MOTORPSYCHO.- «The crucible»

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Casi treinta años en la carretera y decenas de discos publicados, hacen que cada nueva entrega de los noruegos MOTORPSYCHO sigue siendo algo para celebrar. Una de las bandas que más capacidad creativa dentro de la escena underground que gusta de la psicodelia y los sonidos alternativos. Poco mas de un año ha  pasado desde la publicación de «THE TOWER» y ahora ve la luz «THE CRUCIBLE» via Stickman Records.

Como si hubieran tomado el elixir de la juventud, el trio derrocha inspiración y versatilidad en un trabajo que parece una continuación de su anterior disco. Los propios músicos afirman que la incorporación a la batería de Tomas Järmyr y su juventud, dieron un cierto enfoque distinto, y para ellos fue un soplo de aire fresco que reflejan en sus composiciones. Ahora se sumerguen en el rock progresivo de los setenta con una maestría al alcance de muy pocos. Siempre he pensado que MOTORPSYCHO se parecían de alguna manera a Frank Zappa. Tanto el californiano como los noruegos, de cada tema que contruyen, cualquier otro músico podría hacer un LP doble. Su capacidad creativa parece infinita, y eso queda patente en los tres temas que componen «THE CRUCIBLE». Un disco en el que podemos encontrar muchas influencias de  Yes, o de los King Crimsom más experimentales. De aquellas cenizas, y de su particular forma de componer, crean su propio legado musical para gozo de generaciones venideras, creando con sus discos todo un campo para explorar y aprender. Y para los que no somos músicos, nos queda el gozo de escuchar y disfrutar sus composiciones.Si eres amante del rock progresivo de los setenta no deberías de perderte ésto; y si nunca has experimentado con esos sonidos, ésta tu oportunidad. En cualquier caso este álbum, ¡¡¡¡¡ no lo puedes dejar pasar!!!!!

«Psychotzar», con sus casi nueve minutos nos introduce en el disco con potentes riffs de corte stoner, antes de comenzar su exploración por las vibraciones progresivas. Un sonido impecable desde los primeros acordes nos lleva en volandas a espacios propios de Yes en una personal visión del territorio hard-progresivo en el que se están moviendo. Una atronadora base rítmica se ve violentada por los hirientes solos de la guitarra de Hans Magnus Ryan, mientras su voz ahogada pero dulce y penetrante, sirve de bálsamo a la solida base rítmica. Dentro de esa poción progresiva, añaden una gotitas de psicodelia para que el brebaje sea eficaz y perfecto. El corte conjuga  pesadez, creatividad, maestría y dominio de sus instrumentos. Las melodías son de fácil digestión para los no iniciados en la complejidad que a veces tiene el sonido de la banda. Tras la tempestad generadada con sus complicados giros musicales, descienden a ensoñadores valles oscuros, que llenan de fantasía y mágia en tonos intrigantes, para en un nuevo giro argumental, mostrar todo su poderío. Enorme tema para empezar el festín.

La guitarra acústica que abre «Lux aeterna» sirve de soporte a unas cálidas voces que se inclínan a las sinfonías más apacibles. La incormporación del sonido del mellotron hace que nos vengan a la mente muchas grandes bandas de la escena progresiva de los seteneta. Cuando aquellas vibraciones se definían como rock sinfónico. Con una omnipresente aura melancólica,  el tema va progresando evolutivamente.Sutiles sonidos de saxo se intercalan entre la complicidad del bajo de Bent Saether y la batería de Tomas. Un sonido añejo como el buen vino, que entra en la paranoia esquizoide recordandome a King Crimsom en aquellos momentos de histrionismo tan dificiles de asimilar para los no inciados en estos sonidos experimentales. Una autentica locura en la que parece que los instrumentos han perdido la razón en una huida hacia adelante. Una habitación del pánico en la que cualquiera que entre le pondrán la camisa de fuerza. Tras la enajenación transitoria, el trío vuelve a esas atmósferas progresivas en las que las guitarras vuelven a aullar en un canto desesperado, para decaer a los momentos más sinfonicos retomando el punto del que partieron al comienzo del tema. Con momentos que vuelven a recordarme a King Crimson o a los mismísimos Camel.

