Reseña: SIENA ROOT.- «The secret of our time»

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Tres años después de la publicación de su último álbum «A DREAM OF LASTING PEACE», los retro-rockers suecos SIENA ROOT publican «THE SECRET OF OUR TIME», sin dejar de ser fieles al sonido que les lleva caracterizando desde hace veinte años. Creando cada canción de forma diferente consiguen que todo encuadre, siempre  intentando desarrollar y encontrar formas nuevas para ser creativos y de no hacer lo mismo una y otra vez. Seguramente estamos ante el álbum más logrado en años por una banda que continúa reinventándose constantemente. Un álbum conceptual, sobre la naturaleza humana y la relación con la tecnología y la realidad artificial en el que el blues, el soul y el folk aparece entre desarrollos más progresivos sustentados por su habitual sonido retro rock. Temas que nos seducen con vientos west-coast  y en los que conjugan las voces de dos magníficas cantantes como Zubaida Solid y Lisa Lystam, y que ha contado con la colaboración de grandes músicos como Stefan Koglek (Colour Haze), Johan Borgström o Lisa Isaksson, al margen de la habitual colaboración con KG West. Equilibrando los temas entre los riffs más pesados y la dulzura de suaves pasajes, siempre con la inestimable ayuda de la dupla de cantantes, nos ofrecen canciones llenas sentimiento. Con temas dinámicos, que son contenidos por dulces melodías dotadas de  una belleza aderezadas con esos tonos vintage que el órgano purpleliano siempre aporta. Si, SIENA ROOT abrieron nuevos horizontes en la escena retro-rock, y dos décadas después siguen estando en lo mas alto de la misma.  

Cada canción versa sobre diferentes temas relacionados con el ecosistema, donde la humanidad juega un papel importante. Además, el álbum articula una dura crítica a las respuestas rápidas y digitales a temas existenciales y filosóficos complicados. A pesar de las actuales crisis sociales, económicas y ecológicas causadas por el hombre, la humanidad juega un papel importante en el ecosistema de la tierra. Es la fe en la humanidad y en su inteligencia orgánica la clave para resolver las actuales crisis sociales, económicas y ecológicas.

Con una introducción pseudo-espacial, «Final stand» da paso al rock clásico que lleva caracterizando a los suecos desde sus inicios. La poderosa voz de Lisa se acompaña con pasajes de hard progresivo en los que el órgano y ciertos efectos que contrastan con los pasajes vocales. Si algo tiene este álbum que le hace destacar de sus últimos trabajos es la dupla de voces femeninas de Lisa y la nueva incorporación Zubaida. Con un buen tempo, el tema se muestra sólido a la vez que atmosférico. Sus potentes momentos hard elevan el tema para mostrar a la banda en toda su plenitud.  Al margen de la sólida base rítmica, las guitarras aparecen puntualmente, pero siempre con brillantez.

Por la senda del blues-rock y con una clara vocación retro-rock, «Siren song» con sus cadenciosos tonos vintage, y la fantástica combinación de voces,  resulta un corte de lo más pegadizo. El característico órgano purpleliano aparece entre finos y estilizados solos de guitarra para conseguir un corte redondo. Con cabalgatas sonoras o con momentos puramente blues, el tema van ondulando constantemente. 

«Organic inteligence», uno de los temas que la banda nos adelanto hace semanas, está dominado por esa sensualidad que le aportan esas voces femeninas. Unas voces maravillosamente combinadas entre tonos vintage y que por momentos me evocan al registro de la mismísima Janis Joplin. Como si estuviéramos a comienzos de los setenta, los coros angelicales explotan con rabia. Sencillamente genial, el tema por si mismo hace que el álbum merezca la pena. Este es el sonido con el que los suecos se han forjado su leyenda como pioneros del rock con raices de los setenta.

Entre vibraciones mas propias del folk psicodélico, «Mender«, con sus susurrantes pasajes comandados por ese incisivo órgano retro parece querer elevarse. Un espejismo que se reafirma en la vocación sinfónica de sus ondulantes riffs. Samir, con su bajo mantiene el tiempo del corte, mientras el bucolismo vocal va tornándose mucho más adormentado al inclinarse hacia el blues. Con intensos momentos en los que la guitarra  aúlla cual lupus mirando a la luna, el derroche de sensualidad vocal hace que el tema nos arrulle en un canto de cuna de lo mas gratificante. Un bello tema lleno de matices.

