Reseña: MR. BISON / SPACETRUCKER «(Turned to stone) chapter 1 split Enter Galactic Wasteland»

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Con el espíritu de la aclamada serie «Second Coming of Heavy», que se centró en combinaciones únicas de todo la escena underground pesada, Ripple Music publica «TURNED TO STONE», una nueva serie que continuará explorando los confines más remotos de la psicodelia y los sonidos plomizos.

Para ‘ENTER GALACTIC WASTELAND», el primer capítulo de la nueva serie de estos split, Ripple cuenta con MR BISON y SPACETRUCKER para comandar el primer lanzamiento. Personalmente nunca me he sentido demasiado atraído por los discos compartidos, pero si todos tienen la calidad de éste, bienvenidos sean. Con dos caras claramente diferenciadas en las que los italianos nos ponen el «viaje» con el heavy-psych que nace de esas dos mágicas guitarras que hacen olvidarnos de que la banda no tiene bajista, y con una evidente admiración por Pink Floyd y Colour Haze;  y la otra cara con la aspereza y contundencia de los stoners de San Luis, mucho más ortodoxos en su apuesta desértica. Con su punto de mira puesto en  Kyuss, Nebula o Fu Manchu, incorporando a su receta aditivos grunge al estilo de Melvins y altas dosis de hard setentero.  

Tres temas para que cada banda desarrolle todo su potencial, y que abre con:

SPACETRACKER:

“Nosedive”, con un sonido pesado amplifica su vocación stoner con crujientes riffs más propios del proto-metal y el heavy rock. Densos, turbios y contundentes no dejan de aportar buenas dosis de fuzz arenoso y ciertas dosis de grasa pegajosa y pastosa gracias a ese espeso y contundente bajo. Con algún solo virtuosos y afilado se entromete entre las gruesas nebulosas desérticas. El tema no pierde en ningún momento del ritmo ni su vocación pesada a pesar de sus ahogadas y desgarradas voces.

Un solo que deja espacio para el lucimiento del bajo, es la introducción a “Distant earth”. Un bajo que nos lleva en volandas a enigmáticos y oscuros paisajes. En esta ocasión con una cadencia mucho más psicodélica y liviana que el corte anterior. Esto sirve de aliciente para explorar humeantes entornos heavy-psych, a través de hipnóticos momentos que incluso se atreven a acercarse para coquetear con desarrollos mas propios del post.rock. Aquí el bajo se engrandece transformándose casi en doom. Con floreados momentos instrumentales los riffs se elevan para construir monumentales edificios sonoros sustentados por ese sólido bajo. Unas armonías subyacentes aparecen en tonos casi litúrgicos por espacios más propios del psycho-doom mas ortodoxo. En la parte final las voces surgen como coros celestiales en la parte final de un tema completamente instrumental.

“King cheeto” son suficientes para que nos dejen su buen hacer en un corte de desert-rock con nebulosas arenosas bajo imponentes ritmos en vena Nebula. Pesado, turbio,y con un tempo infernal consigue dejar espacios para momentos garage punk, en un corte simplemente infernal.

MR BISON:

Con introducción atmosférica “The grace of time” nos abre la puerta a una estancia envuelta entre efectos de psicodelia pesada. Una impactante voz en línea Tempest pone al alma dando el toque de color a un tema que rezuma registros 70’s. Un corte psicotrópico que combina las espirales lisérgicas con momentos hard-rock. La hiriente guitarra nos sumerge en susurrantes e insondables espacios boscosos en los que una calma reconfortante nos asalta. Arrullándonos suavemente con sus acordes y una cálida voz para elevarse bajo una estela de fuzz humeante. Un corte sólido con un envoltorio de alucinógenos que se torna más progresivo sin perder su aura psych. Aderezando ciertos tonos espaciales los efectos y un órgano retro en un segundo plano complementa y enriquece un corte con indudables vestigios vintage.

Envuelto en magnéticos espacios más propios de Colour Haze, “The stranger” camina con calma por bellos parajes sonoros que reconfortan el alma. Dos delicadas guitarras y una atrayente y magnética voz nos seducen con toda su sensualidad. Con algún eco Pink Floyd nos someten a una terapia anti-estrés antes de la explosión. Una deflagración psicodélica que despide bombas vintage, sacando toda su rabia.  Ese maldito órgano se resulta genial entre la atormentada voz y las terapéuticas guitarras antes de hacernos descender a un jardín del Edén, en el que nos hace sentirnos arropados y seguros. Un reposo que vuelve a cortarse con una nueva elevación de la intensidad con un wah wah sideral y las cálidas notas del órgano, así como de la atormentada y rabiosa voz. Unos registros que se modulan constantemente en una combinación de garra y confort en el interior de esa burbuja lisérgica en la que se desarrolla el tema.   

