Reseña: THE SONIC DAWN.- «Enter the mirage»

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Cuarto álbum de la banda que probablemente haga la psicodelia mas elegante del momento. Reflejando los sonidos vintage de finales de los 60’s su apuesta sigue avanzando por la línea que marcaron en sus albumen anteriores. Dulces melodías en temas sosegados que aparecen envueltos en un manto ácido. En algún espacio entre el sonido más lisergico de THE BEATLES y sus compatriotas BABY WOODROSE, THE SONIC DAWN no bajan el listo con su nuevo álbum «ENTER THE MIRAGE». Adornando sus temas con elementos west-coast, su suave forma de componer las canciones consiguen crear melancóLicos cuadros llenos de dulzura. Sus ácidos pasajes son el estímulo para aquellos a los que su sonido pueda parecerles demasiado «blando». A estas alturas no debe ría sorprenderle a nadie la capacidad que el trío danes tiene para componer temas llenos de belleza y magia sobre ensoñadores espacios que siempre están envueltos en un manto de psicodelia reconfortante. Un sonido psicodelico que toma elementos del jazz en algunos momentos, o que se torna más sinfónico en otros, pero que siempre crean un gratificante espacio para la relajación.  En esta ocasión los exóticos aromas de oriente aparecen como ya vimos en alguno de sus anteriores trabajos, gracias a los sutiles acordes del sitar, dotando a los temas de ese aura de misticismo tan reconfortante. Aún con esos antecedentes, el álbum esta lleno de energía, una energía con la que tratan de llevar al estudio la fuerzas que tienen sus directos. La colaboración de Erik Errka Petersson con su órgano hammond, hace que encontremos mas temas en los que aparezca el sonido que recupera el legado de  Ray Mankarek , con esos tonos «vintage», tan característicos, y que en esta ocasión quita protagonismo a las guitarras como elemento diferenciador respecto a sus anteriores albumes. Habrá quien pueda preguntarse, ¿Es mejor o peor que el resto de sus álbumes? Yo les diría: «Es un álbum de THE SONIC DAWN», y a estas alturas, ya sabemos lo que eso significa, calidad, elegancia y belleza en cada canción.  

El tema general en el álbum es la libertad. Se trata de visiones que pueden parecer demasiado distantes para ser reales, pero solo aquellos que realicen el viaje lo descubrirán realmente. Su cantante y guitarra, Emil Bureau, nos explica como surgió el álbum: «Primero perdí a mi padre, luego perdí mi trabajo y finalmente perdí mi voluntad de ser un servidor de cualquier cosa que no sea paz, amor y libertad. Debería ser simple, pero en este mundo no lo es. En lugar de volver al llamado camino de la carrera, que generalmente es un callejón sin salida, di un salto de fe, con el apoyo de la banda«.

Bureau pasó medio año en un frenesí de composición, generando no solo «ENTER THE MIRAGE» sino también un álbum en solitario en el género folk del que próximamente hablaremos. Para dar forma a estas ideas de canciones, el trío danés alquiló un espacio en la parte más sombría de Copenhague, estableció un estudio allí y se estremeció durante dos meses. Escuchas esa aspereza, presente como una actitud determinada de una banda muy unida. Con tres álbumes pasados ​​y unos 200 shows en su haber, la reputación de THE SONIC DAWN está a prueba de toda duda. 

Sin embargo, al final de su largo y laborioso proceso creativo, la banda estaba completamente en quiebra. Afortunadamente, su amigo y ex productor, Thomas Vang, les permitió mezclar el álbum en The Village Recording por la noche, después de sus propias sesiones.

THE SONIC DAWN son: Emile Bureau (voces, guitarra teclados, sintetizadores, flauta y sitar. synthesizer, flute, sitar, Jonas Waaben (batería y percusión y Niels Bird Fuglede (bajo). «ENTER THE MIRAGE» fue escrito, grabado y producido por THE SONIC DAWN, Erik Errka Petersson participó con su órgano hammond en «Soul Sacrifice» y «Join the dead».