Si en el conjunto del álbum, encontramos la faceta más folk y progresiva de los últimos tiempos de la banda, el hard-rock energico también tiene cabida. «In your head» parte vital con wah wah y ritmos más pesados que dejan espacio al lucimiento de la guitarra. El omnipresente órgano, en un segundo plano evoca a Purple como pocas bandas lo saben hacer. De la intensidad inicial, el tema reposa en la dulce voz por acolchados y seductores momentos. Los tonos folk se combinan con pasajes más progresivos por apacibles entornos llenos de frescura y una cierta melancolía. Si las voces duales en muchos momentos del álbum, la dualidad de órgano y guitarra aquí adquiere una nueva dimensión.

Divertido y lleno de frescura, «When a fool wears the crown»,  serpentea por espacios retro rock que acaban siendo seducidos por el registro blues de la voz. los coros pegadizos y el estribillo, así como el colorido ritmo nos traslada al corazón de los setenta.   Desde la sencillez, SIENA ROOT es capaz de construir temas de lo mas atrayentes, siempre incorporando algún elemento nuevo, aquí los virtuosos solo tanto de órgano como de guitarra nos hace viajar en el tiempo a la época dorada del rock.   

«Daughter on the mountains», con sus bucólicos pasajes adornados con el sonido del sitar, camina entre acolchados prados mecidos por una suave brisa. La sensualidad vocal y los bellos acordes exóticos, nos llevan a campestres espacios en los que la voz, camina entre alfombras west-coast en línea Grace Slick. Aterciopelado y con un aura de misticismo, el lado más sensual y seductor se ve reflejado con brillantez. Uno de esos temas que acaba poniendo los pelos de punta con todo el sentimiento que trasmite. 

Nuevamente el sonido del sitar aparece en «Have no fear». Sobre laderas folk psico-progresivas, la banda construyen el tema más experimental del álbum. Múltiples efectos y teclados atmosféricos. Tras los pasajes vocales del comienzo el tema se sumerge en una exploración instrumental que se aleja de la vocación de los cortes precedentes.  Aun así, el principal activo del álbum sigue apareciendo con esas voces con sabor a miel. 

Cerrando este fantástico trabajo, «Imaginary borders», parte de pasajes sinfónicos rebosantes de bucolismo en vena west-coast para caminar lleno de sensualidad antes retomar los pegadizos riffs retro rock tan característicos de SIENA ROOT.  Otro tema con bellos momentos llenos de romanticismo con floridas melodías y una flauta en segundo plano que suaviza el ímpetu. Una atmosférica instrumentación escondida en forma de pseudo-balada  que se eleva con mesura. como si estuviéramos en el verano del amor, el tema irradia un optimismo y buen rollo muy apetecible.  También nos ofrece buenos momentos de guitarra entre la envolvente brisa y derroche vocal. 

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Reseña: SLEEPWULF.- «Sleepwulf»

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Rindiendo pleitesía a guerreros del retro-rock, como Kadavar, Witchcraft o Graveyard, y con un acento a los primeros Jethro Tull nos llega una nueva oleada desde el norte de Europa de rock vintage atemporal de la mano de los suecos SLEEPWULF. Un trabajo en el que no hay una alquimia compositiva, pero en el todo fluye con naturalidad para obtener un resultado sobresaliente.  Cualquier amante de los sonidos retro y del rock de los primeros setenta se arrodillarán ante este álbum que tirará abajo las puertas de la escena underground.  Un trabajo basado en el blues y el doom en el que todo se hace sin forzar la máquina, sin excesos. Tres suecos y un escocés demuestran que comprenden completamente cómo utilizar la sabiduría y la fuerza de viejos titanes como Pentagram, Leaf Hound o incluso Cream, manteniendo ese sonido fresco y actual. Canalizado los sonidos sensuales de antaño con influencias modernas para crear un sonido pesado cargado de ritmos psicodélicos. SLEEPWULF logran prender una hoguera en la que se quemarán multitudes inmolándose en un aquelarre redentor. Canciones que tras escucharlas tararearás durante días una y otra vez, como un duendecillo golpeando tu cabeza sin poder quitártelo de encima. Con su sonido orgánico y un magnético bajo que en cada tema estimula nuestra base craneal haciendo que ésta oscile de lado al lado con cada riff. Nueve temas que construyen un bosque sonoro en el que los hongos mágicos parecen estar siempre presenten aportando sus dosis lisérgicas. A pesar de los negacionistas, lo retro y lo vintage sigue mas vivo que nunca, y aquí tenemos la prueba. 

