Crónica CRYPT TRIP + HIGH REEPER (Wurlitzer Ballroom)

En el marco de su tour por Europa CRYPT TRIP rendían pleitesía a Madrid acompañados de HIGH REEPER en la tercera fecha de la gira organizada por Red Sun Barcelona (a los que damos las gracias por facilidades que siempre nos dan). Buenas referencias teníamos de sus actuaciones en Avilés y Bilbao el viernes y el jueves pasados, lo que confirmaba las sospechas de que algo grande teníamos por delante. Desde que comenzaran la gira en tierras italianas el 11 de octubre, los norteamericanos no habían descansado ni un solo día, (eso se llama aprovechar el tiempo). Habiendo recibido grandes alabanzas en cada una de sus actuaciones, pero especialmente en el marco del Deserfest Amberes donde habían actuado la semana anterior. 

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Esos antecedentes y los elogios recibidos con su último álbum “Haze country” hacían presagiar una gran noche de rock and roll a la vieja usanza y doy fé, que se cumplieron. Tras degustar manjares típicos españoles como la tortilla de patatas, chorizo y demás, las bandas llegaron a la Sala con los estómagos llenos y pletóricas de fuerza. Cercanos y amables con el personal, todo estaba preparado para una gran noche. El trío tejano era el encargado de abrir la velada, y con las pilas cargadas, subía al escenario del “Wurli” para ofrecer un show sin desperdicio. Naturalidad y ausencia de artificios marcaron una actuación basada principalmente en temas de su último álbum. Esos bucólicos vientos del sur que derrochaban sensibilidad en su último trabajo nos mecían con cada nota. Puede parecer que esa sensibilidad estuviera reñida con la energía, pero nada más lejos de la realidad. Este predominio en su set-list de sus últimas composiciones no impedía que escucháramos esas guitarras hirientes en línea Cactus o James Gang con las que se dieron a conocer y con la que recibieron tantas y tantas alabanzas. Si algo de especial tienen los tejanos es la frescura que transmiten a su música y la evolución de sus sonidos más ácidos hacia escenarios más melódicos y apacible consiguen hacerla con una naturalidad digna de elogio. Desde los primeros acordes de la guitarra de Ryan Lee sonaban a gloria bendita.

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Su voz, sin grandes alardes pero llena de sentimiento, ponía la mesura y la dulcura a unos temas que por sí mismos la tienen. Un sonido inmejorable y una ejecución llena de magia nos trasladaba a parajes mas propios del medio oeste. Esa evolución de la banda desde sus sonidos más psicodélicos, hard y blues de sus anteriores álbumes sucumbía ante los vientos sureños que salían de cada nota. La guitarra tocada con slide en muchos de los temas, y el wah wah dotaba de un groovy funky que rápidamente se sumergía en nuestro sistema nervioso.  Una gran sensibilidad que hacía que una sala con tres cuartos del aforo ocupado conectara inmediatamente con toda esa frescura. Como si estuviéramos en un club tejano, en que la poderosa batería de Cameron Martin hacía que cualquier atisbo de caer en lo empalagoso desapareciera. ¿Que batería!!!, podría decir que es una de los impresionantes que he visto en los últimos tiempos, algo, que en disco no había percibido tanto como en vivo.

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 Comentarios entre los presentes como “este tío es un monstruo” daban fe de la habilidad y capacidad que demostró con sus baquetas, ¡sublime! Entre el bucolismo y unas guitarras ácidas iba transcurriendo el show mas rápido de lo que todos hubiéramos deseado. Especialmente aclamados en temas como “Hard times» o con los pegadizos riffs de “To be whole” conquistando a base de sensibilidad al público combinando el bucolismo con la energía del rock and roll clásico. Bailes incesantes y cuerpos contagiados con las buenas vibraciones que salían del escenario, donde el trío se dedicaba a disfrutar con la música y eso se hacía sentir entre los presentes que acabamos rendidos a su gran calidad. Varios momentos de fuzz hilarante nos embriagaban antes del impresionante “solo” de batería que terminaba de completar una fiesta absoluta. El único inconveniente que tuvo su actuación fue que a todos se nos hizo cortísima la escasa hora que duró una actuación donde dejaron patente que es una banda a tener en cuenta y que crece día a día siendo capaz de sonar en directo tan impolutos como en sus discos. Con el añadido de que la fuerza que le imprimen a cada tema hace que se multipliquen las buenas sensaciones como así mostraban las caras de los presentes que habíamos vivido un show como el que se disfrutaba en cualquier garito sureño a mediados de los setenta, sin poses, solo rock hecho con honestidad.  

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El listón estaba muy alto, y HIGH REEPER hacen algo bastante diferente, por lo que me asaltaba la duda de como serían recibidos los de Filadelfia. Ante un público que mayoritariamente no conocía a la banda, el quinteto fue directo a la yugular. Altas dosis de energía a base de lentos riffs en los que la sombra de Black Sabbath es muy alargada, “Obsidean peaks” partía desde el misterio y calma doom para ir subiendo la intensidad.  “Chrome hammer” rompía las hostilidades con una pesadez y velocidad endiablada lo que hacía que el show cogiera temperatura y dinamismo. Su cantante Zach Thomas interactuaba con el personal instándole a que aquello era un concierto de Stoner doom.

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Nada parecido a lo que acabábamos de ver, pero también HIGH REEPER consiguieron sorprender al personal con su fuerza arrolladora. Con un sonido en el que los guiños al proto-metal setentero está siempre presente, sonaba la oscura «Die slow» con sus cadentes riffs. La noche avanzaba y el público estaba enganchado con el quinteto. Con Shaun, su bajísta casi escondido detrás de uno de los amplificadores por el reducido espacio del escenario, las guitarras de Pat Daly y Andrew Price seguían echando humo con sus riffs mientras sus cuerpos no dejaban de balancearse a su ritmo.

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Con «Soul Taker» bajaban las revoluciones para poner mas oscuridad a la atmósfera, momentos en los que su vocalista Zach daba cuenta de su poderío vocal arrastrando a la banda y al público a un frenesí. Hasta que “Barbarian” bajo ese manto de oscuridad ocultista más propia de Sabbath o Pentagram presente en toda su actuación, ponía fin a su show bajo la perplejidad de los presentes, que no podían creer que aquella embestida había durado poco más de media hora, lo que contrariaba personal. El motivo de la corta duración de su actuación estaba en que la sala tenía programado otro concierto posteriormente. Toda una lástima que nos dejó con ganas de mas.

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