Reseña: OREYEON.- «Ode to oblivion»


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Tras dos años de sesiones experimentales en su pequeño estudio de grabación ubicado entre el mar y las montañas del noroeste de Italia, la banda cruza transversalmente las distintas influencias musicales de sus miembros y yendo más allá en las reglas del stoner más ortodoxo.

Un inquietante viaje en un colorido microcosmos de riff monolíticos, letras nihilistas en una espiral en la que el stoner-metal y resonancias heavy-psych están presentes. Con algún registro vocal heredero de los 90’s,  mezclado con la contundencia de una superlativa batería golpea nuestras neuronas con ritmos de vocación doom. No faltan los ácidos pasajes, así como  melodías pseudo-progresiva en un álbum bastante lineal, a pesar de encontrarnos temas que suben y bajan constantemente.

La apertura de efectos espaciales de “T.I.O.” y una hipnótica locución robótica pueden confundirnos en un primer momento. Las dudas desaparecen en cuanto los poderosos riffs doom hacen acto de presencia de una forma cansina. Ásperos riffs de corte metálica van arañando entre efectos consiguiendo un tema macizo que acaba diluyéndose poco a poco en la espiral heavy-psych de su parte final.

Enlazado con el tema anterior, “Trudging to vacuity”, se arrastra por arenas desérticas entre unas voces que se perciben con dificultad. Como si fueran distintos estratos las vibraciones psych se intercalan entre los monolíticos riffs Stoner-metal. Una densa nebulosa que en realidad parecen dos temas superpuestos sonando a la vez. Por un lado, las melodías vocales y por otro los poderosos ritmos que consiguen integrarse entre sí.

Alejándose de los dictados del metal más al uso, “Ode to oblivion”, con sus más de nueve minutos a través de las guitarras fuzz, guiadas por un pulsante bajo, nos llevan a una ondulación sobre estructuras mas calmadas con una cierta vocación progresiva, especialmente en sus melodías. Estamos ante una psicodelia humeante, salpicada de mil efectos que nos trasladan a bellos entornos en los que la calma se apodera de alguna manera, del tema. Una batería al ralentí va generando un clima apacible sobre insondables atmósferas con guitarras estratificadas en distintos planos. En la parte final, el corte retoma los riffs repetitivos elevando la intensidad y nublando cada acorde, convirtiéndolo en borroso y difuso. Se trata del tema más elaborado y destacable del disco.

Mucho más directo, “Big suprise” evocando el legado Sabbath, retoma los momentos de psicodelia pesada y difusa con numerosos riffs fuzz, entre esas distintivas voces espirituales que rozan lo progresivo.

“The ones”, nos devuelve a los espacios que transitaba “Ode to oblivion”. Hipnóticos riffs de vocación doom, se transforman en corte hard-rock stonerizado. Una densa tormenta de arena oscurece las voces en su intento por salir a la luz. Un brusco giro en la trama nos sumerge en una calma tensa, con algún efecto espacial y de una forma susurrante, las casi imperceptibles voces se pronuncian con ligereza, para dar paso a poderoso riffs Sabbathicos en los que un doom lento y plomizo nos amenaza inquietante. Una montaña rusa de intensidad que combina en sus cotas altas los momentos más gruesos, con la delicadeza y suavidad de los momentos de bajada. Bien podríamos definir el tema como un diente de sierra con constantes idas y venidas que no escatiman efectos fuzz humeantes y nebulosos en un versátil trabajo de guitarras.

Si hay algún tema que se encuadre en el Stoner más ortodoxo, ese seguramente es “Starship pusher”. Riffs desérticos sobre ahogadas voces melódicas que nuevamente parecen no terminar de encajar en la arriesgada apuesta. Por momento el tema se debate entre coger un camino con un sonido como el de Elder en su último disco, o zambullirse en el stoner más al uso, destacando algún brillante solo en el camino.