Los veinte minutos de «The Crucible», es el escenario que sirve para que MOTORPSYCHO contruya un eidficio sonoro de proporciones monumentales.  Un nuevo viaje a través de melodías sinfónicas en las que algunas bandas alabadas en su momento podrían verse retratadas. Pero ojo, cuando hablo de verse retratadas, quiero decir que la majestuosidad de estos chicos harían que sus logros menguarian ante tamaña grandeza. De nuevo ecos Yes, en complejas estructuras con armonías llenas de magnetismo. Nuevamente estamos ante esa música purificativa, que sirve para que nuestras cuerpos generen dopamina. Creo que la industria farmaceutica debería plantearse la creación de medicamentos con las partituras de estos chicos. si encontramos sonidos que nos son familiares, MOTORPSYCHO es una banda que se parece a sí misma, aunque puntualmente su musica pueda evocarnos a alguien. Siempre fieles a su monumentalidad, no renunciando nunca a experimentar. Con dosis de rock espacial, con pinceladas psicodélicas, con enrevesados momentos avant.garde, pero manteniendose fieles a la vocación progresiva del álbum. Sacando el hard-sinfónico de su morada de confort, para vestirlo con las mejores galas posibles. Tejiendo con su base rítmica un tejido sonoro impenetrable, la guitarra consigue hacer paso con sus afilados solos. el resultado es un tema en el que la épica está presente con una apoteósica parte final. Logran crean un paisaje sonoro en el que la paleta de colores es infinita, pero su resultado es apoteósico.   

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DZJENGHIS KHAN.- “Dzjenghis Khan”

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Heavy Psych Sounds rescata el álbum homónimo de DZJENGHIS KHAN que había sido  lanzado en 2007 por el sello holandés Motorwolf. La banda, con base en San Francisco, contó con el bajista Carson Binks (también en Wild Eyes and Saviors), el bateria Tommy Tomson y el guitarra Lane Rider

Este disco refleja la escena musical de esa época y sigue siendo una perla de rock ácido sin pulir. Recuperando el sonido heavy-psych en un momento en el que no había una escena real. Así se han convertido en unos “pioneros después de los pioneros”. Con un sonido sucio en su surcos, ácido, borroso y completamente en bruto. Con un ambiente de baja fidelidad pero que derretirá tu cara con sus fangosos riffs, haciendo que tu cabeza sufra una deflagración de fuzz.    

“Snake bite” abre el trabajo con un ritmo imperturbable de batería y solos corrosivos e incesantes. Una ondulación sobre el poder de los tambores en un tema instrumental que directamente vuela cabezas. 

La esencia hard rock setentera está presente en gran parte de los temas. muchos de ellos, dotándolos altas dosis de ese sucio sonido de Detroit, que se practicaba a finales de los sesenta.

“Wildcat” es un claro ejemplo de ello. Un tema en el que la instrumentación es más densa. Desgarros vocales con mucha influencia blues y una vocación de garage-punk. Una aspereza, con altas dosis de retro-rock, con riffs pegadizos, e incursiones salvajes de una aguda guitarra sobre la densidad del espeso ritmo. Un tema con fuerza y gancho.

Este tipo de sonidos son muy del gusto del sello italiano, donde ya hemos visto repetidas apuestas en este sentido.

La crudeza de los setenta más salvajes se manifiesta en “The widow”. Rock and roll y garaje con ritmos repetitivos como mucho groovy que poco a poco se van engordando.  

Todo un torbellino con una batería básica y matemática a su vez, sobre la que van elevándose riffs como mucha dietilamida en una línea que por momentos recuerda a CREAM vestidos de Johnny Winter, con interminables solos virtuosos. En esa enagenación de riffs, la batería pone orden para retomar la ondulación y el aparente control dentro del caos. Ahí aparecen esas voces gritonas y macarras herederas del garage más salvaje. 

El sonido Detroit, fiel reflejo del desencanto del proletariado de las fábricas de su barrios, vuelve a aparecer en “No time for love”. Un pegadizo ritmo con registros vocales que recogen toda la rabia en un tema en el que el blues está presente. Mucho groovy y toda la crudeza en sencillo y primitivo corte de poco mas de dos minutos.

Con un ligero cambio de tono, “Avenue A”, con ritmos cambiantes en los que los parones y acelerones se suceden, DZJENGHIS KHAN ejecutan un corte que me recuerda a  alguno de los temas más garageros de los alemanes WEDGE. Más anclado en sonidos de los sesenta, pero sin mostrar tanta rabia. Sencillez a través de ritmos y estribillos efectivos y divertidos.