Sobre insondables atmósferas espaciales, “Oracle profecy”, fluye con una psicodelia aromatizada. Un leve aroma progresivo y muchos tonos retro van construyendo un tema con sosiego para aportar el nervio con esa magnética voz. Un corte rico en matices que evoluciona sin perder su ritmo en una sucesión de subidas y bajadas por acolchadas praderas con la belleza es aportada por la fantástica guitarra. Murmurante y florido, sus pegadizos riffs no dejan de seducirnos ni en los momentos de mayor intensidad. De alguna manera describen ese oráculo que siempre tiene una respuesta y que nos quita la venda para poder ver la luz.  

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Reseña: FLEETING ARMS».- «Fleeting Arms»

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Ásperos riffs y una voz que se balancea entre el grunge y el heavy rock y que parece tomar prestados algunos registros del mismísimo Laine Staley. Una banda con doce años de vida y que tras este largo periodo de eleboración nos presenta su primer álbum. Una pirámide con tres vértices claramente definidos; la cúspide comandada por la suciedad de los ecos noventeros de Seattle, especialmente en la voz  de Coal Riepma, otro ápice por la psicodelia más ácida salida de la guitarra de Gerald Kisoun como fiel discípulo de Hendrix en algunos pasajes, y un sentimiento común por el blues que hace de sustento de todo. ¿Una apuesta arriesgada?. Seguro que no, ya que la combinación de estos tres pilares hace que su edificio sonoro no se resienta ofreciéndonos un álbum de alto nivel. Sin contener grieta alguna, y con el gran aliciente, de que los amantes de los tres estilos pueden encontrar aquí «su momento». Arreglos de guitarra acústica que dan a alguno de los temas un aire de sosiego, en contraposición con otros momentos en los que los ecos stoner aparecen para modular su propósito.  Temas de blues chamánico e intoxicante que nos envuelven en un envoltorio lleno de psicotrópicos arropando mágicas melodías.

FLEETING ARMS lo componen Gerald Kisoun (guitarra, guitarra acústica, voces) CJ King (bajo y coros) T-triangle (batería) Coal Riepma (voz), habiendo realizado la mezcla y masterización del disco  Voodoo Architect-grabación.

“Day trippin” con una introducción entre el regaee  y el blues rezuma sentimiento por los cuatro costados. Ese espíritu blues que se pavonea entre el cadente y bluessy sonido del bajo. Con solos ácidos acaba desembocando en un precipicio mas propio de Sabbath con voces que se desangran en lamentos entre ásperos riffs con vocación de metal. Unos rasgueos que nos lastiman y que solo nos recontaba el ungüento de una voz narcótica y cannábica.

En reconfortantes atmósferas lisérgicas, “Rust” con susurrantes acordes y una voz aterciopelada que nos lanza un hechizo en el interior de un bosque acústico en el que cad anota nos hipnotiza atrapándonos en sus fauces para zarandearnos con fuerza. Con una oculta vocación morrisiana el tema toma un giro hacia momentos en los que la psicodelia y el grunge se funden en un sensual baile ritual. Cubriendo con efectos y distorsionase nos sacan de la catarsis, en un tema que nos coge en sus brazos sin que podamos huir.

Con una estructura similar, “Bridges burning”, con sus casi siete minutos nos invita a otro paseo por escenarios en los que el blues más chamánico es el amo y señor. Enriqueciendo el brebaje con hierbas procedente del Seattle de los noventa un colorido y vivaz ritmo de batería sirve de luz entre la umbría de las hojas que nos impiden ver el cielo. Oscuros parajes con olor a intoxicante bruma de pantano que culmina en un desgarrador final.

El tema mas fornido del álbum, “Dig my grave” se construye a través de riffs heavy-rock que van sucumbiendo a los dictados del heavy-blues. Esa combinación imposible entre tres estilos  que acoge praderas psicodélicas y pesados y escarpados ritmos stoner en una sucesión de subidas y bajadas de intensidad. Una efectiva fórmula que a los canadienses les sale bien ya que consiguen que temas con la misma estructura acaben teniendo su propia personalidad a pesar que tener  el mismo árbol genealógico.