Inspirado en gran medida del trabajo del reconocido ocultista John Dee, este álbum intenta reavivar su visión de un cosmos unido. «La luna y el sol de nuestra mónada desean que sus elementos, en los cuales gobernará la proporción denaria, se separen, y esto se hará con el ministerio de fuego». Desde la concepción, cada aspecto de este álbum se enruta en estos principios básicos y se remonta a cada uno de estos fundamentos. ¡Todo el álbum fue grabado en vivo en el estudio, sin sobregrabaciones ni repeticiones! La portada es obra del padre del cantante, Iain Robertson, mientras vivía en el bosque cerca del lago Ness. El disco está disponible vía Cursed Tongue Records

«Wizard slayer» nos sirve de muestra para intuir el contenido del resto del álbum. Riffs retro-rock en una línea similar a la ofrecida por Kadavar. Serpenteando en su composición y una profunda voz sobre oscuras atmósferas más propias del proto-metal de los setenta. una estructura sencilla pero de los mas efectiva.

Ceñidos en esa vocación retro-rock, «Beast of collision» hace que los sonidos añejos cobren vida nuevamente con una gran frescura. Sin abusar de la pesadez, el hard-rock primitivo reaparece bajo atrayentes y pegadizos pasajes que inmediatamente el oyente puede empezar a tararear. Riffs reconocibles con alguna pincela progresiva y el blues omnipresente se adornan con unos buenos solos de guitarra en línea Leafhound. En todo momento la vivaz batería modula constantemente su ritmo en una persistente oscilación.

Cadente y sin estridencias, «Lucifer’s light», cede el protagonismo sin discusión a esos tonos vintage que tan bien dominan los suecos.  Como si estuviéramos ante un tema compuesto hace cinco décadas, el blues y esos característicos sonidos retro se muestran frescos y plenitud. cierto es que como la mayoría de los temas, está construido sobre un único riff, pero la banda tienen la suficiente habilidad para moldear cada pasaje para que nada resulte monótono.

Incorporando más melodías, «Standing stones» escarba en el hard rock clásico de los setenta. Con acelerones y pegadizos riffs nos invitan a mover las melenas al viento. El tema pasa por distintos estados de ánimo descienden a pasajes en los que los tiempos medios dejan espacio a unas melodías vocales más cuidadas. Sin salirse de la senda retro-rock saben destacar los contrastes de sus sonidos hard. Una combinación que resulta efectiva para construir un corte divertido en el que las afiladas guitarras no faltan a su cita. siempre de improviso, pero cumpliendo a la perfección sus momentos de protagonismo. 

«God of the gaps»  es un breve interludio de minuto y medio en el que la melancolía se describe a través de acordes acústicos. 

El blues húmedo y fresco regresa (si es que se hubiera ido) en «Tumbling towers». Riffs pegadizos y una voz que mira al pasado más que nunca bajo amables tonos, sin estridencias. Bajo esa gris atmósfera presente en todo el trabajo, las versátiles ondulaciones rítmicas persisten con la efectiva batería contrastando con los melódicos registros vocales en vena Kadavar

«Misty mountain» se construye bajo los auspicios del proto-metal de manual. Emergiendo nuevamente esos momentos Jethro Tull en un matrimonio con Sabbath.  Dualidad que se repite a lo largo del álbum adoptando alguna forma incluso medieval. De nuevo seducidos por el retro-rock, dejan patente su personalidad en estas lides. 

«Wicked man» utiliza un riff para construir el tema oscilando sobre él. La cálida voz blues y los repetidos riffs van poco a poco evolucionando hasta una mayor pesadez para a continuación descender a acolchadas praderas en las que brota el blues psicodélico de tiempos pasados.  

Por momentos uno puede pensar si estará escuchando un disco nuevo o uno lleno de polvo de la vieja colección de los setenta. Si por algo hay que destacar este debut, es por la maestría con la que construyen y ejecutan los temas, siempre con su propio carácter, sin complicarse demasiado la vida. 

