Reseña: KING BUFFALO.- ‘The Burden of Restlessness’

A estas alturas nadie puede dudar de lo que son capaces KING BUFFALO. Una banda que se ha labrado su reputación a base de buenos álbumes y de fantásticos shows en vivo. Hace unos meses, los de Rochester nos anunciaban que, ante la imposibilidad de actuar en directo por las restricciones de la pandemia, publicarían en este año 2.021 tres álbumes. ‘THE BURDEN OF RESTLESSNESS’ es la primera de esas tres entregas, y…. joder!, ¡no se podía empezar de mejor forma!. Dentro de la escena heavy-psych, pocas bandas han conectado con el público como KING BUFFALO, y con este nuevo trabajo seguirán ampliado su corte de seguidores. ‘THE BURDEN OF RESTLESSNESS’ es seguramente su álbum más oscuro y pesado hasta la fecha. Si a su contrastada habilidad para crear atmósferas heavy-psych, unimos sus aterciopeladas melodías shoegaze, y una sucesión de ritmos hipnóticos de vocación kraut, junto a sus arrancadas pesadas en vena Stoner, la tormenta perfecta está servida. Logrando transmitir al oyente sus demonios internos, el trio, con un sonido cristalino hace que sus canciones por momentos se recuesten en vibraciones de metal progresivo; este es uno de los alicientes que KING BUFFALO nos ofrece en su nuevo álbum. Un sonido férreo que golpea nuestras neuronas con ritmos milimétricos nos seduce irremisiblemente. Nada aquí parece estar dejado al azar, desde los desgarradores y atormentados registros vocales, a los chamánicos pasajes de su narrativa. Por momentos aturdidores, los de Rochester lo han vuelto a hacer. Si alguno de sus trabajos previos ha sido catalogado por algunos como pequeñas obras maestras, en este nuevo álbum, volverán a recibir ese calificativo. Sin anquilosarse en un sonido único, exploran territorios hasta ahora poco transitados para ellos; esto no significa que KING BUFFALO haya renunciado a su esencia, sino que, precisamente siendo fieles a sí mismos, consiguen ampliar se espectro sonoro con maestría. La frustración a veces nos hunde, y en otras ocasiones nos hace mas fuertes, haciendo que saquemos nuestra rabia, y eso precisamente es lo que este álbum significa, una vía de escape a estos tiempos convulsos que estamos viviendo. Los rangos de frecuencia usados, prescindiendo del abuso de los sintetizadores, son como ronroneos de gatos, lo que hace que los mismos, tengan un efecto calmante para el oyente. Sus reverberaciones y ecos siguen siendo importantes para crear ese sonido espacial tan característico en KING BUFFALO, un sonido que trasmite serenidad, comprensión y paz. ‘THE BURDEN OF RESTLESSNESS’ nos abre un nuevo horizonte en el sonido de una gran banda, solo nos queda esperar a la llegada del resto de su trilogía, pero mientras tanto, disfruta de este mágico y hechizante álbum, un trabajo que perdurará en el tiempo.

‘THE BURDEN OF RESTLESSNESS’ está disponible vía Stickman Records.

KING BUFFALO son: Sean McVay, (voz, guitarra y sintetizador),  Scott Donalson (batería y percusión) Dan Reynolds (bajo y sintetizador) .

‘Burning’ nos introduce de inmediato en la particular espiral psicodélica de los de Rochester. Incisivos tambores y golpeos de guitarra con tonos hipnóticos van construyendo un tema que borbotea manteniendo una línea continua.  La cálida voz de Sean cambia ligeramente el rumbo del tema. Aquí el magnetismo del bajo toma un papel principal antes de que todo se alborote. Con una mayor pesadez la canción no pierde su vocación psicodélica. La atmósfera futurista del tema contrasta con los ásperos sonidos que el trio ofrece. Guitarras rugosas y gran una pesadez se mestizan con la vocación pseudo-espacial de una canción casi futurista. Un aturdidor corte que golpea con fuerza sin perder un ápice de magnetismo.

