THE SONIC DAWN.- “Eclipse”

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Un álbum inspirado por ciertas tragedias personales dentro y alrededor de la banda, así como por la actual crisis del mundo tal como lo conocemos. “ECLIPSE” trata la vida actual con un sentimiento de desesperación con el que muchos se sentirán identificados. Sin embargo, su música es más multicolor que nunca, porque el camino hacia un futuro mejor comienza en la mente y los daneses, saben cómo llegar a lo más profundo de ti. Un viaje apartado de la oscuridad. Algunos podrían decir un viaje.

En lugar de coger al oyente y pasearle por largas secciones y solos para que olvide donde está, THE SONIC DAWN trata de hacerlo por la vía directa. Temas que buscan ponerte directamente en el viaje, sin aviso. Con canciones directas que van al grano derrochando delicadeza en una versión renovada de ciertos momentos The Beatles en el Siglo XXI. Todo ello, regalándonos emocionantes momentos lisérgicos, que pueden ser los brillantes ofrecidos hasta ahora.

“Forever 1969”, aun pareciendo un tema evocador de los momentos posteriores al verano del amor, la banda reta a la historia, proponiendo que no exista ningún otoño después del verano actual. Medios tiempos con una brillante modulación vocal, así como solos de Emil Bureau con su guitarra desdoblándose, logrando un tema aterciopelado y fresco. Algún acorde de órgano en segundo plano le envuelve en un envoltorio vintage.

Más sencillo y directo, “Psychedelic ranger” danza entre en pop, el R&R de los sesenta en un viaje a la década prodigiosa. Rítmico y efectivo y con un tufillo kraut desde la batería de Jonas, logra crear un caleidoscopio multicolor añadiendo un regustillo psych.

Los momentos más seductores aparecen en “The stranger”. La cálida voz de Emil bajo tones campestres, y sutiles coros en la lejanía crean una florida estampa llena de bucolismo. Un a belleza que se fractura o se solidifica, según lo mires, con los rasgueos de la guitarra rítmica, mientras los sutiles y elegantes solos acarician nuestros oídos.

Nuevamente directos y efectivos, el garaje aparece en otro fresco tema que es teñido de acidez por una guitarra afilada e incisiva en “No chaser”. La atmósfera la pone un órgano envolvente y añejo, que se salpicado con un breve solo aquí y otro allá.

La variedad de registros vocales a los que puede llegar Emil con sus cuerdas vocales queda reflejada en “Opening night”. Sobre un vestido de americana rural, en el que el folk y el rock se funden en una comuna hippie de la florida California. Aterciopelados pasajes de una guitarra rezumante de miel van tornándose más nostálgicos y tristes.  

Nuevamente el folk se representa en un corte acústico como “Circle of things”. Folk y psicodelia floral unidos en narcóticas y calmadas atmósferas que van diluyéndose en una muerte dulce.

El transitar por las mágicas y suaves melodías hecho en “ECLIPSE”, es un ejercicio al que no muchas bandas podrían llegar, Sin necesidad de pesados sonidos, poder llegar a mentes abiertas que saben disfrutar de la música hecha con calidad, el algo que no está al alcance de cualquiera.

Siguiendo con su viaje al verano del amor, “On the Edge of our time”, sigue instalado en escenarios west-coast, donde el bucolismo se transforma en tonos grises, alejándose del colorido de aquellos tiempos.

Si antes decía que es el disco de THE SONIC DAWN en el que encontramos momentos de psicodelia más profunda, solo tenemos que escuchar la acidez de la guitarra de “Christinia”. Un tema reivindicativo de aquel espacio de libertad, que la banda defiende a capa y espada ante los agentes externos que tratan de derrumbarlo.

Efectos envolventes y psicotrópicos, y mayor dinamismo desde la sección rítmica, consiguen un destacado tema, con unos maravillosos y bien trabajados arreglos instrumentales.

Por el lado más calmado pero a su vez más oscuro, “The last page”, con elegantes arreglos psicodélicos, nos introduce en un espacios oscuros salidos del órgano y el bajo, en el que los rayos de luz vienen de las manos de las voces y de solos de guitarra que atraviesan la oscuridad borboteantes, consiguiendo que el ritmo se intensifique y nos lleve de regreso a la luz.

Temas de psicodelia barroca como “Love bird” o “Island of time”, en el que melodías pop se mezclan con dulces voces que son acariciadas por una suave brisa psicodélica, bajo la mirada de acordes de órgano.

Mas experimentales y ácidos, sobre voces ecualizadas van construyendo un prisma hipnótico. En “Change we are”.  Nuevamente algún eco kraut aparece en un corte de neo-psicodelia absolutamente contemporáneo.

