Reseña: COSMIC MARAUDER.- ‘Venus Ryder’

Sin descubrir nada nuevo, el trio alemán nos embadurna en una viscosa gama de riffs que coquetean con el doom, ofreciéndonos una versión stoner cruda y primitiva, pero a su vez en la que encontramos ecos de blues y de proto-metal 70’s. Un interesante debut en el que encontramos distintos aditamentos para degustar un Ep bien construido y que resulta de lo mas atractivo. COSMIC MARAUDER sabe combinar la psicodelia más chamánica y hechizante con la aspereza de un sonido pesado. Sin esconder su vocación por los riffs crujientes y plomizos, los temas gravitan entre esa dualidad de pesadez y sosiego para ofrecernos algo mas de veinte minutos prometedores. La calidad con la que afloran los pasajes de guitarra se mestiza con una poderosa línea de bajo que nos golpea con fuerza con sus crujientes y monumentales desarrollos. Ofreciendo siempre una faceta psicodélica a su sonido, obtienen un trabajo prieto y solvente que me hace tener al trio en mi punto de mira en espera de nuevas entregas. Si, estamos ante una de tantas bandas noveles y su técnica es mejorable, pero desde luego parecen tener buenos mimbres para construir un gran cesto. El hecho de que en algún momento las canciones recuperan ese espíritu setentero que tantas veces hemos visto, es otro gran aliciente para dejarnos llevar por su propuesta. Blues, Stoner y puro hard rock, en un cóctel embriagador y equilibrado que nos permite una buena digestión tras su ingesta. ¡Estos chicos saben lo que quieren!

COSMIC MARAUDER son: Daniel (guitarras / voz); Daney (batería) y Dominik (bajo).

‘Venus ryder’ gravita entre pausados acordes en una insondable atmósfera de tonos pseudo-espaciales ofreciendo un dulce paseo por reconfortantes espacios psicodélicos que se engrosan con poderosos riffs de vocación doom. Una constante que se repite en el resto de los temas de este EP debut. Dando todo el protagonismo a los susurrantes pasajes casi drone, juegan con la pesadez usándola con mesura para obtener un corte de lo mas atractivo.

Por la senda del hard rock stonerizado ‘Dynamite’ deflagra en un corte que me evoca el ‘Come Together‘ de The Beatles en una versión cruda en la que los riffs golpean entre ritmos y estribillos pegadizos. Áspero y cadente el corte avanza entre una estela de fuzz humeante como un verdadero trueno impulsado por el blues.

Atractivos y ondulantes riffs retro van construyendo ‘Green ether’. Lento y pesado la canción se inclina por la ladera del doom sin perder esa vocación 70’s que aparece en cada una de las canciones. Aplastador, el corte deja al descubierto toda la crudeza que atesoran los alemanes con un groovy contagioso que acaba por atraparnos en una tupida tela de araña sonora de la que no querremos salir. Stoner primitivo con connotaciones doomies y ecos proto-metal.

Tras la descarga del tema anterior ‘Too closet o the sun’ nos devuelve la calma lisérgica a través de lentos y penetrantes acordes. El cadente ritmo de la materia y el hechizante bajo custodian unos riffs ácidos y pesados. Heavy-psych poderoso y cegador con una densidad arenosa considerable.  Toda una conjunción de Stoner ortodoxo con momentos de psicodelia narcótica entre ritmos pegadizos.

‘Cosmonaut’ parece quebrar los amplificadores con su crujiente sonido antes de emprender una huida hacia adelante con dinámicos y arrolladores riffs nebulosos de los que parece aflorar el legado de Motorhead. Manteniendo ese tono típico del mejor hard rock 70’s el corte se precipita en un torrente de riffs con buenos y pegadizos estribillos.

