WE HANT BUFFALO.- «Head smashed in»

WHB HSI COVER FRONT AND BACK

«HEAD SMASHED IN», el cuarto trabajo de WE HUNT BUFFALO es un desfiladero por el que se precipitan los búfalos huyendo de los canadienses, con ensoñadoras atmósferas de heavy fuzz arenoso. Amenazadores riffs combinados con melodías salpicadas de arena desértica en las que viscerales voces comandan una locomotora rítmica que llega con suavidad al apeadero de la calma. Una bella estación con delicados ornamentos, tanto vocales como instrumentales, salidos de lo profundo del heavy ochentero. Mucho trabajo en una estructuración instrumental de gran versatilidad.  LLegando incluso a momentos progresivos, los canadienses, llaman a la puerta del nivel superior dentro la escena desert-fuzz. 

Pegadizas armonías que manan del heavy ochentero se combinan con esmero con un manto arenoso  («Prophecy wings») creando un espeso tapiz multicolor.

Borboteos ácidos rebosantes de fuzz con aroma retro que transitan a gran velocidad bajo una bruma pegajosa y psicotrópica en temas como «Get in Vains», hacen, que el disco contenga una versatilidad que gustará a distintos sectores de la escena.

Un desgarro de nostalgia brota de sus armonías que se returce, mostrándose pesado y lleno de energía. Una capacidad de moldearse en sus formas desde el apocalipsis al nirvana más extasiante. Curiosas fusiones de tonos orientales («Anxious children») con el más contundente de los bajos stoner, pulidas por un peculiar y brillante registro vocal.

Si en general «HEAD SMASHED IN» brilla por la mutación y combinación de elementos de procedentes de distintos estilos, la capacidad de maniobra de las voces eleva la intensidad del espectro de su luz.

Ninguna pieza falta para completar un perfecto puzzle. Encajándolas con esmero y cuidado para poder ser enmarcado y situarlo en la pared de la pinacoteca del stoner-fuzz. Atractivo y ácido a su vez, conjuga fuerza y una sutileza embriagadora.

«HEAD SMASHED IN» se publica el próximo 26 de octubre via Fuzzorama Records.

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BRUJAS DEL SOL.- «II»

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Su segundo álbum y con un título escueto, «II». Los de Ohio, nos ofrecen en este segundo larga duración un  compendio de sonidos atmosféricos que beben de la psicodelia más épica y narcótica, del kraut rock hipnótico, de la ampulosidad de desarrollos de rock progresivo, y de los sonidos espaciales más difusos y psicotrópicos. De aquí el hecho de no que no necesiten otro nombre que describa su interior. Si quieres poner tú el nombre, solo tienes que zambullirte de las agua por las que la BRUJAS DEL SOL hacen navegar su sonido. A veces calmadas, a veces bravas y turbulentas, y en ocasiones generando un verdadero tsunami sonoro. 

DenpaFuzz, no se hace responsable de los daños que este disco puede causar en tus neuronas, pero si no lo escuchas, te perderás algo grande.

Aquellos que disfrutan de ritmos hipnóticos, guitarras moduladas difusas, síntesis analógicas pulsantes y canciones que combinan influencias progresivas, de rock espacial y pesadas apreciarán ‘II’.

Con efectos de sintetizadores comienza la travesía en «Teenage Hitchhiker» un baño intenso de psicodelia cuyos acordes me recuerdan a Supertramp. sobre esa base, las guitarras comienzan a remar hacia las aguas de colores de una lisergía narcotizante. Un bajo diabólico hace el resto, mientras en tema se cingla para acabar en ampulosas en las que el post-rock parece ser su dueño.  

Pomposo se presenta «Shea rage». partiendo de escenarios más suaves pero ornamentales, los poderosos de riffs de guitarra ácida, inclina el devenir del tema hacía escenarios de psicodelia pesada, para trasladarla a espacios siderales, creando una pista, intensa, absorbente, voluptuosa y a su vez, pesada. 