“Into the sun” es otro capítulo en el que la psicodelia nos abruma narcotizándonos con sus suaves acordes y un ritmo ciertamente hipnótico. EL magnetismo de esa voz seductora y desgarrada, solo se eleva por los ásperos y pesados riffs, que en una mutación se transforman en crujidos stoner con un tono casi punk que se funde con el registro grunge. En esta ocasión prima la rabia y fuerza sobre las hechizantes melodías. Con una nueva espiral de guitarras psicotrócias todo se vuelve borroso y difuso. Incluso descendiendo el volumen si es necesario, tratan de crear el clima óptimo para sorprendernos con una nueva embestida de poderosos momentos de heavy-rock.  

El blues rural se fusiona con el grunge de los noventa en una versión psicodélica llena de sentimiento en “Demon whitin”. Ese camino tantas veces transitado entre los noventa y los setenta que aquí se acompaña de riffs metálicos y atmósferas de psicodelia pesada. Crudo e indomable el tema nos golpea sin remisión en cada riff.

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Reseña: ACID MAMMOTH.- «Under acid hoof»

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Nacidos en la prolífica escena underground griega, el cuarteto ACID MAMMOTH presentan su segundo álbum «UNDER ACID HOOF» bajo el auspicio del pujante sello italiano Heavy Psych Sounds. Siguiendo la estela de bandas como Electric Wizard, Sleep o Monolord, y con el punto de mira siempre puesto en BLack Sabbath nos ofrecen cinco temas con voces afinadas a la manera de Uncle Acid, que solo pueden tener una definición, «doom». Plomizos, parsimoniosos, densos y borrosos,  Chris Babalis y su hijo Chris Babalis Jr. nos aturden con sus guitarras para solo dejarse asediar por la voz de éste último en los rituales satánicos que ejecutan.  Sembrando el terror en cada riff, todo aparece tenebroso. Caminando parsimoniosos por tétricas cavernas en las que la diabólica linea del bajo custodia la ceremonia pagana. Una liturgia que nos nubla hechizándonos con todo su poder terrorífico.  Un Mamut que nos aplasta amenazante y valeroso. Las voces solemnes esparcen su magia negra sin perturbarse. Con una cadencia que recuerda a melodías Sabbath, que aparecen como espectros imperturbables. Saliendo solo de las cavernas para caminar sobre perturbadores bosques psych en los que el fuzz nos aturde con un viento intoxicante y asfixiante. Densos pero lisérgicos momentos que se acompañan con los coros del fausto de la perdición. Pocos matices a lo largo de cinco temas que no se separan de su biblia satánica. Sirviendo pleitesía a belcebú en unos temas lineales y con una estructura sencilla. Si bien en la primera escucha no percibí ninguna diferencia entre ellos, en posteriores audiciones, los matices iban fluyendo como la savia que de desangra del tronco herido. Viscosos, y con escaso margen de sorpresa, los griegos tienen claro lo que quieren hacer,  y lo llevan a rajatabla. Sin salirse del guión su mirada siempre se pierde al frente, sin dar ni solo paso para atrás.  Superando la pesadez, y mostrándose mucho mas turbios que en su anterior álbum tratan de hacerse un hueco en las tinieblas.    

Abriendo con «Them!» un camino que no abandonaran en todo el álbum, y sorprendiéndonos con esas voces que de ahogan en sus lamentos hechizantes ACID MAMMOUTH crean el escenario donde van a desarrollar su función.  Tenebrosos y con algún momento stoner los riffs crujen y la batería chilla mientras el poderoso bajo toma las riendas del ritual.  Solo es necesario escuchar un tema para conocer el argumento de «UNDER ACID HOOF» .  Un guión preparado por diabólicos adoradores  del maligno. Densos y llenos de épica extienden la neblina creando un halo espectral. 

A cámara lenta «Tree of woe» avanza como ese mamut que tomaron por nombre. misteriosos, la calígine rezuma de las guitarras de los Babalis. Constante y parsimonioso en su avance introduce altas dosis de una lisergia espectral y aturdidora. Una composición más elaborada y en la que aparecen algunos matices que nos sacan de la monotonía en las que nos trata de envolver constantemente ese bajo ceremonioso.

