Reseña: MOCAMAS.- «Frantic wings light bulb»

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El joven trío de Recife publica su tercer trabajo sin perder un ápice de frescura respecto a sus anteriores entregas. Un cóctel de sonidos retros con el blues en el horizonte que es construido con habilidad y destreza. Poderosos, dinámicos y refrescantes, sus temas nos evocan las vibraciones de los setenta con un toque añadido de exóticos sonidos tropicales en su sección rítmica. Sumergiéndonos en las profundidades psicodélicas la banda se mueve con una soltura admirable, nadando en esas aguas con precisión y siempre aportando altas dosis de heavy-blues a sus temas.  Estamos ante una banda desconocida para la mayoría, lo cual es to un aliciente para aquellos buscadores de tesoros entre la numerosa oferta de álbumes que se publican cada día. Ciertamente es una gran pena que la producción del disco no esté a la altura de la calidad de los temas que lo componen, pero esto es algo ya habitual cuando uno da sus primeros pasos en esto del rock and roll. De cualquier manera, ésto no debe de ser un obstáculo para tener grandes momentos con su escucha. Si te gustan los sonidos retro, el heavy-blues y la psicodelia seguro que encuentran espacio para disfrutar de  los magnéticos efluvios que contienen los surcos de  «FRANTIC WINGS LIGHT BULB» y su montaña rusa de sensaciones. 

Caminando por la senda del blues-rock con tintes retro,  «Monk waltz» serpentea entre vibraciones más propias de los setenta. Rítmico, atrayente, sus guitarras ácidas y su pulsante bajo lo van guiando entre momentos de puro hard-rock hacia espacios en los que el blues se apodera definitivamente el tema gracias a una ahogada pero atractiva voz.

Un cadente bajo sirve de presentación a «Please the senses». Los característicos solos fuzzeantes de la banda entre una ahogada voz entre arrancadas y parones con tirabuzones de serpenteantes sonidos retro. Recostándose en momentos de cierta oscuridad con ese penetrante bajo la guitarra trata de cortar con su afilado sonido la densidad de las cuatro cuerdas, auténticas protagonistas del tema antes de que éste retome la senda del blues más humeante. Una compleja espiral psicotrópica aparece de una forma caótica para conseguir el efecto alucinógeno deseado en el tema más largo del álbum.

Un giro inesperado me sorprende en el siguiente tema.«Mariposa», con una introducción con acordes acústicos se desarrolla entre aromáticos espacios de psicodelia. Una portentosa y cadente batería se contrapone entre una acústica llena de luz. dos minutos que dan paso a hirientes solos de guitarra que juguetean en un ir y venir que poco a poco va llevando el tema a escenarios más pesados. Una especie de jam instrumental en la que la batería es en esta ocasión la que soporta el peso de un tema que no falta a la cita con las guitarras ácidas. Efluvios psicotrópicos que aturden los sentidos del oyente con su blues-psych. 

«Molten stones» recupera el heavy-blues más arcaico y primitivo. Su cadencia rítmica eleva la intensidad lisérgica del tema anterior bajo una estructura sencilla pero bien trabajada que ondula constantemente repitiendo su ritmo. Rock y blues-rock añejo con aspecto poco pulido pero lleno de efectividad. Como en la mayoría de los temas del álbum, el corte cambia su vocación en la segunda parte del mismo hacia escenarios mucho más psicodélicos en los que los solos de guitarra tienen un gran protagonismo. Una especie de pausa para retomar en la parte final la misma estructura instrumental con la que comenzó.   

Mas heavy-blues encontramos en «Rest you know». Difuso por la mejorable producción y por su propio sonido, evoluciona hacia espacios hard-rock sin perder sus raíces blues. Un ritmo repetido sirve de escenario para la representación de la psicodelia pesada de la banda.   Un tema rico en matices al combinar distintos estilos de una manera tan efectiva que pareciera que solo se ciñen a una estructura lineal.

Susurrante y retomando elementos nuevamente los acordes acústicos, «Said the cow» nos acaricia con sus notas. Unos acordes que son acompañados de efectos para reforzar su carácter alucinógeno. El sosiego nos eleva a estados de relajación que van describiendo caleidoscópicos entornos de pura psicodelia. Intrigantes pero fascinantes atmósferas que invitan a la expansión de la mente en un viaje astral en el que lo material pierde el sentido en beneficio de la exploración de otras dimensiones sensoriales.  