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Reseña: THE GOLDEN GRASS.- «100 arrows»

a3616118933_16El trío de Brooklin nos sorprende con un EP de edición limitada lanzado para su gira europea de 2019 y que será publicado por In For The Kill Records. Con tres álbumes a sus espaldas en los que han demostrado todo su potencial, ahora nos presentan dos temas inéditos así como unas  demos y sendas versiones de legendarias bandas de los setenta que harán las delicias de los más melómanos.  Imagino que no todo el mundo conocerá a bandas como Buble Puppy, Icecross, Open Mind o Tin House , pero aquí tienen una gran oportunidad para descubrir alguna de estas joyas perdidas del pasado que nada tienen que envidiar a bandas como los aclamados Blue Cheer, todo un referente para muchos, incluidos los propios THE GOLDEN GRASS. Si en su página de bandcamp están disponibles 4 de estos temas, la edición en CD (limitada a 150 copias) contará con los ocho temas.  Una banda que se atreve con versiones de estas leyendas olvidadas tiene que tener mucho valor y talento en sus entrañas, y así lo demuestran aquí. El hard-rock, las resonancias heavy-psych, el blues-rock o el proto-metal adquieren una nueva dimensión con THE GOLDEN GRASS en un trabajo lleno de frescura y gran calidad. Si la corriente retro-rock cada vez suma más adeptos a propuestas, en ocasiones lineales y estereotipadas, estos chicos son un caso aparte, brillando con luz propia. Ellos crean sus temas desde el sentimiento, sin poses, simplemente aman aquella música del pasado y la ejecutan sin sumarse a ninguna moda y dejando patente su propia personalidad.

Entre los temas nuevos que nos presentan, «100 arrows», contiene toneladas de energía hard-rock que recupera las vibraciones de finales de los sesenta y los primeros setenta. Pegadizos estribillos y coros, obtienen un resultado que bien podría recordarnos a algunos momentos Grand Funk con buenas dosis de fuzz. Entre las muchas virtudes de la banda está el buen uso de las voces entre la voluptuosidad de sus brillantes solos de guitarra. Una guitarra que si bien está lo suficientemente afilada no cae en lo salvaje. El equilibrio entre fuerza y sutileza es digno de destacar y de agradecer. El tema está en la línea de sus anteriores discos, sin bajar el nivel de calidad.

«Fast time running» es el otro tema inédito que encontramos en este registro. combinando el rock clásico con luminosas voces y coros evocadores de las vibraciones west-coast de finales de los sesenta. En una ondulación frenética los ritmos se modulan con buen groovy y dinamismo de tintes vintage, siendo conjugados con un descenso a territorios heavy-psych con la guitarra de Michael Rafaliwich repartiendo fuzz y una base rítmica poderosa, especialmente en la cadencia del bajo de Frank Caira. 

Si en el original de los británicos Open Mind se plasmaban sonidos más freakbeat, que evolucionaban a nuevas vibraciones, aquí, THE GOLDEN GRASS, en «Magic Potion», revisa esa versión consiguiendo un corte que mantiene la esencia pero que se inclina mas hacia pesadas resonancias proto-metal. Los acaramelados estribillos y coros se nublan con unos ritmos mucho más difusos y contemporáneos. Las dosis de fuzz siguen estando aseguradas creando un corrosivo y ácido tema.

Si «100 ARROWS» contiene versiones de hace casi 50 años, los de Brooklyn no dudan en incluir el clásico de los tejanos Bubble Puppy «Hot smoke and Sassafras». Publicado originalmente como single en 1968, su nombre fue tomado de una serie americana llamada  «The Beverly Hillbillies», este mismo nombre también fue tomado por otra banda americana, pero eso es  otra historia… Quizás habría que poner en contexto quienes eran Bubble Puppy; de alguna forma eran la respuesta tejana al trabajo que Blue Cheer hacía en California, una formación que cambió su nombre al de Demian, otra mítica formación que aquellos años. Dicho ésto, el tema, que ya forma parte de los directos de THE GOLDEN GRASS desde hace tiempo, le da una vuelta de tuerca respecto a la versión que había aparecido en previamente en el  doble split realizado con Killer Boogie, Banquet y Wild Eyes en 2016 para el sello  Heavy Psych Sounds. En esta ocasión, crean una versión más intensa y expansiva en la que las guitarras asesinas generan una espiral diabólica que llega a convertirse en  casi una jam. Una locura de solos en los que la banda se deja llevar por sus instintos más psicotrópicos doblando la duración del tema hasta más seis minutos.  ¡Salvaje!  