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Reseña: BOVEDA DEL SOL.- ‘Traveler Between Worlds’

Cada día nos encontramos con proyectos unipersonales en los que la calidad de las composiciones es digna de cualquier banda al uso. En esta ocasión el ex –FUZZ FORWARD, Jordi Vaquero libera el segundo trabajo con su alter ego BOVEDA DEL SOL. Cuatro años han pasado desde que publicara ‘TERRA FIRMA’, un trabajo en el que el doom predominaba en unos temas de vocación espacial con aditamentos drone. En esta ocasión ‘TRAVELER BETWEEN WORLDS’ con sus quince minutos divididos en dos temas, sin alejarse de esa propuesta, incide más en la psicodelia pesada y los sonidos espaciales con la conjunción de la guitarra y los sintetizadores fundamentalmente. Dos temas gestados a lo largo del presente año con la intención de tener una formación de músicos con la que llevar el proyecto a los escenarios, y poder así presentarlo como es debido. Como todos sabemos la pandemia ha hecho que eso no fuera posible, por lo que Jordi decidió pausar la finalización de lo que iba a ser un nuevo LP (que por otro lado está prácticamente escrito y grabado) y publicar este EP digital y gratuito para resarcirse de las ganas de publicar nueva música. Lo que supone un avance del camino que está transitando con una creación más espontánea que se aleja de la experimentación drone ambiental. Haciendo que los temas surjan de una forma más espontánea.  Precisamente de esas improvisaciones nacen estas canciones. Unos temas instalados en un ‘Empirical space doom’ como lo llama el propio Jordi con influencias tan dispares como Opeth, Bongripper o Oresund Space Collective. El resultado es quince extasiantes minutos en los que atravesamos esa barrera sensorial que muchas veces nos proporciona la música para alejarnos a un mundo lleno de sensaciones.  

En una aromatizada atmósfera psicodélica ‘Traveler Between Worlds’ cuenta con los elementos doom que encontrábamos en su debut y voces salidas de alguna sima tenebrosa para encontrar un mundo con elementos progresivos y exóticas resonancias psicodélicas. Creando un clima lleno de misticismo los graves tambores rituales golpean entre la densa bruma instrumental. Con ciertos tonos rituales, sintetizadores y guitarra van ornamentando un corte de apariencia apacible y ensoñadores pero que en su interior contiene una pesadez abrumadora. Ciertos elementos espaciales creados por los sintetizadores son atravesados por pasajes heavy-psych custodiados por una excelsa línea de bajo. Resulta de lo mas atractiva la combinación de los exóticos vientos traídos por los sintetizadores con la robustez de su cadente y pesado ritmo. Envolvente y hechizante el corte ensambla bien todos sus elementos para mostrarse cohesionado y atractivo.

Emergiendo de un entorno sideral, ‘Zero​-​G Elevator Music’ fluye en un lento génesis al que Jordi va incorporando distintos elementos sonoros. Desarrollándose entre una neblina narcótica todo se desarrolla en un paisaje onírico lento y paciente. Un capullo que tiene su pausada Metamorfosis para ofrecer una estancia apacible y psicodélica en la que se prescinde de los momentos doom del corte anterior. Heavy-psych de muchos kilates que deambula en misteriosos entornos, pero avanzando con paso firme. Encontrando el equilibrio perfecto entre guitarra y sintetizadores navega entre insondables espacios hasta disiparse en un particular cosmos sonoro en el que irremediablemente nos sentidos atrapados.

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Reseña: WHEN THE DEADBOLT BREAKS.- ‘Until it all collides: The nightmare versions’