Sus adictivos ritmos se regodean en «Tusk of doom». tomándose la suficiente calma como no terminar de arrancar a base de doom tradicional. Brumosos bosques con ese imperturbable halo de misterio en los que la tensión se palpa en cada nota. Con una voz que todavía se inclina mas hacia lúgubres escenarios ya visitados antes por los citados Uncle Acid, o incluso el propio Lupus en su último álbum, la maquinaria griega avanza impertérrita. 

«Jack the riffer» mantiene la estela con un aturdidor bajo difuso y los riffs a cámara lenta, repitiéndose una y otra vez. Marcando el camino a los fieles adoradores de las tinieblas crean un monótono sonido aturdidor del que es imposible salir. Retumbando cada nota y rescatando el espíritu Sabbath en un segundo estrato,  la reverberación resulta turbadora. Parecía que no se podía ser más doom tras haber escuchado los cortes anteriores, pero en cada nuevo tema, se superan en pesadez. 

«Under acid hoof» cierra la ceremonia con momentos más psicodélicos sin renunciar a toda la carga doom. Las acólitas voces tratan de rebrotar entre la espesa niebla generada por los gruesos riffs. Todo aquí es XXL, y el paquidermo de grandes cuernos siguen embriagado en una acidez que nubla todos los sentidos sin que podamos resistirnos a su poder. Exuberantes pero equilibrados en su propuesta los amantes de las tinieblas están de enhorabuena. 

El álbum fue grabado en 2019, mezclado y masterizado por Dionysis Dimitrakos de Descent Studios, quien también trabajó con la banda para su álbum debut en 2017. La batería se grabó en Dope of Sound Studios en Atenas; y ACID MAMMOTH son Chris Babalis Jr. (voz y guitarras) Chris Babalis Sr. (guitarras)Dimosthenis Varikos (bajo) y Marios Louvaris (batería).

Reseña: RYTE.- «Ryte»

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Pudiera parecer que se cumple aquel dicho de… «A rey muerto, rey puesto», ya que hace unas semanas los austriacos PASTOR publicaban su álbum de despedida, y ahora nos llega esta secuela con la nueva banda de sus guitarristas Arik y Shardik.  Nada mas lejos de la realidad, ya que éste álbum viene gestándose desde finales de 2.016. Con el objetivo de hace psicodelia pesada sofisticada, la banda no se pone ningún límite a su capacidad creativa utilizando distintos elementos progresivos, espaciales, doom, proto-metal, etc…, para dotar de frescura a los cuatro largos temas que contiene el álbum sin perder un ápice de la pesadez que les había caracterizado en su anterior banda. Toda una aventura con un resultado monumental y grandioso. Seguramente sea el mejor álbum heavy-psych que haya escuchado en los últimos tiempos, y teniendo en cuenta la cantidad de discos que pasan por el radar de DenpaFuzz, es mucho decir. Una dupla de guitarras difícilmente superable son el soporte de esta aventura de sonido expansivo, pesado y lisérgico. Con una aparente vocación de jam, los deliciosos pasajes ácidos se enriquecen con multitud de matices y giros que hacen que nada aquí resulte aburrido. Coloreando con místicos elementos orientales en ocasiones, con oscuros momentos herederos de Black Sabbath en otros, o con espirales diabólicas en pura línea Earthless, cada tema es un filón del que en cada escucha puedes sacar nuevos motivos para seguir cavando en él. Estamos ante un debut con un potencial y una calidad  increíble en el que la perfección estilística de cada composición les sitúa en un espacio superior a la mayoría de las producciones de la escena heavy-psych. En su mayor parte instrumental, la aparición ocasional de las voces, es un aliciente más para que el resultado alcance la perfección. Seguramente hablar de obra maestra, o de disco del año, teniendo en cuenta la cantidad de álbumes que se publican cada día,  pueda parecer algo presuntuoso, pero seguramente serán muchos los que coincidan conmigo cuando se sumerjan en esta maravilla en la que todo fluye de una forma natural y sincera. Una tela de araña llena de hilos psicotrópicos que te atrapan en su interior y de los que dificilmente vas a poder escapar. ¡Sublime!