Casi partiendo de momentos progresivos, «One eyed jailor» huele a campiña del norte, donde las huestes de Anderson dominaban años atrás. Oscilando y con un ritmo cadente, delicadas melodías fluyen con naturalidad integrándose en otro corte puramente vintage también en una línea similar al último trabajo de Kadavar

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Reseña: MOUNT HUSH.- «Mount Hush

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Mas de tres años después de que liberaran su jam «Interstellar Smoke», MOUNT HUSH publican su álbum homónimo con la advertencia de que debemos ponernos cómodos, en silencio y escuchar.  Combinando el poder puro de las montañas con su belleza mística y conduciendo el pesado blues psicodélico a un nuevo hogar nos presentan un álbum en el que la mística habita entre atmósferas apacibles para degustar desde la calma,  y es que estos chicos siempre han tenido algo especial. Lleno de guitarras fuzz, profundos sonidos de bajo y un penetrante órgano hammond, cada tema se adereza con unas cálidas voces que lo impulsan emocionalmente. Jams lisérgicas con el blues en sus genes y un cierto aroma a setenta consiguen ofrecer grandes momentos de la mejor psicodelia pesada contemporánea. Entre tormentas que condesan los sonidos para el deleite y relajación del oyente en espacios que a veces se acercan al sonido de The Devil & The Almighty Blues o All Them Witches y otras veces se dejan llevar por el sendero abierto por bandas como Colour Haze o Causa Sui, pero siempre haciendo guiños a los sonidos retro de los años setenta.  Manteniendo el espíritu de grabación en vivo y combinando con la composición no lineal de sus comienzos, aparecen nuevas cimas de montañas más allá del horizonte. Temas sólidos que avanzan con parsimonia envolviéndonos en una mágica burbuja que acaba dejándonos con ganas de más. Sírvete una copa de buen vino, pon la luz baja y disfruta del viaje al interior de los Alpes.

“The ascent” nos ofrece una sombría psicodelia a través de relajados acordes con una reconfortable voz. Desde el sosiego y casi recitando el tema evoluciona sigiloso entre atractivos pasajes de guitarra con un aura similar al de The Devil & the almigthy blues.  Los teclados le aportan ese tono retro tan característico dentro de un elegante envoltorio.

Algo más perturbador, “Black moon” con sus riffs retro acompañados por ese órgano vintage. Un peregrinar por aguas psicotrópicas con oscilaciones de intensidad retro-stoner bajo tenues atmósferas de las que emerge una voz cautivadora e intensa. Sin perder su vocación lisérgica esos riffs de corte retro imprimen fuerza y carácter. El tema se sustenta en una guitarra que, sin ser deslumbrante, es el verdadero gen del que nace todo el corte. Una atmósfera heavy-psych envolvente y por momentos difusa colorea de tonos ocres un tema que adquiere consistencia con una gran intensidad melódica.

Avanzando por atmósferas psico-progresivas, “Shinewater” se va construyendo a través de delicados pasajes en los que la penetrante voz imprime un aura mística al corte. Sumidos en un ambiente introspectivo, la psicodelia más magnetizante va fluyendo de ese manantial inagotable de bellas melodías. Ese innato toque psicodélico persiste sin aspavientos a lo largo del tema.  Sin perder su aura apacible los registros vocales nos traen el legado de los setenta por una senda ya transitada por bandas como All Them Witches.

“Young blood, old mountain», nace de poderosos y oscuros riffs stoner con un aroma añejo para ir dando cuerpo a uno de los cortes más pesados del álbum. Manteniendo los sombríos desarrollos, las melodías vocales se tornan más atractivas y pegadizas por la senda del rock de los setenta. Con una gran efectividad las voces se muestran de lo mas efectivas aportando un grado de fluidez entre los pesados riffs, dotándolo de una gran agilidad. Con un aura lisérgico la guitarra se muestra esplendorosa entre las nebulosas que aporta el sonido del órgano.  