Uno de los discos más singulares de la banda y que cierra el círculo con las versiones de la pesadilla. Tres temas publicados previamente en el álbum ‘UNTIL IT ALL COLLIDES’ de 2.016 (‘Until It All Collides’), de 2.010 ‘LAST DAY OF SUN’ con ‘Last day of sun’ o ‘Floyd’s machine’, perteneciente a su trabajo de 2018 ‘ANGELS ARE WEEPING’ más una particular e hipnótica versión del tema de THE DOORS ‘My wild love’, conforman un EP que no te defraudará. Remezclando melodías originales haciendo su sonido más limpio, o reconvirtiendo en un sonido industrial, consiguen reinventar las armonías y meterlas en un sótano donde los hongos mágicos crecen intoxicando el oscuro ambiente. Pausados pasajes atmosféricos que se alargan en una narrativa terrorífica con momentos doom habitando una cavidad de la que emergen voces guturales mostrando todo su desasosiego en contraposición con la cálida y seductora voz principal. Los espacios drone se transitan con paso firme para llevarnos a bellos jardines en los que los pasajes psicodélicos acarician con delicadeza. En esa aparente contradicción, los desarrollos ceremoniales de sus silenciosas liturgias chocan de frente con la crudeza de sus riffs de metal y sus sucios ecos sludge. Por momentos plomizos y parsimoniosos, por momentos narcóticos y creativos, pero siempre ofreciendo una alternativa sonora para sus temas para que se muestren atractivos. Los de Connecticut logran crear una cortina hipnótica y aturdidora de la que se zafan con pasajes de psicodelia narcótica asediados por los contundentes y gruesos riffs así como desgarradoras voces.  En su conjunto toda la cacofonía del EP viene altamente influenciada por la intervención del ingeniero Juno6 consiguiendo un sonido que recuerda a Nine Inch Nails o Godflesh. Asimismo, la incorporación de Charlie Platterborze en la guitarra y Rob Birkbeck a la batería, abren un camino completamente nuevo haciendo la nueva música más extrema, más diversa y más aplastante que cualquier otra cosa que hayan hecho antes.

‘UNTIL IT ALL COLLIDES THE NIGHTMARE’ está disponible vía Desert Records.

‘Until it all collides’ nos muestra a la banda sumida en un espacio de psicodelia apacible y misteriosa. Creando la atmósfera propicia, los acordes se suceden pausados, junto a una cálida voz. Elevando la intensidad sin perder su espíritu, riffs más pesados y alguna voz gutural resurgen de oscuras cavernas entre la neblina lisérgica, aportando un tono más terrorífico dentro el carácter trascendental del tema. Inmersos en ese entorno heavy-psych los momentos doom aparecen con sus riffs crujientes y plomizos. Esto no hace perder la esencia a un tema en el que la psicodelia se engrosa con una estructura repetida pero que cesa en su avance hacia algún insondable lugar. Recreándose en ese espacio de calma los acordes se suceden bajo un ritmo inmutable, lo que permite que el tema se enriquezca con sutileza sacándonos de la monotonía de sus largos veinte minutos de duración.  


En ese espacio de misterio y oscuridad, ‘Just before twilight’se inicia con una introducción en modo drone, para crear la tensión necesaria en una nueva exploración psicotrópica. Emergiendo de las tinieblas, terroríficas voces guturales comparten espacio con coros celestiales en una contraposición que resulta lo más efectiva. Si personalmente no soy amante de las voces guturales, tras escuchar muchos discos con ellas, empiezo a tomarles un cierto cariño cuando son usadas en pasajes tan descriptivos como en este caso. Esa evocación de fuerzas malignas en lucha con espacios más celestiales a través de coros angelicales consigue meterte en el relato del tema y, por ende, del álbum. Si hay algo que marca definitivamente el tema, son esos coros que nos trasmiten sosiego en contraposición de los pasajes guturales. Una lucha que parece decantarse por las fuerzas del bien entre tambores rituales que custodian esas estrofas ahogadas en la que la quebrada voz nos acecha. Toda una sensación de catarsis, en corte que se desarrolla en un entorno lúgubre.


En un espacio más propio del post-metal, ‘Floyds machine juno’ incide en los tenebrosos espacios sludge. Plomizo y nebuloso el tema ofrece un sonido crudo y experimental con constantes parones y cambios de registro sin perder la esencia tétrica como punto de referencia de su particular versión doom. Los efectos y ruidos se suceden creando una cortina hipnótica y aturdidora de la que salen con pasajes de psicodelia narcótica que son asediados por los contundentes y gruesos riffs.  Con una parte central presidida por sonidos industriales, evolucionan a un espacio de psicodelia pesada que subiendo su intensidad según avanza hasta el final.