El álbum fue grabado en Voks Recording, habiendo sido mezclado por THE SONIC DAWN en Village Recording y masterizado por Hans Olsson Brookes en Svenska Grammofon Studion Mastering, (Goteburgo), correspondiendo el arte de la portada a el gran Robin Gnista. «ENTER THE MIRAGE» está disponible vía Heavy Psych Sounds.

“Young love oldf hate” nos presenta la psicodelia colorista con sabor a 60’s a la que ya nos tienen acostumbrados los daneses. La suave y cálida voz de Emile, convive entre coros recurrentes, sencillas armonías y reverberaciones con el sonido vintage del órgano en un discreto segundo plano.

En luminosos tonos hippies “Hit of acid” con sus armonías rurales y punzadas de guitarra y órgano ocasionales refleja el lado más sosegado del trío. En esta ocasión viajando hasta el verano del amor el sonido del órgano evocador de Ray Manzarek completa un tema en el que los acordes ácidos de la guitarra ponen el toque lisérgico.

Con vibraciones freak, “Loose ends”, más vivaz que los cortes anteriores y con el falseto de Emile en todo su esplendor, nos acaricia con delicadeza cuando su registro se vuelve más cálido. Un gratificante susurro que acaba por arrullarnos mientras el bajo de    nos golpea hipnótico en un tema ondulante que pasa de la luz a la penumbra psicodélica. Un aroma a incienso crea una atmósfera mística en su parte final en la que la guitarra parece apagarse entre lejanos acordes de sitar y un humeante órgano.

Esa presencia del sonido del órgano queda más patente en “Children of the night” El tema más experimental y en el que la voz se muestra menos complaciente. Un áspero y oxidado sonido de órgano en tonos retro envuelve los suaves y sencillos acordes de guitarra. Con momentos balbuceantes, el juego de guitarra y bajo se sucede entre un aura psicotrópica para descender lentamente hasta el ocaso.

“Shape shifter” en tonos más melancólicos hace que la psicodelia danesa se vuelva más intimista Un tema que transmite tristeza sobre tiernos pasajes algo mustios. Dando un giro, a la mitad del tema, THE SONIC DAWN se inclinan por pesados riffs que convierte la atmósfera mucho más densa.  Entre efectos la guitarra aula por momentos para emprender una senda psico-progresiva en su tramo final, en el que incorporan un cierto sinfonismo en ese ambiente psicodélico.

Con una introducción acústica llena de misticismo, “Enter the mirage” se eleva entre aromas orientales ofreciendo el registro mas grave de la voz de Emile, actuando casi como un loner folk.

“Soul sacrifice” con una oscura preparación inicial, se adentra en espacios psico-pop con muchas reminiscencias 60’s. El envolvente órgano vintage y una marcada línea de bajo custodían el particular sonido de la guitarra. Un tema bastante versátil en el que entre humo psicodélico se sucenden los solos y los efectos rebosantes de acidez. Fuzz, wah-wah, y ritmos anárquicos toman un camino que psicotrópico bajo los distados del legado de Manzarek.

Juegos vocales y ritmos rockeros con un toque funk es el escenario en el que se desarrolla “Join the dead”. Piano retro, ritmos contagiosos que invitan al baile en una ceremonia en la que los ecos west-coast habitan entre momentos rock, pop, siempre bajo tonos psicodélicos. Un curioso trabajo compositivo que hace que el tema parezca que mute constantemente entre un infatigable trabajo de batería.

“Sun drifter” se colorea de tonos vintage en una línea algo diferente a los cortes anteriores. Cálido y por momento con un sinfonismo country, serpentea entre un caleidoscopio multicolor que pasa por distintas fases cromáticas. Aunque pueda parecer que estos chicos son “blanditos”, tienen la capacidad para dotar a sus temas de un manto narcótico e intoxicante. Esto es la psicodelia.

El álbum cierra con “UFO”, tema en el que los ecos de la psicodelia pop de los 60’s crean un campo multicolor con susurrantes melodías entre un aturdidor sonido de órgano en un segundo plano.   