«I do believe» cierra el trabajo de una forma directa con sus riffs hard-rock. el retro-rock de origen setentero en estado puro. Un tema de pantalón de campana y melenas al viento. Directos, ácidos y llenos de blues suben las revoluciones tras el trance del corte anterior. 

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Reseña: TOMBSTONE EYES.- «Land in the sky»

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Rock psicodélico de aspecto freak y vibraciones heavy progresivas son los componentes principales del debut de TOMBSTONE EYES. Todo un plato gourmet para los amantes de las vibraciones de los setenta, pero que también gustan de los sonidos contemporáneos. Sin mucha información de la banda, lo que si percibo es un innato interés por las resonancias más freak de finales de los sesenta y los primeros setenta. Un órgano penetrante comanda los laberintos heavy-psych en los que nos introducen cada tema. Una herencia Atomic Rooster, con sutiles aditivos Blue Oyster Cult y una voz  perspicaz, que recuerda a Arthur Brown, así como la acidez de una guitarra afilada e incisiva construyen  temas extraños pero efectivos. Un magnetismo hipnótico que va minando nuestros sentidos y nos hace sumergir en esas logradas atmósferas vintage construidas en cada canción. Con el blues en sus genes apareciendo con sutileza en algunas notas y registros, el hard rock retro de vocación progresiva construyen éste debut en el que encontramos temas desiguales pero efectivos. Desde la paranoia de alguno de sus  temas,  más cortos, hasta los largos pasajes en los que la banda deja reflejo de todo su potencial. «LAND IN THE SKY» es un álbum que permite que cada uno de nosotros encontremos influencias de lo mas dispares en sus surcos, y precisamente ahí reside su grandeza. La capacidad de crear con la mirada puesta en el siglo pasado, y ser capaces de reírse de si mismos para ejecutar los temas de una manera aparentemente anárquica, dando pábulo a distintos estados de ánimo.

El profundo sonido del órgano hace de introducción en el minuto y medio de «Hydrogen fog». Tras él las hostilidades se desatan con los dieciséis minutos de «Solar Barge». Una marmita en la los psicotrópicos solos de guitarra conviven con un la contundencia de una base rítmica precisa. Aderezados con ese clásico sonido del órgano retro, las voces ecualizadas generan el ambiente lisérgico en el el que se desarrolla el tema. Un magnetismo envuelto en efectos corrosivos. El sonido más ácido de los setenta se desata con virulencia en un hipnótico tema con unos sólidos cimientos. Un gran trabajo de guitarra que serpentea y se estira hasta el infinito en unos magnéticos solos que se clavan en nuestra alma.  Aturdidores espacios de psicodelia pesada que son auténticos ecos de las vibraciones más narcóticas del pasado siglo. Esto suena a setenta sin remisión. Estamos ante un tema en el que los músicos de Chicago se dejan llevar en una bacanal de solos y efectos a modo de jam que acaba siendo ensamblada con total naturalidad.  Un caleidoscopio sonoro que ataca nuestras neuronas activando las partes mas aletargadas de nuestro cerebro. Tras la locura, un bajo que golpea como una maza en su yunque, en su pesado caminar. ritmo cadente y espacios cercanos al doom, entre efectos y efectos en un giro inesperado en la trama ácida propuesta por el cuarteto. La locura regresa en la parte final con riffs retro que se repiten mientras las cuerdas del bajo siguen siendo violentadas de una manera feroz. Tras esta embestida, cualquier cosa puede suceder. 

El órgano litúrgico de «Precession of The Sun» toma prestados elementos de John Lord o Vincent Crane para invitarnos a un viaje por las tinieblas. Primitivas resonancias guiadas por la magnética voz, bajo un repetitivo ritmo que ataca nuestras neuronas.   Un corte que camina cansino que deja espacio para el lucimiento de su poderoso bajista entre un aura auténticamente vintage. 

Con ecos proto-metal «Hungry ghost» imprime ritmos contagiosos y enigmáticos en atmósferas freak mas propias de otras décadas.  Un tema oscuro pero de ritmo contagioso y magnético. 

«Black knight satellite» entre espirales de teclados y sintetizadores regla efectos de vocación espacial. extrañas locuciones y elementos electrónicos anticipan una nueva embestida de riffs psicotrópicos en una nueva bacanal ácida. Una locura oscilante y extraña que no resulta desagradable a pesar de su compleja estructura de ciencia ficción. 