Con un sonido más difuso ‘Hebetation’ mantiene los ritmos vibrantes. El tema conjuga el sonido KING BUFFALO a la perfección. Melodías shoegaze y los ganchos lisérgicos habituales crean un tema colorista. Elevaciones de intensidad y sin perder su carácter hipnótico los sintetizadores crean una atmósfera ensoñadora en la que la psicodelia gravita entre el magnetismo de la base rítmica. La aterciopelada voz hace el resto entre crujientes notas que mantiene la tensión. Ondulando entre mesetas más suaves y torbellinos de fuzz intoxicante el corte se eleva majestuoso con esa psicodelia característica de la banda. Pasajes heavy psych se colorean con la incisiva guitarra en una constante oscilación de ritmos modernistas.

Partiendo de una atmósfera casi espacial, ‘Locus’ gravita entre tonos casi kraut en un susurrante trance sonoro. Suave y aterciopelado, sus melodías vocales nos susurran describiendo insondables espacios cósmicos. Mostrando su lado más suave, KING BUFFALO va construyendo otro tema lleno de magnetismo entre desarrollos de sintetizadores para explotar en una deflagración más pesada sin perder su aura sideral.  Con la habilidad para envolver al oyente con sus suaves melodías sus psicotrópicos pasajes nos van describiendo un espacio cósmico en el que la psicodelia encuentra su lugar.  Un atrayente tema que mantiene todo su poder de seducción y que nos ofrece buenos solos de guitarra acompañando a sus letárgicos ritmos. Siempre dinámico, la atmósfera cósmica persiste en su particular odisea sónica. El resultado son seis minutos versátiles de psicodelia de tinte espacial.

Con un carácter más freak, ‘Silverfish’, camina pausado con un aire vacilón. Repitiendo sus acordes en una especie de trance místico de corte futurista, los sintetizadores crean un manto cósmico para arropar las calmadas melodías. Todo un espejismo que gira súbitamente para golpearnos con crujientes riffs de vocación metal y voces atormentadas.

Nuevamente tomando ritmos repetitivos ‘Griffter’ nos sume en una atmósfera robótica entre pinceladas de psicodelia cósmica. El sueño letárgico de los de Rochester se desarrolla entre sintetizadores y rasgueos de guitarra que van evolucionando sin prisa. Chamánicos y psicotrópicos, el trío imprime fuerza al tema con contundentes y rugosos riffs elevando su sonido sobre la cadente base rítmica. Aquí se refleja la faceta más stoner de los de Rochester. Entre un vendaval de riffs difusos el tema cambia su aspecto con un sonido mucho más pesado. Con la guitarra de Sean desangrándose en largos solos la canción se sumerge en aguas heavy-psych con un torrente de crudos pasajes.

‘The knocks’ nace con la batería contenida y con pegadizos ecos de sonidos futuristas. Retomando la melodía, crean acolchados pasajes en un mundo ensoñador. Su flotante sonido consigue contagiar un clima apacible y catártico en el que los elementos psicodélicos hacen acto de presencia. Imprimiendo pesadez a la canción, el sonido se engrande sin perder su vocación psicotrópica. La conjunción de los elementos pesados con el hipnotismo de los ritmos crea una espiral sónica que sube y baja entre turbias vibraciones que se repiten. Sin llegar al colapso, el corte ondula ofreciendo pasajes de vocación progresiva en una atmósfera más espacial. Aquí la guitarra nos regala solos virtuosos sin alterar el espíritu del tema.

El álbum cierra con ‘Loam’, un tema en el que la psicodelia nos narcotiza entre efectos envolventes y ritmos kraut. Un nuevo espacio para desarrollas todo su encanto sobre melodías algodonadas y una colorista atmósfera lisérgica que refleja a la banda en todo su esplendor. Hechizantes y suaves, KING BUFFALO usa los sintetizadores para adornar sus bellos y magnéticos desarrollos. Con potentes riffs consiguen que el tema se muestre esplendoroso y lleno de magnetismo. Siempre sin pausa, su sonido va mutando, explorando distintas vibraciones que van desde la psicodelia, lo progresivo, el stoner y lo espacial. El resultado es apoteósico. Casi nueve minutos que por sí mismos hacen que este nuevo álbum merezca la pena.  