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Reseña: WIGHT.- «Spank the world»

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Cuatro años después de publicación de su anterior álbum de estudio «LOVE IS NOT ONLY WHAT YOU KNOW», WIGHT regresan con «SPANK THE WORLD», un álbum en el que se sumergen profundamente en la fusión. Con el sonido funk como bandera,   los alemanes no van dejan a nadie indiferente.  Son muchos los comentarios que he recibido sobre cual sería el contenido del álbum una vez escuchado «Hot», el single que lanzaron hace semanas. Sentimientos encontrados entre aquellos que vibraron con sus primeros álbumes y no daban crédito a lo que estaban escuchando, y otros, gratificados por este sonido tan fresco y contagioso. Todos somos libres de opinar, pero siempre debemos de respetar el trabajo de los músicos, y como su cantante y guitarra René me comentaba en la entrevista que les hice hace unos días, “Creo que a algunos les va a encantar,  otros lo van a odiar, y muchos se van a sentir confusos, como debería ser. La música puede ser cualquier cosa, pero no aburrida”. Esa frase (que yo mismo suscribo) bien podría resumir su contenido.  La música es una espacio imaginativo, y en esta ocasión su creatividad se ha decantado por la fusión de ritmos, para un trabajo que bien podríamos haber intuido viendo sus shows en directo, en los que incorporaban muchos ritmos funk que ponían al personal a bailar. Ahora, esos ritmos, son su leitmotiv, y las vibraciones más bailables del final de la década de los sesenta se fusionan con pinceladas de psicodelia, voces que tienden a inclinarse hacia el soul, y desarrollos en los que el jazz, la electrónica y algún momento progresivo tienen también cabida.  Convertidos en cuarteto, el álbum ha sido producido concienzudamente para conseguir un trabajo que es toda una locura en la que nunca sabes por donde puedes salir entre tanto ritmo endiablado.  ¡¡WIGHT son funk!!  

El álbum abre con una “Intro” en la que una locución en una extraña ambientación que nos enlaza con los sonidos funk de “Hot”. El tema que la banda nos adelantó como single en el que las voces con ese particular registro con “falsete”, y el cadente bajo de Philip se desenvuelven como peces en el agua entre los pegadizos ritmos. El tema se eleva en dos estratos, uno más intenso y el otro con ese órgano vintage en un segundo plano entre sutiles coros. El tema cambia su vocación a mitad de camino, tras un parón el ´órgano envolvente y la guitarra con efectos wah wah se recuentas en cómodos sofás psicodélicos. Ante la baja intensidad del ritmo la guitarra de René se estira en cada acorde, mientras el bajo nos golpea entre atmosféricos estribillos para explotar en parte final con gran rabia.

Nuevamente los divertidos ritmos aparecen entre wah wah en “Spiritual gánster». En un ambiente psico-progresivo, un cadente bajo entre floridos solos de guitarra sucumben a los elementos de fusión.

Enlazado con sintetizadores con el tema anterior, “Nervous” nos envuelve con efectos y sintetizadores de música electrónica con tintes espaciales. A su vez los platillos chasquean junto a un magnético bajo que nos trasladan a la época en la que Queen tocaba su tema “Another one by the dust”. Llegado ese momento se dejan llevar por una orgía de música funky a la que solo le falta la esfera de espejos dando vueltas sobre ellos. Increíble trabajo rítmico y una voz que se torna negroide. La bacanal de ritmos nos arrolla con elementos de fusión que aceleran el corte. Ahora la voz se ahoga entre sonidos de viento y rasgueos de guitarra. Llegados ahí la atmósfera pasa a ser más psicodélica con una versátil instrumentación en varios niveles sonoros que dejan espacio para la experimentación, una de las grandes vocaciones de los alemanes. 

