NEIL FALLON (CLUTCH) (Sala la Riviera)

NEIL FALLON (CLUTCH) (Sala la Riviera)


KRAM AM BACH FESTIVAL 2.018


Un compacto trabajo nos ofrecen los berlineses THE GRAND ACID en su debut. Con potentes sonidos que nacen de ecos blues y psicodélicos sin renunciar a las melodías. Unas vigorosas jams sobre brumosos entornos vintage con origen setentero y alguna vibración progresiva. Si seguimos aquella máxima que usábamos décadas atrás de fijarnos en la portada del disco para intuir su contenido, en este caso, el arte de la misma puede reflejar a la perfección lo que encierran sus surcos, y, sin duda, aquí, aquella máxima se cumple.
Sobre tonos de hard setentero construyen «Yeast», un corte en el que el sonido del órgano toma un gran protagonismo. Sobre sus surcos revolotean ecos de Wishbone Ash en los que no faltan agradables momentos psico-progresivos sobre una espesa neblina grisacea.
Con un ritmo cadente, la banda va salpicando solos de guitarra elevándose sobre la cadencia rítmica. sin estridencias, construyen un gran tema que nos invita a seguir indagando en el interior de este trabajo.
Más poderos y sobre una base retro-rock, «Thick as a brick» nos ofrece una visión distinta de su propuesta. Dinámicos riffs que se repiten, con una bateria y bajo insolentes, se van sucediendo los solos de guitarra en una espiral sónica que acaba convirtiéndose en una auténtica maraña de reberveraciones psicotrópicas y difusas. una complejidad ejecutada desde esquemas sencillos con la que alcanzan un tema tan espeso como su nombre.
La vitalidad hard-rock se presenta en «Neptune«, nuevamente sobre una densa instrumentación con sabor añejo, en la que se clavan desarrollos de guitarra ácida. El viaje a momentos de esplendor del rock en sus primeros setenta está conseguida con brillantez, sin artificios innecesarios pero con la suficiente creatividad como para que el resultado sea muy apetecible.
Finos y elegantes acordes de guitarra coquetean con el blues en «Back at the wheel». Sobre un ambiente calmado que recuerda a algunos momentos lisérgicos de bandas como Ten Years After, se van sucediendo angelicales coros que transmiten una calidez y cercanía al oyente, haciéndose que nos sentamos inmersos en la composición como si fueramos una parte más de ella. Una masaje sutil que nos va acariciando poco a poco, atrayéndonos a su espacio de lisergia. Una profundidad entre el blues y la psicodelia no exenta de fuerza.
Haciendo un pequeño giro, la banda se interna en espacios más arenosos sin olvidarse del blues en temas como «Bull». otro tema que bebe del néctar de los setenta para adaptarse con habilidad al siglo XXI. Un implacable ritmo de bajo y una posterior avanzadilla a territorios hostiles de heavy-psych en los que los momentos fuzz humeante van ondulando en un auténtico viaje psicotrópico. Ciertamente no estamos ante nada nuevo, pero la habilidad de la banda va más allá de ser una copia de nadie, lo que siempre es de agradecer. estamos antes sonidos que no nos resultan desconocidos, pero que difícilmente podríamos decir que sean un clon de nadie.
Si la apuesta principal de THE GRAND ACID nace, como he comentado antes de los ecos de los setenta, en temas como «Lost», los ecos Hendrix son más que evidentes. Unos desarrollos de guitarra incisiva con mucho fuzz en sus cuerdas y una energía hard-rock bien transmitida por el groovy vocal de Friedrich Finkenwirth hacen el resto. siendo capaces de reprimir su furia y descienden a cavernas de calmada y humeante psicodelia en la que los acordes nos van narcotizando poco a poco con las resonancias blues llegando de la lejanía. Relax y calma que contrasta con el ímpetu inicial. Casi diez minutos con los que, si no lo habían hecho hasta ahora, el trio alemán te reclutará para su causa con momentos de una jam cannabinoide que aplacará tus sentidos con sus reverberaciones. En su parte final la batería de Stefan Kaiser arrrastra al bajo de Norman Sander mientras Friedrich se pierde en su interior con interminables solos propios del mismísimo Alvin Lee en un puro viaje psicotrópico.
El disco, acaba con un diabólico tema de hard-blues como es «Manta». un riffs que se va repitiendo hasta el infinito con una inquebrantable base rítmica en un frenesí implacable que acaba por dejarnos exhaustos. Una especie de stonerización de resonancias del pasado a toda velocidad que destrozará cervicales.
La banda de Pittsburgh, publicó el pasado 10 de noviembre su segundo trabajo «TO BUILD A FIRE». Un álbum que transita por los derroteros del heavy-rock, el stoner más desértico, la psicodelia pesada incluso doom, y en el que la banda no escatima en potentes riffs humeantes así como incursiones en sosegados momentos progresivos con flirteos post-metal.
Las cuatro partes en las que está dividido «To Build a Fire», transitan por espacios de stoner-metal, y heavy rock y la psicodelia pesada. Siempre rezumantes de nebulosas aturdidoras, «We Kill All The Lawyers», la primera de ellas, voces y coros son violentados por desarrollos de guitarra en las que los dedos recorren de arriba a abajo el mástil en contundentes riffs. Mucho más calmados en el segundo episodio, «Parting Glass», recorren esa fina línea entre stoner y la psicodelia pesada, con nebulosas lisérgicas que van evolucionando incluso a momentos narcóticos en los que a través de la guitarra suavizan su euforia introduciéndonos en el siguiente episodio, «Recluse». En un descenso a espacios psico-progresivos en los que aparecen momentos acústicos entre solventes solos de guitarra. Tras esa caída el tema se embrutece y eleva sobre poderosos riffs custodiados por una batería hueca para un nuevo descenso , esta vez en agua teñidas de post-rock. Riffs densos de puro sonidos desértico intercalados con ampulosidad post-rock en una ampulosidad que refleja su versatilidad en «Geotasis», a última parte del tema.
Tras ese periplo, los efectos y distorsiones de vocación espacial de «Carcosa» son arropados por calmadas voces en una instrumentación que va ondulando vertiginosamente desde momentos doom a espacios progresivos, un cuadro, que se enmarca con marco de psicodelia. Momentos de gritos guturales contrarrestados con apacibles voces recostadas en un sillón lisérgico. con acordes acústicos, la banda introduce «Holy water». un espejismo en un tema de firme vocación doom. Poderosos riffs nos elevan a altas montañas con rasgeos que se relajan para devolvernos suavemente a confortables laderas en las que los sonidos psico-progresivos ocupan un espacio importante. Intensidad y quietud combinadas nuevamente con notable acierto. Un versatilidad que vuelven a ofrecernos en «The silk road». Ahora sonando mucho más nitidamente pesados, construyen una pista que trasmuta en cada uno de sus riffs a escenarios de pura psicodelia, fuzz y stoner que se trasvisten de momentos progresivos. Una brisa fresca que se convierte en viento gélido sin que nos percatemos.
En «Strand», la fusión de sonidos vuelve a ser nítida. Sobre la calma de la cálida voz van recorriendo caminos doom, psicodélicos, hard rock, post-metal. todo muy difuso y ancho. Un relato de misterio con numerosos giros argumentales.
Lanzado a través de BlackSeed Records, la formación de JAKETHEHAWK está compuesta Jordan Lober (batería), Justin Lober (bajo), John Huxley (guitarras y voces) y Jake Ferranti (guitarra)