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Stickman Records

Reseña: GREY MOUSE.- ‘A Moment of Weakness’

Ya hace tiempo que me topé con los rusos GREY MOUSE, y desde entonces, cada nuevo álbum suyo es un motivo para mi gozo. Su último álbum ‘A MOMENT OF WEAKNESS’ no me ha defraudado sino todo lo contrario. Embutidos en un cuerpo de loner-folk sus oscuros temas se desarrollan en tórridas y chamánicas atmósferas más propias del dark-folk. El ambiente del medio oeste se refleja en unos chamánicos temas llenos de sentimiento en los que el blues y el dark-country conviven con misteriosas atmósferas psicodélicas. Sustentado en el gran trabajo de la cálida línea del bajo, el plácido y romántico sonido del violonchelo y la hechizante y profunda voz de Mikkhail Kudrey, el álbum nos arrulla con una narrativa romántica con canciones atormentadas en las que GREY MOUSE dejan patente su calidad. La combinación de esos elementos hace que canción nos aporte un estado de ánimo, a menudo depresivo, pero sin duda impactante. Sus lentos temas nos acarician con delicadeza sacando los demonios al exterior en un ejercicio catártico en el que el blues y la psicodelia en su faceta más sosegada, están omnipresentes. Estamos ante un álbum intimista, y como todos los álbumes de estas características los sentimientos están a flor de piel. Su narrativa pausada no reniega de sonidos más pesados con guiños doom, en un acercamiento a las vibraciones más oscuras. El espíritu country nos traslada a solitarios y tórridos paisajes del medio oeste donde el silencio crea un espacio reflexivo en el que poder transmitir unas canciones que salen de las entrañas de GREY MOUSE. Sin estridencias, cada tema hace que nos sintamos participes de su relato, algo que no muchas bandas consiguen. Ese gran aval, y una cuidada composición, hace de ‘A MOMENT OF WEAKNEES’, un álbum ideal para introspección. Disponible vía Addicted Label.

GREY MOUSE son: Mikhail Kudrey – voz, Alex Chunikhin – guitarra/bajo, Kirill Chunikhin – batería (‘Dark Road’, ‘Rat Race, Survival Song’, ‘Here Comes the Storm’), Denis Bayukansky – batería (‘Better than Me’, ‘On The Run’, ‘Suicide Song‘), Uliana Volkova – violonchelo.

El ruido de la tormenta abre el álbum en ‘Backwater’. Suaves acordes nos trasladan a un mundo mágico en el que la psicodelia nos susurra con dulzura. Con una atmósfera melancólica el tema fluye dócilmente. Las dualidades de sonidos graves, con los acordes más afilados crean un tema plácido y reconfortante con la ausencia de voces.

Nuevamente la calma preside la apertura de ‘Dark road’. En una atmósfera oscura y con violines entre los acordes evocadores del medio oeste, los rusos se trasladan al corazón de la América profunda. La cálida voz parece acariciarnos en un halo de romanticismo con el blues en el horizonte.  Susurrante y acogedor, el tema se toma la pausa para ofrecer al oyente una cálida brisa en una atmósfera gris. Pinceladas psicodélicas asoman la mirada a una canción más propia del dark-folk. En un ambiente intimista, la voz nos tararea melodías oscuras pero gratificantes.

Instalados en la suavidad ‘Better than me’ borbotea con la grave voz entre cadentes y cálidos acordes. Arropado por el sonido del violín el sentimiento blues preside otro tema aterciopelado y susurrante.  Blues oscuro y misterioso con una magnífica voz que logra transmitir todos sus sentimientos en cada estrofa bajo una atmósfera nebulosa de psicodelia reconfortante.

Siempre misteriosos, nuevamente el violonchelo se une al grueso bajo para introducirnos en ‘On the run’. Con el dark-folk en el horizonte el tema cuenta con una narrativa más dinámica. Sin salirse de los dictados del blues, la canción está marcada por el sonido de un bajo penetrante y unas voces se superponen mostrando todo su desasosiego en un ejercicio coral que resulta muy efectivo.

Los vientos románticos regresan en ‘Rat race’. Otra canción intimista con el cello arrullándonos en una atmósfera oscura. Preparando la canción con platillos y ritmos que van elevándose, el bajo portentoso crea un espacio inquietante en un espacio más propio del medio oeste. Con medios tiempos y un susurro constante el tema nos introduce en un espacio de oscuridad inquietante en el que la psicodelia y el blues se unen en un peculiar ejercicio de romanticismo en el que los pasajes narrados crean una cierta inquietud al oyente.