Si los tres temas anteriores habían sido publicados con anterioridad, para cerrar y a modo de homenaje, se embarcan en una particular versión del tema de The Doors ‘My wild live’. Entre cantos chamánicos y sonidos industriales, la maquinaria rítmica avanza creando tres niveles sonoros. Voz, batería y efectos y ruidos parecen desarrollarse en distintos niveles. Sin embargo, a pesar lo ecléctico de la versión el resultado es de lo más curioso e interesante. Es como si al chamán del desierto le metieran en una maquina del tiempo llevándolo a una era modernista y robótica presidida por la tecnología y los sonidos prefabricados. Aun así, el cuarteto tiene la habilidad para construir un corte de lo mas atrayente.  

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Reseña: DOMO.- ‘Domonautas Vol. 2’

Hace que 11 meses los alicantinos DOMO publicaban ’DOMONAUTAS VOL.1’ tras cuatro años de silencio. Un álbum en el que se mostraban más progresivos y algo menos espaciales, pero sobre todo muy influenciados por los sonidos del Mediterráneo. Aquella entrega solo era la primera parte de un álbum conceptual que ahora se completa con la publicación de ‘DOMONAUTS VOL. 2’. Si en la primera parte coloreaban con la brisa mediterránea unos temas eminentemente heavy-psych, aquí, ese hálito del Mare Nostrum se siente con mayor profundidad. Sobre su poderosa base pesada, el cuarteto aromatiza sus pasajes con fragancias exóticas dándole gran brillo y color a unos temas que habitan en oscuras atmósferas.  Tres largos temas y un breve interludio que continúan el relato de su primera parte y que suponen un atractivo y estimulante viaje a través de la psicodelia. Incluso en los momentos en los que DOMO saca a relucir toda su artillería pesada, lo hace sin caer en tópicos y en sonido ya demasiados trillados. Aportando un soplo de aire fresco a un género que parece no tener límite en sus variantes, a pesar de tantos albúmenes cortados por el mismo patrón stoner. Si te preguntas si no vas a encontrar riffs arenosos repletos de fuzz, la respuesta es SI. A pesar de que estemos ante un álbum psico-progresivo, los momentos cercanos al doom, con sus rugosos riffs, existen entre sus surcos, pero insertados con mesura, lo que hace que la sensación de ‘DOMONAUTAS VOL. 2’ es de un álbum para “el viaje”. Entre los algodonados pasajes de guitarra afloran densos y crujientes riffs que a su vez vienen disfrazados entre bellos ornamentos llegados de oriente. Todo un hechizo seductor que hace que nos rindamos ante el magnetismo de sus temas.  Cualquiera que conozca la escena progresiva andaluza de mediados de los 70’s, encontrará aquí sonidos muy familiares, pero a su vez, los devoradores de la arena del desierto también van a encontrar su secarral. Por otro lado, si tus referentes, son bandas como Colour Haze, también tendrás tu espacio de gozo. Otro de los detalles que ya vimos en la primera entrega de ‘DOMONAUTAS’, era el cuidado trabajo que tenían las voces, algo que queda corroborado en esta segunda entrega. Por todo ello, podríamos decir que es un álbum para todos los públicos, siempre que estés dispuesto a salir de tu zona de confort, la experiencia sin duda merece la pena.

DOMO son: Pablo Criado (guitarras, trompeta, tambur y efectos), Samuel Riviere (guitarra eléctrica, sitar y efectos), Óscar Soler (bajo, guitarra acústica sintetizadores y voces), Paco García (batería y percusión).

El arte de la portada corresponde a Marteen Donders, y ‘DOMONAUTAS VOL. 2’ está disponible vía Clostridium Records.