Caminando por una psicodelia post-apocalíptica, en la que los efectos fuzz brillan con luz propia. «Sisterlace» ofrece grandes momentos floydianos de absoluta mística, que se engalanan con espesuras sonoras cercanas a Tundra. Con una concepción más arenosa y ácida toman momentos Hawkwind con largos efectos , un bombo implacablemente hipnótico, e intensidad de fuzz que genera heridas con su furia. Una pesadez difusa, intensa y aturdidora.

Rozando terrenos más electrónicos, los sintetizadores, y los efectos de las guitarras generan en «Fringe of Senility» un ampuloso y tenebroso crujido sobre una robótica en pura vena de kraut cósmico con la peculiar voz de Adrian Zambrano. Uno de los pocos momentos no-instrumentales del disco.

Evolucionan de lo casi imperceptible, «White lights», evoluciona de forma autómata a espacios hard-psych, donde las guitarras se robustecen, creando en denso espacio lisérgico con lejanas voces alternativas, sobre escenarios kraut, que mutan a territorios más propios de unos Pink Floyd del siglo XXI. Alternativos, hipnóticos y psicotrópicos sin renunciar a la psicodelia.

La experimentación de BRUJAS DEL SOL, llega a culminar fusionando sus sonidos por espacios cercanos a lo industrial visto desde estancias espaciales. Con intensidad y dinamismos, hacen de «Polara», un corte, algo diferente, pero esto solo es en apariencia. Internándote en él vuelves a descubrir que aparecen Pink Floyd, si escarbas en sus acordes finales.

Donde no tienes que escarbar demasiado para volver a encontrarte con sonidos floydianos es en «Spiritus». Si la pista comienza con un derroche de acidez guitarrística, unos narcotizantes espacios sonoros, el globo viajero de los de Ohio, aterriza con acordes rosáceos en atmósferas densas en las que el vacío y la desolación se palpan. Una vez allí, se tornan nuevamente a bellos y atractivos territorios post-rock. La vuelta se produce nuevamente a los dictados heredados de chicos del fluido rosa.

Ésta entrega se publica via Kozmik Artifactz y a buen seguro, sorprenderá a más de uno por la inmensa calidad que contienen sus surcos.

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REZN.- «Calm black water»

a2962158492_16Un viaje a través de oscuros y profundos océanos de psicodelia pesada embutidos en un traje de neopreno confeccionado a base de heavy-psych, fuzz, doom llegados de escenarios espaciales. Todo un trance hipnótico y psicotrópico hacia abismos misteriosos pero que esconden una belleza sin igual, con épicos momentos de enajenación de la razón. 

A través de efectos drone espaciales, y poderosos riffs stoner-doom. naufragamos en «Iceberg». Un islote enigmático del que sobresalen bellos desarrollos pero que esconde bajo las aguas todo su poderío nebuloso y difuso de unas aguas turbias que contienen un placton psycho-doom de proporciones descomunales. Espirituales y redentoras voces nos presentan una pista enérgica pero llena de humo cannabinoide.

Sobre una calmadas aguas lisérgicas los vientos morfínicos presiden «Mirrored mirage». Todo un mantra de relax que se ve alentado por un bajo espacial y una batería cadente, bajo el canto de susurrantes voces corales que emergen de las profundidades. plegarias interespaciales que hacen confundirnos del medio en el que nos estamos moviendo. Narcotico y aterciopelado corte para un placentero trance interior, con uno de los momentos en los que armonías floydianas hacen acto presencia sutilmente.

