BASALTO.- «Doença»

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Segundo trabajo del trío portugués BASALTO, en el que continúan con unos nombres de los temas numerales sin orden aparente, como ya hicieron en su disco debút.

Desconociendo realmente el significado de esta numeración, lo que nos encontramos en «DOENÇA» es una pesadez de sonidos doom, en temas mayormente instrumentales en los que aparecen guturales voces que parecen salidas de lo profundo del averno. Con una clara predominancia entre sus surcos de una psicodelia pesada. Cortes que llenos de fuerza que avanzan con la lentitud propia del género sobre cadentes y perezosos ritmos a los que se inyectan unas dosis psicotrópicas que nacen de las cuerdas de una guitarra llena de acidez. Amenazador y con paso firme «VII» se acelera en un camino a sonidos más metálicos, lo que es una constante en la mayoría de los temas.

Personalmente no me identifico con las modulaciones vocales que tienden a vomitar las voces guturales, pero lo cierto es que aquí, dan ese toque terrorífico que conjuga con su bajo y su batería.

Momentos de stoner frenético y veloces pasaje de stoner-metal. Unos pasajes que decaen en doom con repetición de riffs y ocasionales voces lentas y graves, solo algún solo de vocación heavy.

Mucho doom tenebroso en un lento viaje a las profundidades más lúgubres y humeantes, que acaban en el pozo del metal al ritmo marcado por una terrible batería.

Si hay algo que me gusta de la apuesta musical de BASALTO es cuando la banda se pierde en ese doom lleno de THC en lúgubres y oscuros pasajes, con un punzante bajo que cera un escenario de misterio insondable.

El trío portugués consigue con «DOENÇA» un álbum que contiene todos los elementos para que los amantes del doom-metal se deleiten con su escucha a un alto volumen. 

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VALIUM BROTHERS.- «Karma Culebra»

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Desde tierras argentinas nos llega «KARMA CULEBRA», la nueva entrega de VALIUM BROTHERS.

Cada día día nos siguen llegando producciones del cono sur con una calidad notable, y este disco es un ejemplo de que la escena latinoamericana de la música pesada goza de muy buena salud.

Seis cortes, en los que la psicodelia con estructuras sencillas y efectivas nos traslada a una calma tántrica. Temas ondulantes, con suaves guitarras que explotan en gruesos riffs. Un equilibrio como el de la leyenda de la lucha y la grulla a la que la banda hace referencia.

El disco se abre con momentos drone, en apacible pasajes calmados en los que sutiles solos de guitarra generan un hipnotismo y una belleza sobre un un riff que se repite a lo largo de «La conciencia del fuego». Momentos Causa Sui que se transmutan en una psicodelia pesada de enorme intensidad.

En «Marihuano», la banda hace un ejercicio ritual a la planta humeante  en tonos calmados que se convierten en inquietantes proclamas. Voces rituales comienzan la ceremonia de la adoración. Una mística que se vuelve pagana en un aquelarre tortuoso que se eleva con fuerza en cantos desgarradores.

Por una senda similar, el homenaje le llega ahora en forma chamánica a otra planta psicotrópica, «Peyote». Un narcotizante tema que nubla la visión y te absorbe a través de pasajes en linea Colour Haze. Una nebulosa mental que refleja el estado de inconsciencia antes los efectos alucinógenos. Unas sensaciones que se van describiendo según avanza el tema, haciéndote sentir, como si verdaderamente hubiera tomado una dosis. El subidón final llega de la mano de una explosión en forma de stoner-metal, en pleno éxtasis de los efectos narcóticos de la planta.

Drones que se van transformando en  tonos doom aparecen en «Agua». Pasajes en la frontera con la psicodelia más pesada, pero anestesiante, se van transformando a través de aullidos guturales en un claro tránsito psycho-doom de libro. Agresivo pero dulce a la vez, combinando el terror con la fuerzas de las tinieblas.  

 

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DOMKRAFT.- «Flood»

a0251374768_16Otro artefacto sonoro  de proporciones descomunales nos llega desde tierras suecas con «FLOOD», el nuevo álbum de DOMKRAFT.