En la versión del CD en la que aparecen cuatro temas más, encontramos una demo de «Cath your eye», tema que fue publicado en su último disco «ABSOLUTELY». Un corte blues-rock que se muestra mucho más crudo, con esa armonía de la guitarra y los pegadizos estribillos y constantes coros sobre ritmos más cadentes a los que de alguna manera, sosiegan y frenan en su ímpetu. Tres instrumentos ejecutados perfectamente que parecen ir cada uno por su lado, pero que consiguen un nexo común. Si, estamos ante un solo riff que se repite y se modula, pero el resultado es sumamente atractivo.

Otro tema inédito que encontramos en la versión CD es «Burn it all away» otra demo anterior al disco «ABSOLUTELLY». Basado en una estructura de blues psicodélico en el que las voces están ausentes y más calmados sin perder esa vocación retro-rock en alguno de sus riffs sonando, efectivamente, como una demo. Una base para desarrollar y que la banda ha querido incluir aquí. ¿Quién sabe si algún día la retomarán incluyendo voces? Desde luego a la banda le gusta eso de publicar maquetas y temas sueltos como lleva haciendo en los últimos años. Aquí parecen reflejar improvisaciones en el local de ensaño como un punto de partida de un corte, que al final fuera desechado.

«I want you body», e sun tema que estaba incluida en el único álbum que publicaron allá por 1971 la formación de Florida Tin House. Heavy-blues directo en menos de dos minutos que aquí THE GOLDEN GRASS lo convierten en uno de doble duración. El hard-rock más troglodita aparece en unos surcos que rezuman polvo y en el que los ritmos que partiendo del blues posteriormente dieron origen al proto-metal que todos conocemos. Un gran homenaje a otra de esas grandes bandas olvidadas durante años y que en los últimos tiempos están siendo descubiertos por muchos nuevos amantes de los sonidos retro pesados. 

El cierre lo pone otra versión, en esta ocasión de una banda islandesa. ICECROSS pusieron patas arriba su isla natal en 1973 su debut, y es otra de esas formaciones que con el paso del tiempo está obteniendo el reconocimiento merecido. La crudeza de su hard-blues, es amplificada aquí en la versión de «Wandering Around» contenida en «100 ARROWS». Imprimiéndole densidad y más melodías vocales, los de Brooklin logran mantener la esencia del tema, en su actualización al siglo XXI. El tema gana en los registros vocales, que aún tratando de ser fieles al original, impregnan sus registros con su sello particular haciendo mas atractivo el tema. Las guitarras asesinas en puro blues-rock y sobre todo la frenética batería de Adam hacen consiguen un resultado redondo en esta versión en directo que recoge toda su espontaneidad. 

Estamos ante el fiel reflejo de una banda que se basa en sonidos que veían la luz hace 50 años revolucionando el mundo de la música, y que son su referente, pero no me canso de insistir, hay que diferenciar a este tipo de bandas de las que solo usas esas referencias como pose, y THE GOLDEN GRASS se diferencia por ello de eso. Son una banda que me enamoró y sorprendió por su frescura la primera vez que escuché un tema suyo hace años, y que a fecha de hoy, sigue sorprendiéndome por su buen hacer. Espero poder ver su directo algún día no muy lejano….. 

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Reseña: REDWOLVES.- «Future becomes past»

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El combo danés de rock pesado de REDWOLVES en su primer disco de larga duración refleja contenido musical con unos sonidos reconocibles y desafiantes. Con su álbum debut «FUTURE BECOMES PAST», el cuarteto trae el rock pesado clásico del pasado al futuro a través de un sonido actualizado, con experimentos dinámicos y una composición de canciones personales que busca lidiar con las contingencias de la vida en un mundo caracterizado por conflictos y paradojas. Formados en 2.012 su música transita por la ola del rock escandinavo del siglo XXI. Temas con melodías pegadizas, una musicalidad virtuosa, enérgica y pesada a la vez. Un registro complejo, que muestra varios aspectos del talento de la banda para escribir canciones con franqueza pegadiza, dinámica y experimentación. Este álbum será fiesta, luz y alegría, pero también desesperación, oscuridad y depresión, y con buena razón. Un desagradable incidente de violencia sufrido por su cantante Rasmus Cundell, dejó un huella a nivel personal que de alguna manera se refleja aquí.. La violencia engendró una espiral de pensamientos depresivos y temerosos, pero también en un nivel más general, el incidente inició una contemplación con respecto a las posibilidades de un mundo que parece hostil y destructivo.