Nuevamente la calidad del country y los sonidos del medio oeste se muestran esplendorosos en ‘Survival song’. Sus suaves acordes describen un entorno intimista en el que la banda rusa crea otro magnífico tema con aroma a música americana. Bellas y penetrantes melodías vuelven a acariciarnos con delicadeza entre acordes de ese violonchelo hechizante. Siempre atmosféricos, consiguen dotar de garra al tema a través de las bellas y cálidas melodías vocales. Subidamente el tema se retuerce mostrando todo su desasosiego en una explosión de garra y sentimientos atormentados.

’Here comes the storm’ mantiene la atmósfera sombría persistente en todo el álbum. Nuevamente la dualidad de bajo y violonchelo van dando forma a otro tema oscuro e intrigante. Los ecos dark-country y alguna pincela blues habitan en ese entorno enigmático en el que la psicodelia está presente con sutileza. Luchando con sus fantasmas la profunda voz desarrolla su turbio relato con un sonido limpio que contrasta con la nebulosa atmósfera en la que se desarrolla la canción. Con el bochorno del ambiente palpándose en cada acorde el tema se deja llevar por los pausados ecos blues en esta encrucijada lisérgica.

Los inquietantes acordes y una narración más propia del Rey Lagarto abren la misteriosa ‘Suicide song’. En tonos chamánicos los pausados pero profundos acordes nos hacen partícipes de un mantra sonoro lleno de poder narcótico. Trascendentales pasajes en la persistente atmósfera de oscuridad y soledad presente en todo el álbum nos ofrecen otro corte mágico e inquietante.

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Addicted Label

Reseña: OLD BOYS’ BLUES EXPERIMENT.- ‘Old Boys’ Blues Experiment’

Entre nuestras recomendaciones semanales aparecía un curioso trabajo de los británicos OLD BOYS’ BLUES EXPERIMENT. La banda está compuesta por el guitarra de INDICA BLUES, Tom Pilsworth, Tom Mc Keand (teclados) y el malogrado Aaron Jarvie-Swain (bajo y batería). Aaron tristemente fallecía falleció hace pocas fechas víctima del cáncer pero su quisieron crean un álbum con su trabajo y donar la recaudación del mismo para destinarlo a su hija. Una triste historia que nos ofrece su lado bueno con cuatro temas en los que el blues y psicodelia sirven de tributo al músico. Sus ácidos temas con aroma vintage gravitan entre lisérgicas melodías y fornidos ritmos. Desde la sencillez y la honestidad sus atmosferas humeantes se ven asediadas por bacanales de guitarras psicotrópicas sin perder la esencia del blues clásico. Sus chamánicos temas sirven de bálsamo para el oyente ávido de propuestas honestas hechas desde la sencillez. El resultado es brillante.

Fuertes tambores y una densa línea de bajo abren ‘Dude, where’s my helicopter? ‘. Enseguida la guitarra de Tom comienza a rezumar blues ácido entre los cadentes ritmos. Elevando la intensidad el tema incursiona por paisajes psicodélicos de gran belleza. Robusto y pesado, el tema consigue el equilibrio entre sus lisérgicas melodías y los fornidos ritmos. Con una bacanal de solos ácidos el tema se convierte casi en una jam heavy-blues en la que los pasajes heavy-psych revolotean sin control. Un impactante sonido lleno de ‘duende’ bajo una atmósfera acogedora.

Instalados en el heavy-blues, ‘Cherry Bomb’ golpea con toda su fuerza entre poderosos ritmos y un sonido denso y turbio. Su difuso sonido es asediado por esa guitarra afilada que no cesa en su empeño por explorar los blues del pasado en un entorno nebulosos y humeante. Su repetitivo ritmo se complementa con los virtuosos pasajes heavy-psych sin perder su esencia blues. El aturdidor sonido del bajo dota de fuerza y pesadez a un tema construido de una aparente sencillez, pero con un resultado brillante. En la parte final, la banda se deja llevar por la ortodoxia blues.