Como tema más largo del álbum, “Summer song” muestra el carácter psicodélico de la banda. Los acordes de guitarra nos masajean con delicadeza mientras la cálida y reconfortante voz mantiene el clima de sosiego mientras la atmósfera en la que se desarrolla va explorando momentos psico-progresivos tomando prestados algún elemento stoner para dotar de cuerpo a los susurrantes pasajes instrumentales. He de destacar el grueso sonido del bajo entre el manto de los teclados en un sonido que se debate entre distintas capas mientras las guitarras se retuercen. Ritmos gruesos y juegos de voces con diferente vocación conviven en tema rico en matices que nunca pierde su carácter heavy-psych.

“Fuenf” nos ofrece otra mirada algo diferente gracias a la incorporación del sonido del saxo. Que aporta matices jazz-progresivo a un corte con cierto carácter kraut en sus ritmos. Modulándose entre atmósferas de neo-psicodelia y una estructura progresiva el tema se contonea moldeando sus formas. Sus lánguidas voces aportan un tono de bucolismo que se ve intensificado por el sonido de ese profundo órgano en segundo plano. La parte final se adentra en espacios siderales para acabar disipándose poco a poco.

Para cerrar el álbum, “Winter song” MOUNT HUSH toma la senda trazada por banda como Causa Sui con floridos y bellos solos de guitarra resplandeciente. Un magnético ritmo soporta los contoneos armónicos en un ritual de seducción que nos introduce en mágicos espacios llenos de belleza. Ecos Colour Haze que se nutren con ramalazos más propios del rock sureño llegado de los años setenta. Lo cierto es que el tema consigue atrapar al oyente por la suma belleza que contienen sus surcos. Un claro ejemplo del sonidos heavy-psych que podemos encontrar. Grandioso.   

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Reseña: MR. BISON / SPACETRUCKER «(Turned to stone) chapter 1 split Enter Galactic Wasteland»

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Con el espíritu de la aclamada serie «Second Coming of Heavy», que se centró en combinaciones únicas de todo la escena underground pesada, Ripple Music publica «TURNED TO STONE», una nueva serie que continuará explorando los confines más remotos de la psicodelia y los sonidos plomizos.

Para ‘ENTER GALACTIC WASTELAND», el primer capítulo de la nueva serie de estos split, Ripple cuenta con MR BISON y SPACETRUCKER para comandar el primer lanzamiento. Personalmente nunca me he sentido demasiado atraído por los discos compartidos, pero si todos tienen la calidad de éste, bienvenidos sean. Con dos caras claramente diferenciadas en las que los italianos nos ponen el «viaje» con el heavy-psych que nace de esas dos mágicas guitarras que hacen olvidarnos de que la banda no tiene bajista, y con una evidente admiración por Pink Floyd y Colour Haze;  y la otra cara con la aspereza y contundencia de los stoners de San Luis, mucho más ortodoxos en su apuesta desértica. Con su punto de mira puesto en  Kyuss, Nebula o Fu Manchu, incorporando a su receta aditivos grunge al estilo de Melvins y altas dosis de hard setentero.  

Tres temas para que cada banda desarrolle todo su potencial, y que abre con:

SPACETRACKER:

“Nosedive”, con un sonido pesado amplifica su vocación stoner con crujientes riffs más propios del proto-metal y el heavy rock. Densos, turbios y contundentes no dejan de aportar buenas dosis de fuzz arenoso y ciertas dosis de grasa pegajosa y pastosa gracias a ese espeso y contundente bajo. Con algún solo virtuosos y afilado se entromete entre las gruesas nebulosas desérticas. El tema no pierde en ningún momento del ritmo ni su vocación pesada a pesar de sus ahogadas y desgarradas voces.

Un solo que deja espacio para el lucimiento del bajo, es la introducción a “Distant earth”. Un bajo que nos lleva en volandas a enigmáticos y oscuros paisajes. En esta ocasión con una cadencia mucho más psicodélica y liviana que el corte anterior. Esto sirve de aliciente para explorar humeantes entornos heavy-psych, a través de hipnóticos momentos que incluso se atreven a acercarse para coquetear con desarrollos mas propios del post.rock. Aquí el bajo se engrandece transformándose casi en doom. Con floreados momentos instrumentales los riffs se elevan para construir monumentales edificios sonoros sustentados por ese sólido bajo. Unas armonías subyacentes aparecen en tonos casi litúrgicos por espacios más propios del psycho-doom mas ortodoxo. En la parte final las voces surgen como coros celestiales en la parte final de un tema completamente instrumental.