Con gran influencia en su sonido del hard-rock clásico de lo setenta y especialmente de Bad Company (solo hay que escuchar la voz de Rasmus), REDWOLVES no duda en usar elementos desérticos y mucho blues-rock a la vieja usanza, con momentos que se acercan a Hellacopters.

«Plutocrazy«, con enérgicos riffs  y una cadencia vocal cercana a Paul Rodgers es toda una descarga de hard-rock con un toque arenoso y melodías cuidadas. Brillantez en coros y estribillos con voces en «falsetes» efectivos y dicharacheros.

Temas como «Rigid generation» o «Fenris» son pura energía hard-rock setentero a la vieja usanza. Con un aroma blusero en sus entrañas, y un fantástico groovy vocal,  los pegadizos estribillos y sus fuertes ritmos con sabor al medio oeste, se impregnan de fuzz, de boogie-rock y algún elemento heavy-rock en «Fenris», ¡todo un trallazo de tema!.

A pesar de que muchas de las canciones se originan en este estado depresivo, uno todavía percibe un camino hacia la luz en la música, y es esta firme esperanza un reflejo en el disco. Como los aspectos positivos de la vida pueden poner la depresión, la desesperanza y la contingencia en perspectiva, la negación de la vida también puede poner la perspectiva en la alegría y la luz: «Especialmente porque todos pereceremos pronto, debemos insistir en vivir, festejar, amar y no a ser conquistado por la oscuridad, el odio y la destrucción «, explica la banda. «Y por lo tanto, necesariamente debemos buscar salir de la oscuridad de nuevo».

«Pioner» describe estos estados, con enigmáticos pasajes psicodélicos en los que el blues está presente. Casi a cámara lenta, el tema explora brumas pantanosas en las que REDWOLVES incorpora fornidas guitarras con solos magnéticos sobre esos calmados espacios de mirada interior.

En una linea parecida encontramos uno de los temas mas bellos y destacados del álbum. Los tenues acordes de «Voyagers» son acompañados de unas voces que evocan a la mismísima Joni Mitchel en una intimista versión masculina. Acústico con una lírica vocal impactante, el tema transmite sentimiento perturbador. El sosiego y el bucolismo, poco a poco van elevando su tono guiados por atractivos solos de guitarra que arrastran y violentan un tema lleno de sentimiento con su fuerza. Voces desgarradoras y coros líricos acompañan la erupción sonora. Fuego y contundencia que se apagan en un gran vacío.

«Farthest from heaven» nos devuelve la fuerza hard-rock más brumoso con voces líricas entre una espesa instrumentación. Un torbellino rítmico, y difuso entre el Paul Rodgers más operístico y el puro desert-rock más estruendoso.

El disco concluye con toda la energía y fuerza que contiene «Temple of dreams», en el que misteriosas atmósferas son exploradas por registros cercanos a Bad Company en una combinación de hard setentero con postulados arenosos.

«FUTURE BECOMES PAST» es publicado por Argonauta Records.

REDWOLVES lo componen: Rasmus Cundell (vocals), Simon Stenbæk (guitarra), Nicholas Randy Tesla (bajo), Kasper Rebien (batería).

 

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ANTARTICUS.- «Antarticus»

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El debut de los canadienses ANTARTICUS es toda una coctelera de sonidos con un resultado sorprendente. La banda fusiona las vibraciones de la vieja escuela herederas de sus paisanos RUSH para añadirle dosis de vibraciones cercanas a Rage Again The Machine, agitándolas con arenosos ecos desérticos que se complementan con unas gotas de retro-rock bajo una base progresiva en la que no faltan condimentos psicotrópicos, en una combinación imposible que resulta de los más sabrosa. Creando una paleta sonora única llena de riffs con vocación proto-metal, melodías, improvisaciones y sintetizadores de los 80 que por momentos coquetean con momentos A.O.R.

Los espacios psico-progresivos con teclados envolventes nos introducen en misteriosas atmósferas llenas de magnetismo a modo de introducción en «Crystal cavern». Todo un espejismo escuchando los primeros acordes de «Loc​-​Nar I (Den of Earth)». Hard stonerizado con voces heavy-rock con pegadizos estribillos y coros con si de los mismísimos Maiden se cruzaran con Faith No More, Una cadencia repetitiva que se agota bajando las revoluciones a espacios psicodélicos en los que demuestran la calidad y técnica de su guitarrista, así como el buen trabajo del bajo. Efectos sobrevolando con voces inquietantes, que acaban cogiendo fuerzas para darnos una buena embestida de riffs con coros de vocación punk, constituyen un plato apetitoso y variado.  