Entre nebulosos pasajes, ‘A Long Train Home’ repite la formula psicodélica. Con misteriosos desarrollos esbozan pinceladas de blues lisérgico con gran destreza. Un ritmo lento pero sólido, y sin prisa para arrancar, hace que el tema narcotice al oyente con su vocación lisérgica innata. Con sus cinco minutos, y siendo el corte más largo del EP, la canción incorpora los teclados con un sonido cálido que se aleja de los afilados solos de las canciones precedentes. dejándose llevar por la placidez de sus ritmos, el tema

Cadenciosos y silencioso ‘Epilogue’ se sumerge en el blues entre psicotrópicos. Con un carácter chamánico el tema explora los confines del blues en su versión más lisérgica.  Solos ácidos y una cálida instrumentación conjugan un tema profundo en el que podemos encontrar vestigios vintage en tonos doorsianos. El cálido y penetrante sonido del órgano aporta la calma entre sus efluvios psicotrópicos en un tema que parece inconcluso y del que aparentemente podría sacarse mas. Como si se tratara del primer esbozo, la canción se muestra prometedora.

Reseña: DUNBARROW.- ‘Dunbarrow III’

Cada álbum de DUNBARROW tiene un sonido inquietantemente clásico y, en palabras de la propia banda, «una crudeza espeluznante». Los noruegos siguen firmes en apostar por sonidos retro herederos del proto-metal de los 70’s de bandas como SIR LORD BALTIMORE, PENTAGRAM y los inevitables SABBATH. Esto es algo que, sin duda, hacen con maestría, pero también tiene la habilidad y destreza para ofrecernos bellos pasajes de hard-progresivo con una cadencia WISHBONE ASH, con su dupla de guitarras. En ‘III’ también encontramos canciones que nos deleitan con sonidos folk más propios de otros tiempos, unas vibraciones que evocan prados y bosques y que beben del progg escandinavo. Pocas bandas saber desarrollar estos sonidos vintage sin caer en lo anodino, pero DUNBARROW supera con creces todas las expectativas que puedas tener de una banda del siglo XXI tocando canciones del siglo pasado. Con relatos oscuros más propios de Edgar Allan Poe, el quinteto noruego nos ofrece un sonido personal, pero que puede enganchar a fans de bandas como Kadavar o Graveyard y sus atmósferas vintage. El álbum se siente como si hubieras descubierto una misteriosa grabación de medio siglo escondida en una decrépita mansión abandonada. Quizás haya una nota adjunta, pidiendo a su mensajero que tenga cuidado. Por desgracia, quien quiera que poseyera la cinta aparentemente nunca sobrevivió. Es decir, parece que hay una historia solemne en este álbum, no solo en la letra, sino en el sonido en sí. . Algunos de los temas guardan una estructura parecida en cuanto a su desarrollo. Una parte que nos introduce ala desarrollo de la trama, un acto central, y un epilogo en el que la dupla de guitarras revolotea en solos que hacen partícipe al oyente de su relato. Así consiguen el equilibrio entre la pesadez y un sonido limpio en el que también cabe la melodía. Seguramente estemos ante su álbum más pesado hasta el momento, aquí las guitarras y sobre todo el medio bajo, suena turbios y difusos entre sus armonías lóbregas y envolventes. Pero no solo eso, DUNBARROW también tiene la capacidad de mostramos paisajes épicos más propios de relatos de cuentos y leyendas del pasado, done los elementos folk y los desarrollos progresivos encuentran un espacio para la magia. ‘III’ se postula como la obra de su discografía hasta el momento, y además un álbum que cualquier amante de los sonidos retro de calidad, no debería de perderse.

‘III’ se grabó en Cederberg Studio en Kristiansand (Noruega). Al igual que con todos sus álbumes anteriores, el vocalista Espen Andersen diseñó en el estudio. Sin embargo, para este largo, enviaron la grabación al destacado productor noruego Christer André Cederberg (Anathema, Shining, Animal Alpha, 22) para finalizar la mezcla. ’III’ está disponible vía Blues For the Red Sun.

DUNBARROW son: Espen Andersen (voces), Sondre Berge (bajo), Kenneth Lønning (guitarra), Eirik Øvregård (guitarra) y Pål Gunnar Dale (batería).

Preparando el ambiente, misteriosos pasajes de bajo nos introducen en ‘Death That Never Dies’. Sin prisa para arrancar el tema eclosiona en una sucesión de riffs de marcado carácter retro. Con esa cadencia Sabbath el tema nos traslada a recónditos espacios de un relato de cuentos y leyendas. Lleno de épica y con una estructura marcada, el corte oscila entre solos de guitarra que su superponen custodiada por una gruesa base rítmica. Cambiando el ritmo con parones y acelerones, los momentos del oscuro hard-progresivo adquieren tintes dramáticos con una voz penetrante y a la vez melodiosa. Lleno de energía, se enzarzan en una espiral sónica que acaba por taladrar nuestros cerebros. Lleno de efectividad, la banda sabe como hacernos partícipes de su narrativa.