En contraste con la mayoría de los temas del álbum, “Motorgroove” parece tornarse más retro, con momentos hard, progresivos y psicodélicos. Vivaces ritmos, custodian una guitarra que se retuerce hasta quedar extasiada y descansar en espacios más acolchados, amortiguando su sonido el penetrante órgano. En este momento, la guitarra desprende acidez a base de wah wah arrastrando al ritmo en su cadencia. Elementos psico-progresivo arropan el tema creando un manto envolvente que hace que los colores del caleidoscopio sonoro van cambiando sus formas en una oscilación sugerente. Embarcados en una atmósfera lisérgica encontramos brillantes momentos vintage en los que la guitarra brilla con luz propia. Posiblemente el tema más psicodélico de todo el álbum.

Un nuevo interludio con sintetizadores (“Interlude”) y una vocación electrónica con cajas de ritmos y algún viento narcótico nos lleva hasta “Island in the sun”.  La vuelta a los sonidos de fusión nacidos en los años setenta con ese cadente ritmo y ese teclado jazzero. Sin perder el ritmo, el tema explora sonidos jazz-rock, con un sonido de saxo elegante y profundo y acordes repetitivos de órgano. Resulta de lo más atractiva la combinación de esos elementos con el sonido de la guitarra y los tambores, que se resisten a alearse de los sonidos funk.  Bellos pasajes sinfónicos de gran riqueza compositiva se inclinan hacia la frontera de la psicodelia. El tema pasa por distintas fases para concluir con unos majestuosos y lentos acordes del teclado entre voces que vuelven a tornarse con registros negroides. Un autentico tema de fusión, sin paliativos. ”Island” juega con aterciopelada melodías con el blues y el jazz e incluso, por momentos el soul. Con su ritmo pausado y cadente, va evolucionando a espacios más intensos girando con lentitud a espacios soul, funk e incluso rock. Un nuevo tema que me hace mirar atrás para situarme en la escena afroamericana de finales de los setenta.  

Retomando los apacibles espacios, “Bon apocalypso” con un cadente y pulsante bajo y unos teclados atmosféricos van construyendo un corte que, sin renegar de los ritmos, y continuando con momentos de fusión, avanza lentamente a escenarios más psicodélicos. Desde allí, unos brillantes y profundos solos de guitarra revolotean durante largos pasajes

El álbum cierra con “Outro”. Ritmos netamente electrónicos, sin complejos, en los que los sintetizadores y voces ecualizadas nos trasladan a algún after en la noche. Un tema intrascendente.  

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Reseña.- COOGAN’S BLUFF.- «Metronopolis»

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El veterano quinteto de la escena underground alemana continúa reinventándose en cada nueva entrega desde la publicación de su primer álbum en 2.007, lo cual es algo a agradecer. Cuando en un álbum encontramos vibraciones tan distintas como el kraut, el swamp-rock, el rock clásico, la psicodelia, el rock progresivo, el funky, el stoner,  el jazz o los ecos west-coast,  podemos pensar que COOGAN’S BLUFF han querido abarcar mucho, pero si te sumerges en «METRONOPOLIS» comprobarás que aquí todo fluye con la naturalidad que solo unos genios podrían crear este variado arco iris.  Todo un cuadro multicolor de estilos creados con esmero para que nada resulte aburrido. Una trama sonora que nos traslada sin que nos demos cuenta a diferentes estados de ánimo con momentos en los que la voz de Captain Beefheart aparece desde pantanosos espacios u otros en los que vemos reflejados a los Genesis más creativos, y hasta los ecos del sonido Canterbury tienen un espacio en este maravillosos álbum. Sí, evidentemente son estilos dispares, pero cuando se es capaz de conjugarlos de una manera tan efectiva, el resultado es simplemente grandioso. Misteriosos, floridos, relajantes, psicotrópicos, o divertidos, cada  tema nos ofrece una oportunidad para el gozo.  Una innovadora y cautivadora apuesta llena de frescura para el deleite de los paladares gourmet en el que probablemente sea su mejor y más ambicioso álbum.  

“Gadfly” nos ofrece la primera andanada con hipnóticos riffs envueltos en un manto de sonidos de teclados. Una imponente batería y la repetición de la armonía crea un magnético tema en el que las voces aportan un halo de misterio. Sobre riffs pesados la incorporación del saxo colorea un tema intenso y versátil que ondula constantemente hasta descender a espacios psico-progresivos más propios de décadas pasadas.