A mediados de 2016, Arik (guitarra y voz) y Shardik (guitarra y efectos) decidieron comenzar un nuevo proyecto juntos y estaban buscando a alguien con quien tocar. Por casualidad se encontraron con el batería Hannes Ganeider (batería) en un show en Viena. Poco después se fundó RYTE. Lo único que aún faltaba era un bajista. La banda finalmente encontró la última parte que faltaba a fines de 2016 y luego completaron el cuarteto Lukas Götzenberger en el bajo. Pasaron al menos un año intenso de ensayos continuos y sesiones de composición para obtener un set en vivo y, por supuesto, un álbum juntos. A fines de 2017, organizaron su primer show (privado) en su lugar de ensayo en Viena, con un espectáculo de luz líquida alucinante realizado por «Ufonauten». Luego, en 2018 y 2019 tuvieron la suerte de tocar en festivales como Lake on Fire, Stick & Stone y compartir escenarios con increíbles bandas de ideas afines como Sacri Monti, Golden Void o Mothers of the Land, por nombrar algunas.

“Raging mammoth” desentierra a través de efectos y distorsiones ese mamut rabioso que emerge con brillantes momentos heavy-psych para mostrarse majestuosos. Un clímax de expectación que la banda sabe generan con naturalidad y eficacia. Las dos guitarras, sonando en distintos planos dan paso a momentos proto-metal. Fluyendo de una forma natural y pesada, va evolucionando a espacios stoner-psych en los que los afilados solos van creando una auténtica bacanal de sonidos en pura línea Earthless. Creando una tupida tela de araña en la que las vibraciones psicotrópicas campan a sus anchas. Con una cierta carencia Sabbath en sus riffs los austriacos se decantan por la psicodelia pesada en estado puro. Con momentos pseudo-espaciales la odisea ácida se aleja del sonido que sus guitarristas Arik y Shardik habían hecho con anterioridad en la banda PASTOR.  El tema tiene constantes giros sin perder nunca su conexión ni su vocación psicotrópica. Los momentos proto-metal esquizofrénico son un auténtico jardín esquizofrénico que acaba convirtiéndose en una jam diabólica. La banda parece dejarse llevar por sus instintos más precarios.

De nuevo, una introducción con efectos evolutivos desata las hostilidades de un fuzz hilarante en “Shaking pyramid”. El riff principal avanza lentamente, pero sin dar un paso atrás, a pesar de esos constantes giros en la trama que vuelven a repetirse aquí, sin que eso nos haga perder el rumbo, sino que hacen que estamos atentos y enganchados. Insondables espacios de psicodelia pesada se abren ante nosotros con esos desarrollos de guitarras solventes. Ondulantes y con el gancho suficiente, RYTE incorpora ritmos rituales a través de los tambores en línea Santana para recorrer la senda con habilidad, recorriendo esos espacios con acierto y gran habilidad para mantener al oyente atento haciendo que los complejos solos resulten atractivos y de fácil digestión.  Los oscuros momentos aparecen ante nosotros entre nebulosas psych. Entre la exuberante maraña lisérgica y los ecos Sabbath nos sorprenden con unas voces breves que surgen de las tinieblas a las que han llevado el tema. Una construcción que parece haberse dejado al azar de la improvisación con un brillante resultado. Nunca sabes que te puedes encontrar a la vuelta de la esquina, pero a pesar de ello, todo está ensamblado con esmero. La parte final recupera los insistentes y pesados riffs proto-metal.

En “Monolith” ecos y riffs más propios del heavy-rock con sus armonías repitiéndose nos ponen en ruta antes de que, en un nuevo giro, un cadente bajo nos traslade a espacios de exótica psicodelia aromatizada con las guitarras creando una nueva odisea sonora que toma prestados con sutileza algún momento jazz. Tonos orientales que se incorporan con destreza y naturalidad haciendo que la solidez de la composición no se resienta, sino que, por el contrario, se enriquezca. Guitarras que se clavan como cuchillos en la mantequilla, y manteniendo los dos planos diferentes logran complementarse dentro de la locura psicotrópica que reside entre vivaces ritmos.     La libre creación los lleva a la construcción de monumentales pasajes de psicodelia pesada en línea Earthless con momentos llenos de épica.  Tras la tempestad llega la calma para ofrecernos un respiro en esa orgía de solos, efectos y distorsiones. Magnetizantes y reconfortantes pasajes cierran un tema lleno de épica y exuberancia creativa.

