
DOMADORA.- «Lacuna»



Con una gran influencia de los efluvios de los pantanos de su Florida natal, SUNN RAGA con su EP debút «THE GREEN ROOM» se dan una zambullida en turbias aguas psicodélicas en las que la mágia y la fuerza se conjugan con maestría creando un encantador y seductor espacio sonoro.
Un joven trío que navega por corrientes heavy-psych a través de lisérgicas y apacibles jam llenas de fuerza interior. Cálidas voces reparadoras como cantos de sirena nos seducen introducciéndonos en territorios con claros y sombras.
Partiendo desde las tinieblas de su psicodelia pesada, abren las puertas a una luminosa redención con unos fornidos riffs. Intricados pasajes sonoros con un bajo inquietante.
El punto álgido del disco lo encontramos en «Swamp thing». Desde la calma la guitarra de Andrew Gomez, nos susurra con unos acordes que contienen blues en sus genes. Emulando a los TEN YEARS AFTER más lisérgicos, se van introducciendo en los inquietantes terrenos pantanosos a los que alude su título, describiéndolos a modo de pinceladas en un lienzo. El resultado es un caleidoscopio en el que las humeantes cienagas pantanosas nos murmuran hasta la aparición de esa cosa; rugiendo amenazante a través de riffs ácidos .
En «GREEN ROOM» no faltan los sonidos stoner de tintes retro en las que los riffs repetitivos nos golpean con contundencia sin perder el aroma cannabico.
Melodías relajantes en las que voces seductoras nos arrullan bajo momentos acústicos, creando maravillas como «Veins». La mágica vestida de ropajes orientales que supone todo un placer para los sentidos en registros que me recuerda a KIKAGAKU MOJO. Cierto hipnotismo latente insuflado en vena con delicadeza mostrando una sensibilidad cautivadora que parece llegar de remotos y atractivos lugare. La belleza en forma de canción.
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Esperado disco de la formación de Pensilvania GRASS que con su debut “GET IN THE VAIN” nos ofrecen uno de los mejores discos publicados en lo que va de año. Una catarata de guitarra fuzz que recorre nuestros sentidos con el espíritu de Hendrix revoloteando sobre el mástil de la guitarra y en el interior de […]

Esperado disco de la formación de Pensilvania GRASS que con su debut «GET IN THE VAN» nos ofrecen uno de los mejores discos publicados en lo que va de año. Una catarata de guitarra fuzz que recorre nuestros sentidos con el espíritu de Hendrix revoloteando sobre el mástil de la guitarra y en el interior de la garganta de Andrew Bloodink .
Un tremendo groovy que nos traslada a los momentos más brillantes del acid rock. Tratando de transmitir las vibraciones que la banda consigue en directo, su ejercicio de blues psicodelico, con ramalazos funky, sin dejar de lado retazos de boogie-rock, «GET IN THE VAN» supone una bofetada de aire fresco sobre el inmovilismo de algunas de las propuestas que nos encontramos en la escena contemporánea. Rítmico, contagioso en sus vibraciones, e incisivo y lascivo. Impresionante y sublime.
Si el punto que más puede llamarnos la atención es su guitarra asesina, la sección rítmica no se ve ensombrecida. La vigorosa batería de Chet y la nitidez y contundencia que Salty le imprime al bajo hacen un conjunto que se aproxima a la perfección. si a eso unimos, los momentos en la segunda parte del álbum, en los que la banda incorpora los sonidos de saxo de Sam, la ecuación queda resuelta milimétricamente.
«Lay it on me brotha» abre un disco en forma de arenas movedizas, que te atrapan en un su interior y del que no puedes huir. Siguiendo los dictado de Hendrix, estamos ante un dinámico tema en el que destaca una definida instrumentación, percibiéndose nitidamente todos los instrumentos. Un versión contemporánea del héroe de Seattle en la que se conjuga aquella esencia con retazos cercanos al stoner más psicotrópico. intensidad absoluta en un alegre corte.
Creando un clima evocador de los mejores momentos de la historia del rock, la línea de bajo de «Shaggy Dog» así como el tono y la cadencia de los registros vocales, unido a una vertiginosa interpretación inspirada en momentos boogie -rock, los riffs de guitarra brillan ondulantes. Retorciéndose constantemente en ese deambular, los tonos negroides se empiezan a vislumbrar.
La versatilidad de unos temas que recogen los frutos cosechados anteriromente, logran que «Get in the van», aunque con la misma base, se contonee lasciva y sugerentemente. Con porte provocador, atesora una cierta sensualidad en sus chulescas formas.
Si el disco destaca desde la primera nota por su ejercicio de fuzz, en «Right on» el derroche es apabullante. Borboteando, GRASS trata de estirar los riffs hasta el infinito. La sección rítmica, incesante y frenética en su roll, serpentea en subidas y bajadas de intensidad, tornándose hacia espacios en los cercanas al funky, generando un abanico de sonidos mucho más amplio. la repetición de los riffs contribuye a la frescura y vivacidad del corte.
