa acompañan el torbellino sónico del trío. Solo ácidos deslumbran entre la contundencia de unos riffs que flirtean con el doom. Un tira y afloja entre la acidez y la pesadez que acaba resolviéndose con fuzz oscilante que conjuga ambos elementos.       

El lado más sosegado hace acto de presencia en «Unspoken». A través de momentos drone, la psicodelia más sosegada coquetea con resonancias post-rock, en las que el bajo narcótico y los atractivos pasajes de guitarra crean un tapiz multicolor. un desdoblamiento de acordes con una ornamentación que va adquiriendo consistencia. después de haber escuchado «Hangman’s valley», parece que estamos ante otra banda distinta. Nada que ver con el tema que le precede, hasta la parte final en la que los riffs se robustecen para reposar en momentos de psicodelia pesada.  Algunos pasajes hipnóticos de cobertura espacial en la que los efectos revolotean sobre las armonías.

Un corte reivindicativo con mucho trasfondo social nos sorprende con su cálidas voces, sobre unos bellos y sosegados acordes en «All wrong». Rabia vocal que trasmite estados de ánimo que van cambiando con una soberbia instrumentación. Retomando momentos más densos la melodía no desaparece en un tema bien estructurado y que intenta ofrecer la visión de TIMESTONE ante la situación socio-política actual. Un gran trabajo de Chewie, su guitarrista y cantante, logrando transmitir todo el trasfondo del tema.

Llegados a este punto, de versatilidad, los austriacos retoman momentos heredados de los setenta. «The mirror», utiliza distintos elementos entre los que está el hard, el blues, la psicodelia. Registros vocales cercanos al Jim Morrison más chamánico muestran toda la garra de un tema con un pesado ritmo que acaba enredándose en unos riffs que se inclinan a momentos doom, para sorprendernos con un giro inesperado, o no tanto, a desarrollos de psicodelia narcotizante. Profundos y desgarradores momentos que se precipitan en un torrente sonoro de gran caudal.

En otro paseo por apacibles espacios drone, «Phonophobia», vuelve a rescatarnos los momentos más lisergicos y adormecedores de TIMESTONE. Bellos e hipnotizantes momentos en los que la guitarra describe la belleza bajo la imperturbable mirada del bajo de Felix y la cadente batería de Thomas. un nuevo tema que vuelve a engordar su ritmo sobre misteriosos espacios de psicodelia elegante y perturbadora. Momentos en los que las notas de la guitarra enajenan nuestra mente sobre riffs que se transmutan al doom.

Densos pasajes cercanos al doom aparecen en «Abaddon». El sucesor de Lucifer aparece con cara amable envuelto en efectos psicodélicos que se suceden en el misterioso entorno en el que se describe en el tema. Una instrumentación fluctuante describe la transformación agrandándose y volviéndose más pesada. Alguna voz gutural pone la nota grandilocuente y terrorífica mientras la banda arremete con riffs de psicodelia pesada creando una oscuridad en su descenso a los abismos.   

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HUATA.-«Lux Initiatrix Terrae»

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Desde la bretaña francesa HUATA nos transmiten su legado ocultista bajo atmósferas en las que los rituales doom, y los esotéricos sonidos progresivos generan inquietantes nebulosas a base de gruesos y pesados ritmos que caminan sobre senderos oscuros y misteriosos en los que la épica tiene un gran protagonismo.

Los acordes de órgano nos inician en el oscuro ceremonial en el que nos vamos a ver inmersos a lo largo de los siete temas que contiene «LUX INITIATRIX TERRAE«. La traducción del latín del título (La luz es el iniciador de la tierra), nos da ya pistas de lo que nos podemos encontrar, todo un viaje iniciatico a profundidades tenebrosas con sonidos que me recuerdan a Ancestors

«The mistical beast of revelations» nos envuelve con atmosféricos entornos de metal progresivo cuya majestuosidad está fuera de toda duda. Con oscuros momentos de doom, en lo que los inquietantes teclados se van salpicando de efectos mientras unas voces corales nos seducen en un segundo plano. Una mística lúgubre que decae en momentos pastorales en los que la espiritualidad está presente. Una reflexión interior con susurrantes voces que queda perfectamente definido en su propio nombre. una bestia llena de misticismo de tintes ocultistas.

Nuevamente y con extraños sonidos, «Child of the cosmic mind», incide en esa apuesta doom atmosférica con mucha influencia progresiva. Tétricos escenarios que se ven suavizados en su furia por las angelicales voces que dulcifican la contundencia de su instrumentación. Una dulzura que no socava la fuerza de sus fornidos riffs.

A paso lento, con una cadencia doom «The solar work», se impregna de psicodelia ahondando en esas profundidades misteriosas que describen con su música. El trabajo del bajo es fundamental en la creación de ese entorno sonoro en el que nos vemos inmersos. Unos potentes y plomizos riffs acompañados de las desgarradores y ahogadas voces en la lejanía hacen el resto para conseguir el clima pretendido. Una épica calmada y ahogada entre las paredes de un denso sonido que desciende a los abismos a cámara lenta.

Indudablemente estamos ante una banda doom, pero que tiende en todos sus temas a inclinarse a laderas progresivas en lugar de hacerlo por los abruptos terrenos del metal.

Con «Part I – Gathering In Sin Wur» la HUATA hace in interludio en el que los sonidos del órgano se largan susurrantes para introducirnos en el siguiente tema. «The Golden Hordes Of Kailash» con voces más propias de una homilía, con ambientación medieval o fantástica. Esos sonidos se ven violentados por implacables riffs cuya pesadez es brutal. Construyendo una serie de capas de sonido logran el efecto deseado. Resulta efectivo la combinación de la pesadez de los riffs con el sonido de órgano y las voces en un estrato inferior. Una lucha que se acaba proclamando como vencedor a lo siniestro y terrorífico.

A continuación nos encontramos con  otro interludio, «Part II – The IXth Arch Assembly», en el que el sonido se suaviza con un órgano sostenido y dulces acordes reparadores.

sin interrupción, el órgano sigue imperturbable introduciéndonos en momentos den los que la psicodelia vuelve a a hacer acto de presencia en «Third Eyed Nation». Nuevamente retomamos espacios progresivos con efectos envolventes con un ritmo que se engrosa. Sin perder la una dulzura vocal con ciertos ecos floydianos, la maquinaria se pone en movimiento de una forma cansina. El bajo te golpea con fuerza, y las voces y los teclados te aturden, provocando un estado de inconsciencia. Ciertamente, es un gran acierto de los franceses conseguir atraer al oyente a su mundo con el hechizo de su música. Una vez dentro, te hacen sentir protagonista del relato que están transmitiendo.  La banda está compuesta por: Benjamin Moreau (bajo, guitarra, arreglos, Moog, Fender Rhodes, percusiones, acordeón y voces). Ronan Grall voces arreglos, letras, Hammond, Fender Rhodes, acordeón y guitarra acústica, David Barbe (batería y percusiones) Gurvan Coulon (Organo Hammond). Con la colaboración de Marion Le Solliec (arpa céltica) y coros de Laëtitia Jéhano.

https://www.facebook.com/huatacoven