El karma continúa a base de efectos y distorsiones que desvanecen para resurgir en lentos y pesados momentos doom. «Quantum being», invoca al oráculo a través de voces sacerdotales. La Deidad se despereza de su letargo para acudir a su llamada. Ante la grandiosidad, la instrumentación baja susurrante dando paso a calmados pasajes donde las guitarras y los efectos nos mecen sutilmente. la calma se adueña del tema bajo atmósferas en las que impera una oscuridad tensa. Bajo ese halo misterioso, los instrumentos parecen achicarse ante el nuevo despertar de la divinidad con un poderoso arrebato de psycho-doom. Una barbaridad de tema que hace, por sí solo, que «CALM BLACK WATER» merezca la pena.

Toda una sorpresa para mí encontrar tantas y tantas bandas que combinan la psicodelia con el doom, sin excesos innecesarios, y REZN es una de ellas.

Subiendo las revoluciones de la pesadez, el bajo difuso y rebosante de fuzz que encontramos en «High tide», hace que nos despertemos del trance al que nos han sometido los temas anteriores. en realidad se trata de una apariencia, porque inmediatamente vuelven esas aterciopeladas voces pasra hechizarnos y seducirnos con sus cantos. tras ellas, la vorágine doom con combinación de atractivos momentos ambientales y relajantes. Una dulzura narcótica y adormecedora, gratificante y placentera de la que tiene culpa las bellas voces y su combinación con las armonías levitatorias que las acompañan. La calma y el relax dominan el tema en su parte final. Belleza pura en otro destacable tema dentro de las calmadas aguas profundas.

«Bottom fever» nos trae nuevamente tonos con tintes Pink Floyd de mediados de los setenta, una batería marcial salpicada con efectos espaciales que van y vienen, custodian los evocadores registros vocales dentro de la inmensidad del universo que nos proponen los de Chicago.

Este esquema se repite en «Sunken». Un tránsito calmado hacia un estado de consciencia alejado de lo humano en el que predomina lo espiritual. Un tortuoso trance provocado por los poderosos y amenazantes pasajes doom, que acaban transformándose en relatos de psicodelia pesada en las que lo sacerdotal, su conjuga con distorsiones y efectos del doom más gigantesco, consiguiendo un resultado realmente apetecible y que merece el derecho de situarse en lo más alto de las creaciones psych-doom del año.

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KING BUFFALO.- «Longing To Be The Mountain»

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Nueva entrega de los chicos de Rochester, en un álbum que confirma la madurez y evolución de esta gran banda. Desde que el pasado año tuve el placer de disfrutar de su directo, si ya me atraía su propuesta, mi devoción por KING BUFFALO se vio acrecentada, ocupando un lugar entre mis bandas predilectas.

Siguiendo de alguna manera el camino abierto por ALL THEM WITCHES dentro de la escena psicodélica más cercana a los dictados stoner, KING BUFFALO se unen a los de Nashville en una propuesta de parecidas características, sin perder su propia personalidad.

«LONGING TO DE THE MOUNTAIN» supone una nueva confirmación de que KING BUFFALO tiene duende. Un álbum intenso, mágico y versátil en el demuestran el dominio en componer piezas de atractiva y morfínica psicodelia, a través de la cual trasmitir sensaciones y sentimientos.

«Morning song», partiendo de atractivos acordes de blues, va construyendo una de esas composiciones al as que nos tiene acostumbrados. Un tema que te atrae y te absorbe usando bellas y precisas atmósferas psicódelicas. A paso lento, la murmurante y cálida voz de Sean McVay así como las bellas melodías que salen de las cuerdas de su guitarra. Un mágico paisaje multicolor en el que todo transcurre con lentitud, sin prisa. El confort se describe con una base rítmica repetitiva, usando los dictados del kraut-rock, y que poco a poco se va intensificando, sin perder un ápice de su encanto. Su influencia más stoner se pone de manifiesto en la parte final del tema, travistiéndose de heavy-psych impactante e intensa. Estirando los punteos y los efectos generando esa tensión que no estemos ante una banda ñona.