‘Avaxasa’ abre el álbum con suaves acordes y poderosos tambores para discurrir en una atmósfera heavy-psych. Un cadente bajo y unos tambores gruesos soportan una excursión por exóticos sonidos de vocación mediterránea. El tema transcurre plomizo sin perder su aura psych. En este escenario la guitarra desarrolla pasajes aromatizados repartiendo bellas fragancias entre la densidad de la base rítmica. Tonos orientales se repiten dando brillo a los siete minutos de tema que se pasan sin darte cuenta, lo que refleja el poder seductor que la banda imprime al corte.  
Tras ese colorista paseo por la psicodelia pesada ‘Dolmen’ parte de un entorno ritual lleno de magnetismo. Los tonos exóticos del corte anterior vuelven a aparecer con delicados acordes de guitarra en tonos místicos. Susurrante la hermosura y el sosiego aparece para acariciarnos con delicadeza en un enigmático pero placentero entorno. Alejados de la pesadez en sus primeros tres minutos, el tema explota con difusos riffs intoxicantes para desarrollarse por momentos en esa fina línea en la que la psicodelia pesada coquetea con el doom. Tras ese flirteo, los seductores cantos nos inundan con aromáticas fragancias llegadas de oriente que penetran en el grueso soporte instrumental. Instalados en ese entorno de sonidos mediterráneos, los alicantinos parecen recuperar los ecos progresivos de los setenta en una conjunción con el pesado sonido innato en la banda. Breves pasajes recitados y Quejidos andalusís inundan el tema de sentimiento. La combinación de lo pesado y lo aromático resulta de lo más atrayente en un tema que está lleno de matices y textura que se conjugan con gran acierto. ¿Podría ser este el resultado si Triana se vistiera de doom?
‘El altar’ se muestra como un apacible interludio de dos minutos en el que sus delicados acordes sirven de bálsamo sanador y reconfortante entre tonos de cierta melancolía.
Con un sosiego gratificante, la apertura de ‘Vientohalcón’ nos muestra a la banda construyendo un tema de psicodelia aromática. Sin prisas para evolucionar, el corte nos traslada la pausa gracias al gran trabajo de la guitarra y al magnetismo de la línea de bajo.   Ecos de Colour Haze, en un tema que se eleva majestuoso incrementando el poder de sus riffs, pero siempre aportando el lado mágico y hechizante de una banda que aquí definitivamente se deja seducir por pasajes heavy-psych de mucho calado. A lo largo de sus quince minutos el tema consigue conjugar la dualidad entre la calma y el confort con un interior más pesado y fornido. Los pasajes vocales retoman elementos 70’s sin perder su vocación psych. Tras momentos de elevación de la intensidad, el corte reposa en delicados y susurrantes pasajes que nos acarician suavemente. Aquí la belleza aflora en acordes reconfortantes que aportan bienestar y sosiego. Instalado en esa atmósfera sanadora, En un espacio brumoso el tema se ve adornado por delicados pasajes de saxo custodiados por unos cadentes tambores. Aquí aflora el lado más progresivo de los alicantinos, llegando a flirtear con el jazz bajo una atmósfera psico-progresiva antes de elevarse majestuoso por senderos más tortuosos en los que la fuerza de la banda queda patente. Llenando de épica el corte, los vestigios del pasado aparecen con estrofas llenas de rabia en brillantes momentos de pesadez que no reniegan de su auténtica vocación psicotrópica.   Como si renacieran de las cenizas DOMO se muestran más firmes y sólidos en su sonido ofreciendo unos desarrollos de guitarra de lo más atrayentes.