El saxo hace su aparición en «Leadfoot», con el ritmo se fusionando con sus notas. Intercalándose con un bajo agitador y el cambio en la cadencia de la bateria, hace que el corte ya si, sin contemplaciones se adentre en los territorios funky que el tema anterior había explorado tímidamente. Este tema impide que los cuerpos se queden estáticos, torneandose atraidos a un baile ritual.
Un nuevo elemento sonoro aparece en «Where are you Sam?». Ya inmersos en la atractiva y lasciva vorágine funky, elementos de jazz hacen acto de presencia en una combinación que recuerda a RARE EARTH compitiendo con JIMI HENDRIX en una pista de baile. Ritmo y swing conjugados con incendiarios solos de guitarra heavy-psych. Una arrolladora espiral sonora que llega a adquirir tintes diabólicos en un ejercicio redentor para ahuyentar malos espíritus. Todo un ritual liberador.
En este punto, ya comienzan a faltar los calificativos para definir lo que «GET IN THE VAIN» nos ofrece, cuando un nuevo giro de tuerca se ejecuta en «Whale». Un cambio de estado de ánimo que nos traslada a los momentos más ácidos de la banda. Con una herencia de sonidos west-coast a lo largo de poco más de minuto y medio.
Ahora sin voces, «Gastronaut» explora territorios más puramente retro-rock manteniendo esos riffs efectivos y afilados, con una fluida cadencia.
«Big bad Sam», el tema más largo del disco se desarrolla bajo ritmos de boogie-rock que GRASS colorea gracias al saxo. Vacilón e incitando al contoneo y al baile, un contoneante aquelarre con mucho groovy, se desvanece suavemente para volver a la intensidad con la guitarra de Andrew. Un aparecente desmayo producido por voces y coros blues-rock elevan la ondulante trayectoria el tema hasta que este se transofrma en la parte final usando elementos lisérgicos que salen a la luz guiados por el oscilante saxo. Las sugerentes reverberaciones de fuzz siguen presentes como sello de identidad.
El tema que cierra el disco, «Back from space», utiliza mimbres típicos del hard rock setentero aderezandolos con la esencia Hendrix. Tras la fuerza inicial, va decayendo a momentos en los que el thc parece impregnarlo, para resurgir en momentos de de aparente histrionismo.
Brillante, muy brillante trabajo, que en cada nueva escucha muestra más y más matices que tras el apabullamiento de la primera audición van saliendo a la luz.

Después de lanzar dos EPs y su primer álbum «INTO ORBIT» en 2014, ATOMIC VULTURE está de regreso con su nuevo EP «STONE OF THE FIFTH SUN»., publicado por Jackalope Music
Con algunos cambios en la formación. Kris Hoornaert (bajo) reemplazó a Jelle Galle en 2017, uniéndose a Pascal David (guitarra) y Jens Van Hollebeke (batería)
Con ATOMIC VULTURE el rock espacial belga vuelve a la carretera.
«Jaguar» abre el trabajo con toneladas de fuzz desde sus primeros acordes. Pesados sonidos en una espiral sónica de la que es imposible escapar.
La luz se abre en con una apisonadora rítmica con «Wind». Psicodelia pesada, grandilocuente. Pisoteando los cánones del stoner su densidad te engulle, arrastrándote a abismos tenebrosos zarandeandonos en esa caida. Tras esos envites de fuerza llega la paz y el sosiego. Un inquietante sonido de bajo lento y grueso, unos riffs de guitarra llenos de efectos narcóticos, envolvendes de naturaleza pesudo-espacial. En tema que hechiza al oyente en un acojonante ejercicio de heavy-psych.
La colaboración de Hank Vanhee (cantante de la banda stoner belga COWBOYS & ALIENS) en el tema «Rain», le dota de una vocación proto-metal. En forma de alocución. Mas acelerados que en los temas precedentes pero manteniendo la misma esencia, las voces y coros hacen que el dinamismo se ve incrementado y el tema se acerque al hard-rock más clásico a pesar de la gordura de su sonido stoner.
Es de destacar el gran trabajo del recientemente incorporado a la banda Kris Hoornaert a los mandos del bajo. La conexión entre la línea de bajo, la contundente batería de Jens y los desarrollos de Pascal a la guitarra es completa. «Watter», se desarrolla en atmósferas de psicodelia placentera, ondulante, singular. Matices pseudo-orientales asoman levemente para zambullirnos en sucesivas espirales espaciales llenas de efectos y distorsiones en la más pura línea HAWKWIND. El bajo cambia los matices con gran efectividad.