Otro tema de larga duración como «Walking shadows» recupera brillantes momentos de psicodelia progresiva en los que el saxo hace acto de presencia con un brillante protagonismo. Algunos momentos más propios del heavy-progresivo se entremezclan con pasajes hard-rock audaz. Los momentos freak vuelven a hacer acto de presencia en esa estructura vintage que está presenta en todo el álbum. Resulta curioso que conteniendo momentos tan bizarros, todo sea conjugado con la maestría con la que lo hacen los de Chicago.  

El cierre del álbum corresponde a otro escueto tema de menos de dos minutos. «Shadow’s rest» es una ida de cabeza en la que el dial se mueve, entre pasajes sinfónicos más propios de la música clásica. Siempre me resulta difícil entender este tipo de cortes y su significado, pero ahí están. 

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Reseña: ZEREMONY.- «Acoustic sessions»

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Atrapados por el espíritu de los setenta, el trío alemán ZEREMONY nos sorprende con un segundo álbum en este año. Se trata de un trabajo acústico en el que recuperan versiones de temas ya publicados como «She sang a Song to me», «You are evil», «Oak leaves» o «Where have you been?» dándoles un nuevo enfoque desenchufado sin que por ello pierdan en absoluto su esencia, y en el que también encontramos temas nuevos interpretados de forma acústica. El nombre del álbum es lo suficientemente obvio como para mas explicaciones, lo que sí habría que resaltar es que los temas no pierden un ápice de su espíritu indomable por este sosegado enfoque. Pocas bandas en la escena retro-rock saben tener su estilo propio reflejando las vibraciones de los dorados años setenta sin tratar de ser un clon. Como gran aliciente, los temas inéditos nos hacen intuir como podrían sonar esas versiones electrificadas. Aquí el peso de su profundo órgano desaparece respecto a lo que habíamos comprobado en sus anteriores álbumes, pero sin embargo «ACOUSTIC SESSIONS» es todo un escaparate para la fantástica voz de Ilja Schneider, apareciendo con toda su garra. 

«Vintage boogie» un tema inédito, se sustenta en los dulces acordes de la guitarra, con un aura especial creado por el sonido del acordeón (o al menos es lo que intuyo). voces desgarradas que se modulan con maestría sobre la sencillez de la guitarra acústica.  contagioso en su ritmo el tema oscila entre pausados momentos con elevaciones en la que la garra vocal de Ilja deja patente todo su potencial bajo esos tonos retro que tan bien saben ejecutar. 

La versión del tema incluido en su álbum «SOUL OF CEREMONY», «She sang a Song to me», no desmerece de la original. Manteniendo el ritmo de la versión eléctrica, el órgano es sustituido por ese acordeón dotándole de una rudeza rural que no le hace perder su espíritu. 

«You’re evil» un tema eminente psicodélico, pierde en esta versión la acidez para mostrarse mucho más melancólico y atormentado que en la toma original de su primera «DEMO», correspondiendo todo el peso a la desgarrada voz de Ilja, que por sí misma se echa el tema a sus espaldas. 

Los tonos retro de «Oak Leaves» y su espíritu hard-rock, se visten de sonidos folk sin perder la cadencia ondulante. Con aromas del medio-oeste el resultado es un tema que recupera la música tradicional con un aire festivo y contagioso en su ritmo.

«Secret Shelf» sigue la estela del tema anterior por la senda de una especie de country-rock con alma de blues sureño. El aroma de los pantanos se percibe en sus notas con el sonido del acordeón marcando el devenir del corte.

Otro tema nuevo, «Devilman» sigue anclado en los sonidos americanos, mostrando garra y fuerza en su aparente apariencia sencilla.  

Desgarradores momentos de blues y boogie-rock campestre nos ofrece «Into de fire». La habitual agilidad del ritmo hace que a pesar de estar ante un tema acústico, su interior se encuentra lo suficientemente fornido para resultar un atractivo corte en el que la desgarradora forma de cantar presagia un gran potencial. Un tema que me gustaría escuchar en una versión electrificada. 

El blues-rock de tintes retro de  «Where have you been?»  tiene su sitio aquí. La misma estructura y ritmo pero en tonos más calmados. Con un carácter distinto va elevándose en ese sinuosos serpenteo  sobre esa cadencia repetitiva que es modulada por la hiriente voz. Todo un derroche de sentimiento.    