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Reseña: RUFF MAJIK.- ‘The Devil’s Cattle’

THE DEVIL’S CATTLE‘ es el nuevo álbum de los sudafricanos sludge n rollers RUFF MAJIK y primero con su nuevo sello Mongrel Records. El álbum es a partes iguales Johni Holiday y Evert Snyman y se grabó a finales de 2019 en el estudio de Evert en Johannesburgo. Desde que les vi hace unos años arrasar con sus riffs en la piscina del festival Sonicblast supe que RUFF MAJIKK es de esas bandas que quieres tener en cualquier festival. Ahora con su nuevo confirman que son una banda que te deja exhausto, como te dejará su nuevo álbum ‘THE DEVIL’S CATTLE’. Toda una locura de trabajo que te lleva en volandas entre una alfombra mágica de fuzz que transita a toda velocidad por autopistas que atraviesan desiertos narcóticos.  Como la propia banda describe, ‘Piensa en montajes de zombies, cabarets demoníacos, persecuciones de coches con drogas, riffs claustrofóbicos, freak-outs de psychobilly y sonics hipnóticos en dúo empaquetados en una rebanada muy fluida de rock and roll de alta velocidad’. No me atrevo a rebatir esta afirmación ya que la gran locura sónica del álbum impide una calificación certera. Desde el Stoner más contundente, algunos momentos sludge, mucha psicodelia subliminar, blues, soul y puro rock and roll, sus temas se suceden sin dejarnos tomar aliento. Puede ser un tópico y pecar de poco original, pero creo que este es su mejor álbum hasta el momento.
Un álbum pesado, lleno de ritmo y acertados juegos vocales entre melodías bien construidas es toda una invitación que no debes rechazar. Aquí puedes encontrar 50 minutos intensos que se te pasarán volando en este viaje a toda velocidad por una autopista demoníaca en la que todo puede suceder. Olor a gasolina y a bourbon, pero también a marihuana entre cegadores tornados arenosos. Siempre con la habilidad para llevarnos al blues de los 70’s y aparecer sin darnos cuenta en el Seattle de los noventa. Un viaje lleno de sorpresas desde el Detroit de finales de los 60’s con temas proto-punk, para arribar en los desiertos californianos de los noventa. Esos desiertos en los que el fuzz es el dueño del asfalto y en los que el legado de QUEENS OF STONE AGE está presente. En ‘THE DEVIL’S CATTLE‘ es la perfecta banda sonora para conducir a toda velocidad, aquí no hay tiempo para el descanso, todo sucede con gran ímpetu, y desde luego, con él, no te aburrirás.

THE DEVIL’S CATTLE‘ está disponible vía Mongrel Records así como también en vinilo vía Black Farm Records.

‘All you need is speed’ abre sin contemplaciones. Puro biker-rock frenético que nos deja una estela de fuzz grasiento a su paso. Todo un tornado que nos arrolla dejando tumbados a los cactus a su paso dejando patente la pesadez Stoner de banda en su tramo final.

Con un bajo difuso y voz pantanosa, ‘Swine tooth grin’ retumba entre estribillos y voces precisas. Un corte plomizo, denso, crudo, pero a su ágil que se adorna de psicodelia en su parte final.  

Toneladas de fuzz nos invitan a oscilar nuestros cuerpos en ‘Shurg of the year’. Stoner ortodoxo que se apodera del trío entre ecos 70’s. Poderoso y contundente el bajo vuelve a golpear con fuerza entre aroma de blues humeante en segundo plano. Aparentemente simple los registros vocales con su particular vibrato consiguen un resultado óptimo en contraposición con los crujidos de sus riffs. Al igual que el tema anterior parece disminuir su pegada en su ocaso.

Con una actitud punk, ‘Heart like an alligator’ chirria entre una tormenta arenosa de dimensiones descomunales antes de mutar en un viaje a los 90’s entre melodías más cuidadas. Voces alternándose entre la espesura de sus riffs para aparecer casi celestiales con las voces más seductoras. Sus desgarradores aullidos parecen pausar la orgía sónica que nos engulle como un tornado.

Entre brumas psych y voz pantanosa el blues aparece con coros negroides ‘Gregory’ cambia el registro tras el agotamiento producido por el corte anterior. Juegos armónicos de voces que coquetean con el soul y el blues en una atmósfera lisérgica de lo más atrayente. Llevándonos en volandas en una flotación psicotrópica que nos conduce a un túnel de fuzz intoxicante sin ninguna prisa.