“ECLIPSE” cierra con un tema que se desarrolla entre momentos floydianos y west-coast. Apacibles acordes de guitarra y unas cálidas voces van repartiendo ternura. Un corte dulce que incluyen en su abanico de influencias, momentos jazz, a cargo de los teclados, forrándolos de agradables y enternecedoras telas sonoras.      

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KIKAGAKU MOYO.- “Masana temples”

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En MASANA TEMPLES, la banda quería desafiar sus propios conceptos sobre la música psicodélica. Su potencia se mantiene intacta en este disco, pero definen más sus composiciones haciéndolas más nítidas. Un trabajo que va mutando en constantes metamorfosis para obtener un resultado atractivo, bello e intenso.

Siempre dando rienda suelta a su creatividad y reflejándola con una ejecución magistral que denota el gran dominio que tienen de sus instrumentos. Constantemente en busca de la libertad mental en ese transito entre lo espiritual y lo material. Una espiritualidad a la que nunca renuncian, y lo hacen dándose libertad en la ejecución, como la han hecho desde sus inicios. La libre creación de una música que acaba acoplándose con la complicidad que los miembros de KIKAGAKU MOYO tienen entre si. Todos tienen su protagonismo, parece que estemos ante una banda, que aparentemente no tiene lideres, y cada uno es su propio jefe, sin perder el respeto oriental a los momentos de gloria de los demás. 

El sitar como protagonista en el primer tema del álbum, aportando ese toque oriental tan característico de los japoneses y que les hace una banda única en la escena. Belleza y espiritualidad unidos con la psicodelia nos inician en este viaje desde “Entrance”

Sonidos vintage de los sesenta aparecen desde la guitarra fuzz, con calma. A continuación la susurrante voz de Tomo Katsurada    se mezcla con tonos que coquetean con el jazz y la psicodelia apacible, así como con sonidos de la galería italiana setentera, con teclados y guitarra como protagonistas en “Dripping sun”. Un re-confortable paseo  por floridos jardines del edén. Flores de loto y nenúfares despiden fragancias cautivadoras. a continuación la banda sale de ese estado de meditación para iniciar una travesía mucho más tormentosa intensificando su sonido con una sucesión de riffs de guitarra, que confirman ante quienes estamos. Una banda sutil pero sólida  en la que la fragilidad es solo aparente.

Los temas van mutando de la calma al ritmo, y del ritmo al sosiego. “Nazo nazo” refleja entornos de templos japoneses rodeados de flores de loto. El acento oriental lleva en forma de suave brisa reconfortante.

Si algo tienen KIKAGAKU MOYO es la facilidad para combinar y fusionar tonalidades distintas. Psicodelia, kraut-rock, jazz, folk,  todo entra en esas jams que libre y espontáneamente (o no tanto) se convierten en temas oscilantes. lo cierto es que el resultado parece sencillo dentro de la complejidad de algunas estructuras. 

El hipnotismo kraut que vemos en “Fluffy Kosmisch” gracias a la batería y a unos teclados repetitivos, es suavizada sin estridencias por la sutileza de los acordes del sitar para poco a poco ir introduciéndose en una espiral de sonido.

Siguiendo esa linea kraut, “Majupose” se construye sobre una línea de bajo que marca la melodía para ir incorporando elementos e instrumentos sobre la misma.

El smooth-jazz aparece en “Orange peel” sobre repetida estructura hipnótica y repetitiva. En una dinámico avance, estamos ante un corte evolutivo que incluye desde extrañas coros a voces cercanas a registros de bossa. el sitar y la guitarra más densa aparecen para arropar la composición.

En MASSANA TEMPLES encontramos más elementos jazzisticos que en sus anteriores trabajos. El hecho de haber grabado el disco en Lisboa junto al músico de jazz , Bruno pernadas supongo que tiene una gran influencia en ésto.  

A pesar de ser un disco algo más intimista que sus predecesores, los riffs potentes no desaparecen de la creación de la banda. Clara muestra de ello es “Gatherings”, seguramente el tema más potente del trabajo, a pesar de que nos volvemos a encontrar elementos folk, una hechizante batería y tonos kraut-rock lisérgicos, la guitarra y el órgano de vocación retro le diferencia de alguna manera del resto de las pistas. 

Para cualquiera que escuche a KIKAGAKU MOYO por primera vez, puede sorprenderle la aparente fragilidad de una banda que logra transmitir toda la sensualidad de sus discos en su directos, pero con una fuerza y potencia que posiblemente no llegue a percibirse en sus surcos.

El disco cierra con una composición acústica en la que los arpegios de guitarra recrean un oasis de paz y relax sensorial ayudados por las aterciopeladas voces. “Blanket song” pone punto final a otro gran disco de KIKAGAKU MOYO

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