Los ocho minutos finales de “Invaders” se alejan de esa psicodelia pesada que contenían sus temas precedentes para ofrecernos los momentos mas pesados del álbum.  Fornidos riffs de vocación doom ondulan esplendorosos antes de una embestida heavy-rock en toda regla. Como una goma que se estira y afloja la banda tensa su sonido antes de una inmersión en oscuras aguas proto-metal de donde las voces emergen con ciertos tonos ocultista, para transmitir inquietud entre sus tenebrosos pasajes. Avanzando a paso lento retoman las atmósferas psicodélicas con aromatizados pasajes. Bajo una estructura sencilla y aparentemente inconexa construyen un nuevo edificio sonoro con ventanas que miran a distintos estilos sin salirse nunca del guion prefijado. Un tortuoso transito que regresa a sus orígenes en su parte final con ese fuzz profundo e hiriente entre densos y humeantes ritmos.

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Reseña.- BIG SCENIC NOWHERE.- «Vision Beyond Horizon»


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El supergrupo BIG SCENIC NOWHERE se gesta entre dos pesos pesados de la escena desert-rock como son Gary Arce (guitarra de YAWNING MAN) y Bob Balch (guitarra de FU MANCHÚ). Un proyecto que crece lo suficientemente pronto como para abarcar a miembros como Tony Reed (teclados, voz y batería (MOS GENERATOR), Mario Lalli (bajo) (FATSON JETSON, YAWNING MAN), Per Wiberg (teclados) (SPIRITUAL BEGGARS, ex-OPETH, KAMCHATKA), Bill Stinson (batería) (YAWNING MAN), Nick Oliveri (bajo) (MONDO GENERATOR, ex-KYUSS, etc.), Lisa Alley (voces) e Ian Graham (voces) (THE WELL), Alain Johannes (voces y guitarra) (QOTSA, THEM CROOKED VULTURES, Chris Cornell, ELEVEN). Con un elenco así, las expectativas con grandes y el resultado puede ser algo apoteosico. En sus comienzos Balch y Arce lanzan riffs de guitarra y pistas de un lado a otro, juntando las partes de la canción un movimiento a la vez. Compartir su música y desarrollando una química para construir algo nuevo basado en sus experiencias individuales van añadiendo elementos. De esta manera, la banda se fortalece para la cohesión entre quienes lo hacen posible. Gary visitó a Bob, el cual grabó las pistas y reunió lo que se convirtió en progresiones más fluidas, y las canciones resultaron, destacando las diferencias de estilo entre los dos. Después de que Balch arregló las canciones, se dirigieron al estudio para obtener pistas básicas. En el transcurso de unos meses, los músicos comenzaron a enviar sus contribuciones al disco. Primero fueron las voces de Tony Reed, luego Lisa Alley e Ian Graham de The Well y, por último, Alain Johannes. Tony Reed también proporcionó algunos sonidos de sintetizador vintage, junto con Per Wiberg, y Alain agregó algunas partes adicionales de guitarra. El resultado final es un álbum que está tan lleno de talento que da miedo. Es el resultado de artistas experimentados que han crecido hasta este punto. Si bien todos sus estilos son diferentes, la colaboración creó un álbum hermoso y único. «VISION BEYOND HORIZON» Quedará en los anales del stoner como un documento de nuestro tiempo, una biblia para todo lo relacionado con el desierto y el desert-rock. Es un álbum muy embriagador y merece toda la atención. Así que siéntate, relájate y viaja detrás de la cortina sónica de estos moradores del desierto.

«The glim» abre con pesados y cadentes riffs. Una cálida y magnética voz transita entre  sus riffs hirientes. El sonido del desierto se percibe en cada acorde, pero no solo eso, ya que las bien trabajadas melodías vocales apaciguan la virulencia de su sonido. Un manto de psicodelia acaba envolviendo el tema entre difusos riffs que se repiten y elementos sinfónicos. Variado y rico en matices, el corte es todo un bálsamo para curar nuestra alma.   

Mucho mas diabólica, «Paranoid», transita guiada por frenéticos ritmos punk, herederos de los origines del rock del desierto. Una batería diabólica empuja al resto de los instrumentos entre los que destaca en gran trabajo de bajo.  Un tema rápido y directo que no hace prisioneros en sus menos de dos minutos. 