El peso del acordeón marca el devenir de «I Want You Tonight» en su apertura. Un tema de puro hard-rock en su versión desenchufada. Garra y fuerza en un corte divertido y dinámico a pesar de su presentación. Rock clásico de muchos kilates en sus surcos lo sitúan entre los destacados del álbum. Esperemos que pueda tener su versión electrificada próximamente por que su calidad lo merece. 

En modo balada campestre, «I got this feeling» nos seduce por la senda de música «americana». Lánguidos pasajes en un tema que no parece ser una simple versión acústica, sino una canción que ha nacido así desde el inicio. Los acordes del piano protagonizan un susurrante y aterciopelado tema con sabor a setentas como el resto del álbum. 

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Reseña: TARABAN.- «“How The East Was Lost” 

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Cuatro años y medio han pasado desde los polacos TARABAN me sorprendieran con su EP homónimo con su fuerza heavy-blues y proto-metal. Ahora, reconvertido en trío la banda se inclina más hacia escenarios heavy-psych con su álbum «HOW THE EAST WAS LOST«. Su nombre (extraido de un tambor de guerra ucraniano) nos da pistas de que estamos ante una formación rocosa y guerrera, que en esta ocasión combina largos temas con cortes más directos bajo un denominador común, la psicodelia mas atractiva que los puristas pueden encontrar. Esto no significa que estos chicos no se hayan trabajando este album, sino todo lo contrario. Si bien los escenarios heavy-psych parecen ser su leif-motiv, las primeras vibraciones proto-metal y el blues más ácido están muy presentes. Cuidadas melodias combinadas con sólidos pasajes en los que el ritmo no decrece en esa exploración expansiva de su música. otra muestra más de la solidez de la escena polaca que no deja de darnos alegrias con bandas y albumes como este. Pesados, pero cuidando cada tema sin perder un ápice de autenticidad, lo cual, teniendo en cuenta la cantidad de propuestas faltas de originalidad, es todo un regalo. Un soplo de aire fresco a una escena que da ciertas muestras de estancamiento, pero TARABAN nos hacen seguir creyendo en la creatividad lo que supone un empujón y una motivación para seguir disfrutando de la música que nos gusta. Psicodelia de muchos kilates  con afilados riffs penetrantes, voces agudas llenas de garra que mutan a una calidez reconfortante para los sentidos en siete cautivadores temas. Estamos ante uno de esos álbumes para disfrutar desde la calma del sofá con una buena copa de vino de nuestras manos. Todo un plato gourmet para los paladares mas esquisitos de la psicodelia pesada.  

Los pausados acordes de la introducción de «Last laugh» así como el grito y las ritas iniciales nos introducen en un misterioso entorno con una cierta querencia Sabbath que se diluye elevándose por escenario nitidamente heavy-psych sin perder esa herencia sabbathica. oscuros espacios sonoros en los que la hechizante voz pseudo blues de Daniel Suder, nos seduce entre ondulantes riffs. Sólidos y lisérgicos, el uso de efectos nos va llevando a distintos escenarios y estados de ánimo. Bajando a cavernas psico-progresivas mas propias de las bandas británicas de los primeros setentas. Un aroma en el que los tonos acústicos embriagan los psicotrópicos momentos que consiguen crear los polacos.  Pasajes retro, con relajantes momentos con sutiles acordes de guitarra y un magnético bajo. Una sucesión de subidas y bajadas de intensidad que culmina en una espiral de efectos y solos con una melodía repetida que acaba por abducirnos en su parte final. Un tema de once minutos llenos de épica  con un resultado simplemente ¡¡¡brutal!!

El heavy blues y la psicodelia pesada se conjugan en «Backseat driver». Voces llenas de garra y sentimiento que consiguen transmitir bajo cadentes pasajes en los que el blues parece tomar el protagonismo. todo un espejismo que se resuelve con un torrente de riffs proto-metal. Una combinación de dinamismo y fuerza que se precipita como una estampida de búfalos bien guiada. Una estampida que no concluye en un caos, sino que aparece perfectamente controlada por una guitarra ácida que impide que se despeñe por el precipicio con sus solos lisérgicos. Una vez puesto el freno, el rebaño sonoro del tema reposa en apacibles prados en los que los tonos Sabbath colorean con sutiles pinceladas un corte que definitivamente sucumbe ante el blues y la psicodelia. Versátiles y efectivos resuelven a la perfección un tema que parecía haber encabritado. 