“King cheeto” son suficientes para que nos dejen su buen hacer en un corte de desert-rock con nebulosas arenosas bajo imponentes ritmos en vena Nebula. Pesado, turbio,y con un tempo infernal consigue dejar espacios para momentos garage punk, en un corte simplemente infernal.

MR BISON:

Con introducción atmosférica “The grace of time” nos abre la puerta a una estancia envuelta entre efectos de psicodelia pesada. Una impactante voz en línea Tempest pone al alma dando el toque de color a un tema que rezuma registros 70’s. Un corte psicotrópico que combina las espirales lisérgicas con momentos hard-rock. La hiriente guitarra nos sumerge en susurrantes e insondables espacios boscosos en los que una calma reconfortante nos asalta. Arrullándonos suavemente con sus acordes y una cálida voz para elevarse bajo una estela de fuzz humeante. Un corte sólido con un envoltorio de alucinógenos que se torna más progresivo sin perder su aura psych. Aderezando ciertos tonos espaciales los efectos y un órgano retro en un segundo plano complementa y enriquece un corte con indudables vestigios vintage.

Envuelto en magnéticos espacios más propios de Colour Haze, “The stranger” camina con calma por bellos parajes sonoros que reconfortan el alma. Dos delicadas guitarras y una atrayente y magnética voz nos seducen con toda su sensualidad. Con algún eco Pink Floyd nos someten a una terapia anti-estrés antes de la explosión. Una deflagración psicodélica que despide bombas vintage, sacando toda su rabia.  Ese maldito órgano se resulta genial entre la atormentada voz y las terapéuticas guitarras antes de hacernos descender a un jardín del Edén, en el que nos hace sentirnos arropados y seguros. Un reposo que vuelve a cortarse con una nueva elevación de la intensidad con un wah wah sideral y las cálidas notas del órgano, así como de la atormentada y rabiosa voz. Unos registros que se modulan constantemente en una combinación de garra y confort en el interior de esa burbuja lisérgica en la que se desarrolla el tema.   

Sobre insondables atmósferas espaciales, “Oracle profecy”, fluye con una psicodelia aromatizada. Un leve aroma progresivo y muchos tonos retro van construyendo un tema con sosiego para aportar el nervio con esa magnética voz. Un corte rico en matices que evoluciona sin perder su ritmo en una sucesión de subidas y bajadas por acolchadas praderas con la belleza es aportada por la fantástica guitarra. Murmurante y florido, sus pegadizos riffs no dejan de seducirnos ni en los momentos de mayor intensidad. De alguna manera describen ese oráculo que siempre tiene una respuesta y que nos quita la venda para poder ver la luz.  

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Reseña: WONDER EN IS GHEEN WONDER.- «Wonder En Is Gheen Wonder»

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Cuando una banda es capaz de apostar por vibraciones retro rock stonerizadas sobre estructuras de hard-progresivo y son capaces de incorporar ácidos elementos psicodélicos, blues e incluso algún retazo jazz, es que algo va bien. Si encima añades el penetrante sonido de un órgano asesino y unas brillantes guitarras, la tormenta perfecta está servida. Existiendo en escenarios vintage los largos temas grabados en directo se moldean, retorciendo su figura bajo vestimentas teñidas con los ecos más progresivos de Ten Years After o con la garra vocal de Eric Burdon en modo ahogado. Verdaderos desgarros revestido de pegadizos riffs que por momentos se desangran. Arropados por un órgano heredero de John Lord, los italianos se zambullen en temas de blues ácido y psicotrópico para reposar el viaje en cómodos sofás progresivos. Una fusión que resulta de lo más atrayente para los amantes del rock de antaño. Si bien, como en tantas otras bandas hemos visto, son capaces de dotar a su sonido de una frescura y pesadez contemporánea. Siempre bajo una idea de que los temas suban y bajen laderas en las que su intensidad va variando. Solventes en los momentos más contundentes y sutiles y experimentales en los soplos más psicotrópicos. Tras ese extraño nombre en holandés cuya traducción es “Maravilla y más allá de la maravilla” (o algo así), como si de un acertijo se tratara, lo cierto es que consiguen componer temas maravillosos, que van más allá de los que antepasados del rock de los setenta  nos ofrecieron, con una visión mas acorde al siglo XXI.