Con tintes kraut, el narcotismo de «Shun shivers», se mezcla con magnetizantes momentos shoegaze. Siguiendo en su propia intimidad, pero en esta ocasión con una cierta distancia que hace que vivamos el tema desde una cierta barrera. La destreza de los efectos y ese pulsante bajo de Dan Reynolds, dota al corte de un mayor ritmo y dinamismo.

Nuevamente otro corte absorbente y mormífinico se nos viene encima. Cosmonaut» vuelve a traspasar la frontera a una nueva dimensión. Esa dimensión alejada de nuestra mente en la que KING BUFFALO se siente a sus anchas. Generando y dotando de elementos  su mundo paralelo, el colorido y los aromas que desprende nos indican que un nuevo jardín del edén está a nuestra disposición. 

«Quickening» nuevamente usando esa herramienta que tan bien maneja el trío, nos inunda de hipnotizantes ritmos kraut, que se intensifican con el sonido drónico de la guitarra. La sensualidad que transmite la voz de Sean contrasta con los momentos de intensidad en los que las armonías se ensanchan y engordan construyendo densos y pesados pasajes.

Evidentemente llegando a este punto, bien podría usarse la manida frase que tantas veces escuchamos al cabo del año. «Candidato a disco del año». Sin duda alguna, aquí hay calidad compositiva, perfección ejecutiva, y facilidad para trasmitir sentimientos, ¿que más podemos pedir? Un disco que te emociona, siempre es un gran disco; y sí, yo pienso que es uno de los mejores registros que se han publicado en lo que va de año.

Los que amamos la psicodelia apacible nos podemos sentir congratulados de escuchar registros como «LONGING TO DE THE MOUNTAIN», que contiene todos los ingredientes necesarios para construir un plato de alta cocina. 

«Longing  to de mountain», con sus diez minutos de duración  es el puro reflejo de toda la esencia del trío neoyorquino. Si bien la banda usa dos esquemas para componer sus canciones, una a con temas cortos, y otra, con composiciones más extensas, en las que se encuentra este corte; es en este último formato donde tiene cabida  y donde mejor se refleja su creatividad. Livianas atmósferas magnetizantes, que hacen que el oyente, entre en un trance. Un espacio tántrico en el que los males se diluyen según van descendiendo sus notas. Pasajes de apacible psicodelia en la que los sintetizadores nos elevan a un espacio sideral, para una vez allí, ir mostrando todo su poder. El poder de seducción de las cálidas voces o el hipnotizante poder de sus ritmos. Un viaje salpicado de campos en los que los hongos alucinógenos crecen con promiscuidad. Su sabor y sus efectos son definitivos para conseguir ese estado mental que nos haga discernir el mensaje que nos tratan de trasmitir. Lisergia del siglo XXI en estado puro, sin aditivos de laboratorio, natural.

Los agradables y atractivos acordes de «Eye of the storm», se van transofmrando en un momentos de misteriosa psicodelia pesada. Sin perder la vocación kraut, se trata de un tema tortuoso, que van ascendiendo y descendiendo por laderas y precipicios multicolores. La crujiente batería de Scott Donalson, con los ramalazos de pesados rffs que se acercan a territorios doom, no nos dan tregua. Inquietante, pero con una tensión que la banda sabe cuando aflojar para que nos sintamos más reconfortados. Los hirientes solos de Sean, en los que los efectos fuzz son más evidentes, elevan la intensidad para al momento devolvernos a el estado hipnótico.

El disco está disponible a través de Stickman Records en formatos CD y vinilo.

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LIQUID SILK.- «Hightest mountain»

a0134628115_161Tercera entrega de la banda berlinesa LIQUID SILK, que continúa y profundiza en esos sonidos retro-rock en los que el blues psicodélico está muy presente, no faltando grandes riffs stoner con sabor añejo.

A pesar de ser una formación alemana, su sonido podría salir de cualquier garito del medio-oeste americano. Ritmos contagiosos, con mucho uso de fuzz, un groovy que dota de gran dinamismo a los temas. Sin descubrir nada, el resultado es realmente apetecible. No estamos ante el disco del año, pero, sin duda, si, ante uno de esos discos que puede ofrecernos reiteradas y  buenas escuchas. 