“Sincerely yours” es simplemente una joya de tema, que parte de campestres sonidos sureños y una acaramelada y cálida voz que nos masajea. Acordes acústicos y un maravilloso tempo se va construyendo un corte que bajo una acolchada instrumentación transcurre por sencillos acordes en un luminosos y esperanzador entorno. Transmitiendo una magia sureña, se añaden elementos sinfónicos que fluyen con naturalidad. La sencillez hecha canción. Si esto no te transmite sentimientos es que estás muerto.

Con vientos de jazz de vocación progresiva, “Zephyr” con ese brillante saxo y un ritmo repetitivo nos recuerda a momentos del sonido Canterbury. Con una gran complejidad compositiva, los alemanes dejan patente toda su calidad y versatilidad.  Con apacibles pasajes cercanos a Genesis entran en una introspección netamente progresiva, para cabalgar vivaces por ese camino. Tras algunos calmados pasajes en los que el sinfonismo toma el protagonismo, el tema nos ofrece un nuevo giro. Volviéndose mucho más ácido los solos de guitarra dan una vuelta de tuerca acompañados de un impactante bajo. El resultado es un corte rebosante de matices y riqueza compositiva.

Instalados en momentos soft-rock, “Hit and run” se adorna de una brisa sureña, y acordes acústicos para construir otro tema que huele a setentas, en una línea que me recuerda a Dave Mason. Rock clásico con sombrero y camperas en el que no faltan esos momentos brass rock de la mano de ese saxo que nos sorprende sin que lo esperemos.

Embutidos en ropajes funky, “Creatures of light”, supone otra vuelta de tuerca en su sonido. Ritmos alegres y voces negroides construyen otro corte de cara vocación setentera en el que las voces negroides y elementos de viento contoneándose entre solos de guitarra en una ceremonia de la seducción funky-brass-rock.

Incisivos teclados envolventes y ritmos neo-kraut van construyendo “Soft ecus”. Un corte en el que se refleja el buen hacer ya que sin darnos cuenta entre los hipnóticos ritmos nos vemos envueltos en un escenario psico-progresivo en el que las cambiantes armonías se tornan más ácidas gracias a el sonido de la guitarra.  Todo hecho con una naturalidad que llama la atención, y en el que dejan patente la calidad de su guitarrista introduciéndonos en una espiral de solos psicotrópicos bajo el manto hipnótico de un imperturbable ritmo. El tema más largo del álbum con sus mas de siete minutos deja claro que por mucho que cambien sus propuesta, la hiriente guitarra es todo un soporte para la banda.

Dividido en dos partes claramente diferenciadas “The turn”, en su parte “I”, describe oscuros y misteriosos entornos por la senda del rock progresivo. Gruesos ritmos, lentos y profundos. Como si estuviéramos ante una banda sonora de un film de suspense los repetidos acordes y el difuso sonido del saxo, van generando un clima de tensión que no concluye descubriéndonos nada. Una especie de interludio que supongo pretende ser la antesala del corte siguiente, «The turn II», en el que blues en una línea Captain Beefheart, aparece cálido y pantanoso. Puro swamp-rock que se eleva fresco y luminoso bajo una cadente instrumentación que deja el protagonismo a una voz llena de garra y fuerza.

El álbum está disponible vía Noisolution

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Reseña: CHANG.- «Superlocomotodrive EP»