‘In My Heart’ se muestra mucho más pesado con su cadente y gruesa línea de bajo. Con un sonido crujiente y unos tambores poderosos van construyendo un tema con sabor añejo. Los oscuros sonidos vintage aflorar con una brillante ejecución. Si, son sonidos del pasado, pero con el poder de ese martillo con cuatro cuerdas, adquieren una dimensión a la altura de cualquier banda Stoner del siglo XXI. Los primeros retazos del legado de bandas como Wishbone Ash hacen acto de presencia. Oscilando entre desgarradores momentos, con otros más acolchados la armonía se balancea. Las guitarras, al igual que en el tema anterior, toman su protagonismo en la parte central. Con tonos que nadan en sonidos más propios del hard-progresivo, las incursiones proto-doom son usadas con acierto en momentos puntuales.

Nuevamente el sonido retro de ‘Worms of Winter’, nos traslada a los 70’s en una fusión SabbathWishbone Ash, con un atrayente resultado. Jugando un papel protagonista la voz de Espen Andersen, seduce al oyente con distintos registros que siempre consiguen su objetivo. Dando una vuelta de tuerca una segunda voz culmina el tema. Este fue uno de los temas que la banda nos había adelantado, y con el que elevó las expectativas de este tercer trabajo de los suecos. El tema trasmite la sensación de estar en un entorno frío y oscuro en el que el vierno polar eclipsa por momentos la luz.

En ‘Turn in Your Grave’ se produce un giro en el sonido de DUNBARROW. Cantos folk evocadores de los prados y bosques, nos llevan a alegres pasajes más propios de progg sueco. Con suavidad el tema avanza sin perder su vocación retro. Elementos de viento y la guitarra acústica hacen que la fuerza de los temas anteriores desaparezca. Jugando con los coros y un sonido tradicional. Casi siete minutos llenos de magia que sirven de bálsamo al derroche de fuerza del comienzo del álbum. Sin renunciar al grave sonido del bajo, lograr atenuar la fuerza de sus tambores para crear una brisa hechizante con elementos progresivos.  recreándose en la misma melodía el tema se difumina con pastoral final de acordes acústicos.

Para despertarnos del sueño del corte anterior ‘When It’s All Over’ retoma la herencia de Sir Lord Baltimore dotando el tema de épico. Con el legado del heavy-rock en el horizonte, el corte consigue conjugar el hard-retro, lo progresivo, y aderezarlo con unas dosis de stoner de tintes proto-doom. Sus pegadizos riffs y los registros más agudos de su vocalista logran crear otra canción con sabor a heavy-rock setentero.

‘Curse’ incide en una fórmula que funciona. Y cuando va bien, ¿Para que tocarlo? Estos chicos tienen muy claro su objetivo, quieren sonar al pasado, pero remodelando la pesadez y ‘gordura’ de su sonido. Nuevos guiños a Pentagram y los ecos proto-doom, crean una canción tenebrosa y oscura, pero de un ritmo trepidante y pesado. Los habituales escarceos con las melodías llenas de magnetismo aparecen para poner la guinda a un corte de retro-rock de alto nivel con sus ritmos pegadizos.

El camino continúa con ‘Lost forever’. Aquí parecen modular la contundencia dejando paso a atmósferas más melódicas. Sin perder un ápice de fuerza el rock añejo en estado puro hace acto de presencia custodiado por esa gruesa línea de bajo y melodías de guitarra que frenan su ímpetu pare dejarse llevar por paisajes más psico-progresivos. Dinamismo y virtuosismo sobre un cadencioso ritmo que parece ir a cámara lenta. Proto-doom primario pero efectivo.

En una atmósfera más inquietante y oscura ‘Turns to dust’ pone el cierre a un álbum brillante y sin fisuras. Con una dualidad de voces van escribiendo un relato sombrío en el que reflejan el espíritu del sonido del hard escandinavo. Momentos de nostalgia aparecen en una canción en la que nuevamente la melodía tiene un papel fundamental. Chamánicos pasajes brumosos nos narcotizan con su poder lisérgico con nuevos guiños a Wishbone Ash en versión más pesada y tosca.

Dunbarrow

BLUES FOR THE RED SUN