“Indolence” abre con la fuerza de un huracán con poderosos riffs retro, una ahogada voz con vocación heavy-rock sobre pegadizos ritmos que se moldean. Una apuesta de particular hard-rock que pasa por distintos estados de ánimo incrustando desgarradores y oscuros momentos blues. Un tema que se moldea para pasar por distintos estados de ánimo. Tras la tempestad y distintos solos diabólicos, el bajo nos golpea en ese segundo plano antes de incorporar un penetrante órgano retro que colorea con tonos vintage la esencia blues en las que los sumen los italianos. La Banda da lugar a una exploración psico-progresiva dominada por las cuatro cuerdas que se moldea y retuerce hasta retomar la senda inicial por caminos retro- Stoner.

Rumoroso y narrando el misterio una breve introducción en “Reachin the being” desata las hostilidades retro-rock. El serpenteante órgano nos atasca en una melodía repetitiva que arrastra a la guitarra.  Contoneándose y seductor, a la vez que ácido, los ecos de los setenta sirven de escaparate para el lucimiento de la guitarra. Espacios psico-progresivos. Llenos de fuerza, todo parece estar estudiado con esmero. El virtuosismo surge con elegancia en un cálido y reconfortante entorno de hard-progresivo.

Sin salirse de los entornos hard-progresivos, “Magic clover” se desenvuelve en acolchados acordes con voces susurrantes en una experimentación lisérgica que se perfila sensualmente hasta explotar en festivos ritmos hard-rock. Las reminiscencias de mediados de los setenta de bandas como Ten Years After quedan patentes. Pura mierda setenta que nos invita a la acaba invitándonos a toda una del rock and roll en su parte final, en la que la banda se encabrita. Uno de los mejores temas de todo el álbum.

El blues rock tiene su espacio en “Jane”. Otro tema con aroma a setentas en el que el órgano tiene su peso entre la frondosidad de las guitarras y una voz ácida pero cálida a su vez. Aquí percibo alguna reminiscencia del Eric Burdon más salvaje en su sonido.

“Rakshabandhan dope” sigue oliendo a blues y hard rock. Su frescura inicial da paso a espacios heavy progresivos en los que todo se vuelve más turbio. En esta ocasión casi prescindiendo del órgano en la mayor parte del tema, sus últimos minutos recuperan ese sonido en momentos más experimentales.

Mas de ocho minutos sirve de alfombra a un tema de blues ácido en pura vena Ten Years After en “Unni”. Acolchado y sin estridencias, el tapiz sonoro se llena de diferentes tonos. Monumental y ostentoso, los espacios psico-progresivos se atacan con una contundencia inicial que da paso a insondables atmósferas en las que los psicotrópicos nos envuelven con narcóticos pasajes que se van oscureciendo según avanza el tema. Una cueva hard-progresiva en la que los efluvios ácidos nos invaden en una evolución similar a la de los temas anteriores.

Impactante, el órgano se conjura con la guitarra para ofrecernos a base de trallazos y parones en punto de partida a otro tema de clara vocación retro. “Dance on the firefly”, con mil requiebros acaba encontrando el camino a base de riffs repetitivos con ciertos aires exóticos. Es difícil encontrar sonidos así en bandas contemporáneas, por lo que el atrevimiento de los italianos es digno de admiración. Si algo tiene esta banda es la facilidad para moldear los temas y llevarlos a distintos estados de ánimo. Aquí claramente acaban sumergiéndose en un blues ácido de muchos kilates en el que las hirientes guitarras se retuercen hasta el infinito bajo la atenta mirada de bajo y un órgano más templado en esta ocasión.

Cerrando el álbum nos topamos con otro tema que se presta a la experimentación. “Scylla and charybdis” toma el blues como referente para dejarse llevar por sus instintos psicodélicos en una tortuosa travesía.  Pesado, ácido, progresivo, hard; todo es bueno para construir un tema monumental y exuberante. Aquí los efectos nos aturden en eses entornos de experimentación hard-progresiva en los que los psicotrópicos están muy presenta. Posiblemente el tema más denso del álbum que acaba en una bacanal de sonidos aturdidores que se soportan en una compleja estructura.

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