EL hipnótico bajo de tintes retro que abre «World war», se transformando en riffs stoner con mucho efecto fuzz y acidez en voces enrabietadas. Subiendo y bajando revoluciones, la banda suena con una nitidez tal, que no sabes que instrumento seguir. Siempre bajo unos riffs que pondrán a prueba nuestras cervicales.

Los sonidos más arenosos aparecen cegadores en «Lord of the change». rock alternativo que parte de postulados de finales de los ochenta para fusionarse con ecos del siglo XXI.

Cuando al principio hablaba de una coctelera, no estaba elucubrando. «Cosmic exile» nos hace corroborar que los ingredientes de «ANTARTICUS», son de lo más variopintos. Humeante, y con herencia proto-metal. Psicotrópicos y humeantes, los riffs de las guitarras nos llevan más allá sin anestesiarnos por completo, creando un estado de inconsciencia en la mente, mientras nuestro cuerpo se mantiene consciente y activo, creando un tema lleno de magnetismo en el que las guitarras aúllan cual lobo ante la luna llena.

La apuesta progresiva queda patente en temas de una duración mayor como los de diez minutos de «Curse of king» o «Stonburner». Es aquí donde la banda experimenta con los teclados para ofrecernos atmósferas psico-progresivas, con finos y elegantes solos de guitarra que van descendiendo a prados más apacibles en los que las adormideras nos aturden con sus fragancias. con una técnica envidiable van haciendo ondular el corte, para regresar a intensos momentos de psicodelia más profunda. Caminando por terrenos más puramente heavy-psych acaban intoxicándose a sí mismos con vientos retro procedentes del los pioneros del proto-metal de los setenta por el que acaban siendo aducidos. Partiendo de la misma premisa, «Stonburner», y sus teclados son el punto de partida hacia otro viaje con destino indefinido,. Hipnóticos y atractivos, la innata herencia progresiva de los ochenta se va combinando con momento de hard-psych. voces que parte de otras resonancias, ponen color a un tema que se despeña por suave laderas en las que los sintetizadores nos devuelvan a los años ochenta, y al sonido cercano a postulados A.O.R. Un nuevo espejismo momentáneo   con unas voces y estribillos algo ahogados pero que acaban conquistándonos. Una amplia gama de colores es utilizada para crean un cuadro sonoro lleno de color y luminosidad entre la umbría de algunos momentos. fuera que cualquier estándar musical contemporáneo estamos ante un trabajo en el que seguidores de distintos estilos musicales van a encontrar su propia veta. Una gema que para poder extraer, debemos de escarbar en su interior para lograr el ansiado tesoro, que sin duda lo encontraremos. El giro argumental provocado por el bajo, nos devuelve a momentos retro-stoner con sutiles y finas pinceladas Sabbath. Unos temas terapéuticos que pueden hacer cambiar nuestro estado de ánimo en segundos. Un destacable y original trabajo cuya versatilidad hace que sea muy recomendable su escucha en profundidad. 

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Reseña THE PICTUREBOOKS.- «The hands of time»

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El duo aleman formado por nuestros queridos Fynn Claus Grabke (voces y guitarra) y Philipp Mirtschink (batería) acaban de publicar su quinto trabajo (tercero como dúo) «THE HANDS OF TIME», disponible vía Century Media Records.