Una marmita llena de sonidos euforizantes procedentes de alguna sustancia psicotrópica en los que la calma aparente de alguna de sus armonías se convierten en un torbellino de robustos riffs custodiados por efectos humeantes, para regresar a espacios más calmados y reposar en melodías narcotizantes a través de su psicodelia pesada.

Unos temas hipnóticos, que coquetean con el doom haciendo equilibrios en esa fina linea que lo separa con la psicodelia pesada y el stoner.

Rebosante de efectos y derrochando fuzz como una apisonadora sonora que va repartiendo a sus costados sustancias ácidas temas como «The watchers» nos aturden con su hipnotismo.

Lamentos ahogados y desgarradores que se abren paso entre repetitivos riffs stoner-doom se desarrollan a lo largo de pistas aturdidoras como «Flood». Todo ello sin perder un ápice de acidez y con una batería autómata hace el resto con una contundencia imponente.

Si los suecos saben moverse en los terrenos de la pesadez, también tienen la capacidad para construir melodías más pausadas y reconfortantes como el interludio que supone «The appear to be alive» en su poco más de un minuto de duración.

Los evocadores lamentos desgarradores que vemos en «Sandwalker» o en «Octopus»,unido al cansido y plomizo ritmo doom de sus surcos, los sitúan en un espectro en el que las tinieblas más terroríficas son las dueñas de las inquietantes atmósferas. Una oscuridad por la que transitan con una bacanal de fuzz en alicinógenos momentos de delirio completamente hechizante. Psicodelia y doom unidos en nebulosas de desesperación lenta y pesada, muy pesada. Stoner y fuzz al servicio de unas voces ahogadas, que claman por una liberación. Fuzz, fuzz, fuzz…..

«Dead eyes red skies»,  pone el broche final a un brillante disco, con un ambiento chamánico y narcotizante. Calmados y brumosos pasajes en las que los efectos y riffs con tintes retro, evolucionan a escenarios más pesados sin perder nada de su fuerza alucinógena. Perturbador, envolvente, ácido y corrosivo va desvaneciéndose en su fuerza  hacia una parte final en la que el monstruo DOMKRAFT dormita sobre laderas en las que es acariciada por una brisa lisérgica que acaba apagandose.

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REZN.- «Calm black water»

a2962158492_16Un viaje a través de oscuros y profundos océanos de psicodelia pesada embutidos en un traje de neopreno confeccionado a base de heavy-psych, fuzz, doom llegados de escenarios espaciales. Todo un trance hipnótico y psicotrópico hacia abismos misteriosos pero que esconden una belleza sin igual, con épicos momentos de enajenación de la razón. 

A través de efectos drone espaciales, y poderosos riffs stoner-doom. naufragamos en «Iceberg». Un islote enigmático del que sobresalen bellos desarrollos pero que esconde bajo las aguas todo su poderío nebuloso y difuso de unas aguas turbias que contienen un placton psycho-doom de proporciones descomunales. Espirituales y redentoras voces nos presentan una pista enérgica pero llena de humo cannabinoide.

Sobre una calmadas aguas lisérgicas los vientos morfínicos presiden «Mirrored mirage». Todo un mantra de relax que se ve alentado por un bajo espacial y una batería cadente, bajo el canto de susurrantes voces corales que emergen de las profundidades. plegarias interespaciales que hacen confundirnos del medio en el que nos estamos moviendo. Narcotico y aterciopelado corte para un placentero trance interior, con uno de los momentos en los que armonías floydianas hacen acto presencia sutilmente.

El karma continúa a base de efectos y distorsiones que desvanecen para resurgir en lentos y pesados momentos doom. «Quantum being», invoca al oráculo a través de voces sacerdotales. La Deidad se despereza de su letargo para acudir a su llamada. Ante la grandiosidad, la instrumentación baja susurrante dando paso a calmados pasajes donde las guitarras y los efectos nos mecen sutilmente. la calma se adueña del tema bajo atmósferas en las que impera una oscuridad tensa. Bajo ese halo misterioso, los instrumentos parecen achicarse ante el nuevo despertar de la divinidad con un poderoso arrebato de psycho-doom. Una barbaridad de tema que hace, por sí solo, que «CALM BLACK WATER» merezca la pena.

Toda una sorpresa para mí encontrar tantas y tantas bandas que combinan la psicodelia con el doom, sin excesos innecesarios, y REZN es una de ellas.