En un escenario casi proto-punk ‘The devil’s cattle’ arranca con ímpetu antes de un frenazo a golpe de riff, lento pero pesado. Con vestigios setentero el corte avanza hacia el desierto entre gruesas vibraciones y tambores implacables. Encontrando el equilibrio con las voces y coros nos invitan a viaje entre el Detroit de finales de los 60’s y los desiertos californianos de los 90’s

‘Jolly Rodger’ activa las articulaciones a golpe de rock and roll. Vocecillas agudas y tonos más propios de David Bowie danzan entre sus poderoso y enardecidos riffs. Insaciable e infatigable el ritmo vuelve a hacernos sentir el viento en nuestra cara con ese constante viaje a lo largo de largas rectas entre cactus y garitos llenos de Harley’s Davidson en su exterior. Otra perfecta banda sonora para conducir por el desierto.

Una nueva orgía de fuzz nos nubla en ‘Who keeps score’. Sin bajar las revoluciones vuelven a tomar elementos 70’s con rock directo y vacilón. El crujiente e infatigable bajo sigue generando toneladas de fuzz cegador entre los pegadizos estribillos crean una humareda aturdidora en su borrachera del Stoner más lisérgico. Me resulta de lo más gratificante los juegos y registros vocales que nos llevan a otra estancia distinta tras un breve stop en su bacanal.

Con acordes de piano llenos de un cadente ritmo ‘Lead pills and thrills’ nos devuelve a un extraño trance de blues antes de iniciar la marcha por la eterna autopista de fuzz. Lleno de subidas y bajadas se vuelven más cabareteros y riffs claustrofóbicos y bajadas lisérgicas.

En una especie de Stoner-billy ‘Trading blows’ retoma los crujidos entre armonías bien trabajadas y olor a gasolina y bourbon. Una constante repetida pero no por ello aburrida. Con una cortina de fuzz crujiente tras nosotros, los serpenteantes momentos se suceden entre unos tambores llenos de rabia. Esparciendo sustancias narcóticas en ese aturdidor entorno ponen la salsa a un tema vibrante que serpentea sin cesar entre distintos estilos ofreciéndonos momentos de doom y psicodelia pesada de lo más inquietante.

‘Born to be bile’, con sus mas de siete minutos va a ser el escenario más acogedor para que los sudafricanos usen melodías más propias de los noventas entre los incesantes riffs parsimoniosas y pesados.  Siempre cegadores y atronadores se aceleran con riffs que se repiten y que acaban mutando con una precisión que hace que no nos demos cuenta de que nos llevado a un escenario distinto. El tema remite en su fuerza y en la orgía desértica para relajarse en atmósferas llenas de narcótico humo cannabico. Una vez que nos tienen en sus manos, sacan el sludge de alcantarilla y caverna mugrienta para amenazarnos con sepulcrales voces y locuciones vintage. El espacio de mayor oscuridad de un álbum en el que todos sus temas se desarrollan en soleados y sudorosos espacios.

Decididamente a modo de bálsamo los primeros acordes acústicos de ‘God knows’ nos invitan a un ritual chamánico en medio del desierto. Piano y voz seductora a la luz de la luna y con la compañía de seductores coros femeninos. Con una roma a brisa de los setenta el tema se robustece entre pasajes psych y voces que se elevan en un canto redentor. Aquí tenemos la cara más psicodélica de una banda que no deja de hacer oscilar su registro incorporando distintos estilos.

‘Hymn nº 5’ pone cierre al álbum con una apertura doom. Riffs golpeando con contuncencia y nuevamente los registros vocales entre locuciones mas propias de un relato de los años 50’s. Viento cavernoso entre murallas sludge y ecos del Alice Cooper más tenebroso complementan este cuadro tétrico.

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