a1414056532_16Esta semana veía la luz el debut del trío alemán CHANG. Un EP compuesto por seis temas en los que tanto los sucios sonidos garage del Detroit de finales de los sesenta, como las atmósferas neo-psicodélicas conviven en armonía. Un eclecticismo que recupera momentos heavy-blues con olor a alcohol y a humo, para atacarlos con buenas embestidas de fuzz difuso y ritmos vertiginosos. Por momentos en sigilosas atmósferas o con momentos mucho más rockeros lo cierto es que su frescura y agilidad suponen un escenario en el que explorar. Una conjunción de viejas vibraciones revistiéndolas de un envoltorio moderno no dudando en apropiarse vibraciones hard-rock, kraut, desert-rock heavy-psych, e incluso espaciales. Como si no quisieran renunciar a nada los temas fluyen con naturalidad sin que nada aquí parezca estar impostado, sino que su objetivo parece ser ese, no renunciar a nada. Temas que van directos a la yugular, sin hacer prisioneros «SUPERLOCOMODRIVE EP” contiene temas ardientes, ácidos, rudos, primitivos y a la vez CHANG consiguen que todo suene muy contemporáneo y actual. El resultado es un llamativo trabajo con una buena producción y unos temas nada anodinos que siempre nos ofrecen el otro perfil.  

“Mescalin” abre el trabajo por la senda del heavy-blues setentero. Un tema con buenas dosis de fuzz humeante y algún elemento boogie. Uno de esos temas que huele a bourbon y a humo de garito de dudosa reputación. Seis minutos de sudor y electrizante blues contenido. Con buenas guitarras incorporadas sin estridencias, pero derrochando solos ácidos mientras un magnifico tempo rítmico hace que no haya espacio para el reposo. En la voz ya intuimos algún tono garage-punk que se hará más evidente en el resto de los temas. Para que al plato no le falte de nada encontramos unos momentos de psicodelia envolvente antes de retomar la senda del blues corrosivo.

Unos poderoso tambores nos sitúan en “Old rusty car” para adentrarnos en un tema de rock and roll asesino. Guiados por un perspicaz bajo, el trío alemán construye un tema que bien pudiera servirnos de banda sonora mientras conducimos por largas rectas. La cadencia del tema incita a apretar el acelerador y subir el volumen. Aquí apreciamos más nítidamente los tonos garageros herederos del sonido más sucio de Detroit previamente al que el tema sucumba a los dictados del fuzz en una arrolladora embestida. Con momentos en los que Nebula vienen a mi cabeza, el tema se debate entre los ritmos arenosos y el garage.

Nuevamente el bajo cadente, y esa ahogada voz garagera aparecen en “Botte beach”. Ritmos vivaces y ondulantes gracias a ese maldito bajo hipnótico e inquebrantable hacen que las guitarras no encuentren su espacio para su total lucimiento. Tímidos y sigilosos acordes hasta que la banda decide que tomen el tema al asalto con crujientes y sucios riffs. Fuzz balanceándose y oscilando bajo tonos macarras.

Una batería en la línea del “My Sharanoa” de The Knack, introduce “Sterne”. Un extraño tema que utiliza tanto vibraciones garageras como elementos de neo-psicodelia bajo efectos espaciales y wah-wah insistente. Aturdidor y sobre todo muy rítmico, los alemanes sucumben a la experimentación más lisérgica entre vibraciones mas contemporáneas. Si compramos el inicio del corte con la parte final, jamás podríamos haber esperado un desarrollo así.

El tema que da nombre al EP, “Superlocomodrive” es un corte asesino de garage punk sucio y enérgico envuelto en ese halo psicotrópico que con tanto acierto usa la banda. Frenético, enardecido, sin contemplaciones, sus briosos ritmos nos conducen inexorablemente a conectar nuestro cuerpo con esos compases contagiosos en los que no faltan las dosis de fuzz habituales.

Cerrando el trabajo, “Boms whisper”, con sus seis minutos, y por un camino que me recuerda por momentos a Pink Floyd (solo por momentos, no nos llevemos a engaño), evoluciona parsimonioso por la senda de la psicodelia describiendo enigmáticas atmósferas. La susurrante voz aporta su granito de arena al tema dotándole de esa aura de misterio, esta vez alejados de cualquier estándar de sonidos garage.  