Un pulsante bajo y una diabólica batería nos introducen en “Against the wall”. Otro tema en el que la vocación punk, hace acto de presencia. Voces garageras junto a solos corrosivos son llenan de un frenesí agotador con altas dosis de la psicodelia más dinámica.

Pesados y fornidos riffs aparecen en “Black saint”. Un cambio de registro en las voces ayuda a un tema que muestra un empaque distinto. Si, los ritmos siguen siendo frenéticos y explosivos, pero la voz ahora está más contenida, con una mayor calidez. La suciedad ahora se espesa en pura grasa a través de los difusos sonidos de un riff que se repite hasta la saciedad.

Emulando a Iggy Pop, pero con tintes trágicos y misteriosos, “End of the line”, nos devuelve a un machacón ritmo de bajo, en un sonido mas denso en el que no faltan a su cita los hirientes solos de la guitarra. 

Perdiéndose en una entrada de solos de guitarra y bajo, con unos susurrantes platillos, “Rosie”, vuelve a repetir la fórmula Wedge. Voces sesenteras, sobre una difusa y gruesa instrumentación, sobre la que se van coloreando riffs ondulantes. El incesante bajo marca el devenir de un tema que se va volviendo más lisérgico sobre unos efectos que se olvidan de los ecos garageros, para acabar construyendo toda una jam en la que bajo y guitarra no cejan en su lucha por copar el protagonismo, con la intensa mirada de unos efectos envolventes a lo largo de sus ocho minutos de fuzz rebosante.

Con un completo cambio de registro, “Sister Dorien”, cierra el disco, con una guitarra acústica que en nada se parece a lo que habíamos escuchado hasta el momento. Con el mínimo apoyo de un bajo discreto, construyen un agradable tema a modo de epílogo.

DZJENGHIS KHAN se formó en San Francisco en 1977 por tres jóvenes sabios cuyas identidades han sido objeto de mucha especulación a lo largo de los años. Aunque se han escrito muchos tomos y varios “eruditos” del rock se han llegado literalmente a la locura al tratar de descubrir minucias como sus nombres y colores favoritos, el único hecho acordado por este país son las publicaciones musicales legítimas (el “Big Three”, tal como están ” Lo que se sabe es que ninguno de ellos tenía experiencia musical previa ni sabía lo que era en realidad. El resto es meramente conjetura. A principios de siglo, la banda estaba formada por Binxebus Eruptum en el bajo, Lane Rider en la guitarra y Tommy Tomson en la batería. Se desconoce qué miembro cantó. Ninguno de estos hombres tuvo ninguno de los miembros originales ya que hubo aproximadamente 333 cambios en la alineación en este momento de la carrera de la banda, pero esta cifra ha sido ampliamente discutida. Convencidos por el empresario holandés Guy Tavares de abandonar sus vidas en S.F. y mudarse a Den Haag (Holanda) en 2007, la banda grabó lo que se convertiría en su penúltimo L.P. que fue lanzado por Motorwolf y Leafhound Records.

Estas compañías se declararon en bancarrota y la mayoría de las copias del lanzamiento se destruyeron poco después; y ahora son recuperadas por el prestigioso sello Heavy Psych Sounds

 

 

 

DR. SAX.- «Ellis»

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DR. SAX es el proyecto en solitario de Txus, cantante de los vitorianos ARENNA. «ELLIS» es su nuevo trabajo en forma de EP publicado por Spinda Records, Olarizu Records y Cosmic Tentacles

Solo dos temas intimistas robados al viento según el propio músico, en los que canta y ofrece su versión más intima con la guitarra, para devolverlos al viento, que es a quien le pertenecen. 

«Lille» desde una calmada visión acústica de su música, y superponiendo los acordes de su guitarra como si siguieran caminos distintos. Una separación que irremediablemente les lleva a encontrarse poco a poco en un punto en común. Una instrospección minimalista que va torneando sus formas librebente como si de una jam se tratara. Transmitiendo un desasosiego que queda reflejado con los desgarradores momentos vocales, acompañado por los coros de David Sagastume & Koldo Sagastume.

Vistiendose de loner-folker, «Sille», introduce instrumentos clásicos en una especie de viaje al folk-progresivo teñido de tonos grises. La armonía pone el punto de color en un tema en el que se respiran los aires campestres. En esa encrucijada de estilos Txus hace un gran ejercicio de guitarra arropado por los violines. En alguno de sus momentos el vitoriano, muestra ciertos toques paranoicos en una ecléctica estrutura en la que los acordes se repiten de forma perturbadora, desnudando el alma en cada nota. En este tema estuvo acompañado por Guille (percusión), Imanol Mtz. Hervias (viola) David Sagastume (chelo y  palmas a tientas) y Koldo Sagastume (palmas a tientas).