«The plague» parte de plácidos acordes psych con un cierto misticismo como preludio de una fornida linea de bajo. Sobre esta sólida base, la cutivadora voz se abre paso entre espesas neblinas en las que las guitarras ácidas se blanden. En una nueva mutación los registros vocales evolucionan a momentos llenos de garra proto-metal. Un contundente bajo y una diabólica base rítmica soportan esa evolución ondulante que acaba diluyendose a mágicos pasajes en los que una magnética calma se diluye pausadamente.

Instalados en esas atmósferas psicodelicas, «21st century deluge» se desarrolla entre reconfortantes brumas bajo reparadores pasajes de de guitarra duales envueltas en la neblina.  Aquí encontramos los momentos más sosegados del álbum en un tema que parece ser una especie de interludio instrumental.

El album se va construyendo con temas con una combinación de temas de larga duración en los que los polacos desarrollan todo su potencial y cortes más cortos y directos.  Así «White lies» nos trae melodías psicodélicas más propias de los primeros setenta, con agudas voces que se elevan desde la melancólica calma. El sosiego no significa fragilidad, y la potente batería no ceja en su empeño y virulencia en ese ambiente triste. Una contención que genera un viaje místico en tonos vintage, un transito sin estridencias con pasajes fuzz con guitarras afiladas. Voces duales replicándose y cambios de ritmo, wah wah entre nebulosas psicotrópicas llenas de una épica oscura que pule un tema narcótico y aturdidor.

Retomando el heavy-blues de su EP debut, «Wizard’s man», con la sombra de Sabbath en el horizonte, ondula explendoroso entre espacios proto-metal y ese blues psych en el que los efectos fuzz y wah wah conviven en dos planos distintos con un resultado brillante. Blues psicodelia y proto-metal unidos en una causa común bajo efectivos tonos retro en otra de las joyas de este gran ábum.

Cerrando el círculo, los nueve minutos de «Liberty frat» recuperan el misterio a través de pasajes de psicodelia susurrante en la que los elementos progresivos están presentes. La ruta de vuelta  a las bellas melodías bluseras llenas de calmada magia. Un sonido limpio y reconfortante nos masajea en cada acorde. Alejados de estereotipos el trio se desmarca de todos esos trabajos que parecen cortados por el mismo patrón. Coros ensoñadores aderezan la vocación mística y oscura que la banda parece mostrar en este trabajo que supone todo un regalo para los amantes del género.

 

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Reseña: SURYA.- «Overthrown»

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«OVERTHROWN» es una de esas gratas sorpresas que nos encontramos de vez en cuando. El primer álbum de la banda de Jerez de la Frontera que irrumpe en la escena con la fuerza de un huracán. Después de haber publicado en el año 2.017 un EP,  Antonio Hierro (voces y guitarras), José Moares (guitarras y sintetizadores), José Mª Zapata (bajo y percusión) y Carlos Camisón (batería, guitarras y voces) graban en Estudio 79 a los mandos de Rafa Camisón, y con la masterización de Mario G. Alberni. en Kadifornia los ocho temas que componen este álbum conceptual que navega entre las aguas de los sonidos arenosos salidos de los desiertos californianos en los noventa y las corrientes hard-rock que nacieron en la década de los setenta. Un equilibrio que se sostiene en poderosos ritmos aliñados con un exuberante fuzz y riffs monolíticos sin renunciar a cuidadas melodías que se recuestan en remansos psicodélicos en los que se vislumbra una cierta esencia andaluza. El resultado es un atractivo y atrayente trabajo que fluye con soltura en cada uno de sus temas y acaba por sorprendernos gracias a la madurez que refleja cada uno de sus temas. Guitarras que su superponen en distintos niveles para conformar temas prietos y efectivos que se colorean con distintas influencias para acabar construyendo un sólido oleo multicolor.  La temática del álbum se circunscribe la venganza de un hijo que fue repudiado por su padre, conformando cada tema un capítulo de dicha historia. 

«Tales of the great Fharats» parte con pegadizos y repetitivos riffs stoner que no se andan con contemplaciones. Directos a la yugular derrochan fuzz bajo esquemas ortodoxos de rock desértico que nos golpean con fuerza.  Un tema que acaba ondulando sin salirse del camino y en el que encontramos una poderosa y fornida línea de bajo que contrasta con la finura de los solos de las guitarras. Ciertos vientos sureños refrescan el envite al que nos someten refrescan el tema con tonos setenteros en su parte final.  