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Reseña: LEATHER FRANK.- «Dark forest»

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DARK FOREST” es una joya que nos llega de oriente en forma de EP de la mano de los turcos LEATHER FRANK. Un joven quinteto de Izmir, en la costa oeste de Turquía. Una magnífica gema con las aristas psicodélicas bien talladas y enriquecida con ornamentos psycho-blues y ritmos kraut. Explorando distintas vibraciones que van desde los cálidos sonidos shoegaze con unas magníficas voces, hasta elegantes pasajes post-rock, los cuatro temas contenidos en su interior son todo un estimulante para aquellos que estamos siempre intentando descubrir bandas que nos sorprendan y que aporten algo en un mundo en el que casi todo está inventado. Un soplo de aire fresco que es capaz de conjugar momentos con vocación Sabbathica con finos pasajes más propios de All Them Witches, siempre teniendo en su punto mira la composición de temas basados en apacibles y bellos espacios de psicodelia aromatizada. Con la suficiente mesura para no caer en lo empalagoso, sus coqueteos post-rock no hacen sino enriquecer este diamante en bruto que supone una magnífica carta de presentación para la joven banda turca. Me sorprende especialmente la gran naturalidad como la banda ensambla distintas vibraciones estilísticas sin que por ellos se resientan los temas, sino todo lo contrario. Así mismo cabe destacar que a pesar de aparecen esporádicamente las voces son de un atractivo mayúsculo lo que hace que me sienta completamente atrapado por unos temas  bien construidos y ejecutados que son capaces de transmitir reconfortantes estados de ánimo.

LEATHER FRANK nacieron en el año 2.017 y está formado por Bora Şentürk en guitarra y voz, Orkun Demirtay en guitarra, Batu Divrik en bajo y Hakan Saraç en batería.

“Combortably violent” a lo largo de sus nueve minutos y partiendo de calmados pasajes de psicodelia con alma de blues, va introduciéndonos en sombrías atmósferas con sus narcóticos acordes. Un oscuro bosque en el que espectros con el nombre de Sabbath tatuado a fuego, se presentan ante nosotros ante la atenta mirada de hongos junto a los hogares de los duendes. Un bosque apacible y cálido que reconforta los sentidos con la belleza de su interior. Con dulces melodías florales entre bellos desarrollos instrumentales envueltos en un mágico manto de psicodelia aromatizada. Cálidas y reconfortantes voces con una cierta herencia shoegaze nos arrullan con mimo. Fluyendo cada acorde con una naturalidad de una banda veterana van tejiendo un sedoso tapiz con una atrayente belleza.

En su parte final incorporan ritmos stoner entre estructuras más propias del post-rock en una efectiva combinación de pesadez y dulzura.

Cambiando la dinámica, y con un tema de una duración de solo tres minutos, “Celeste” se sustenta en hipnóticos ritmos kraut que sirven de base a ensoñadores atmósferas más propias del post.rock. Un ambiente de tonos grises y melancólicos que poco a poco va abriéndose a la luz con un elegante caminar.

Sin abandonar esa dinámica rítmica “Out of rain” nos da un giro hacía espacios hard-rock stonerizados. Las magnéticas voces se hacen hueco entre densos desarrollos con una vocación mucho más setentera. Algunos efectos en las voces ecualizadas crean una atmósfera de misterio con distintos planos tanto vocales como instrumentales. Un sonido gratificante que nos saca del adormecimiento de los temas anteriores para desarrollar estructuras psicodélicas que poco a poco socavan nuestros sentidos con su gran magnetismo. El tema se rinde a esos sugestivos ritmos golpeando las neuronas con una batería autómata más propia de los reyes del kraut y unos finos y punzantes recorridos por los trastes de la guitarra.   

El EP cierra con el tema que le da nombre, “Dark Forest” evoluciona en la umbría boscosa entre angelicales voces con alguna herencia blues. Una conjunción de psicodelia y shoegaze que se acerca a momentos All Them Wicthes con elegantes y hermosos pasajes que se engrosan en un avance hacia sonidos más pesados en los que los riffs con vocación retro revolotean entre la aterciopelada psicodelia de los turcos. Un gran tema que conjuga todos los elementos necesarios para que una canción llegue al oyente; buenas voces, buenos ritmos y una cuidada composición.  Su psicodelia aromatizada adquiere una cotan de calidad por encima de muchas de las propuestas que nos encontramos cada día. ¡Sensacional tema!

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