 

ABOUT WIZARDS.- «Wizards about»

a3994446633_16El guitarrista de SPACELORD, Rich Root, nos presenta su proyecto en solitario con el nombre de ABOUT WIZARDS. Un álbum de laboratorio en el que magnetizantes atmósferas caleidoscopicas exploran distintos espacios psicodélicos. Con una gran influencia del sonido ALL THEM WITCHES, el guitarista incorpora tanto pesados y oscuros elementos Sabbath, como momentos shoegaze, siempre con una vocación de stoner psicotrópico. Siete temas que ondulan y sobrevuelan sobre nosotros en los que las cálidas texturas vocales se fusionan en un tejido sonoro en el que la pesadez de riffs stoner se combina con altas dosis de atractiva psicodelia. Un extasiante brebaje sonoro de gran intensidad y belleza que sirve de terapia. Un álbum (como dice la propia banda) para degustar frente a la chimenea, con una copa de buen vino y una bolsita de hierba y dejarte llevar por sus efluvios alucinógenos. Un trabajo que apreciarán los fans de KING BUFFALO o de los citados ALL THEM WITCHES.

«Black obelisk» nos enseña la nueva aventura de Rich con envolventes acordes de una guitarra que se expande en sus armonías para contraerse en solos afilados. Siempre bajo la atenta mirada de unas acarameladas y magnetizantes voces en pura vena shoegaze. Susurrante y lleno de efectos, las probetas del laboratorio del músico de Buffalo van obteniendo la fórmula perfecta. Una oscuridad latente y humeante y las susurrantes voces nos hipnotizan con sus melodías. 

Una pulsante linea de bajo hipnótico y penetrante nos abre la puerta a aturdidores espacios psicotrócicos en «The stranger». Las hechizantes y cautivadoras voces y la mágia de  la guitarra nos eleva entre los interminables solos virtuosos y barrocos; desangrándose sobre los narcóticos e implacables ritmos que sirven de soporte mecánico a los virtuosismos y giros que Rich consigue con su guitarra.

Si al principio hablaba de la herencia sabbathica de  «WIZARD ABOUT», solo queda escuchar los primeros riffs de «The battle of Tollense Valley», para darse cuenta de que no era descabellada la afirmación. Sin embargo el peso de las reverberaciones shoegaze en linea ALL THEM WITCHES o KING BUFFALO son mas que evidentes. Los tonos de hard rock o proto metal setentero son aderezados con la mágica formula que el músico de Buffalo saca de sus probetas. Efectos y solos se suceden en otro cálido y apacible corte que toma prestados distintos elementos para llegar a un resultado cercano a los sonidos heavy-psych más heterodosos. Stoner vs. shoegaze desde una mirada sosegada y cautivadora en una sobresaliente ejecución y creatividad.

En los tiempos que corren seguramente ya todo está inventado, pero aún así, afortunadamente hay albumes que nos siguen sorprendiendo y emocionando, y éste es uno de ellos.

Nuevamente los riffs pesados de «Impresions for sorcery (The thoughts of Hen Draper)» con su vestimenta retro y colorido setentero se complementan de ornamentos shoegaze. Una cadencia vocal perezosa y cansida, pero magnetizante ofrece un corte asequible en el que los estados de ánimo mutan..

Cambiando el registro pero no la esencia, «Letter home from a sniper» nos presenta otra faceta del trabajo de Rich Root. El lado acústico hace acto de presencia con un dulce tema melancólico con ciertas reminiscencias noventeras.

La sensibilidad con que con tratados todos los temas, se pone de manifiesto en los casi ocho minutos de «The great destroyer». Con una inequívoca vocación doom, pero a bajas revoluciones, la calidez, unida a ciertos genes bluseros y con sangre de los setenta en sus venas, demuestra que incluso con las resonancias más plomizas puede haber ternura y delicadeza. 

Un sólido torbellino de nebulosos riffs pone fin al disco con «Intergalactic». Repartiendo fuzz humeante con la energía propia de stoner, el vigoroso ritmo así como los puntantes solos que lo atraviesan, hacen el corte que rompe de alguna manera la linea de  «WIZARD ABOUT». Obviando la dulzura mostrada en los temas anteriores como si quisiera despertarte del trance en el que puedes haber quedado.

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