«Fever» y «Kosmonaut» se fusionan en uno con las ideas claras. Sobre una batería y un bajo que marca el rítmo LIQUID SILK van incorporando pasajes de blues ácido bajo unas estructuras que se repiten en gran parte de los cortes. Con una linea de bajo cristalina van calentando motores,  para ir dejando hueco a unos solos de guitarras que se combinan entre sí en una auténtica jam. De un riff concreto, que repiten a lo largo del tema, se van produciendo desarrollos en los que la libertad interpretativa adquiere la  verdadera esencia de su música. un caos controlado en el que todos tiene protagonismo.

Hay un buen trabajo en las armonías y alguno de los solos adquieren tintes sureños.

En temas como «Help me», la banda retoma los cánones del retro-rock más ortodoxo, como si de Kadavar se trataran, en una combinación con cualquier banda sureña de los States, se sumergen en blues que van adquiriendo aromas psicodélicos, para renacen nuevamente en el riff con el que partieron. La estructura para simple, pero el groovy con el que se ejecutan le reporta calidad y mérito. Sonidos rudos y primitivos, en los que pasamos de riffs poderosos a susurrantes espacios de psicodelia en los que el misterio generado por el bajo, es profundizado por las guitarras, una guitarras que inciden en esa exploración oscura, y que por momento recuerdan la técnica que usaba el mismísimo Alvin Lee en los cortes más psicodélicos Ten Years After. La tendencia stoner da por concluido el corte.

La escalada a la más alta de las montañas se produce con las herramientas que la psicodelia ofrece. De forma sutil , murmurante se va produciendo el tortuosos ascenso a esa cima inquietante que la banda pretende coronar. Hipnóticos por momentos, con pasajes de psicodelia refinada y con ecos de voces blues, completan el tema más elaborado del disco.  Claros que aparecen sutilmente entre las sombras por las que transita «Hightest mountain» , una sombra que son recorridas con riffs retro-stoner con reminiscencias de Colour Haze.

Los ritmos hard setetnteros hacen de nuevo acto de presencia en temas como «Super caravelle», en el que nuevamente se escuchan sonidos de guitarra Alvin Lee, disfrazados de Graveyard o Radio Moscow de baja intensidad. El stoner más añejo explota en uno de los temas más enérgicos de «HIGHEST MOUNTAIN»   en el que las guitarras se dejan llevar en una espiral de solos hirientes.

Otra vez recuperando el blues más lisérgico, «See the moon rising» se vuelve a acercar al stoner-retro cercano a Graveyard. ondulando, subiendo y bajando en su intensidad, va cambiando de color poco a poco, obteniendo un lienzo lleno de colores y matices. Hay siempre hay espacio para las jams ácidas de unas guitarras que se asocian para hacerse más fuertes y darle vigor a un tema que puede resultar reconocible dentro de los estándares de la escena vintage de los sonidos stoner.

Un poco alejado de esa fórmula, y mucho más incrustado en el espacio de la psicodelia más sombría,  «Pinwheel» sigue escalando la alta montaña de una forma cadenciosa. tomándose un respiro en momentos tenebrosos, para tomar impulso a base de potentes rifss rodeados de efectos, intensificando su sonido. Un serpenteante corte que esquiva los momentos tortuosos con fuerza y se relaja a través de ácidos pasajes en los llanos de la orografía con brillantes solos de guitarra.

La vuelta a los orígenes del hard rock y el blues rock se produce en el tema que cierra el disco. «Storm ready». Efectos sobre tonos oscuros de inquietante psicodelia humeante, que transmuta ha espacios de blues rock ácido, y que acaba en escenarios ya pisados por muchas de las bandas de los primeros setenta. Blues- rock con tintes boogie en estado puro. 

 

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