«Earthquake» supone una carrera evolutiva que comienza con ritmos stoner que van dejando lugar a esa lisérgia robusta de la que tanto gusta ATOMIC VULTURE. Las armonías se van disipando y transformandose en livianas, reconfortantes, hipnóticas incluso, lo que no impide que los sonidos pesados resurjan con fuerza a lo largo del tema.
ATOMIC VULTURE ha sabido conjuar en «STONE OF THE FIFTH SUN» la fuerza del stoner instrumental más contundente con la psicodelia más sutil. Las reverberancias más suaves con la densidad más difusa de los sonidos gruesos. Los torbellinos sonoros de los que no puesde escapar con lo liviniano cuando te muestran la puerta de salida.
A partir de su lanzamiento el 18 de mayo la banda comienza una gira Europea en la que visitarán España, teniendo más fechas previstas para final de año por el resto de Europa.

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AVISO: Este disco puede ser adictivo!!!
En activo desde finales de 2.014 la banda de ZEN BISON publica su primer trabajo, amén de unas demos en directo que vieron la luz el pasado año. Con Philipp Ott (guitarra y voces) Steffen Fischer (bajo) Martin Konopka (batería) Hans Kirschner (teclados y órgano) y Bobby Müller (percusión), «KRAUTROCKER» es una bomba que hace explotar las cabezas. un torrente de acidez psicotrópica junto a riffs desenfrenados de puro hard rock. Uno de los mejores discos que he escuchado en los últimos tiempos. Ecos reforzados de bandas como MAY BLITZ , CACTUS y riffs que firmaría el mismísimo JIMI HENDRIX. Conteniendo una versión incendiaria del clásico de Don Nix «Going down», que llega a la altura de la que realizó JEFF BECK en 1972 y eso ya es decir mucho.
«KRAUROCKER» deja claro desde la primera nota de «Blow my mind», que ZEN BISON no hace prisioneros. Una energía de riffs desbordantes con el espíritu de Hendrix sobrevolando cada nota, un bajo terrorífico, los alemanes derrochan energía en la primera mitad del corte, para descender a la marmita de los psicotrópicos, ofreciéndonos pasajes de pura psicodelia sin aditivos en los que el fuzz brilla por sí mismo. «Blow my mind» resucita del narcotismo para retomar el vigor de su inicio. Los registros vocales están llenos de tensión, transmitiendo toda la fuerza que el tema necesita.
Los riffs incediarios abren «Back lovers». Siguiendo la linea marcada por el primer tema, los ritmos oscilantes no se pierden en el camino, manteniendo la travesía que la banda se ha trazado. Un sinuoso camino en el que los retazos bluseros aparecen con sutileza. El resto es pura energía. Ritmos y solos de guitarra que a muchas bandas stoner les gustaría ejecutar.
El tema más largo del álbum, y que da título al mismo, «Krautrocker», la banda nos ofrece su otra cara, o más bien, su otro perfil. Un rostro entremezclado por una acidez heavy-psych a base de acordes humeantes. Plácidos momentos de un viaje humeante en el que la magia de los alucinógenos envuelve nuestras neuronas en un crescendo afrodisíaco y gratificante. Majestuoso corte que intoxica los sentidos con un tono chamánico gracias a los sonidos de un órgano que manteniéndose en un segundo plano, eleva la grandeza de la composición.
«La madrugada» sigue la estela viajera y psicodélica de «Krautrocker». Está vez yendo más allá. Un mantra sonoro de psicodelia reconfortante, chamánica. una invocación afrodisíaca que evoluciona lentamente a una metamorfosis. Renaciendo de sus entrañas para ir robusteciéndose en una lisergia, pesada, turbadora y amenazante. Mostrando todo su explendor ZEN BISON se atreven con ritmos latinos que bien pudiera haber firmado el Carlos Santana de sus comienzos. el ritmo dota de colorido a unos surcos que habían nacido de la umbría. Los teclados y sobre todo la sección rítmica, con una batería y un bajo casi doom, consiguen una fortaleza impresionante. Una aceleración contagiosa con un espíritu y vitalidad desbordantes.
Pocas veces se puede cerrar un disco de una manera tan espectacular. Un majestuoso cover de «Going Down» en el que ZEN BISON a lo largo de diez minutos, reinventa el original con esquemas stoner, ácidos hasta la médula. Un groove vocal muy apetecible reafirma el espíritu del tema de una manera acojonante. En pura linea CACTUS, las notas arden con el manto de ese bajo terrorífico. Solo tengo una palabra para definir esto, IMPRESIONANTE!!!.
Estamos ante el mejor disco que he escuchado en tiempos. Y eso es mucho decir, teniendo en cuenta la proliferación de grandes trabajos que han pasado por mis oídos en lo que va de año. Seguramente solo sea una opinión, pero os invito a que os dejéis atrapar por éste «KRAUTROCKER«.
DenpaFuzz no se hace responsable de los efectos de una escucha repetida. O si…. jajajaja
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