Subiendo las revoluciones de la pesadez, el bajo difuso y rebosante de fuzz que encontramos en «High tide», hace que nos despertemos del trance al que nos han sometido los temas anteriores. en realidad se trata de una apariencia, porque inmediatamente vuelven esas aterciopeladas voces pasra hechizarnos y seducirnos con sus cantos. tras ellas, la vorágine doom con combinación de atractivos momentos ambientales y relajantes. Una dulzura narcótica y adormecedora, gratificante y placentera de la que tiene culpa las bellas voces y su combinación con las armonías levitatorias que las acompañan. La calma y el relax dominan el tema en su parte final. Belleza pura en otro destacable tema dentro de las calmadas aguas profundas.

«Bottom fever» nos trae nuevamente tonos con tintes Pink Floyd de mediados de los setenta, una batería marcial salpicada con efectos espaciales que van y vienen, custodian los evocadores registros vocales dentro de la inmensidad del universo que nos proponen los de Chicago.

Este esquema se repite en «Sunken». Un tránsito calmado hacia un estado de consciencia alejado de lo humano en el que predomina lo espiritual. Un tortuoso trance provocado por los poderosos y amenazantes pasajes doom, que acaban transformándose en relatos de psicodelia pesada en las que lo sacerdotal, su conjuga con distorsiones y efectos del doom más gigantesco, consiguiendo un resultado realmente apetecible y que merece el derecho de situarse en lo más alto de las creaciones psych-doom del año.

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DEADBIRD.- «III: The Forest Within The Tree»

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10 años después de su anterior disco, DEADBIRD se mantienen firmes en su habilidad para esculpir canciones desgarradoras y valientes de los lugares más profundos y oscuros de su interior. Años de esfuerzo y un suelo del sur abrasado entraron en el tercer álbum de la banda, «III: THE FOREST WITHIN THE TREE», que dio como resultado 40 inquietantes minutos de turbulencia emotiva.

El disco estará disponible a partir de hoy via 20 Buck Spin

Los primeros acordes acústicos de  «The singularity» no deben engañarnos del contenido del resto del disco. Si el comienzo puede inducirnos a pensar que estamos ante un calmado disco, los siguientes cortes nos van a sacar de dudas., «Luciferous heart», es un claro ejemplo de por donde van los tiros. Usando elementos melódicos, la fuerza instrumental y  el espíritu doom están fuera de toda duda. Conjugando estos elementos, consiguen un trabajo sólido, que se asemeja a lo ofrecido por bandas como Pallbearer.

Una grandilocuencia que se mitiga a base de melodías que deambulan sobre un sólida base doom.  Mostrando todo su lado más terrorífico, especialmente en alguno de sus alaridos vocales, la potencia la banda se contiene en ecos más pesados.  Esta apuesta está apareciendo cada vez más en la escena del doom. Como en otras ocasiones he citado, los caminos del doom se ensanchan para dar cabida a giros que, como en esta ocasión, gustan de las melodías. Sin que esto signifique una pérdida de pesadez, los temas pueden parecer más asequibles para aquellos no iniciados en el doom más tradicional y plomizo. Una oscuridad que no desaparece, pero que es suavizada dando un mayor protagonismo a las melodías que a la contundencia sin faltar a voces de ultratumba en ciertos pasajes, ni renegar de tono post-metal. 

Los momentos más lisérgicos los encontramos en cortes como «11:34». Otros, como «Brought low», partiendo de la calma de tonos ocultistas, se van transformando por el lado más sensible de estructuras sabbathicas. tinieblas y oscuridad es la tónica de unos temas elaborados que dan protagonismo a las melodías. silenciosos y magnánimos a la vez que terroríficos e intensos. Ardientes y cálidos a su vez. 

Si te gustan Pallbearer, este es tu disco.

La portada del álbum fue diseñada por John Santos (Kylesa, Mutoid Man, Torche, Noothgrush, Catheter) y DEADBIRD está compuesto por Alan Short (guitarra y  voz)  Jeff Morgan (bajo y voz) Phillip Schaaf (batería) Reid Raley (bajo y voz) Chris Terry (sintetizadores, samplers y voces) y  Chuck Schaaf (guitarra y voz).

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