Sobre unos cimientos sencillos pero efectivos, «Sundazed» parece seguir la estela del corte precedente. un olor a «noventas» se percibe especialmente en la cadencia vocal junto a sus difusos riffs. Un puente de ida y vuelta que sirve de espacio para construir una autopista de fuzz a través de la cual contar la historia de Fharats ardiendo por el conjuro de su hijo. Serpenteando sobre el riff que está construido, finalmente acaba modulándose hacia espacios más psicodélicos en su última parte. Sin perder su vocación arenosa el tema cae en ciénagas lisérgicas. unas arenas movedizas que hacen que el tema gire en una espiral que acaba diluyéndose poco a poco.

Largas rectas de autopista, desierto y fuzz nos evoca «Crystal gate». Con un riff repetido el tema transcurre con un cierto aroma retro. Un corte pesado que mantiene la frescura y dinamismo con su contagioso ritmo. Sus cálidos tonos siguen la constante del resto de temas, aquí de una forma algo más serena y lineal. El corte más largo del álbum incluye algún momento progresivo en sus surcos. su larga duración permite más la experimentación con otros sonidos. La lucha entre padre e hijo queda abierta a tenor del resultado del tema con un final en el que los jerezanos descienden a plácidos pasajes más psicodélicos. 

A modo de continuación con el tema anterior, «Thousand years bridge» mantiene la vocación psico-progresiva. Calmados acordes semi-acústicos y susurrante voces nos envuelven en un agradable manto. Su magnetismo difiere de la fuerza de los temas precedentes, variando aquí la propuesta musical. Una agradable sorpresa que nos da muestra de la versatilidad de la banda narrando de forma aleatoria la historia sobre la que se basa el álbum. 

«Golden tower» rescata la senda desértica para avanzar guiados por un inquietante bajo a través de amplios espacios en los que el fuzz humeante regresa con fuerza. componiendo en dos estratos distintos, la base rítmica se colorea con profundos solos de guitarra que se estiran en una exploración psicodélica.  Aquí la banda parece sentirse cómoda y eso se nota en el acabado del tema que rezuma aroman noventeros en sus riffs. Tras la muerte del padre, el hijo contempla su reino. toda una serpiente multicolor en la que el desert-rock zigzaguea con gruesos e incisivos riffs en bucle entre tonos llegados del sur que evocan momentos de gloria de la escena andaluza.

Volviendo a los sonidos acústicos, «Turtle shaman», describe el ocaso a través de arpegios que retratan su habilidad y técnica. Con distintos elementos estilísticos van construyendo un oscuro relato instrumental en el que las voces progresiva herederas de los setenta hacen que el tema se incline a momentos progresivos. giros inesperados que se desatan en una estampida rítmica que acaba por arrollarnos en otro ejemplo colorista de que la banda no se aferra a un estilo concreto. El resultado es un tema lleno de magnetismo que relata como se adquiere la sabiduría a través ese chaman encontrado en sus viajes y que le sirve al hijo para el conjuro que acaba con su padre. 

Una nueva sorpresa nos espera en «Begone». Hard rock cavernícola con tonos funk y un groovy alegre y cadencioso. Fuzz y wah wah a la vieja usanza tiñe de ocre un tema que podríamos considerar algo vintage pero que todavía vigente. Sin sonar a rancio, su sencilla estructura resulta ser lo suficientemente efectiva para que se cumpla la máxima de que a veces «menos es mas». Aquí no  encontramos complicados desarrollos, sino hard rock sin pretensiones. 

«No Further» cierra el álbum con una inquietante línea de bajo sobre pasajes heavy-psych que se elevan ondulando como banderas guiadas por el viento. La suficiente dosis de fuzz como para ir elevando la intensidad sin renunciar a momento psicodélicos sin perder su cadencia rítmica en ningún momento. Un fujo constante que permite avanzar sin mirar atrás. 

«OVERTHROWN» supone una magnífica carta de presentación que nos confirmar el renacer de la escena andaluza con un nuevo retoño que se una a la cada vez mas larga lista de nuevas banda que tantas satisfacciones nos están dando en los últimos tiempos. 

El álbum ve la luz con la unión de los esfuerzos de pequeños sellos nacionales que siguen apostando por nuevas bandas, lo cual es todo un reto que los aficionados debemos de agradecer y que poco a poco a de ir dando sus frutos. El álbum se encuentra disponible a través de  Spinda Records, Surnia Records, Monasterio de Cultura, Violence In The Veins, Bandera Records, Sacramento Records, Odio Sonoro, Gato Encerrado Records, Discos X Mil y Noizeland Records.

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