«Then i was one», puede ser el paradigma del desierto mas psicotrópico. Fuzz entre los cactus y cálidas voces, entre un aroma de pesadez en cada nota. Contrarrestando la fuerza instrumental las voces ponen el contrapunto a esa fuerza sobre estrofas melodiosas. El resultado es un magnético tema que pule sus rugosas aristas dando forma a un  corte que ofrece dos visiones de si mismo.  

Impregnados de psicodelia atrayente y misteriosa, «Mirror image» se desarrolla en oscuras atmósferas con una cadencia rítmica soportada en una impactante línea de bajo que marca el devenir del tema. Voces y coros entrelazados entre difusos riffs que pisan con paso firme en esa atmósfera desértica. Resulta chocante que a pesar de su solidez, sean las voces las que acaben marcando el devenir del corte. El tema lleva en su interior buenas dosis de fuzz desértico, especialmente en su parte final. Un tema enigmático que va contoneándose entre distintas vibraciones en esa espiral de sonidos que juegas con con la oscuridad y la luz. 

«Hidden wall» nos devuelve los sonidos atmosféricos con la sensualidad de unas hechizantes voces. Reflexivos, sin perder la esencia, aquí se descubren los momentos más bellos de un álbum que no duda en coquetear con distintas influencias para finalmente conseguir un sonido propio. La tristeza y la melancolía descrita en cada acorde con esos tonos grises pausados. Nuevamente encontramos el lado más psicodelico en contraposición con la pesadez de otros temas del álbum. Un relato que nos mece sosegando nuestros sentidos. Las fornidos y difusos riffs acaban explotando de una forma contenida cuando en su segunda mitad, las voces se vuelven más virulentas en su desasosiego. Aquí el juego vocal y los efectos de pura psicodelia pesada acaban construyendo un caleidoscopio psicotrópico de grandes dimensiones. Contenidos pero ácidos, no pierden el aroma de la arena y del viento de los yermos escenarios de los surgieron sus componentes. No en vano se trata del tema de mayor duración, y eso constituye una oportunidad para desarrollarlo en mas de un sentido. 

El hard rock setentero y los contemporáneos sonidos stoner confluyen en «Shadow form the altar», sucumbiendo los primeros en beneficio de las resonancias del desierto. Difusos en sus riffs, y ondulante en su estructura, el tema siempre mira para delante en un avance sin retorno sobre una estructura de ritmos que se repiten y que poco a poco se modulan entre las cálidas voces. Pesados pero contenidos,  la banda sabe crear esas densas atmósferas en las que el aire se hace irrespirable. Ciertos vientos exóticos se cuelan entre la bruma aportando un tono de frescura al plomizo y cegador tema. 

«En las sombras» sigue jugando con la misma vocación psicodélica. Aquí el bajo nos seduce entre acarameladas voces y elegantes acordes llenos de sutileza entre los envolventes efectos. Un nuevo canto lleno de sentimientos sobre bellas melodías que se elevan entre atmosféricos espacios con algún guiño floydiano. Sus acordes nos acarician con delicadeza mientras la voz nos seduce con el derroche de sensualidad de cada estrofa. Seis minutos y medio llenos de intensidad emocional que la banda consigue transmitir con gran habilidad. 

«Tragic motion lines» se instala en el escenario descrito en el corte anterior. La elegancia de los acordes de la guitarra y ocasionales descargas de fuerza, van construyendo un corte que bebe de la psicodelia setentera para adornarse con ecos más oscuros propio de escenarios proto-metal o incluso heavy-rock. Las melodías vocales son cuidadas con esmero incluso en los momentos en los que el tema en engruesa en su sonido. Una erupción ocasional entre el plácido prado sonoro que van componiendo. Con aura noventera a su alrededor, el corte camina en la placidez con un intrincado ornamento compositivo que agranda la estructura hasta espacios de gran monumentalidad. 

El jardín del edén que nos describe «The war years» nos presenta a BIG SCENIC NOWHERE más plácidos y místicos que en resto de las composiciones. Persistiendo esa herencia floydiana que nos había mostrado alguna de las canciones anteriores, aquí se desnudan dejándose seducir por esas vibraciones en momentos de psicodelia progresiva ejecutado con mimo y esmero. Delicados y bellos, cada pasajes va mimando nuestro alma en una redención interior. Un tema terapéutico que muestra el lado más tierno de unos músicos que cuando quieres pueden hacer explotar la montaña más alta, pero que su indudable calidad les permite ofrecernos otros registros completamente maravillosos. 

 

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