Ya sabemos de la pasión por las motos de los alemanes, como también conocemos su amor a los desiertos norteamericanos, y esas inquietudes quedan reflejadas en «THE HANDS OF TIME» con brillantez. Estamos ante un disco más elaborado pero en el que las guitarras que vemos en sus directos tienen menos protagonismo en detrimento de las melodías. Las cuidadas  voces de Fynn, junto a su sencilla puesta en escena, son suficientes para ofrecernos un trabajo de gran calidad. Seguramente estamos ante su mejor álbum, no en vano han utilizado el estudio como un instrumento más. Sus largas giras por los Estados Unidos han hecho que se sientan partícipes de la música tradicional americana. Una música que a pesar de ser más melódica y blues, sigue siendo visceral, pero que se aleja de una parte de la trillada escena stoner, convirtiéndolos en una banda única que crea sus temas desde la sencillez. Una música que puede sonar en cualquier club solitario en medio de un desierto por el que transitan en largas rectas con sus motos. Rock, biker-rock y blues forman parte de THE PICTUREBOOKS, siempre con su acento sureño y pantanoso.  Sentimientos que logran transmitir con sus temas en unos rituales en los que están presentes los nativos americanos. Una de las sorpresas que me ha deparado el álbum, ha sido la colaboración con Chrissie Hynde, la cantante de THE PRETENDERS en el tema «You can’t let go», un corte en el que el blues sureño y los coros rituales se llenan de sutileza con el dueto de voces en la que los sentimientos salen a flor de piel bajo estribillos de corte soul-blues, con alguna guitarra slide acompañado de armónica manteniendo los registros desgarrados.

El álbum se abre con un tema cantado a capella; «Horse of fire» nos da pista del camino que han escogido en su nuevo disco. Puro sentimiento en el que el blues y sobre todo los cantos rituales llenos de espiritualidad están presentes. 

Esos mismos cánticos de los nativos americanos aparecen en «Howling wolf«. Las mazas de Philipp marca el ritmo de un auténtico ritual chamánico. Reflejando con alegría las bastas praderas que servían de hogar a los mismos. El trabajo de las melodías vocales no impide que aparezca el sonido de la guitarra que les ha caracterizado desde sus comienzos. Si algo tiene de particular este nuevo trabajo es el uso del mayor de los instrumentos existentes. ¿Hay algún instrumento que pueda darte más registros que la voz humana?. Fynn tiene la respuesta.

Puede resultar curioso que con una apuesta tan minimalista puedas obtener un resultado tan brillante, y THE PICTUREBOOKS, lo llevan ya un tiempo haciendo. 

El siguiente corte, «Like my world explodes» vuelve a hacer destacar la armonía sobre los tambores, con nuevos cantos desgarrados con coros femeninos son sutiles rasgueos de guitarra sobre melódicos pasajes corales.

Los ecos cajun de «The hands of time»,  nos trasladan a solitarios poblados en los que los cactus nos miran con indiferencia. Slide guitar sobre luminosos coros, con sus habituales ritmos. El lejano oeste descrito a través de una música que podría ser la banda sonora de algún western, bien con la luminosidad o bien desde el sentimiento más romántico como sucede en «Rain», un tema surgido de un sueño del propio Fynn. La espontaneidad y la sencillez en una mirada desde la colina hacia el vasto horizonte, usando tonos acústicos.

Podría decirse que en este trabajo bajan la intensidad a la visceralidad que les ha caracterizado, pero nada más lejos de la realidad. Solamente hay que escuchar «Electric nights», para darnos cuenta que el biker-rock está presente. Consistentes guitarras y ritmos que se van tornando mas lisérgicos siguen describiendo los caminos de las largas rectas por las que cabalgan sus monturas con olor a gasolina y rugientes tubos de escape.

En una línea parecida, «Lizard» transita a toda velocidad por la autopista a ritmo de salvaje rock & roll. Los Ángeles del Infierno gozarán con este tema que recupera su espíritu.

Uno de los elementos que mas incidencia tiene en «THE HANDS OF TIME» es el blues. Esos blues rurales llenos de sentimientos, una vez aderezados con acordes de piano como «The day the thunder arrives», en un corte que se modula elevándose para descender plácidamente, o «You can’t let go», en el que Chrissie Hynde hace duetos con Fynn sobre estribillos de tinte más soul, sin abandonar el blues, en una relajante balada que transmite los vientos sureños.

«Tell me lies», seguramente es el tema más reconocible. uno de esos temas que tras unos segundo de escucha identificarás como un tema suyo. Una brillante guitarra ácida y las mazas aporreando la piel sobre los tambores.

El trabajo se cierra con «The rising fall«, retomando la senda del blues sureño. Acaramelado y susurrante, la cadencia vocal y los coros se colorean con finos acordes de guitarra.

Un disco que frescura a una parte de la escena que en algunos caso parece estar algo anquilosada, y del que podemos conseguir buenas escuchas mientras en poco mas de un mes tengamos la oportunidad de ver como se traduce al directo que nos ofrecerán en las citas que tienen por estos lares en el marco de una gira que comenzará en España tras su regreso de su gira americana.